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Historias de Fútbol

 

titular HF Origenes futbol espanol

por Vicent Masià

 

Los diferentes pueblos que tan distintos en superficie y tan iguales bajo la piel conformamos España, históricamente hemos demostrado que de forma individual somos capaces de alcanzar grandes logros, pero de forma colectiva todavía nos queda mucho que aprender. Nuestra peculiar idiosincrasia que un día nos llevó a reunir un imperio donde no se ponía el sol, también fue capaz de arruinarlo a través de dirigentes poco cualificados cuando no decisiones poco acertadas o sumamente egoístas que no beneficiaban al grupo, sino al individuo. La lenta pero imparable caída del imperio español en manos de pésimos rectores fue un incalculable lastre que nos hizo ser invadidos en principio militarmente por los franceses recién estrenado el s.XIX, para final y económicamente por estos y británicos a partir de su segunda mitad. Los escasos recursos del gobierno, ávido de dinero para cubrir el déficit del estado, amortizar la deuda pública e invertir en infraestructura, promovieron la ejecución de dos desamortizaciones casi consecutivas, las de Mendizábal en 1836 y Madoz en 1855, siendo esta última quien más recaudación conseguiría a costa de expropiar grandes posesiones nacionales en manos del Estado, del clero, de las órdenes militares y las comunes de las localidades, desprendiéndose de todas ellas al mejor postor.

España demandaba una inmediata industrialización para seguir el ritmo de las grandes potencias y no quedar rezagada. La inversión en siderurgia para producir acero precisaba de carbón como combustible, el transporte de carbón de un área a otra requería ferrocarriles y los barcos de vapor ideados para transportar grandes tonelajes consumían carbón debiendo ser construidos con hierro y posteriormente acero, cerrándose así un ciclo para el cual no estábamos preparados. Para afrontar este reto con un mínimo de garantías, el Estado crea en 1856 la Ley de Sociedades de Crédito y su inmediata consecuencia es el origen de tres magnas instituciones: la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español, con capital francés y constituida para dar cobertura al déficit presupuestario español a través de adquisiciones de deuda pública y la financiación de empresas del sector público, entre ellas la Compañía de Camino de Hierro del Norte de España. En segundo lugar la Sociedad Española Mercantil e Industrial, con capital alemán y fundadora de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, mientras tercera sería la Compañía General de Crédito de España, con capital francés y partícipe en la Compañía del Ferrocarril Sevilla-Jerez de La Frontera y Cádiz, además de algunos ferrocarriles catalanes. Todas las compañías tuvieron que importar locomotoras a vapor británicas, las mejores sin duda del mecado y con ellas a técnicos y personal experimentado para construir los tendidos, quedándose algunos de ellos a vivir en nuestro país donde establecían su residencia.

1868 y la Ley de Bases

Durante este proceso de venta del patrimonio 1868 fue un año clave, pues en el mes de marzo se promulgó una Ley de Bases que autorizaba la concesión de minas a perpetuidad tanto a interesados nacionales como extranjeros, todo ello a cambio de un pago cuantitativo al Estado en algunos casos negociable. El capital francés y sobre todo británico que venía actuando de forma encubierta invirtiendo grandes sumas en participaciones de empresas nacionales dirigidas por testaferros locales para esquivar las medidas arancelarias del Estado, caso de las principales navieras vizcaínas y de las barcelonesas y sevillanas en menor escala que se sumaban a las compañías de ferrocarril, vio una oportunidad inmejorable para invertir directamente e instalarse en un país que le era tradicionalmente ajeno y en el cual había bastante que ganar. A diferencia de los franceses, los británicos llevaban muchos años de adelanto y sus empresas, superiores en recursos y en número, gozaban de una gran experiencia que en España tuvo el camino abonado para su despliegue. Entre 1868 y 1872, en caso de no existir con anterioridad, los grandes capitales británicos arropados por líneas de crédito asequibles avaladas por el sector bancario, tuvieron tiempo más que suficiente para organizarse, unirse y crear grandes empresas que optaran al caramelo español, siendo a partir de 1873 cuando el desembarco del contingente industrial es masivo. En este año se instalan, o en algunos casos se refuerzan, algunas empresas que por su carácter dinámico y grandes proporciones serán vitales tanto para el desarrollo económico de las áreas de residencia como para el deporte como más adelante veremos.

1873, llegan las grandes empresas

Vigo. Llega a la ciudad, que apenas cuenta con 15.000 habitantes, la Eastern Telegraph Company Ltd., un consorcio británico fundado apenas un año antes que tenía como misión unir telegráficamente mediante el tendido de cable submarino la localidad de Portcurno, situada en el extremo suroeste de la costa de Inglaterra, con Vigo y desde aquí con Lisboa. Los británicos traen su propia flota y sus técnicos, estableciéndose en la localidad y formando una pequeña colonia que poco a poco irá creciendo convirtiéndose en todo un símbolo vigués.

Barcelona. La capital catalana, con 272.000 habitantes, es elegida sede por la naviera británica de origen escocés McAndrews & Company Ltd. para establecer una base operativa desde la cual conectar con los principales puertos mediterráneos y a través del Canal de Suez, recién estrenado, con India. La empresa ayuda con su presencia a aumentar el volumen de mercancías del puerto barcelonés, siendo una plaza muy importante para la importación de maquinaria británica y exportación de manufacturas y productos catalanes, además de servir como escala para los productos británicos que van dirigidos a Oriente o proceden de aquella remota zona. Allí mismo constituye una filial, José Roca y Compañía, consolidando un imperio en España que tiene otras ramificaciones y que dará como resultado la presencia de una considerable colonia británica en la ciudad condal la cual se incrementa con los compatriotas que sirven a la industria textil.

Sevilla. La ciudad hispalense cuenta con 143.000 habitantes y un puerto fluvial que desde 1959 mantiene contactos con la naviera Robert McAndrew & Company Ltd. a través de su testaferro John Cunningham. Ambas navieras aúnan esfuerzos y en 1861 crean Miguel Sáenz y Compañía, estableciendo una línea marítima con Liverpool. En 1872 llega a la ciudad Edward F. Johnston, quien toma el timón de McAndrews & Company Ltd. en Sevilla y es además sirve como vice-cónsul.

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Bilbao. Con algo más de 38.000 habitantes, la capital vizcaína es sede desde hace bastantes años atrás de importantes navieras que tienen participación anglo-bilbaína. La conectividad con Newcastle, Southampton y Portsmouth es frecuente, así como Liverpool, reforzándose la relación con los británicos a través de la siderurgia, sector importantísimo en el cual la maquinaria procedente del archipiélago es básica.

Riotinto. El consorcio británico Rio Tinto Company Ltd. consigue de manos del gobierno la concesión para la explotación de las minas de cobre sitas en la localidad, produciéndose la llegada de muchos ciudadanos de esta nacionalidad en busca de fortuna a la par que técnicos para su dirección. Se crea un barrio típico inglés para albergar esta población a similitud de las existentes en las islas, exclusivista y de acceso denegado para la población autóctona.

Huelva. La capital onubense que cuenta con 18.000 habitantes se convierte en el puerto por donde las extracciones de Riotinto tienen salida. La dirección de Rio Tinto Company Ltd. se establece allí formando su propio barrio y dando un empuje a la actividad local de la cual saldrá ampliamente beneficiada, convirtiéndose la colonia británica en su verdadero motor con una presencia omnipresente en toda la economía e incluso a nivel político dejando patente su influencia.

Los británicos y sus costumbres

Los británicos instalados en España vinieron en plena época victoriana con todo lo que ello suponía. Desde la cima del mundo y con un imperio real en el cual reinaban económica y políticamente, su integración en un país decadente como el nuestro que estaba sumido en plena descolonización y lleno de deudas fue una quimera. Allí donde se instalaban en masa, Riotinto primero, Huelva o la barcelonesa Sant Vicenç de Torelló más tarde, edificaban sus propios barrios y se distanciaban de la población autóctona, trayéndose todo lo indispensable desde su procedencia y desdeñando lo aquí existente. Su relación directa con los españoles fue practicamente nula y tan solo en lo laboral y lo político, a causa de sus intereses, había trato al existir trabajadores o técnicos nativos con capacidad de mando. Con el paso de los años y el nacimiento de una nueva generación, su integración progresó ligeramente, convirtiéndose a resultas de sus intereses en una sociedad determinante para la toma de decisiones políticas y negocios que aportasen rendimiento económico.

Sin embargo esta sociedad tan hermética y cerrada, a diferencia de la española más extrovertida y abierta, reunía una serie de cualidades que no solo la hacían diferente, sino única por el particular contenido de las actividades que en grupo realizaban. El residir en un país ajeno y con costumbres extrañas a su visión de la vida y cómo debía ser esta según su pretendida superior óptica, posibilitaron la creación de lugares sociales en los cuales poder reunirse compartiendo sus tradiciones como si del Reino Unido se tratase: los clubs. Los clubs inicialmente fueron casas cedidas por sus propietarios para el desarrollo de actividades de grupo, además de un punto neurálgico en los cuales la comunidad departía sus vivencias diarias y mantenía diversas relaciones sociales entre sus componentes. Una de las principales actividades era la lúdica, piedra angular para combatir el ocio en la cual los británicos eran maestros disponiendo de una serie de recursos entre los cuales los deportivos solían ser los favoritos entre la población masculina, acaparando un repertorio hasta entonces desconocido en España. Deportes como el lawn-tennis, cricket, rugby, polo, remo y en menor medida un todavía no definido fútbol, formaban parte de su amplio fondo de armario y la práctica ocasional con motivo de fiestas o celebraciones era común a todos ellos.

La consolidación de los British Club

El asentamiento de la población británica, siempre ligada a una empresa o empresas fuera cual fuera su actividad económica, supuso la consolidación de estos clubs quienes adquirieron lenta o hasta en alguna ocasión, rápida e inexorablemente, proporciones más grandes a medida que se incorporaban más personas y se ampliaban las actividades del grupo. Tal fue el nivel que alcanzaron algunas agrupaciones en pocos años que el ritmo de gastos empezó a dispararse considerablemente y a precisar de una organización más eficaz. No bastaba con tener un local de reunión cedido por uno de sus integrantes, sino que se demandaba una gerencia con diversos cargos que administrasen al resto, una aportación participativa equitativa de cada uno de los interesados para manutención y adquisición de las propiedades y un local social acorde a su nivel: se creaba una sociedad.

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En el caso de España el primer club del que se tiene constancia por escrito es el Club Inglés de Riotinto, vinculado a la Rio Tinto Company Ltd. y creado en 1878. La misma compañía creará en 1889 pero en la ciudad de Huelva otro club, el Huelva Recreation Club, surgiendo a la par y en torno a esa misma fecha el Sevilla Foot-ball Club primitivo y el Club Inglés de Málaga cuyo nombre y directiva no han trascendido todavía, aunque no sería desdeñable la existencia de uno en Jerez de la Frontera anterior a todos los mencionados por la crónica fechada en 1870 sobre algunas prácticas deportivas en la ciudad, actividades exclusivas y restringidas a los británicos. El suroeste español parece llevar la iniciativa en este sentido en cuanto a la formación de British Club se refiere y gracias a las aportaciones que constan en prensa, pero ciudades como Vigo, Bilbao o Barcelona, quedan tan solo por un par de años a nivel periodístico rezagadas al no existir testimonios sobre su existencia en 1889 o 1890 que las equiparen al suroeste, una tarea aún pendiente en la hoja de ruta de los historiadores.

Los inicios del fútbol asociación en España y la prensa

Hablar de fútbol moderno en 1863, fecha en la cual se crea la Football Association y compararlo al de hoy en día tal y como lo conocemos es una cuestión sumamente aventurada por la evolución que este deporte ha sufrido, sobre todo en sus primeros años de existencia. Ya en 1882 se acordó crear la International Football Association Board para regularizar y unificar las reglas con las cuales se debía disputar un encuentro, hasta entonces algo dejado al libre albedrío en las cuatro federaciones británicas, pero no sería hasta 1886 cuando este órgano empezó a consensuar su trabajo. En la España decimonónica de la década de los años setenta el fútbol que se pudo practicar en alguna localidad debió de ser algo accidental y más que probable protagonizado por un escaso número de jugadores, además de algo circunscrito a un ambiente privado, sin apenas reglas y distante de lo que ocurría en el archipiélago por su naturaleza todavía indefinida. Tan solo tenemos documentado un pasaje y se rememora a noviembre de 1870 cuando en la ciudad de Jerez de la Frontera acontece un encuentro en el cual según atestigua la prensa ‘gozarán los aficionados a porrazos de un rato de football’, es decir, siendo realistas y no dejándonos arrastrar por el corazón, debió de tratarse de football rugby y no football association o como diría un cronista del onubense diario La Provincia en 1888 refiriéndose al recién reglamentado fútbol, ‘la particularidad de este deporte es que no se juega con las manos o a paletas, sino con los pies, incluso en casos apurados con los hombros o con la cabeza’.

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Retomando la cronología pasamos a la década de los años ochenta. En esta fase las empresas con capital y personal británico ya están asentadas en nuestro país y sus trabajadores y directivos, ‘staff’, familiarizados con su entorno. Los primeros barrios coloniales se han edificado como el de Bella Vista en Riotinto (1883), mientras en Huelva reside el staff, estando los ciudadanos británicos más dispersados en Vigo, Sevilla, Barcelona y Bilbao, donde carecen de zonas residenciales exclusivistas y viven junto al resto de vecinos autóctonos en medio de una aparente integración.

Sin embargo, ¿qué ocurre con el fútbol, su práctica y quienes lo llevan a cabo? Todas estas interrogantes son difíciles de responder y aunque todo apunta a que Riotinto es la cuna, lo cierto es que el resto de ciudades mencionadas también pueden anotarse ese tanto, si se le puede denominar tanto, porque al fin y al cabo no lo hacemos nosotros, sino ellos – los británicos -. Para dar una respuesta lo más fiel posible a lo ocurrido hemos de partir de varias premisas: a) la prensa interesada es quien con sus crónicas da crédito a hechos futbolísticos acontecidos en esas fechas, b) existen hechos que ocurrieron no reflejados en prensa porque no eran de interés para esta, c) no todos los clubs practicaron fútbol desde sus inicios ni todos los británicos llegaron a España sabiendo jugar, y d) al tratarse de clubs británicos, sociedades privadas, costumbristas y alejadas de la población autóctona y sus leyes, apenas dejaron constancia de sus vicisitudes en la mayoría de los casos.

El papel de la prensa en nuestra investigación es fundamental, básica y el mejor vehículo que nos conduce al pasado, con la clara e insalvable desventaja de que dependiendo de dónde sea nos encontraremos con más, menos o ninguna información. En ciudades como Huelva su aportación es meritoria dado que la amplia colonia británica suscita interés, está en una situación privilegiada y goza del beneplácito de las fuerzas vivas locales al ser su mayor fuente de ingresos, convirtiéndose en fuente de saber para quien indaga incluso en otros clubs pertenecientes a otros lares. En cambio en ciudades como Vigo, Sevilla, Bilbao o Barcelona las colonias británicas son minoritarias y la próspera burguesía local, al nivel de estas y además autóctona, sobre todo en las tres últimas, requiere mucha más atención que las procedentes de otros países. Esta situación cambiará levemente en la década de los años noventa cuando se creen en Bilbao y Barcelona periódicos deportivos que sí tengan sensibilidad a estos menesteres.

En cuanto a los testimonios orales estos son susceptibles a error y documentación legal generada por el Estado no existe porque ninguna de estas sociedades se registró como ordenaba la Ley de Sociedades de 1887 hasta bastantes años después y empezado el s.XX. En medio de este pajar hemos de buscar las agujas y aunque a veces pinchan de inmediato, en otros casos pasan desapercibidas y todavía no se han encontrado. La prensa es pues quien de momento pone o quita fechas, quien confirma hechos con pruebas y quien abre sospechas con indicios. Vamos a probar pues.

Los pioneros

Con todos los datos que manejamos en la actualidad, salvo aparición de nuevas exhumaciones, el primer club británico en jugar a fútbol según las reglas de la IFAB sería el Club Inglés de Riotinto, cuya práctica se iniciaría alrededor de 1886 si nos atenemos a que es la fecha cuando la IFAB emite su reglamentación universal. Aunque existe el testimonio de Daniel McMillan Young quien asegura haberlo practicado desde 1881 en Riotinto, este diferiría reglamentariamente del legalizado. De este Club Inglés de Riotinto, recreativo y polideportivo, nacería el Riotinto Foot-ball Club, pero con toda probabilidad sería posterior a 1889 dado que el propio Young asegura en su testimonio que el Huelva Recreation Club fue el primero en justificar su situación a diferencia de los clubs de Sevilla y Riotinto que lo harían poco después.

El segundo club británico sería el Huelva Recreation Club, sociedad recreativa y polideportiva nacida el 23 de diciembre de 1889 quien también debió de jugar con antelación, probablemente desde 1886 con las reglas IFAB y frente a los clubs de Riotinto y Sevilla. El tercero de esta serie sería el Sevilla Foot-ball Club, fundado con anterioridad al 25 de febrero de 1890 y con unos socios que practicaban el fútbol desde hacía varios años atrás, concretamente cada Navidad y casualmente frente a los clubs británicos de Riotinto y Huelva, lo que nos retrotrae nuevamente a 1886, aunque siguiendo los patrones de Riotinto y Huelva quizás debió de emerger de un Club Británico. Según la prensa sería el primer club británico en suelo español dedicado a la práctica de fútbol exclusivamente. Cuarto en cuestión y sin más dato que el aparecido en prensa tras la disputa de un encuentro frente al Huelva Recreation Club sería el Club Inglés de Málaga, ciudad que contaba con una importante colonia originaria del Reino Unido y que ante la falta de seguimiento por parte de la prensa malagueña nada sabemos.

Tras los clubs andaluces, continuando en el tiempo y siguiendo lo aparecido en prensa hemos de trasladarnos a Bilbao. En 1892 es publicitado un encuentro protagonizado por el Club Atleta de Astilleros del Nervión en un cartel escrito íntegramente en español, el Athletic Club formado por británicos originariamente del cual desconocemos fecha exacta de fundación y si con anterioridad existía un Club Británico con intereses recreativos o si jugaban al fútbol. Probablemente así fuese a tenor de que la empresa siderúrgica nació en 1888. Cambiando de provincia pero siguiendo en el norte nos trasladamos a Barcelona. La ciudad condal cuenta con una sociedad integrada plenamente con socios españoles, el Real Club de Regatas fundado en 1881, la primera sociedad netamente española en jugar a fútbol quien el 25 de diciembre de 1892 disputa un encuentro en el Hipódromo de Bonanova. No es el único club que existe y a principios de 1893 ya está el Club Inglés con quien se enfrenta en varias ocasiones. Desconocemos si el Club Inglés se funda antes de 1893, pero desde luego está organizado, resultando de una gran parte de estos y de unos pocos regatistas la Sociedad de Foot-ball Barcelona en otoño de ese año. A finales de década y concretamente en 1899 nacerán el Foot-ball Club Catalá y el Foot-ball Club Barcelona, las dos primeras sociedades españolas dedicadas inicial y exclusivamente al fútbol registradas legalmente en España. Finalmente y cerrando este periplo por el norte llegamos a Vigo, ciudad portuaria donde a expensas de la Eastern Telegraph Company Ltd. nace el Exiles Cable Club en fecha desconocida y quien protagoniza un encuentro en enero de 1895, mientras la empresa asegura en sus informes aunque sin documentación, que en 1893 ya existía y que desde años antes jugaban al fútbol en el Relleno.

Si en la península sucedieron así las cosas, no debemos de olvidarnos del origen del fútbol canario, maltratado y abandonado en la distancia por casi todos los historiadores. Fueron también los británicos sus impulsores, sobre todo en la isla de Gran Canaria y concretamente en el Puerto de La Luz, en cuya construcción participaron compañías como la Swanston & Company Ltd., financiaron entre otros Thomas Miller o establecieron empresas como la Grand Canary Coaling Company Ltd., surgiendo en 1894 el Grand Canary Foot-ball Club al abrigo de la ya numerosa colonia británica.

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Los Higienistas

‘Mens sana in corpore sano’ es la famosa cita de Juvenal y aunque originalmente se refería a la necesidad de equilibrio entre espíritu y cuerpo, pronto fue tomada por la corriente higienista del s.XIX como propia y transformada como equilibrio pero entre mente y cuerpo. Militares, gimnastas y sobre todo educadores fueron sus máximos defensores, divulgando entre sus alumnos una enseñanza entre la cual el cultivo del deporte era una asignatura indispensable para lograr una perfecta armonía entre mente y cuerpo. Gracias a esta doctrina ciudades sin puerto y sin colonia británica ante la falta de motivos para atraerla, consiguieron introducir un deporte que empezaba a despuntar en el Reino Unido y a convertirse en una enseñanza casi obligatoria en las escuelas del archipiélago. Badajoz y sobre todo Madrid fueron las más beneficiadas, pues si en la primera el profesor de educación física Luciano Sampérez hizo un magnífico trabajo en el Gran Gimnasio, en la segunda tal labor recayó en dos centros de magisterio, el Instituto Libre de Enseñanza y el Liceo Francés, ambos precursores del fútbol en la meseta y que dieron origen en 1897 al Sky Foot-ball Club y Association Sportive Francaise respectivamente, ramificándose el primero de ellos en Madrid Foot-ball Club avanzado 1899.

Los marineros británicos

Si dentro de todo este encaje de bolillos que conforman las distintas ciudades españolas que tuvieron el privilegio de ver surgir el fútbol existe un nexo común que las una, ese es el papel que realizan los marineros británicos. Curtidos por el mar y expuestos a un oficio en el cual la naturaleza actúa sin compasión y a sus anchas, la presencia de los marineros en nuestra tierra cuando atracaban tanto para embarcar como desembarcar manufacturas, máquinas, enseres o lo que se preciase, solía habitualmente ir acompañada de largos periodos de ocio en el cual la diversión era el plato fuerte. Una de sus pasiones, sobre todo en tierra firme y entre la juventud, era jugar a fútbol bien entre ellos mismos divididos en dos bandos o frente a jóvenes autóctonos de cada puerto si la ocasión se terciaba. A menudo la situación predominante era la primera, pero con el paso del tiempo la segunda fue adquiriendo relevancia y aquel extraño deporte fue sumando admiradores que tomados sus primeros apuntes y baños futbolísticos en la playa o inmediaciones al puerto, posteriormente comenzaron por voluntad propia a ejercer aquello que habían aprendido originando sin saberlo una afición que se convertiría en toda una pasión.

Pero si esto sucedió con los chavales que se agolpaban en los puertos para verles jugar y si había suerte, ser invitados para formar parte de aquel tan atrayente juego, lo mismo pasaba con aquellas ciudades provistas de clubs británicos bañadas por el mar o por el río que disfrutaban de un puerto marino o fluvial. Todos ellos esperaban oportunamente que llegase un barco con marineros dispuestos a desafiarles en un duelo o ‘match’ y así el Huelva Recreation Club amparado en el Seaman’s Institute, el Sevilla F.C. en la McAndrews & Company Ltd. – una compañía que con diversas sedes en España su flota actuó como embajadora futbolística – , el Exiles Cable Club o el Athletic Club de Astilleros pudieron mantenerse vivos ante la falta de rivales en sus inmediaciones, a excepción de la S.F. Barcelona que sí los encontró en casa o muy cerca de ella.

Los otros pioneros

Emplazada en el valle del río Ges, la localidad barcelonesa de Sant Vicenç de Torelló se convirtió en 1895 en el gran rival junto al Club Inglés de la S.F. Barcelona. La empresa escocesa de hilaturas J&P Coats Ltd. había erigido en la partida de Borgonyá de esta pequeña localidad una colonia textil a imitación de las edificadas en el Reino Unido que dispuso de instalaciones deportivas y club recreativo para sus socios. De este nació la Asociación de Foot-ball Torelló, de la cual posteriormente algunos jugadores militarían en el F.C. Barcelona. Dentro de la misma provincia encontramos movimiento en Manresa, aunque sin apenas datos, siendo en la gerundense Palamós donde destaca la figura de Gaspar Matas, quien a título personal y tras haber estudiado en el Reino Unido fundará en 1898 junto a otros compañeros el Palamós Foot-ball Club.

Otra zona importante en el desarrollo del fútbol será la Región de Murcia y especialmente la localidad de Águilas. La construcción de la línea férrea Lorca-Águilas-Baza por la compañía británica The Great Southern of Spain Railway Company Ltd. y de su puerto para la exportación de minerales procedentes de Lorca, el norte de Almería y la zona granadina de Huéscar-Baza hizo que muchos ciudadanos de este país estuvieran de paso por la región atraídos por su actividad. Uno de ellos, el escocés John Gray Watson, en 1893 ya realizaba pinitos futbolísticos junto a algunos locales, saliendo reforzada su práctica a partir de 1896 cuando el aguileño Ginés García Abellán regresa de Escocia e introduce a sus amistades en este deporte naciendo en los albores de 1900 el Águilas Foot-ball Club del cual John Gray es su principal impulsor capitalista. Coetáneas a estos movimientos son las ciudades de Lorca y Cartagena, ambas con registros de fútbol en el último lustro del s.XIX, embriones de lo que serán sus primeros clubs nacidos nada más empezar el nuevo siglo.

© Vicent Masià. Noviembre 2011.

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titular HF Las refundaciones

por Vicent Masià

 

“Mi club”

Todas las personas desde que nacemos en una localidad y empezamos a crecer, tenemos la tendencia de ver siempre el mundo que nos rodea desde nuestra óptica, madurándola y matizándola por la influencia de nuestro entorno familiar, escolar, de amistades, barrio, ciudadano, regional ó estatal. Esta subjetiva y tan personal forma de ver las cosas siempre va acompañada de un elevado sentimiento de posesión hacia todo nuestro entorno, adueñándonos directa o indirectamente de muchas cosas con las que nos hemos criado o convivimos a diario que pasan a formar parte de nosotros. Así de este modo cuando nos referimos al colegio donde estudiamos hablamos de ‘mi colegio’ o ‘mi instituto’, cuando hablamos de la calle donde vivimos o del barrio donde residimos indicamos ‘mi calle’, ‘mi barrio’ y por extensión ‘mi pueblo’, ‘mi ciudad’, ‘mi región’ o ‘mi país’ si se presenta. En el aspecto laboral mencionamos ‘mi empresa’, ‘mi jefe’, ‘mi compañero/a’ y así todo lo que recordamos o solemos tocar con la punta de los dedos cada día. Este sentimiento de posesión o forma figurativa de expresarnos en realidad no es cierto en un elevado tanto por cien de los casos y difícilmente podremos demostrar que la calle es nuestra, que el colegio es nuestro, que la ciudad es nuestra o menos aún que el país es nuestro. Todos esos edificios educativos, laborales, de viviendas o tierras donde vivimos son un bien material que compartimos con muchas otras personas, siendo la cantidad de estas muy variable y pudiendo llegar a ser millones, pero lo que siempre hemos de tener en cuenta es que a pesar de considerarlos como nuestros y formar parte de nuestro imaginario de posesiones, no lo son.

En el mundo del fútbol desde que somos pequeños o no tan pequeños y adquirimos conciencia de lo que son las cosas, los que nos consideramos aficionados a este maravilloso deporte (no todos lo aprecian, ni gusta a todos como muchas otras tantas cosas), con el paso del tiempo acabamos tomando partido por un determinado club que nos atrae bien porque es de nuestra localidad, bien porque es el más importante de nuestra provincia o región ó porque simplemente nos gusta su uniforme, sale todos los días por televisión hasta hartar, es el más famoso del momento o su historial bien lo quisiéramos para nuestro club en el caso de tomar partido por más de uno. Cuando nos hacemos de un club, generalmente, salvo excepciones muy contadas, pensamos que es para toda la vida y tal como hacemos con todo lo comentado anteriormente, pasa a ser nuestro club sin haber puesto un euro, sin ser socios, ni accionistas ni nada que nos ate material o económicamente a este, pudiendo una vez cumplida cierta edad hacernos con un abono o si se nos presenta la ocasión y hay dinero para ello, convertirnos en accionistas si se trata de un club SAD. Pero eso sí, sea cual sea el grado de compromiso que tengamos, aunque en realidad no lo sea, el club es nuestro y nadie ni nada lo puede dañar o arrebatar.

Pervivencia de un club

Toda esta reflexión que es una perogrullada, si la trasladamos al fútbol y lo que pensamos sobre lo que es un club, o más concretamente, a nuestro club de siempre, veremos que históricamente no en todos los casos se sigue el mismo patrón, que en muchas ocasiones la historia y acontecimientos acaban rompiendo nuestros esquemas poniendo las cosas por desgracia en su sitio y haciéndonos despertar del sueño. ¿Y todo ello porqué? Pues sencillamente porque los clubs de fútbol no son imperecederos, no duran toda la vida y su pervivencia depende de una serie de factores que han de mantenerse siempre en activo, sin fallar uno solo de ellos para garantizar una continuidad.

Las sociedades deportivas, en nuestro caso los clubs de fútbol, son entidades que nacen un día determinado cuando un grupo de personas se reúne mediante una asamblea, eligen una junta directiva y se inscriben en el registro de sociedades. Estas personas actúan como socios pagando una cuota para hacer usufructo del club en el caso de ser clubs deportivos básicos o elementales, aunque desde 1990 y en base a la Ley del Deporte, algunos de ellos se han transformado en sociedades anónimas deportivas cuya pertenencia es de una sola persona o grupo de personas. Para la subsistencia de estas entidades todo ha de rodar a la perfección: tener dinero, una masa social, una gerencia, un terreno de juego propio o en usufructo, una plantilla y sobre todo una afición capaz de crear generacionalmente personas que muestren interés en tomar el testigo de lo que van dejando los anteriores. Si uno o más de estos ingredientes falla, siendo lógicamente unos más importantes que otros, sobre todo el económico, la estabilidad y continuidad del club zozobra pudiendo quedar su estructura afectada seriamente y ocasionando la retirada del club de la competición en el mejor de los casos o dañada irreversiblemente hasta el punto de producir su extinción definitiva. La retirada o extinción finalmente será decisión de los socios y se elegirá en función de la gravedad de los condicionantes y la facultad del propio club en ser capaz de solventarlos.

La extinción de un club

¿Cuáles pueden ser los factores que provoquen la retirada o desaparición de un club? En primer lugar el económico: la mala gestión de una entidad conduce a un endeudamiento progresivo que llegada a cierta cantidad le impide conseguir avales y satisfacer las deudas con Hacienda, Seguridad Social ó jugadores y cuerpo técnico, aunque históricamente han existido otros como sanciones económicas ejemplares por parte de la RFEF o la falta de recursos en caja por no haber liquidez ante una muy escasa masa social. En segundo término está la ausencia de liderazgo a la hora de confeccionar una directiva que releve a una dimitida, no existiendo socios que se presenten a unas elecciones ni candidatos que deseen dar continuidad al club por las causas que fueren, mayormente monetarias. En tercer lugar estaría la dejadez por parte de los propios socios quienes hayan podido perder el interés en seguir manteniendo un club en activo y permanezcan en espera de tiempos mejores o de un nuevo grupo de personas que deseen retomar el club con más ilusión. Estos tres factores serían los más habituales, pero también se pueden incluir otros no tan frecuentes como la retirada de una empresa que patrocina el club, la retirada de un organismo social, cultural o religioso, el fallecimiento de un mecenas que pone su fortuna a disposición de la sociedad, la falta de unas instalaciones donde poder entrenar o jugar y antiguamente los impedimentos de los propios socios que eran a la vez jugadores y no podían pagar los largos desplazamientos a otras localidades que se hacían eternos por la falta de medios y les alejaban de sus puestos de trabajo. Lamentablemente otros desaparecieron engullidos por la Guerra Civil o por acontecimientos políticos distintos a este suceso y sobre todo una gran cantidad quedó en el camino porque desde el principio su viabilidad era casi imposible.

Muchos de esos clubs que desaparecen dejan una gran huella en los aficionados, imborrable en algunos casos, sobre todo si se trata del más destacado o único en su respectiva localidad, mientras otros quedan latentes en el tiempo tras haberse retirado de las competiciones oficiales manteniéndose sin la menor actividad pero sin dar el paso de la disolución. Es un error muy común entre muchos aficionados considerar a un club como extinto o desaparecido sólo por el mero hecho de no competir oficialmente, en cuanto ese club no ha sido disuelto ni dado de baja en su federación y permanece en activo disputando encuentros amistosos ocasionalmente. También es otro error pensar lo mismo del segundo de los casos cuando un club, además de no competir oficialmente, carece de directiva y no presenta actividad. Ese club no se encuentra liquidado, sino en estado vegetativo o en la nevera como congelado en el tiempo a la espera de que algunos aficionados monten una directiva y lo den de alta en la federación para poder competir, caso que de producirse lo hará empezando en la última de las categorías.

HF Las refundaciones 1

Para que un club sea considerado extinto o disuelto ha de cumplir una serie de requisitos ineludibles que podemos reducir a cuatro: a) cuando reúne los previstos por la Ley y en sus propios estatutos donde se ha de convocar una asamblea extraordinaria en la cual se apruebe su extinción, b) más modernamente puede ser liquidado por resolución judicial si se trata de una SAD, c) si el club en concreto decide disolverse para integrarse en la estructura de otro mediante fusión por absorción y d) por las demás causas de extinción previstas en el ordenamiento jurídico vigente.

La continuidad

Llegado este punto, obviamente la afición por el fútbol entre los aficionados sea cuales sean las causas que originen la extinción de una sociedad, no desaparece ni se disuelve en el aire como si nada hubiese ocurrido, sigue latiendo. ¿Y qué hacen esos aficionados que han quedado desprovistos de su club por una deficiente gestión, falta de líderes o resolución judicial? Pues en el mejor de los casos y si hay dinero para ello, crear rápidamente un nuevo club donde unificar su ilusión y auspiciar un proyecto lo más parecido al anterior pero partiendo de cero. Para ello redactarán nuevos estatutos, elegirán un uniforme y escudo, buscarán un campo donde jugar y con una directiva se presentarán en la sede de la federación territorial correspondiente para dar de alta la nueva sociedad. Este paso que normalmente se produce a las pocas fechas de la extinción de un club o incluso en ocasiones en plena agonía del que va a ser finiquitado, también suele realizarse al cabo de unos años si no hay nadie dispuesto a cargar con tal responsabilidad, pero no es un paso nuevo ni reciente, existe desde que el fútbol se instaló en España y multitud son las localidades que han vivido tal experiencia.

La refundación y sus aplicaciones

Cuando este hecho se confirma y más si el nombre y colores elegidos coinciden en gran parte o totalmente con el desaparecido hasta el punto que se confunden y son casi indistinguibles, los aficionados y sobre todo los periodistas si la noticia es de alcance, hablan de ‘refundación’, un término que tradicionalmente ha gustado y calado en muchos aficionados por extensión pero que en realidad es inadecuado como ahora veremos.

HF Las refundaciones 2

Refundar tiene básicamente dos acepciones: una primera que significa reorganizar la estructura de un organismo, entidad, institución o sociedad para que vuelva a funcionar con normalidad y una segunda que es modificar las directrices planificadas para obtener una meta porque el objetivo ha cambiado y el interés es otro distinto. Ambas son en teoría aplicables al fútbol, pero con una importantísima salvedad: sólo se pueden aplicar a un club vigente si se encuentra en ese trance, pero no a un club de reciente cuño que sustituye a otro extinto. Es decir, será aplicable a aquellos clubs que en un determinado momento de su historia atraviesan por una crisis institucional o no y necesitan autoinventarse modificando sus estatutos, nombre e incluso uniforme como si empezasen un nuevo camino, caso del Tenerife Sporting Club-Club Deportivo Tenerife, Illuro Sport Club-Club Deportivo Mataró, Foot-ball Bétulo Club-Foot-ball Club Badalona, Sociedad Deportiva Villajoyosa-Villajoyosa Club de Fútbol, Santana Club de Fútbol-Linares Club de Fútbol, etc y también será aplicable a aquellos que han cesado su actividad durante un periodo de tiempo indeterminado y transcurrido este la reanudan como si nada hubiese pasado, casos de los clubs que permanecieron inactivos durante parte de la Guerra Civil y posguerra, reanudando sus funciones en los primeros años cuarenta cuando se normalizaron social y deportivamente.

Un caso curioso en el que existe una clara refundación es el del C.F. Reus Deportiu, un club fundado en 1909 como Sport Club de Reus que alojó bajo su estructura a varias secciones deportivas mediados los años diez para convertirse en una entidad polideportiva bajo el nombre de Reus Deportiu y que a finales de los años cuarenta casi le cuesta la desaparición al situarse las secciones deportivas como más importantes que la de fútbol, motivo por el cual tuvo que dividirse en dos retomando el camino mantenido entre 1909 y 1917 cuando era solo un club de fútbol. Este replanteamiento de su futuro, cambio de objetivos, de estatutos y de denominación es una refundación en toda regla y en ningún caso se trata de un nuevo club puesto que ya existía desde 1909 y el mero hecho de refundarse no implica extinción. De lo contrario, ¿alguien puede presentar el acta de disolución de la entidad Reus Deportiu o de constitución del ‘hipotético’ nuevo C.F. Reus Deportiu?

Refundaciones de los clubs transformados en SAD

Desde 1990 y en virtud a la nueva Ley del Deporte que fue elaborada para soliviantar en parte una situación casi insostenible y en gran medida para encauzar todo lo que envuelve al deporte español, los clubs profesionales, mayoritariamente de fútbol y de baloncesto, tuvieron que adecuarse a la nueva normativa y transformarse en sociedades anónimas deportivas para cumplir con los preceptos legislativos. Para cumplir con este trámite, los hasta entonces clubs deportivos que eran dirigidos por sus socios, tuvieron que refundarse y cambiar sus estatutos, de régimen pasando a ser empresas, variar profundamente su organigrama emitiendo acciones y modificar la titularidad del club quien pasaba de manos de los socios a un único accionista, varios o si había suerte, a una multitud. Queda claro que sí hubo refundación porque eran clubs vigentes, no extintos y sus metas y objetivos habían sufrido profundas modificaciones pareciéndose en algunos aspectos bien poco a lo que habían sido hasta ese instante.

Refundaciones mal aplicadas

Si volvemos al inicio del artículo y recordamos el sentido de posesión que desarrollamos las personas cuando nos referimos a todo aquello que cotidianamente nos rodea atribuyéndonoslos como propio, es casi inevitable que muchos aficionados y periodistas tengan la tentación de hacer lo mismo con los clubs nuevos, confundiendo al extinto con el nuevo como su fuesen un único club por ser sus seguidores los mismos y por ser de la misma ciudad, jugar en el mismo estadio y lucir los mismos colores. Para estas personas no hay línea de separación posible, el sentimiento que le produzca tanto uno como otro, desaparecido o nuevo, será el mismo y no reparará ni se atenderá a razonamientos a la hora de diferenciar una entidad de otra, teniendo como fecha de fundación la del más antiguo y catalogándolos a ambos como ‘su club’ se llame como se llame. Esta errónea y equívoca forma de interpretar los hechos conduce a muchos a considerar el nacimiento de un nuevo club que toma el testigo de uno anterior disuelto como una ‘refundación’, en cuanto la realidad es otra muy distinta y el término adecuado sería ‘fundación’ a secas, puesto que el nuevo club no tiene jurídicamente nada que ver con el anterior y no se puede hablar de refundación por ser precisamente nuevo y partir de cero sin historia.

El paradigma del mal empleo del término refundación son los clubs de la murciana localidad de Lorca. Quizás sea la ciudad que más clubs ha tenido encadenando uno tras otro tras experimentar épocas brillantes con otras no tanto. Muchos, no todos por supuesto, han visto refundaciones cuando nacía un club tras desaparecer el anterior, con la coincidencia de que siempre era el titular o más importante de los existentes. Pues no, no hubo ni una sola refundación y todos y cada uno de ellos jurídicamente son distintos del antecesor formando una cadena en la que encontramos a Lorca Foot-ball Club, Lorca Sport Club, Lorca Fútbol Club/Lorca Club de Fútbol, Club Deportivo Lorca, Club de Fútbol Lorca Deportiva, Lorca Deportiva Club de Fútbol y Lorca Club de Fútbol, siendo en la actualidad el ‘Lorca’ un club fundado en 1996 en la pedanía murciana de Sangonera bajo el nombre de Sangonera Atlético C.F. quien en 2010 y gracias a un cambio de domicilio se instaló en la ciudad del sol para adquirir el nombre de Lorca Atlético C.F.

HF Las refundaciones 3

Reciente o históricamente se han dado casos de clubs nuevos que han empleado el nombre de un desaparecido y han ahondado más en el problema produciendo una gran confusión en aquellos que tenían dudas, caso del Burgos C.F., S.D. Compostela SAD ó Terrassa F.C. SAD por poner unos ejemplos. Originariamente los tres nacieron hace bastantes décadas y tras un periplo deportivo se extinguieron por causas económicas. Los tres han tenido un sustituto, unos con más celeridad que otros, pero lo tres sustitutos fueron catalogados en su día como ‘refundaciones’ cuando no lo eran porque jurídicamente eran distintos y en nada tenían que ver con los otros pese a su misma denominación. Es más, el Burgos C.F. actual solicitó permiso a la RFEF para emplear el nombre del antiguo puesto que este dejó deudas sin liquidar y en el caso de la nueva S.D. Compostela el club que subyacía era la S.D. Campus Stellae que gozaba de permiso del magistrado para emplear ese nombre tras adquirirlo en subasta, al igual que haría poco después el Terrassa Olímpica 2010 SAD para emplear el nombre del desaparecido Terrassa F.C.

Por último y para concluir, tampoco son refundaciones los cambios realizados por los clubs que en su día fueron filiales independientes y debido a la Ley del Deporte tuvieron que disolverse para quedar integrados en la estructura de los clubs principales bajo la forma de equipos dependientes. Estos clubs que gozaban de directiva, presupuesto y todo lo que implica ser un club autónomo, al convocar asambleas extraordinarias y firmar su liquidación, fueron dados de baja en la RFEF pasando a formar parte de los clubs profesionales que se habían transformado en SAD y aunque les fue respetada su plaza en la categoría última en la que compitieron, no se les puede considerar como refundados porque eran ya extintos.

© Vicent Masià. Noviembre 2011.

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titular HF Los decanatos

por Vicent Masià

 

La vida nos ha enseñado a ver que todas las cosas son relativas y que su resultado depende en gran medida del cristal con que se miran. Casi todos los aficionados, al fútbol en este caso, solemos aplicar la misma vara de medir cuando se nos pregunta cuál es el mejor club para nosotros, quién juega mejor, dónde surgió el fútbol en España o cuál es el club de fútbol más antiguo del país. Esta vara de medir viene determinada e influenciada en gran parte por las enseñanzas y conocimientos que hemos adquirido desde pequeños en nuestros hogares, en el colegio o en la calle y a lo largo de la vida nos va a acompañar inseparablemente como la piel cubre a la carne. Sin embargo, contrariamente a lo presupuesto, las respuestas que a título individual damos a estas preguntas no son las mismas en todos nosotros y en función a lo que sepamos o hayamos aprendido, en suma a nuestros gustos particulares, daremos oportuna contestación, siéndonos fácil en el caso de que conozcamos la respuesta para dónde surge el fútbol o cuál es el club más antiguo y un poco menos en el caso de que debamos pensar quién esta jugando mejor en la actualidad o cuál es el mejor club de la historia, preguntas que en base a nuestros criterios daremos uno u otro nombre.

Origen británico del fútbol

En todos los libros que hablan sobre el origen del fútbol encontramos siempre la misma fecha: 1863, año en el que nace oficialmente el Foot-ball Association en la Freemason’s Tavern londinense con sus primeras normas y reglamentos, encontrándonos poco después que la aparición de este deporte en España es incierta, pero que casi con toda seguridad los primeros brotes surgieron en la provincia de Huelva y en concreto en la localidad de Minas de Riotinto, puesto que existe una nota periodística fechada en 1873 que comenta la disputa en esta población onubense de un match, sin concretar a qué actividad se refiere aunque se da por supuesto que debería de ser de fútbol. Precisamente en este año, 1873, el Gobierno español había arrendado la explotación de las minas locales a una compañía británica, la Río Tinto Company Limited, siendo la presencia de súbditos de este Estado bastante numerosa y no es desdeñable que practicasen deporte en sus ratos de ocio. Esta noticia encontrada en prensa posteriormente fue superada por otra aparecida en Jerez de La Frontera, dado que el 1 de noviembre de 1870 se cita literalmente en El Progreso que “por la tarde gozarán los aficionados a porrazos de un rato de football”. Es decir, tres años antes ya hay constancia de la práctica de este deporte no en Huelva, sino en la gaditana ciudad de Jerez de La Frontera, siendo en la actualidad la fecha más antigua registrada con este vocablo.

Pero, ¿cómo era ese fútbol del último tercio de s. XIX? Sabemos hoy que, siempre desde el Reino Unido, en 1866 fue instaurado el fuera de juego y limitada la altura de las porterías a 5,50 metros, que en 1871 surge la figura del portero, en 1872 se fijan las dimensiones del balón, en 1873 las del terreno de juego con 180 x 90 metros así como las normas del saque de esquina y en 1874 se redujo la altura de las porterías a 2,44 metros. Sabemos también que en 1874 se implantan las espinilleras, en 1878 surge el silbato arbitral, en 1890 las redes en las porterías y en 1891 el penalti, dándonos una idea muy aproximada de cómo evoluciona el fútbol y cómo pudo ser practicado en aquellos tiempos.

Los British Club en España

Y en España, ¿cómo y quien lo practica en esas mismas fechas? En nuestro país las costumbres son distintas a la británicas y el concepto o tradición asociativa para prácticas deportivas no está tan enraizado como en las islas, siendo nosotros más individualistas y menos asociativos, dedicándonos a deportes con pelota pero de tamaño mucho más reducido y con bastantes menos jugadores, además de que el fútbol es totalmente desconocido. Es por ello que los primeros grupos en dar patadas a un balón son todos lógicamente de origen británico, primero por ser un deporte originario de aquellas tierras y segundo por ser los únicos capacitados para hacerlo aquí con conocimiento de causa, uniéndose con el tiempo como máximo uno o varios jugadores nacionales atraídos por éste y con la suficiente proximidad hacia los británicos para poder hacerlo, dado su carácter exclusivista y separatista al permanecer agrupados en sociedades muy cerradas e inaccesibles. Pero para entender mejor cómo se despliegan los primeros grupos y cómo evolucionan hemos de acudir sin duda a una breve pero muy interesante entrevista publicada en Diario de Huelva el 25 de mayo de 1933 en la cual José González Pérez, autor del libro editado en 1929 con el nombre de “Historia del fútbol en Huelva y su provincia”, realiza una serie de preguntas a Daniel Young, escocés nacido en 1862 y uno de los primeros jugadores de fútbol establecidos en Minas de Riotinto, compañía a la que se incorpora el 1o de abril de 1880:

“En Río-Tinto nos esperan amigos. Siempre los tuvimos allí, y ahora uno de ellos que sabe de nuestras chifladuras por estas cosas de investigación deportiva nos ha avisado que puede presentarnos al único superviviente del once que jugó por primera vez al fúbol en España. ¿Fantasía? ¿Realidad? Es cuestión de averiguarlo.
Y la camioneta de servicio público, subiendo perezosa las largas cuestas, nos va acercando, poco a poco, a Río-Tinto, donde nos aguardan”.

- ¿Cómo se llamaban los equipos?

- No tuvieron denominación alguna hasta el año en que se fundó y legalizó el de Huelva bajo el título de Huelva Recreation Club, -el Recreativo de hoy-.

- Mientras tanto…

- Mientras tanto los partidos eran los partidos eran contadísimos, uno o dos al año, y jugábamos por verdadero deporte, costeándonos todos nuestros gastos, respetando al contrario como si fuera un compañero. Así aunque el fútbol era más rudo que el de hoy, era a la vez más caballeroso. Tampoco nos importaba que el compañero de hoy fuera el contrario de mañana. Tanto es así que unas veces formábamos los de Río-Tinto y Sevilla contra Huelva, otras los de Sevilla y Huelva contra Río-Tinto, y otras los de Río Tinto y Huelva contra Sevilla.”

- ¿Sevilla ha dicho usted? No sabíamos que en aquel tiempo…

- Sevilla, sí. Sevilla, Río-Tinto y Huelva fueron los tres grupos que jugaron al fútbol antes que nadie en España. Los de Huelva y Río-Tinto aparecieron simultáneamente el año 1881; el de Sevilla nació uno meses después. Estas tres localidades, son sin ningún género de dudas, el germen del deporte español. Yo recuerdo haber jugado en Sevilla contra equipos españoles, alemanes e ingleses. Pocos encuentros, desde luego, porque lo dificultaba la escasez de comunicaciones de la cuenca minera. Ya usted ve si será así, que algunas veces en que tres o cuatro que los de aquí formábamos con los de Huelva en Sevilla, teníamos que salir de la Mina ¡a caballo! a las once o doce de la noche anterior al partido, y así seguíamos toda la madrugada hasta Zalamea, donde tomábamos un tren que nos llevaba hasta San Juan del Puerto para unirnos a los demás compañeros de la capital y continuar el viaje a Sevilla. ¡Figúrese usted cómo llegaríamos! ¡Destrozados!

Este relato tan sencillo pero a la vez tan jugoso, si nos atenemos a su veracidad, nos cuenta mucho más de lo que tradicionalmente se nos ha contado y hay que prestarle toda la importancia que se merece, aunque con matices como luego comprobaremos. De un lado Young indica que el fútbol es practicado por un grupo de individuos, que no club de fútbol propiamente dicho, de forma organizada en 1881, pero no sólo en Minas de Riotinto, sino en Huelva de la que dice que aparece simultáneamente y en Sevilla, aunque allí surge con unos meses de retraso pero presuntamente dentro del mismo 1881. Es decir, estos tres núcleos son los primeros en tener un grupo organizado que con cierta frecuencia juega a fútbol, pero es que por otro lado nos dice que hasta el 23 de diciembre de 1889, fecha en la que se constituye la junta directiva del Huelva Recreation Club, se jugaban uno o dos encuentros al año en cualquiera de estas ciudades, o sea que el primer partido disputado entre dos equipos de ciudades distintas no se efectuó tampoco el 8 de marzo de 1890 entre el club onubense y el club sevillano, sino que como mínimo debió de disputarse nueve años antes de lo conocido, aunque desconocemos dónde y quiénes fueron sus protagonistas al no existir reseñas periodísticas.

Los matices a estas manifestaciones en las cuales obviamente existe un baile de años y que desconocemos si es achacable al periodista o a la memoria del propio Young, vienen determinados por varias consideraciones que urgen ser recordadas en base a los datos que hoy en día manejamos. En primer lugar el fútbol moderno es consensuado inicialmente el 6 de diciembre de 1882 cuando en Manchester las cuatro federaciones regionales británicas acuerdan seguir unas reglas de forma común, reglas que serán corroboradas y ampliadas el 2 de junio de 1886 cuando esas mismas cuatro federaciones den vida a la International Football Association Board, órgano que a partir de entonces dictaminará las reglas de juego a nivel mundial (de forma conjunta con la FIFA desde 1958). En segundo lugar la práctica de fútbol según las leyes de la IFAB en estas ciudades empieza a efectuarse en realidad pocos años antes de 1890 cuando desde el hipódromo de Tablada cada año por Navidad se disputa un encuentro entre los equipos de Sevilla, Huelva y Riotinto, o bien desde los feudos de Riotinto o Huelva como es comprensible. En definitiva, 1881 no pudo ser la fecha en la que se inició el fútbol moderno en esta región del suroeste andaluz, tal vez su práctica como distracción sin reglas sí y el 8 de marzo de 1890 sería la fecha en la que se disputó el primer encuentro en suelo español entre dos clubs constituidos, que no entre equipos que es otra apreciación muy distinta.

Bien, esto de entrada, pero sigamos tirando del hilo. La aparición de varios grupos que se dedican a jugar a fútbol implica un respaldo, un acomodo y una organización detrás, una tradición que impulse a varios individuos de un mismo colectivo a desarrollar una actividad conjuntamente. ¿Dónde se encuentra esa organización? Buscando en hemerotecas y periódicos, es harto conocido que en la localidad de Minas de Riotinto aparece en 1878 la primera de todas cuando la Rio Tinto Company Limited crea el British Club (Club Británico, deformado y popularizado en multitud de ocasiones como Club Inglés), una sociedad que necesariamente ha de tener junta directiva para gobernar las actividades que en forma de deporte, recreo y cultura ejecutan sus miembros. Esta directiva desgraciadamente no consta en periódico alguno tal y como sí hizo reflejar la directiva onubense en 1889, pero lo que sí es cierto es que la existencia de una junta implica un reconocimiento legal. En pocas palabras, el club legal de Minas de Riotinto tiene once años más que el club legal de Huelva.

¿Y qué sucede con el British Club de Sevilla que jugaba a fútbol desde 1881 presuntamente? Seguramente y según los precedentes de los clubs onubenses debió de ser un calco de éstos (una dedicación exclusiva al fútbol sería ilógica en esas fechas tan tempranas), y la práctica de varios deportes, realización de actos culturales y de recreo figuraron en su agenda hasta 1890. ¿Qué pasa en 1890? Pues que un señor llamado Isaias White quien dice ser secretario de un club de fútbol recién creado en Sevilla traslada una invitación el 25 de febrero a su homólogo del Huelva Recreation Club para disputar un encuentro el sábado 8 de marzo. Como podemos entender, no se trata de un club polideportivo y cultural como el onubense creado en 1889, sino de un club dedicado a la práctica del fútbol exclusivamente. Por primera vez en la historia no se habla de un grupo, de un equipo, de una sección de fútbol o de varias personas que juegan un partido, sino de un club de fútbol a secas. ¿Pero, tiene nombre este club? Según la prensa sí, Sevilla Foot-ball Club y como presidente al vicecónsul británico y también accionista de la naviera McAndrews & Company Ltd., el señor Edgard F. Jhonston, un cargo reservado para personas con cargos importantes. Como vemos el paralelismo entre los British Club de Huelva y Sevilla es casi total, puesto que de un lado ambos practican fútbol presuntamente desde 1881 (con seguridad desde el segundo lustro de esa década), y con apenas unos meses de separación de ambos surgen dos sociedades deportivas diferenciadas y con personalidad: el Huelva Recreation Club el 23 de diciembre de 1889 y el Sevilla Foot-ball Club antes del 25 de febrero, aunque falta encontrar en qué fecha exactamente y si es anterior o posterior al club onubense.

La legalidad de los British Club

Pero, ¿por qué se consideran estos clubs como legales cuando no fueron registrados oficialmente hasta muchos años después y existiendo desde 1887 en España una Ley de Asociaciones? Cada Gobierno de provincia debía contar con un Registro especial donde se inscribían las asociaciones que tenían su domicilio en ella, o que se habían establecido en su territorio. Nos interesa detenernos, aunque brevemente, en el concepto de Registro para saber cuál era su función en esta norma. A tenor del artículo 7 de la Ley, el Registro estaba compuesto por todos los documentos que se exigían en la norma para la constitución de la asociación, algo muy similar a la función que cumplen los órganos registrales que se incluyen dentro de la actual categoría de Registro administrativo: un tipo de archivo donde se contienen el conjunto de documentos necesarios, en este caso para la existencia de una asociación, sin efectos constitutivos pero sí declarativos. Esta percepción se refuerza con la idea de que, en el caso de que se negara por la autoridad competente la inscripción de los documentos, los interesados podían levantar acta notarial con los mismos efectos que la inscripción. De este modo, se puede mantener que el Registro instituido por la Ley 30 de junio de 1887 tenía un marcado carácter declarativo, no constitutivo. Además, de todo el articulado no se puede extraer ninguna referencia a la forma o procedimiento que habría de seguir una asociación para obtener personalidad jurídica, ni mucho menos una vinculación expresa entre ésta y la inscripción. En realidad debemos entender que la personalidad jurídica de toda asociación se presuponía adquirida directamente a través de su constitución. Esta opinión sin duda recoge el sistema de reconocimiento genérico de personalidad que establecía, y aún recoge, el artículo 35 del Código Civil para este tipo de entidades.

La Ley de 1887 se promulgó para regular todo tipo de asociaciones, ya fueran de tipo religioso, político, científico, artístico, benéfico, de recreo o cualesquiera otras sin ánimo de lucro. Será en su artículo 2 donde la norma elabore una lista de las asociaciones a ser excluidas de su ámbito de aplicación: 1º) Las asociaciones religiosas católicas, cuya regulación se contenía en el Concordato de 1851. Las confesiones religiosas no católicas entraban dentro de su ámbito de aplicación, si bien teniendo en cuenta que, además de lo dispuesto en esta Ley, tenían restringidas las manifestaciones públicas por indicación del artículo 11 de la Constitución; 2º) Las sociedades cuyo objeto fuera civil o mercantil, en cuyo caso quedan sometidas a las disposiciones del derecho civil y mercantil; 3º) Institutos o corporaciones que se regulen por leyes especiales.

Queda claro que las sociedades deportivas de origen británico obtenían en el momento de elegir una junta directiva personalidad jurídica y un marcado carácter declarativo, que no constitutivo, como se extrae de lo leído anteriormente, quedando legalizadas aunque no registradas, pero también queda muy patente que, a pesar de su falta de lucro, se saltaron la Ley al tratarse de sociedades claramente de recreo, una de las variantes por las cuales la Ley de 1887 fue creada y no civiles como algunas voces han dejado entrever recientemente, puesto que demostrablemente de recreo (por su dedicación deportiva) eran el Huelva Recreation Club (Club Recreativo de Huelva), el Riotinto F.C. (Club de Fútbol de Riotinto), el Sevilla F.C. (Club de Fútbol de Sevilla), Las Palmas F.C. (Club de Fútbol de Las Palmas) y la Sociedad de Fútbol Barcelona. No se puede argumentar que estas sociedades eran civiles y no de recreo cuando su dedicación era plenamente deportiva y de recreo como indica el nombre del Huelva Recreation Club y de fútbol las sociedades de Riotinto, Sevilla, Las Palmas y Barcelona. Tampoco es aceptable que se intente camuflar esta (hablando fino) falta de sensibilidad de los clubs británicos con la Ley española, escudándose en que el Gobierno pretendida e indemostrablemente hacía la vista gorda o miraba hacia otro lado protegiendo a estas sociedades para no soliviantar sus ánimos, porque la Ley no era excluyente con ciudadanos de otra nacionalidad y sí aplicable a todas las sociedades radicadas en España excepto las anteriormente descritas. Hasta que se demuestre lo contrario todas las leyes españolas son aplicables en nuestro territorio, sin excepciones, salvo que se especifiquen y en este caso lo están, pero entra ellas no constan las sociedades recreativas.

Herederos de los British Club

Históricamente dos de estos cinco clubs se disputaron, cada uno con sus armas, la hegemonía en disfrutar del decanato de nuestro fútbol, pues tanto Riotinto Balompié como Real Club Recreativo de Huelva creían tener argumentos suficientes para poder hacerse con él. Desde hace unos años el club sevillano también aspira a tal distinción, reclamándola no a través de sus dirigentes sino por medio de algunos de sus aficionados, pero como ahora analizaremos todos ellos tienen entre sí y respecto a otras sociedades varios inconvenientes:

- Riotinto Balompié: En 1878 el British Club de Minas de Riotinto elige junta directiva por vez primera. De este club nace el Riotinto F.C., una sociedad deportiva que no se inscribe en 1909 en la Federación Española de Clubs de Foot-ball ni lo hará en momento alguno. En 1914 nace el Balompié Riotinto, club de la misma localidad que si lo hará en la Federación Regional del Sur y con el cual se fusiona en 1932 dando lugar al Riotinto Balompié. La fusión de dos sociedades registradas y sin deudas permite a ojos de la RFEF la conservación de la fecha de antigüedad de la más veterana de las dos, en este caso el Riotinto F.C., con junta directiva desde 1878, pero esta fusión presenta un serio handicap y es que se realiza entre un club de fútbol federado y uno no federado (en 1932 el Riotinto F.C. no lo estaba) y aunque pueden fusionarse no se les puede aplicar esta retroactividad pues sólo afecta a clubs federados. Es decir, la RFEF cuando es preguntada por la fecha de registro de la sociedad Riotinto Balompié indica que es 1915, año en el que se inscribe en la recién creada Federación Regional del Sur como Balompié Riotinto, aunque éste tenga una antigüedad de 1914, año en el que se funda.

- Real Club Recreativo de Huelva, SAD: El British Club de Huelva que desde 1881 juega a fútbol entre otras actividades da como resultado al Huelva Recreation Club el 23 de diciembre de 1889. Este club se inscribe en la Federación Española de Clubs de Foot-ball en 1909 y registra en 1903 como sociedad deportiva. En 1931 es expulsado de la Federación Regional del Sur y dado de baja, ingresando en la recién creada Federación Oeste en 1932 bajo el nombre de Onuba F.C.. Con la llegada de 1935 se extingue la Federación Oeste y la Federación Extremeña sigue libremente su camino mientras el otrora Recreativo y ahora Onuba F.C. ingresa de nuevo en la Federación Regional del Sur. En ningún caso se puede considerar que son clubs distintos pues el cambio de nombre aparece reflejado en el registro de sociedades.

- Sevilla F.C., SAD: Este club nace en 1905 y se legaliza ese mismo año. Algunas fuentes defienden que es la misma sociedad que el Sevilla F.C. de 1890. Aunque existen vinculaciones entre el Sevilla F.C. de 1905 y el Sevilla F.C. de 1890 en cuanto a lazos familiares entre jugadores, legalmente son sociedades distintas puesto que la sociedad de 1890 no está registrada ni presenta actividad en buena parte de la última década del s. XIX, mientras la de 1905 sí se registra y dice en sus propios estatutos haberse fundado en esa fecha. Sin embargo es indudable que la sociedad de 1890 es pionera y origen del actual.

Como observamos entre las tres sociedades deportivas andaluzas existen discrepancias notables en cuanto a fechas de aparición o reconocimiento a través de prensa u otros medios y quizás hasta algunos quieran ver que eran lo mismo los British Club de Minas de Riotinto, Huelva y Sevilla que el Riotinto F.C., Huelva Recreation Club y Sevilla F.C. respectivamente, pero no hay que dejarse arrastrar por la pasión y hay que poner los pies en el suelo y preguntarse: ¿eran los British Club de estas localidades únicamente clubs de fútbol ó eran sociedades que practicaban varias actividades y de ellas surgieron posteriormente sociedades deportivas con el fútbol entre ellas? Mirando sus historiales de actividades nos damos cuenta inmediatamente de que no eran clubs de fútbol única y exclusivamente, sino sociedades de recreo que fomentaban la práctica de distintas modalidades culturales entre las que se encontraban el baile de salón, el excursionismo, fútbol, cricket, tenis, carreras pedestres y otros juegos. Es decir, inicialmente no era el fútbol su principal y única actividad, sino que ésta fue predominando con el tiempo e imponiéndose al resto como consecuencia de tener más aceptación que las demás y destacar sobre ellas, caso del Recreativo que tuvo un inicio claramente tenístico. Lo mismo sucede con otros British Club del resto de España al margen de los andaluces y así encontramos que en el de Barcelona durante 1890 ya se jugaba al fútbol, aunque desconocemos en qué fecha fue fundado, surgiendo de éste en 1894 la Sociedad de Foot-ball Barcelona, núcleo del cual pocos años después nacería el F.C. Barcelona en contraposición al Sport Club Catalá, fundado apenas unas semanas antes y compuesto exclusivamente por socios de origen catalán.

Mención aparte merecen los British Club canarios, los grandes olvidados del fútbol español y en especial el de Las Palmas. En esta ciudad y con motivo de la construcción del puerto marítimo en el Refugio de la Luz, a partir de 1883 empiezan a circular libras y gran cantidad de almacenes de carbón, pequeños astilleros y oficinas para comerciales británicos son establecidas, creándose en 1889 el British Club de Las Palmas. Amantes del deporte desde antaño, estos ciudadanos no dan lugar a un solo club como sucede en la península, sino a varios según la especialidad deportiva que eligen, dando paso a Las Palmas Cricket Club (hacia 1890), Las Palmas Golf Club (1891), Las Palmas Foot-ball Club (1894) y Las Palmas Lawn Tennis Club (1896). El primer partido oficial registrado en prensa consta con fecha 10 de febrero de 1894 entre oficiales de la escuadra inglesa y el Grand Canary F.C., probablemente la misma sociedad que Las Palmas F.C., no significando que no se jugase al fútbol con anterioridad, algo más que justificable. Este club fue pionero en las islas y tuvo terreno de juego en el Puerto de La Luz, desarrollando una vida deportiva en la cual sus rivales casi siempre fueron tripulaciones británicas hasta que en la primera década del s. XX desapareció.

A estas alturas el lector puede comprobar como en la España de 1905 cinco localidades han evolucionado futbolísticamente casi de la misma forma, cada uno con sus vicisitudes. ¿Y cómo trasladamos esta observación a estos núcleos ya conocidos?

1º) Asentamiento de un nutrido grupo de ciudadanos británicos: En las localidades de Minas de Riotinto y Huelva se instalan al mismo tiempo, 1873, año en el cual ciudadanos británicos adquieren la licencia de explotación de la cuenca minera onubense, mientras en Las Palmas lo hacen en 1883. En Sevilla, localidad esta con más relevancia que las anteriores el asentamiento debió ser anterior, máxime cuando disponían años antes de consulado. Lo mismo sucede con Barcelona y casi con toda probabilidad en Madrid, donde estaba la embajada.

2º) Surgimiento de un British Club sin junta directiva. En cada una de estas ciudades los británicos y, más generalmente los oriundos de Inglaterra, intentan crear al poco de su instalación un lugar de encuentro en donde compartir aficiones, cultura y combatir el ocio. Estos se unen primero en pequeños grupos que luego van creciendo y precisan adquirir un local además de terrenos para el desarrollo de sus actividades.

3º) Creación de un club deportivo al margen del British Club o legalización del existente mediante elección de junta directiva. En la localidad de Minas de Riotinto se elige junta directiva en 1878, mientras su club de fútbol adquirirá mayoría de edad o independencia hacia 1901. En Huelva la elección de junta directiva y creación de un club de recreo van unidos de la mano en 1889, mientras en Las Palmas se crea en 1890 y la sociedad de fútbol en 1894. En Sevilla el club deportivo, Sevilla F.C., surge en 1890 aunque se desconoce cuándo se legaliza la junta del British Club, mientras finalmente en Barcelona la sociedad deportiva surge en 1894 desconociéndose cuando se ha legalizado la junta del British Club.

4º) Creación de un nuevo proyecto deportivo si el anterior se ha extinguido. En Sevilla se crea el primer proyecto en 1890 con el Sevilla F.C.. Al cabo de unos años pierde fuerza y su actividad disminuye considerablemente a finales de la última década del s. XIX. Pese a seguir jugándose ocasionalmente durante todos estos años, en 1905 surge un nuevo proyecto con más fuerza que recibe la misma denominación de Sevilla Foot-ball Club. En Barcelona se repite la historia y tenemos en 1894 una Sociedad de Foot-ball Barcelona, es decir, un F.C. Barcelona o Barcelona F.C. cuyo ímpetu decae tras un par de años y que en 1899 resurge con el F.C. Barcelona de Hans Gamper. Si nos vamos a Las Palmas la tónica es la misma, pero con la salvedad de que la sociedad Las Palmas F.C. sí admite socios españoles en sus filas. Esto hace que el club alargue su vida hasta mediados de los años diez del s. XX, fraccionándose sus miembros en varios frentes que darán origen al Marino F.C. en 1905 y al Sporting Club Victoria en 1910.

En localidades como Madrid, Valencia, Bilbao, Cartagena, Jerez de la Frontera o Vigo el proceso es similar, con la excepción de que los ciudadanos de origen británico nunca adquieren el nivel de asociacionismo de las cuatro mencionadas y su presencia sirve sólo como punto de apoyo para crear sociedades futbolísticas o como partes integrantes de las plantillas por sus conocimientos.

HF Los decanatos 1

El Decano

La condición humana arrastra consigo la curiosidad y en ésta la de saber quién es más antiguo, quién se registró primero, quién jugó antes que nadie al fútbol, etc. Volviendo al primer párrafo del presente artículo y a lo que en él se dice sobre la perspectiva de las cosas y la magnitud que éstas adquieren según el color del cristal con que miran, vamos a ver cómo surge la adjudicación del decanato y en base a qué criterios es impuesto:

Para empezar hay que indicar que en los estatutos y reglamentos de la RFEF la figura de Decano no existe, como no existe la consideración de mejor jugador, entrenador, club o máximo goleador. Este es un concepto antiquísimo atribuible a cierto tipo de personas por reunir una serie de características, empleado en algunas sociedades civiles o religiosas que se solía aplicar como título honorífico o jerárquico y que recaía en la de mayor antigüedad en una institución o en su defecto en el miembro más antiguo registrado. Como suponemos es ya sabido, la RFEF no tiene potestad alguna para declarar si un club es decano o no al no constar esta distinción entre sus reglamentos, con lo cual se limita sólo a reconocerlo, pues esta responsabilidad recae en los clubs quienes han de demostrar con documentos oficiales en qué fecha fueron fundados. Luego entre ellos ya decidirán cual es más antiguo, pues la RFEF tiene como misión principal el organizar campeonatos, procurar que todos sus asociados estén al corriente de los pagos y procurar que todos y cada uno de ellos cumplan los estatutos y reglamentos federativos.

Entonces, ¿porqué se autoaplican el decanato los asociados de la RFEF? La respuesta hay encontrarla hace muchos años atrás. Tras la instauración y desarrollo del fútbol en España, algunos clubs y sobre todo periodistas, empezaron ya en la primera década del s. XX a aplicar este título distintivo como si las sociedades deportivas fuesen personas de oficio, pues esta clonación de decanage daba más caché a quien la ostentaba. Así vemos como el primero en ostentarlo es el F.C. Barcelona, dado que es el primero de los clubs de fútbol creado con ese propósito en el lejano 1899 y además el primero registrado oficialmente según la Ley de 1887. Bajo la óptica barcelonista de esos tiempos y hasta la década de los años veinte, se autoconsideran como el club de fútbol más antiguo porque para ellos ni el Club Gimnástico de Tarragona fundado en 1886, ni la Sociedad Gimnástica Española de 1887, ni el Huelva Recreation Club de 1889 son clubs de fútbol, sino sociedades deportivas que entre sus actividades practican el fútbol y cada una de ellas desde una fecha en concreto. Es decir, los barcelonistas se aplican el decanato desde una base purista reivindicando y además con razón, que son un club de fútbol y los otros no, además de ser el primero registrado y federado, dado que son cofundadores de la Federación Catalana en 1906. ¿Digo bien 1906 o quizás debería decir 1913 porque si la Federación Española desde hace apenas unos años es considerada por algunos como de 1913 y no de 1909, la Federación Catalana debe ser también de 1913 y no de 1906, no?

Este decanato barcelonista que nadie en dos décadas replica a excepción del Athletic Club quien indica sin documentos haberse fundado en 1898, sin embargo a finales de los años veinte empieza a ser cuestionado a nivel nacional, sobre todo a partir de 1927, fecha en la que la RFEF exige a todos sus asociados que se inscriban en el Registro de Sociedades del Gobierno Civil como condición ineludible para seguir o entrar como miembro de la entidad. Varias sociedades entran en acción y así el Real Club Recreativo de Huelva indica que en 1889 fue elegida su junta directiva, que en esa fecha jugaba a fútbol y que ello da pie para ser considerado como decano a lo cual responde el Club Gimnástico de Tarragona alegando que si los onubenses eran legales en 1889 ellos ya lo eran desde 1886. La guerra está servida y las primeras batallas comienzan a aparecer en diversos medios de comunicación. Todos tienen razón y ninguno de los implicados es capaz de convencer a los demás, puesto que si el Real Club Recreativo de Huelva fue creado en 1889 bien cierto es que no se federa hasta 1909, el Club Gimnástico de Tarragona se crea en 1886 pero su sección de fútbol en 1914, el Riotinto F.C. jugaba a fútbol antes que todos y es descartado por no estar federado y finalmente el F.C. Barcelona aunque creado en 1899 es el más antiguo federado. Al final, tras muchas líneas escritas todo queda en el aire y aún hoy lo está pues… ¿cuáles son las bases para ser considerado el decano del fútbol español? Nadie lo sabe, ni la RFEF se hace responsable aunque muestra su respaldo, ni los clubs han hecho un comunicado oficial indicando como debe ser otorgada esta distinción. Hoy en día lo que existe es un acuerdo tácito o entre caballeros en el cual se respeta al Real Club Recreativo de Huelva, SAD como decano por ser la entidad en activo que con mayor anterioridad jugó a fútbol, aunque algunos de los que lo respetan no estén convencidos ni lo compartan puesto que si en cualquier estamento de la sociedad el decano es el miembro con más años colegiado, federado, inscrito o licenciado independientemente de la edad que tenga, en el mundo del fútbol no se sabe porqué motivo no se han seguido esos mismos parámetros.

Los Decanos

La RFEF consta hoy entre sus asociados con tres clases de clubs: Elementales, Básicos y Sociedades Anónimas Deportivas, siendo la mayoría de ellos clubs de fútbol a secas, clubs de fútbol o sociedades deportivas transformados en SAD o sociedades deportivas que en su origen tuvieron como fin la práctica de otros deportes distintos al fútbol y que bien desde su nacimiento o bien con posterioridad lo practicaron. Todo esto provoca que la interpretación y adaptación del decanato sea muy subjetiva y así, según las variables que empleemos en las preguntas, el decano será uno u otro club.

Si empleamos una variable:

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la RFEF más antigua? El Club Gimnàstic de Tarragona SAD, fundado el 1 de marzo de 1886, tres años antes que el Real Club Recreativo de Huelva SAD y trece antes que el F.C. Barcelona.

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la RFEF con federación más antigua? El F.C. Barcelona, federado desde 1906 en la Federación Catalana y desde 1909 en la Federación Española.

¿Cuál es el la sociedad deportiva asociada a la RFEF con registro oficial más antiguo? El F.C. Barcelona, registrado en 1899.

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la RFEF con carácter declarativo más antiguo? El Real Club Recreativo de Huelva SAD, con junta directiva desde 1889.

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la RFEF que fue la primera en jugar a fútbol? El Real Club Recreativo de Huelva SAD, con sección de fútbol desde 1889 aunque con anterioridad ya lo practicase.

¿Cuál es la sociedad deportiva no asociada a la RFEF que fue la primera en jugar a fútbol? El Riotinto F.C., con junta directiva desde 1878.

Si empleamos dos variables:

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la RFEF que fue antes registrada y federada? El F.C. Barcelona, registrado en 1899 y federado en 1906.

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la RFEF declarada y que fue la primera en jugar a fútbol? El Real Club Recreativo de Huelva SAD, declarado y practicante de fútbol desde 1889.

¿Cuál es la sociedad deportiva no asociada a la RFEF declarada y que fue la primera en jugar a fútbol? El Riotinto F.C., declarado y practicante desde 1878.

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la RFEF declarada y que no fue la primera en jugar a fútbol? El Club Gimnàstic de Tarragona SAD, fundado el 1 de marzo de 1886, practicante desde 1909 y con sección de fútbol desde 1914.

Muchas son las preguntas que podríamos realizar y según las variables, muchas son las respuestas que encontraríamos pues todo depende del cristal con que miran y mientras ningún estamento oficial indique cuáles son las bases para la elección del decano, que cada uno saque sus propias conclusiones.

© Vicent Masià. Octubre 2011.

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titular HF Segunda B tercer nivel

por Vicent Masià

 

Necesidad de reestructuración

Cuando el lunes 26 de mayo de 1975 el barcelonés Pablo Porta fue nombrado oficialmente presidente de la R.F.E.F. en sustitución del alcoyano José Luís Pérez Payá por el delegado de la D.N.D., Juan Gich, el fútbol nacional español llevaba cinco temporadas con una estructura piramidal en la cual la Primera División estaba en la cúspide con dieciocho clubs desde 1971, la Segunda División en el medio con veinte clubs y la Tercera División en la base con un total de ochenta clubs repartidos en cuatro grupos de veinte clubs cada uno. Este orden había sido cultivado en 1969 e implantado en la temporada 70/71 tras una de las constantes reformas que la R.F.E.F. solía acometer sobre las categorías nacionales, pero lo que sirvió desde principios de los años setenta, a mitad de década ya se había evidenciado como arcaico y problemático.

La España de finales de los sesenta contaba con cuatro mil cincuenta y uno clubs federados, mientras en 1976 esta cifra habría de ascender a cinco mil seiscientos sesenta y ocho, casi un treinta por cien más que apenas seis años antes. Por otro lado el número de practicantes también se había incrementado notablemente, al igual que el número de habitantes de muchas localidades, sobre todo alrededor de las periferias de Madrid y Barcelona preferentemente y de grandes núcleos como Valencia y Sevilla con muchos municipios que empezaban a estar conurbados. Esta explosión de clubs y licencias encabezadas por la Federación Catalana con algo más de mil sociedades, reclamaban desde la base y en dirección a los máximos dirigentes regionales, una mayor participación del fútbol modesto en el tercer nivel con el fin de no quedar anclados en unas categorías difíciles de aportar ingresos y poco atractivas para los aficionados como eran la Regional Preferente y la Primera Regional.

Si los clubs modestos realizaban una gran presión desde abajo para alcanzar un mayor protagonismo en Tercera División, no menos activos, aunque desde otro punto de vista totalmente contrario, se mostraban aquellos clubs catalogados históricamente como “grandes” que por una serie de causas u otras se hallaban en esos instantes en una categoría que consideraban poco atractiva y consecuentemente deficitaria para sus arcas. Sociedades otrora o recientemente importantes como Pontevedra C.F., Baracaldo C.F., Cultural y Dva. Leonesa, Real Racing Club, Levante U.D., U.D. Lérida, Cto. de Dep. Sabadell C.F., Real C.D. Mallorca, Real Jaén C.F. ó C.D. Badajoz habían manifestado a través de los medios periodísticos que la Tercera División no colmaba sus aspiraciones ni deportivas ni económicas, las primeras por mantenerles alejados de la élite futbolística y las segundas, directamente relacionadas con las primeras, por acarrear grandes pérdidas monetarias que no podían resarcirse con los taquillajes, muy por debajo de lo conseguido en las categorías profesionales.

La R.F.E.F. inicia el estudio

El problema estaba servido tal y como había sucedido en anteriores ocasiones en el seno de la R.F.E.F., con la excepción de que en esta ocasión no tomaba desprevenido al máximo organismo nacional puesto que su recién elegido presidente, Pablo Porta, venía de ser vicepresidente de la R.F.E.F. hasta esas fechas, un cargo que compaginaba con el de ser supremo mandatario de la Federación Catalana. Con estas premisas y en vistas a solucionar los intereses respectivos de unos y otros, el gabinete federativo encargó a finales de diciembre de 1975 a la Comisión de Competiciones presidida por Juan Antonio Borrachero, vocal de la R.F.E.F., presidente de la Federación Guipuzcoana y representante de los clubs de Tercera División, el estudio de un proyecto convincente que calmase los ánimos y contentase a todos los demandantes. La Comisión de Competiciones que estaba integrada por el propio Borrachero, por Antoni Guasch (presidente de la Federación Catalana y de las Federaciones Territoriales), Manuel Fernández Trigo (gerente del Real C.D. de La Coruña) y José Ignacio Zarza (gerente del Athletic Club de Bilbao), inició a principios de 1976 una serie de reuniones donde se debatía el futuro de la Tercera División, las salidas que podían tener, la viabilidad de éstas y las posibles repercusiones tanto deportivas como económicas que podían deparar hacia sus asociados, llegando a la conclusión de que existían dos alternativas que podían ser útiles aunque preferentemente una era favorita respecto a la otra y gozaba de favoritismo. La primera y prioritaria era respetar la Primera y Segunda División tal y como estaban, con dieciocho y veinte clubs respectivamente, creando una categoría intermedia entre Segunda División y Tercera División que recibiría el nombre de Segunda División B y que constaría de un grupo único de veinte clubs, dejando la Tercera División con ciento sesenta clubs repartidos en ocho grupos de veinte integrantes cada uno. La segunda alternativa, sugerida por algunos clubs y no tan apreciada por la R.F.E.F., era seguir respetando la Primera y Segunda División pero aumentando a dos grupos de veinte clubs cada uno la nueva categoría intermedia, pasando la Tercera División a estar compuesta por seis grupos de veinte integrantes cada uno para sumar ciento veinte clubs.

HF Segunda B tercer nivel 1

La Asamblea Anual de 1976

Finalizada la temporada, la R.F.E.F. celebró el 8 de julio de 1976 en el hotel Meliá Castilla de Madrid su asamblea anual con varios puntos sobre la mesa siendo el de la reestructuración de las categorías el más importante y el que más interés por sus características connotativas tenía sobre la mayoría de los clubs allí citados. Debatidos y aprobados varios puntos, llegó el momento de valorar la propuesta federativa que como se presuponía había quedado reducida a una sola: crear un grupo único de Segunda División B con veinte clubs y ocho grupos de Tercera División con ciento sesenta clubs, propuesta que ante la sorpresa de muchos de los concurrentes no acabó de gustar y a la que se unió una nueva lanzada por el Real Unión Club, el cual intervino proponiendo una que era idéntica a la descartada por la Comisión de Competiciones, es decir, crear dos grupos en lugar de uno en Segunda División B y pasar a seis grupos con ciento veinte clubs en Tercera División.

Ambas tendencias estaban argumentadas y ambas tenían sus pros y contras, existiendo un conflicto de intereses en el cual la Comisión de Competiciones defendía una salubridad competitiva como organismo responsable de todos los clubs federados, indicando que con un grupo de veinte componentes en Segunda División B bastaba puesto que garantizaba buenos taquillajes por su atractivo, mantenía un interés para los aficionados y el nivel deportivo apenas se perdía siendo bajo su punto de vista la mejor opción; mientras que muchos de los clubs de Tercera División opinaban contrariamente que los gastos en desplazamientos se iban a incrementar notablemente al abarcar todo el territorio nacional, no tenían garantizado pasar a este tercer nivel tras terminar la temporada venidera 76/77 y reunían desconfianza en que fuese la mejor solución a sus reivindicaciones, además de insistir en que con dos grupos distribuidos geográficamente existiría mucha más rivalidad y por ende sus taquillas se incrementarían, aún a costa de dejar el nivel deportivo en un segundo plano, un punto que era sacrificado. Sobre el tapete de la mesa hubieron más propuestas, aunque más que propuestas eran opiniones personales de algunos directivos que manifestaban su sentir no posicionándose ni a favor ni en contra de las dos tesis oficiales, argumentando que dos grupos en Segunda División B iban a encarecer el mercado de fichajes al querer muchos profesionales ir a esos clubs, otros pregonaron que las ayudas económicas tanto de la R.F.E.F. como del Patronato de Apuestas Mutuas debían de incrementarse para compensar las pérdidas de los clubs de Tercera División, así como quienes opinaban que la deficitaria Segunda División, con formato idéntico a la Primera División pero con ingresos mucho menos cuantiosos, debía ampliarse a cuatro grupos de veinte clubs con una campeonato reducido a una sola vuelta y que los cuatro primeros clasificados de cada uno disputasen una liguilla de ascenso a Primera División, ampliándose la Tercera División a ocho grupos en lugar de crear una Segunda División B de cuarenta clubs.

Tras una hora y diez minutos de encarnizado debate donde el presidente Pablo Porta intentó poner paz y llegar a un acuerdo apto para todos e intervenciones de unos y otros, se llegó a la votación donde se impuso por mayoría la propuesta del Real Unión Club, decidiéndose finalmente crear dos grupos de Segunda División B con veinte clubs cada uno de ellos y seis grupos de Tercera División con ciento veinte clubs en total, cuya instauración sería aplicable a partir de la temporada 77/78. Faltaba decidir cómo se iba a hacer el cambio, optándose por que al término de la temporada 76/77 ascendiesen a Segunda División directamente cada uno de los cuatro campeones de cada grupo de Tercera División mientras los clasificados entre los puestos segundo y décimo inclusive pasarían a formar parte de la Segunda División B, nueva categoría a la que se sumarían los cuatro descendidos de Segunda División. En cuanto al resto de clubs militantes en Tercera División durante la campaña 76/77 que no hubiesen accedido a la Segunda División B, seguirían integrados en Tercera División a excepción de los últimos clasificados en cada uno de los cuatro grupos existentes y los tres penúltimos que menos puntos hubiesen sumado quienes deberían de disputar una Promoción de Permanencia con los aspirantes de Regional Preferente.

La Tercera División pasa a ser el cuarto nivel

Este histórico acuerdo suponía a partir de entonces la pérdida definitiva de los galones con que gozaba la Tercera División desde su creación dado que globalmente pasaba de ser el tercer nivel del fútbol nacional al cuarto nivel, un descenso cualitativo y jerárquico muy significativo que muchos no entendieron y que se empeñaron en autoconvencerse como inexistente, llegando algunas corrientes a difuminar este hecho incluso aún hasta nuestros días. Por el contrario, significaba el encumbramiento de la Segunda División B hasta el tercer nivel surgiendo de la nada y mostrándose como la categoría más importante y a continuación, solo por debajo, de la Primera y Segunda División, categoría esta que pasaba a denominarse Segunda División A.

HF Segunda B tercer nivel 2

Una solución que no contentaba a todos por igual

El impacto que tuvo la implementación de la Segunda División B entre los aficionados y personas del fútbol fue dispar. Muchos seguidores no entendieron que el acuerdo suponía una ruptura con el pasado reciente y que en el caso de pertenecer a un club de Tercera División, pese a mantener su nombre intacto, en realidad habían perdido una categoría deportiva. Otros en cambio sí lo entendieron todo a la perfección, caso de los periodistas, quienes de inmediato y una vez sabido el acuerdo, pusieron el dedo en la llaga mostrando su disconformidad al publicar en prensa que la solución federativa no era ni satisfactoria ni correcta, además de contradecir la voluntad de muchos clubs quienes habían expresado apenas unos días, incluso meses antes, que el cambio era necesario a consecuencia de la inviabilidad económica de la hasta entonces Tercera División. Es decir, la alternativa de una Segunda División B con dos grupos y una suma de cuarenta clubs no era una buena elección puesto que la mitad de integrantes de Tercera División (ochenta clubs en la campaña 76/77) no eran clubs “importantes” ni la otra mitad “no importantes” como se dejaba entrever, sino que la realidad era muy distinta y de esos cuarenta clubs elegidos sólo una veintena si acaso y siendo generosos, merecían una plaza en la nueva categoría.

Si lo que se pretendía era dar satisfacción a los denominados “históricos” no se logró en absoluto porque iban a seguir jugando con clubs más modestos y sus taquillas a mantenerse con montantes por el estilo, además que no es lo mismo un grupo único con veinte clubs que pueden reunir plantillas con jugadores profesionales o llegado el caso semiprofesionales, en comparación a dos grupos con cuarenta clubs en donde se pierde calidad deportiva al no existir tantos jugadores de élite en el país. Las únicas realmente beneficiadas fueron las sociedades semiprofesionales que podían acceder a una categoría con más caché deportivo y los clubs de aficionados que deambulaban por Regional quienes podían alcanzar un puesto en una Tercera División que se regionalizaba un tanto más al pasar de ochenta a ciento veinte clubs, un incremento del cincuenta por cien.

El tiempo, verdadero juez implacable en estos temas, demostraría más tarde que la decisión de formar dos grupos de Segunda División B, a pesar de su buena intencionalidad originaria, no fue la mejor de las decisiones porque apenas arregló nada para los clubs profesionales, muchos de ellos siguieron endeudándose, recaudando menos dinero en las taquillas y perdiendo socios, mientras que los semiprofesionales y aficionados se enfrascaron en una categoría que era más cara, donde tenían que aumentar sus presupuestos de forma considerable y donde su número de socios apenas variaba con lo que ello suponía, sumiéndose el fútbol español en una espeluznante crisis que años más tarde tendría que ser parcheada de nuevo con otras decisiones que tampoco serían las más adecuadas.

Tal vez y volviendo la mirada hacia atrás, con datos en la mano, una buena opción hubiese sido incrementar las ayudas que la R.F.E.F. daba por entonces a los clubs de Segunda División junto con un aumento notable de la parte proporcional del Patronato de Apuestas Mutuas para mitigar los grandes dispendios que ocasionaba viajar por todo el país, crear un grupo único de Segunda División B con veinte clubs pero recibiendo igualmente grandes sumas federativas y de las quinielas para compensar los largos desplazamientos interregionales y la ampliación de la Tercera División de cuatro a ocho grupos para dar cabida a los clubs de aficionados regionales que con esta medida conseguirían mayor caja al haber más rivalidad sumando el premio de estar en una categoría superior.

© Vicent Masià. Octubre 2011.

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titular HF Las fusiones

por Vicent Masià

 

Existe en nuestro fútbol y, desde hace más de un siglo, un término que de forma justa y apropiada se emplea para describir el estado alcanzado por dos o más clubs tras efectuar una unión por mutuo acuerdo: fusión. Este concepto, presente primero en el mundo de la física, luego en el empresarial y más tarde trasladado al deporte a principios del s. XX por su afinidad, fue una herramienta frecuentemente utilizada por los clubs de fútbol desde la introducción de este en España, siendo habitual su mención por periodistas en medios escritos y por directivos y aficionados en medios coloquiales, una figura que acabará incorporándose a los reglamentos de la RFEF de forma oficial en sus primeras ediciones para catalogar y refrendar la unión de varios de sus asociados que hasta la firma del pacto eran independientes.

Esta fórmula que a los ojos de los dirigentes federativos queda bastante clara, consta y es corroborable en cualquier reglamento futbolístico como salida pactada y consensuada entre varias sociedades que desean unir sus respectivos destinos en uno solo, a los ojos de los directivos tampoco ofrece dudas pues saben de su utilidad y más aún, de su legalidad, recurriendo a ella cuando es factible. Sin embargo, cuando bajamos de escalón y pasa a oídos de los aficionados, históricamente queda demostrado que su incomprensión es absoluta a excepción de unos cuantos casos, perdiéndose estos en un mar de dudas en el cual las interpretaciones aparecen en cualquier esquina pudiéndose escuchar y leer todo tipo de respuestas, unas más acertadas, otras menos, pero todas con criterios distantes a lo que especifica el reglamento federativo, el único facultado para estos temas. Obviamente tales interpretaciones tienen una causa: la desinformación, no por cuenta de la Federación quien posibilita su conocimiento de forma abierta, sino por parte de los propios aficionados quienes rehúsan de lo que especifican los escritos sin base alguna y prefieren recrearse en especulaciones infundadas que nunca pueden justificarse tales como que una fusión es siempre sinónimo de surgimiento de una nueva sociedad y no de continuidad de las existentes, ¿dónde está esto escrito?, ¿en el azar, en el capricho?, una idea que como veremos más adelante es preciso ser matizada y explicada con mayor detalle para evitar nuevos errores que se repitan hasta la saciedad.

Los reglamentos de la Federación Española y federaciones territoriales han sido creados para armonizar una gran multitud de clubs, siendo su cumplimiento de carácter obligatorio por todos los asociados, sin excepción, no existiendo otros alternativos. Para facilitar su conocimiento son de dominio público y cualquiera que desee conocerlos puede acceder a ellos sin trabas navegando en la red o en nuestra web, donde hemos considerado oportuno reproducirlos.

Las primeras fusiones

El origen de las fusiones nace a la par de los primeros años del siglo pasado cuando algunos de los clubs recién fundados empiezan a tener problemas financieros, de número de jugadores o de terreno en donde desarrollar sus actividades. La carencia de futbolistas en algunos clubs es acuciante, la mayoría en edad universitaria, sin recursos o con limitaciones de cualquier índole para continuar, sumándose otros inconvenientes como la falta de campos, en su mayoría privados y una infraestructura indispensable para trasladarse a otras poblaciones donde poder enfrentarse a rivales. Por si fueran pocas trabas, hay que recordar que aquellos futbolistas eran completamente amateurs, no cobraban, costeaban su propio uniforme y mayoritariamente trabajaban en oficios propios de su tiempo, resultando harto complicado el que se trasladasen en masa a localidades distantes geográficamente incluso en las inmediaciones de su lugar de origen. La unión era en muchos de ellos la única salida posible para seguir practicando el deporte que tanto amaban y no era extraño en absoluto ver como dos sociedades unían su futuro bajo una misma bandera. Estas fusiones producidas en clubs relativamente importantes de capitales provinciales o ciudades medias, cierta raigambre social, con algo de tradición y discutible montante económico, se producían sin apenas inconvenientes y no pasaban desapercibidas a la prensa de las grandes ciudades, siendo muy común el ver anunciados estos cambios en diarios o semanarios, algo que con los clubs de localidades de menor rango era difícil rastrear al existir menos información. Sin embargo cuando la fusión era de dos sociedades, digamos con mayor peso específico y gran masa social, la unión era más tensa y había que delimitar las pertenencias de cada uno y qué aportaban de forma individual al conjunto, entrando una apreciación hasta la fecha no contemplada por no haberse producido con anterioridad como era la lealtad respecto a la fecha de fundación de los integrantes.

HF Las fusiones 1

La fecha de antigüedad

La fecha de antigüedad con el paso de los años se convirtió en un icono sagrado que recordaba a todos los socios de un club, fusionado o no, cuándo habían sido fundados y desde cuándo estaban en este mundo. Renunciar a esta fecha para todos ellos era impensable y nadie daba su brazo a torcer por considerarla innegociable. Coetáneamente surgían las primeras federaciones regionales como lo fueron la catalana, madrileña, gallega y valenciana, asociándose muchos de estos clubs a dichos organismos, un ente superior que implantaba un orden y normativa a cumplir necesarios para el buen desarrollo de competiciones y litigios que pudiesen surgir entre ellos, siendo unos de los requisitos para asociarse el declarar en qué campo jugaban, cuál era su uniforme titular, los nombres de los jugadores, profesión de estos y dirección social del club, a los que se sumaba la exigencia de presentar una documentación donde se certificase desde cuando existían o si lo estaban, de su inscripción en el registro de sociedades.

Con la aparición de las fusiones empezó a forjarse un debate sobre qué fecha debía constatar en la inscripción federativa del club resultante, si la original en la que fue fundado o la del pacto realizado con otro club al fusionarse. Inscribir la del pacto era lo mismo que renunciar a su antigüedad y pasado deportivo, algo totalmente incierto puesto que en momento alguno habían desaparecido ni era su pretensión y reflejar la de los componentes de la fusión al unísono para que ninguno se sintiese herido en su orgullo era inviable, además de falto de sentido común. En estas circunstancias estábamos cuando surgió la figura de Ricardo Cabot, un abogado catalán residente en Barcelona cuyo club del que era presidente y fundador, el Catalonia F.C., se había fusionado con el Salud Sport Club pasando por estas vicisitudes. Cabot había sido llamado a formar parte en 1913 de la nueva Federación Catalana y tras legislar exitosamente los estatutos y reglamentos de esta institución, fue requerido por la Federación Española poco después para hacer lo mismo con los de este organismo nacional que entre por unas y otras carecía de ambos. Cabot, hombre curtido y profesional, reparó en este detalle del que tenía experiencia y para solucionar el problema de las antigüedades dispuso para la Federación, al igual que había hecho con la catalana, un artículo que reconocía la fecha de antigüedad de un club fusionado en la más antigua de los clubs participantes, una decisión plausible que hacía justicia con la realidad, contentaba a todos y no admitía discusiones.

La Federación toma cartas en las fusiones

Los años fueron transcurriendo y el artículo permanecía inamovible, surgiendo en 1927 el edicto federativo que exigía a todos los clubs asociados estar debidamente registrados, además de otras consideraciones legislativas que no afectaban a este principio. Sin embargo, a finales de los años veinte y como consecuencia del profesionalismo, la Liga recién creada y las competiciones regionales, los clubs fueron paulatinamente endeudándose y empezando a no pagar puntualmente sus cuotas a la Federación, un punto en el cual este organismo era intransigente y no podía permanecer inflexible puesto que de su correspondiente abono dependía su futuro y su correcto rendimiento. La Federación persiguió a los endeudados e intentó expulsarlos de su seno, consiguiéndolo en la mayoría de los casos o al menos propiciando que se produjesen fusiones en las cuales se liquidaban las deudas. La política federativa dio un giro pronunciado y desde entonces prohibió a cualquier sociedad mantener deudas con las federaciones territoriales respectivas, siendo apercibidos los infractores de expulsión de la sociedad, multa, inhabilitación de empleo del nombre del club durante varios años y sanción de por vida de los dirigentes para volver a ocupar puestos con cargo. El artículo redactado por puño y letra de Ricardo Cabot cambió ligeramente su contenido y quedó así definido:

“De los clubs y asociaciones deportivas:

El club/asociación resultante de la fusión podrá denominarse como desee y será inscrito en el Registro de Entidades Deportivas de su región/país con el nuevo nombre si su denominación es distinta a la de los clubes/asociaciones fusionados, debiendo estarse en cada caso a lo que proceda en virtud de la normativa administrativa aplicable. El club/asociación resultante de la fusión se subrogará en todos los derechos y obligaciones de los anteriores y, en cuanto a su situación competicional, quedará adscrito a la categoría del que la tuviere superior y conservará la antigüedad federativa del primer inscrito en la región/país.”

El reformado artículo era tajante y concluyente, obligando a cualquier fusión a pasar por caja y liquidar todas sus deudas antes de recibir la autorización federativa para poder efectuarse legalmente. Además era benevolente, pues permitía al club resultante elegir entre conservar el nombre original de uno de los componentes o emplear uno nuevo. No cabe decir que cualquier club endeudado no podía fusionarse con otro/s mientras no saldase sus deudas y que en caso opuesto, no sólo no podría fusionarse sino que sería apartado de la competición. Esta apreciación significó la muerte deportiva de muchas sociedades cuyas deudas eran imposibles de abonar, teniendo sus dirigentes que ir a parar de forma velada a otros clubs saneados arrastrando a parte de las plantillas y empezando un nuevo camino en un club diferente al suyo pero acorde a la ley. Igualmente propició la aparición de nuevas sociedades que sin deudas iniciales irrumpían en las federaciones territoriales conservando el espíritu de las recién desaparecidas, aunque lógica y legalmente eran otras, un punto que muchos dirigentes actuales encubren intencionadamente en los historiales de sus clubs y disimulan con confusas pinceladas que enmarañan y tratan de ocultar un hecho real que supuso el fin de un club antecesor de cuya historia se han apropiado descarada y fraudulentamente.

HF Las fusiones 2

El objetivo de una fusión

Los caminos que pueden llevar a realizar una fusión por un determinado números de clubs, generalmente dos sociedades aunque en raras ocasiones sean más, son muy variopintos y entre las causas más comunes encontramos algunas como el deseo de conseguir una entidad potencialmente superior económica, social y deportivamente, la más frecuente sin duda, el rescate de una sociedad sin problemas económicos hacia otra que sí los tiene, la incorporación de un club con una cantera formada y estructurada en un club importante que carece de ella o la ha descuidado, la obligatoriedad de compartir un mismo terreno de juego, bien sea privado o municipal, el fallecimiento del principal sustentador económico de una de las sociedades y el desamparo que sufre ésta, un infortunio en forma de catástrofe natural, una desgracia como una confrontación bélica y en contadas ocasiones, la decisión caprichosa de uno o varios políticos, particulares o si se da las circunstancias, militares, que quieren elevar su ego dirigiendo clubs ya constituidos aportando su propio grano de arena.

Una vez producidas las causas, son los dirigentes de los clubs afectados los que contactan entre sí para establecer una serie de pautas o condiciones en las cuales se debe basar la unión para no incomodar a ninguna de las intervinientes creando un hipotético malestar innecesario y contraproducente. Estos acuerdos son estudiados y debatidos hasta el milímetro y una vez consumado el consenso entre los directivos de los clubs se procede a votar por separado en junta extraordinaria dicho paso, a su aprobación o no y a la firma del trato si procede. Es fundamental e importantísimo saber que una fusión no siempre contempla el que unos de los componentes continúe su historial, lo hagan las distintas partes o ninguna de ellas, es decir, la decisión de dar continuidad a un proyecto iniciado años antes tras la unión o por el contrario, iniciar uno nuevo, depende siempre de la voluntad de las partes que intervienen, reservándose estas el derecho de proceder en un sentido u otro aunque lo más común en el noventa por cien de las ocasiones sea seguir con el proyecto más antiguo.

HF Las fusiones 3

El peligro de las interpretaciones

Fusiones en nuestro país han existido muchísimas y cada una de ellas con unos criterios distintos acordados previamente entre los clubs, pero siempre dentro del elenco de posibilidades que recogen los reglamentos de las federaciones territoriales y la nacional, acogiéndose y ciñéndose a lo que marca la Ley pues quien las incumple queda fuera. Otro tema muy distinto es como las encaran los aficionados, qué opinan de ellas, cómo las consideran y si verdaderamente las entienden. Para un determinado grupo de aficionados poco o ligeramente interesados en estos temas legales, una fusión siempre significa que se le da continuidad al más antiguo de los clubs implicados, mientras que para otros, en las mismas condiciones, significa todo lo contrario, o sea que es un club nuevo. A estas dos corrientes o formas de pensar hemos de decirles que ni una cosa ni la otra y que nunca se debe incurrir en el gravísimo e irresponsable error de generalizar y abogar en un sentido u otro, un error muy común del que tampoco se libran otros aficionados que sí desean fervientemente indagar en estos aspectos. Para saber si el club resultante de una fusión es nuevo o uno ya existente hay que acudir al registro de sociedades, al propio club o en su defecto a la federación territorial afectada quienes nos los aclararán si el empleado de turno está por la labor, aunque existen otros medios que no vamos a reproducir en este artículo para no entrar en detalles estrictamente profesionales que nos confirman una decisión u otra.

Lamentablemente y después de un siglo de existir las fusiones en nuestro fútbol, existen algunas lagunas en medios comunicativos que nos han privado de indagar mucho más de lo que quisiéramos en determinados casos, aunque obedecen más al cómo que al resultado o solución final. En otros casos existen discrepancias respecto a las fusiones de ciertos clubs que por cuestiones formativas y de entendimiento de quienes investigan, o de opacidad por parte de la prensa en ciertos momentos políticos, todavía resultan conflictivos conllevando a tomar determinaciones que son totalmente erróneas y que al ser publicadas sin los datos y apreciaciones correctas, aumentan las confusión de quien los consulta, algo sumamente peligroso.

Conocer los intrínsecos de un club fusionado es vital para saber su historial, sus orígenes, principios, recovecos y todo lo que haga falta, con lo cual dependiendo de la información que dispongamos y su autenticidad seremos capaces de aproximarnos a la realidad si no estamos ya a lomos de ella. Cualquier paso en falso, empeño u obstinación en optar por vías ajenas a las históricamente contempladas en los reglamentos es perjudicial para el fútbol español y para nosotros, claramente rechazable.

© Vicent Masià. Octubre 2011.

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por Vicent Masià

 

Una federación con pies de barro

Como hemos podido ir desgranando hasta aquí, la actual Federación Española fue constituida el 29 de septiembre de 1913 y no el 1 de ese mes como errónea y tradicionalmente muchos medios mantienen, siendo esta última fecha la primera del cónclave en el cual delegados de las dos Federaciones a fusionar empezaron a concretar ideas para dar vida al organismo que hoy rige el fútbol nacional. También se desprende que la desconfianza entre ambos organismos, R.F.E. de C.F. y R.U.E. de C.F. era total, más si cabe en estos últimos que miraban a los delegados procedentes de los clubs federalistas siempre de reojo y los cuales dejaron pasar hasta cinco meses de prueba antes de aprobar mediante asamblea su disolución definitiva.

La fusión, partiendo de la disolución, de 1913 nunca fue un camino de rosas y cuando se culminó con el acuerdo de voluntades del 29 de septiembre, muchos flecos quedaron en el aire. La urgente e imperiosa necesidad de llegar a un acuerdo llegó a tal extremo que la presidencia honorífica de la nueva entidad fue ofrecida a S.M. el Rey D. Alfonso XIII con antelación incluso a la elección de un presidente efecto, algo contrario a las normas pues el orden de ocupación de los cargos en una sociedad que se precie es siempre el inverso. La falta de Estatutos y Reglamentos fue igualmente notoria y no sería hasta la asamblea de 1915 cuando la R.F.E.F. quedó definitivamente estructurada.

Los sucesos vividos entre 1909 y 1913 fueron el resultado de una concatenación de errores por todas las partes implicadas que dejaron patente los grandes males que históricamente ha sufrido la sociedad española cuales son la desunión de los diferentes pueblos que componen el Estado y la deficiente capacidad de dirección de nuestros gobernantes. La disolución de la R.F.E. de C.F. nunca conseguiría haberse producido si los intereses particulares, egoísmos, partidismos y falta de unión de los clubs no hubiesen superado al interés común y cooperación de entre todos ellos. Pero tampoco se habría producido si la Casa Real hubiese estado en su sitio no dando alas concediendo una copa además de un título honorífico soberano a la Unión y viéndose obligada poco después a tratar de rectificar cuando ya era demasiado tarde lo otorgado previamente sin el más mínimo estudio. Quizás una teórica falta de apoyo monárquico sumada a la escasez adhesiva de muchas sociedades a la Unión, como en realidad esta última ocurrió, hubiesen acabado estrangulando el futuro de los unionistas y estos hubiesen vuelto a la federación como sucedió en 1910, aunque fuese con otros planes, pero lo cierto es que un organismo foráneo como la F.I.F.A. fue, gracias a su amenaza, el que tuvo que poner orden ante el desmadre ocasionado y ubicar las cosas en su sitio haciendo perder cuatro años de valiosa historia como penitencia. Quizás todo en su conjunto fue lo mejor que pudo pasar.

El acuerdo de julio de 1913 previo a la fusión no fue cordial ni amigable ni buscado por ambas partes, como algunos medios periodísticos pronto se apresuraron en escribir exaltando la figura del rey como principal emprendedor, sino impuesto desde más allá de la frontera como requisito imperativo e insalvable para el reconocimiento del fútbol español. De no haber sido por el máximo organismo federativo a nivel internacional y su exigencia, las dos Federaciones Nacionales hubieran podido convivir perfectamente repartiéndose los favores de todos los clubs españoles que quisieran adherirse a cualquiera de las dos iniciativas pues ambas eran legales, ambas estaban registradas y ambas disfrutaban del título de Reales. La unión de septiembre de 1913 fue precipitada y poco creible puesto que dos sociedades francamente enconadas como lo eran la R.F.E. de C.F. y la R.U.E. de C.F. hasta principios de junio y que representaban dos estilos de gobernar diametralmente opuestos, en poco más de un mes tuvieron que acercar posturas por el bien del fútbol nacional.

Las palabras que había pronunciado el Rey el 10 de octubre de 1912 – deshacer todo lo hecho… y borrón y cuenta nueva – fueron la ruta a seguir y en nada se tuvieron en cuenta los Estatutos y Reglamentos de ambos organismos. Todo debía empezar desde cero, como si nada antes hubiera trascendido y la entidad que rigiese el destino del fútbol español nueva por completo debía de ser. Tan contrarias eran las posturas que en ningún momento se pensó en liquidar a la R.U.E. de C.F., la Federación más nueva, e integrar a sus asociados en la R.F.E. de C.F. cambiando los Estatutos y Reglamentos de ésta como hubiese sido lo más lógico atendiendo su mayor antigüedad. La desconfianza y el temor a que unos se apoderasen de los otros propiciaron que se tomara el acuerdo, no sólo de disolver ambos organismos nacionales, sino también los regionales y adaptarlos a las nuevas reglas para no dejar testimonios del pasado.

1913: año cero

La unión de 1913, a pesar de la rudeza y tirantez con la que fue concretada, marcó una frontera real entre el pasado y el futuro de la Federación Española. Los acuerdos propiciaron una entidad totalmente nueva separada de las anteriores y los únicos vestigios que cada una de las partes fusionadas pudo imponer sobre la otra fueron la declaración de Madrid como sede oficial y el trato estructural basado en federaciones regionales que la española iba a tener, nada más. Desde 1913 cada uno de los directivos, delegados o compromisarios federativos empezaron a tener conciencia de que la federación nacional era nueva y que nada tenía que ver con el pasado salvo una referencia a su origen, quedando constancia de ello en el anuario publicado en 1936 que manifiesta – “La Federación Española de Fútbol tiene su origen en la Federación Española de Clubs de Foot-ball que, por iniciativa de algunos clubs de distintas localidades y regiones, se fundó allá por el año 1905 (en realidad 1909), con el fin principal de organizar un Campeonato de España. Así actuó hasta 1913-14 en que, teniendo personalidad propia las Federaciones Regionales, se dio a la Federación Española una estructura a base de representaciones regionales, cristalizada en una Asamblea General que se reúne anualmente y en la cual se designa un Comité encargado de asumir la función propiamente ejecutiva” -.

La ruptura con las Federaciones Nacionales anteriores al 23 de septiembre no dejó lugar a resquicios de ningún tipo y ni tan siquiera el artículo reglamentario que Ricardo Cabot redactó posteriormente para la R.F.E.F. sobre los clubs y asociaciones entre los cuales entran las federaciones, aquel que reza – “De los clubs y asociaciones deportivas: El club (asociación) resultante de la fusión podrá denominarse como desee y será inscrito en el Registro de Entidades Deportivas de su región con el nuevo nombre si su denominación es distinta a la de los clubes (asociaciones) fusionados, debiendo estarse en cada caso a lo que proceda en virtud de la normativa administrativa aplicable. El club (asociación) resultante de la fusión se subrogará en todos los derechos y obligaciones de los anteriores y, en cuanto a su situación competicional, quedará adscrito a la categoría del que la tuviere superior y conservará la antigüedad federativa del primer inscrito en la región” - pudo aplicarse puesto que tanto la R.F.E. de C.F. como la R.U.E. de C.F. fueron disueltas el 18 de septiembre de 1913 y el día 5 de febrero de 1914 respectivamente, enterrándose cualquier posibilidad de encadenar con la fecha de fundación de la Federación más antigua de las dos, la R.F.E. de C.F. constituida el 14 de octubre de 1909.

1913, año cero para las federaciones primigenias

La memoria de la historia futbolística española en sus primeros años no goza de buena salud y si es bueno saber que la actual R.F.E.F. fue constituida en 1913, no menos lo es recordar para aquellos que lo desconocen que las Federaciones primigenias nacidas en los albores del siglo XX corrieron la misma suerte que las dos federaciones existentes hasta septiembre de 1913. Este dato ha pasado por alto para casi todos los historiadores, quizás ofuscados en la investigación de otros temas más interesantes, pero lo bien cierto es que las cuatro federaciones regionales que focalizaban el desarrollo del fútbol en España a excepción de los clubs vascos que no se encontraban agrupados en federación regional alguna, fueron fagocitadas por la fusión y pasaron a la historia.

Algunas Federaciones Territoriales, hoy Federaciones Autónomas, sufren el mismo mal que muchos de nuestros clubs cual es sumar más años de los que realmente tienen. Así no es nada difícil leer como la Catalana dice haberse constituido en 1900, 1902 ó 1906 según donde se consulte, la Gallega defiende que es de 1908, la Valenciana de 1909, mientras que la Madrileña, originada en 1903 y debido a las vicisitudes sufridas, no ha seguido los mismos pasos que las anteriores, no por no querer, sino por no poder. Empezando por la primera de ellas, la Catalana, esta tiene su origen el 11 de noviembre de 1900 cuando se crea la Foot-ball Asociación, una asociación restringida a tres de los clubs existentes en la ciudad de Barcelona. El 12 de noviembre de 1902 ésta se amplía y se crea la Asociación de Clubs de Foot-ball de Barcelona donde tienen cabida todos los clubs locales, propiciando el 9 de diciembre de 1906 la Federación Catalana de Clubs de Foot-ball, la primera entidad de ámbito regional de toda España. En 1912 y debido al cisma federativo nacional, la F.C. de C.F. sufre una escisión surgiendo el 14 de diciembre la nueva Foot-ball Asociación de Cataluña, organismo adherido a la Unión Española de Clubs de Foot-ball. Siguiendo el orden cronológico de fundaciones tenemos que a inicios de 1903 es creada la Agrupación Madrileña de Clubs de Foot-ball, de ámbito local y convertida en 1904 en Federación provincial, mientras que años después surgirán la Federación Regional Gallega de Clubs de Foot-ball el 13 de marzo de 1908 y la Federación Regional Valenciana de Clubs de Foot-ball el 7 de septiembre de 1909.

Cuando a finales de julio de 1913 los delegados de la R.F.E. de C.F. y la R.U.E. de C.F. deciden fusionar los dos organismos en un solo, acuerdan igualmente liquidar las Federaciones Territoriales para eliminar cualquier resto del pasado y tener así el camino despejado para empezar de nuevo puesto que la reorganización del fútbol español no afecta sólo a la estructura superior, sino que es jerárquica y percute en todos los niveles por igual siguiendo la normativa que impone la F.I.F.A., máximo organismo en el rango jerárquico. Este acuerdo es ampliado en el mes de agosto con la subdivisión del territorio nacional en cuatro partes de forma que se originan las Federaciones Norte, Centro-Sur, Este y Oeste, determinándose su fundación y elección de juntas directivas durante ese mismo periodo a excepción de la Centro-Sur que lo hará más tarde. La primera en hacerlo es la Federación del Norte de Clubs de Foot-ball que, citada en la sede del Athletic Club, de Bilbao el 21 de agosto, agrupa a los clubs vascos, navarros y riojanos; seguida por la Federación del Este de Clubs de Foot-ball que, reunida en la sede del F.C. Barcelona, nace el 23 de agosto y que concentra a las dos catalanas, F.C. de C.F. y F.A.C. más la suma de la Valenciana, Federación Valenciana de Clubs de Foot-ball; el día 30 en la sede del Fortuna F.C., de Vigo se origina la Federación del Oeste de Clubs de Foot-ball con la suma de la F.G. de C.F. y la adhesión del Real Sporting Club Gijonés en representación del fútbol asturiano; cerrándose el cuarteto con la proclamación de la Federación del Centro-Sur de Clubs de Foot-ball el 20 de octubre y que agrupa a los clubs de la F.M. de C.F. y abre las puertas a los andaluces.

La celeridad con la que se toman las decisiones y la falta de un estudio consensuado y bien elucubrado de lo que se pretende sea el fútbol español, provoca que en la reunión que se celebra el día 2 de septiembre en Madrid y en la cual asisten dos delegados representativos por Federación Territorial, se decida echar el freno de mano, deshacer el camino recorrido y pasar a dividir el territorio no en cuatro grupos sino en diez dado que, acertadamente, los asistentes consideran que las distancias geográficas son demasiado grandes y la composición de las Federaciones no acorde con la realidad. La división regional queda establecida con diez regiones naturales y en este orden: 1º Galicia, 2º Asturias, León, Palencia y Santander, 3º Vascongadas, Navarra y Logroño, 4º Aragón y Soria, 5º Cataluña y Baleares, 6º Valencia y Murcia, 7º Burgos, Ávila, Segovia, Salamanca y Zamora, 8º Castilla la Nueva, 9º Extremadura, Huelva, Sevilla, Cádiz y Canarias y 10º Granada, Málaga, Córdoba, Jaén y Almería. Esta ocurrencia de los delegados llega demasiado tarde y sin duda debió de haberse tomado con antelación puesto que las Federaciones Territoriales acordadas en julio ya se han constituido a excepción de la Centro-Sur y en su legalización han ocasionado la disolución de las existentes.

Tras esta solución, la nueva Federación Catalana de Clubs de Foot-ball nace el 23 de septiembre de 1913 con Narciso Deop como presidente, la Federación del Norte de Clubs de Foot-ball no se ve afectada porque había sido constituida el 21 de agosto sin existir previamente Federación alguna en esa zona, la Federación Gallega de Clubs de Foot-ball se crea de nuevo en una fecha no concretada por el autor de este estudio y la nueva Federación Valenciana de Clubs de Foot-ball lo hará el 21 de abril de 1914. La Federación del Centro-Sur de Clubs de Foot-ball queda dividida en dos y en su constitución del 20 de octubre limitada al área geográfica de la antigua Castilla la Nueva, creándose la Federación Regional del Sur de Clubs de Foot-ball el dia 15 de mayo de 1915.

Como puede observar el lector, el año 1913 resulta fundamental para todos los estamentos federativos futbolísticos y clave para comprender el desarrollo de este deporte en nuestro país, pues si supone la desaparición de las dos Federaciones Nacionales existentes, R.F.E. de C.F. y R.U.E. de C.F., también supone la desaparición de cinco Federaciones Regionales, F.C. de C.F. y F.A.C. en Cataluña, la F.G. de C.F. en Galicia, la F.V. de C.F. en Valencia y la F.M. de C.F. en Madrid.

Antigüedad de las federaciones

Las fusiones de las Federaciones realizadas en 1913 fuese cual fuese su demarcación y ámbito de aplicación, más que fusiones fueron en realidad unificaciones ya que éstas no nacieron de la voluntad de sus protagonistas por converger en sus políticas sino como adaptación necesaria para acoplarse con las directrices que la F.I.F.A. marcaba. Estas fueron muy bien definidas por Julián Olave en carta publicada el 31 de julio a través de un conocido diario deportivo cuando ponía en boca del secretario de la F.I.F.A., el Sr. Hirschmann, la siguiente disposición: – “la única solución posible consiste en disolver las existentes (federaciones) y formar una nueva Asociación española con afiliadas organizaciones provinciales”. Pero también se observa en su propias convicciones, calcadas del secretario internacional, cuando expresa – “La forma en que el foot-ball debe estar organizado es la propuesta por el secretario de la F.I.F.A., la que ustedes proyectan implantar, la que nosotros hubiésemos establecido; la formación de regiones con autonomía completa; en cuanto a la celebración de concursos y partidos y la creación de un comité nacional integrado por un representante designado por cada región y un presidente elegido por los representantes” –.

Esta sumisión a los dictámenes internacionales marcó a todos los delegados reunidos en San Sebastián en julio de 1913 y sus consecuencias fueron devastadoras con las Federaciones existentes, tanto Nacionales como Regionales, causando su extinción. La concienciación posterior en todos los estamentos de que se habían formado nuevas Federaciones que rompían con el pasado fue aceptada por directivos, jugadores, periodistas y aficionados, no habiendo lugar para la duda. Sin embargo, la memoria y el recuerdo de los hechos en un deporte con tantos adeptos como el fútbol, sujeto a tantas interpretaciones y a la voluntad de tantos medios ajenos, tuvo una herencia desigual y así vemos como rápidamente los actos convulsos de 1913 fueron casi olvidados y los recuerdos no perduraron en igualdad de condiciones respecto a las entidades que se trataban. De este modo ya en el año 1931, el anuario de la F.E.F. indica sobre la Federación Valenciana de Clubs de Fútbol que fue creada el 16 de abril de 1914, que la Federación Vizcaína (del Norte) lo fue el 7 de septiembre de 1913, que la Federación Catalana lo fue en 1900 y que la Federación Gallega en 1908. En el anuario de 1936 la F.E.F. dice tener su origen en 1909 y haber sido fundada en 1913, mientras la Federación Vizcaína aparece como fundada el 21 de agosto de 1913. En el anuario de 1949 la Federación Valenciana pasa a ser fundada en 1909 y en los anuarios que se editarán posteriormente ni una sola de las Federaciones primitivas extinguidas en agosto de 1913, Catalana, Valenciana y Gallega, constará como disuelta en esas fechas y por el contrario se rescatarán las fechas de origen en las que fuesen creadas pese a haber desaparecido legalmente en 1913.

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Los devaneos de algunas de las actuales Federaciones Autónomas con sus fechas reales de fundación son considerables y hoy en día nos encontramos que la Valenciana fue creada en septiembre de 1909 mientras la Catalana subsiste como formada en 1900 cuando fue dividida en dos en 1912, estas dos ramas se fusionaron en agosto de 1913 con la Valenciana, disolviéndose las tres para dar como resultado a la breve Federación del Este y en septiembre de 1913 ésta se disolvió para dar origen a la nueva F.C. de C.F. constituida el día 23, mientras que la Valenciana debido a la poca fuerza que tenía lo hizo el 16 de abril de 1914. La Gallega corrió la misma suerte y fue disuelta en agosto de 1913 para junto a los clubs asturianos y cántabros fundar la Federación del Oeste, disuelta poco tiempo después junto a la del Este. Es decir, estas tres Federaciones no respetan su fecha de antigüedad y consideran que en 1913 no pasó nada que alterase su historia como sí ha hecho tradicionalmente la R.F.E.F., que aún a pesar de haber sido originada en 1909 reconoce que fue constituida el 29 de septiembre de 1913. Estas tres Federaciones: Catalana, Gallega y Valenciana, deberían en buena lógica reconocer su origen en 1906, 1908 y 1909 respectivamente, pero no confundir al respetable indicando que la fecha de constitución y origen son la misma, pues todas ellas fueron disueltas en 1913, naciendo entre 1913 y 1914 otras Federaciones distintas aunque con el mismo nombre.

El “olvido” federativo de 2009

La R.F.E.F. en 2009 padeció un lamentable lapsus e intentó sorprendentemente conmemorar un pretendido centenario siguiendo los mismos pasos de estas tres federaciones, aprovechando la tendencia que vienen siguiendo históricamente muchos clubs de primera y segunda línea de acumular años sin mostrar documentos, basados en confesiones declarativas de presuntos fundadores o partícipes y que suelen aprovechar historiales de otros clubs sumándolos a los suyos propios. La R.F.E.F. intentó jugar al mismo juego olvidando el refranero español quien muy sabio nos avisa que no se puede saber hacia donde se va si no se sabe de donde se viene y pretendió mezclar la fecha de fundación en 1909 de la desaparecida R.F.E. de C.F. con la suya estando a punto de conseguirlo, pues varios fueron los actos conmemorativos que se celebraron y muchos los reconocimientos de los que disfrutaron. Al final fue la prensa, el único medio con fuerza potencial para denunciar irregularidades, quien tuvo que frenarles los pies y poner los puntos sobre las íes puesto que aunque muchos conocemos la verdad de los hechos, nuestra humildad y falta de peso específico hace que no se nos oiga.

El fútbol español por la importancia que tiene, el nivel de prestigio alcanzado, como potencia de primer orden a nivel internacional y más con la reciente conquista del Campeonato del Mundo a nivel de selecciones, debe de estar por encima de sus dirigentes y hechos como estos no han de repetirse en el futuro. Las fechas de fundación de las federaciones autónomas precisan una revisión concienzuda y clara para limpiar los errores que perduran en todas partes, pero más urgente y necesaria es la de los clubs dado que es en este campo donde más proliferan los errores, manipulaciones y apropiaciones distribuidas a partes iguales.

© Vicent Masià. Junio 2011.

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por Vicent Masià

 

En el otoño de 2009 surgía en un medio de comunicación deportiva de amplia difusión nacional un interesante artículo que venía a poner en serios aprietos a la R.F.E.F. ante la idea de este organismo de celebrar en esas fechas su Centenario como institución suprema que aglutina a todos los clubs de fútbol españoles. Este acto conmemorativo que en otras circunstancias hubiera transcurrido como una feliz y oportuna celebración de obligado cumplimiento en reconocimiento a una larga y dilatada trayectoria, sin embargo se tornó en un espantoso ridículo por parte de los federativos que no supieron defender la autenticidad de tal efeméride ante la serie de pruebas y argumentos que distintos periodistas y algunas voces propugnaron en su contra. Entre las distintas alegaciones que aportaba la prensa constaban algunas pruebas que parecían determinantes e irrebatibles como el registro de disolución de la Federación Española de Clubs de Foot-ball documentada en el Libro de Asociaciones del Gobierno Civil de Madrid con fecha 18 de octubre de 1913, la entrada de la Real Federación Española de Foot-ball en el Libro de Asociaciones del Gobierno Civil el 23 de septiembre, y un manifiesto de uno de los compromisarios de este último organismo, el del representante catalán de la Federación del Este, Torres Ullastres, en el cual expresa el carácter distinto y diferencial de esta federación respecto a las dos en esos instantes todavía en activo.

Estos argumentos contundentes e irrefutables que cortaron de cuajo el Centenario y pusieron en la picota a la entidad que preside Ángel María Villar no son fruto de la casualidad ni recientes en el tiempo, pues son mencionados por la propia R.F.E.F. en sus anuarios y en la prensa de la época, la cual resalta con amplio detallismo cómo acontecieron y fueron desarrollados los hechos.

Sin embargo, la historia de la Federación Española de Fútbol tiene más capítulos, unos más conocidos que otros, además de otras conclusiones que a partir de este instante iremos desgranando.

El Concurso de Madrid y el primer intento de Federación Española

El Concurso de Foot-ball de Madrid disputado en mayo de 1902 además de ser el primer torneo con presencia de sociedades de varias regiones, supuso la primera piedra para crear una entidad de ámbito estatal que se encargara de reunir a los clubs más destacados de la época a imagen y semejanza de lo que sucedía en países con más tradición futbolística como Inglaterra, Escocia, Francia, Alemania o Francia, y fuera capaz de organizar un Campeonato de España. El presidente del Club Español de Foot-ball, de Madrid, Ceferino Avecilla, recientemente emancipado del Madrid F.C., lanzó la idea y en 1903 tras mantener conversaciones con algunos de los clubs participantes en el Iº Campeonato de España proyectó con sede en la capital del reino la que fue designada como Unión de Clubs de Foot-ball, una sociedad que inicialmente debía reunir a lo más distinguido de Madrid, Cataluña y Euskadi, los tres polos más avanzados en estas lides a los que posteriormente se unirían clubs procedentes de otras latitudes. Este embrión, verdadero antecedente frustrado de la posterior R.F.E. de C.F., por su idiosincrasia no obtuvo éxito y pronto los clubs vascos y catalanes mostraron su rebeldía a sumarse a la causa al acusarla por un lado de ser un proyecto eminentemente centralista, despreocupándose absolutamente de ella, mientras por otro eran los propios clubs madrileños quienes, inmersos en varias disputas de poder, pugnaban por conseguir entre ellos la primacía. Ceferino Avecilla deseaba comandar la soñada Unión de Clubs de Foot-ball y ser el organizador del Campeonato de España, mientras Juan Padrós mostraba el mismo interés desde la Federación Madrileña de Clubs de Foot-ball, siendo finalmente esta última quien se llevó el gato al agua al organizar los Campeonatos de España de 1904 y 1905 en detrimento de la Unión de Clubs de Foot-ball, la cual, derrotada y sin haber tenido tiempo siquiera de materializarse, se vio condenada al fracaso y al ostracismo.

El primer intento de Federación Española nació en la oscuridad y en ella se quedó ante la falta de luces y apoyo de los principales clubs españoles, sobre todo de aquellos descontentos o desfavorecidos a nivel regional quienes veían en este organismo una salida en la cual purgar sus penas respecto con la actitud preponderante y, vista por ellos, mangoneante de los todopoderosos Madrid F.C., Athletic Club, de Bilbao y F.C. Barcelona. Esta desunión entre sociedades, cada una barriendo para casa, era el primer síntoma de que las cosas no se hacían bien y que para llegar a un entendimiento debían de ser puestas encima de la mesa más propuestas y dejar de lado localismos y regionalismos. El fútbol español se encontraba en estado embrionario y quizás era demasiado pronto para llegar a un punto en común entre clubs de todo el Estado, pues para ello hacía falta más experiencia y que las cosas fueran por su cauce hasta confluir sin obstáculos.

El segundo intento de Federación Española

A principios de 1907 las sociedades más importantes del país intentan crear de nuevo una Federación Española de Clubs de Foot-ball y a tenor de los comentarios surgidos en prensa, durante los primeros meses el tema parece ir viento en popa. El Madrid F.C., principal club implicado en los años anteriores para la organización del Campeonato de España, una vez desvanecido el proyecto de Avecilla recoge las distintas sensaciones que le llegan procedentes desde varios puntos de la geografía nacional, entre las cuales destaca una clara intención de abandonar el sistema tradicional de puntos y sustituirlo por el de eliminatorias regionales con dos finalistas que se disputarán el título en una localidad previamente acordada que no sea siempre Madrid, a la vez que pone en disposición de la nueva Federación la organización de dicho campeonato.

Sin embargo, con motivo de la disputa del torneo las cosas se torcerán y el Club Vizcaya reivindica para sí mismo un campeonato que ha obtenido el Madrid F.C., indicando que no reconoce a este último club como campeón legítimo y que sólo se salva de la pertinente denuncia ante la justicia por la inminente creación de la F.E. de C.F., algo que no ocurrirá. La falta de comunicación entre las sociedades es patente y cada una rema a su antojo prescindiendo de las demás. Tal es la desunión que en 1908 el Madrid F.C., recordando las conversaciones mantenidas recién comenzado 1907, contacta con el secretario del F.C. Barcelona Udo Steinberg para comprobar si éste como también secretario de la F.E. de C.F. va a organizar el Campeonato de España de 1908, a lo que éste responde que “ni es secretario ni existe una F.E. de C.F. y que él tan solo perdió su tiempo redactando un esbozo de un reglamento que nunca se aplicó”.

La Federación Española de Clubs de Foot-ball de 1909

Los conflictos originados en los últimos Campeonatos de España y las refriegas entre distintos clubs de nuestra geografía clamaban con más urgencia si cabe, la creación de una potente federación de ámbito nacional que consensuara los deseos de los clubs a nivel reglamentario y de paso los hiciera cumplir con justicia. Iniciado 1909 tiene lugar en Madrid una reunión en la que se trazan las pinceladas oportunas para confeccionar dicho sueño, pero la falta de continuidad y la inmediatez de la disputa del Campeonato de España dan al traste con el proyecto. El asunto parece irreversible cuando de repente y a resultas del Torneo de Valencia de junio, surgen varias personalidades del fútbol que inician una gran campaña unionista para concienciar a todos de que una federación nacional es posible. Dicho y hecho, el trabajo de Narciso Masferrer, Udo Steinberg, Emilio Coll, Emeterio Muga o José Manuel Kindelán cunde efecto, alcanzándose tan deseado cenit el 14 de octubre de 1909 con la constitución de la Federación Española de Clubs de Foot-ball, un ente que tenía a S.M. el Rey D. Alfonso XIII como presidente de honor, a los duques de Alba y Arión como vicepresidentes de honor y al marqués de Casa Alta como presidente efectivo. La F.E. de C.F. sería ratificada por la U.I.A.F.A. (Unión Internacional d’Amateur Foot-ball Association) mediante telegrama el siguiente día 15 adheriéndose a ésta, un organismo creado en 1908 dedicado al fútbol amateur que competía en desventaja con la F.I.F.A. y que terminaría por sucumbir en 1912 al presentar un escaso número de asociados.

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La F.E. de C.F. no nació en un clima de unidad como era de prever vistos los antecedentes y la iniciativa catalana para su creación no sentó nada bien en clubs como el Madrid F.C., cuyos dirigentes habían realizado varios intentos sin éxito anteriormente o en el Athletic Club, de Bilbao, sociedad que mantenía una gran rivalidad con el F.C. Barcelona por la supremacía del fútbol español y el decanato dado que el Club Recreativo de Huelva no era considerado por ambos como un club de fútbol. Ambas sociedades declinaron su inclusión entre los miembros fundadores, al igual que la Sociedad de Foot-ball, de San Sebastián y Racing Club, de Irún por otros motivos, recayendo de este modo tal honor en una decena de sociedades de todo el territorio como lo eran F.C. Barcelona, Vigo F.C., Tarragona F.C., Pamplona F.C., Sociedad Gimnástica Española de Madrid, Irún Sporting Club, Real Fortuna F.C., de Vigo y Español F.C., de Madrid.

Los primeros problemas

El rechazo que ofrecieron Madrid F.C. y Athletic Club, de Bilbao a la F.E. de C.F. no fue el único agravante que encontró este organismo y en 1910 uno nuevo se le sumó cuando el Campeón de España de la edición de 1909, el Club Ciclista, de San Sebastián, transformado en sociedad independizada bajo el nombre de Sociedad de Foot-ball, de San Sebastián, anunció su firme propósito de jugar en Ondarreta haciendo caso omiso del artículo 20 que rezaba “En caso de existir la Federación Española, esta será la encargada de organizar el Campeonato de España, pudiendo ésta conformarse o no con el presente reglamento”. Lógicamente, la F.E. de C.F. tenía su propio reglamento y deseaba organizar tal torneo como arreglo a ley le correspondía, a lo cual el club guipuzcoano no sólo se opuso sino que originó un cisma en el cual arrastró a varios clubs norteños originando la Unión Española de Clubs de Foot-ball, entidad a la que se adhirieron Madrid F.C. y Athletic Club, de Bilbao.

El año 1910 tuvo pues dos federaciones y dos campeonatos nacionales, pero afortunadamente imperó la razón y las aguas volvieron a su cauce incorporándose los clubs discordantes al redil en el mes de septiembre. La F.E. de C.F. intentó en 1911 aplacar los deseos de descentralizar el fútbol de Madrid tal y como había suscrito mediante pacto con los clubs unionistas en 1910, decidiendo celebrar el Campeonato de España en la villa de Bilbao. Esta decisión contrariamente a lo esperado no acabó de gustar a todas las partes por igual y lo que agradaba en Bilbao disgustaba en Barcelona, lo que ambas rechazaban se acogía con satisfacción en Madrid, lo que gustaba en Bilbao en San Sebastián no era aceptado, lo que beneficiaba al Real Racing Club, de Irún disgustaba al Irún Sporting Club y así nadie se entendía. El Campeonato de España de 1911 en Bilbao fue un completo desastre organizativo y deportiva y extra-deportivamente, sucedió de todo produciéndose duras acusaciones post-torneo entre la prensa de Bilbao y San Sebastián, además de la barcelonesa respecto a la organización bilbaína y su responsable la Federación Española de Clubs de Foot-ball. La resonancia de este torneo no se detuvo en este punto y el 10 de julio este campeonato fue anulado, siendo el Athletic Club, de Bilbao descalificado temporalmente además de instado a devolver el trofeo, petición a la que se negó y que determinó su expulsión.

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La escisión de los rebeldes en 1912

El año 1912 se estrenaba con un verdadero polvorín a punto de explotar en el seno de la F.E. de C.F. y cualquier motivo por insignificante que fuera podía ser empleado como mecha para detonarlo. Los días 14, 15 y 16 fue convocada la Asamblea Nacional en Madrid y el ambiente era tan tenso que se podía cortar el aire con un cuchillo. Las acusaciones entre unos y otros florecieron por doquier, nadie era responsable y los culpables siempre eran los demás, dándose finalmente de baja diez sociedades: Vasconia S.C., Real Sociedad de Foot-ball de S.S., F.C. Barcelona, España F.C., F.C. Badalona, New Catalonia F.C., Català F.C., Numancia F.C., Internacional F.C. y Centre de Sports Sabadell Foot-ball Club. Todos expresaron como motivo de su decisión la falta de formalidad de la junta directiva de la F.E. de C.F. y la actitud obstruccionista de algunos delegados, pero lo cierto es que las cuestiones de fondo eran totalmente políticas y no deportivas.

Los motivos hay que buscarlos mirando hacia atrás donde encontramos que la España de aquellos tiempos era similar en muchos aspectos a la de hoy desde el punto de vista político, existiendo dos corrientes muy marcadas y antagónicas todavía no superadas: la de los centralistas que pensaban que todo pasaba por Madrid y la de los regionalistas, que opinaban todo lo contrario. En el primer grupo, el Madrid F.C. era quien llevaba la voz cantante y como club organizador durante años del Campeonato de España y miembro fundador de la F.I.F.A. en 1904 creía ser el club más importante sobre el que debían de orbitar las cosas. Del otro lado estaban los dos focos más potentes futbolísticamente hablando: el guipuzcoano con Real Sociedad de Foot-ball, de San Sebastián, Irún Sporting Club y Racing Club, de Irún, quienes ellos solos se consideraban como los mejores clubs del país, y por otra parte el barcelonés, con el mayor número de sociedades balompédicas federadas.

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Ambos grupos, barcelonés y guipuzcoano, pretendían arrastrar la sede de la federación a su territorio, en especial el segundo quien a raíz de la conquista del título de 1909 se encontraba muy crecido, mientras que el barcelonés con tal de que no estuviese en Madrid no veía con malos ojos la posibilidad de San Sebastián. La Asamblea de mayo fue la excusa perfecta para confirmar sus pretensiones y ante la negativa del resto de sociedades a abandonar Madrid fue cuando decidieron abandonar la F.E. de C.F. conjuntamente. El cisma se había producido y faltaba ver hasta donde podía llegar.

El nacimiento de la Unión Española de Clubs de Foot-ball

Durante el verano de 1912 ni guipuzcoanos ni barceloneses hicieron el más mínimo gesto de aproximación, comentándose en prensa que el Athletic Club, de Bilbao, expulsado de la F.E. de C.F., buscaba un encuentro con las sociedades guipuzcoanas y navarras para formar una Federación Vasco-Navarra bajo propósito de crear una Liga. Los recelos de unos y otros al final no surtieron el efecto deseado y la idea de crear una nueva federación nacional al margen de la F.E. de C.F. empezó a tomar fuerza, más si cabe cuando el 10 de octubre Santiago Fernández, vicepresidente del Racing Club, de Irún, mantiene una conversación con el Rey D. Alfonso XIII sobre la delicada situación del fútbol español y éste, cariacontecido por lo que escucha, espeta ante la incredulidad del mandatario irundarra que lo mejor es “deshacer todo lo hecho… y borrón y cuenta nueva”. Las palabras del monarca no caen en saco roto y las conversaciones entre los clubs guipuzcoanos son casi diarias dando como fruto el nacimiento de la Unión Española de Clubs de Foot-ball el día 29 de noviembre. Los clubs catalanes liderados por el F.C. Barcelona entablan negociaciones con los norteños y al poco tiempo ingresa una pequeña parte en dicha federación, no todos pues la mayoría desconfían, sumándose sociedades de otras regiones como algún gallego, asturiano y valenciano.

La U.E. de C.F. que preside el donostiarra Enrique Pardiñas pisa fuerte y gracias a la amistad con S.M. la Reina D.ª Victoria Eugenia, consigue que la Casa Real bajo la firma de S.M. el Rey D. Alfonso XIII le conceda una copa que llevará el nombre de la reina para que sea disputada en el Campeonato de España de 1913 que organiza esta Federación. Esta no es la única concesión que hace la Casa Real y el 17 de febrero el rey le concede el título de Real pasando a ser el presidente de honor unionista de la flamante Real Unión Española de Clubs de Foot-ball. La noticia cae como una bomba en la otra parte, quienes reciben el mazazo como pueden tras sentirse profundamente decepcionados por la actitud del monarca y máxime siendo este también presidente de honor federalista desde 1909. Heridos en su orgullo inician un intenso duelo con los unionistas a través de la prensa y tras dejar pasar un tiempo prudencial, el 29 de marzo el secretario de la F.E. de C.F., Eduardo Salgado, se entrevista con el intendente general de Palacio, el marqués de Borja, quien es informado de la enemistad existente entre ambas Federaciones Nacionales y de los motivos que impulsaron al nacimiento de los unionistas. El marqués al parecer se muestra sorprendido por lo que escucha y en su defensa alega que desconocía que la U.E. de C.F. fuese una federación nacional y que de haberlo sabido hubiese negado la concesión de una copa al no creer oportuna la existencia de dos federaciones.

El rey es informado por el marqués de Borja y un día después, el 30 de marzo, recibe al teniente coronel Arcadio Padín, tesorero de la F.E. de C.F., a quien comunica que desea que la R.U.E. de C.F. vuelva al redil de la F.E. de C.F. por considerar a esta de especial simpatía en contra de los unionistas, de quienes manifiesta haber sido utilizado. En vistas a lo sucedido y para que no exista desagravio con los unionistas, ese mismo día concede el título de Real a los federalistas pasando estos a ser también Real Federación Española de Clubs de Foot-ball. Padín extiende a sus homólogos federalistas al pie de la letra las impresiones del rey al igual que hace con la prensa, causando el enojo de D. Alfonso XIII quien se ve atrapado entre dos frentes irreconciliables y en el que él mismo es parte afectada por su desacertado manejo del tema. Los meses de marzo, abril y mayo de 1913 son intensísimos siendo el intercambio de recados entre presidentes y secretarios de ambas federaciones electrizante mientras la prensa de Madrid defiende a ultranza a los federalistas y la guipuzcoana hace lo propio con los unionistas. En Barcelona el asunto se encuentra dividido puesto que si bien apoyan al F.C. Barcelona, muchos periodistas entienden que la buena vecindad ha de perseverar al existir sociedades catalanas adeptas a ambos bandos.

La F.I.F.A. y su toque final

En el mes de mayo y una vez desaparecida la débil U.I.A.F.A. en 1912, la R.U.E. de C.F. promueve adherirse a la F.I.F.A. para que sus clubs puedan jugar con clubs extranjeros tal y como lo vienen haciendo los federalistas, pero cual es la sorpresa que la federación internacional no sólo desestima la intención de éstos, sino que mediante comunicado a la R.F.E. de C.F. enviado el día 13 amenaza con dejar a ambas entidades nacionales sin reconocimiento oficial si no se fusionan en una sola.

Este órdago lanzado a ambas federaciones es la puntilla final de la aventura unionista puesto que con escasos afiliados, si además se le corta la única fuente de ingresos notable cual es el atractivo de los encuentros frente a clubs extranjeros, ya todo carece de sentido. Para los federalistas también es un toque de atención ya que permanecen desamparados desde 1912 a nivel internacional tras haber militado apenas tres años en la fracasada U.I.A.F.A., siéndole urgente y necesario el ingresar de nuevo en un organismo de estas características. El presidente de la R.F.E. de C.F. solicita la mediación de la F.I.F.A. en el conflicto y la creación de un comité interfederal para representar al fútbol español ante el organismo internacional, pero el Sr. Hirschmann, secretario de la F.I.F.A., deniega una unión interfederal por considerarla inadecuada e incide que la única solución posible es la extinción de ambas y la creación de una nueva, además de que ésta ha de estar apoyada en las federaciones regionales. La Casa Real no oculta su satisfacción con esta decisión dado que es una ayuda inestimable para poder dar solución a tan magno y monárquico problema, y consciente de la gravedad de los hechos solicita la intervención de Juan Padrós para intermediar entre ambos grupos para que los planes del organismo internacional sean ejecutados lo antes posible. Fruto de las conversaciones entre unos y otros, el 13 de junio se citan delegados de los dos frentes en Madrid para acercar posturas y deponer la actitud hostil que vienen arrastrando desde un año antes, cambiándose por entero la ejecutiva federalista como muestra tangible de sus buenas intenciones. En la prensa se emprende una sistemática avalancha de artículos en pos de la fusión, reclamando la desaparición de los unionistas y su integración en la federación decana, aunque hay voces que incluso defienden la desaparición de las dos como propugna la Fédération Internationale de Foot-ball Association. Sin embargo, las cosas no son tan fáciles y para llegar a un acuerdo no bastará con las buenas intenciones.

El 30 de julio tiene lugar en San Sebastián una asamblea entre delegados de ambas fuerzas que no significa la fusión de las dos integrándose los unionistas dentro del organigrama federalista como requería parte de la prensa y S.M. el Rey D. Alfonso XIII poco tiempo antes, sino una fusión empezando desde cero en la que ambos renuncian a sus fueros y emprenden un viaje juntos por un camino con nuevas reglas. Las negociaciones duran varios intensos días donde el representante catalán, principal baluarte de los rebeldes, incide en la necesidad imperiosa del cambio de estatutos y la creación de una nueva federación nacional además de nuevas federaciones territoriales para llegar a la convergencia, obteniéndose un principio de acuerdo que deriva entre otros a la división del territorio en diez regiones para albergar a futuras Federaciones Territoriales, la orden de disolución de cuantas entidades directoras de fútbol nacional, regional y provincial existan, el derecho de organización de Campeonatos Regionales por las Federaciones Territoriales y la constitución de nuevas primeras entidades futbolísticas regionales. Es decir, se busca que la futura Federación Nacional pase a ser una organización basada en Federaciones Territoriales que sean autónomas mientras que hasta la fecha era autónoma en sí misma.

El obligado reencuentro de 1913

A mediados de agosto la R.F.E. de C.F. y la R.U.E. de C.F. envían una circular a sus respectivos afiliados indicando que han de reunirse para decidir quiénes van a ser los delegados compromisarios por cada una de las cuatro federaciones creadas recientemente (Este, Oeste, Norte y Centro-Sur) que acudan a Madrid el 1 de septiembre con el fin de debatir el futuro del fútbol español. Estas reuniones se efectúan en la última semana de agosto y en la sede del club decano de cada una de ellas: Vigo, en donde acuden los clubs gallegos; Bilbao, donde lo harán los vizcaínos y guipuzcoanos; Barcelona, en donde lo hacen catalanes y valencianos; y Madrid, con castellanos y andaluces. De cada una de estas reuniones salen elegidos dos delegados que recogen el sentir y propuestas de cada federación.

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A partir del 1 de septiembre de 1913 empiezan a celebrarse en Madrid una serie de reuniones donde bajo acta se hace constatar que la finalidad de las mismas es constituir una nueva Federación Nacional distinta de las todavía existentes, dándose cita en las mismas los ocho delegados elegidos previamente, saliendo de estas reuniones el firme compromiso de todos los presentes en dar solución a una serie de problemas que habían llevado el cisma a la Federación Española de Clubs de Foot-ball. Tal y como se había hablado en julio se ratifican las propuestas de reformar el carácter de la nueva Federación Nacional, dándose por extinguido el formulismo de ser una Federación de Clubs y pasar en adelante a ser una Federación de Federaciones Territoriales. Este paso implica, siguiendo lo acordado, haber disuelto previamente en el mes de agosto todas las Federaciones Territoriales existentes en la fecha: gallega, valenciana, catalana y madrileña (los clubs vascos no pertenecían a federación alguna), habiéndose erigido las nuevas Este, Oeste, Norte y Centro-Sur.

Conforme van avanzando las reuniones se va formalizando el consenso de los delegados compromisarios paso a paso hasta que se alcanza un punto de no retorno cuando la R.F.E. de C.F. es disuelta el 18 de septiembre. La R.U.E. de C.F., más recelosa y desconfiada, lo hará el 5 de febrero de 1914. Durante la tercera semana todo está prácticamente hecho contándose con el apoyo de la Casa Real quien se presta a tutelar la nueva Federación otorgándole el título de Real, quedando presentados los requisitos formales exigidos por la Ley de 30 de junio de 1887, de Asociaciones el día 23 en el Registro del Gobierno Civil para su aprobación por el Gobernador. Sólo queda un paso final, constituir oficialmente la nueva Real Federación Española de Foot-ball, acuerdo de voluntades que se plasma el día 29 de ese mismo mes adquiriendo personalidad jurídica propia.

La Real Federación Española de Foot-ball, como se desprende de lo aquí expuesto, no se constituye oficialmente hasta que la R.F.E. de C.F. se ha extinguido, conviviendo con la R.U.E. de C.F. varios meses hasta febrero de 1914, aunque esta última, claro queda, está inactiva. Atrás quedan los viejos e inoperantes Estatutos de 1909 de la R.F.E. de C.F. y atrás quedan los Estatutos de la inconformista R.U.E. de C.F. de 1912, dándose cumplida notificación de dicho acuerdo de voluntades a la F.I.F.A. quien da su conformidad y oficialidad la primera semana de octubre.

Tres Federaciones Españolas de Fútbol

No será la última vez que existen dos federaciones nacionales en España al unísono y desgraciadamente en este caso el causante será un motivo no futbolístico harto reprobable como lo es la Guerra Civil. El 15 de mayo de 1937 en San Sebastián se gesta por federativos adscritos al bando nacional una Federación Española de Foot-ball complementaria a la gubernamental que va a crecer a un ritmo inversamente proporcional a como lo hace la Federación fiel a la IIª República, situada ésta en el limbo y con una sola voz representativa en torno a la figura del omnipresente secretario Ricardo Cabot quien ha trasladado la sede a Barcelona. Con el desarrollo del conflicto, el gran grueso directivo de la gubernamental permanece en paradero desconocido desde mediados de 1937 y la nacional, aprovechando la gran cantidad de simpatizantes que le confiesan fidelidad, solicita de la F.I.F.A. ser reconocida como la única existente en España, organismo quien finalmente para no meterse en líos e iniciar una nueva polémica como la vivida en 1913, lanza un edicto neutral que prohíbe a cualquier miembro enfrentarse con clubs españoles o selecciones nacionales de ambos bandos hasta no ser resuelta la guerra. Esta decisión tras comprobarse desde más allá de la frontera la tesitura bélica que adquieren los acontecimientos no perdura mucho y pronto la federación nacional, al ser la única en práctica, es reconocida oficiosamente por la F.I.F.A. sustituyendo a una gubernamental que ha sido desmembrada, condición que Ricardo Cabot reconoce en noviembre de ese año mediante carta enviada al presidente de la nacional, el coronel Julián Troncoso y que permite que la selección nacional juegue frente a la de Portugal.

Quizás algunos piensen que las federaciones nacional y gubernamental de entre 1937-39 sean distintas y cumplan los requisitos suficientes como para ser consideradas independientes y sin nada que ver la única con la otra, pero nada más lejos de la realidad, ambas son dos corrientes complementarias de un mismo y único río, la F.E.F. creada en 1913. La Federación Nacional viene a ocupar el hueco dejado por la gubernamental en tierras bajo dominio del bando nacional por serle a esta imposible ocuparse de ello y quedar circunscrita a las tierras donde subsiste el apoyo al Gobierno. De hecho así lo reconocieron en su momento tanto la federación gubernamental en su último aliento bajo la voz de Ricardo Cabot como la F.I.F.A., organismo este quien en ningún momento oficializa a la nacional como nueva federación y que tras la finalización de la guerra reconoce a los dirigentes nacionales como rectores de la Federación Española de Fútbol asociada desde 1913, R.F.E.F. entre los años 1913 y 1931. Considerar la rama del bando nacional de 1937 como una nueva federación independiente y separada de la del bando gubernamental sería darle el rango de federación de ámbito nacional, una atribución para la cual no fue creada y algo inconcebible pues supondría que la actual R.F.E.F. no fue fundada en 1913, sino en 1937.

Tres federaciones nacionales han existido de hecho en España a lo largo de su historia, una de ellas afiliada a la desafortunada y pasajera U.I.A.F.A. como lo fue la Real Federación Española de Clubs de Foot-ball de 1909-13, otra reconocida y asociada a la F.I.F.A. como lo es la Real Federación Española de Foot-ball de 1913, mientras nunca lo fue al ser considerada apócrifa la breve Unión Española de Clubs de Foot-ball de 1909 mientras su rebrote legalizado en 1912 en forma de Real Unión Española de Clubs de Foot-ball, tan sólo reclamó ser adherida en el organismo internacional, aunque durante su escasa duración alcanzó una importancia incluso superior a la de la propia R.F.E. de C.F.

© Vicent Masià. Junio 2011.

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titular HF Tercera Division cuarto nivel

por Vicent Masià

 

Con mucha frecuencia cuando oímos hablar o nosotros mismos lo hacemos sobre la Tercera División actual, casi siempre reparamos en que se trata de una categoría maltratada o que es la última de las categorías nacionales y la primera de las regionales. Estos comentarios surgidos al azar y que evidentemente se encuentran fundamentados en datos reales o si se tiene cierta edad, en la experiencia vivida durante muchos años de fiel seguimiento, en realidad son caprichosos y obedecen más que a la categoría en sí, a los vaivenes que ésta ha padecido históricamente por parte de las distintas administraciones que ha tenido la RFEF.

Tradicionalmente el fútbol español ha estado desde sus inicios dividido en dos grandes grupos, el de los clubs poderosos y el de los modestos, fragmentación que es lógica al estar acorde a lo que es la sociedad en sí desde tiempos inmemoriales. Las personas desde que nacemos, en función al status social en el que nos criamos, desarrollamos nuestras vidas y dependiendo en gran parte de nuestras aptitudes y un tanto menos del azar (aunque este es importante en muchas ocasiones), tenemos generalmente la posibilidad de mantenernos en el nivel en el que empezamos o bien de alcanzar cotas más altas que nos lleven a cambiar a un escalafón social superior. En determinadas ocasiones la falta de destreza, una mala racha o deficiente gestión de nuestros recursos nos conduce directamente al desastre más absoluto y terminamos por destrozar nuestras vidas o en algunos extremos a acabar con ellas.

En el mundo del fútbol sucede prácticamente igual y con profundo mimetismo, como dos gotas de agua, vida y balompié parecen compartir el mismo ADN en esencia. Desde que el fútbol adquirió notoriedad en España durante la primera década del pasado siglo, pronto las diferencias sociales entre los distintos clubs que iban surgiendo fueron incrementándose y siendo más notorias dependiendo del barrio, ciudad o ambiente en el que vieran la luz. Los había que se nutrían con jugadores procedentes de distinguidos clubs deportivos o de gimnasios exclusivistas donde se cultivaba el físico para armonizar con la mente y los había que eran formados por muchachos sin apenas haberes pero dotados con una desbordante carga energética propia de su juventud. El talento es una virtud que no va unido con posición social alguna y tanto surgía en unos clubs como en otros, imperando un equilibrio original que pronto fue roto por varias razones. Entre ellas basta comentar algunas desequilibrantes como son el dinero o en su defecto la acumulación de muchas personas que tamizadas proporcionen un grupo selecto. El primero sobra para alcanzar aquello que se carece, de modo que ofreciendo suculentas cantidades se pueden incorporar a nuestro club jugadores destacados en otros clubs que no son tan afortunados para retenerlos ofreciendo lo mismo que nosotros, mientras lo segundo proporciona un gran número de jugadores de buen nivel en una ciudad grande comparado con la cantidad que puede surgir en una localidad mediana o pequeña.

Con estos argumentos los clubs fueron creciendo y en los más acaudalados se fichaban grandes jugadores procedentes de clubs modestos que aumentaban su poderío deportivo. En las grandes ciudades no había un solo club sino varios con un alto nivel y muchos con algo menos; en las ciudades medias se luchaba por tener un club que aspirase a codearse con los menos afortunados de las capitales o si se tenían haberes, adquirir destacados jugadores criados en grandes ciudades o en pequeñas con ambición de crecer; y en las localidades pequeñas ni se tenían grandes jugadores normalmente ni se tenían haberes para tenerlos. Bajo estas realidades el fútbol pronto se organizó y agrupados los clubs entre sí, nacieron las Federaciones Territoriales para compartir un espacio común en el cual competir los unos contra los otros respaldados por una legislación a la que todos obedecieran sin objeciones.

El paso siguiente era, ante la gran cantidad de sociedades afiliadas, ver cómo se distribuían éstas para que los encuentros fueran disputados en igualdad de condiciones y no existieran diferencias insalvables entre ellas que repercutieran en el espectáculo y terminasen por desvirtuarlo. Dado que el nivel deportivo que poseían las sociedades era distinto entre ellas y en casos muy notorios extremo como se desprendía de los numerosos enfrentamientos que en los años anteriores habían protagonizado las ya existentes, cuando no se trataba de clubs de nuevo cuño que prometían ofrecer un buen tono, los clubs fueron distribuidos o agrupados en categorías según las virtudes alcanzadas, de modo que quedaba todo encauzado y a priori los más predispuestos estarían en la categoría superior y los menos capacitados en la inferior. En el caso de tratarse de federaciones con un sinfín de inscritos, los grupos eran más numerosos y no bastaba con dos categorías, sino que eran varias las creadas en función de la cantidad de participantes siguiendo el modelo antes comentado. Este modelo adoptado por las Federaciones Territoriales funcionó con éxito durante una década en la mayoría de los casos y en dos en algunos como la catalana, mucho más avanzada que el resto, hasta que la necesidad de las sociedades más poderosas del país quienes contaban con los mejores jugadores y en sus respectivas áreas geográficas se les habían quedado pequeños los campeonatos al carecer de apenas contrincantes de su altura, provocó la creación en 1928 de un campeonato a nivel nacional en el cual pudieran luchar entre sí y demostrar quien era el mejor de todos.

Este campeonato nacional costó sangre, sudor y lágrimas lograr definir para poder ser llevado a cabo y por el camino quedaron amplias e irreconciliables discusiones entre quienes querían seguir el modelo territorial, los minimalistas y quienes deseaban un modelo nacional, los maximalistas. Finalmente todo quedó solucionado y el Campeonato Nacional de Liga estaba previsto dar comienzo en la temporada 28/29. Restaba decidir cómo se iban a organizar las categorías, quiénes iban a ser incluidos en cada una de ellas y cuántas iban a existir. Esta elección obedeció a cánones mitad deportivos y mitad políticos decidiéndose situar en Primera División a los clubs que más Campeonatos de España habían sumado y a continuación aquellos que pertenecían a las federaciones con más peso específico por entonces, la catalana, la vizcaína y la del centro, restando una última plaza que se adjudicó el Real Santander Racing Club no sin antes imponerse en un torneo de clasificación previo. A Segunda División fueron a parar aquellos que no habían alcanzado tantos méritos deportivos o por desgracia habían sido fundados con posterioridad a los primitivos sin opción a poseer tanto currículum, no sin antes presentar discrepancias y batalla, bajo su justificable punto de vista, por alguno de los incluidos en Primera División.

Hubo en la temporada 28/29 un tercer grupo que recibió el título de Segunda División B y que estaba formado por sociedades que se inscribieron en función a una ponencia nombrada al respecto con premura por la Asamblea Nacional de la RFEF. Este grupo en realidad venía a ser como una Tercera División encubierta y aunque tenía atribuciones de categoría en realidad no lo era, pues fue una Promoción con toda la regla, siendo creado expresamente para dilucidar dos plazas cuyos conquistadores conseguirían en la campaña siguiente militar en Segunda División. Como se puede observar, el paralelismo entre la vida humana y el fútbol queda patente una vez más y los clubs poderosos económicamente gracias a sus mayores prestaciones a todos los niveles, tanto sociales, financieras y deportivas tienen muchas más facilidades para encumbrarse, mientras la medianía se debate entre querer atrapar la cima mirando de reojo a los más desfavorecidos, siendo éstos quienes han de conformarse con los restos y migajas que nadie quiere.

En la temporada 29/30 con mucho más tiempo y mejor organización, la Tercera División quedó definida y ocho fueron los grupos que albergaron a un total de treinta y tres clubs, aunque previamente se habían inscrito un número mucho mayor. Esta categoría, seguía siendo una Fase de Ascenso a Segunda División o Promoción y la componían sociedades que no habían concursado en el Campeonato de España por no haberse clasificado en sus respectivos Campeonatos Regionales. Las promociones eran un caos y durante sus primeras ediciones multitud eran los clubs que se retiraban en plena competición alegando carecer de recursos financieros o desinterés en continuar por las escasas recaudaciones obtenidas y los grandes dispendios invertidos tanto en desplazamientos como en las horas fuera de domicilio que estos conllevaban. Hubo hasta incluso sociedades que antes de empezar a competir declinaban su participación en temor a perder hasta la camiseta.

Hacia 1933 el fracaso era absoluto y tanto clubs como FEF se replantearon a través de las recomendaciones de sus respectivas Federaciones Territoriales, eliminar esta Fase de Ascenso o Tercera División que tantos quebraderos había ocasionado. Este falso tercer nivel nacional fue relevado en 1934 por los denominados Campeonatos Superregionales, torneos que no ofrecían tantas dudas y que con su distribución geográfica suponían un gran atractivo tanto para clubs como para aficionados. El éxito inicial hizo que en la siguiente temporada 35/36 la fórmula se repitiese, siendo interrumpido en julio de 1936 con la rebelión militar. Tras tres años de forzado paréntesis, en 1939 los tiempos cambiaron radicalmente y las experiencias y derechos alcanzados antaño fueron suprimidos, reinstaurándose los Campeonatos Regionales. En cuanto a la Tercera División, de nuevo convertida en una Fase de Ascenso a Segunda División, ésta no volvió hasta la temporada 40/41 y cuando lo hizo fue en un muy breve formato que se resolvía en pocas fechas, ampliándose en las ediciones siguientes hasta que los clubs elevaron sus protestas al denunciar que se mantenían estancados, perdían dinero y privaban a sus respectivas aficiones de poder ver a sociedades importantes de otras regiones en un sistema competitivo similar a los de Primera y Segunda División.

En 1943 la política de la RFEF cambió para bien y siguiendo las directrices que le marcaba la Delegación Nacional de Deportes, siguió las recomendaciones de los clubs adaptándolas a sus intereses y de paso complaciendo la voluntad de estos, de modo que creaba la Tercera División a nivel nacional con formato de Liga. Esta decisión significaba la creación de un tercer nivel que venía a sustituir el puesto que venía desempeñando el Campeonato Regional de Primera Categoría, pero con la salvedad de que se trataba de una categoría nacional y no regional, recibiendo un rango que le equiparaba con la Primera y Segunda División existentes. El Régimen pretendía con esta medida que el fútbol fuese uno de sus principales embajadores en todo el país y con buen criterio dispuso que este deporte llegase a todos los rincones por muy despoblados o castigados que estuviesen. Por fin la Tercera División era Tercera División.

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En la temporada 43/44 debutaba esta categoría con ocho grupos distribuidos y agrupados de forma geográfica con un total de ochenta y tres clubs, resultando un gran éxito deportivo que provocó que en los años siguientes se ampliase el número de participantes. Los aficionados tenían la oportunidad de ver clubs de su misma región o de próximas a la suya, lo cual incrementaba la asistencia de público a los terrenos de juego y las arcas de las sociedades. Además esta categoría se convertía en un puente exquisito entre el mundo profesional y aficionado, demostrando con hechos que la iniciativa e ideología inicial de los militares al mando de la FEF en 1939 carecía de sentido y derrotada, chocaba frontalmente con un campo en el cual hay muchos intereses en juego y que el idealismo es secundario. El crecimiento del fútbol durante finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta fue espectacular y un sinfín de nuevas sociedades saltaron a la palestra. Cada localidad por insignificante número de habitantes que tuviese quería tener su propio club y en cuestión de pocas fechas las Federaciones Territoriales duplicaron sus afiliados. Este crecimiento desmesurado provocó la creación de nuevas categorías regionales y el aumento de grupos y participantes llegándose a un punto en el cual las federaciones reclamaron la ampliación de la Tercera División mediados los años cincuenta. La RFEF atendiendo la solicitud de sus discípulos concedió tal demanda duplicando la categoría de bronce de modo que esta se vio desbordada por una cantidad desmesurada de sociedades que le ofrecían un poco nivel y desvirtuaban la competición. La calidad descendió paulatinamente y a mediados de la década de los años sesenta la situación era insostenible con más de doscientos clubs. La agonía no se prolongó más y terminando el segundo lustro la RFEF tomó cartas en el asunto y decidió reducir drásticamente tal desaguisado con firmeza pero a la vez con tacto. La reducción se hizo en varios tramos y temporadas sucesivas, de modo que los cambios no fuesen perjudiciales ni para los clubs ni para las Federaciones Territoriales que iban a verse afectadas con una ampliación repentina de sociedades.

En 1970 la Tercera División, esa categoría que desde 1928 ó 1943, según se mire, había experimentado ya una gran cantidad de reformas, quedaba definida en cuatro grupos con un total de ochenta clubs. Los cambios significaban un aumento considerable de calidad y la vuelta a una competición atractiva que por errores de unos y otros había estado a punto de ir al traste. La composición de los grupos estaba compensada y su distribución obedecía a criterios geográficos para no perjudicar a sus participantes, dando cabida a la posibilidad de enfrentamientos locales, regionales y interregionales. Esta reestructuración de la Tercera División en consonancia a los tiempos que vivía y a consecuencia de una profesionalización cada vez más patente que afectaba a la composición de las plantillas, al cabo de los años provocó que los mentores de la RFEF se planteasen si la fórmula que se estaba manteniendo era la más acertada ó, si por el contrario, había que hacer borrón y cuenta nueva para adaptarse a las circunstancias. En una decisión valiente tomada el 8 de julio de 1976, el máximo organismo del fútbol nacional en medio de otros temas también importantes, daba un cambio radical y decidía instaurar una categoría intermedia entre la Segunda y Tercera División: la Segunda División B. La directiva que presidía Pablo Porta era consciente de que la profesionalización del fútbol era innegable y que las viejas estructuras federativas debían de modernizarse para no quedarse ancladas en el pasado. La Segunda División B no era un proyecto baladí ni transitorio, sino una categoría que adquiría un tinte semiprofesional y que reforzaba con su existencia una reforma que quería desprenderse de unos vicios y unas costumbres arcaicas.

Tras esta gran reforma institucional y estructural, se quiso mantener el nombre de Tercera División a una categoría que ahora pasaba a ser el cuarto escalafón a nivel nacional en respeto a la gran tradición que tenía entre sociedades y aficionados. Esta decisión, aunque respetable, con el tiempo se ha demostrado que no fue la más acertada puesto que desde 1977 la denominada Tercera División no era la tercera de las divisiones sino la cuarta, siendo su puesto ocupado ahora por la Segunda División B, una categoría que en realidad aún a pesar de su denominación, era la Tercera División real a todos los efectos por el nivel jerárquico que le correspondía.

HF Tercera Division cuarto nivel 2

Estos cambios comportaron análogamente una serie de equívocos y malas interpretaciones por parte de los aficionados quienes seguían viendo la Tercera División como el tercer nivel sin apercibirse, en algunas ocasiones por desinterés y en otras por no querer reconocer la evidencia a saber porqué motivos, de que esta consideración estaba desfasada y que esta categoría como cuarto nivel debió de denominarse desde 1977 como “Cuarta División”. La Tercera División de hoy en día es la primera de las categorías regionales, una categoría que con el paso del tiempo se ha desvirtuado rápidamente alejándose de su formato original con seis grupos en la sesión 77/78 a los ocho, trece, catorce, dieciséis ó diecisiete en tan sólo una década tras su reestructuración llegando hasta los dieciocho actuales, uno por cada uno de las Comunidades Autónomas que hay en España amén de las Ciudades Autónomas. La mal denominada Tercera División actualmente es un triste reflejo de lo que fue antaño, una sombra de la verdadera Categoría Nacional de hasta 1977 de la que tan sólo hace honor al término “Nacional” en lo que se refiere a la disputa de la Fase de Ascenso que enfrenta a los clubs mejor clasificados a final de temporada por sorteo, en pos de alcanzar una categoría superior sin tener en cuenta criterios geográficos. El sistema de competición vigente urge de una profunda reforma tras las categorías profesionales, una demanda aclamada a gritos por muchos aficionados desde hace ya demasiados años.

Esta incomprensión de la realidad y falta de adaptación a los cambios y si cabe, acuciante y muy grave falta de fundamentos por desconocimiento de la materia que se esta tratando, desgraciadamente ha sobrevivido hasta nuestros días y algunos aficionados que se autodenominan complacientemente historiadores y hacen gala de ello, siguen dando vida a este error y confunden la Tercera División histórica disputada hasta 1977 con la posterior surgida desde esta fecha. Tal es su confusión que se atreven a confeccionar listados históricos en los cuales mezclan sin ningún tipo de rubor clubs de una y otra época como si se tratase de lo mismo y la una no correspondiese al tercer nivel nacional y la otra al cuarto. Este proceder es tal cual mezclar ovejas churras con merinas, la sal con la magnesia ó naranjas con mandarinas, un despropósito que para el aficionado de a pie puede resultar divertido y hasta atractivo al vislumbrar ante sus ojos tan pomposa lista de clubs plena de números y estadísticas, mientras que para los entendidos y aquellos que hayan seguido con atención este artículo o la historia evolutiva del fútbol español, les causa hilaridad cuando no perplejidad. Si además estos listados van acompañados con el aval de CIHEFE, una entidad que se enorgullece de sentar cátedra y ser depósito y garante del fútbol nacional, mal que nos pese negros nubarrones auguramos a la historia de este deporte.

Por lo que respecta a quien escribe este artículo y a quienes comparten y entienden que no es lo mismo la Tercera División hasta 1977 que la posterior a esta fecha, aprovechamos este artículo para manifestar públicamente que nunca ha sido nuestro interés ni entra en nuestros más remotos cálculos -ni aún en sueños y a las pruebas nos remitimos-, realizar una clasificación histórica de Tercera División por todos los motivos en líneas anteriores descritos y por considerar además esta de escaso interés histórico, con lo cual cuando la revista digital “Cuadernos de Fútbol”, revista oficial de CIHEFE, a través de sus rectores nos acusan desacertadamente de realizar este trabajo citando textualmente: “En los últimos años con el surgimiento del interés por la estadística del fútbol, a veces como apoyo de la Historia y a veces como sustituta de esta, varios han sido los intentos por presentar un palmarés histórico completo del fútbol español, una clasificación histórica que abarcara hasta la hoy llamada tercera división (cuarta categoría). Principalmente tres: la Arefepedia, la Futbolteca y el Histórico de Dinámico”, faltan a la verdad o lo que es lo mismo por si alguien no lo entiende, mienten, pues ya no es que no la hayamos realizado, sino que por nuestra parte de entrada decimos que es irrealizable y nos negamos rotundamente a confeccionarla.

© Vicent Masià. Mayo 2011.

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titular HF Antiguedad club futbol

por Vicent Masià

 

Cuantas veces nos hemos preguntado al ver el nombre de un club de fútbol escrito, la fecha exacta en la que este vino al mundo tras surgir de la nada. Cual madre pare a un hijo tras un largo embarazo, al igual que este vital proceso, la fecha precisa de concepción en muchas ocasiones es muy difícil, por no decir imposible, poder determinar con infalible certeza. El día elegido que se establece como comienzo de la vida de un club desde siempre ha sido motivo de atracción ineludible para gran cantidad de aficionados y todos en alguna ocasión hemos reparado en ella como un polo negativo atrae al positivo.

Desde que el fútbol fue introducido en España por oriundos británicos allá por los años setenta del s. XIX, este deporte de fácil práctica y ausente de complejas reglas, fue ganando adeptos entre la ciudadanía autóctona y en especial sobre un sector muy concreto, la juventud. Ésta vio en el balompié una forma de conducir la energía propia de la edad, de compartirla con un grupo de amigos o conocidos, de trabajar de forma colectiva en equipo pero manteniendo al mismo tiempo momentos de independencia y finalmente de desarrollar una actividad saludable, sana para la mente e higiénica para el cuerpo. Todas estas cualidades que reunía el fútbol fueron determinantes para que empezase a triunfar y pese a la incomprensión de algunos y la desconfianza o molestia que causaba en otros, siempre hubiesen osados que se atreviesen a montar varios palos unidos por sus extremos sobre en un terreno de juego irregular delimitado por unas coordenadas en el cual corretear tras un balón.

Las primeras sociedades

Los primeros grupos en jugar al fútbol y exhibir frente a los jóvenes o no tan jóvenes los encantos que este deporte tenía fueron en su mayoría ciudadanos británicos que, por motivos comerciales o industriales, residían en España largas temporadas o tenían en nuestro país un punto de destino pasajero en sus actividades. Minas de minerales en Riotinto, instalación de cable submarino para telégrafo en Vigo, carga de cítricos o vino en los muelles de Valencia, elaboración de brandy en Jerez de La Frontera, instalación de maquinaria textil en Barcelona, de siderúrgica en Bilbao, etc., fueron actividades en las cuales los británicos pusieron sus conocimientos y aprovechando los ratos de ocio se les podía ver de vez en cuando jugar a este deporte. Estos pioneros pronto trazaron entre sí amistad y fruto de ella y de quizás la gran distancia que les separaba de los españoles, formaron sociedades cerradas en las cuales el fútbol era uno de sus pasatiempos. En éstas los distintos miembros que las componían solían dividirse en dos grupos con la misma cantidad de elementos a los que denominaban teams (equipos), enfrentándose entre sí con el objetivo de marcar más goles que el contrario para declararse vencedores del partido. Estas sociedades a las que progresivamente fueron integrándose españoles, en principio nunca pensaron en inscribirse en el Registro de Sociedades del Gobierno Civil, siendo su mayor preocupación el disfrute. Algunas de ellas como en el caso del Huelva Recreation Club que practicaba varias disciplinas deportivas y culturales, pronto tomaron conciencia de su personalidad distintiva y sintieron la necesidad de oficializar sus actividades y configurar una junta directiva que se encargase de llevar de forma organizada sus labores. Esta oficialización fue recogida el 23 de diciembre de 1889 y gracias a ella y a otras decisiones que se tomarán en el futuro, la sociedad onubense es legítimamente la decana del fútbol español.

El ejemplo del club de Huelva fue seguido por otras sociedades y así en los años siguientes, clubs dedicados en esta ocasión en exclusiva al fútbol, copiaron sus pasos formando una junta directiva. Estas sociedades como el S.C. Catalá, F.C. Barcelona, Hispania Athletic Club, Madrid F.C. o Vizcaya Athletic Club entre otras, además de formar una directiva con una serie de estatutos, dieron un segundo paso cual era inscribirse como sociedades deportivas en el Gobierno Civil, de modo que gozaban de dos fechas legales, una la de constitución y otra la de registro en un medio oficial del Estado. Este ejemplo a partir de entonces fue el más seguido por multitud de clubs que surgieron por todo el país, con la plena libertad de registrarse o no, si así lo deseaban sus dirigentes y en función de sus intereses. En otros casos, los más abundantes, los grupos de jugadores que formaban un equipo nunca alcanzaban la categoría de club por carecer de junta directiva y estatutos, requisitos indispensables para ser reconocidos como tales y obligatorios para poder registrarse. Con el paso del tiempo los clubs se unieron entre sí para compartir un espacio común con fines competitivos en el cual imperasen unas reglas y hubiese un estamento supremo que las hiciese cumplir con carácter obligatorio por parte de todos, las federaciones territoriales de ámbito regional, entidades que tal fueron apareciendo tomaban inscripción de sus asociados según la fecha en la cual se daban de alta. Esta fecha era la tercera oficial y para acceder a ella había que tener una junta directiva y estar registrado previamente.

HF Antiguedad club futbol 1

Sin embargo cualquiera de estas tres fechas, constitución y elección de junta directiva, registro en Gobierno Civil e inscripción en la correspondiente federación, no nos pueden proporcionar el día exacto en el que un club se origina puesto que éste, sin ningún género de dudas, ha ido formándose con antelación a cualquiera de estas efemérides. Tal vez en una reunión de amigos, en una celebración, en una empresa, en un barrio donde son casi todos conocidos, o en una sociedad dedicada a otros temas donde surja en la conversación de algunos de sus miembros la conveniencia de practicar una actividad deportiva, se puede originar un club de fútbol. El día en el que se concreta la decisión de formar un club es el día de la concepción y toma de conciencia de que una sociedad va a ser fundada, pero esto es imposible de ser registrado a excepción de que sus mentores reflejen este hecho, además de que normalmente suele terminar dando origen a un equipo y pocas veces a un club, paso más complejo y que sucede cuando ya se lleva tiempo jugando y hay voluntad por parte de los miembros de organizarse y registrarse.

La fecha de fundación por antonomasia

En su sustitución los historiadores y clubs toman como fecha de fundación, y por riguroso orden cronológico, en primer lugar el día de constitución de la primera junta directiva. Si éste no consta en documento alguno por extravío o por encontrarse en paradero desconocido, a continuación se toma el de registro en el Libro de Sociedades del Gobierno Civil. Si por una casualidad tampoco está disponible este día y sucede como en el caso anterior, se procede a averiguar la fecha de alta o inscripción en la federación territorial del club afectado. Si no existe constancia de las tres fechas anteriores se puede recurrir a la prensa y buscar cuándo aparece citado por vez primera el club en cuestión, aunque este día será aproximativo y no definitivo como los anteriores, pudiendo ser anterior o posterior a las tres principales.

Esta forma de proceder que es la indicada y más lógica para este cometido, aparece sin embargo en muchas ocasiones alterada en los anales de muchas sociedades las cuales, a pesar de ser conocedoras de otras anteriores, se limitan a indicar la fecha de alta en su federación natural antes que las de elección de la primera junta directiva o registro en Gobierno Civil, anteriores en cualquier caso a la elegida, una manera de actuar incorrecta que ha creado históricamente mucha confusión y ha originado una equívoca y errónea forma de pensar por parte de muchos aficionados quienes opinan o creen que la fecha de fundación de un club es la que consta en una federación y además es ésta la que determina cuando se funda. Una federación territorial o nacional como es la RFEF no es garante de la fecha de fundación de una sociedad cualquiera y entre sus funciones no consta la obligación de averiguar o buscar ésta puesto que no tiene competencia para dicho fin, sino que su función es organizar campeonatos, hacer cumplir las leyes y preocuparse de que sus asociados paguen las cuotas y no se les deba dinero. Como máximo una federación territorial o nacional podrá mostrar la fecha de alta de una sociedad en su registro, siendo la de constitución del club la que éste le proporcione. El deber de justificar una fecha de fundación corresponde única y exclusivamente a los propios clubs y estos serán los que para elegir una que les identifique deban de presentar documentos oficiales o en caso de carecer de estos, publicados en prensa para su reconocimiento.

Responsabilidad de la fecha de fundación

Esta libertad con pleno poder para determinar la fecha de fundación es un ejercicio de responsabilidad que desgraciadamente algunos clubs no han sabido o no han querido intencionadamente ejercer con total e inmaculada limpieza y conscientes de que ellos son quienes en verdad tienen la última palabra, han abusado de su cometido con el fin de prolongar artificialmente su vida y acordado fechas que no son reflejo de la verdad. De este modo hoy en día hay algunas instituciones deportivas que alegan una antigüedad que no les corresponde, aportando fechas de cuando permanecían en estado embrionario y no existía ni junta directiva ni mucho menos se habían registrado, todo ello bajo el beneplácito de las federaciones territoriales o RFEF que al carecer de competencias al respecto, confían en los datos aportados por los clubs. La picaresca de algunas sociedades no se ha detenido ahí, puesto que al fin y al cabo un presunto estado embrionario también puede considerarse como propio de la vida de un club siempre y cuando se encuentren testigos o datos que corroboren que se trata del mismo, existiendo algunas otras que han traspasado esta frontera y rizando el rizo ya no sólo se conforman con atribuirse el periodo de estado embrionario, sino que además se apoderan de la historia y fechas de otros clubs precedentes a su real existencia, alegando ante las federaciones territoriales o RFEF que son el mismo club, pero que hubo un inoportuno cambio de nombre y ante la confusión reinante y lo lejos en el tiempo que quedan estos hechos sin ningún testigo que de fe de su autenticidad, nadie reparó en que eran el mismo. Estas artimañas siempre acaban cayendo por su propio peso y con una severa investigación por parte de profesionales quedan al descubierto salvo para las federaciones territoriales y RFEF que no tienen intención de profundizar al no ser competentes para ello y no molestarles en demasía, manteniéndose ajenos a estas polémicas.

La fecha de fundación ante una fusión

Al margen de estas consideraciones, desde que el fútbol empezó a crecer y a adquirir madurez legislativa, la evolución de las sociedades deportivas no siempre fue en todos los casos homogénea e inquebrantable y diversos fueron los clubs que a lo largo de su historia tuvieron la necesidad de unirse a otros mediante fusión para no desaparecer ante el acoso de graves problemas financieros en algunas ocasiones o para engrandecer su potencial deportivo en otras. Ya en la primera década del pasado s. XX tuvieron cuenta fusiones entre distintos clubs para engrandecerse respectivamente y juntos alcanzar niveles que de no ser así, difícilmente se hubiese conseguido. Estas uniones entre dos o más sociedades deportivas siempre suponían la predominancia de una sobre la otra, tal vez por el superior nivel económico, por las facultades de sus dirigentes a la hora de organizarse o bien por la presencia de jugadores más distinguidos y de mayor nivel. Las uniones por fusión normalmente conllevaban además un cambio de denominación y eran tratadas en prensa como la aparición de un nuevo club. Esta apreciación sin embargo era equívoca en algunos casos y una fusión no siempre abocaba en la desaparición de los fusionados sino que uno de ellos era el que cambiaba de nombre y seguía en activo, desapareciendo el otro al darse de baja federativa. Las fusiones empezaron a proliferar y de repente se convirtieron en un problema legal puesto que este paso afectaba de pleno a la hora de determinar su antigüedad. ¿Cómo se establecía la antigüedad? ¿Se elegía la de uno o la de otro? ¿Se perdía ésta irremediablemente y el club resultante era nuevo?

Para resolver esta cuestión la RFEF tomó cartas en el asunto y su figura más destacada, el abogado catalán Ricardo Cabot quien ejercía de Secretario General y ya tenía experiencia en estas vicisitudes tras ser presidente del Catalonia F.C. y haber vivido en sus carnes este lance, tras estudiar concienzudamente los pros y contras desde el punto de vista legal, incluyó en los estatutos del máximo organismo nacional el siguiente artículo:

“De los clubs y asociaciones deportivas:

El club/asociación resultante de la fusión podrá denominarse como desee y será inscrito en el Registro de Entidades Deportivas de su región/país con el nuevo nombre si su denominación es distinta a la de los clubes/asociaciones fusionados, debiendo estarse en cada caso a lo que proceda en virtud de la normativa administrativa aplicable. El club/asociación resultante de la fusión se subrogará en todos los derechos y obligaciones de los anteriores y, en cuanto a su situación competicional, quedará adscrito a la categoría del que la tuviere superior y conservará la antigüedad federativa del primer inscrito en la región/país.”

Con este breve artículo Cabot conseguía eliminar cualquier duda al respecto y a consecuencia de éste los clubs implicados en una fusión sabían a qué atenerse y cuáles eran los pasos a realizar para que quedase todo registrado y sin un atisbo de problemática. La importancia de este artículo no se detuvo en esta clarificación de conceptos y con posterioridad ha seguido prestando una gran labor a lo largo del tiempo con lo cual gracias a él muchos clubs actuales han conservado hasta nuestros días una antigüedad que perteneció en su origen a uno de los clubs fusionados. Como indica su título, afecta tanto a clubs como asociaciones deportivas y en base a ello muchas federaciones que posteriormente se fusionaron con otras para organizar campeonatos mancomunados en 1934, tras la desaparición de estos y vuelta a sus orígenes geográficos en 1939, pudieron reclamar una antigüedad que les pertenecía.

La fecha de fundación ante la actividad e inactividad de un club

Para cerrar definitivamente este capítulo que afecta a la antigüedad de los clubs de fútbol y asociaciones deportivas hay que tratar obligatoriamente el tema de aquellas sociedades que estando en activo durante muchos años, en un momento de su vida deciden replegarse, darse de baja en su federación territorial y retomar la actividad en un momento futuro que le sea más propicio. Estas decisiones que apartan de la competición a un club, generalmente son tomadas por directivas que no encuentran apoyo en sus aficionados, no encuentran sucesor en forma de algún candidato que les sustituya en el gobierno de la institución o bien han adquirido una pequeña deuda con la federación territorial que en ese preciso instante son incapaces de solventar. Las retiradas temporales pueden abarcar una o más temporadas y la vuelta al concurso y alta en competición depende siempre de la voluntad de algunos aficionados en elegir una nueva directiva en algunos casos y la de satisfacer las deudas arrastradas en otros. Sin embargo, durante estos espacios de tiempo en los que un club permance alejado de competición oficial, la sociedad deportiva sigue inscrita en el Registro de Asociaciones Deportivas correspondiente, sin modificar su asiento registral y por tanto conserva su personalidad júridica y capacidad para adquirir derechos y contraer obligaciones, así como su voluntad para incorporarse a la vida competitiva en el momento que considere oportuno. Las federaciones territoriales nunca aceptarán el alta de un club que les adeude dinero y sólo cuando no existan deudas, el club implicado podrá usar el nombre que tradicionalmente ha venido empleando desde su inscripción original, salvo que claro está lo haya permutado en alguna ocasión a lo largo de su vida.

Existen algunos aficionados incluso otros aparentemente más especializados refugiados en agrupaciones con plena dedicación estadística que se atreven a considerarse a sí mismos historiadores de fútbol, aficionados que desconocen profundamente estas básicas y elementales normas federativas y cuando se produce un abandono o retirada por parte de un club a nivel competitivo, entienden que éste ha desaparecido dejando de existir y que cuando a la vuelta de unos años vuelven a aparecer usando el mismo nombre del club presuntamente dado por ellos como extinguido, es otro club distinto. Nada más lejos de la realidad.

© Vicent Masià. Mayo 2011.

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titular HF Clubs y Federaciones Autonomas

por Vicent Masià

 

Para elaborar todos los estudios, análisis, tesis y trabajos contenidos en la presente web, La Futbolteca se basa en los Estatutos y Reglamento General de la RFEF, tanto históricos como actuales, único organismo a nivel nacional reconocido y autorizado para tales competencias por FIFA, Fédération Internationale de Football Association y UEFA, Union des Associations Européennes de Football, no reconociendo las dictados con fines similares emitidos por asociaciones ajenas a éstas. Dado que la RFEF está integrada por las distintas federaciones de ámbito autonómico existentes en España también nos hemos basado en el Reglamento General de la FFCV, Federación de Fútbol de la Comunidad Valenciana, tanto históricos como actual, como representación y muestra de cada una de las diecinueve federaciones de ámbito autonómico.

En cumplida obediencia a estos Estatutos y Reglamento General de la RFEF, reproducimos íntegramente parte de ambos en lo que a clubs se refiere para conocimiento del lector:

LIBRO III

DE LOS CLUBES Y ASOCIACIONES DEPORTIVAS.

CAPITULO I.- Disposiciones Generales.

Artículo 54.- Concepto y régimen legal.

1.- A los efectos de este Reglamento General, son entidades deportivas las siguientes: Los Clubes Deportivos, las Sociedades Anónimas Deportivas y las Secciones Deportivas de otras entidades.

2.- Los Clubes Deportivos, las Sociedades Anónimas Deportivas y las Secciones Deportivas de otras entidades se rigen por la Ley 4/93, de 20 de Diciembre, del Deporte de la Comunidad Valenciana, el Decreto 60/98 de 5 de Mayo, del Gobierno Valenciano sobre Federaciones Deportivas de la Comunidad Valenciana, sus normas de desarrollo, por sus Estatutos y Reglamentos y por los acuerdos de su Asamblea General y demás órganos de gobierno interno.

3.- En el orden competicional se rigen, asimismo, por los Estatutos, Reglamentos, Bases y Normas de Competición de la F.F.C.V. y por cuantas otras disposiciones dicte ésta en el ejercicio de sus competencias, así como por los Estatutos y Reglamentos de la R.F.E.F. que, en cualquier caso, tendrán carácter supletorio.

4.- A los efectos de su reconocimiento legal, los clubes deportivos deberán inscribirse en el Registro de Entidades Deportivas de la Comunidad Valenciana; así como las secciones deportivas de otras entidades y las sociedades anónimas deportivas serán objeto de anotación en el Censo del Registro de Entidades Deportivas.

Artículo 55.- Clubes Deportivos.

Son clubes deportivos, las asociaciones privadas, sin ánimo de lucro, con personalidad jurídica y capacidad de obrar propia, integradas por personas físicas, que tengan como fin exclusivo el fomento, la práctica o la participación en una o varias modalidades futbolísticas en el ámbito federado.

Artículo 56.- Sociedades Anónimas Deportivas.

Las Sociedades Anónimas Deportivas se regirán por la legislación estatal específica en la materia. Los clubes, o sus equipos profesionales, con domicilio en la Comunidad Valenciana, que participen en competiciones deportivas oficiales de carácter profesional y ámbito estatal, adoptarán la forma de sociedad anónima deportiva e incluirán, en su denominación social la abreviatura S.A.D., de conformidad con la legislación vigente en la materia.

Artículo 57.- Secciones Deportivas de otras Entidades.

Las entidades privadas con sede en la Comunidad Valenciana, que tengan personalidad jurídica propia y capacidad de obrar y cuyo fin u objeto social no sea exclusivamente el deportivo, podrán crear en su ámbito, siempre que la legislación a la que se acojan no lo impida, secciones de carácter deportivo, que podrán integrarse en la F.F.C.V.

Artículo 58.- Inscripción y afiliación a la Federación.

1.- La condición de club o asociación deportiva federada se obtiene mediante la concesión de la pertinente licencia por parte de la F.F.C.V. La licencia le otorga a su titular la condición de miembro de la Federación, habilitándole para participar en actividades deportivas y en competiciones oficiales de ámbito autonómico.

2.- Los Clubes y Asociaciones Deportivas, para su participación en las competiciones oficiales organizadas por la F.F.C.V., deberán estar inscritas y afiliadas obligatoriamente a la misma y cumplir, además, cuantas disposiciones al respecto tenga establecida la Generalitat Valenciana y la propia F.F.C.V.

3.- Con la inscripción del club, una vez cumplidas todas las formalidades legales, le será expedida la correspondiente licencia.

4.- La solicitud de tal afiliación habrá de formalizarse ante la F.F.C.V., acompañando la siguiente documentación:

a) Copia de los Estatutos de la Entidad, debidamente inscritos en el Registro de Entidades Deportivas de la Comunidad Valenciana o, en su defecto, y con carácter de provisionalidad, justificante acreditativo de que ha solicitado tal inscripción.

b) Composición de la Junta Directiva, con expresión de los nombres, apellidos y demás datos personales de sus integrantes: domicilios, teléfonos, etc.; así como los cargos de cada uno de sus miembros dentro de la estructura orgánica de aquélla.

c) Domicilio Social de la Entidad, indicando datos postales, telefónicos, fax, etc., así como fotocopia del Código de Identificación Fiscal de la misma.

d) Firmas reconocidas del Presidente y Secretario, así como de aquellas otras personas autorizadas para obligar a la Sociedad y sello oficial de la Entidad.

e) Acreditación del título por el que dispone y disfruta de la posesión del terreno de juego donde pretende organizar sus partidos (propiedad, arrendamiento, cesión, etc.); acompañando, asimismo, un plano del mismo en el que se indique las medidas, que, al menos habrán de ser las mínimas reglamentarias exigidas, lugar de emplazamiento, aforo, nombre del mismo, disponibilidad o no de luz artificial para la celebración de partidos nocturnos y si es de hierba, hierba artificial o de tierra; medios de transporte para acceder a dicha instalación y otros datos que se consideren de interés.

f) Descripción del uniforme deportivo de sus jugadores, con expresa indicación de sus colores.

g) Relación de los socios fundadores que figuren en el Libro Registro.

h) Resguardo o recibo del abono de la Cuota de Inscripción y del depósito federativo establecido para cada categoría que, en ambos casos, habrán sido aprobadas por la Asamblea General de la F.F.C.V. y serán requisitos ineludibles para acceder a la inscripción pretendida.

i) Abono, igualmente, de las cuotas, obligaciones y demás derechos federativos que estén establecidos para cada categoría.

5.- No podrá ser directivo de un club adscrito a la F.F.C.V., quien lo haya sido, con anterioridad, de otro club que hubiere sido dado de baja en la misma por expulsión, previo expediente disciplinario por falta muy grave; por deudas pendientes o por inhabilitación personal y, en todo caso, hasta el cumplimiento de la sanción.

6.- Con la afiliación de un club a la F.F.C.V. se autoriza a ésta para incluir sus datos y el de las personas que lo integran, socios, directivos, técnicos y jugadores en los ficheros automatizados de la Federación, con la finalidad de ser usados en todo aquello que integra el objeto y funciones de la misma y el normal desarrollo de la competición; facultándose expresamente a la Federación para que puedan hacerse públicos cuantos hechos se deriven de la competición y conducta deportiva de sus afiliados, tales como, reclamaciones, sanciones, clasificaciones, ascensos y descensos.

Artículo 59.- Adscripción de nuevos Clubes y denominación.

1.- Los Clubes de nueva inscripción quedarán adscritos, una vez cumplidos cuantos requisitos se establecen en el artículo precedente, a la última de las categorías competicionales de las de su clase, estando obligados a designar un terreno de juego que reúna las condiciones que para cada categoría se señalen como mínimas reglamentarias.

2.- Los Clubes, al solicitar su inscripción y afiliación a la F.F.C.V., en ningún caso podrán ostentar el nombre de otro que hubiera sido expulsado, o que hubiere desaparecido, hasta transcurridos, al menos, cinco años de tal circunstancia y sin perjuicio, ineludible por otra parte, de la obligación de satisfacer todas aquellas cantidades adeudadas en el momento de su expulsión, desaparición o baja, por cualquier circunstancia, para poder utilizar aquella denominación.

3.- La denominación de los Clubes no podrá ser idéntica a la de otros ya registrados en la F.F.C.V., ni tan similar que pudiera inducir a confusión con los ya reconocidos.

4.- La denominación deberá ser, en cualquier caso, congruente con el contenido de sus fines estatutarios y sociales, no pudiéndose utilizar expresiones referentes a valores nacionales ni tampoco nombres que puedan ir contra las normas de convivencia y respeto constitucionales y democráticos, o induzcan a confusión con organizaciones oficiales u otras de carácter político. En ningún caso, podrán utilizarse símbolos, emblemas, etc., que pudieran estar prohibidos por las distintas disposiciones en vigor, o que pudieran herir sentimientos de colectivos concretos o del público en general, y, de manera especial, todos aquellos que pudieran inducir a la violencia y usos antideportivos.

Artículo 60.- Derechos.

Son derechos de los clubes y asociaciones deportivas adscritas a la F.F.C.V.:

a) Tomar parte en competiciones oficiales que organice la F.F.C.V., Real Federación Española de Fútbol o Ligas adheridas, así como en las fases superiores a que tengan derecho en mérito a sus clasificaciones, y jugar partidos amistosos con otros clubes federados o con equipos extranjeros, de conformidad con las disposiciones reglamentarias.

b) Participar en la dirección, administración y organización de los diferentes órganos federativos en los que estén encuadrados.

c) Participar, con voz y voto, en las diferentes Asambleas Generales convocadas por la F.F.C.V., de conformidad con los Estatutos y Reglamentos de ésta, siempre que ostente la representación de su estamento en dicho órgano de gobierno y representación de la F.F.C.V.

d) Acudir a los órganos competentes para instar el cumplimiento de los compromisos u obligaciones reglamentarias o contractuales derivadas de sus relaciones deportivas.

e) Elevar, ante aquellos mismos órganos, las consultas, reclamaciones o peticiones que convengan a su derecho o a sus intereses e interponer, en su caso, los recursos que reglamentariamente procedan.

f) Ejercer su propia potestad disciplinaria sobre cuantos miembros de una u otra condición, integran la Entidad de que se trate y en la forma que establezcan sus Estatutos y Reglamento de Orden Interno.

g) Establecer, por vía estatutaria o reglamentaria propia, las condiciones o requisitos que deban reunir todas las personas afectas a la entidad, debiendo tener presente que aquellas no podrán oponerse o condicionar preceptos y derechos constitucionales o de otra cualquiera índole de orden deportivo superior.

h) Exigir, por los cauces y medios pertinentes y reglados al efecto, que la actuación de la F.F.C.V. y sus órganos de gobierno, se ajusten a lo dispuesto en la Ley 4/1.993, del Deporte de la Comunidad Valenciana, sus normas de desarrollo y conforme a las disposiciones estatutarias y reglamentarias o de cualquiera índole por las que se rige.

i) Podrán solicitar la expedición de licencias de delegado de equipo (D), médico (M), ayudante técnico sanitario o fisioterapeuta (ATS), encargado de material (AM) y ayudante sanitario (AY), siendo requisitos necesarios para su obtención el ser mayor de edad y estar en posesión de la titulación oficial correspondiente, de ser necesario para el desempeño de su función.

Artículo 61.- Obligaciones.

1.- Son obligaciones de los clubes y asociaciones deportivas adscritas a la F.F.C.V.:

a) Cumplir las normas y disposiciones de la Dirección General de Deportes de la Generalitat Valenciana, así como los Estatutos y Reglamentos de la F.F.C.V. y los acuerdos de sus órganos de gobierno adoptados válidamente en el ámbito de sus competencias, y las contenidas en sus propios Estatutos, debidamente registrados.

b) Acatar la autoridad de los órganos deportivos competentes en el ámbito de sus respectivas competencias, los acuerdos, órdenes o instrucciones de los mismos y el cumplimiento, en su caso, de las sanciones que les sean impuestas por los diferentes órganos disciplinarios federativos.

c) Pagar puntualmente y en su totalidad:

- Las prestaciones, derechos, emolumentos, importe económico de los recibos arbítrales, por todos los conceptos, indemnizaciones y demás obligaciones económicas previstas estatutaria o reglamentariamente, establecida por los órganos competentes, o declaradas exigibles por los de orden jurisdiccional.

- Las cuotas que por cualquier concepto correspondan a la F.F.C.V., a la R.F.E.F., y las que son propias de la Mutualidad de Previsión Social de Futbolistas Españoles a Prima Fija.

- Las deudas contraídas y vencidas con la F.F.C.V., con la Real Federación Española de Fútbol o con otros Clubes.

d) Comunicar o notificar a la F.F.C.V., todos aquellos datos previstos por la Ley que se establezcan reglamentariamente y, en todo caso, los siguientes:

- Cambios de domicilio social, de domicilio, de número de teléfono o de fax.

- Modificaciones o renovaciones de la Junta Directiva.

- Modificaciones o revisiones de los Estatutos o Reglamentos.

- Modificaciones o alteraciones sustanciales introducidas en sus terrenos de juego que, no podrán llevarse a cabo una vez iniciada la temporada oficial de que se trate salvo autorización expresa de la Junta Directiva de la Federación.

- Los convenios de fusión o filialidad acordados por las Asambleas Generales de los Clubes implicados.

e) Poner a disposición federativa sus terrenos de juego, cuando sea requerido para ello.

f) Colaborar con los órganos deportivos superiores contestando y cumplimentando sus comunicados y requerimientos, facilitándoles cuantos datos y demás información le sean solicitados por aquellos con carácter oficial.

g) Participar en las competiciones oficiales organizadas por la F.F.C.V. que les correspondan en cada caso, según su clase y categoría siendo causa de baja la no participación e intervención en las mismas.

h) En relación a su participación en las diferentes competiciones oficiales, estarán obligados a mantener, de modo ejemplar, la disciplina deportiva de sus socios y seguidores, jugadores, técnicos, auxiliares, colaboradores y demás personas que, de una u otra manera, integren el club o entidad deportiva de que se trate.

2.- Corresponderá a la F.F.C.V., en el ámbito de sus competencias y a través de sus órganos de gobierno, determinar el procedimiento, formas y, en su caso, plazos, para hacer efectivas las diferentes obligaciones económicas y de cualquiera otro orden que se establecen y detallan en el punto “1” del presente artículo y, en caso de incumplimiento, sin perjuicio de las responsabilidades de índole disciplinario que pudieran deducirse de tal supuesto y de las demás consecuencias derivadas de actuaciones contrarias a las disposiciones recogidas estatutaria o reglamentariamente, la Federación podrá acordar las medidas que, en tal sentido, se prevean en el Reglamento Disciplinario de la F.F.C.V.

Artículo 62.- Composición de las plantillas.

1.- Los clubes adscritos a la F.F.C.V., salvo excepciones que pudieran establecerse por los órganos competentes de aquélla para competiciones y categorías concretas, podrán inscribir hasta un máximo de veintidós (22) jugadores por cada uno de los equipos que participen en las distintas competiciones y categorías oficiales organizadas por la misma, computándose en dicho número, cualquier clase de licencia. En caso de exceso del número de licencias permitidas se estará a lo previsto en el Libro IX de Régimen Disciplinario.

2.- Las excepciones a las que se hace referencia en el apartado “1” anterior, vendrán determinadas y desarrolladas, en su caso, por medio de las pertinentes Bases y Normas de las competiciones para las cuales pudieran establecerse las meritadas excepciones competicionales.

3.- En los clubes adscritos a competiciones de categoría nacional, el número máximo de licencias será el fijado por la Real Federación Española de Fútbol, en uso de las facultades propias de su competencia.

4.- En la modalidad de Fútbol Sala, la cantidad de futbolistas a inscribir serán las establecidas en las bases de la competición o en las reglas de juego correspondientes.

Artículo 63.- Cambio de denominación y esponsorización.

1.- Los clubes adscritos a la F.F.C.V., podrán variar su denominación, previo acuerdo de sus Asambleas Generales pero, en todo caso, al término de la temporada de que se trate para que tenga vigencia en la siguiente, debiendo comunicar dicho cambio o acuerdo adoptado a la F.F.C.V. y al Registro de Entidades Deportivas de la Comunidad Valenciana.

2.- Igualmente, podrán asociar tras el nombre deportivo del club, el de una entidad esponsorizadora, con el fin de que ambos figuren en los calendarios, programación y publicidad de uno, varios o todos sus equipos, sin necesidad de que el club o asociación deportiva cambie su denominación oficial, siempre previo acuerdo de su Junta Directiva. Esta asociación tendrá una validez de una temporada deportiva, como mínimo, no pudiendo resolverse el vínculo en el transcurso de la misma.

3.- En ambos casos, se dará cuenta a la F.F.C.V., antes del día 31 de julio de cada año. La publicidad, en todas las circunstancias, deberá acomodarse a las normas y exigencias reglamentarias.

Artículo 64.- Convenios o acuerdos entre Clubes.

Los clubes podrán establecer entre sí los pactos o acuerdos en materia deportiva que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las disposiciones legales, estatutarias o reglamentarias vigentes, pero a los efectos federativos sólo tendrán fuerza de obligar a partir del momento en que presentado el convenio-acuerdo en la F.F.C.V., se haya notificado su conformidad por la Federación, la cual podrá rechazarlo por resolución motivada, en el término de un mes a contar desde el día de su presentación en el Registro federativo.

Artículo 65.- Fusión entre Clubes.

1.- Un club puede fusionarse con otro siempre que así lo acuerden ambos y procedan a la disolución de uno de ellos o de ambos y lo aprueben sus respectivas Asambleas Generales, convocadas con carácter extraordinario a ese efecto. Dicha fusión solo podrá tener lugar entre Clubes, domiciliados en la Comunidad Valenciana, integrantes de la F.F.C.V. y siempre al término de la temporada de que se trate y deberá ser notificado a la F.F.C.V., antes del día 31 de Julio de cada año, para que tenga vigencia en la temporada siguiente.

2.- El club resultante de la fusión podrá denominarse como desee y será inscrito en el Registro de Entidades Deportivas de la Comunidad Valenciana con el nuevo nombre si su denominación es distinta a la de los clubes fusionados, debiendo estarse en cada caso a lo que proceda en virtud de la normativa administrativa aplicable. El club resultante de la fusión se subrogará en todos los derechos y obligaciones de los anteriores y, en cuanto a su situación competicional, quedará adscrito a la categoría del que la tuviere superior y conservará la antigüedad federativa del primer inscrito en la F.F.C.V.

Artículo 66.- Extinción.

Los clubes deportivos se extinguen por las causas siguientes:

- Por las previstas en la Ley y en sus Estatutos.

- Por resolución judicial.

- Por la fusión o absorción con otras asociaciones y clubes.

- Por las demás causas de extinción previstas en el ordenamiento jurídico vigente.

CAPITULO II.- De la Categoría competicional de los clubes y asociaciones deportivas.

Artículo 67.- Clubes deportivos. Sus clases.

1.- Los clubes se clasifican en nacionales y territoriales o autonómicos, según el ámbito competiciona l en el que tomen parte:

a) Son nacionales aquellos que participan en competiciones cuya organización y regulación corresponda a la Real Federación Española de Fútbol, incluyendo aquéllas que pudieran estar delegadas a las distintas Federaciones de ámbito autonómico y que, asimismo, podrán ser, a su vez, de carácter profesional o no profesional.

b) Son territoriales o autonómicos aquellos que participen, exclusivamente, en las competiciones cuya organización y regulación son competencias de la F.F.C.V.

2.- Los equipos de los clubes adscritos a la F.F.C.V., estarán clasificados por categorías y distribuidos por grupos, según convenga por su potencia deportiva o por proximidad geográfica, de conformidad con las pertinentes Bases y Normas de Competición y demás acuerdos adoptados por la Asamblea General o, en su caso, por la Junta Directiva y que regularán, en cada competición, en concreto, su desarrollo y definición al respecto de cuanto antecede. En el ámbito territorial valenciano, la categoría inmediata inferior a la Tercera División Nacional y con la que mantendrá relación de ascensos – descensos, que será la máxima categoría territorial, se denominará Primera Categoría Regional Preferente.

3.- Los clubes territoriales de ámbito autonómico adscritos a la F.F.C.V., podrán tener dos o más equipos compitiendo en una misma categoría, si bien con carácter de obligado cumplimiento lo harán en grupos distintos, siempre que ello sea posible y en consideración a la competición de que se trate; a excepción de las categorías Regional Preferente y Primera Regional en las que solo podrá participar un equipo de cada club en estas categorías.

Artículo 68.- Adquisición, mantenimiento y pérdida de la categoría.

1.- Los clubes adquirirán, mantendrán o perderán su categoría competicional en función de la clasificación final de la temporada oficial y de acuerdo con las Bases y Normas reguladoras de cada competición en concreto, salvo otras causas reglamentarias y excepcionales que pudieran concurrir y siempre que, además, reúnan las condiciones que se establezcan por los órganos correspondientes. Los ascensos y descensos de categorías, así como el derecho a disputar las fases de promoción de ascenso o descenso, necesariamente habrán de ser determinadas una vez concluidas las competiciones de que se trate.

2.- Si el club que logre el ascenso a una categoría superior no dispone de un campo, o no lo tenga en las condiciones señaladas para aquella categoría, no podrá adquirirla. No obstante, tratándose del segundo supuesto, podrá concedérsele un plazo de un año para que acondicione su instalación; pasado dicho plazo sin haberlo realizado, será excluido automáticamente de la categoría si no dispusiera de otro campo debidamente acondicionado.

3.- Si un club, antes o después del comienzo de la temporada quedase sin campo o no fuese posible utilizarlo por suspensión federativa o por fuerza mayor, en uno u otro caso, podrá ser autorizado para jugar en el de un tercero que reúna las condiciones de su categoría, previo acuerdo con el titular; si no lo hubiera o no fuese posible, actuará en el que designe el órgano competente.

4.- En las categorías que tengan correlación promocional de ascenso a la última división nacional, se ingresarán por méritos deportivos ganados en los partidos o competiciones que directa o proporcionalmente clasifiquen para el paso de la inferior a la inmediata superior, o por ascenso automático en los casos en que así se establezca.

CAPITULO III.- De la interrelación entre clubes, equipos dependientes y clubes filiales.

Sección 1ª.- Clubes y equipos dependientes.

Artículo 69.- Concepto, requisitos y obligaciones.

1.- Se entiende por equipos dependientes de un club los que conforman su estructura, estando adscritos a divisiones o categorías distintas e inferiores.

2.- La relación de dependencia no podrá servir de instrumento para eludir el espíritu de las disposiciones reglamentarias ni para cualquiera finalidad distinta a la que le es propia y específica de aquella clase de situaciones. Todo eventual pacto que contravenga el espíritu de las disposiciones de este reglamento se considerará como interpretación en fraude de Ley y, por tanto, radicalmente nulo y por no puesto.

3.- Los clubes podrán tener uno o más equipos dependientes compitiendo en categorías o divisiones territoriales promocionales, siempre que participen, a ser posible, en grupos distintos, y sea expresamente autorizado por el órgano competente, según las características geográficas y técnicas.

4.- Tratándose de los que estén adscritos a la categoría regional preferente y primera categoría regional tendrán, además de aquella facultad, la obligación, salvo disposición legal que lo impida, de tener inscritos, tomando parte activa en las competiciones, un equipo, como mínimo, ya sea dependiente o en calidad de filial, en alguno de los campeonatos de Juveniles, Cadetes, Infantiles, Alevines y Benjamines y Prebenjamines.

Artículo 70.- Retraso o adelanto de los partidos oficiales por razón del terreno de juego.

1.- En competiciones estatales, si el club principal y alguno de sus equipos dependientes utilizasen el mismo terreno de juego, se autorizará a retrasar en veinticuatro horas los partidos oficiales en que intervenga el segundo, salvo que se trate de los cinco últimos partidos de la competición.

2.- Tratándose de competiciones territoriales, en el supuesto del apartado anterior, la autorización comprenderá tanto retrasar como adelantar en veinticuatro horas los partidos oficiales.

Artículo 71.- Normas relativas a la inscripción y alineación de futbolistas. Licencias.

Para los clubes que tengan equipos dependientes, según define el artículo 69 de la presente Sección 1ª, de este Capitulo, regirán las siguientes normas en lo referente a la alineación de futbolistas:

1.- Este apartado queda sin contenido.

2.- Los futbolistas menores de veintitrés años adscritos a equipos dependientes de un club, según se define en el artículo 69.1 precedente, podrán intervenir en categoría o división superior y retornar a la de origen, en el transcurso de la temporada, sin ninguna clase de limitaciones, salvo las que en los apartados siguientes se indican:

a) Los jugadores con licencias PB, B, AL e I, podrán alinearse en la categoría inmediatamente superior, con la licencia que originariament e le fue expedida, siempre que hayan nacido en el año natural posterior a lo establecido como mínimo para cada una de las categorías.

b) Los futbolistas cadetes, con quince años cumplidos, pueden jugar en competiciones de juveniles u otra categoría superior, con la licencia que les fue expedida originariamente.

c) Las licencias “C” e inferiores, facultan para actuar en todos los equipos del club que los tenga inscritos, siempre que lo sean de división superior.

3.- Tratándose de competiciones distintas a los Campeonatos de Liga, el número de futbolistas que se alineen en un equipo superior, procedentes de equipos dependientes, no podrá exceder de tres, pero respetando en todo caso lo que dispone el artículo 242.1 y 2 del presente Reglamento.

4.- En competiciones por sistema de eliminatorias en los que puedan intervenir los equipos pertenecientes a divisiones distintas, solo podrá participar el primero del club principal, quedando excluidos los equipos dependientes, salvo que las bases de competición modifiquen esta norma.

5.- Una vez finalizada la primera vuelta de una misma temporada, los futbolistas con licencia “J” e inferiores, que hubieren sido originariamente inscritos en el equipo principal o dependientes de un club y hubieren causado baja en el mismo, no podrán darse de alta en equipos del mismo club de categoría inferior a aquel en el que primeramente fue inscrito, en número superior a cuatro futbolistas por equipo.

Sección 2ª. Clubes Filiales.

Artículo 72.- Cuestiones generales.

1.- Los clubes podrán tener entre sí convenios de filialidad, siempre que pertenezcan a la F.F.C.V., que el patrocinador milite en categoría superior a la del patrocinado y que éste obtenga la expresa autorización de la Asamblea de su club, extremo este último que deberá notificarse a la F.F.C.V. y, en su caso, a la R.F.E.F., si se tratare de un club de categoría nacional.

2.- La relación de filialidad solo podrá convenirse al término de la temporada de que se trate y no más tarde de las cuarenta y ocho horas ant eriores al inicio del campeonato en que participe el patrocinador, debiendo formalizarse por escrito firmado por los Presidentes de los clubes afectados, que se trasladará a la F.F.C.V., a la R.F.E.F. y a la Liga Nacional de Fútbol Profesional si uno o ambos clubes estuvieron adscritos a ésta.

3.- La situación de filialidad tendrá la duración que se establezca en el correspondiente convenio y se entenderá tácitamente prorrogada si, a su vencimiento, no hubiera denuncia de la misma.

4.- El vínculo de filialidad no podrá resolverse en el transcurso de la temporada y al término de la que se produzca tal resolución, ésta no enervará, para la inmediatamente siguiente, las consecuencias competicionales derivadas de la condición de patrocinador y filial en que actuaron los clubes.

Artículo 73.- Denominación.

Los clubes filiales no podrán tener la misma denominación que la del club patrocinador, éste último solo podrá disponer de uno de aquellos en cada una de las divisiones de la categoría territorial, excepto tratándose de las de juveniles o de las inferiores a éstas. Ningún club filial podrá a su vez ser patrocinador de otros clubes.

Artículo 74.- Subordinación en el orden competicional.

La situación competicional de los equipos interdependientes, ya sea por relación de filialidad o de dependencia, quedará siempre subordinada a la de los equipos del club patrocinador, de tal suerte que el descenso de uno al grado de otro, llevará consigo el de éste último al inmediato inferior; tampoco podrá integrarse un equipo filial en la categoría superior, si en ella participa alguno de los equipos dependientes del club patrocinador o bien este mismo, aunque obtuviese el ascenso, en cuyo caso tal derecho corresponderá al inmediatamente mejor clasificado, con las excepciones que se pudieran producir de acuerdo con lo previsto en este Libro.

Artículo 75.- Relación de filialidad. Fraude de Ley.

1.- La relación de filialidad no podrá servir de instrumento para eludir disposiciones reglamentarias, ni para cualquier finalidad distinta de la específica y propia de aquella situación.

2.- Todo eventual pacto de esta naturaleza se considerará como una interpretación en fraude de las disposiciones reguladoras de la filialidad y, por tanto, será nulo.

Artículo 76.- Alineación de futbolistas. Sus consecuencias.

El vínculo entre el club principal y los filiales, en lo que respecta a la alineación de futbolistas, llevará consigo las siguientes consecuencias:

a) Los futbolistas podrán alinearse en cualquiera de los equipos que constituyen la cadena del patrocinador, siempre que hayan cumplido la edad requerida en la categoría y que se trate de un equipo superior al que estuvieren inscritos. Cuando se produzca la circunstancia prevista anteriormente, el futbolista podrá retornar a su club de origen salvo que hubiere intervenido en el superior en diez encuentros, de manera alterna o sucesiva, en cualesquiera de las competiciones oficiales en que éste participe, sea cual fuere el tiempo real que hubiesen actuado. Se exceptúa de este cómputo los jugadores con licencia J, C, I, AL, B, PB, y FB.

b) No podrán hacerlo sin embargo en las cuatro últimas jornadas del campeonato en que participe el equipo de orden superior, salvo que hubieran actuado en todas y cada una de las cinco anteriores o, a lo largo de la temporada, en diez ocasiones. Esta limitación no se tendrá en cuenta para los porteros.

c) Si la intervención de futbolistas de los filiales fuera en el primer equipo del patrocinador, aquellos deberán ser menores de veinticinco o veintitrés años según su licencia sea, respectivamente, de profesional o de aficionado.

d) Tratándose de competiciones distintas a los Campeonatos de Liga, el número de futbolistas que se alineen en un equipo superior, procedentes de filiales, no podrá exceder de tres, pero respetando en todo caso lo que dispone el artículo 242.1 y 2 del presente Reglamento.

e) En Competiciones por sistema de eliminatorias en los que puedan intervenir los equipos pertenecientes a divisiones distintas, solo podrá participar el primero del club principal, quedando excluidos los filiales, salvo que las Bases de competición modifiquen esta norma.

CAPITULO IV.- De la publicidad.

Artículo 77.- Autorización.

1.- Los clubes, siempre que concurra el requisito previo de que así lo acuerde su Asamblea General, están autorizados a que sus futbolistas utilicen publicidad en sus prendas deportivas cuando actúen en cualquier clase de partidos de competición.

2.- La publicidad que exhiban los futbolistas solo podrán cons istir en un emblema o símbolo de marca comercial y, bajo el mismo, palabras o siglas alusivas a aquella, sin que el tamaño del símbolo pueda exceder de dieciséis centímetros cuadrados, ni de doscientos el de las siglas o palabras, debiendo figurar, unos y otras, en todo caso, sólo en la parte delantera de la camiseta.

3.- No se considerará publicidad la exhibición del emblema símbolo y leyenda de la marca comercial propia del fabricante de la prenda deportiva siempre y cuando sus dimensiones no excedan, en su conjunto, de una superficie de quince centímetros cuadrados.

Artículo 78.- Prohibiciones.

1.- La publicidad no podrá hacer referencia a ideas políticas o religiosas, ni ser contraria a la Ley, a la moral, a las buenas costumbres o al orden público. Tampoco podrá anunciar bebidas alcohólicas o tabaco y, en ningún caso, podrá alterar los colores o emblemas propios del club.

2.- Los distintivos o emblemas del club que figuren en las camisetas de los jugadores, no podrán contener otra leyenda que la denominación de aquél.

3.- Los árbitros consignarán en Acta cualesquiera irregularidad que adviertan en cuanto al cumplimiento de las normas para el uso de publicidad y si se producen, serán sancionados los clubes por el órgano competente, en aplicación de lo dispuesto en el presente Reglamento.

© Vicent Masià. Mayo 2011.

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