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titular HF Tercera Division cuarto nivel

por Vicent Masià

 

Con mucha frecuencia cuando oímos hablar o nosotros mismos lo hacemos sobre la Tercera División actual, casi siempre reparamos en que se trata de una categoría maltratada o que es la última de las categorías nacionales y la primera de las regionales. Estos comentarios surgidos al azar y que evidentemente se encuentran fundamentados en datos reales o si se tiene cierta edad, en la experiencia vivida durante muchos años de fiel seguimiento, en realidad son caprichosos y obedecen más que a la categoría en sí, a los vaivenes que ésta ha padecido históricamente por parte de las distintas administraciones que ha tenido la RFEF.

Tradicionalmente el fútbol español ha estado desde sus inicios dividido en dos grandes grupos, el de los clubs poderosos y el de los modestos, fragmentación que es lógica al estar acorde a lo que es la sociedad en sí desde tiempos inmemoriales. Las personas desde que nacemos, en función al status social en el que nos criamos, desarrollamos nuestras vidas y dependiendo en gran parte de nuestras aptitudes y un tanto menos del azar (aunque este es importante en muchas ocasiones), tenemos generalmente la posibilidad de mantenernos en el nivel en el que empezamos o bien de alcanzar cotas más altas que nos lleven a cambiar a un escalafón social superior. En determinadas ocasiones la falta de destreza, una mala racha o deficiente gestión de nuestros recursos nos conduce directamente al desastre más absoluto y terminamos por destrozar nuestras vidas o en algunos extremos a acabar con ellas.

En el mundo del fútbol sucede prácticamente igual y con profundo mimetismo, como dos gotas de agua, vida y balompié parecen compartir el mismo ADN en esencia. Desde que el fútbol adquirió notoriedad en España durante la primera década del pasado siglo, pronto las diferencias sociales entre los distintos clubs que iban surgiendo fueron incrementándose y siendo más notorias dependiendo del barrio, ciudad o ambiente en el que vieran la luz. Los había que se nutrían con jugadores procedentes de distinguidos clubs deportivos o de gimnasios exclusivistas donde se cultivaba el físico para armonizar con la mente y los había que eran formados por muchachos sin apenas haberes pero dotados con una desbordante carga energética propia de su juventud. El talento es una virtud que no va unido con posición social alguna y tanto surgía en unos clubs como en otros, imperando un equilibrio original que pronto fue roto por varias razones. Entre ellas basta comentar algunas desequilibrantes como son el dinero o en su defecto la acumulación de muchas personas que tamizadas proporcionen un grupo selecto. El primero sobra para alcanzar aquello que se carece, de modo que ofreciendo suculentas cantidades se pueden incorporar a nuestro club jugadores destacados en otros clubs que no son tan afortunados para retenerlos ofreciendo lo mismo que nosotros, mientras lo segundo proporciona un gran número de jugadores de buen nivel en una ciudad grande comparado con la cantidad que puede surgir en una localidad mediana o pequeña.

Con estos argumentos los clubs fueron creciendo y en los más acaudalados se fichaban grandes jugadores procedentes de clubs modestos que aumentaban su poderío deportivo. En las grandes ciudades no había un solo club sino varios con un alto nivel y muchos con algo menos; en las ciudades medias se luchaba por tener un club que aspirase a codearse con los menos afortunados de las capitales o si se tenían haberes, adquirir destacados jugadores criados en grandes ciudades o en pequeñas con ambición de crecer; y en las localidades pequeñas ni se tenían grandes jugadores normalmente ni se tenían haberes para tenerlos. Bajo estas realidades el fútbol pronto se organizó y agrupados los clubs entre sí, nacieron las Federaciones Territoriales para compartir un espacio común en el cual competir los unos contra los otros respaldados por una legislación a la que todos obedecieran sin objeciones.

El paso siguiente era, ante la gran cantidad de sociedades afiliadas, ver cómo se distribuían éstas para que los encuentros fueran disputados en igualdad de condiciones y no existieran diferencias insalvables entre ellas que repercutieran en el espectáculo y terminasen por desvirtuarlo. Dado que el nivel deportivo que poseían las sociedades era distinto entre ellas y en casos muy notorios extremo como se desprendía de los numerosos enfrentamientos que en los años anteriores habían protagonizado las ya existentes, cuando no se trataba de clubs de nuevo cuño que prometían ofrecer un buen tono, los clubs fueron distribuidos o agrupados en categorías según las virtudes alcanzadas, de modo que quedaba todo encauzado y a priori los más predispuestos estarían en la categoría superior y los menos capacitados en la inferior. En el caso de tratarse de federaciones con un sinfín de inscritos, los grupos eran más numerosos y no bastaba con dos categorías, sino que eran varias las creadas en función de la cantidad de participantes siguiendo el modelo antes comentado. Este modelo adoptado por las Federaciones Territoriales funcionó con éxito durante una década en la mayoría de los casos y en dos en algunos como la catalana, mucho más avanzada que el resto, hasta que la necesidad de las sociedades más poderosas del país quienes contaban con los mejores jugadores y en sus respectivas áreas geográficas se les habían quedado pequeños los campeonatos al carecer de apenas contrincantes de su altura, provocó la creación en 1928 de un campeonato a nivel nacional en el cual pudieran luchar entre sí y demostrar quien era el mejor de todos.

Este campeonato nacional costó sangre, sudor y lágrimas lograr definir para poder ser llevado a cabo y por el camino quedaron amplias e irreconciliables discusiones entre quienes querían seguir el modelo territorial, los minimalistas y quienes deseaban un modelo nacional, los maximalistas. Finalmente todo quedó solucionado y el Campeonato Nacional de Liga estaba previsto dar comienzo en la temporada 28/29. Restaba decidir cómo se iban a organizar las categorías, quiénes iban a ser incluidos en cada una de ellas y cuántas iban a existir. Esta elección obedeció a cánones mitad deportivos y mitad políticos decidiéndose situar en Primera División a los clubs que más Campeonatos de España habían sumado y a continuación aquellos que pertenecían a las federaciones con más peso específico por entonces, la catalana, la vizcaína y la del centro, restando una última plaza que se adjudicó el Real Santander Racing Club no sin antes imponerse en un torneo de clasificación previo. A Segunda División fueron a parar aquellos que no habían alcanzado tantos méritos deportivos o por desgracia habían sido fundados con posterioridad a los primitivos sin opción a poseer tanto currículum, no sin antes presentar discrepancias y batalla, bajo su justificable punto de vista, por alguno de los incluidos en Primera División.

Hubo en la temporada 28/29 un tercer grupo que recibió el título de Segunda División B y que estaba formado por sociedades que se inscribieron en función a una ponencia nombrada al respecto con premura por la Asamblea Nacional de la RFEF. Este grupo en realidad venía a ser como una Tercera División encubierta y aunque tenía atribuciones de categoría en realidad no lo era, pues fue una Promoción con toda la regla, siendo creado expresamente para dilucidar dos plazas cuyos conquistadores conseguirían en la campaña siguiente militar en Segunda División. Como se puede observar, el paralelismo entre la vida humana y el fútbol queda patente una vez más y los clubs poderosos económicamente gracias a sus mayores prestaciones a todos los niveles, tanto sociales, financieras y deportivas tienen muchas más facilidades para encumbrarse, mientras la medianía se debate entre querer atrapar la cima mirando de reojo a los más desfavorecidos, siendo éstos quienes han de conformarse con los restos y migajas que nadie quiere.

En la temporada 29/30 con mucho más tiempo y mejor organización, la Tercera División quedó definida y ocho fueron los grupos que albergaron a un total de treinta y tres clubs, aunque previamente se habían inscrito un número mucho mayor. Esta categoría, seguía siendo una Fase de Ascenso a Segunda División o Promoción y la componían sociedades que no habían concursado en el Campeonato de España por no haberse clasificado en sus respectivos Campeonatos Regionales. Las promociones eran un caos y durante sus primeras ediciones multitud eran los clubs que se retiraban en plena competición alegando carecer de recursos financieros o desinterés en continuar por las escasas recaudaciones obtenidas y los grandes dispendios invertidos tanto en desplazamientos como en las horas fuera de domicilio que estos conllevaban. Hubo hasta incluso sociedades que antes de empezar a competir declinaban su participación en temor a perder hasta la camiseta.

Hacia 1933 el fracaso era absoluto y tanto clubs como FEF se replantearon a través de las recomendaciones de sus respectivas Federaciones Territoriales, eliminar esta Fase de Ascenso o Tercera División que tantos quebraderos había ocasionado. Este falso tercer nivel nacional fue relevado en 1934 por los denominados Campeonatos Superregionales, torneos que no ofrecían tantas dudas y que con su distribución geográfica suponían un gran atractivo tanto para clubs como para aficionados. El éxito inicial hizo que en la siguiente temporada 35/36 la fórmula se repitiese, siendo interrumpido en julio de 1936 con la rebelión militar. Tras tres años de forzado paréntesis, en 1939 los tiempos cambiaron radicalmente y las experiencias y derechos alcanzados antaño fueron suprimidos, reinstaurándose los Campeonatos Regionales. En cuanto a la Tercera División, de nuevo convertida en una Fase de Ascenso a Segunda División, ésta no volvió hasta la temporada 40/41 y cuando lo hizo fue en un muy breve formato que se resolvía en pocas fechas, ampliándose en las ediciones siguientes hasta que los clubs elevaron sus protestas al denunciar que se mantenían estancados, perdían dinero y privaban a sus respectivas aficiones de poder ver a sociedades importantes de otras regiones en un sistema competitivo similar a los de Primera y Segunda División.

En 1943 la política de la RFEF cambió para bien y siguiendo las directrices que le marcaba la Delegación Nacional de Deportes, siguió las recomendaciones de los clubs adaptándolas a sus intereses y de paso complaciendo la voluntad de estos, de modo que creaba la Tercera División a nivel nacional con formato de Liga. Esta decisión significaba la creación de un tercer nivel que venía a sustituir el puesto que venía desempeñando el Campeonato Regional de Primera Categoría, pero con la salvedad de que se trataba de una categoría nacional y no regional, recibiendo un rango que le equiparaba con la Primera y Segunda División existentes. El Régimen pretendía con esta medida que el fútbol fuese uno de sus principales embajadores en todo el país y con buen criterio dispuso que este deporte llegase a todos los rincones por muy despoblados o castigados que estuviesen. Por fin la Tercera División era Tercera División.

HF Tercera Division cuarto nivel 1

En la temporada 43/44 debutaba esta categoría con ocho grupos distribuidos y agrupados de forma geográfica con un total de ochenta y tres clubs, resultando un gran éxito deportivo que provocó que en los años siguientes se ampliase el número de participantes. Los aficionados tenían la oportunidad de ver clubs de su misma región o de próximas a la suya, lo cual incrementaba la asistencia de público a los terrenos de juego y las arcas de las sociedades. Además esta categoría se convertía en un puente exquisito entre el mundo profesional y aficionado, demostrando con hechos que la iniciativa e ideología inicial de los militares al mando de la FEF en 1939 carecía de sentido y derrotada, chocaba frontalmente con un campo en el cual hay muchos intereses en juego y que el idealismo es secundario. El crecimiento del fútbol durante finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta fue espectacular y un sinfín de nuevas sociedades saltaron a la palestra. Cada localidad por insignificante número de habitantes que tuviese quería tener su propio club y en cuestión de pocas fechas las Federaciones Territoriales duplicaron sus afiliados. Este crecimiento desmesurado provocó la creación de nuevas categorías regionales y el aumento de grupos y participantes llegándose a un punto en el cual las federaciones reclamaron la ampliación de la Tercera División mediados los años cincuenta. La RFEF atendiendo la solicitud de sus discípulos concedió tal demanda duplicando la categoría de bronce de modo que esta se vio desbordada por una cantidad desmesurada de sociedades que le ofrecían un poco nivel y desvirtuaban la competición. La calidad descendió paulatinamente y a mediados de la década de los años sesenta la situación era insostenible con más de doscientos clubs. La agonía no se prolongó más y terminando el segundo lustro la RFEF tomó cartas en el asunto y decidió reducir drásticamente tal desaguisado con firmeza pero a la vez con tacto. La reducción se hizo en varios tramos y temporadas sucesivas, de modo que los cambios no fuesen perjudiciales ni para los clubs ni para las Federaciones Territoriales que iban a verse afectadas con una ampliación repentina de sociedades.

En 1970 la Tercera División, esa categoría que desde 1928 ó 1943, según se mire, había experimentado ya una gran cantidad de reformas, quedaba definida en cuatro grupos con un total de ochenta clubs. Los cambios significaban un aumento considerable de calidad y la vuelta a una competición atractiva que por errores de unos y otros había estado a punto de ir al traste. La composición de los grupos estaba compensada y su distribución obedecía a criterios geográficos para no perjudicar a sus participantes, dando cabida a la posibilidad de enfrentamientos locales, regionales y interregionales. Esta reestructuración de la Tercera División en consonancia a los tiempos que vivía y a consecuencia de una profesionalización cada vez más patente que afectaba a la composición de las plantillas, al cabo de los años provocó que los mentores de la RFEF se planteasen si la fórmula que se estaba manteniendo era la más acertada ó, si por el contrario, había que hacer borrón y cuenta nueva para adaptarse a las circunstancias. En una decisión valiente tomada el 8 de julio de 1976, el máximo organismo del fútbol nacional en medio de otros temas también importantes, daba un cambio radical y decidía instaurar una categoría intermedia entre la Segunda y Tercera División: la Segunda División B. La directiva que presidía Pablo Porta era consciente de que la profesionalización del fútbol era innegable y que las viejas estructuras federativas debían de modernizarse para no quedarse ancladas en el pasado. La Segunda División B no era un proyecto baladí ni transitorio, sino una categoría que adquiría un tinte semiprofesional y que reforzaba con su existencia una reforma que quería desprenderse de unos vicios y unas costumbres arcaicas.

Tras esta gran reforma institucional y estructural, se quiso mantener el nombre de Tercera División a una categoría que ahora pasaba a ser el cuarto escalafón a nivel nacional en respeto a la gran tradición que tenía entre sociedades y aficionados. Esta decisión, aunque respetable, con el tiempo se ha demostrado que no fue la más acertada puesto que desde 1977 la denominada Tercera División no era la tercera de las divisiones sino la cuarta, siendo su puesto ocupado ahora por la Segunda División B, una categoría que en realidad aún a pesar de su denominación, era la Tercera División real a todos los efectos por el nivel jerárquico que le correspondía.

HF Tercera Division cuarto nivel 2

Estos cambios comportaron análogamente una serie de equívocos y malas interpretaciones por parte de los aficionados quienes seguían viendo la Tercera División como el tercer nivel sin apercibirse, en algunas ocasiones por desinterés y en otras por no querer reconocer la evidencia a saber porqué motivos, de que esta consideración estaba desfasada y que esta categoría como cuarto nivel debió de denominarse desde 1977 como “Cuarta División”. La Tercera División de hoy en día es la primera de las categorías regionales, una categoría que con el paso del tiempo se ha desvirtuado rápidamente alejándose de su formato original con seis grupos en la sesión 77/78 a los ocho, trece, catorce, dieciséis ó diecisiete en tan sólo una década tras su reestructuración llegando hasta los dieciocho actuales, uno por cada uno de las Comunidades Autónomas que hay en España amén de las Ciudades Autónomas. La mal denominada Tercera División actualmente es un triste reflejo de lo que fue antaño, una sombra de la verdadera Categoría Nacional de hasta 1977 de la que tan sólo hace honor al término “Nacional” en lo que se refiere a la disputa de la Fase de Ascenso que enfrenta a los clubs mejor clasificados a final de temporada por sorteo, en pos de alcanzar una categoría superior sin tener en cuenta criterios geográficos. El sistema de competición vigente urge de una profunda reforma tras las categorías profesionales, una demanda aclamada a gritos por muchos aficionados desde hace ya demasiados años.

Esta incomprensión de la realidad y falta de adaptación a los cambios y si cabe, acuciante y muy grave falta de fundamentos por desconocimiento de la materia que se esta tratando, desgraciadamente ha sobrevivido hasta nuestros días y algunos aficionados que se autodenominan complacientemente historiadores y hacen gala de ello, siguen dando vida a este error y confunden la Tercera División histórica disputada hasta 1977 con la posterior surgida desde esta fecha. Tal es su confusión que se atreven a confeccionar listados históricos en los cuales mezclan sin ningún tipo de rubor clubs de una y otra época como si se tratase de lo mismo y la una no correspondiese al tercer nivel nacional y la otra al cuarto. Este proceder es tal cual mezclar ovejas churras con merinas, la sal con la magnesia ó naranjas con mandarinas, un despropósito que para el aficionado de a pie puede resultar divertido y hasta atractivo al vislumbrar ante sus ojos tan pomposa lista de clubs plena de números y estadísticas, mientras que para los entendidos y aquellos que hayan seguido con atención este artículo o la historia evolutiva del fútbol español, les causa hilaridad cuando no perplejidad. Si además estos listados van acompañados con el aval de CIHEFE, una entidad que se enorgullece de sentar cátedra y ser depósito y garante del fútbol nacional, mal que nos pese negros nubarrones auguramos a la historia de este deporte.

Por lo que respecta a quien escribe este artículo y a quienes comparten y entienden que no es lo mismo la Tercera División hasta 1977 que la posterior a esta fecha, aprovechamos este artículo para manifestar públicamente que nunca ha sido nuestro interés ni entra en nuestros más remotos cálculos -ni aún en sueños y a las pruebas nos remitimos-, realizar una clasificación histórica de Tercera División por todos los motivos en líneas anteriores descritos y por considerar además esta de escaso interés histórico, con lo cual cuando la revista digital “Cuadernos de Fútbol”, revista oficial de CIHEFE, a través de sus rectores nos acusan desacertadamente de realizar este trabajo citando textualmente: “En los últimos años con el surgimiento del interés por la estadística del fútbol, a veces como apoyo de la Historia y a veces como sustituta de esta, varios han sido los intentos por presentar un palmarés histórico completo del fútbol español, una clasificación histórica que abarcara hasta la hoy llamada tercera división (cuarta categoría). Principalmente tres: la Arefepedia, la Futbolteca y el Histórico de Dinámico”, faltan a la verdad o lo que es lo mismo por si alguien no lo entiende, mienten, pues ya no es que no la hayamos realizado, sino que por nuestra parte de entrada decimos que es irrealizable y nos negamos rotundamente a confeccionarla.

© Vicent Masià. Mayo 2011.

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