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Historias de Fútbol

 

I Jornadas de Historia y Deporte.
Conferencias Fundación Sevilla F.C.

 

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El pasado 14 de febrero y con motivo de las “I Jornadas sobre Historia y Deporte”, organizadas por la Fundación Centenario Sevilla Fútbol Club, tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla una magnífica conferencia donde se expusieron con todo tipo de detalles las vicisitudes que dieron en primer término origen al Sevilla Fútbol Club en 1890 y posteriormente a su consolidación en 1905.

Absortos por tan incomparable marco, el acto partía con dos testigos de fondo que con su muda presencia parecían querer ser testimonio de lo que allí se iba a contar para dar fe de lo ocurrido: de un lado un inmenso cuadro de Carlos III, un rey español recordado por todos tras comandar la época de la Ilustración y abrirnos las puertas para convertirnos en una sociedad moderna cuyas obras todavía subyacen en la memoria colectiva y, en el centro, otro cuadro, en esta ocasión de nuestro actual monarca, Juan Carlos I, garante de la unidad del pueblo español y figura de obligada presencia.

Acompañados con personajes de tanta trascendencia y en medio de un salón con igual carga histórica el acto no podía discurrir por otros cauces que fueran los meramente históricos y así, a las 16:30, hora oficial prevista, se iniciaba la conferencia con la representación del rectorado universitario y D. Carlos Romero, portavoz del Área de Historia del Sevilla Fútbol Club, quienes hicieron una perfecta y suculenta introducción de los motivos por los cuales se había convocado la Jornada y de lo que de ella se esperaba para el sevillismo y para el conjunto de la ciudad.

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Tomó a continuación la palabra D. Miguel Ángel Moreno, gran periodista colaborador de SFC TV y SFC Radio, quien realizó magistralmente la labor de moderador encargándose de presentar de forma sintetizada, pero sin perder un solo detalle, a cada uno de los ponentes, iniciándose la rueda de ponencias que se desarrolló de la siguiente forma:

1º) La Prensa Sevillana en los inicios de la Era de los Deportes, por D. José María Aguilar Rodríguez, periodista de ABC Sevilla. Conocido popularmente como “el Niño”, José María hizo un extenso repaso de cómo aparecen los primeros periódicos en época romana, cómo surgen en España, además de cuáles fueron las vivencias de los rotativos hispalenses en la ciudad de Sevilla entre 1890-1905 y algunos de los años anteriores y posteriores a esta etapa, dejando constancia de su sabiduría en este aspecto al reseñar lo difícil de aquellos tiempos respecto al deporte y el trato que este recibía por parte del periodismo, muy distante con un movimiento que iba a convertirse apenas unas décadas después en todo un fenómeno para las masas.

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2º) El Derecho de Asociación y la Ley de Asociaciones de 1887. Constitución y Registro, por D. José Manuel García-Quilez Gómez, abogado de Montero y Aramburu, profesor de Derecho Mercantil de la Universidad de Sevilla. José Manuel tuvo que lidiar con la res más brava: la jurídica. Experto en esta materia, se desenvolvió como pez en el agua y con un lenguaje fácil y cuotidiano, alejado del temido argot empleado en el círculo jurídico, nos transmitió con sumo esmero y esquisitez cómo era la Ley general en aquellos tiempos, cómo la Ley se adapta al deporte y el trato que se le empieza a dar a un mundo todavía en pañales donde el “sport” es cada vez más un asunto menos elitista y más popular.

3º) Los Orígenes Escoceses del Fútbol Español. Los Protoclubs. El Caso del Sevilla Fútbol Club, por D. Vicent Masiá Pous, investigador y director de La Futbolteca.com. Nuestro compañero Vicent, experto conocedor del fútbol español, revisionista y voz cualificada para estos menesteres, hizo hincapié con una óptica transparente de cómo los británicos escoceses tomaron la iniciativa en España para asentar el fútbol, cómo surgieron los clubs primitivos o “protoclubs” dando forma o paso a los grandes clubs históricos de la actualidad y finalmente por qué el Sevilla Fútbol Club fue constituido en 1890 como una sociedad exclusiva y meramente futbolística, cuáles son las pruebas que lo confirman rotundamente y la libre elección que tiene el sevillismo para determinar su futuro y… su pasado.

Tras un meritorio descanso para todos los asistentes en el que aprovechamos para tomar algo de fuerza, estirar las piernas y memorizar todo lo que nuestras mentes habían asimilado durante las tres primeras ponencias, llegó el momento de la cuarta exposición.

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4º) La Ciudad de Sevilla y el Origen del Sevilla Fútbol Club, por D. Rafael Sánchez Mantero, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla. Rafael, hombre lúcido y con una capacidad dialéctica fuera de duda, nos hizo un retrato pormenorizado de la ciudad en aquel periodo aportándonos pinceladas de los diferentes estratos sociales, de una ciudad romántica por excelencia en ojos de extranjeros y de cómo Sevilla estaba pasando por un momento de transición de una ciudad degradada con un pasado esplendoroso todavía añorado, a una ciudad moderna con luz, agua potable, electricidad y una reconstrucción urbanística proyectada para su salubridad. Entre tanta innovación el Sevilla Fútbol Club tenía que aparecer en algún momento pues los mimbres para llevarlo a cabo estaban sobre la mesa y solo hacía falta un buen artesano para darle forma.

Concluidas las cuatro ponencias con las cuales todo el público asistente obtuvo una visión global de su ciudad entre 1890-1905, de cómo aparecen los británicos, traen consigo el fútbol, cómo lo expanden y cuáles fueron los pasos jurídicos que las distintas sociedades deportivas decimonónicas tuvieron que soportar para adaptarse a la legalidad española, tuvo paso una Mesa Redonda, lamentablemente breve por cuestiones de horario, en la cual cada uno de los ponentes respondió a una pregunta realizada por el moderador, Miguel Ángel Moreno, matizando parte de lo expuesto en la jornada vespertina y reforzando con más datos si cabe lo anteriormente comentado.

Como punto final y cerrando un acto memorable por cuestiones obvias en especial para el sevillismo, pero también para el fútbol español, D. José María del Nido Benavente, Presidente del Sevilla Fútbol Club, tuvo el honor de dar un breve, pero muy significativo discurso de clausura en el cual, sin salirse una coma de lo recogido en el artículo del 17 de marzo de 1890 de “The Dundee Courier“, como jurista dijo que en la Universidad lo primero que aprendió de los actos declaratorios es que han de ser sencillos y literales, apelando continuamente a la nota del cronista originalmente escrita en inglés quien decía “Hace seis semanas se constituyó el “Club de Football de Sevilla”. Sus cargos fueron debidamente elegidos y se decidió que deberíamos jugar bajo la reglas de la asociación…”.

El acto celebrado el día 14 de febrero de 2013 en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla no es un punto y aparte, ni un punto y final para el Sevilla Fútbol Club. Es un punto y seguido, el primer párrafo de una historia que debe fedatar la verdadera fecha de nacimiento del Sevilla Fútbol Club en el 25 de enero de 1890, quedando el mantenido 14 de octubre de 1905 como el de oficialización conforme a la legalidad española según dictaba la Ley de Asociaciones de 1887.

Como acertadamente dijo el Presidente, “los sevillistas debemos vanagloriarnos de que tan prestigios ponentes oficialicen a través de los datos que hoy se han dado aquí, el nacimiento de nuestra entidad”, recordando que “yo he dicho muchas veces, desde que llegue al cargo de presidente, que el Sevilla será lo que los sevillistas quieran que sea… Creo que el Área de Historia del club, y refrendado por el catedrático Sánchez Mantero aún con mas valor, han hecho un trabajo que sólo se puede hacer desde el conocimiento y el sentimiento”, unas palabras a las que nosotros, La Futbolteca, si se nos permite añadimos que el Sevilla Fútbol Club también será en su origen lo que sus socios deseen porque en sus manos hemos puesto las pruebas definitivas y contrastadas para que puedan elegir libremente sin que terceros elijan por ellos ni les digan cuándo nacieron. Eso, ha quedado atrás para siempre.

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El Sevilla Fútbol Club cuenta desde ahora no con un detallado informe, sino con dos: Uno redactado por el Área de Historia del propio club, una memoria extensísima con todo lujo de datos, comentarios en primera persona de los protagonistas, notas, fotografías y descripciones, y otro redactado por La Futbolteca, un equipo de investigadores totalmente neutral que desde la distancia pero con total rigurosidad y profesionalidad, hemos entregado al club para que entienda el por qué de las cosas, por qué sucedieron como sucedieron y cuáles son las conclusiones que se pueden extraer.

Ambos dossiers, tanto el argumentado por el Área de Historia del club como el elaborado por el equipo de La Futbolteca, son lo bastante completos, contundentes e irrefutables para certificar que el Sevilla Fútbol Club fue constituido el 25 de enero de 1890 y que es el mismo club que el oficializado el 14 de octubre de 1905, que dar el paso contrario, es decir, negar que sean el mismo y deshacer el camino recorrido, es IMPOSIBLE, tan imposible como negar que existen la noche y el día, que existen la luna y el sol o que es necesario respirar para vivir.

El trabajo desarrollado por el equipo de La Futbolteca, el que hemos confeccionado nosotros, no es fruto de un mes ni de un año de trabajo, sino fruto de más de una década de investigación acelerada en los últimos tiempos. Conocemos el caso del Sevilla Fútbol Club desde hace muchísimos años atrás, sabíamos lo que había detrás al igual que sabemos que lo saben otros quienes lo niegan, pero como profesionales no podíamos errar lanzando una notícia que era incompleta y de la cual nos faltaba una sola prueba para cerrar el círculo: su constitución. “The Dundee Courier” es la guinda del pastel, la prueba con la que se gana definitivamente el caso y contra la cual uno debe inclinarse por ser suprema e inquebrantable.

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Como ya hicimos extenso al conjunto de sevillistas que nos acompañaron en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla y luego personalmente al Presidente, D. José María del Nido, el pasado y el futuro del Sevilla Fútbol Club está en las manos de su afición, así que pueden hacer uso de nuestro dossier como crean oportuno porque para ustedes ha sido elaborado.

© La Futbolteca.com. Febrero 2013.

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titular HF Sevilla FC 1890

por Vicent Masià

 

La Futbolteca y el revisionismo histórico

La Futbolteca, nombre tomado por un reducido grupo de historiadores y personas que como quien les escribe, investigamos en el fútbol español, tiene entre sus múltiples funciones una en especial donde nos volcamos todos con apasionada dedicación: el revisionismo histórico.

El revisionismo histórico, tan denostado por unos y tan aplaudido por otros, cuando de una historia nacen miles y al final es casi imposible discernir la verdad de la fantasía o de los hechos no consumados, es un recurso ineludible en cualquier historiador que se precie o persona con inquietud por averiguar una circunstancia del pasado que le atrae profundamente pero que, a la vez, anda llena de espesas ramas que no dejan ver con meridiana claridad qué hay tras estas.

El estudio académico, puramente científico, con nuevos datos y más puntos de vista coetáneos hasta los entonces dominados, abre un extenso abanico de posibilidades que entierra de forma concluyente aquellos extractos poco precisos, sesgados o de uso peyorativo con fines privados o quién sabe si políticos que han convertido la Historia en historieta.

Esta herramienta nos servirá en el presente artículo como instrumento de precisión para que el historiador o investigador, como hábil cirujano, la haga servir con suma maestría para desmenuzar, negro sobre blanco, un episodio clave en la historia del fútbol español: el del Sevilla Foot-ball Club de 1890.

Introducción

Pertenecer a un club es un orgullo muy grande que a menudo trasciende de padres a hijos y en algunas ocasiones alcanza hasta varias generaciones. Quedar enrolado en un club y acudir cada dos semanas al estadio para ver jugar a los once jugadores que sobre el verde tapiz del terreno de juego forman tu equipo frente a otro que nos visita es un placer que nos presenta la vida. El club de cada uno es un miembro más de nuestra familia, de nuestro entorno social, local, regional, hasta incluso un apéndice de nuestro ser que nos influye marcando nuestra personalidad y estado de ánimo. El club es casi una religión y algo más: un sentimiento, como nuestra tierra, como los valores que nos inculcaron nuestros padres y a ellos nuestros antepasados, algo que nos ata a unos colores y a un escudo de por vida y llevamos con nosotros hasta después de la muerte, si es que hay algo más tras esta.

Sin embargo el club en el cual nos sentimos tan identificados y que nos ha acompañado o le hemos acompañado desde que tenemos uso de razón en el caso de ser una sociedad con larga historia, no siempre ha estado ahí. El fútbol, y con él los clubs, es un deporte con apenas un centenar largo de años de historia. Tan siquiera lo creamos o le dimos forma los españoles, aunque se nos da bien jugar a ello –bueno, al algunos más que a otros-, y tuvieron que ser ciudadanos británicos de origen inglés o escocés mayoritariamente quienes nos enseñaran sus virtudes y a apreciarlo para convertirlo, por qué no, en algo ya nuestro.

Esta relativa juventud del fútbol en la historia española con juegos de pelota mucho más arraigados como las distintas variantes de pelota a mano practicadas en el norte y este peninsular, o de mesa o salón en toda nuestra geografía como son los naipes, los dados, etc., hicieron que en un principio a consecuencia del lugar de procedencia de los nativos británicos con su actitud reservada, poco integrable y aislacionista, pasase casi por completo desapercibida para los periodistas decimonónicos y españoles en general, más preocupados en otros temas como los quehaceres sociales cuotidianos, el trabajo, alimentar a la familia y otras actividades lúdicas alejadas de correr tras una pelota, sudar mucho y padecer el riesgo de romperse una pierna o brazo.

El fútbol ni era bien visto ni era comprendido por los españoles. Era algo extraño, algo ajeno en lo que no participábamos y un juego demasiado moderno ni qué decir alejado de nuestras costumbres. Con estas premisas y sin un acelerador que le diera un empujón era muy complicado que cuajase y se inmiscuyese en nuestras vidas. El deporte, y en este caso el fútbol, nace como tantísimas otras actividades en el pueblo, en la calle, pero hasta que no llega a un cierto estamento social, digamos pudiente que perfecciona las reglas iniciales y le da un esquema normalizado, una estructura sólida, no triunfa. Luego recorre el camino inverso: pasa de las capas sociales más altas a las más bajas y es entonces cuando se populariza.

En todas las localidades españolas donde los británicos se establecieron y jugaron al fútbol en el último cuarto del s.XIX sucedió lo mismo: ellos jugaban y nosotros mirábamos. Para aprender sus reglas y jugar había que sintonizar con ellos y la única solución era o hablar su misma lengua -el inglés-, algo complicadísimo, o trabajar con ellos y que les faltase alguien en vistas a echar un partidillo. No cabía otra porque pelotas de fútbol en España ni había ni sabíamos hacerlas, a no ser que algún español tras realizar estudios universitarios en el Reino Unido y de vuelta al país trajese una como sucedió en más de una ocasión.

 

I Parte

La prensa histórica ante el Sevilla Fútbol Club SAD

La inicial, confusa y escasa repercusión de los deportes británicos

Para entender la divulgación y extensión de un deporte, en este caso el fútbol, no hay que hacerlo desde la óptica del mundo actual en el que las noticias y acontecimientos van de un país a otro en apenas unos segundos gracias a los grandes sistemas de comunicación de los que afortunadamente disponemos, sino que hay que ponerse chaqueta y bombín, acicalarse el bigote y extrapolarse mentalmente a aquellos tiempos poniéndonos en la mente de aquellas personas con lo que sabían, su educación, sus costumbres y en definitiva, su mundo.

Para los periodistas de la época los británicos eran gente extraña, personas que andaban siempre en grupo, hablaban una lengua desconocida, se ponían en paños menores para divertirse haciendo ejercicio y cuando terminaban tomaban cerveza, mucha cerveza. Lo que hacían o dejaban de hacer a la inmensa mayoría de los españoles no nos preocupaba y los periodistas, como una extensión de la sociedad de aquí, no reparaban en las prácticas deportivas de aquellos emigrantes que se ganaban el pan a varios miles de kilómetros de su tierra. Incluso el deporte de los españoles en sus distintas disciplinas apenas tenía cobijo en un par de líneas escritas de vez en cuando. ¿Cómo se iban a fijar en el fútbol y encima darle cabida en un periódico?

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Hasta finales de los años ochenta del s.XIX las referencias en cuanto a prácticas de juegos de pelota por parte de los británicos son más bien escasas y además sobradamente confusas. Dentro de los juegos de pelota existen varias disciplinas como son el cricket, el polo, el football rugby, el lawn-tennis, el football association o el golf y en las crónicas casi nunca se especifica de qué se habla salvo muy raras excepciones. La mezcolanza en algunos casos de patadas, golpes, cargas, puntapiés y conducción de una pelota entre las manos o los pies aparece bajo muchos relatos que van precedidos del término football, algo que nos indica que aquellos hombres o bien jugaban a rugby o bien a un fútbol primitivo donde las reglas todavía no estaban depuradas.

Leer una crónica donde se habla de juego de pelota sin más e intentar ver detrás la existencia de un club de fútbol o una sociedad que practica fútbol es una afirmación temeraria si no se tienen más datos que lo avalen. Puede tratarse de cualquier deporte donde haya una pelota mediante y aún tratándose de británicos desconocemos de qué disciplina se trata, quiénes la ponen en práctica y si se trata de una asociación o de un grupo reducido que deciden pasar un rato de distracción. Para vincular una práctica a un determinado club hay que demostrar que esta sociedad está convenientemente constituida mediante un acta o un reflejo publicado en prensa, que está estructurada con un presidente, un secretario y un tesorero, y que hay socios que mantienen sus gastos. Ante todo aquel movimiento que aparezca disfrazado como juego de pelota hay que ser extremadamente cauto y no lanzar las campanas al vuelo atribuyéndole una sociedad a la sombra o un cariz indiscutiblemente futbolístico porque no tener pruebas es como no tener nada. Sólo palabras.

La prensa y su papel como difusora del fútbol

Si el fútbol necesitaba un espaldarazo definitivo para asentarse y empezar a ser conocido, este se lo dio la prensa. Este medio de comunicación fue un arma indispensable para llegar a las masas, como vital es el uso de la publicidad hoy en día para vender productos, información o cualquier cosa que reporte ingresos. El acercamiento de la prensa al fútbol en la última década del s.XIX fue fundamental y, no solo por la publicación de crónicas, algo inexistente hasta la fecha, sino por la vertiente cultural e histórico-social que esto significaba en una sociedad como la española que vivía de espaldas a este tipo de acontecimientos.

La aproximación y la atención que prestan los periodistas desde el punto de vista histórico es primordial para recabar datos de primera mano y estudiar hoy, pasados más de cien años, cómo llegaron el fútbol y otros deportes a España, cómo se formaron los primeros grupos de practicantes, cómo de estos derivaron los “protoclubs” o clubs primitivos y sobre todo cómo evolucionaron estos y cuáles fueron sus vicisitudes.

Las primeras crónicas futbolísticas, tan distintas de las que se firman en algunos medios actuales, estaban llenas de anglicismos, de términos británicos directamente relacionados con este deporte y plenos de una liturgia que en más de una ocasión, más que de un encuentro deportivo parecía tratarse el extracto de un hermanamiento o celebración con algún trasfondo de orden familiar. Sin embargo aquellos primeros relatos no estaban exentos de emoción y de grandes pinceladas de orgullo local. Al leer uno de aquellos escritos, los ciudadanos tanto de Huelva, Sevilla o Bilbao por poner algunos ejemplos, a pesar de que los principales protagonistas eran extranjeros en su gran mayoría, ya tomaban partido por el equipo de casa y llámese Huelva Recreation Club, Sevilla Foot-ball Club o Athletic Club, estaban pendientes de que la victoria debía ser para los “equipiers” que conocían y veían actuar de vez en cuando. Había nacido la afición por el fútbol, en cada encuentro se reunían varios centenares de seguidores y gracias a la prensa, aquellos que por una razón u otra no habían asistido, podían disfrutar de una información que suplía su ausencia y alimentaba su ego si iba acompañado todo de una victoria.

La distinta implicación de la prensa

Como todo el mundo sabe, la prensa escrita es un medio de comunicación que a través de una publicación impresa divulga con carácter diario, semanal, quincenal o mensual una serie de noticias de índole económica, social, política, deportiva, cultural, incluso de sucesos que afectan a una comunidad. Su función básica es informar al ciudadano, pero obviamente dependiendo de quién sea el grupo de personas que conduzcan el rotativo y sus ideales encontraremos detrás de estas publicaciones un intento abierto y manifiesto de persuadir, promover, formar una opinión, educar y entretener al lector. La publicación de una noticia, sea del segmento que sea, siempre obedecerá a un interés determinado y la empresa que promueva un periódico se encargará de estudiarla y ver la conveniencia o no de imprimirla.

El fútbol no adquiere interés en España hasta 1890 y la explicación es muy sencilla: el Campeonato de Liga de Inglaterra. El nacimiento durante la temporada 1888-89 del “Football League Championship” es un punto de inflexión que afecta a todos los emigrantes británicos que hay repartidos en todo el globo terráqueo. Gracias a él y a los determinados puntos que reúne como son la existencia de clubs con jugadores profesionales, grandes aficiones detrás, directivos al margen de la plantilla y grandes recintos para albergar a una masa de personas considerable -en algunos casos varias decenas de miles de personas-, el “Football League Championship” despierta la curiosidad e interés de los propios británicos y de otros países quienes asisten admirados a lo que este tipo de eventos son capaces de lograr.

A partir de 1890 la prensa española a nivel general empieza a dejar las primeras pinceladas de este deporte y aunque son pocos los testimonios, al menos sí reflejan que se reconoce su existencia. La prensa de alcance nacional como la editada en Madrid y Barcelona se hace eco de las noticias que vienen de Inglaterra, aunque la falta de percepción de todo lo que sucede en España debido al aislamiento de las comunidades británicas especialmente, ocasiona que se desconozca en absoluto que en el sudeste peninsular o en Vigo ya existan grupos de personas que juegan al fútbol incluso están arropadas bajo el techo de un club.

La tardía aparición del fútbol en Madrid hace que la prensa apenas preste atención a aquel grupo de muchachos que dan forma al Sky Foot-ball Club, mientras que en Barcelona y solo unos años antes, las referencias al Club de Regatas y a la Sociedad de Foot-ball Barcelona andan a la par que la madrileña. A finales del s.XIX esta tendencia cambiará con el surgimiento de burgueses que siguiendo los pasos de la modernidad entenderán que el deporte es un bien social, algo que debe cultivarse y sobre todo transmitirse y propagarse. La creación de sociedades deportivas o filo-deportivas será un hecho y la publicación de semanarios deportivos donde se relaten estos acontecimientos algo tangible.

La prensa onubense

El caso de la actitud de la prensa onubense respecto al fútbol es excepcional y no tiene parangón en España hasta varias décadas después. La ciudad de Huelva, capital de la provincia homónima, cuenta en 1890 con dieciocho mil habitantes y un periódico creado en 1880 denominado La Provincia. Este medio de comunicación se encarga de transmitir noticias de alcance nacional, sobre todo de carácter político y hechos sucedidos en Andalucía no dejando de lado una crónica diaria sobre las distintas noticias de alcance que genera la propia ciudad de Huelva. Sin embargo hay un hecho que la distingue del resto de capitales de provincia y que, con el paso de los años, se convierte en vital para su salud económica: la empresa Rio-Tinto Company Ltd.

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El alcance de la empresa minera en la ciudad y su provincia es enorme hasta el punto de ser la mayor fuente de ingresos y la actividad que más empleo genera. Su importancia traspasa el ámbito provincial y el Estado es uno de los principales beneficiados, siendo la influencia sobre la sociedad onubense tan notable que la prosperidad que experimenta Huelva a raíz de la presencia de la empresa británica es incuestionable. El poder y el radio de acción de los británicos determinan la política onubense, la construcción de edificios, el fomento de sociedades deportivas, culturales, la conmemoración del Descubrimiento de América en su IV Centenario y cómo no la financiación de numerosos eventos.

La prensa de Huelva no puede vivir al margen de esta importantísima comunidad y La Provincia, el diario local, presta una destacadísima atención a todo lo que en ella se genera hasta el punto de relatar los viajes de ida y vuelta de los británicos a su tierra, los eventos sociales como cumpleaños de S.M. la Reina Dª Victoria y actividades lúdicas durante las fiestas de septiembre, o los distintos bailes de salón que semanalmente se realizan en el Hotel Colón. Bien sea en correcto inglés o en su defecto, traducido al español, los británicos emplean la plataforma que les ofrece La Provincia como tablón de noticias oficial en el cual dar a conocer su vida social.

Deportes de importación británica como el cricket, lawn-tennis, football, golf o polo se convierten de repente en noticiables y La Provincia, aunque de ámbito local y con apenas percepción por el resto de España, es el periódico que más labor hace en la difusión del fútbol a nivel nacional. Aunque con algunas notas futbolísticas antes de la constitución del Huelva Recreation Club el 18 de diciembre de 1889, La Provincia se convierte desde esta fecha en el órgano difusor de todo lo que se genera en torno a la actividad de este club, describiéndose el antes, el durante y el después de los encuentros que este club disputa frente a otros de la provincia como los de Minas de Riotinto y Tharsis, o los de otras provincias frente a los representantes de Sevilla, Málaga, Gibraltar e incluso algunos que no se mencionan pero se adivinan como los de Jerez de La Frontera y Cádiz.

La importancia de La Provincia no radica solo en descubrir cómo se origina el Huelva Recreation Club y quienes lo promueven, sino que a través y gracias a él se entiende el nacimiento del fútbol en España y en otras localidades al margen de Huelva y con anterioridad, Minas de Riotinto. Durante más de cien años hemos sabido de la existencia del fútbol en Sevilla, Tharsis, Minas de Riotinto y Málaga por la labor de este periódico y justo es el agradecer a los onubenses el gran trabajo realizado en este sentido.

8 de marzo de 1890: Sevilla Foot-ball Club vs Huelva Recreation Club

El encuentro disputado el 8 de marzo de 1890 en el interior del Hipódromo de Tablada de la capital hispalense entre el Sevilla Foot-ball Club y el Huelva Recreation Club es por ahora, y mientras no se encuentre otro documento que lo desmienta, el primer encuentro disputado en España por dos sociedades oficialmente constituidas en suelo español y además bajo las reglas de la Football Association. El Huelva Recreation Club, fundado el 18 de diciembre de 1889 y el Sevilla Foot-ball Club, fundado el 25 de enero de 1890 tienen ese honor, pero la Historia no se ha encargado por diversos motivos, de valorar del mismo modo a ambos protagonistas.

Así mientras el Huelva Recreation Club goza de un privilegio que le pertenece y nadie discute porque es suyo y es digno reconocérselo habiéndose encargado toda la ciudad de Huelva y el propio club en defenderlo, el Sevilla Foot-ball Club representa la otra cara de la moneda. Si en Huelva todo es cara, en Sevilla todo es cruz. Para empezar tradicionalmente han existido multitud de dudas en la propia ciudad hispalense acerca de la vinculación del Sevilla Foot-ball Club de 1890 con el Sevilla Foot-ball Club de 1905 dando por hecho sin un estudio pormenorizado que eran clubs distintos o al menos, interrelacionados. Nadie en Sevilla a lo largo de cien años se ha preocupado de analizar con todo tipo de detalle cómo surge el fútbol en la ciudad, cómo y quién lo mantiene en activo hasta 1905 y por qué causas se registra un Sevilla Foot-ball Club en 1905 habiendo desde quince años atrás otra sociedad con el mismo nombre, finalidad y componente social. El acomodo de la sociedad sevillana y sevillista conformándose con lo que algunos sevillistas han contado y otros no sevillistas han querido contar sobre ellos, ha sido una espada de Damocles con la que han cargado a cuestas inmerecida e ignorantemente que ha impedido un mayor conocimiento de su historia como club y como sociedad primigenia a la hora de difundir el fútbol en España.

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La falta de una prensa volcada en el club originado en 1890 que contase con pelos y señales quiénes fundan el club, de dónde proceden, dónde se juntan y de qué nacionalidad son sus miembros ha impedido durante un siglo entero saber a ciencia cierta en qué fecha se constituye el club, quién lo preside y si era un grupo de amigos como se nos ha “vendido” o un club con todas las de la Ley.

A pesar de que Sevilla era en 1890 una ciudad con ciento cuarenta y cinco mil habitantes, ninguno de los periódicos existentes prestó una atención fuera de lo común al fútbol y a lo que el Sevilla Foot-ball Club -su buque insignia- representaba para el fútbol local, andaluz y nacional. Periódicos como El Porvenir, El Tribuno, La Andalucía, El Baluarte o El Universal pasaron de puntillas con las noticias generadas por el club sevillano y así se limitaron a reproducir lo que el onubense La Provincia publicaba o a no decir nada como en la mayoría de las ocasiones sucedió. Otro periódico hispalense, El Mercantil, órgano de comunicación de la institución del mismo nombre y a la cual pertenecían la mayor parte de los socios del club de fútbol, tampoco fue más allá y, al contrario que sucede con el papel desempeñado por La Provincia con el Huelva Recreation Club, apenas ha dejado vestigios sobre el origen de la sociedad futbolística como si tuviera la menor importancia.

La lectura del 8 de marzo de 1890

El encuentro del 8 de marzo pese a su incuestionable importancia histórica deja muchas lecturas a posteriori que quizás no se han tratado con el grado de atención que requieren. De un lado no es igual el trato que se le da al “match” desde la prensa onubense, más implicada y detallista, que desde la prensa sevillana, menos comprometida. Para los onubenses es una noticia de alcance máxime cuando se trata del primer encuentro de fútbol que disputa su recién constituido club, una institución formada por británicos con gran peso social en la ciudad, mientras que para los sevillanos, habitantes de una ciudad más grande y con una menor dependencia respecto a empresas foráneas, es una rareza el que un grupo de hispano-británicos hayan constituido un club de fútbol y encima se enfrenten a una sociedad onubense de parecidas características.

Negar la importancia de este encuentro y conducirlo a otros derroteros interesados no es de recibo, ni por supuesto lo vamos a considerar siquiera, porque etiquetar a uno de los dos contendientes, el Sevilla Foot-ball Club, como un “equipo de ingleses” y no como una sociedad constituida es cuanto menos un atropello a la historia y una afrenta a las aficiones tanto del Real Club Recreativo de Huelva SAD como, por supuesto, del Sevilla Fútbol Club SAD, la parte ninguneada. Quienes abanderan esta digamos, “propuesta”, por decir alguna cosa, ¡en qué cabeza cabe esto!, deberían analizar profunda y detenidamente sus repercusiones puesto que negar que el Sevilla Foot-ball Club fue el rival del Huelva Recreation Club es también negar que el hoy Real Club Recreativo de Huelva SAD fue uno de los dos primeros clubs en España en disputar un encuentro entre dos sociedades legalmente constituidas, un honor del que evidentemente quedaría desposeído de seguirse esta trama.

El “match” de marzo visto desde el punto de vista que da analizarlo una vez transcurridos ciento veinte años, bajo nuestra opinión es injusto con el Rio-Tinto English Club, una sociedad creada en 1878 que juega al fútbol antes que los dos clubs mencionados. A tenor de las circunstancias lo más lógico hubiera sido para el estreno del club recreativo un enfrentamiento con el club de Minas de Riotinto o bien para el debut del club sevillano, un choque igualmente frente a los riotinteños, haciendo justicia con un club que les precede en antigüedad a ambos y lamentablemente ante la ausencia de una potente prensa local ha quedado reducido a ser un club pionero sin más. Y es que la Providencia y la Historia no tienen por qué entender de justicia.

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Los que sí tienen algo que ver con la Historia y mucho para conocerla y entenderla, son los historiadores y para estos el encuentro del 8 de marzo dice muchas cosas. Entre otras y al margen de las que atañen meramente a las más estrictamente históricas y que ya han sido convenientemente tratadas, emerge y se acrecienta la figura del Sevilla Foot-ball Club, una sociedad de la cual apenas se conoce poco o nada y que con los diversos tratamientos que históricamente se le ha dado desde la prensa de Huelva e incluso desde Sevilla al describírseles como Club Sevillano, Club Inglés de Sevilla, Club de Foot-ball de Sevilla, etc., ha pasado al olvido siendo considerado simplemente como algo anecdótico o un grupo de personas que jugaban al fútbol en lugar de la esencia y el primer paso dado por un club con vigencia actual: el Sevilla Fútbol Club SAD.

Para los historiadores y para aquellas personas que tienen interés en conocer la historia desde la modestia pero con la misma contundencia y exactitud que cualquier profesional, el Sevilla Foot-ball Club de 1890 una vez se descubre su participación en el encuentro de marzo de 1890, pasa a ser una referencia y un mito a estudiar, un objetivo para el cual entregarse apasionadamente y para el cual destinar un meritorio espacio de nuestro escaso tiempo de vida: un desafío. Leer en unas crónicas escritas hace más de un siglo que en una ciudad como Sevilla -como lo podría ser cualquier otra de nuestro país- había un club de fútbol con nombre y apellidos merece la atención de cualquier historiador. Veamos los resultados.

La Historia, el historiador, el Sevilla Foot-ball Club y el Sevilla Fútbol Club SAD

El mundo que envuelve la investigación en torno a la historia de los clubs es un mundo peculiar, privado y en ocasiones, demasiado personalista. El acto de investigar no requiere de un título universitario, no es un oficio ni hay que aprobar una oposición para poder acceder a determinados datos o documentos. La labor del investigador o historiador -como se prefiera- requiere de personas honestas que quieran cumplir con este papel ocasional por pura vocación o simplemente por placer, pues es un trabajo que tradicionalmente ha sido gratuito y altruista, muy pocas veces remunerado, siendo tan solo el interés por encontrar la verdad y contar la historia lo mejor posible para total conocimiento de una afición el gran premio y el único objetivo, quedando la contribución del historiador hacia el club como un gesto de amor hacia este por lo que le aporta.

Por estas razones cada club ha contado tradicionalmente con una o más personas a lo largo de su historia que empapadas con las experiencias vividas en primera persona, con lo contado por terceros, hurgando en libros, hemerotecas o procurándose entrevistas con personas relacionadas con un club, han intentado de mejor o peor forma, cada una a su estilo, narrar las vicisitudes de una sociedad futbolística.

Los historiadores que tratan la historia de un club hayan nacido o no en la localidad de origen de la sociedad, son fieles por naturaleza a ese club y nunca traspasarán la frontera de escribir la historia del club vecino en caso de existir o la del club de otra ciudad, a no ser que sea bajo un punto de vista completamente necesario o por dirigir una obra en donde se haga referencia a varias entidades por una determinada causa.

¿Por qué fijarse en el Sevilla Foot-ball Club de 1890 ahora y no antes? Decir que hace cincuenta, sesenta o setenta años atrás nadie se fijó en el origen del fútbol sevillano sería faltar a la verdad y por lo tanto mentir. Por supuesto que los historiadores sevillistas han profundizado e intentado indagar en el origen del fútbol en la ciudad, pero también es cierto que siempre han topado con la misma piedra: la falta de datos de la prensa decimonónica. Esta ausencia de documentos, la falta de testimonios por parte de los protagonistas del 1890 y quizás cierta escasez de predisposición y falta de visión de futuro por parte de los periodistas de la época anterior a 1905 en indagar con más ahínco en las raíces británicas del fútbol sevillano, han causado un secular desconocimiento de la realidad sevillista que de haber sido otras las circunstancias hubieran originado sin duda otro resultado bien distinto.

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Para cualquier aficionado que haya seguido la evolución del fútbol en España, entienda que este deporte tiene sus inicios en el sudeste peninsular y con un mínimo de observación haya reparado en cómo el Riotinto Foot-ball Club es una prolongación del Rio-Tinto English Club de 1878 y el Real Club Recreativo de Huelva SAD otra del Huelva Recreation Club de 1889, no tendrá problema alguno en advertir la posibilidad de que suceda lo mismo con el Sevilla Foot-ball Club de 1890 y el Sevilla Fútbol Club SAD de 1905. Eso es incuestionable e innegable y sólo la ceguera de unos cuantos puede evitar pensar en ello, con lo cual al historiador solo le queda un camino: investigar.

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¿Qué tiene de especial la historia del Sevilla Foot-ball Club que no se encuentre en otros clubs y la haga tan atractiva para ser estudiada? Francamente tres son las grandes respuestas: de una parte para los propios aficionados, socios y simpatizantes del Sevilla F.C. SAD, los principales beneficiados, es una cuestión de máxima urgencia e interés porque en ello les va conocer su pasado y despejar definitivamente todas las dudas generadas a lo largo de su ya dilatada historia. De otra es para los historiadores todo un reto porque significa hacer un enorme esfuerzo indagando en sitios recónditos, traspasando fronteras, dedicando muchísimas horas que se le restan a necesidades u obligaciones familiares y además un desafío al tener que ser cautos con lo que se descubre, con lo que se comparte y con lo que no se puede decir en un determinado momento aunque se sepa y sea importante para no enturbiar o desbaratar una operación. Finalmente, para el fútbol español es vital pues conocer la historia y el origen del Sevilla Foot-ball Club es conocer un eslabón importantísimo en el engranaje primitivo de este deporte en nuestro país.

La iniciativa del Sevilla Fútbol Club SAD

A lo largo de la historia el Sevilla Fútbol Club SAD ha disfrutado de grandes acontecimientos, pasado las de Caín y sufrido toda la clase de experiencias agridulces que tiene el fútbol. Por el club se han sucedido varias generaciones de aficionados, de presidentes…de directivos, pero históricamente todos han vivido sumidos en la creencia de que su entidad fue constituida un 14 de octubre de 1905. Todo el sevillismo se aferraba a esta fecha como el Día D, como el día uno de su vida dejando pasar por alto el fútbol practicado en 1900, en 1901, en 1902…, incluso yendo hacia atrás al importantísimo encuentro del 8 de marzo de 1890 y los sucesivos disputados en los años inmediatos.

Nadie miraba más atrás de 1905 y lo anterior era desconocido, apartado de su pensamiento como si no fuese con ellos, como si no les perteneciese y sí a otros que no se sabía quiénes eran ni de dónde venían. El sevillismo permanecía acomodado y conformista con su legado y nadie movía un dedo porque nadie sospechaba ni era capaz de poner en duda lo que siempre se había contado hasta que un día, como siempre ocurre en estas cosas, un hecho no relacionado con su origen pero sí con su historia, promovió que algunas personas entre las cuales encontramos a Juan Castro Prieto y el lamentablemente fallecido Agustín Rodríguez entre otros, empezaran a indagar en su pasado y a encontrar respuestas a preguntas que tan siquiera se habían formulado.

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Esta concatenación de descubrimientos inéditos no podía pasar desapercibida para el club ni tampoco para sus dirigentes. Era necesario que el Sevilla Fútbol Club SAD tomase cartas en el asunto y apoyase a aquellos quienes desinteresadamente y de forma particular tanto estaban haciendo en beneficio de la institución hispalense. Dicho y hecho desde la presidencia se dispuso de un local a favor de este minúsculo grupo de personas que publicadas algunas de sus indagaciones había ensanchado sus miras y sumado nuevos mimbres quienes, atraídos por lo allí hallado, querían aportar su granito de arena para engrandecer la historia de su club.

El grupito se convirtió en grupo y en Área de Historia para que con el aumento de caudal humano se incrementaran las pesquisas y los resultados. Profundizando en varios frentes y extendiendo la red sevillista en todo el mundo, la historia del fútbol en Sevilla debía manar del recóndito acuífero hispalense de un momento a otro. Todo era cuestión de tener paciencia y tranquilidad porque el trabajo estaba bien encaminado y había mucha fe depositada en ello.

La iniciativa de los historiadores

Como se apuntaba unas líneas más arriba, muy pocos historiadores se han aventurado a lo largo de la presencia del fútbol en España a indagar en la historia de clubs que no fuesen el de uno mismo y cuando lo han hecho, ha sido de puntillas y repitiendo lo que otros contaban sin aportar nada de su propia cosecha. Este paso, no carente de responsabilidad, es una materia reservada para unos pocos dada su complejidad, su nivel de exigencia y sobre todo al escaso reconocimiento que este trabajo suele tener por organismos tutelares en cuestiones balompédicas. En contraposición, el agradecimiento de la afición del club estudiado, la satisfacción por el trabajo bien hecho y el sentimiento de haber cumplido con un deber, son las únicas recompensas que se permite el historiador, persona que debe saber estar al margen de la magnitud de su trabajo pero a la vez lo suficientemente involucrado para que este tenga éxito.

En el pequeño grupo humano que formamos La Futbolteca somos conscientes de la importancia del tema que se está tratando y de las repercusiones a nivel futbolístico e histórico que se pueden derivar de los resultados obtenidos y de los que se van a obtener en el futuro, porque una investigación retrospectiva de este alcance nunca tiene fin y siempre hay resquicios no resueltos en su totalidad que necesitan ser atendidos por la escasez de datos que obran en nuestro poder. No obstante nuestra implicación y especialmente la de quien escribe el presente artículo, es máxima, absoluta. La historia del Sevilla F.C. SAD merece una atención extraordinaria porque hay mucho en juego repartido en varios frentes, es una de las piezas más determinantes que falta encajar en el puzle histórico del fútbol español y con su estudio, al igual que sucede con los clubs de Huelva y Minas de Riotinto, no solo damos sentido al origen de este deporte en nuestro país, sino que entendemos la idiosincrasia y coyuntura social de un momento muy importante en la historia de España como resulta ser el último tercio del s.XIX.

Como colectivo de investigadores y como especialistas en la vertiente histórica, La Futbolteca no puede dejar pasar la oportunidad de estar cerca de la línea de trabajo emprendida por el equipo que trabaja para el Sevilla F.C. SAD o de similares iniciativas tomadas en otros clubs de relevancia histórica como el Real Club Recreativo de Huelva SAD y el Riotinto Balompié. Al contrario, es una obligación y deber estar muy encima de cualquier movimiento en este sentido por el bien del fútbol y por su saneamiento histórico porque tal y como reza uno de nuestros lemas “confiamos en todos y no confiamos en ninguno”. La investigación, el trabajo bien hecho y el resultado final son lo que quitan o da la razón.

La existencia del Sevilla Foot-ball Club en 1890: un hecho incuestionable

La existencia de un Sevilla Foot-ball Club en torno a 1890 fundamentándonos en una parte gracias a los comunicados de la prensa y en otra a los documentos hallados, es un hecho a todas luces incuestionable. Aquí no caben medias tintas, ni medias verdades, ni confusiones con el nombre ni malabarismos malintencionados para restar importancia a una sociedad que nació con todas las de la Ley, con nombre, con apellidos y con todo lo que requiere un club legalmente constituido: presidente, secretario, tesorero y una cantidad de socios.

Cualquier interpretación en contra carece enteramente de sentido, máxime cuando las pruebas son tan contundentes, los escritos están ahí para su libre consulta, no nos los hemos inventado nosotros, vienen lo suficientemente claros para no albergar dudas y su transparencia allá hasta donde manejamos es inocua y libre de sospecha. Pretender negar la existencia de un Sevilla Foot-ball Club con todo lo que sabemos y en contra de la opinión de los profesionales que nos dedicamos a esto desde hace muchos años es grotesco y una falta de respeto primero para el sevillismo, por ser el club directamente afectado, en segundo lugar contra los historiadores, por intentar pasar por encima de toda la lógica, seriedad y profesionalidad con las que nos empleamos y en tercer lugar contra la historia del fútbol español, porque negar un hecho vital para entender el origen del fútbol en España es algo prohibitivo, repulsivo y que condenamos con todas nuestras fuerzas.

Ahora bien, que el Sevilla Foot-ball Club de 1890 y el Sevilla Fútbol Club SAD de 1905 sean la misma entidad es otro tema bien distinto cuyo calado social y deportivo necesita de un profundo estudio y de una pormenorizada investigación. De la misma forma que no se puede lanzar a los cuatro vientos que el Sevilla Foot-ball Club de 1890 no existe, tampoco se puede ir en el mismo sentido afirmando sin pruebas que hay una continuidad entre 1890 y 1905. Encontrar las pruebas concluyentes precisa de su tiempo, su dedicación, mucho trabajo, sacrificio, descartar líneas de investigación que no llevan a ningún lado, rebuscar en textos desapercibidos, perder horas de sueño, de contacto con la familia, hurgar en hemerotecas, establecer contactos con personas desconocidas y sobre todo, exhumar muchos documentos. Todo ello no se hace en un día ni en dos, ni extrayendo conclusiones precipitadas de un breve texto o incluso de una línea de un boletín. Hay que ser meticuloso, ordenado y aplicar todos los sentidos en lo que se realiza, teniendo muy buen ojo para no dejar cabos sueltos e ir al grano dejando la paja a un lado para que no moleste. Solo así se consigue avanzar y superar las adversidades que salen en el camino.

 

II Parte

Pruebas y evidencias

El gran reto del Sevilla Fútbol Club SAD con su más remoto pasado

Constatada al menos desde 1890 la existencia de un Sevilla Foot-ball Club y desde 1905 la de otro Sevilla Foot-ball Club, salta a la palestra una pregunta sencillísima pero de muy difícil respuesta: ¿Son el mismo club o no?

Tradicionalmente muchos historiadores se han formulado esta cuestión para sus adentros pero la evidente falta de información ha dado al traste con cualquier posibilidad de seguir investigando. La inconexión temporal, la falta de testimonios, los pocos datos a los que aferrarse junto a una lectura demasiado centrada en el 14 de octubre de 1905 y una acusada ausencia de pistas han sido unos enemigos demasiado grandes para el sevillismo, pero no hay mal que dure cien años y por fortuna, los nuevos tiempos y con ellos la nueva tecnología, están empezando a dar un giro de ciento ochenta grados sobre aquellos asuntos olvidados en el baúl de los recuerdos.

Desde hace unos años pesa sobre el Sevilla Fútbol Club SAD la acuciante necesidad de derribar muros del pasado y despejar de una vez todas las dudas generadas en torno a su presunta conexión con 1890 o desconexión definitiva con esa fecha. El grandísimo reto que se le presenta al club hispalense pasa por:

a) Encontrar la fecha de fundación exacta del primitivo Sevilla Foot-ball Club.

b) Localizar la junta directiva constituyente con presidente, secretario y tesorero.

c) Averiguar quiénes eran aquellos hombres y por qué se decidieron a dar vida al club.

d) Ver cuál era su interrelación personal o laboral.

e) Comprobar dónde se conocieron y qué les unía.

f) Explicar qué une al grupo de 1890 con el de 1905.

g) Comparar su relación con otros clubs de similares características.

Las nuevas tecnologías y el asociacionismo nacional e internacional

Encarar un reto de estas características obviamente no es tarea fácil ni ahora ni aún menos hace unas cuantas décadas atrás y no digamos si navegamos en el tiempo mucho más allá. Sin embargo, si algo ha cambiado y para bien desde el pasado hasta la actualidad es el mundo de la comunicación, un cambio que no radica solo en la información en sí, algo desde luego positivo y que en muchas ocasiones es nuestra única finalidad, sino en la posibilidad real de llegar hasta ella.

Las nuevas tecnologías como Internet nos abren las puertas de par en par para adentrarnos en ellas y bucear en busca de aquello que siempre hemos deseado encontrar y por nuestros propios medios nos era imposible o se nos hacía eterno. Internet es una herramienta excepcional para la investigación y como profesionales que somos en estas lides, no podíamos permitirnos el lujo de no reparar en ella.

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Gracias a estas innovaciones tecnológicas la dimensión que ha adquirido la investigación es espectacular y el mundo cada vez se nos hace más pequeño teniendo la posibilidad no sólo de indagar en España, sino también de exhumar documentos valiosísimos en el extranjero, un campo escasamente explorado en otras épocas y vital, según se precie, para ciertos asuntos que sean clave para nuestro interés.

Con Internet, la gran red comunicativa por excelencia, se fomenta el asociacionismo investigativo y por ende entre historiadores. Trabajar en equipo desde distintas localidades españolas para reforzar el empeño en conseguir un objetivo no es que sea posible, sino una necesidad incluso allende nuestras fronteras con historiadores radicados en Escocia, Nueva Zelanda o donde sea, recurso ineludible cuando las fuentes nacionales escasean y se intuye que pueden hallarse lejos de nuestro país. El historiador ha de emplear con acierto y atino todo lo que domina, pero cuando cierta información le es esquiva no ha de reparar en escusas y armado de osadía, tiene la obligación de apurar cualquier resquicio por presuntamente poco significativo que este sea porque como nos dice la experiencia: busca y hallarás.

El primer gran hallazgo: “The Otago Witness”

La primera de las consecuencias de todo el trabajo detallado anteriormente no se iba a hacer esperar y curiosamente no venía de al lado de casa precisamente, sino desde nada más y nada menos que 19.854 kms de distancia, en concreto desde la localidad de Dunedin, capital de la provincia de Otago, en Nueva Zelanda. En tan recóndita localidad un periódico denominado “The Otago Witness” (El Testigo de Otago), rotativo creado en 1851 a imagen y semejanza del escocés The Edimburg Witness, nos sorprendía con una inesperada pero ansiada noticia publicada el jueves 2 de abril de 1891 en donde se describía con todo lujo de detalles un encuentro disputado en Sevilla el sábado 27 de diciembre de 1890 entre las sociedades Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club -aunque ambos clubs no sean citados con su nombre oficial, sino con el de la ciudad que representan: Huelva y Sevilla respectivamente-, anfitrión este último del Hipódromo de Tablada junto al río Guadalquivir.

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Este primer testimonio de magna importancia nos desvela y aporta varias claves para nuestra investigación que refuerzan lo leído en las crónicas de los medios onubenses y sevillanos de la época y que, lamentablemente, no citaban estos como que el presidente del club hispalense es E.F. Johnston, que esta entidad se encuentra en floreciente estado y que el fútbol lleva varios años formando parte de los festejos de Navidad en Sevilla. Apenas se puede leer nada más significativo salvo las incidencias propias del encuentro, curiosas por cierto, pero desde la parte esencialmente histórica -la que nos interesa-, se desprenden varios mensajes que hemos de tomar con la importancia que se merecen:

a) Edward Farquharson Johnston, por entonces vice-cónsul británico en la capital hispalense, es el presidente del Sevilla Foot-ball Club. Conocer el nombre del máximo dirigente nos indica -por si ya no bastase con las diferentes lecturas encontradas en 1890 donde figura el nombre de Isaías White como secretario-, que la sociedad hispalense es un club legalmente constituido y que goza, cómo es lógico, de directiva.

b) La sociedad se encuentra en un estado floreciente. Hablar de club o sociedad, monta tanto como tanto monta, es reconocer la existencia de un grupo humano unido y organizado bajo una misma propuesta, en este caso futbolística, mientras que floreciente se traduce como recién constituido o con apenas un tiempo de vigencia, es decir, empezando a crecer.

c) El fútbol no es algo neonato en la Sevilla de 1890, sino que tal y como indica el propio cronista, es un deporte que desde hace años forma parte unos festejos tan entrañables como son los celebrados en Navidad.

Estos tres mensajes confirman y alimentan con nuevos apuntes las crónicas encontradas en 1890 donde es citado el Sevilla Foot-ball Club, de modo que al fin se conoce el nombre del presidente de la institución, uno de los objetivos que se plantean en la investigación, además que se obtienen otros datos que dan la razón a lo expuesto en 1933 por Daniel Young, uno de los primeros jugadores del Rio-Tinto English Club a principios de la década de los años ochenta decimonónicos, quien afirma con su testimonio privilegiado y en primera persona que él jugó en Sevilla con el conjunto minero durante esos años, que Navidad era una de las fechas escogidas para hacerlo y que el club sevillano vendría a constituirse con posterioridad al de la capital onubense, un hecho que con esta crónica todavía no puede ser debidamente contrastado.

El segundo gran hallazgo: “The Field”

Descubierto posteriormente al hallazgo del “The Otago Witness”, casi de inmediato y como resultado de las pistas encontradas en este medio de comunicación, el segundo gran logro sevillista es la misma crónica del 10 de enero de 1891 pero publicada y ampliada en el rotativo londinense “The Field”, relato periodístico original del encuentro disputado entre Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club el 27 de diciembre de 1890 y del cual se hace eco el periódico neozelandés “The Otago Witness” reproduciéndolo parcialmente.

La crónica de “The Field” es más completa y en ella se mencionan una serie de hechos que enriquecen nuestro conocimiento de la realidad de ambos clubs como que el vice-cónsul británico y a la vez presidente del club sevillano, Edward F. Johnston, ejerce de árbitro principal acompañado del Dr. Langdon, por parte del Sevilla Foot-ball Club y Bower por parte del Huelva Recreation Club, además de una nueva afirmación ya documentada antes en la cual el Sr. E.W. Palin, presidente del club onubense por entonces, manifiesta que su club se ha enfrentado a otro español e inglés -por el Sevilla Foot-ball Club-.

Este discurso del dirigente recreativista corrobora algo que ya se había leído en boca de los sevillistas cual era la procedencia nacional del once hispalense: mitad españoles y mitad británicos, punto que analizaremos más adelante.

El tercer gran hallazgo: “The Dundee Courier and Argus”

El tercer y enorme descubrimiento, el más importante con diferencia de todos los hallados, es la crónica publicada el 17 de marzo de 1890 en el periódico “The Dundee Courier & Argus” (El Correo de Dundee y Argus) sobre el primer encuentro disputado en España por dos sociedades constituidas: Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club, en concreto el 8 de marzo, un rotativo de la localidad escocesa de Dundee creado en 1801 para la ciudad y su área metropolitana donde se encuentra la pieza más codiciada en la investigación: la fecha de fundación del Sevilla Foot-ball Club.

Haciendo justicia al nombre del gigante con mil ojos de la mitología griega, Argos, el periódico escocés nos desvela al fin como vigía expectante de todo lo que sucede en el mundo, el gran misterio sobre el que planea nuestra investigación y hasta la fecha siempre se nos ha resistido. La crónica no ofrece dudas, está escrita en primera persona en tiempo real por uno de los miembros fundadores del Sevilla Foot-ball Club, publicada en un rotativo escocés, país de procedencia de la gran mayoría de emigrantes británicos que desembarcaron en España durante el s.XIX para reavivar la depauperada economía nacional e increíblemente parece estar redactada con toda la intención para que los historiadores, más de cien años después, consigamos saber en qué fecha exacta fue constituida la sociedad.

Lo aportado en esta confesión presenta una inmensa riqueza descriptiva por cuando nos da -aunque curiosamente enrevesada- la fecha concreta de fundación: el día antes del primer partido de entrenamiento (disputado un domingo) de hace seis semanas. Es decir, consultando un calendario y sabiendo que, aunque publicado el lunes 17 de marzo, el texto es escrito el día después del encuentro del 8 de marzo, todo hace indicar que es el sábado 25 de enero cuando se constituye el club.

Pero no todo queda ahí. La crónica no tiene desperdicio y de su lectura se desprenden más datos como que la idea de formar una asociación atlética parte de los británicos residentes en Sevilla, “residents of British origin”, que la mayor parte de sus socios trabajan en asuntos mercantiles y que supuestamente tienen contactos con los gestores del Hipódromo de Tablada para jugar en su interior donde se les permite montar las porterías, lugar a donde se desplazan como practicantes de “rowing“, remando. A continuación, aunque la idea de constituir una sociedad deportiva parte de los británicos, el cronista nos indica que la mitad de los socios es de nacionalidad británica y la otra española, que muchos de estos trabajan los sábados por la tarde y han de solicitar permiso a los jefes de sus respectivas empresas para entrenar este día de la semana, es decir, no todos los socios son asalariados de la misma empresa sino que trabajan para diversas, añadiendo que al encuentro acuden doce docenas de espectadores, o sea, alrededor de ciento cincuenta personas a causa de la lluvia, contratiempo que de no haberse producido hubiese concentrado a más curiosos.

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Siguiendo con el relato de los hechos llama poderosamente la atención una frase que nos deja perplejos: “It is only fair to state that the Huelva Club had never played together before”, es decir, “Es de justicia advertir que el Club de Huelva nunca había jugado junto antes”, lo que confirma que este era su primer encuentro digamos “oficial”, que era un club recientemente constituido y que sus miembros se desconocían o bien habían entrenado poco con antelación, una aseveración que en realidad nos está intentando decir que a Sevilla y por parte del Club de Huelva, acuden supuestamente tanto empleados de Huelva como de Minas de Riotinto para poder reunir un once con el cual poder enfrentarse a los sevillistas, algo lógico y repetido con antelación, puesto que en Huelva la comunidad británica era más bien reducida y quizás hacían falta refuerzos procedentes de la localidad minera para plantar cara a los hispalenses.

El encuentro lo arbitra el vice-cónsul británico en Sevilla y presidente del Sevilla Foot-ball Club, Edward F. Johnston, acompañado por los jueces de línea Sr. Langdon, médico del conjunto sevillano y E.W. Palin, secretario del onubense, destacando el cronista que cree entender que es el primer encuentro entre dos sociedades en el sur de España y uno de los primeros en el país sino el primero, hecho que le concierne carácter inaugural y que desea sea repetido en lo sucesivo en otras localidades con presencia británica.

La importancia histórica de esta crónica hallada en Escocia es trascendental y su nivel solo es comparable con la publicada en el periódico onubense La Provincia el sábado 28 de diciembre de 1889 en la que se describía el acto de constitución del Huelva Recreation Club apenas unos día antes. En este sentido la coincidencia es total pues, a falta de un testimonio directo como es un acta de constitución, ambos relatos periodísticos pueden ser tomados con entera naturalidad como tales, algo que hermana a ambas sociedades andaluzas hasta en el modo de ser reconocidas oficialmente.

El testimonio aparecido el 17 de marzo de 1890 en el “The Dundee Courier & Argus” demuestra sobradamente la existencia del Sevilla Foot-ball Club constituido el día 25 de enero de 1890, un antiguo y buscadísimo requerimiento histórico que queda satisfactoriamente cubierto con creces. Por lo que a nosotros respecta -a falta de un acta de constitución-, es una prueba sólida, irrefutable e irrebatible, esto es -y por si alguien no se ha enterado todavía, que los hay- una prueba ante la cual no hay nada que alegar, nada, una prueba definitiva y rotunda con la cual en derecho se ganan los casos solo con presentarla. Este testimonio, además, también va más allá de lo estrictamente constitucional y certifica al Sevilla Foot-ball Club como la primera sociedad con dedicación exclusiva al fútbol en España, por delante del Fútbol Club Barcelona como algunos pretenden, por lo que si alguien desea mantener a ultranza de forma injustificada cualquier escrito o publicación en contra de lo hallado y comprobado, tanto a nivel fundacional como a nivel de primer club de fútbol constituido en suelo español, bajo nuestra opinión estará de más y es exigible que sea bien rectificado o retirado de la circulación dado que su sustentación no obedecería ya a mantener ciertas dudas otrora razonables, sino a una obstinación o enrocamiento sin defensa alguna por parte de sus autores quienes, ya derrotados y abatidos por el peso de la historia, más que una duda, pasarían a enarbolar una quimera.

Sevilla Foot-ball Club de 1890 vs Sevilla Foot-ball Club de 1905

Superadas algunas cuestiones que durante años no habían tenido respuesta y permanecían archivadas en el cajón del olvido sin que nadie las atendiera, nuestras pesquisas pasan a centrarse obligatoriamente en el punto más relevante, comprometido, difícil y quizás conflictivo de nuestra investigación: demostrar que el Sevilla Foot-ball Club de 1890 es la misma sociedad que el Sevilla Fútbol Club de 1905.

Si el nivel de dificultad que entraña encontrar una fecha de constitución en la misma ciudad de Sevilla ha sido elevado y casi imposible dada la coyuntura anteriormente descrita, demostrar que los hombres que dieron vida al Sevilla Foot-ball Club de 1890 tienen una relación, son los mismos o convergen en un mismo punto de encuentro que los del Sevilla Foot-ball Club de 1905 es ya el súmmum de complejidad.

Hacer ver ante todo el mundo que una sociedad deportiva constituida en un determinado momento ya lo ha sido con anterioridad es un caso que adquiere el rango de especial dentro del fútbol, máxime cuando este tipo de sucesos se pueden contar con los dedos de ambas manos. Riotinto Balompié, Real Club Recreativo de Huelva SAD o Fútbol Club Barcelona son algunas de las pocas excepciones que nos podemos encontrar y un cuarto en discordia, el Sevilla Fútbol Club SAD, hasta ahora nunca había sido puesto al frente de esta tesitura dada la evidente falta de pruebas aunque todos los indicios hacían pensar en ello.

Involucrarnos en esta misión va a requerir de nosotros mucha exigencia para no errar, presentar numerosas evidencias que lleguen al club, a los aficionados, al resto de los clubs y cómo no, a la Federación Española y a la F.I.F.A., porque el proyecto es muy serio y ambicioso, pretende solventar definitivamente cualquier duda y sobre todo, busca dejar las cosas en su sitio, donde deben estar: en 1890.

Demostrado que en 1890 sí hubo un Sevilla Foot-ball Club y con pruebas a la misma altura que las presentadas por el Real Club Recreativo de Huelva SAD para justificar su constitución, unas pruebas las onubenses recordemos aceptadas por toda la comunidad futbolística de forma unánime a falta de un acta firmada, en lo que respecta a la opinión de La Futbolteca en este tema de carácter constitutivo no hay nada más que decir por su contundencia, con lo cual llegados a este punto damos el punto como zanjado y cerrado al no existir ya ni una sola duda razonable sobre la mesa en contra de la entidad hispalense.

Sin embargo y como es natural, el trabajo no se detiene aquí. No debe parar aquí. Hallada la prueba de constitución del Sevilla Foot-ball Club en 1890 y sabiéndose que hay actividad en la ciudad hasta la oficialización de un club con la misma denominación en 1905 y todavía vigente, es obligación moral de este último, el Sevilla Fútbol Club SAD, una sociedad seria con gran peso a nivel nacional e internacional y con una gran historia a cuestas, deber profundizar en sus raíces y llevar una investigación hasta el límite por respeto a sus socios. Que el Sevilla Fútbol Club SAD intente dar un paso más y busque “recuperar” su historia al completo sin parches mediantes como haría cualquier club en sus mismas condiciones es algo completamente legítimo y, la verdad dicha sea de paso, sería una auténtica dejadez no actuar en ese sentido.

En este empeño y en una sociedad avanzada como la española donde hay una Federación a nivel nacional y toda una estructura organizada desde hace cien años en torno al fútbol, el club no debe estar solo en esta lucha no ya solo por su propio interés -que lo tiene y mucho-, sino por el del colectivo del fútbol español. La historia del fútbol nacional no puede permitirse el lujo de hallar una prueba como esta y permanecer cruzada de brazos como si fuera una más entre tantas. Merece algo más y los historiadores o personas que en verdad sentimos una vocación real y totalmente transparente hemos de apoyar una investigación como esta por su importancia, por sus connotaciones y por su trascendencia. Tenemos que arrimar el hombro e involucrarnos para llegar hasta el fondo sea cual sea el resultado final, de lo contrario evadiremos nuestra responsabilidad y correremos el enorme riesgo de que temas como el que nos concierne caiga en manos inexpertas, o peor aún, con oscuras intenciones que dilapiden cualquier huella en pos de un turbio interés.

Pruebas y evidencias

¿De qué herramientas se sirve el Sevilla Fútbol Club SAD para demostrar que el club constituido en 1890 es el mismo que el oficializado en 1905? Pues de las mismas que podría emplear cualquier persona física en el mundo del Derecho Civil que alega algo: de las pruebas, ya que el principio establece que quien alega debe probar, un principio al que nosotros, los investigadores, le añadimos por nuestra cuenta las evidencias, un rastro a veces imperceptible que investigado a fondo siempre aporta algo más que información.

Tanto pruebas como evidencias son imprescindibles, cada una con su peso, para poder demostrar la verdad de un hecho, su existencia o contenido, todo ello de una forma clara y sin conceder pie a albergar cualquier sombra de duda. Las evidencias las emplearemos intuitivamente en base a nuestros fundamentos cognitivos, a nuestra experiencia, a lo que hemos aprendido tras tantos años de investigación volcando todos nuestros conocimientos, mientras que las pruebas serán todos aquellos datos que encontremos en nuestra investigación que afirmen la certeza de lo que alegamos y que resulten incontestables de forma que nadie pueda dudar de ellos ni negarlos. Empecemos pues:

1.- Disolución: Para el equipo de La Futbolteca es el primer punto de partida en cualquier investigación que se precie. Si exhumando toda la documentación a nuestro alcance no se halla una sola prueba que certifique la disolución de un club, este sigue vivo y el caso está abierto. Podrá estar aletargado, sin apenas socios, en horas bajas, entregado a una institución que lo aloje en su seno esperando que le llegue su momento, pero el corazón de ese club sigue latiendo. Por el contrario si se encuentra el acta de disolución o en su defecto, una crónica periodística veraz, no habrá caso, este quedará cerrado y no seguiremos con nuestro trabajo.

En el caso que se nos ha encomendado se ha buscado con ahínco cualquier referencia, escrito o confesión por la cual se tuviera constancia de una probable, supuesta o total confirmación sobre la disolución del Sevilla Foot-ball Club constituido el 25 de de enero de 1890. La respuesta es: nada, ni el menor indicio. Para que se entienda bien alto y claro: no se puede hablar de una disolución del Sevilla Foot-ball Club sin un documento que lo demuestre. Lo mismo sucede con el Río-Tinto English Club y el Huelva Recreation Club y lo mismo cabía esperar del club sevillano. Cualquier intento de desligar el Sevilla Foot-ball Club de 1890 del Sevilla Foot-ball Club de 1905 apelando a que han transcurrido unos años entre uno y otro y que el primero desapareció o se disolvió sin aportar una sola prueba es un billete directo y sin parada al fracaso por su inconsistencia, con lo cual este camino entra en vía muerta y no aceptamos que se insista en ello. Superado este primer punto sólo cabe ponerse a trabajar y aportar más evidencias que unan la historia de ambas realidades en una sola.

2.- Edward Farquharson Johnston: Nacido en Elgin, Escocia, representa el paradigma del “sportman” de finales del s.XIX y principios del XX. Rico de cuna y perteneciente a una familia acomodada, desde su llegada a Sevilla con diecisiete años es la figura en torno a la cual gira gran parte del deporte sevillano, incluso el fútbol. Johnston es copropietario de la naviera McAndrews Company Ltd., director de The Seville Water Works Company Ltd., vicecónsul británico en la ciudad de Sevilla desde el 23 de enero de 1879 hasta el 5 de octubre de 1906, socio nº 1057 desde el año 1874 del Círculo Mercantil e Industrial de la capital hispalense, miembro del Club de Regatas de Sevilla fundado en 1875, primer presidente del Sevilla Foot-ball Club constituido en 1890, árbitro en los encuentros de los años noventa y primera década del nuevo siglo, socio del club en esta segunda etapa, presidente de la Sociedad de Tiro de Pichones en 1895, es decir, un hombre influyente en todos los sentidos y aspectos de la sociedad sevillana.

3.- McAndrews Company Ltd.: La naviera británica con sede en el puerto fluvial de Sevilla para toda España y cuyo copropietario es Edward F. Johnston, el presidente del Sevilla Foot-ball Club, actúa como embajadora del fútbol en todo el país promoviendo este deporte en varios puertos nacionales -Bilbao y Barcelona son dos claros ejemplos- y además es el arma logística que emplea el club para aprovisionarse de uniformes, balones y cómo no, de los reglamentos y noticias sobre el avance del fútbol en su tierra de origen: el Reino Unido. Su peso en el desarrollo del balompié sevillano es fundamental y parte de sus empleados más distinguidos, caso del propio Johnston, ocupan plazas directivas en el Sevilla Foot-ball Club tanto a principios de los años noventa como en el segundo lustro de la primera década del siglo siguiente.

4.- The Seville Water Works Company Ltd.: Esta empresa, concesionaria en el abastecimiento de agua a la ciudad de Sevilla desde 1882 tras adjudicación, está participada y tiene como a uno de sus directores en la capital hispalense a Edward F. Johnston. La influencia de esta industria a nivel humano es quizás aún mayor que la de McAndrews Company Ltd., puesto que muchos de los jugadores del Sevilla Foot-ball Club originado en 1890 proceden de la compañía de aguas hasta el punto de ser conocido como “el club de la Seville Waters”.

Fuente de “equipiers” con estatus de socios y jugadores desde 1890, con el reconocimiento del club en 1905 en cumplimiento del Real Decreto de 19 de septiembre de 1901 que afecta a la Ley de Asociaciones, algunos de ellos dejan de ser jugadores por motivos de edad y prosiguen su estancia en el club como socios. En las primeras décadas del nuevo siglo seguirá la vinculación surgiendo nuevos jugadores y socios desde la empresa.

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5.- Sailor’s Room Fund: Sabido es que los británicos desde hace siglos son un imperio naval a nivel mundial y durante el pasado más reciente establecieron rutas comerciales en todo el orbe. Si ciudades como Las Palmas y Huelva contaban con un Seaman’s Institute para recoger a marineros desamparados, con problemas o simplemente para ofrecerles alojamiento organizándoles encuentros para su distracción, Sevilla no lo es menos y en el domicilio del médico sevillista Dr. John Dalebrook se establece la Sailor’s Room Fund, una organización con los mismos fines que la canaria y onubense que también, para no ser menos, organiza igualmente encuentros para la marinería, todo ello bajo una estrecha colaboración con el viceconsulado británico hispalense.

John Dalebrook, médico de la comunidad británica y ligado a la disciplina sevillista, el 22 de octubre de 1915 será elegido vocal en la junta directiva que da lugar a la Federación Regional del Sur de Clubs de Foot-ball, un cargo del que irá unido de la mano del omnipresente José Montes Sierra, primer presidente de la neonata federación.

6.- Interrelación hispano-británica: Cuando nos preguntamos cómo pudieron conocerse aquellas personas que dieron forma al Sevilla Foot-ball Club en 1890, nos vienen de inmediato varias ideas a la mente partiendo con el punto de vista que todos eran extranjeros: así cavilamos con que quizás trabajaban juntos, se conocían a través del viceconsulado, se buscaban entre ellos por ser británicos y, tras confraternizar, se corría la voz entre ellos para hacer deporte de forma conjunta, etc. Demasiadas especulaciones que, cuidado, están fundamentadas, aunque sin tener en cuenta la primera crónica sobre su existencia y que partía desde un miembro del propio club: “éramos la mitad españoles y la mitad británicos”, decía el capitán Hugh MacColl. Crear un club no es nada sencillo hoy en día y en aquel instante debió ser toda una aventura si nos atenemos a priori a distintos condicionantes: distinta cultura, idioma, forma de ver la vida… Si encima lo componían españoles y británicos, podemos dar por sentado que no fraguaría en un día o unas semanas, sino que su amistad debió arrancar con bastante anterioridad, pero, ¿qué les unió, cómo y dónde? Varias razones. Estudiémoslas:

En primer lugar la Sevilla decimonónica no contaba con enormes empresas con capital británico. Importantes las había, pero con poco contingente humano, algo que les obligaba a relacionarse e integrarse en la vida social que generaba la propia ciudad sin necesidad de recluirse en barrios apartados del bullicio urbano o de vivir anclados al puesto de trabajo como sucedía con algunas colonias industriales. Empleados de la naviera McAndrews Company Ltd., de The Seville Water Works Company Ltd. o de Portilla & White, Cía. vivían en pleno centro y su cotidianidad con “lo sevillano” queda fuera de toda sospecha hasta el punto de consumarse muchos matrimonios con naturales de la capital andaluza.

En segundo lugar la estrictamente laboral: cada empresa era un mundo y así mientras en The Seville Water Works Company Ltd. casi todos eran empleados británicos, en la compañía naviera había más españoles al igual que en la fundición de Portilla & White, Cia., ambas con dirección e ingeniería británica, pero con abundante mano de obra española, algo que inevitablemente estrechaba lazos entre ambas comunidades puesto que eran seis días a la semana en los que se tenían que aguantar mutuamente.

En tercer lugar la lúdica: aquellas personas no vivían atadas al trabajo perpetuamente y en sus ratos libres a nivel diario y en especial los domingos, practicaban deporte o frecuentaban sitios donde compartían actividades en común, bien entre británicos, bien con españoles. En los registros locales hay constancia acerca de la existencia de varios clubs de remo y de cricket con base británica, algo más que normal en una sociedad con raigambre deportiva.

En cuarto y último lugar los negocios, un campo reservado para los ejecutivos de cada empresa con personas con inquietudes comerciales que precisaban relacionarse para ampliar y diversificar sus inversiones. Andalucía era una tierra que les abría las puertas para exportar cualquier tipo de producto carente en el Reino Unido, al igual que las islas eran proveedoras de material en el sentido opuesto. ¡Cómo no iba a haber relación entre españoles y británicos en este aspecto tan antiguo dentro de las relaciones humanas desde el principio de los tiempos!

7.- Círculo Mercantil de Sevilla: Si los puntos anteriores hablan de relaciones entre británicos y españoles -sevillanos se entiende-, en cuanto al principal lugar de encuentro desde su creación diremos que fue siempre el Círculo Mercantil.

Fundado en el año 1867, el Círculo Mercantil de Sevilla nace con el propósito de reunir bajo un mismo techo a todos los profesionales del comercio, la industria y la navegación que lo deseen, brindándoles soporte instructivo, legal y un centro de actividades recreativas para su ocio. Con el paso de los años su presencia se acrecienta y en su local social de la calle Sierpes se realizan un gran número de transacciones comerciales de todo tipo que no quedan ocultas a las distintas empresas con capital británico.

Edward F. Johnston primero y un buen número de británicos con posterioridad, se harán socios del Círculo Mercantil, inculcando entre el resto de los miembros españoles no ya un aprecio por el recreo en general, algo que consta en la memoria del Círculo, sino una devoción por el “sport” como medio recreativo por excelencia para hacer ejercicio y mantenerse en forma. De este modo las aguas del Guadalquivir se verán prontamente surcadas por los esquifes del Club de Regatas de Sevilla ya en 1875, con socios británicos y españoles en sus filas, pero luego vendrán otros deportes y el fútbol, como es lógico, será uno de ellos.

El Círculo se convertirá de forma silenciosa y desde la distancia durante los años ochenta y noventa decimonónicos, en testigo mudo de muchos convenios comerciales y de grandes alianzas entre sus miembros con el fin de que cohabiten con la misma intensidad Instrucción y Recreo, los dos motivos por los cuales es creado. En la parte que nos afecta, la deportiva, socios del Círculo constituirán el Sevilla Foot-ball Club en 1890 y siguiendo el paso marcado por estos, con puestos de mando en varias empresas, de entre sus empleados surgirán la mayoría de sus jugadores.

En los últimos años del s.XIX y primeros de S.XX, cuando el fútbol pierda su ímpetu inicial, ya no sea foco de atención para la prensa, deje de aparecer en ella y pase a un segundo plano tal y como sucede en la capital onubense con el Huelva Recreation Club, el Mercantil seguirá prestando su sede de la calle Sierpes como centro de apoyo para sus afiliados, siendo algunos de ellos -algo ya más veteranos- quienes practiquen en el Prado de San Sebastián dicho deporte en unión a la nueva generación. El Círculo Mercantil será para el Sevilla Foot-ball Club en este periodo lo que el Seaman’s Institute es para el Huelva Recreation Club, un lugar de cobijo en el cual el club hispalense mantenga viva la llama futbolística y preste su organización para el disfrute de los socios mercantiles.

La interacción entre los socios del Sevilla Foot-ball Club y a su vez del Círculo será tal, que de la sede de este último organismo saldrán los gestores que lideren el proyecto de oficializar la sociedad de fútbol en 1905 como colofón a todo lo iniciado en 1890, un paso obligatorio e ineludible que han emprendido otros clubs de similares características en España y que conlleva la redacción de estatutos en unión a la elección de una nueva junta para inscribirse en el Registro tal cual ordena el Real Decreto de 19 de septiembre de 1901 y que va acompañado de la Real Orden Circular de 9 de abril de 1902 en cumplimiento con la Ley de Asociaciones de 30 de junio de 1887. José Luís Gallegos Arnosa será el hombre clave en este sentido, persona que viene desempeñando el cargo de responsable de la Sección de Festejos y Biblioteca del Círculo, quien además profesa un gran amor por el fútbol. Pero no será el único implicado como veremos.

La labor desempeñada por el Círculo Mercantil respecto al fútbol, al deporte en general y en concreto hacia el Sevilla Foot-ball Club no genera ni la más mínima duda y para cerciorarse de todo ello, basta consultar la gran cantidad de referencias publicadas durante todos los años citados que se encuentran al alcance de la mano. Este compromiso no se corta ni en 1893, ni en 1905, al contrario, continua en lo sucesivo con la construcción y estreno el 1 de enero de 1913 del primer campo delimitado por una cuerda -se vallará posteriormente- sevillano y sevillista, el denominado del Mercantil por ser esta la sociedad que habilita la grada de su caseta de la Feria y pone a disposición del club los vestuarios para la práctica de fútbol, aunque el terreno es municipal.

8.- José Montes Sierra: Nacido en 1846 en la localidad granadina de Alhama de Granada, José Montes Sierra es una de las piezas más importantes dentro de la historia sevillista. Abogado de profesión, comerciante y posteriormente banquero, Montes Sierra reside desde 1872 en Sevilla y no tarda en formar parte del Círculo Mercantil donde accede a la presidencia en 1886, puesto que ocupará durante una primera fase hasta 1890, época en la que desde las instalaciones de la calle Sierpes se madura la idea para dar forma al Sevilla Foot-ball Club y a otras organizaciones con fines atléticos.

Como presidente accionista de Minas de El Castillo de Las Guardas, empresa fundada en 1885 y ubicada en la localidad sevillana del mismo nombre próxima a Minas de Riotinto, Montes Sierra es uno de los interlocutores que facilitan la disputa de encuentros tanto en la población onubense como en la capital hispalense previos a la constitución del Sevilla Foot-ball Club, una encomienda que desempeñará con agrado por su compromiso con el comercio y el recreo.

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En 1892 preside la Compañía de Navegación del Guadalquivir, empresa fundada en 1888 y con base operativa en el Puerto de Sevilla, estrechando los lazos ya previamente establecidos con Edward F. Johnston, uno de los copropietarios de la naviera británica McAndrews Company Ltd. El espíritu empresarial de Montes Sierra es infinito y siguiendo con la vertiente iniciada en 1892 tutelará después la Compañía Naviera Sevillana junto a uno de sus hijos y en 1907 la Compañía Naviera de Navegación a Vapor.

La vida social del banquero granadino es prolífica y alterna la presidencia del Círculo Mercantil con el mismo cargo en la Cámara de Comercio, Industria y Navegación hispalense, entidad fundada en 1886 donde entabla amistad con las más altas esferas sevillanas donde figuran personas tan conocidas como Tomás de La Calzada, Pedro Rodríguez de la Borbolla y Edward F. Johnston. Diputado republicano a Cortes en varias ocasiones, Montes Sierra abandona la presidencia del Círculo en 1890 como damnificado durante la lucha establecida por tomar el control del Puerto de Sevilla, recuperando su cetro en 1893 hasta que en 1898 es sustituido en el cargo por Pedro Lázaro Sánchez. En 1900 inicia su tercera etapa en el Círculo, permaneciendo en el cargo hasta 1918 fecha en la que fallece.

Montes Sierra, avispado hombre de negocios y propietario de varias empresas, facilita al Sevilla Foot-ball Club el camino para su oficialización en 1905 y su progreso hasta convertirlo en uno de los grandes de España. Gracias a su trabajo y estrecha relación con el consistorio sevillano, el Círculo apoya la gestión de José María Miró Trepats para conseguir del ayuntamiento la cesión de terrenos en el Prado de San Sebastián con el fin de habilitar el Campo del Mercantil, nombre dado por su situación continua a la caseta de esta entidad en la Feria. En este recinto el Círculo levanta una tribuna para sus socios y la provee de sillas con el fin de divisar de forma óptima las evoluciones del juego, siendo todo ello inaugurado el 1 de enero de 1913.

La estrechísima vinculación que Montes Sierra mantiene con el club sevillista desde 1890 le permite en 1914 ser aclamado como vicepresidente honorario, puesto que en 1915 le valdrá bajo la iniciativa del Sevilla Foot-ball Club para acceder a la presidencia de la recién constituida Federación Regional del Sur de Clubs de Foot-ball, organismo supremo futbolístico que abarca las por entonces regiones de Andalucía, Extremadura, Canarias y el Protectorado de Marruecos. En 1917 Montes Sierra abandona el cargo de presidente federativo aquejado por enfermedad, falleciendo en 1918 tras una vida dedicada al Sevilla Foot-ball Club y a su ciudad de adopción.

9.- Los Clubs de Regatas: Emulando las clásicas disputas teñidas de raigambre inglesa entre Oxford y Cambridge, los británicos residentes en Sevilla convirtieron las fluviales aguas del Guadalquivir en lo más parecido al Támesis londinense. A iniciativa de socios del Círculo Mercantil como Edward F. Johnston y George Welton, en 1875 se constituye el Club de Regatas de Sevilla con una plantilla hispano-británica en la que estos últimos tienen un gran peso y actúan como instructores avanzados en el manejo de esquifes junto a William MacPherson y William Hume, permaneciendo en activo hasta su desaparición en 1883.

Contemporáneo al Club de Regatas de Sevilla y fundado apenas un año después, en 1876 surge la Sociedad Sevillana de Regatas compuesta íntegramente por remeros hispalenses que son la inmediata respuesta local a la sociedad hispano-británica. Dentro de sus filas encontramos nombres tan ilustres y relacionados con el Círculo Mercantil como el banquero Tomás de La Calzada, José Luís Gallegos, Federico de La Portilla y Baldomero García, quienes a otros más mantendrán una sana rivalidad hasta que se les pierda la pista en 1886.

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El gusanillo del remo había calado en la capital del Guadalquivir y en 1890, apenas unos meses después de constituirse el Sevilla Foot-ball Club, se constituye un nuevo club de regatas: el Seville Rowing Club. Esta sociedad la forman miembros de los dos clubs desaparecidos apenas unos años antes y curiosamente algunos de los integrantes de la entidad de fútbol, repitiéndose algunos nombres como George Welton, Tomás de La Calzada, Federico de La Portilla, William Hume o William MacPherson entre otros entre una lista interminable de socios.

Queda demostrado con estos apuntes y otros aportados por demás autores, que tanto los “sportman” británicos como sevillanos eran a la vez miembros de varios clubs deportivos, algo no extraño a la época y contrastado en otras localidades de la geografía española muy distantes entre ellas. También queda patente -y esto se observa igualmente en Barcelona-, cómo a un club de regatas británico le replicaba uno español y cómo a lo largo del año y según la época, los deportistas alternaban la práctica de remo en verano y fútbol en invierno, una dinámica oportuna que les mantenía en forma de manera continua. Esta tendencia se conservará hasta el segundo lustro de la primera década del nuevo siglo cuando el fútbol adquiera una importancia hasta el momento desconocida.

10.- Denominación Sevilla Foot-ball Club: La elección del nombre de una sociedad deportiva, como sucede con otros campos de la vida, no es algo que se haga al azar o se realice de forma caprichosa. Esta generalmente siempre estará supeditada a la disciplina/s que se practiquen, al componente social y a la localidad donde se halle la entidad y si se trata, como es el caso, de la primera en hacerlo, en un alto tanto por cien de posibilidades será así.

Cuando aquellos hombres, en su mayoría de nacionalidad británica, junto a un destacado número de sevillanos se reunieron el 25 de enero de 1890 para constituir una sociedad partían de la base de que sabían lo que no querían: no querían ser un club atlético “Athletic Club“, tampoco un club gimnástico “Gymnastic Club“, ni uno de carreras “Racing Club“. La idea de ser un club recreativo “Recreation Club” tampoco les seducía porque combinar esparcimiento y deporte a la vez no era su objetivo, como menos aún lo era ser un club velocipédico “Cycling Club“, ya que es sabido la escasa impronta de esta disciplina entre los británicos, como tampoco lo era ser un club multidisciplinar “Sporting Club“. Su ilusión y su misión, y por eso figura con visible preponderancia en su nombre, era ser un club de fútbol, un “Foot-ball Club“, el primero en España con esta dedicación exclusiva. Su idea, no nos llevemos a engaño, era poner en práctica una sociedad como las que se habían estrenado recientemente en Inglaterra con el “Football League Championship”, todo un fenómeno de masas en la época que lo había convertido en el deporte de moda. Estando en Sevilla y sabiendo cuál era su principal cometido, la elección del nombre debía decirlo todo y mostrar el A.D.N., por lo que la solución fue sencilla: “Sevilla Foot-ball Club”.

Dados a especular, bien fácilmente la disposición hubiera podido ser la contraria, es decir, Foot-ball Club Sevilla, pero si echamos un ojo a todos los clubs ingleses del momento y tenemos alguna noción de gramática inglesa, distinguiremos cómo siempre figura en este idioma el nombre de la localidad al frente seguido por su dedicación sin uso de preposiciones. En España actuamos al contrario, primero la dedicación y luego la localidad insertando preposiciones, de forma que si nosotros hubiésemos inventado el fútbol no tendríamos inconveniente en titularlo como Club de Foot-ball de Sevilla o, yendo más allá y siendo más puristas, como Club de Fútbol de Sevilla o Sociedad de Balompié de Sevilla, siendo también aceptables otras denominaciones con el mismo significado como Club de Foot-ball Sevilla, Sociedad Balompédica de Sevilla, Club Sevillano de Fútbol, Sociedad Sevillana de Foot-ball, Sociedad de Foot-ball de Sevilla, etc.

Esto en cuanto a denominación desde el club. Pero, ¿cómo se ve desde fuera? Visto desde otra localidad y desde otros ojos, la denominación de un club adquiere otra perspectiva que puede ser respetuosa, entiéndase como la que no varía el orden de las palabras ni un ápice, o puede ser personalista en función de quien lo interprete. Así el Sevilla Foot-ball Club, nombre oficial de la entidad, puede ser aludido como Club de Sevilla, Sociedad de Sevilla, Club de Foot-ball de Sevilla, Sociedad Sevillana, Club de Foot-ball Sevillano hasta el más sintetizado y simple Sevilla.

Si el intérprete además tiene conocimientos adicionales como puedan ser la nacionalidad de sus integrantes, dedicación profesional u otras de origen social, político o cultural, el paraguas se abre y el Sevilla Foot-ball Club puede acabar como Club Inglés de Sevilla, Club Inglés Sevillano, Club de la Water Works, los ingleses de Sevilla, etc.

Sea cual sea la denominación, el trasfondo social, la perspectiva o interés que emplee una persona al hablar o escribir, de lo que no nos cabe ninguna duda es que siempre estaremos hablando de la misma realidad: el Sevilla Foot-ball Club. Hacer cábalas y especulaciones con que cualquiera de todas las anteriores denominaciones aquí descritas no se refieren al Sevilla Foot-ball Club es algo ilógico, impensable y sobre todo inaceptable sea cual sea el interés que haya detrás. Defender lo indefendible solo lleva a un camino: provocar la hilaridad del receptor y el más absoluto descrédito de quien lo sustenta.

11.- Personalidad jurídica: Tal y como se indica en el punto número uno de las evidencias, a fecha de hoy no hemos encontrado el menor indicio sobre la disolución del Sevilla Foot-ball Club de 1890. Al contrario, a medida que hemos ido investigando y en la actualidad seguimos en ello, cada vez surgen más pruebas que lejos de suponernos dudas lo que hacen es consolidar al club hispalense como una entidad única y no dos como erróneamente se ha defendido en algún escrito con escasa credibilidad.

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El Sevilla Foot-ball Club constituido el 25 de enero de 1890 pone en práctica todo lo hasta ahora estudiado respecto a la formación de los primeros clubs de fútbol en España. En su historia coinciden las distintas improntas que la legislación ha ido depositando de forma que tenemos en su primera junta directiva varios cargos electos: Edward F. Johnston en la presidencia, Isaías White Méndez en la secretaría y Hugh MacColl en la capitanía, el club no se acoge de inmediato a Ley de Asociaciones de 1887, pero sí posteriormente basándose en el Real Decreto de 19 de septiembre de 1901 y la Real Orden Circular de 9 de abril de 1902 y finalmente, el 14 de octubre de 1905, oficializa su situación para poder registrarse y tener la oportunidad de comparecer en el Campeonato de España de Foot-ball.

Este paso no es exclusivo del Sevilla Foot-ball Club y con anterioridad ya lo han vivido en carne propia otras sociedades creadas con fines futbolísticos o recreativos como son el Rio-Tinto English Club en 1901, el Huelva Recreation Club en 1903 o el Foot-ball Club Barcelona también en 1903, con lo cual el club hispalense no es una excepción y si se respeta una continuidad en todos ellos, sin condiciones, el Sevilla Foot-ball Club debe tener la misma consideración. Ni más ni menos.

12.- Las personas y el club: Un club deportivo es una asociación de personas cuyo interés común es practicar o desarrollar una disciplina deportiva o incluso varias de forma organizada. La organización y la disciplina quedarán a elección de los miembros, pero para su buen desarrollo serán imprescindibles una junta directiva con presidente, secretario, tesorero, vocales y socios, además de que todos ellos deberán contribuir monetariamente para sufragar los posibles gastos ocasionados. A partir de aquí un club puede ser recreativo, de fútbol, atlético, gimnástico o como se desee, pero todos serán deportivos, al igual que en su organización habrá quien prescinda de tesorero al realizar esta función el secretario o el presidente, incluso rememorándonos a los principios del fútbol hasta ser capitán era considerado un puesto importante en una directiva.

Un club necesita de directivos, pero más aún de socios. Sin socios no hay club, o lo que es lo mismo, no hay actividad y si la hay, es escasa. Aglutinar a un grupo de personas bajo un mismo interés y a su vez, todas ellas con otros distintos, es difícil, muy difícil, pero si encima se trata de un club pionero, un “protoclub”, la cosa es más complicada de sustentar.

A los “protoclubs” originados en torno a 1890, Rio-Tinto English Club, Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club, les sucedió lo mismo: fueron demasiado avanzados a su época y esto, en un país como España, tenía un precio: disminución de socios tras un apogeo inicial, fuga de estos hacia otro tipo de actividades deportivas, ausencia de rivales contra los cuales jugar y en definitiva, reducción de actividad. Esa es una verdad como un templo.

Sin embargo nadie puede afirmar categóricamente que estas tres entidades se disolvieron, es decir, extinguieron de forma unánime y por escrito su vida. Cada una de ellas intentó salvar los muebles como pudo y si el fútbol siguió como hasta por entonces en Minas de Riotinto, sin contrincantes, el Huelva Recreation Club se tuvo que refugiar en el Seaman’s Institute y el Sevilla Foot-ball Club en el Círculo Mercantil.

En Sevilla, ciudad que nos ocupa en el presente artículo, a partir de 1893 no hay constancia de encuentros de fútbol por parte del Sevilla Foot-ball Club, como tampoco la hay en Huelva con el Huelva Recreation Club desde 1896 o de la sección de fútbol de Minas de Riotinto durante esos años. Pero, ¿es esto sinónimo de que no hubo fútbol en estas tres localidades? Por supuesto que lo hubo, ¿cómo no iba a haber fútbol o es acaso que, de repente, aquellos deportistas dejaron de dar patadas a un balón?

La crisis futbolística que sufrió el triángulo formado por las localidades de Minas de Riotinto, Sevilla y Huelva fue la crisis de los pioneros, la de los avanzados que no son correspondidos por una afición que poco o nada les entiende y la de aquellos cuya radicalización les hace perder adeptos que renueven su sangre y les aporten oxígeno.

Lejos de amilanarse, aquellas personas -pocas sin duda- no cejaron en su empeño y de una manera u otra continuaron con una actividad que les gustaba, que les llenaba y por la que sentían pasión. Aunque no disputaran encuentros frente a otras sociedades bajo un mismo nombre como lo era el de Sevilla Foot-ball Club, cada uno de ellos era parte de este club porque nunca se disolvió y en las ocasiones que echaban un partidillo en el Prado de San Sebastián, junto a la caseta del Círculo Mercantil, allí estaba el Sevilla Foot-ball Club representado por aquellos hombres.

13.- Contemporaneidad y relevo generacional

Quizás alguien piense que no aparecer en prensa pueda ser una indudable evidencia de que no hubo fútbol en Sevilla desde 1893 hasta 1905 y con ello tener un clavo al que aferrarse firmemente para esgrimir un argumento medianamente sólido en contra de la práctica de este deporte en la ciudad. Sin embargo este recurso demuestra bisoñez en manos de quien lo emplea, pues los recursos del historiador y de quien investiga transparente y concienzudamente son lo bastante amplios para que, una vez presentado un escollo, tener la habilidad suficiente para indagar en otras fuentes y no desistir jamás a la primera de cambio. Gracias a esa tenacidad se explorarán vías alternativas y el premio más pronto o más tarde acabará apareciendo.

Los encuentros de fútbol disputados en Sevilla desde la anterior década de los años ochenta eran la punta de un iceberg que con el paso de los años iría creciendo lentamente y adquiriendo un tamaño más grande. A mitad de los noventa y coincidiendo con el ocaso periodístico del Sevilla Foot-ball Club hasta su posterior oficialización, el médico hispalense Salvador López hizo una gran labor por el desarrollo del fútbol en la ciudad, pues desde su plaza como profesor de educación física en el Instituto de San Isidoro, este hombre que lo había practicado con entusiasmo en la vecina Francia, tuvo la feliz ocurrencia de imponer esta disciplina deportiva como herramienta regeneracionista para su alumnado. Por este centro educativo pasaba lo más granado de Sevilla y allí fue donde José Luís Gallegos, el presidente oficialista de 1905, junto a otros compañeros que le acompañaron después en este viaje, tuvieron la oportunidad de conocerlo directamente.

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El mundo del fútbol no terminaba con los británicos y españoles que formaban parte del Sevilla Foot-ball Club, ni tampoco en aquellos muchachos que desde el patio del instituto corrían afanosamente tras el balón durante el tiempo de recreo. El Puerto de Sevilla, uno de los más transitados en España pese a su carácter fluvial, era destino de miles y miles de marineros británicos que en sus ratos de ocio echaban partidos entre sí o frente a empleados de las compañías navieras, comercio o de transporte que había en la ribera del Guadalquivir. Algunos de ellos pertenecientes a McAndrews Company Ltd. u otras compañías solían ser foco de atención de los sevillanos y desde “la McAndrews” salieron varios futbolistas que, como ya había sucedido en 1890, luego reactivarían al club hispalense para a continuación ser algunos de sus protagonistas en la oficialización de 1905 como el capitán Adam Wood, William Barr y John Mackenzie, sin olvidar en este repaso a la empresa The Seville Water Works Company Ltd., donde trabajaba Cyril Smith y que en las décadas siguientes sería fuente de grandes futbolistas.

En 1900, con el cambio de siglo, aquellos futbolistas que habían dado forma al club hispalense diez años antes ya no eran en su totalidad los de entonces por cuestiones físicas, pero su sabiduría estaba aún latente regenerada por los empleados de “la McAndrews” y los de The Seville Water Works Company Ltd. que jugaban junto al Prado de San Sebastián, los aludidos como “ingleses” que menciona Salvador López en varias ocasiones. Esta muchachada británica que da continuidad al fútbol sevillano y de la cual hay constancia durante el cambio de siglo, pronto es arropada por una generación de futbolistas nacidos en Sevilla en su gran mayoría o en otras localidades de su entorno, algunos de ellos con estudios en el Reino Unido de donde vienen ataviados con uniforme y balón como Luís Ybarra, para unirse a un grupo en el que figuran Langdon hijo, Hammick, Jiménez León, Tiburcio Alba, Manuel Zapata, Camilo Bel, Jorge Graells Miró, Felipe Cubas, Antonio Avilés, Ángel Leániz, Álvaro Rivas, Artaza o el madrileño Sevillano entre otros. Con todos estos ingredientes el Sevilla Foot-ball Club alcanza velocidad de crucero en 1904 jugando tanto en el Prado de San Sebastián, en el Huerto de Mariana o en las instalaciones de La Trinidad, iniciando en este año los pasos oportunos para oficializar según la Ley española una situación que se culminará el 14 de octubre de 1905 con la definitiva oficialización tras inscribirse en el Registro y elegir nueva junta directiva con José Luís Gallegos al frente.

14.- El acta del Pasaje de Oriente: Firmada el 15 de octubre de 1905 en el popular café de la Calle Sierpes, esta acta documental es toda una declaración de intenciones por parte de los socios allí reunidos, conscientes del pasado futbolístico en Sevilla y deseosos de que el futuro les vea cumplir cincuenta años al menos más. Entre el discurso destacan dos frases llenas de compromiso que apuntan a la nacionalidad de sus componentes, a su ideología y a su estrato social, pero también hacen un guiño a los anteriores futbolistas que fueron socios desde el 25 de enero de 1890. Leamos:

Dice José Luís Gallegos: “… todos los hombres, de cualquier nivel social, ideas religiosas o políticas, tendrán aquí cabida”. Al principio no sorprende la frase en sí, pero si tenemos en cuenta que la sociedad la componen ingleses, escoceses, sevillanos de ascendencia inglesa, sevillanos de ascendencia irlandesa, sevillanos de ascendencia francesa y sobre todo sevillanos de pura cepa, incluso socios procedentes de otras provincias españolas, queda patente que el club está abierto a alojar católicos, protestantes, liberales, conservadores, monárquicos, republicanos, etc., sin que cualquier etiqueta suponga un freno para ser admitido, algo loable en unos tiempos donde el exclusivismo imperaba y que reafirma la asimilación de raíces sociales que compartían aquellos hombres respecto a los allí reunidos y respecto a los que iniciaron la aventura años antes.

Dice otra frase: “Reunidos en el Pasaje de Oriente, en banquete todos los abajo firmantes, para festejar los éxitos obtenidos con el juego de pelota con los pies en esta ciudad…” ¿Cómo que para festejar los éxitos obtenidos? ¿Por qué se emplea un tiempo pasado “obtenidos” y no uno futuro como “se obtendrán”? Estas palabras pronunciadas en la oficialización de una sociedad sólo se pueden entender desde el punto de vista de alguien que reconoce que hay una historia detrás y que la hace suya, pues de lo contrario no hablaría del pasado y si lo hiciese y esa historia perteneciese a un club distinto, no la festejaría.

Al margen de estas frases, en esta reunión aún hay más y por encima de todo asoma la cabeza un hecho inconcebible en cualquier constitución al uso de una sociedad futbolística en aquellos días: la existencia de una distinción entre los miembros del club divididos en dos claras mitades que forman juntos un todo, de un lado los miembros jugadores y de otro, los socios. Esta partición hecha a conciencia resulta avanzada a su época y no se vivirá en otras sociedades hasta años después, pues todo club que se preciase era de ordinario un grupo legalizado donde todos los futbolistas eran socios y viceversa. La lectura de esta importante apreciación indica que hay jóvenes, los jugadores con que empiezan a jugar y socios, los que jugaron antes y por cuestiones de edad ahora no lo pueden hacer, algo que llevado a cabo en 1905 es sinónimo de que hay una práctica anterior y una continuidad respecto a iniciadores previos.

15.- Los trofeos de la caseta de la Feria de 1907: El que fuera futbolista del Sevilla Foot-ball Club y miembro durante la oficialización de la sociedad en 1905, Benito Romero, tuvo estando todavía en vida la gran deferencia de entregar al club hispalense una serie de fotografías relacionadas con distintos pasajes de sus vivencias. Este legado, sin duda de gran valor, tiene la particularidad de que en cada una de las fotografías y en su cara posterior, presenta escrito por puño y letra del propio Romero, una descripción de lo que aprecia y la fecha en la que fue tomada, siendo estas imágenes una herramienta fabulosa para identificar personas y sitios.

HF Sevilla FC 1890 16

En una de ellas, tomada durante la Feria de Abril de 1907 y en el interior de la caseta que disfrutaba el Sevilla Foot-ball Club, se aprecia al presidente José Luís Gallegos acomodado en una silla y al mismo Benito Romero sentado en un banquillo rodeado de banderines rojiblancos, los colores de la sociedad, junto a una mesa donde se aprecian siete trofeos -copas- y una bandeja con su correspondiente estuche, un patrimonio excesivo para una entidad que se había oficializado apenas año y medio antes y de la cual se desconoce haber disputado durante ese periodo de tiempo encuentro alguno frente a algún rival.

Si la sociedad sevillista no había participado supuestamente en ningún encuentro entre octubre de 1905 y abril de 1907, ¿a quién pertenecen esos trofeos tan orgullosamente dispuestos ante la cámara? ¿Dónde se obtuvieron, cómo llegan hasta allí y por qué el Sevilla Foot-ball Club los recoge? ¿Los pusieron allí para engañar a las futuras generaciones y a los posibles investigadores? No seamos malévolos y mostremos algo de raciocinio. Sólo hay una explicación convincente para un club de fútbol: que otro club de fútbol se los haya legado o que pertenezcan al propio club habiéndose obtenido en un periodo anterior, el que arranca en 1890.

16.- José Luís Gallegos: Nacido en Jerez de La Frontera en 1880, José Luís Gallegos Arnosa es uno de los grandes nombres en la historia del sevillismo. Hijo de un capataz bodeguero, alrededor de 1890 se traslada a Sevilla junto a su familia con motivo de una nueva asignación laboral paterna, siendo en 1894 a la edad de catorce años enviado al Reino Unido donde cursa estudios en Liverpool, sede de la naviera McAndrews Company Ltd., ciudad donde cursa estudios como perito mercantil y aprende diversos idiomas como inglés, alemán, francés e italiano, aptos para lo que será su profesión futura. En 1898 regresa a Sevilla donde se establece como consignatario naviero en el Puerto de Sevilla, oficio que le permite codearse con varios empresarios navieros, en especial E.F. Johnston, distintos comerciantes y muchos marineros con los cuales juega al fútbol, además de ingresar en el Círculo Mercantil donde ocupa varios puestos.

Gallegos, uno de los mayores de una generación donde figuran varias personalidades que serán importantes en el club hispalense, traza una gran amistad con el capitán Adam Wood y varios empleados de “la McAndrews” que comparten actividad futbolística en el Prado de San Sebastián como los jugadores del Sevilla Foot-ball Club Isaías White, los hermanos Welton y otros empleados de distintas compañías británicas instaladas junto al Guadalquivir. Ampliado su círculo de amistades, a partir de 1904 impulsa la regeneración del Sevilla Foot-ball Club con la idea de oficializarlo conforme a la Ley de Asociaciones, objetivo que consigue el 14 de octubre de 1905 cuando es elegido presidente.

El joven José Luís, que cuenta con apenas veinticinco años en el momento de ser la cabeza de la nave sevillista, es un gran “sportman” que se toma en serio todo lo relacionado con el “sport” y así lidera años después varios proyectos como una fracasada Sociedad de Sport Sevillano que no levanta el vuelo y el Club Náutico donde converge junto a Isaías White y los hermanos Welton nuevamente. Entre medias Gallegos se convierte en árbitro emulando a E.F. Johnston, abandona y recupera la presidencia sevillista, adquiere una gran notoriedad en el Círculo Mercantil -el lugar de amparo de muchos de los socios del Sevilla Foot-ball Club-, y mantiene un rifirrafe con un viejo conocido, Salvador López, que se alarga durante varios años.

Todo empieza en 1906 cuando Narciso Masferrer, fundador de El Mundo Deportivo y hombre de gran influencia, es acompañado durante su estancia en Sevilla por el doctor López. Este, al ser preguntado por Masferrer sobre la actividad futbolística en la ciudad, reduce su práctica a un grupo de británicos que juegan desde hace muchos años en el Prado de San Sebastián, pasando por encima de un Sevilla Foot-ball Club que regenta Gallegos desde 1905. Molesto por estas palabras, el jerezano tomará cumplida venganza en 1914 cuando publica un artículo en El Fígaro donde arremete contra López al decir que antes de 1904 no había deporte en la ciudad, despreciando toda la labor realizada por el doctor quien tenía un gimnasio y daba clases en el Instituto de San Isidoro desde 1895.

Gallegos confraterniza con José Montes Sierra, presidente durante varias etapas del Círculo Mercantil y con multitud de comerciantes locales y residentes extranjeros, consiguiendo impulsar un club que será importante en el futuro y en el que dejará una gran huella.

17.- Hugh MacColl: Nacido el 30 de junio de 1861 en la escocesa ciudad de Glasgow, la “ciudad de los ingenieros”, MacColl fue delineante de joven y luego ingeniero, trabajando en distintas localidades escocesas antes de recalar durante 1889 en la empresa sevillana de Portilla y White, Cia. donde construye componentes para la Armada española. Amante del deporte y con conocimientos sobrados de fútbol, a Hugo -como fue conocido en su estancia sevillana- no le fue demasiado difícil erigirse en capitán del recién constituido Sevilla Foot-ball Club en 1890. Fornido jugador y dotado de una buena técnica, era el más respetado y valorado de la sociedad hispalense hasta el punto de ser considerado como el mejor de todos, orgullo del que se sentía feliz gracias a una estima por el fútbol que queda reflejada en sus cartas.

Su estancia en Sevilla no fue muy larga, casi siete años, pero dejó innumerables amigos en la ciudad y una gran impronta dentro de la comunidad británica, marchando en 1895 a la localidad inglesa de Sunderland donde crea la Wreath Quay Engineering Works Company junto a otro socio, Jameson, dedicándose a la construcción de motores de vapor para barcos militares y de pesca. Fallecido este, su puesto es ocupado por un escocés con pasado en el Sevilla Foot-ball Club, Gilbert Reid Pollock, adquiriendo la empresa la nueva denominación de MacColl & Pollock Ltd. y especializándose en motores y calderas cuya fama atravesará fronteras.

HF Sevilla FC 1890 17

En 1908 y con motivo del trágico terremoto de la ciudad italiana de Mesina, el Sevilla Foot-ball Club encomienda al capitán Adam Wood, comandante del vapor Córdova, hacer escala en Sunderland y adquirir camisas rojiblancas como luce el Sunderland Association Football Club, conjunto que se había adjudicado el campeonato inglés en las ediciones de 1892, 1893 y 1895, siendo subcampeón en 1894. Wood contacta con los ex-sevillistas MacColl y Pollock quienes casualmente tienen su factoría junto al Estadio Roker Park, feudo del club británico, llevando el Córdova cargado de uniformes rojiblancos y de paso, balones, que recalarán en la capital andaluza y que curiosamente en pocas ocasiones serán lucidos al ser declarado el uniforme blanco como oficial. Poco tiempo después otro club español, el Athletic Club bilbaíno, recorrerá el mismo camino y repetirá los pasos sevillistas, siendo a partir de 1910 el rojiblanco su camisa oficial.

 

III Parte

El Sevilla Fútbol Club SAD ante La Futbolteca

La Futbolteca y el Sevilla Foot-ball Club

Acometer una investigación de esta envergadura en la que se estudia el desarrollo de un club desde antes de su origen hasta su oficialización pasando entre medias por su constitución, es un reto que exige mucho de nosotros pero que al mismo tiempo resulta gratificante por poder emplear in situ todo lo conocido durante años de diario aprendizaje. Riotinto Balompié, Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club son los tres clubs que más antiguamente empezaron a jugar al fútbol, aunque luego, con el paso del tiempo, cada uno de ellos evolucionase de una forma distinta y unos prosperasen más que otros. Estos tres casos son dignos de estudio y solo descifrando sus enigmas podremos saber cómo consiguieron sobrevivir en medio de un entorno hostil donde no era fácil vestirse de corto rodeados de personas de otra nacionalidad como los españoles a quienes les resultaban tan extraños y cómo tuvieron que claudicar a la aceptación de una cultura que, aunque no era en extremo muy diferente a la británica, sí eran la inmensa mayoría y sí eran los dueños del país, de modo que la alternativa de éxito pasaba por contar con ellos o morir.

La historia del Sevilla Foot-ball Club es muy rica en su cimentación primitiva al igual que también lo es la del Riotinto Balompié como sección deportiva del Rio-tinto English Club y la del Huelva Recreation Club. Sin embargo la historia de la sociedad deportiva hispalense, tal vez al pertenecer a una ciudad más grande y con más posibilidades, ofrece una gran variedad de matices que los otros dos no nos ofrecen, virtudes las cuales unidas a un origen hasta hace poco desconocido nos impulsaron a decantarnos por su exhaustivo análisis.

El Sevilla Foot-ball Club, una sociedad muy poco investigada en sus raíces decimonónicas, es el ejemplo ideal en quien hemos decidido basarnos para poner en práctica nuestra tesis histórica, una tesis que profundiza en la llegada de distintos deportes británicos a España, la formación de los “protoclubs” o clubs primitivos, la derivación de estos a sociedades especializadas en una única disciplina deportiva, el fútbol, sus problemas de desarrollo en un ambiente poco propicio y finalmente cómo superan un momento crítico para salir más fuertes e impulsados a perdurar con nosotros hasta la actualidad.

A partir de estas líneas veremos cómo el Sevilla Foot-ball Club se amolda como anillo al dedo a la tesis de La Futbolteca y cómo el club hispalense cumple una a una todas y cada una de las premisas que en capítulos anteriores de este apartado relacionado con la historia del fútbol español hemos ido relatando desde hace unos años. Empecemos pues:

El Sevilla Foot-ball Club como British Club

Partiendo desde el punto que el lector conoce sobradamente qué es un “British club” o lo que es lo mismo, una sociedad británica, veamos cómo se ajusta el Sevilla Foot-ball Club a los patrones que siguen en un elevado cumplimiento aquellas primeras entidades deportivas de origen británico que se constituyeron en España independientemente de la disciplina que escogiesen:

1.- Asentamiento de un nutrido grupo de ciudadanos británicos.

Este es el primer paso ineludible para crear un British Club y además ha de ser un número relativamente importante porque de lo contrario su futuro es claramente inviable. En Sevilla, localidad ésta con más relevancia que Minas de Riotinto, Tharsis o Huelva, el asentamiento es anterior a los años cincuenta del s.XIX aunque hay constancia de familias más antiguas, estando los focos británicos concentrados en torno al puerto fluvial, la alimentación y diversas fábricas metalúrgicas que le hacen merecedora de tener un consulado. Empresas como Portilla & White Cía., McAndrews Company Ltd., The Seville Water Works Company Ltd., consignatarios en el Puerto y muchos comerciantes con estrecha vinculación con la economía sevillana son suficiente caldo de cultivo para proporcionar mimbres para constituir un “British Club”.

2.- Surgimiento de un British Club.

Los ciudadanos británicos y, más concretamente los oriundos de Escocia e Inglaterra, al hallarse alejados de su patria intentan crear al poco tiempo de su instalación un lugar de encuentro donde compartir aficiones, cultura y especialmente combatir el ocio. Los británicos, mucho más asociacionistas que los españoles, tienen arraigado desde hace años esta cultura y se agrupan en pequeños colectivos que habitualmente se reúnen en una casa preparada para este fin. Primero será el hogar de uno de ellos, pero luego a medida que vaya aumentando su número alquilarán una casa más grande y finalmente construirán su propia sede con el dinero de los asociados o la ayuda de una empresa o capitalista que les ceda un local. Este paso, que requiere una estructura más sólida y avanzada, demandará la creación de una junta directiva para administrar correctamente al colectivo.

En Sevilla no hay constancia periodística a nivel hispalense acerca de la existencia de un club recreativo al estilo de los onubenses, pero sí de dos clubs de regatas, el Club de Regatas de Sevilla creado en 1875 y el Sevilla Rowing Club fundado en 1890 donde aprovechando las aguas del Guadalquivir los británicos y también sevillanos de pura cepa -ambos eran clubs británicos que admitían españoles-, remaban durante el verano para ejercitarse y de uno de cricket fundado hacia 1879 conocido a través de la prensa británica (London Standard, 10 de mayo de 1879) tal y como sucede con el club de cricket de Jerez de La Frontera -coetáneo a este- o el de Cádiz.

3.- Implementación del deporte en los British Club

La gran afición que sentían los británicos hacia el deporte -era una disciplina más en todos los colegios elitistas-, fue trasladada a los British Club y convertida de hecho en una de sus principales actividades para cubrir el tiempo de ocio. Sin embargo la práctica de todos los deportes existentes en las islas durante aquellos tiempos no fue introducida de forma conjunta, sino paulatinamente debido fundamentalmente a dos razones de peso: no había suficientes personas ni medios para ejercer según que disciplina.

La comunidad británica en Sevilla de los años sesenta, aunque superior en número a otras capitales, no se prestaba para crear distintos clubs dedicados por separado a una sola actividad deportiva. El remo, un deporte en el cual no hacen falta muchos integrantes, fue el primero de ellos ya dentro de los años setenta, pero la llegada de británicos en esta década que se sumaron a los ya existentes o primera generación nacida de estos, dieron pie a crear una sociedad de cricket y recién estrenado 1890, uno de fútbol.

4.- Escisión de las secciones deportivas

Algunos de los socios de los British Club con dedicación recreativa profesaban una gran estima a algún tipo de deporte en concreto y, reunida la cantidad necesaria de adeptos y dispuesto un terreno idóneo para ponerlo en práctica, pronto tomaron un camino independiente dando forma a secciones exclusivas dentro del mismo club. Estas secciones estaban dedicadas normalmente a deportes tan británicos como el fútbol, el lawn-tennis, el cricket, el remo, incluso golf y crocket, este último muy minoritario.

Esta proliferación de ofertas de distinto tipo tuvieron un variado calado entre los socios, pero en el caso del British Club de Las Palmas de Gran Canaria poco a poco se alcanzó el escalafón inmediatamente superior: la independencia. No bastaba con pertenecer a un British Club, sino que además se disponía de la posibilidad de disfrutar de la práctica de un deporte junto con otros socios sin estar a expensas de las normas del British Club.

En el caso de Sevilla no existe documentación que refleje la existencia de un British Club recreativo y tal vez no fuese necesario porque en realidad el Círculo Mercantil actuó oficiosamente como centro neurálgico para la comunidad británica dedicada al comercio cuando no lo fue el Puerto, siendo la aparición de sociedades deportivas espontánea y no fruto de un proyecto principal vinculado a una gran empresa como ocurre en Minas de Riotinto, Huelva y Vigo, quedando al margen Las Palmas de Gran Canaria que discurre por cauces similares a los hispalenses.

5.- Extinción de las iniciativas futbolísticas a nivel de club

Todas las iniciativas futbolísticas emprendidas por los británicos a finales del s. XIX terminaron fracasando por una serie de causas que ahora se explicarán. Los británicos, fueran escoceses o ingleses, cuando se incorporaban a su puesto de trabajo venían con un contrato firmado bajo el brazo, generalmente de dos años, que renovaban si deseaban o renunciaban a prorrogarlo marchándose a otro lado. Ante esta disyuntiva muchos de ellos sólo se relacionaban con compatriotas, no aprendían español y en caso de necesidad siempre tenían un intérprete a mano que les sacase de un apuro, convergiendo toda su vida social y laboral alrededor de la empresa y del British Club donde siempre, en uno y otro sitio, se hablaba inglés.

Contrariamente a los primeros británicos que se instalaron en España a principios del s. XIX y que al ser pocos, medio aventureros y buscadores de fortuna sí se integraron en la sociedad española aprendiendo el idioma e insertándose entre los nativos de forma natural, la segunda oleada británica mantuvo una nula relación con los españoles, estuviesen en el punto geográfico que estuviesen, dando la espalda a una realidad que les envolvía y de la que no podían, como hicieron, ausentarse.

El caso de Sevilla y su British Club, el Sevilla Foot-ball Club, tiene sus propias características y aunque esta sociedad reducirá su actividad alarmantemente a partir de 1893, bien es cierto que la composición de su plantilla es variopinta y lo mismo hay ingleses, escoceses, sevillanos, algún germano y curiosamente un fenómeno que no se repite en otras localidades en similares circunstancias como es la presencia de hijos de primera, segunda e incluso tercera generación de ascendencia británica pero nacidos en la capital andaluza.

6.- Reorganización del fútbol con españoles

Si hasta la fecha el peso del fútbol había estado en manos de los británicos terminando todo como terminó, la segunda tentativa por conseguir afianzar el fútbol en España sí tuvo éxito y lo tuvo precisamente no gracias a un cambio de mentalidad en la actitud de los británicos, que seguían en las mismas aislados en su mundo, sino a la llegada al fin de españoles que, como un niño con un juguete nuevo, querían experimentar y probar nuevas sensaciones. Los españoles no llegaron solos, sino acompañados por británicos con experiencia o por ciudadanos de otras latitudes donde el fútbol se estaba convirtiendo en un deporte importante, pero lo que estaba claro era que el futuro estaba en sus manos o mejor dicho, en sus pies.

La reorganización del Sevilla Foot-ball Club en 1905 se efectúa gracias a la iniciativa de una nueva generación de jugadores sevillanos y de otras provincias andaluzas, incluso del resto de España, pero también gracias a la colaboración de jugadores de ascendencia francesa y origen británico, todos ellos instruidos por algunos ex-jugadores de 1890 y con el apoyo del Círculo Mercantil, una entidad volcada con el deporte.

El “protoclub”

“Protoclub” es el término que hemos decidido emplear para definir a aquellas sociedades que, dotadas de junta directiva y una aceptable estructura organizativa, fueron pioneras en la introducción del fútbol en nuestro país y por extensión, en cualquiera del mundo. Analicemos sus características:

1.- Origen: Un “protoclub” nunca surge en las capas bajas de la sociedad que forman los trabajadores de a pié, de un barrio, medio rural o de una calle común porque primeramente no existe en España el conocimiento a nivel popular de este novedoso deporte y luego las condiciones asociadas que han de reunirse para su práctica les aleja de ellos.

2.- Nacimiento: Suele constituirse al amparo de una empresa grande o un entramado de diversas empresas, siendo sus fundadores ciudadanos británicos que se mueven en la élite por su condición social o cargo con la infiltración de algún español, incluso alemán que les acompaña por razones de mutua conveniencia, iniciándose su actividad alrededor de un reducido grupo con edades comprendidas entre los dieciocho y treinta y pocos años.

3.- Carácter elitista: La aparición de los “protoclubs” en la España decimonónica siempre se da lugar insertada en una burbuja cultural que los aísla del resto de la sociedad, un estrato social propicio para sus intereses en el que pueda nutrirse y desarrollarse guarnecido de la incomprensión y de la incalculable impresión que pueda causar en quienes les observan y desconocen sus actividades. Este idóneo caldo de cultivo lo forman comunidades cerradas, selectas socialmente, enraizadas en una empresa donde hay vínculos entre sus miembros o en una entidad deportiva dedicada a otra disciplina con medios económicos para adquirir uniforme, botas, balones y sobre todo, con personas amantes del sport, cultura de lo que esto significa y tiempo libre para poder ejercerlo.

4.- Socios: Los socios de un “protoclub”, como empleados que son, se deben a la empresa siempre antes que al club, un componente secundario y prescindible a pesar de su innegable labor social, siendo el promedio de estancia en nuestra tierra no muy prolongado -solían firmar contratos por dos años-, es decir, se trata de ingenieros o trabajadores de paso en busca de fortuna o experiencia para relanzarse en su país, aunque algunos con más fortuna y plaza asentada vivirán en nuestro país hasta el final de sus vidas, incluso contrayendo matrimonio con esposas españolas. Su implicación con el club tampoco será la misma en todos los casos ya que los hay muy involucrados que permanecen en varias directivas por llenarles emotivamente, mientras otros, con menor pretensión o de paso, acudirán por compromiso, ocasionalmente o casi nunca al igual que sus gustos también son variados, existiendo quienes sólo practican cricket, quienes se decantan por el fútbol, por ninguno de los dos y si por el lawn-tennis, por todos, por ninguno o por otro tipo de actividad.

5.- No profesionales: A diferencia de los clubs británicos creados en los años setenta y principios de los ochenta con dedicación exclusiva al fútbol donde existe una estructuración y organización muy marcada, donde los directivos hacen de directivos y los jugadores de jugadores siendo estos últimos profesionales y por ende, remunerados, los clubs británicos en España o los integrados plenamente por españoles no lo son y en ningún momento dan en sus primeros años de vida este paso tan importante que puede asegurar su continuidad.

Las entidades constituidas en suelo español son mucho más sencillas, amateurs completamente y con un espíritu deportista que queda patente en toda su extensión, sociedades donde no se perciben remuneraciones, donde no hay obligaciones, ni Liga en la cual competir, ni tan siquiera adversarios a su misma altura. Estas sociedades radicadas en España para poder mantener su actividad han de enfrentarse a sí mismos o concertar encuentros con tripulaciones británicas de paso que atracan en los puertos andaluces, catalanes, vizcaínos o gallegos, es decir, tienen un futuro muy comprometido que dará al traste con muchas de ellas salvo algunos casos contados que, gracias a un relevo generacional y la popularización del fútbol a principios del siglo XX, darán un giro radical a su trayectoria oficializando su situación.

Sin embargo no crea el lector que el fútbol español no mantiene contactos con el profesionalismo de una u otra forma: En 1891, y gracias a una carta escrita el 18 de diciembre por el capitán del Sevilla Foot-ball Club, Hugh MacColl, a un conocido domiciliado en Glasgow, James Matheson, tenemos constancia de la participación de un indeterminado número de jugadores profesionales británicos enrolados en el once titular del Huelva Recreation Club cuando se enfrenta al club hispalense en Tablada el sábado día 12 de ese mes con resultado de empate a un tantos. El cómo y el por qué de esta presencia de jugadores -un montón para Hugh MacColl-, nos es desconocida al igual que si se repitió el hecho, pero al parecer no fue suficiente razón de peso para que el Sevilla Foot-ball Club les plantase cara.

Cuenta MacColl: “Your brother was here last Saturday and with the Huelva team. The matter was a draw one goal each and their goal was an awful flook. Our team was half composed of foreigners some of whom had scarcely a football before, so you can easily understand I am quite pleased with the result considering that they had a lot of men from Queens Park, Bolton Wanderers and such like clubs. I expect we will get on hacking when we go to Huelva. I wish you would come out and assist us”. Traducido al español: “Tu hermano estuvo aquí el sábado pasado con el equipo de Huelva. El resultado fue de empate a un gol y el suyo fue un “churro” horrible. La mitad de nuestro equipo estaba formado por extranjeros, algunos de los cuales apenas habían jugado al fútbol antes, así que como puedes entender estoy bastante satisfecho con el resultado teniendo en cuenta que había un montón de hombres de Queens Park, Bolton Wanderers y clubes así. Espero montarnos en la piratería cuando vayamos a Huelva. Me gustaría que vengas y nos ayudes”.

6.- Alegales: Estas sociedades, lejos de acoplarse a la Ley de Asociaciones de 1887, desde su constitución se mantienen al margen de comprometerse con la legalidad española y aunque no interfieren en ella ni la vulneran, nunca consideran la conveniencia de inscribirse inmediatamente en el Registro de Asociaciones porque, como herederas de la tradición legal británica, se auto-consideran “non-profit corporation“, es decir, sociedades sin ánimo de lucro. Esta conformidad respecto a todo lo británico, para estas entidades es suficiente y entre los socios pertenecientes al club su gobernabilidad recae en la junta directiva, generalmente compuesta por las conocidas hoy en día figuras de un Presidente, un Secreatrio y varios Vocales, encontrándose en ocasiones un Tesorero y un Capitán.

Esta forma de actuar, bajo los ojos de muchos españoles, les otorga un carácter que puede considerarse como “alegal” hasta que dejan de serlo muchos años después cuando cambian su situación al verse obligados a hacerlo por una serie de cambios legislativos como los introducidos en 1901 con el Real Decreto de 19 de septiembre y en 1902 con la Real Orden Circular de 9 de abril.

7.- Localistas: El ámbito de acción de un “protoclub” es muy limitado en correspondencia a un deporte novedoso, con pocos practicantes y sobre todo, con pocas sociedades que tengan un grupo destinado a tal efecto o que sea su esencia. Por lo tanto su margen de maniobra será eminentemente local, aunque en ocasiones las distancias son cortas y se extiende a varias provincias, mientras que su campo de juego lo proporciona gratuitamente o sufraga la empresa pagando los costes de alquiler.

8.- Durabilidad: La vida de un “protoclub” es siempre corta, muy corta en ocasiones y su brevedad no es azarosa ni caprichosa sino que obedece a su condición de pionero, un estigma con el que debe de cargar desde su nacimiento y con el que ineludiblemente vivirá hasta una desaparición que será silenciosa, casi imperceptible, que llegará sin dar aviso y sin ser jamás publicitada. Esta condición, innata en todos ellos, es el alto precio que deben pagar aquellos que se adelantan a su tiempo al irrumpir repentinamente en medio de una sociedad que no les entiende, se escandaliza y no está preparada para asimilar un juego que desconocen y les resulta en demasía extraño. Entender esto bajo la óptica del s. XXI puede ser hasta cierto punto complicado, con lo cual, necesariamente hemos de hacer un pequeño esfuerzo y trasladarnos imaginariamente a aquellos tiempos con el fin de tener una visión más amplia de en qué medio surgieron los primeros “protoclubs”, cuál era su entorno y en qué condiciones sociales tuvieron que moverse para abrirse paso.

9.- Continuidad: El legado deportivo que dejaron aquellas sociedades primitivas tuvo al cabo de los años distintas hijuelas y también otras formas de “continuidad”, pues no todas desaparecieron para siempre fagocitadas por la coyuntura social de aquellos tiempos. Así pues, y tras estudiar detenida y concienzudamente cada uno de los casos, observamos dos tipos de herencia que en función de su protagonista muestran una continuidad o una discontinuidad:

1. Clubs continuistas: Son aquellos que irrumpieron en el panorama español y después de unos años de actividad, dejaron de ser noticiables por la falta de socios y se difuminaron en otras sociedades que mantuvieron su llama en vivo hasta que años después se reorganizaron en torno a la base primitiva considerándose los mismos. Entre ellas encontramos a tres: Rio-Tinto English Club, Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club.

2. Clubs no continuistas: Son aquellos que en las mismas condiciones que los anteriores no se reorganizaron en torno al núcleo primitivo, sino que perdieron su esencia y fueron sustituidos por grupos de personas totalmente ajenos a la iniciativa original y con consciencia de emprender un nuevo proyecto. Entidades como la Sociedad de Foot-ball Barcelona, Exiles Cable Club en Vigo, Athletic Club de Astilleros en Bilbao o Sky Foot-ball Club en Madrid son algunos ejemplos.

El Sevilla Foot-ball Club como “protoclub”

El carácter fluvial del puerto de Sevilla, distante al mar en cien kilómetros y a salvo de contrabandistas o de ataques externos, fue clave para que la Corona de Castilla le adjudicase el monopolio en exclusiva de la Carrera de Indias, siendo este vital para su desarrollo. Sin embargo la falta de calado, sinuosidad y limitación a unos navíos con cada vez más tonelaje acabaron en 1717 por cerrarles las puertas en beneficio del puerto de Cádiz, decisión que supuso sumir a la ciudad hispalense en una gran depresión económica que le hizo perder la mitad de sus habitantes y tardar algo más de siglo y medio en recuperarse.

A partir de 1850 la Revolución Industrial empieza a hacer mella y en la ciudad aparecen tímidos intentos de industrialización, propiciando además la atracción de navieras británicas interesadas en importar los productos alimenticios que proporciona el fértil granero andaluz. En 1859 se establece Robert MacAndrews & Company Ltd. a través de su testaferro John Cunningham, iniciándose la exportación hacia los puertos de Liverpool y Londres que ocasionarán la creación de la naviera Miguel Sanz y Cía. en 1861 y la instalación definitiva en 1873 de la poderosa MacAndrews & Company Ltd. escocesa. La presencia escocesa y por ende británica en Sevilla cada año es más palpable, siendo más notable en 1882 cuando empresarios de esta nacionalidad crean la The Seville Water Works Company Ltd. E.&A., suministradora de agua potable tras canalizarla procedente de los Caños de Carmona y con gran presencia de trabajadores ingleses en su plantilla.

No son los únicos británicos residentes en la ciudad y con anterioridad, desde 1855, el ingeniero inglés Isaías White está ya domiciliado, formando en 1856 junto a los hermanos Portilla la que se convertirá en gran empresa siderúrgica Portilla y White, Cía., especialista en fundición de cañones para la armada, rejas, máquinas a vapor y todo lo relacionada con la forja y fundición, trayendo consigo un reducido séquito de operarios originarios de las islas para la dirección técnica. El encuentro entre todos los británicos durante las décadas de los años setenta y ochenta decimonónicos es inevitable, estableciéndose relaciones comerciales entre ellos con sectores tan íntimamente ligados como la fundición, la exportación de enseres, los barcos y tuberías junto a máquinas de vapor.

En medio de una sociedad británica que se precie y más si cabe inmigrantes en otro país, además de las relaciones laborales figuran las sociales, siendo la tierra sevillana idónea por su clima para prácticas deportivas tan arraigadas en el Reino Unido como el remo, modalidad que en 1875 ya cuenta con un representante, el Club de Regatas de Sevilla formado por británicos y españoles a partes iguales que desaparece en 1883, la Sociedad Sevillana de Regatas creada en 1876 compuesta únicamente por españoles que cesa su actividad en 1886 y en tercer lugar el Seville Rowing Club creado en 1889, una sociedad mixta británico-española que se mantendrá en activo durante muchos años. Este no muy numeroso grupo inicial de británicos cuenta en 1879 con un club de criquet y a partir de 1882 se verá incrementado con los operarios procedentes de la The Seville Water Works Company Ltd. E.&A., ampliándose el margen de maniobra y las posibilidades de realizar más actividades de forma conjunta.

A mitad de los años ochenta de la Sevilla decimonónica, el fútbol en el Reino Unido, sobre todo en Escocia, es un deporte ya asentado que empieza a concentrar a un elevado número de practicantes y sobre todo de masas que siguen su evolución. Es el deporte de moda y tanto en colegios como en institutos se convierte en una actividad que forma parte del programa docente de educación física, algo en lo que España se encuentra a años luz. El núcleo de residentes británicos en Sevilla muestra una gran devoción por el deporte y así vemos como practican remo en verano y fútbol en invierno, disputándose varios encuentros entre temporada y sobre todo los muy entrañables de Navidad en los que se citan todos en señal de confraternidad frente a los grupos británicos que la Rio-Tinto Company Ltd. tiene en las localidades onubenses de Minas de Riotinto y la capital Huelva. En estos encuentros, dependiendo del número de congregados, lo mismo se enfrentan unos contra otros en nombre de la localidad que representan, como combinados de unos y otros contra terceros según las circunstancias les obliguen.

La práctica de este deporte cunde tanto en algunos miembros británico-sevillanos, muchos de ellos enrolados en el Círculo Mercantil, que el 25 de enero de 1890 constituyen el Sevilla Foot-ball Club, sociedad presidida por el vice-cónsul y a la vez representante de la naviera MacAndrews & Company Ltd. como también director de la The Seville Water Works Company Ltd. E.&A., Edward F. Johnston y conducida por el joven Isaías White, su alma mater, hijo de uno de los copropietarios de Portilla y White Cia. El Sevilla Foot-ball Club se convierte en el primer club en España confeccionado expresamente para la práctica de esta modalidad deportiva y es el “protoclub” local por excelencia, aunque en la ciudad no cuenta con el favor de la prensa quien en momento alguno refleja sus andanzas, al contrario que ocurre en Huelva o pocos años después en Bilbao, Madrid o Barcelona donde sí se muestran más sensibles a hechos de estas características.

La plantilla sevillana, toda ella integrada por trabajadores relacionados con las distintas empresas británicas tanto de origen británico, español o hispano-británicos de primera generación, concierta el 8 de marzo de 1890 un encuentro frente al Huelva Recreation Club, sociedad fundada apenas treinta y nueve días antes en lo que se considera el primer partido disputado por dos clubs constituidos en España, aunque con la matización de que ambos estén integrados mayoritariamente por británicos y uno sea un club de recreo que practica fútbol, el onubense y el otro sea un club de fútbol exclusivamente, el sevillano. El “protoclub” hispalense, dada la procedencia de sus integrantes y la no obligatoriedad, no opta por inscribirse en el Registro del Gobierno Civil, lo que le convierte en “alegal” e inadvertido para las autoridades españolas, discurriendo su vida deportiva de forma azarosa frente a los clubs onubenses y sin apenas más rivales en la zona que compartan su dedicación.

Tras las épicas y trágicas inundaciones que asolan la ciudad en marzo de 1892 las cuales arrasan el barrio de Triana y afectan a Portilla & White, Cía., apenas más se sabe de las prácticas de estos muchachos, localizándose a varios de ellos en el Seville Rowing Club. Durante los años siguientes no hay noticias en prensa sobre fútbol, pero sí de gran parte de sus miembros que siguen remando en el Seville Rowing Club y practicando gimnasia durante la campaña veraniega durante unos años, volviéndolas a tener en 1900, 1901 y 1902 cuando hay constancia de actividad futbolística en La Trinidad y en el Prado de San Sebastián protagonizada por miembros pertenecientes al Círculo Mercantil, actividad que ya no se abandona. La gran relación de este grupo de pioneros con la sociedad hispalense de principios de siglo asentada alrededor del Círculo Mercantil e Industrial junto a la resonancia en toda España que están teniendo los torneos anuales que se dilucidan en Madrid, propiciarán que el 14 de octubre de 1905 cristalice definitivamente la oficialización del Sevilla Foot-ball Club conforme al Real Decreto, de 19 de septiembre de 1901 y a la Real Orden Circular, de 9 de abril de 1902, sociedad presidida por José Luís Gallegos que queda registrada conforme la legalidad española.

 

IV Parte

El Sevilla Fútbol Club SAD ante los clubs y organismos

Similitud Sevilla Fútbol Club vs Real Club Recreativo de Huelva SAD

La introducción del fútbol en España tuvo en sus inicios dos focos bien marcados: de un lado el triángulo que forman con sus tres vértices las ciudades de Huelva-Minas de Riotinto-Sevilla y de otro la ciudad de Vigo, agregándose años después otros focos localizados en puntos tan alejados como Barcelona y Bilbao, a los que se les unió más tarde Madrid. No crean quienes estén leyendo estas líneas que el fútbol tuvo como principal base de operaciones la localidad de Minas de Riotinto, pues aunque es bien cierto que allí se constituyó una sociedad en 1878 que practicaba el fútbol entre otras disciplinas, no hay que olvidar que en Vigo se jugaba como mínimo en 1876 y que remontándonos unos años más atrás, Jerez de La Frontera fue pionera antes que todas las mencionadas al tener registrado en el año 1870 la primera fecha donde se menciona la palabra “foot-ball” en todo el país.

Ahora bien, una cosa es que un grupo de ciudadanos británicos jueguen al fútbol y otra bien distinta que estén organizados bajo el amparo de una sociedad. Estar sujetos a un club, sea recreativo o sea de fútbol, requiere disponer de una directiva con unos cargos electos con varias responsabilidades, léase presidente, secretario, tesorero e incluso capitán, además de una cantidad de socios que junto a los mencionados contribuyen a abonar unas cuotas para el buen mantenimiento de la sociedad. En el caso de Jerez de La Frontera y de Vigo, dos localidades donde se registra fútbol antes que en Sevilla y Huelva hasta allá donde nosotros conocemos, no nos consta sociedad alguna, es decir, no hemos encontrado ningún club con nombre y apellidos ni junta directiva que nos permita decir con total seguridad que la práctica de fútbol que se ha encontrado en algunos periódicos estuviese sujeta a un club constituido, lo cual dicho sea de paso, tampoco significa que no los hubiese pues, como hemos hallado, en el caso de Jerez de La Frontera sí había un club dedicado al cricket, lo cual nos hace pensar que también pudiese darse uno de fútbol.

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Apuntado esto, los clubs recreativos de Minas de Riotinto y Huelva, ambos con una clara predilección por el cricket entre la gran variedad de deportes que practicaban -como sabemos a través de La Provincia y por boca del nieto de Charles Adam (primer presidente del Huelva Recreation Club), el señor John Adam, quien manifiesta que su abuelo habilitó el campo anexo a la fábrica de gas en Huelva para jugar a este deporte, su favorito, para luego cederlo al fútbol-, junto con el de Sevilla, son los tres primeros clubs de los que hay constancia en España que practican esta disciplina, en concreto el sevillano solo esa, aunque existen indicios muy firmes de que Jerez de La Frontera, Tharsis, Málaga y Cádiz al menos disponían de un grupo que jugaba frente a los citados.

Sin embargo y tras muchas horas empleadas en su estudio, es digno de destacar el gran paralelismo que ofrecen el actual Sevilla Fútbol Club SAD y el Real Club Recreativo de Huelva SAD, antigua y respectivamente conocidos como Sevilla Foot-ball Club y Huelva Recreation Club, tanto que sorprende al menos durante sus primeros años de vida. Estas dos sociedades, dos de las tres primeras, parecen jugar con nosotros -los investigadores-, y nacen prácticamente al unísono, pues tan solo treinta y nueve días les separan. Ambas son lideradas por ciudadanos británicos -muchos más en Huelva (casi todos) que en Sevilla-, las dos tienen como presidente a la más alta autoridad británica en sus respectivas ciudades de adopción y las dos nos han legado su constitución a través de una crónica periodística, la onubense en un medio local, La Provincia, mientras el sevillano en un medio escocés, The Dundee Courier & Argus.

Siguiendo con esta igualdad, ambos son los protagonistas del primer duelo entre dos clubs constituidos en España, el famoso encuentro del 8 de marzo de 1890 en el sevillano hipódromo de Tablada, ninguno de los dos declara su existencia frente a terceros según indica la Ley de Asociaciones de 1887 y tanto uno como otro pierden protagonismo en la última década del siglo XIX ante la pérdida de socios. Ninguna de las dos sociedades se disuelve y respectivamente toman la decisión de sobrevivir al regazo de sociedades más poderosas, el Seaman’s Institute en el caso los onubenses y el Círculo Mercantil en el de los sevillanos.

Como no podía ser de otra manera y vistos los antecedentes descritos entre la última década decimonónica y principios de la siguiente, tanto uno como otro se reorganizan a principios del siglo XX cuando han surgido otros clubs en el país y con miembros de sus sociedades de acogida que actúan como puente, liderando el Seaman’s Institute la iniciativa onubense en 1903 que tarda en consolidarse varios años después y haciendo lo mismo el Círculo Industrial con el club hispalense que también precisa de tiempo para tomar carrerilla. Finalmente y por si alguien tenía alguna duda, las dos se inscriben en el Registro cumpliendo con la Ley de Asociaciones de 1887 gracias a las modificaciones propiciados por el Real Decreto del 19 de septiembre de 1901 y la Real Orden Circular del 9 de abril de 1902.

Si el Real Club Recreativo de Huelva SAD necesitó cerca de tres décadas para demostrar que fue constituido el 18 de diciembre de 1889 gracias a una crónica publicada en 1889 y encontrada muchos años después, pues era de creencia popular que había sido fundado en 1903 y así lo creían firmemente sus aficionados, el Sevilla Fútbol Club SAD de quien todos creíamos haberse creado en 1905, ha requerido nada más y nada menos que doce décadas, pues otra crónica, esta vez publicada en 1890, confirma que la sociedad se constituye el 25 de enero de 1890.

Por lo tanto, siendo justos y equitativos, los mismos argumentos que valen para uno deben ser aplicados al otro.

Similitud Sevilla Fútbol Club SAD vs Fútbol Club Barcelona

Si la similitud entre el Sevilla Fútbol Club SAD y el Real Club Recreativo de Huelva SAD llega a extremos tan parecidos que a ambas sociedades se les puede etiquetar de clónicas, otro gran club español y con una amplia trayectoria histórica, el Futbol Club Barcelona, presenta también una gran semejanza, al menos en su origen, con los hispalenses.

Todo empieza con las regatas, pues si en Sevilla parte de los fundadores del Sevilla Foot-ball Club practicaban remo en el Seville Rowing Club -fundado en 1890 y sustituto de otros creados en 1875 y 1876- como complemento a una dualidad deportiva que se dividía a lo largo del año dedicando el equinoccio de invierno al fútbol y el de verano al remo, en Barcelona tenemos al Real Club de Regatas cuyos socios en 1892 se dividen en dos bandos para jugar en Bonanova, acto que se repite en más ocasiones y que viene a corroborar lo fácil que era saltar de una actividad a otra sin perjuicio en la práctica de cualquiera de ellas ni en sus respectivas sociedades.

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Tirando del hilo y centrándonos en el fútbol, la constitución y posterior oficialización del Fútbol Club Barcelona marca unos pasos que en algunos casos serán seguidos por el Sevilla Foot-ball Club, pues el liderato a nivel nacional que adquiere el club catalán en los primeros años del siglo XX no pasa desapercibido para los hispalenses y estos toman el modelo estatutario azulgrana como propio. Analicemos la secuencia de los hechos:

El Fútbol Club Barcelona se constituye el 29 de noviembre de 1899 como sociedad dedicada única y exclusivamente a la práctica del fútbol siguiendo la voluntad de un grupo de personas que de forma libre, independiente y desligada de otras iniciativas anteriores llevadas en la ciudad, pretenden por si mismos crear un club que les represente. El club barcelonés, tal y como ocurre con los precedentes coetáneos de Minas de Riotinto, Huelva, Sevilla, Vigo, Las Palmas de Gran Canaria y Madrid, no declara frente a terceros su existencia como recomienda la Ley de Asociaciones de 1887 y en 1902, concretamente el 29 de diciembre, se ve obligado a constituir una junta directiva para presentarse oficialmente ante la sociedad como un club de carácter recreativo como consta en el Registro de Asociaciones disponible en el Gobierno Civil, hecho rubricado el 3 de enero de 1903, una obligación recordemos que le viene impuesta por el Real Decreto del 19 de septiembre de 1901 y la Real Orden Circular del 9 de abril de 1902.

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El Sevilla Foot-ball Club, una sociedad anterior en el tiempo al club catalán y hasta que no se demuestre lo contrario el primer club de fútbol constituido en España quedando al margen los dos recreativos onubenses -clubs recordemos con dedicación no exclusiva a este deporte-, pues viene al mundo nueve años antes -el 25 de enero de 1890-, en el momento de reorganizarse tras varios años de lenta recuperación elige la fecha del 23 de septiembre de 1905 para constituir una junta directiva y acto seguido inscribirse en el Registro de Asociaciones del Gobierno Civil sevillano en cumplimiento de la Ley de Asociaciones de 1887, siguiendo al igual que los barcelonistas las directrices legales que marcan los anteriormente mencionados Real Decreto del 19 de septiembre de 1901 y Real Orden Circular del 9 de abril de 1902.

La labor del club barcelonista y su influencia en la junta directiva sevillana no queda ahí y los primeros estatutos redactados por el Sevilla Foot-ball Club, gracias a la influencia de un nativo barcelonés pero sevillista en alma y espíritu como José Graells Miró, serán prácticamente los mismos que los del Foot-ball Club Barcelona, siendo también Graells el instigador de la inscripción en el Registro de Asociaciones.

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Si el Fútbol Club Barcelona no es cuestionado por la cronología y pasos realizados entre 1899 y 1903 reconociéndose como fecha de constitución el 29 de noviembre de 1899, siguiendo los mismos parámetros, vara de medir y el mismo principio de igualdad que debe prevalecer en la consideración de los clubs que ya se ha visto en el caso del Real Club Recreativo de Huelva SAD, realizando el Sevilla Fútbol Club SAD los mismos pasos que estos dos clubs merece por respeto el mismo trato y consideración.

La fundación de una Asociación

Llegados a este punto cabe la posibilidad de que el lector se pregunte por qué razón se establece una similitud entre el Sevilla Fútbol Club SAD respecto a otras sociedades como Real Club Recreativo de Huelva SAD y Fútbol Club Barcelona, y por qué no se realiza una comparativa con otras entidades históricas como lo son a nivel nacional el Athletic Club, de Bilbao y el Real Madrid Club de Fútbol. La respuesta a esta cuestión es sencilla y no obedece a un trato despectivo hacia el club bilbaíno o el madrileño, algo descartado, por supuesto, sino a una realidad que los tres comparados presentan en común y los cinco en su conjunto no: sevillanos, onubenses y barceloneses tienen una fecha concreta de constitución primitiva, mientras que bilbaínos y madrileños carecen de ella pese a existir datos totalmente creíbles en torno a su origen establecido en 1898 y 1900 respectivamente, desconociéndose lamentablemente en la actualidad qué día fueron constituidos y quiénes sus juntas directivas.

Todos ellos jugaban al fútbol en 1901 y ninguno de ellos se había suscrito voluntariamente a la Ley de Asociaciones de 1887 pese a que la conocían de sobras, una Ley no muy complicada de seguir que facilitaba con una serie de pasos la labor de cumplir con la legislación Española. Veamos qué decía aunque sea escuetamente:

Art. 4º. Los fundadores o iniciadores de una Asociación, ocho días por lo menos antes de constituirla, presentarán al Gobernador de la Provincia en la que haya de tener aquélla su domicilio, dos ejemplares firmados por los mismos, de los estatutos, reglamentos, contratos ó acuerdos por los cuales haya de regirse, expresando claramente en ellos la denominación y objeto de la Asociación, su domicilio la forma de su administración ó gobierno, los recursos con que cuente ó con los que se proponga atenderá á sus gastos, y la aplicación que haya de darse á los fondos ó haberes sociales caso de disolución.

Art. 5º. Transcurrido el plazo de ocho días a que se refiere el párrafo primero del artículo anterior, la asociación podrá constituirse o modificarse con arreglo a los estatutos, contratos, reglamentos o acuerdos presentados, salvo lo que se dispone en el artículo siguiente. Del acta de constitución o modificación deberá entregarse copia autorizada al gobernador o gobernadores respectivos dentro de los cinco días siguientes a la fecha en que se verifique.

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Quizás el carácter declarativo frente a terceros, que no constitutivo de esta Ley, provocó que estas sociedades se mantuvieran al margen de ella y se convirtiesen en “alegales”, pero esta situación no podía alargarse demasiado y su fin era cuestión de tiempo. Entre 1900 y 1901 el Gobierno ya mostraba inequívocos indicios de estar hastiado de que muy pocas asociaciones estuviesen al corriente, por lo que en el Congreso se debatía intensamente acometer algún tipo de cambio que invirtiese la tendencia. Enterados de estos movimientos y anticipándose a su publicación, el Athletic Club, de Bilbao, se constituye el 11 de junio inscribiéndose en el Registro el 5 de septiembre, mientras el Real Decreto se emite el 19 de ese mismo mes.

El órdago del Gobierno es serio y el Madrid Foot-ball Club se oficializa el 6 de marzo de 1902 consiguiendo su registro el 18 de abril, elevándose el tono del ejecutivo cuando el 9 de abril se emite una Real Orden Circular en el mismo sentido. El Foot-ball Club Barcelona no tarda en claudicar y el 29 de diciembre redacta nuevos estatutos inscribiéndose en el Registro el 3 de enero de 1903. El Campeonato de España de 1903, el primero a nivel nacional en nuestra historia, queda suscrito a la Ley y las sociedades que desean participar han de cumplir con tales requisitos. Dicho torneo capta la atención de los aficionados onubenses y de este modo el Club Recreativo de Huelva, el más antiguo de todos, se reorganiza en la primavera de 1903, redactando estatutos el 15 de mayo y registrándose tres días después. En cuanto al Sevilla Foot-ball Club, sociedad en similares circunstancias a los blanquiazules, queda oficializado el 14 de octubre de 1905 desconociéndose su registro al ser devastado por un pavoroso incendio el Gobierno Civil de la capital andaluza.

Conociéndose esta sucesión de hechos puede ser que alguien pueda caer en la tentación de pensar que la aceptación de la Ley de Asociaciones de 1887 y el cumplimiento a rajatabla de lo dispuesto en el Real Decreto de 19 de septiembre de 1901 y Real Orden Circular de 9 de abril de 1902 suponga un cambio significativo en el orden de las cosas, de modo que las fechas establecidas a consecuencia de la aplicación de esta Ley sean las que imperen y no otras.

Especulando con este juego podría darse el caso de que algunos clubs pudieran salir beneficiados en perjuicio de otros en previa posición de privilegio, peros quizás algunos puedan llevarse un desengaño y yerren en sus cálculos, puesto que siendo estrictos con esta postura el nuevo orden por constitución oficial en base al cumplimiento de la Ley de Asociaciones quedaría liderado por el Athletic Club, 11 de junio de 1901, segundo el Real Madrid Club de Fútbol, 6 de marzo de 1902, tercero el Fútbol Club Barcelona, 29 de diciembre de 1902, cuarto el Real Club Recreativo de Huelva SAD, 15 de mayo de 1903 y cerrando el Sevilla Fútbol Club, 14 de octubre de 1905.

Afortunadamente los mentores que hay tras la Ley de Asociaciones de 1887 no permitieron este tipo de cábalas y como personas cualificadas con amplio sentido común, dejaron la puerta abierta en 1887 para que las asociaciones ya existentes o futuras pudieran suscribirse con carácter declarativo en los Gobiernos Civiles sin que la no inscripción fuese sinónimo de inexistencia, mientras que con las decisiones de 1901 y 1902, aunque la suscripción se convirtió en obligatoria y se amenazaba con la suspensión de las asociaciones en caso de no aplicarse a la Ley, en ningún caso se mencionaba la disolución de estas, su inexistencia conllevando la pérdida de la historia acumulada desde la constitución primitiva, ni la constatación como asociación de nuevo cuño desde el momento de someterse a la Ley, es decir y para que se entienda, los clubs constituidos legalmente -aunque fuesen “alegales” antes de acogerse a la Ley de Asociaciones-, seguían manteniendo su antigüedad y los privilegios que de esta se arrastran.

Por esta razón los hoy Real Club Recreativo de Huelva SAD, Sevilla Fútbol Club SAD, Athletic Club, de Bilbao, Fútbol Club Barcelona y Real Madrid Club de Fútbol mantienen intacta su antigüedad original.

La opinión del equipo de La Futbolteca

La Futbolteca, un equipo compuesto por un reducido número de personas que investigamos la historia del fútbol español todo lo mejor que podemos, llevamos años trabajando tanto en este tema como en otros por el interés de todos los aficionados a este grandioso deporte, pero una vez preguntados por la opinión que nos merece el tema largamente tratado en este artículo no queremos extendernos más de la cuenta en la respuesta y por ello, a la duda planteada y apoyándonos en todo lo que sabemos manifestamos que: Sevilla Foot-ball Club de 1890 y Sevilla Fútbol Club de 1905 son negro sobre blanco… EL MISMO CLUB.

La posición del Real Club Recreativo de Huelva SAD

La recuperación por parte del Sevilla Fútbol Club SAD de una parte importantísima de su historia rectificando su hasta ahora reconocida fecha de constitución datada el 14 de octubre de 1905 y retrotrayéndola al 25 de enero de 1890, conlleva sin duda a la inevitable equiparación del club hispalense respecto al Real Club Recreativo de Huelva SAD, un club hasta ahora un paso más adelante que el resto de sociedades constituidas, quedando ambos al mismo nivel en cuanto a la consideración de clubs históricos creados una decena de años con antelación al resto de los grandes clubs originados en el cambio de siglo, aunque existan unas semanas de distancia entre la fundación de uno y otro.

Treinta y nueve días son los que separan en días naturales al club onubense creado el 18 de diciembre de 1889 del club sevillano, creado el 25 de de enero de 1890, cinco semanas y media que no hacen sino constatar que ambas ciudades fueron junto a otras localidades del sureste peninsular a las que ha de sumarse la gallega ciudad de Vigo -la otra gran puerta de entrada-, pioneras en la introducción del fútbol en España.

Real Club Recreativo de Huelva SAD y Sevilla Fútbol Club SAD son dos clubs privilegiados en nuestro país por haber mantenido una trayectoria dedicada al fútbol que supera ya los ciento veinte años, pero esto no ha sido siempre así. Los blanquiazules no vieron reconocida su constitución hasta muchos años después de convencer con argumentos y una nota aparecida en el periódico La Provincia al resto de sociedades con una fecha que distaba en mucho de clubs como el F.C. Barcelona y el Athletic Club, de Bilbao, quienes se auto-consideraban como los primigenios en este deporte. El Recreativo tuvo que luchar después con una gran crisis desatada en 1925 que le alejó de la competición durante año y medio primero y, en segundo lugar, con un episodio de rebeldía frente a la Federación Regional del Sur que casi le costó su disolución. Subsanados sus problemas económicos, los onubenses retomaron su historia y la han mantenido con orgullo hasta hoy, sabedores de su origen y de la gran distancia que tradicionalmente les ha separado del resto hasta el punto de ser considerados por muchos como el Decano del fútbol nacional.

El trabajo realizado por el Sevilla Fútbol Club SAD luchando por una historia que es suya, lejos de tomarse como una amenaza para la situación de privilegio que ostenta el club blanquiazul, debería ser respetada como lo fue él mismo cuando mantuvo la misma postura hace muchas décadas atrás peleando duramente por recuperar unos años que le pertenecían. El club hispalense muestra ahora los mismos argumentos y a la misma altura que en su día hizo la sociedad onubense, incluso la fortuna parece estar de su lado por cuando el destino, caprichoso como nadie, ubica en Escocia una nota aparecida en el periódico The Dundee Courier & Argus donde, al igual que ocurrió con el club blanquiazul, se recoge la fecha de constitución y parte de la junta directiva.

La alarma que el 25 de enero de 1890 puede ocasionar en el club onubense no está justificada, pues la historia es la que es y debe ser tomada como viene. Si el destino quiso que el 18 de diciembre de 1889 en Huelva se constituyese un club recreativo dedicado a actividades culturales y deportivas y en Sevilla, treinta y nueve días después, otro con finalidad exclusiva al fútbol, hay que aceptarlo. Queda claro que desde hace muchísimos años y con el punto de vista actual, tanto Real Club Recreativo de Huelva SAD como Sevilla Fútbol Club SAD son clubs con plena dedicación balompédica, sin duda, pero también cabe recordar que en el momento de su constitución esto no fue así y mientras la sociedad onubense era un club recreativo, la sevillana lo era únicamente de fútbol, un hecho que es lícito mencionar. “Reddite ergo quae sunt Caesaris, Caesari el quae sunt Dei Deo”, o sea, “Dadle a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”.

En el mismo sentido y apelando a la cronología histórica, también hay que subrayar que el Recreativo es más antiguo que el club sevillano, sean treinta y nueve días como lo hubiera sido tan solo uno, pero en el caso de que no hubiese sido el 25 de enero de 1890 y la fecha constitutiva hispalense precediese a la onubense, todos estarían obligados a aceptarla significase lo que significase.

Andalucía cuenta con los tres clubs más antiguos de España en práctica futbolística, pues si Real Club Recreativo de Huelva SAD y Sevilla Fútbol Club SAD son líderes en este aspecto, también es justo meter en la misma pomada al Riotinto Balompié, club con un origen que se remonta hasta 1878. Bajo nuestro punto de vista, una óptica libre de cualquier sospecha y totalmente imparcial, opinamos firmemente que los clubs implicados y en la medida que les corresponde, deberían olvidarse de mirarse tanto el ombligo y desprenderse de intereses particulares que crean desavenencias, fijándose más en lo que les une y menos en lo que les separa.

La posición de los clubs españoles

La comunidad de clubs que forman las miles y miles de sociedades constituidas en España y que en su inmensa mayoría están asociadas a la R.F.E.F. para competir en cualquiera de sus campeonatos, ocupan una extensa lista en la cual encontramos desde clubs recreativos, atléticos, gimnásticos, uniones deportivas, sociedades deportivas, hasta clubs cuya única disciplina es el fútbol. Todos ellos tienen cabida en la R.F.E.F. sea cual sea su origen y hayan jugado siempre al fútbol o lo hayan adoptado tiempo después de su creación.

No obstante si analizamos cada uno detenidamente, observaremos que no todos se registraron el mismo día en el cual se constituyeron, que un gran número de ellos permanecieron al margen del Registro durante muchísimo tiempo dedicados al fútbol amateur o al fútbol base y que un elevado porcentaje de los clubs de hoy con cierta antigüedad en la mochila, tuvieron “lagunas” en su respectivo historial atribuibles a diversos motivos como no reunir una cantidad mínima de socios para jugar, no existir un relevo a una junta directiva dimisionaria, por imposición de un castigo económico de procedencia federativa o incluso por expulsión de una federación territorial durante un cierto periodo.

Pues bien, todos ellos, sin excepción, lograron ser readmitidos en la R.F.E.F. tras reorganizarse con nuevos socios, tras pagar una deuda federativa o tras cumplir un castigo, incluso habiendo cambiado de nombre siempre y cuando demostrasen ser los mismos, porque en el fútbol hay desapariciones por ausencia de actividad, claro que las hay y las seguirán habiendo, pero cuando un grupo de personas toma el timón de un club y tiene la vocación de continuar la labor deportiva, mientras no haya una disolución por el medio, ese club es el mismo y así lo acepta la R.F.E.F. y el mundo del fútbol.

El Sevilla Fútbol Club SAD fue oficializado por un grupo extenso de personas el 14 de octubre de 1905, un grupo de jóvenes que deseaban desde hace años atrás legalizar una situación que había empezado una generación anterior el 25 de enero de 1890 y que por las razones conocidas había perdido su ímpetu inicial. Hay una constitución del Sevilla Foot-ball Club en 1890 y no hay una disolución entre esa fecha y el 14 de octubre de 1905, con lo cual aquellos jóvenes que, como hemos probado en este artículo, eran en su mayoría conocidos, familiares, compañeros de trabajo de los pioneros y socios igualmente del Círculo Mercantil -el eslabón que les une-, expresaron su voluntad de continuar algo que no había terminado y que pasados más de ciento veinte años, todavía tiene futuro.

El fútbol español deberá seguir acogiendo al Sevilla Fútbol Club SAD como una sociedad más, profesional en este caso, sin distinción ni favoritismo, pero debe saber que este club es del siglo XIX y no del XX como durante tantas décadas ha sido reconocido, un privilegio del que gozan muy pocos en España y que con documentos en las manos el club hispalense puede probar.

No reconocer este hecho sería implícitamente no reconocer la antigüedad de una sociedad como el Real Club Recreativo de Huelva SAD, una entidad histórica en nuestro fútbol de reconocido prestigio y de mayor edad que presenta los mismos registros, casi como un calco, a los del club sevillista, por lo cual de ser así prevalecería un club sobre otro, una decisión injusta en un deporte en el que presuntamente todos son iguales y que supondría una mancha muy oscura para un país que ha sido campeón del mundo a nivel de selección absoluta además de presumir de entender de fútbol. O los dos… o ninguno de los dos.

La posición de la F.I.F.A.

Recientemente este organismo tan importante en los designios del fútbol -el que más-, se ha postulado en cuanto a la fecha de constitución del Sevilla Fútbol Club SAD y el origen de su historia, incluyendo a la entidad hispalense dentro del distinguido apartado dedicado a los Clubs clásicos, es decir, todos aquellos que acumulan a sus espaldas una cantidad significativa de años dedicados a la práctica de este deporte.

Así pues y consultando su página en Internet, leemos que: “El fútbol llegó a España a bordo de embarcaciones británicas. Y dado que el río Guadalquivir es navegable hasta la ciudad de Sevilla, por vía acuática también se abrió paso hasta allí. Los empleados extranjeros y locales de la Naviera McAndrews empezaron a madurar la idea de un equipo en 1890 pero no fue hasta el 14 de octubre de 1905 cuando se hizo oficial”.

Desconocemos de forma directa cómo la F.I.F.A. ha obtenido esta información hasta la fecha poco divulgada y que el propio Sevilla Fútbol Club SAD está manejando con tanto cuidado y esmero por el momento, aunque de forma indirecta sospechamos que este organismo ha reparado en la labor que está desempeñando el club sevillista en pos de recuperar su historia y cuyos resultados, avalados por el fondo documental de la British Library, vienen publicándose en distintas páginas digitales de su entorno que han originado una serie de comentarios tanto en periódicos locales como a nivel nacional.

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Dentro de estos resultados, en la parte que nos corresponde y desde nuestra humildad, en La Futbolteca también queremos aportar nuestro granito de arena y reparar en el revuelo que hace pocas fechas ha causado un artículo nuestro titulado “Escocia: cuna del fútbol español”, dedicado a recoger la importancia que tuvieron los ciudadanos escoceses a la hora de difundir el fútbol en España y que tan buena acogida ha tenido en el Reino Unido y especialmente, como es lógico, en Escocia, artículo que requirió por su trascendencia ser traducido al inglés.

Sin embargo, visto desde un plano historicista, lo que más nos importa y por ello lo citamos, es que la F.I.F.A., al contrario que observamos mayormente en España, no tiene reparo en admitir el desenlace final de este artículo cual es demostrar que Sevilla Foot-ball Club y Sevilla Fútbol Club SAD son el mismo club, algo indivisible. El párrafo arriba indicado demuestra que la F.I.F.A. es consciente y tiene claro, sin ninguna presión mediante, que una cosa es la fecha de constitución de una sociedad y otra la fecha de oficialización mediante acta registral, dos conceptos íntimamente ligados y que no necesariamente tienen por qué cumplirse al mismo tiempo. Es decir, nos alegra en grado sumo que un organismo como la F.I.F.A., a pesar de que no tiene competencia para ello y no entra dentro de su cometido, comparta lo que desde La Futbolteca venimos diciendo desde hace tiempo: que la fecha registral no es la fecha constitutiva y que necesariamente antes de presentar documentos para darse a conocer ante terceros de forma oficial, siempre con antelación existe una actividad primitiva que tras un periodo de tiempo de acoplamiento termina acogiéndose bajo la declaración de una directiva y arrastrándose con ello la constitución de un club.

El Sevilla Fútbol Club SAD y su futuro

Conocido el origen del club y puestas encima de la mesa todas la pruebas a nuestro alcance -aún se encontrarán más-, el futuro del Sevilla Fútbol Club SAD será el que sus socios se propongan y las circunstancias permitan, pero dando un giro de ciento ochenta grados y mirando directamente a los ojos de la historia entre sus primeros pasos, su pasado también será el que sus socios quieran, aunque a diferencia de su futuro, las circunstancias ya no influyan porque lo que había de demostrarse y era necesario, ya se ha conseguido.

El Sevilla Fútbol Club SAD cuenta en su maleta desde ahora con un equipaje más consistente y reforzado que en el pasado, un equipaje por el que ha luchado durante muchos años y cual madre con un hijo a su cargo ha sabido a base de tranquilidad y paciencia remendar todos los rotos y descosidos que se había producido jugando a lo largo de miles de horas de aquí para allá. El club hispalense y con él, sus socios y directivos, son dueños de su historia y tienen en sus manos la posibilidad de elegir: si seguir considerándose como una sociedad constituida en 1905 como ha ocurrido en los últimos cien años o aceptar que su nacimiento fue quince años antes, en 1890.

Sea cual sea, la elección ha de ser suya y no de otros que opinen sobre ellos, con lo cual nosotros, una vez expresado nuestro dictamen, nos retiramos poniendo un punto y seguido, pues aún esperamos encontrar más datos porque es nuestro trabajo.

© Vicent Masià. Febrero 2013.

 

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titular HF Los protoclubs

por Vicent Masià

 

Introducción: el aprendizaje

Todas las personas desde que nacemos, cada día que transcurre lo convertimos en veinticuatro horas plenas de aprendizaje en el cual, como una esponja, vamos absorbiendo toda la información que se genera a nuestro alrededor sea nuestra actitud activa o pasiva frente a las circunstancias. Este proceso que se inicia desde el primer minuto de nuestra vida, contrariamente a lo que estiman algunos, no se detiene jamás y el conjunto de la sociedad que nos acompaña tiene una serie de mecanismos que nos ayudan a formarnos desde bebés hasta que adquirimos con el paso del tiempo una edad avanzada.

Al principio son nuestros padres quienes con su responsabilidad nos transmiten directa y paulatinamente las primeras lecciones, pasando poco después nuestro entorno escolar o el barrio donde vamos creciendo a complementar aquellos pasos iniciados por nuestros progenitores. Tras el paso de la niñez en donde empezamos a forjar nuestro carácter, llega una etapa convulsa como es la pubertad, periodo en el cual ya empezamos a reunir cierta experiencia que nos hace optar por elegir unas cosas u otras en función de nuestros gustos. El aprendizaje va dejando ya un poso en nuestro ser que con la adolescencia y la juventud se verá notablemente incrementado, adquiriendo con la madurez un nivel de estabilidad que puntualmente y, según sea nuestra vida, se verá ampliado con cuentagotas.

Todo ese nivel capacitivo que, en función de nuestras aptitudes, nos hace comprender las cosas, permitirá que nos adaptemos a ellas con menor o mayor rapidez y aceptarlas o rechazarlas en función de lo que nos cueste entenderlas.

Sabemos que cuando afrontamos la ejecución de una nueva tarea o empresa, por poco o por muy vista que la tengamos y por muy sencillo que hayamos comprobado cómo la hacen los modelos experimentados que empleamos como inspiración, no nos va a resultar nada fácil dominarla ni hacerlo bien a la primera. Todo reto en el cual nos aventuramos a entrar por atracción, deseo o capricho precisa de un periodo de acoplamiento, aprendizaje, conocimiento y perfeccionamiento para alcanzar ese grado de satisfacción que nos indica que somos maduros y hemos alcanzado el tope. En algunas ocasiones el encuentro es brusco, inesperado y nos damos de bruces con él aunque ya sabemos de su existencia, en otras el contacto es más sosegado y aflora porque nos ha cautivado y queremos realmente hacerlo, mientras que en otras es un descubrimiento del cual no sabemos nada.

El inicio dubitativo del fútbol en España

El fútbol español en su origen, como todas las cosas en esta vida, estuvo sujeto a un duro aprendizaje desde su inicio en el cual su ritmo de implantación fue sobre todo lento y disgregado a lo largo de nuestra geografía nacional. Este deporte practicado por millones de personas en la actualidad y seguido por muchos más, tuvo una génesis británica y ellos fueron gracias a las vicisitudes de la época quienes lo exportaron a todo el mundo. España no iba a ser la excepción y desde el último cuarto del s. XIX tenemos fe de ello en parte debido a la revolución industrial y en parte a nuestra deplorable situación económica, condiciones ambas que nos hicieron depender de su intervención en maquinaria, técnica y cómo no en financiación.

Aquellos británicos que se instalaron en nuestro país a principios o mediados de los años setenta de la España decimonónica a través de empresas o consorcios de empresas que iban a explotar yacimientos mineros, construir centros siderúrgicos, ferrocarriles, montar cable submarino o dedicarse a la importación o exportación de manufacturas mediante el empleo de las más conocidas rutas marítimas, trajeron con ellos sus costumbres y entre ellas un deporte desconocido aquí al que denominaban en lengua autóctona “football”. Sin embargo este deporte que llevaba varias décadas de práctica en el Reino Unido, aún con la regulación mediante una serie de reglas acordadas en distintos momentos, era joven y no estaba definido del todo, pues lo mismo aplicaba reglas atribuibles al football rugby como al football association, es decir, era un deporte que andaba en pañales y su reglamentación definitiva pendiente de un quórum generalizado.

Se puede decir, sin ningún temor a errar, que cada practicante en función de su lugar de origen aplicaba o convenía unas reglas al uso, de modo que si se enfrentaban equipiers de la misma zona no había debate ni problemas a la hora de concertar un encuentro y si lo hacían de distintos orígenes había que llegar a una entente porque no se aclaraban. Los británicos instalados en el suroeste andaluz o en cualquier otro punto del país no se escaparon de esta tendencia y hasta iniciada la década de los años noventa las reglas universales que había consensuado la I.F.A.B. no fueron aplicadas. Es decir, ellos también estaban aprendiendo y evolucionando en su conocimiento.

HF Los protoclubs 1

Pensar, con todos los respetos, que un grupo de ciudadanos británicos residentes por razones laborales en Minas de Riotinto, Huelva, Tharsis, Sevilla, Málaga, Vigo, Cádiz o Jerez de la Frontera jugase a fútbol moderno en 1873 o incluso antes es absurdo sabiendo que este, como deporte regularizado y con reglas comunes de obligado cumplimiento, no se concreta hasta 1886. En todo caso se trataría de fútbol primitivo donde existían cargas y otras influencias procedentes del football rugby. En este sentido y siguiendo con la misma línea argumental, también es absurdo creer que personas no relacionadas directamente en la elaboración de la reglamentación de este deporte como eran los distintos empleados residentes en España, se adelantasen a los expertos convocados por la I.F.A.B. en nada más y nada menos que trece años y además coincidieran todos en el sudoeste peninsular o en la ciudad gallega de Vigo. En realidad lo que harían a lo sumo y con la mejor de las intenciones es jugar a un fútbol arcaico en correspondencia a lo aprendido en las universidades o colegios y con reglas adaptadas por ellos mismos en función a lo que conociesen: era en definitiva fútbol primitivo en estado puro.

Hasta una década después y como hoy en día sabemos a través de la exhumación de documentos de la época, el fútbol debió ser un entretenimiento poco recurrido para cubrir parte de los ratos de ocio y además protagonizado por grupos muy reducidos que no alcanzaban un mínimo de veintidós equipiers dada la escasa población británica de los años setenta, siendo su práctica totalmente secundaria y fortuita en desventaja frente a otros deportes con más solera como el cricket y el remo, comenzando a despuntar coetáneamente otras disciplinas como el lawn-tennis.

1879. El fútbol llega a Madrid

Como un islote en el inmenso mar, en 1879 se abren las puertas de la villa y corte para la creación de una sociedad de deportes que albergue varias disciplinas para entretenimiento de sus miembros. La iniciativa, como era de esperar, parte de ciudadanos británicos residentes en la ciudad que, a imitación de lo que sucede en su tierra, desean exportar y poner en práctica sus costumbres en otras latitudes. Los implicados son un grupo reducido de británicos que contagian su fervor por el deporte a personas de la nobleza española residentes en Madrid muy vinculadas con las nuevas tendencias que proceden del Reino Unido, país inmerso en plena época victoriana y primera potencia económica mundial en aquel momento, dejándose seducir hasta tal punto de constituir en noviembre de 1879 el Cricket y Foot-ball Club de Madrid tras varios meses de gestación.

El Cricket y Foot-ball Club de Madrid es uno de los primeros clubs de España, sino el primero, con dedicación exclusiva a la práctica del fútbol como reza su nombre, aunque en realidad esta disciplina ocupa menos atención que el cricket, deporte por el cual sus socios tienen verdadera pasión y, de hecho, es su principal actividad. La gran importancia que históricamente adquiere esta sociedad es que, a diferencia del club fundado apenas un año antes en Minas de Riotinto o los movimientos contemporáneos realizados en Vigo, no se trata de un club social originado alrededor de una empresa donde sus integrantes son todos oriundos del Reino Unido los cuales desarrollan actividades que se enmarcan en un basto abanico que va desde el fomento de bailes de salón, juegos de naipes, lectura de prensa británica, celebración de días señalados relacionados con su lugar de nacimiento hasta excursiones, juegos al aire libre o en interior, sino que sus miembros en su gran mayoría son españoles.

La composición de la sociedad madrileña es muy selecta y queda restringida, aparte de los socios británicos, sus impulsores, a personas de la nobleza y cargos militares o políticos muy relacionados con la Casa Real, hasta el punto de ser el mismo Rey D. Alfonso XII quien se implica siendo elegido presidente honorario y convirtiéndose en valedor del proyecto deportivo cediendo el uso de la Casa de Campo para el desarrollo de sus actividades.

El Cricket y Foot-ball Club de Madrid tiene una gran relevancia en la historia del fútbol en España porque hasta la fecha, salvo nuevo descubrimiento, es el primer club constituido en España con dedicación al fútbol como una de sus actividades principales, un impulso que va acorde con lo que sucede en otros países europeos donde coinciden este tipo de iniciativas relacionadas con un deporte que está empezando a crecer y donde su divulgación y extensión entre la ciudadanía todavía camina entre pañales anticipándose en muchos años a lo que luego será un gran revulsivo social.

1880 – 1890. Primeros pasos del fútbol en el sur de España

Totalmente ajenos a lo ocurrido en Madrid, hasta 1881 según el testimonio de uno de los pioneros británicos en jugar al fútbol en España, el del escocés Daniel Young, este deporte era prácticamente inexistente y salvo ligeras pinceladas hechas públicas en algunos periódicos nacionales referentes a hechos ocurridos en el Reino Unido, el desconocimiento por parte de los españoles más bien era total. A partir de 1881 y gracias a la incorporación masiva de trabajadores británicos a las minas de Riotinto, las posibilidades de practicar fútbol se incrementan y es entonces cuando surgen los primeros grupos que muestran una predisposición incluso para sacrificar parte de su tiempo libre y trasladarse a otros puntos geográficos donde se empiezan a generar las mismas inquietudes. Alrededor de esa fecha tres localidades al unísono se convierten en viveros de equipiers: Minas de Riotinto, Huelva y Sevilla, siendo realmente imposible citar cual de las tres toma la iniciativa y es la primera, pues en las tres hay suficientes razones de peso para erigirse en cunas del fútbol.

Rio Tinto, denominación correcta en aquellos tiempos y por entonces pedanía de Zalamea la Real, es el espacio físico donde la empresa Rio-Tinto Company Limited realiza importantes extracciones minerales y donde se halla el núcleo con más población británica en la provincia onubense, siendo la capital Huelva donde reside la dirección de la empresa. La interrelación entre ambas comunidades al servicio de la misma empresa es obligatoria y la concertación de encuentros entre ambos grupos inevitable. De este modo tanto residentes en Minas de Riotinto pertenecientes al Rio-Tinto English Club originado en 1878 como residentes en Huelva marchan de una localidad a otra y viceversa. Sin embargo no son los únicos grupos que practican fútbol y también en Sevilla, sede de una importante comunidad británica asentada con anterioridad a la empresa minera, se localiza un grupo que se integra a la perfección en el círculo, estableciéndose una rutinaria rueda de encuentros en donde todos juegan contra todos, aunque en pocas ocasiones al año.

Tras la implementación del catálogo de reglas que imparte la I.F.A.B. en 1886, el fútbol adquiere otro nivel y comienza a ser un deporte más conocido no en el conjunto de España, sino por los residentes británicos que viven en nuestro país, en caso alguno ajenos a lo que sucede en su país de origen con el que mantienen estrechos lazos y del que permanecen expectantes con todo lo que allí ocurre. Fruto de estos lazos y de sus profundas raíces con la madre patria, a finales de los años ochenta no es difícil ver jugar a grupos de los tres núcleos donde se origina el fútbol, los mencionados Minas de Riotinto, Huelva y Sevilla, representando a las respectivas comunidades británicas de las localidades donde residen o llegado el caso, ante la falta de equipiers, mezclándose entre sí formando combinados para jugar unos contra otros.

Pero, ¿dónde se reúnen y en qué fechas? Es fácil pensar desde el punto de vista de la vida actual, que para concertar un encuentro en aquellos años bastaba con comunicarse entre sí y decidir para los contendientes una fecha válida del calendario. Sin embargo, este paso supuestamente tan sencillo, en la práctica no era fácil de llevar a cabo puesto que los compromisos de los trabajadores hacia la empresa que les pagaba eran firmes y la disponibilidad tanto de equipiers como de días hábiles para jugar era escasa. Si a estos factores unimos que las distancias a recorrer eran notorias y los medios muy diferentes en rapidez y comodidad a los del s. XXI, nos daremos cuenta razonando un poco que la disputa de partidos debió ser toda una hazaña.

A pesar de que en nuestras investigaciones no hemos podido determinar las causas que impulsaron a aquellas personas a concertar encuentros de fútbol, es más que probable que en su inicio se originaran alrededor de fechas importantes como el cumpleaños de la Reina británica u otras de fundamento religioso como la Navidad, fechas estas que en la cultura cristiana nos invitan a pasar cierto periodo de tiempo rodeados por nuestros seres queridos. Prueba de ello es la convocatoria que desde mediados de los años ochenta se realiza en Sevilla durante las fechas navideñas donde se dan cita los distintos grupos de Minas de Riotinto, Huelva y Sevilla para confraternizar y pasar unos días juntos lejos de su país en tan entrañables días.

La alargada sombra de la “Football League Championship”

La apuesta que hizo el fútbol británico con la redacción de las reglas de la I.F.A.B. fue muy seria y tras ella no había otra cosa sino unas profundas ganas por organizar un campeonato nacional en territorio inglés con un sistema competitivo ordenado y regularizado por normas de obligado cumplimiento por todos los participantes. Sólo faltaba consensuar a los clubs y elegir una fecha de partida, llegando ésta en la temporada 1889/90 cuando doce clubs ingleses deciden crear la “Football League Championship”, un torneo con encuentros a doble vuelta en donde se inscriben el Preston North End F.C. (1881), posterior vencedor y un conglomerado de sociedades donde se encuentran el Everton F.C. (1878) de Liverpool, el Blackburn Rovers F.C. (1875), el Wolverhampton Wanderers F.C. (1877), el West Bromwich Albion F.C. (1878), el Accrington F.C. (1876), el Derby County F.C. (1884), el Aston Villa F.C. (1874) de Birmingham, el Bolton Wanderers F.C. (1874), el Notts County F.C. (1862) de Nottingham, el Burnley F.C. (1882) y finalmente el Stoke City F.C. (1863) de Stoke-on-Trent.

El impacto que este campeonato futbolístico causa en todas las comunidades de origen británico alrededor del mundo es sensacional y repentinamente el fútbol empieza a desbancar de sus situaciones de privilegio a deportes tradicionales como el cricket que acabarán años después perdiendo la batalla en beneficio de este. El poder de congregación del fútbol y toda el aura que le rodea no tiene parangón a excepción del rugby, creándose en este instante el segundo punto de inflexión de la década tras las reglas de la I.F.A.B. en 1886.

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El panorama español, a nivel general muy distanciado de lo que ocurre en otros países y más concentrado en resolver sus propios problemas que en ocuparse de actividades desconocidas y poco entendidas como es el fútbol, pasa totalmente de largo de estos acontecimientos a diferencia de otros países en una situación de bonanza económica más optima que la nuestra, pero por fortuna no todo en el suelo español es igual y la comunidad británica residente entre nosotros permanece atenta a lo que sucede en su tierra y se presta a seguir sus directrices.

En 1888 tan sólo existe un club con connotaciones futbolísticas en España, el Rio-Tinto English Club, pues ni en Huelva ni en Sevilla a pesar de su experiencia con esta disciplina aún no se han constituido sociedades de similares características, aunque no tardarán mucho en hacerlo. En el intervalo de tiempo que transcurre entre 1888 y 1890 ambas ciudades madurarán ampliamente su relación con el fútbol, pero como ahora veremos el camino escogido será notablemente distinto.

39 días

Una vez llegados al punto de distinguir qué ocurre previamente a 1886 y 1888 en las islas británicas y lo trascendental de estas fechas, es oportuno mirar hacia atrás y retomar las palabras del párrafo que encabeza este artículo: el aprendizaje. Los británicos instalados en la España de 1887-1889 saben perfectamente que existe un deporte denominado “football association” que es diferente del “football rugby”, tienen nociones del primero porque, mejor o peor, lo han practicado, están al día que presenta unas reglas universales avaladas por la I.F.A.B. y que lo que conocían hasta entonces ahora está en desuso, ha sido reglamentariamente modificado y hay que adaptarse a lo último olvidándose del fútbol de antaño.

Tras este importantísimo momento llega el siguiente paso en la cadena evolutiva: crear clubs que se adapten a las nuevas reglas y sean única y exclusivamente de fútbol.

Este paso que sería natural en cualquier sociedad de cualquier ciudad británica con cierto número de habitantes, en España y en concreto en las localidades con presencia de ciudadanos oriundos de las islas, muestra un serio contratiempo: se trata de núcleos cerrados con una población no excesivamente numerosa de distintas edades, aficiones, sexo -mayoritariamente masculina-, con trabajadores empleados en varias actividades y sobre todo, con personas que no sienten la misma pasión por el fútbol. Dos localidades que dan asiento a una empresa del mismo consorcio industrial, Rio Tinto Company Limited, son las candidatas a constituir un club de fútbol independiente: Minas de Riotinto, por ser el núcleo principal en el cual residen la mayor parte de los trabajadores y donde desde 1878 ya cuentan con un Club Británico, el Rio-Tinto English Club, que desarrolla actividades deportivas entre otras muchas y; en segundo lugar Huelva, la capital, por ser sede del staff de la empresa, en teoría la más idónea por su predisposición y facultades.

El staff de Huelva crea el 18 de diciembre de 1889 –luego será presentado en sociedad el día 23 del mismo mes- un Club Británico, pero no es de fútbol exclusivamente como hubiésemos sospechado a tenor de lo que se vive en el Reino Unido, sino multicultural y multidisciplinario pues en él tienen cabida actividades tan dispares como el excursionismo, los bailes de salón, cricket, foot-ball y sobre todo lawn-tennis, un deporte idóneo para estar en forma y matar el stress sin necesidad de intervenir muchos participantes. Ambas sociedades, el Rio-Tinto English Club y el Huelva Recreation Club, tienen miembros que han jugado al fútbol, lo han practicado en una localidad u otra y además han visitado ocasionalmente Sevilla donde reside otro núcleo importante de ciudadanos de su misma nacionalidad.

Como si de un título cinematográfico se tratase, 39 son los días que apenas separan la constitución de dos sociedades que jugarán a fútbol tras la gran influencia que les viene encima después de la disputa del primer Campeonato de Liga en Inglaterra y 39 días serán los que transcurrirán para ver nacer al primer club de fútbol en España.

El primer club de fútbol en España

Los antecedentes que se crean a lo largo de la década con la existencia de grupos que practican fútbol en Sevilla, Minas de Riotinto y Huelva más la oficialización del Campeonato inglés en la temporada 1888/89 sólo pueden terminar de una forma: con la constitución del primer club con dedicación expresa y exclusiva de fútbol, la del Sevilla Foot-ball Club acontecida el sábado 25 de enero de 1890.

Pero, ¿por qué nace el primer club de fútbol en Sevilla y no en Minas de Riotinto o Huelva donde ya existían miembros pertenecientes a un club que practicaban fútbol en el caso de los británicos riotinteños o lo habían practicado como el caso de los británicos onubenses, o en Madrid donde ya había un precedente? La respuesta es sencilla, pero antes debemos conocer la idiosincrasia de la sociedad británica hispalense:

Sevilla contaba desde finales de los años cincuenta del s. XIX con un reducido número de ciudadanos británicos que a través de navieras con pabellón español pero con capital insular se dedicaban a importar frutas, verduras, minerales y cereales a través de una línea que les unía con Liverpool preferentemente y con otros puertos importantes del sur. John Cunningham y Cía., participado por el importante grupo Robert McAndrews Ltd., era su máximo exponente hasta que en 1872 McAndrews & Company Ltd. y John Cunningham y Cía. se asocian para crear la naviera Miguel Sanz y Cía. Estas compañías atraen a una suma importante de británicos quienes en 1882 obtendrán un espaldarazo importante en número con la incorporación de la Seville Water Works Company Ltd., empresa suministradora de agua potable para el consumo humano.

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Todas estas empresas se conocen entre ellas y sus empleados obviamente también, pero aunque entablen relaciones sociales y jueguen al fútbol juntos entre sí o frente a los grupos representantes de los británicos instalados en Minas de Riotinto o Huelva, para dar el paso de crear un club de fútbol y además dar respuesta a la pregunta anterior hace falta algo más, un mecenas. Y Sevilla lo tiene: Isaías White Méndez, único hijo varón de una familia de cinco hermanos hijos del ingeniero Isaías White, un inglés llegado a Sevilla en 1855 que formará sociedad con los hermanos Portilla, dueños de la forja La Maquinista, dando lugar a la potente industria de fundición Portilla & White, Cía.

El joven Isaías White Méndez, integrado en la sociedad británica sevillana la cual lleva varios años organizando encuentros en Navidad que les enfrentan a sus homónimos onubenses, es el promotor del Sevilla Foot-ball Club poniendo a su disposición su domicilio como secretaría, los terrenos aledaños a la fundición como campo de juego y parte de sus empleados -entre los que hay británicos y españoles- como jugadores a los que se sumarán otros de su entorno social. Como no puede ser de otra forma dentro de un club con claro e inconfundible aroma británico, presidente de honor es elegido el escocés Edward F. Johnston, residente desde 1871, biznieto del fundador de la naviera McAndrews & Company Ltd., vice-cónsul británico en Sevilla entre 1879-1906, uno de los tres directores en la capital hispalense de Seville Water Works Company Ltd. y uno de los cuatro propietarios de una naviera que era un imperio.

A diferencia de los clubs de Minas de Riotinto y de Huelva donde todo gira alrededor de la empresa minera Rio-Tinto Company Limited, o si se nos permite decir, casi todo, porque la capital onubense también es sede de The Huelva Gas Company Limited, importante en el devenir del Huelva Recreation Club, en Sevilla la dependencia respecto a una gran empresa -a pesar de la figura de Isaías White-, es mucho menor, puesto que entre sus miembros los hay procedentes de la Portilla & White, Cía., de la Seville Water Works Company Limited y de la McAndrews & Company Limited, además de otros miembros relacionados con el Círculo Mercantil.

Es decir, si en Minas de Riotinto y Huelva los clubs existentes orbitan y germinan desde una empresa para disfrute de sus empleados siendo casi todos ellos en un elevadísimo tanto por cien de origen británico, en Sevilla la dispersión es distinta y más repartida, pues son varias las empresas que suministran jugadores y dos las nacionalidades, repartidas al cincuenta por cien, las que toman el club. Esto supone una menor dependencia de una sola empresa y la abstracción respecto a otras actividades practicadas en los clubs onubenses para regocijo de sus integrantes que buscan además del deporte otros alicientes como aquellas relacionadas con su cultura, mientras que el club sevillano, cuya mitad son españoles, tiene cubiertas sus necesidades culturales y puede perfectamente consolidar una dedicación en exclusiva al fútbol.

El encuentro del 8 de marzo de 1890

La creación el 25 de enero de 1890 del Sevilla Foot-ball Club y la anterior del Huelva Recreation Club, sociedades que se sumaban al Rio-Tinto English Club, deparaba en el primer tercio de 1890 la existencia de tres clubs con posibilidades de jugar al fútbol. La disputa del primer encuentro reconocido en España entre dos entidades constituidas era cuestión de tiempo, máxime cuando el club sevillano había sido creado para tal fin a diferencia de los otros dos.

Cuando en el mes de febrero, apenas unas semanas de haberse constituido el Sevilla Foot-ball Club, el secretario de esta entidad invita amistosamente a su homólogo del Huelva Recreation Club a jugar un encuentro en la capital hispalense el 8 de marzo, en este partido confluyen varias de las circunstancias hasta este punto explicadas: se juega, a indicación del secretario hispalense, bajo las “Association Rules” -las de la I.F.A.B. de 1886-, lo que supone el primer encuentro conocido en el que ya no se juega “a la vieja usanza”, sino con las nuevas reglas, pero además uno de sus protagonistas es un club de fútbol, es decir, no un club o asociación recreativo-cultural como hasta entonces era habitual, un “football club” con todas las de la Ley como los que han surgido en Inglaterra y en ese preciso instante están disputando un Campeonato Nacional de Liga, algo que en España aún tardará tres décadas más en producirse.

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El encuentro del 8 de marzo significa un adiós al fútbol primitivo y una bienvenida al fútbol moderno, pero también un deseo hasta entonces desconocido por extrapolar lo que sucede en el fútbol inglés a un territorio extranjero para algunos de ellos como es España. Quizás en esta decisión, aparte de la voluntad de los ciudadanos británicos tan ligados y pendientes por seguir lo que sucede en su país, exista también un trasfondo en la membresía española del club por imitar otras costumbres externas que son positivas y pueden ser aplicables para un país como el nuestro.

Los “protoclubs”

¿Los “proto”…qué?, puede que se pregunte quizás más de uno con cara de asombro. Como indica el diccionario que todos tenemos en casa, procedente del griego antiguo πρωτο- (proto-), -primero, primitivo- y del inglés club, -asociación fundada en torno a un interés común-, en este caso deportivo.

“Protoclub” es el término que hemos decidido emplear para definir a aquellas sociedades que dotadas de junta directiva y una aceptable estructura organizativa, fueron pioneras en la introducción del fútbol en nuestro país y por extensión, en cualquiera del mundo. Todos los “protoclubs” reúnen en un elevadísimo tanto por cien las mismas condiciones y se caracterizan por ser los primeros en cada una de las ciudades donde se desarrollan, cumpliendo una serie de pautas que por su condición de primerizos supondrán al cabo de un tiempo su desaparición -no siempre acompañada de disolución-, integración, diseminación bajo otra sociedad de sus mismas o diferentes características, o postergación de su actividad.

En el caso de los “protoclubs” de fútbol dentro de sus características encontramos que suelen nacer al amparo de una empresa grande o un entramado de diversas empresas, cuando no son nobles de alta alcurnia, sus fundadores son personas elitistas por su condición social o cargo y a la vez integrantes mayormente británicos de origen con algún español infiltrado por razones de mutua conveniencia, iniciándose alrededor de un reducido grupo con edades comprendidas entre los dieciocho y treinta y pocos años. Estas sociedades no consideran la conveniencia de inscribirse inmediatamente en el Registro de Asociaciones, es decir, son “alegales” hasta que lo hacen muchos más años después, su ámbito de acción es local o provincial, aunque en ocasiones las distancias son cortas y se extiende a varias provincias, mientras que su campo de juego lo proporciona gratuitamente o sufraga la empresa pagando los costes de alquiler, además de que el número de integrantes rara vez supera la veintena de practicantes y si se llega.

En cuanto a las pautas todos se originan de una forma rápida aunque sus miembros mantienen un sustrato deportivo al haber practicado con antelación otras disciplinas, tienen una ascensión que les hace presentarse en sociedad de forma pública o al menos entre círculos sociales elitistas, cuentan generalmente con el apoyo de los medios escritos -sobre todo a finales de siglo y si radican en capitales-, y dependiendo de su ámbito geográfico disputan encuentros frente a equipos formados al azar de carácter efímero, frente a tripulaciones de navíos extranjeros si poseen puerto bien fluvial o marítimo y en algunas ocasiones entre equipos del propio club en función de la cantidad de socios.

Los “protoclubs” en la España de finales del s. XIX

Todas las ciudades españolas con más de cien años de fútbol en sus anales, todas, sin excepción, tienen al menos un “protoclub”, incluso las localidades que tienen el honor de ser pioneras a la hora de introducir el fútbol tampoco son ajenas a este primer paso ineludible en la escala de aprendizaje y formación como no podía ser de otra manera. Como iremos viendo Minas de Riotinto, Huelva, Sevilla, Bilbao, Barcelona, Vigo, Las Palmas o Madrid tienen su “protoclub” o incluso varios de ellos, porque la madurez en cualquiera de las actividades que el ser humano desarrolle no le es innata, sino que debe practicarse, amoldarse, acoplarse y finalmente dominarse. Esto no es nada sencillo y un grupo de atrevidos jóvenes deseosos de quemar energía tras un balón por primera vez bajo las directrices de un club organizado no es suficiente currículum para asentar un deporte en una localidad. Para ello hacen falta más argumentos, más experiencia y sin duda más condiciones socioculturales si se quiere rematar la tarea con éxito.

Los primeros clubs dedicados exclusiva o parcialmente al fútbol fueron sólo eso, “protoclubs” que tenían voluntad de hacer las cosas bien pero a quienes las circunstancias imperantes no les dejaban prosperar, bien por falta de apoyo social en cuanto a número de elementos integrantes en el grupo o bien por sus compromisos con las empresas a las cuales se debían laboralmente. Basta recordar que eran otros tiempos, otras mentalidades y otra forma de vivir la vida, muy distante a la de hoy en día donde casi todo está al alcance en un mundo informatizado y globalizado.

Finalmente cuando sus miembros se cansan, finiquitan sus contratos en España, su edad no lo permite o la falta de incentivos en forma de ausencia de rival no aparecen, acaban abandonando la actividad o buscándosela en otras sociedades similares si existen. Como en cualquier campo, existen excepciones a la regla y en determinados casos la mayoría de los integrantes son españoles además de que su origen no es una empresa extranjera, pero en lo que sí coinciden todos y cada uno de ellos es que al cabo del tiempo su semilla germinará posteriormente dando un fruto en forma de clubs más modernos y fieles a la legalidad española a todos los efectos.

Aquellos pioneros del s. XIX eran en su inmensa mayoría extranjeros, británicos principalmente y escoceses esencialmente dentro de estos, porque si algunos trajeron el fútbol a España no fueron los ingleses como desde hace cien años se viene comentando machacona y erróneamente hasta hoy, sino los escoceses, una comunidad a la que hay que hacer justicia porque fueron ellos quienes detrás de un pico, una pala, una aguja, un cable telegráfico, un barco de vapor, una lámina de acero o un vagón de tren daban pataditas a una pelota cuando el tiempo se lo permitía.

Los “protoclubs” del s. XIX, nacidos todos ellos bajo la incertidumbre de ser inconscientes de cuánto tiempo van a perdurar, tienen la virtud de los valientes cual es ser osados y atrevidos en sus inquietudes u obras, haciendo las cosas por amor al deporte, en este caso el fútbol, con absoluto amateurismo y con la convicción que mueve a los higienistas, “mens sana in corpore sano”, convirtiéndose en el nexo que une los grandes clubs españoles actuales con el fútbol británico, los padres del invento del cual estamos prendados.

España: tierra hostil para los “protoclubs”

La vida de un “protoclub” es siempre corta, muy corta en ocasiones y su brevedad no es azarosa ni caprichosa sino que obedece a su condición de pionero, un estigma con el que debe de cargar desde su nacimiento y con el que ineludiblemente vivirá hasta una desaparición que será silenciosa, casi imperceptible, que llegará sin dar aviso y sin ser jamás publicitada. Esta condición, innata en todos ellos, es el alto precio que deben pagar aquellos que se adelantan a su tiempo al irrumpir repentinamente en medio de una sociedad que no les entiende, se escandaliza y no está preparada para asimilar un juego que desconocen y les resulta en demasía extraño. Entender esto bajo la óptica del s. XXI puede ser hasta cierto punto complicado, con lo cual, necesariamente hemos de hacer un pequeño esfuerzo y trasladarnos imaginariamente a aquellos tiempos con el fin de tener una visión más amplia de en qué medio surgieron los primeros “protoclubs”, cuál era su entorno y en qué condiciones sociales tuvieron que moverse para abrirse paso.

La aparición de los “protoclubs” en la España decimonónica siempre se da lugar insertada en una burbuja cultural que los aísla del resto de la sociedad, un estrato social propicio para sus intereses en el que pueda nutrirse y desarrollarse guarnecido de la incomprensión y de la incalculable impresión que pueda causar en quienes les observan y desconocen sus actividades. Este idóneo caldo de cultivo lo forman comunidades cerradas, selectas socialmente, enraizadas en una empresa donde hay vínculos entre sus miembros o en una entidad deportiva dedicada a otra disciplina con medios económicos para adquirir uniforme, botas, balones y sobre todo, con personas amantes del sport, cultura de lo que esto significa y tiempo libre para poder ejercerlo.

Un “protoclub” nunca surge en las capas bajas de la sociedad que forman los trabajadores de a pié, de un barrio, medio rural o de una calle común porque primeramente no existe en España el conocimiento a nivel popular de este novedoso deporte y luego las condiciones asociadas que han de reunirse para su práctica les aleja de ellos. Sólo el uso de pantalones cortos ya hiere la sensibilidad de muchos, así que ver a veintidós jóvenes o no tan jóvenes corriendo tras un balón en paños menores, sudorosos, dándose patadas y algún que otro empujón, con discusiones acaloradas o más tenues no son virtudes muy bien vistas que digamos para la gran mayoría de españoles de aquella época, acostumbrados a esforzarse en el trabajo para poder comer y no en destinar el escaso tiempo de ocio del que disponen en estos menesteres.

Si a todo ello unimos que los introductores de este deporte son extranjeros y además procedentes del Reino Unido, un país tradicionalmente con no muy buenas relaciones con España por cuestiones fundamentalmente políticas y secundariamente culturales y religiosas, comprenderemos por qué el inicio del fútbol en España se hace de rogar y por qué la sociedad española en general tarda tanto en rendirse bajo sus pies.

El camino repleto de espinas de los “protoclubs” británicos

Si las premisas que se dan lugar entre la sociedad española no son las más adecuadas para la implantación del fútbol, las de la sociedad británica, pese a ser las únicas que lo pueden sustentar, tampoco resultarán ser finalmente las más idóneas. Los “protoclubs” británicos en suelo español, nacidos siempre alrededor de una gran empresa o varias empresas, están siempre compuestos por empleados ubicados en las más altas esferas de las directivas y en menor grado por empleados rasos, existiendo excepciones como la presencia de algún español entre sus filas relacionado directamente con los puestos de mando. Estos empleados, en teoría quienes más facilidades tienen para llevar los destinos de la sociedad por su edad, situación económica, cultura y educación, son al mismo tiempo los únicos que la componen y en el caso de realizar viajes a otras ciudades de su entorno, quienes pueden costearse de sus propios bolsillos los portes, dietas y estancia. Ellos serán quienes inicien estos “protoclubs”, los mantengan y gestionen durante los tiempos de apogeo hasta que se topen con varios problemas derivados todos por causas laborales, de implicación, preferencia y de número.

Los socios de un “protoclub”, como empleados que son, se deben a la empresa siempre antes que al club, un componente secundario y prescindible a pesar de su innegable labor social, siendo el promedio de estancia en nuestra tierra no muy prolongado -solían firmar contratos por dos años-, es decir, se trata de ingenieros o trabajadores de paso en busca de fortuna o experiencia para relanzarse en su país, aunque algunos con más fortuna y plaza asentada vivirán en nuestro país hasta el final de sus vidas, incluso contrayendo matrimonio con esposas españolas. Su implicación con el club tampoco será la misma en todos los casos ya que los hay muy involucrados que permanecen en varias directivas por llenarles emotivamente, mientras otros, con menor pretensión o de paso, acudirán por compromiso, ocasionalmente o casi nunca al igual que sus gustos también son variados, existiendo quienes sólo practican cricket, quienes se decantan por el fútbol, por ninguno de los dos y si por el lawn-tennis, por todos, por ninguno o por otro tipo de actividad.

Pero el principal inconveniente será el de cantidad: las comunidades británicas en sus ciudades de acogida no son muy numerosas y entre ellas se encuentran personas de ambos sexos y además de distintas edades, comprendiendo a niños y adultos, lo cual reduce enormemente su campo de acción puesto que no todos pueden jugar a fútbol -nuestra disciplina-, no todos tienen edad para ello y a no todos les atrae, están disponibles, pueden, quieren o les apetece jugar a fútbol y desplazarse a otras localidades si se dan las circunstancias.

Todas estas premisas que atañen a la propia idiosincrasia de las colonias británicas y sus clubs, sean multiculturales o exclusivamente de fútbol, tan alejados y escasamente integrados en la sociedad española en unión a un territorio que se les muestra hostil por su falta de tacto con lo español, lo de aquí de toda la vida, lo nuestro, hará que estas sociedades queden paralizadas en el tiempo por una presunta falta de actividad, dejen de funcionar y en el mejor de los casos algún que otro miembro continúe su trayectoria deportiva en otro tipo de sociedad o siga practicando deporte en solitario, pero alejado del club.

La falta de profesionalización de los “protoclubs”

Cuando en 1886 las cuatro Federaciones Británicas establecieron las reglas definitivas por las cuales el fútbol debía regirse, esta decisión cambió en gran parte el panorama existente hasta entonces abriéndose un nuevo horizonte para los clubs presentes en el Reino Unido que dio paso, en 1888, a la creación del primer campeonato bajo el formato de Liga que se organizaba en el mundo, la “Football League Championship”, torneo con doce clubs disputado en Inglaterra durante la temporada 88/89 cuya Federación fue, de las cuatro británicas, la pionera en este sentido.

Tal hito deportivo tuvo gran trascendencia tanto en el Reino Unido como fuera de este, donde muchos súbditos de este país andaban ocupados en menesteres laborales, militares, comerciales o políticos. La noticia corrió como la pólvora y este deporte de repente se convirtió en la disciplina de culto entre todos los ciudadanos oriundos de las islas que deseaban imitar y reproducir en sus nuevos destinos parte de un hecho que les recordaba su tierra. España, con presencia de británicos en aquellas localidades donde podían sacar sustancioso provecho, no fue ajena a esta tendencia y casi de inmediato desde las principales colonias fabriles se sumaron sujetos que deseaban pelotear en sus ratos de ocio como lo hacían sus compatriotas. Las diferencias entre los de aquí y los de allí eran muchas, casi insalvables en aquellos instantes, pues mientras cuando en las islas existía una cultura deportiva arraigada en colegios, universidades e incluso a nivel popular, en la península poco existía a nivel deportivo y si algo había era practicado por estratos sociales elitistas.

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Emigrantes en un país con evidente falta de base deportiva como era España y empujados por el éxito que estaba teniendo la disputa de la primera Liga de fútbol en el Reino Unido, los empleados de las compañías británicas instaladas en el suroeste andaluz sintieron la necesidad de practicar un deporte que estaba erigiéndose como el más popular en su país desbancando a deportes más tradicionales como el cricket, lawn-tennis, squash o el rugby. Pero, ¿dónde podían ejercer esta actividad si en España no había clubs deportivos que practicasen esta disciplina al ser totalmente desconocida? La única posibilidad era hacerlo en su propio entorno cultural: en los clubs. El primero en reunir a un grupo de practicantes fue el Rio-Tinto English Club, sociedad fundada años antes en 1878, mientras segundo fue el Huelva Recreation Club, una entidad de recreo nacida a finales de 1889 justo tras el estreno del primer campeonato de Liga inglés, surgiendo en tercer lugar y casi a la par que el club onubense el Sevilla Foot-ball Club, una sociedad que a diferencia de las dos anteriores tenía como único objetivo dedicarse a la práctica exclusiva de fútbol. En un intervalo de entre dos y tres años después se crearán otras sociedades como el Club Atleta de Astilleros del Nervión de Bilbao, la Sociedad de Foot-ball Barcelona -otro club dedicado exclusivamente al fútbol-, el Exiles Cable Club en Vigo y el Sky Foot-ball Club en Madrid, también con el fútbol como único protagonista.

Todas estas sociedades perdurarán poco tiempo en activo dentro de su cometido futbolístico pues todas ellas son amateurs, están formadas por personas cuyo trabajo precisa una implicación y dedicación total, son pioneras en esta disciplina en un medio donde apenas hay rivales a los que enfrentarse y fundamentalmente son sociedades con un espíritu esencialmente deportivo, no competitivo, un rango que se alcanzará en las décadas posteriores. En estas sociedades el principal detonante es la distracción de sus miembros, socios que hacen a la vez de jugadores y directivos, todos ellos con trabajos dependientes y en donde el fútbol es un pasatiempo, dándose la circunstancia en muchas ocasiones de faltar socios para completar un once con el cual enfrentarse a un rival, es decir, son sociedades muy reducidas en número y tremendamente condicionadas a este límite.

La suma de todos los condicionantes en las líneas anteriores descritas nos lleva inexcusablemente a una conclusión: se trata de sociedades no profesionales. A diferencia de los clubs británicos creados en los años setenta y principios de los ochenta dedicados al fútbol exclusivamente donde existe una estructuración y organización muy marcada, los directivos hacen de directivos y los jugadores de jugadores, siendo estos últimos profesionales y por ende, cobrando, los clubs británicos en España o los integrados plenamente por españoles no lo son y en ningún momento dan este paso tan importante que puede asegurar su continuidad. Son las entidades en suelo español mucho más sencillas donde no se perciben remuneraciones, donde no hay obligaciones, ni Liga en la cual competir, ni tan siquiera adversarios a su misma altura. Estas sociedades radicadas en España para poder mantener su actividad han de enfrentarse a sí mismos o concertar encuentros con tripulaciones británicas de paso que atracan en los puertos andaluces, catalanes, vizcaínos o gallegos, es decir, están condenadas a extinguirse por falta de rivales, el único fin de este deporte cual es enfrentar a dos equipos uno frente al otro.

De este modo constatamos mediante la consulta de la prensa o archivos históricos cómo no se habla grosso modo del Rio-Tinto English Club, del Huelva Recreation Club y del Sevilla Foot-ball Club a partir de 1893, como tampoco hay mención del Club Atleta en Bilbao tras 1895 y cómo tampoco la hay con la Sociedad de Foot-ball de Barcelona tras 1896. Las únicas referencias en estas localidades son encuentros entre marineros disputados en el Velódromo bajo el auspicio del Seaman’s Club Institute en Huelva a partir de 1897, encuentros en el Hipódromo de Lamiaco junto a Bilbao a partir de 1898 por miembros relacionados con la Sociedad Gimnástica Zamacois ó encuentros en el Velódromo de Bonanova en Barcelona con miembros del Club Inglés de aquella ciudad también en 1898.

El “protoclub” de Minas de Riotinto

Cuando inicialmente los socios empleados de la Rio-Tinto Company Ltd. fundaron en 1878 el Rio-Tinto English Club en la localidad onubense de Minas de Riotinto, no eran conscientes de que acababan de originar la base de un “protoclub” ni de que era el primero que practicaba un deporte tan novedoso como el fútbol en España. Su idea principal y fundamento para asociarse era crear un centro común donde canalizar una serie de tradiciones que les unían como pueblo y que no deseaban perder en modo alguno al hallarse en tierra extranjera. Todo lo que desde el inicio construyeron y estuvo en sus manos fue fiel a su estilo y a su cultura británica, nada podía ni debía entorpecer su camino y así en sus mentes la posibilidad de registrarse conforme a la legislación española que proporcionaba herramientas como el Registro en el Gobierno Civil ni se contemplaba siquiera.

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La práctica del fútbol desde el antiguo poblado de La Mina, una de las primeras y entre otras muchas de diversa índole de esta sociedad multidisciplinaria, a finales del s. XIX era una de las más importantes y la que más adeptos tenía por su atractivo. En 1901 y anticipándose en unas semanas a la publicación del Real Decreto, de 19 de septiembre (Gazeta de Madrid de 20 de septiembre), el Rio-Tinto English Club al fin queda inscrito en el Registro de Asociaciones el 16 de agosto, quedando regularizada su situación conforme a la legalidad española.

Recién traspasado el s. XX, el carácter omnipresente de la empresa minera en la ciudad, su poderío y la homogeneidad de su único club ocasionan que -a diferencia de otras ciudades que posterior o coetáneamente atraviesan por circunstancias similares-, su sección de fútbol no consiga independizarse y se constituya y registre como club autónomo pese a existir desde hace años. Así el Riotinto Foot-ball Club, exclusivo para británicos, permanece íntimamente ligado a la empresa y tanto monta como monta tanto hasta años después. La creación de la F.E.C.F. en 1909, de la R.F.E.F. en 1913 y los movimientos en su ámbito geográfico para la definitiva constitución de la Federación Regional del Sur, harán que desde y con la inestimable ayuda de la empresa surja en 1914 otro club, en esta ocasión formado por españoles, el Balompié Riotinto, es decir, la otra cara de la moneda pues si el anverso es el Riotinto F.C. el reverso lo es el Balompié Riotinto. La sección española de la empresa, presidida curiosamente por el británico Robert Wilson, se registra y federa casi de inmediato en la R.F.E.F., compitiendo en los torneos locales o comarcales del Andévalo y en los regionales de la Federación Regional del Sur hasta que en 1932 las dos caras de la moneda, Riotinto F.C. y Balompié Riotinto caigan en la cuenta de que son prácticamente lo mismo y se fusionen adoptando el nombre de Riotinto Balompié.

Los “protoclubs” de Huelva

Nacido en el mismo caldo de cultivo que el “protoclub” de Minas de Riotinto, la empresa Rio-Tinto Company Ltd., la mayor entidad de la capital onubense y la presencia de ciudadanos británicos sin relación alguna con la gran compañía minera, propiciarán que a la receta se una un nuevo ingrediente y a la vez importantísimo catalizador que facilite una identidad distinta a la de la localidad del Andévalo: Charles W. Adams, un ingeniero escocés llegado a Huelva en 1879 como representante máximo de la empresa The Huelva Gas Company Ltd., suministradora de gas en el alumbrado para sustituir el tradicional petróleo. Adams, relevante atleta y consumado aficionado al deporte, quien traza una gran amistad con el hispano-alemán Wilhem Sundheim y el reducido staff de la Rio-Tinto Company Ltd. instalado en la ciudad entre el cual el doctor William A. Mackay es miembro destacado, consigue como promotor en diciembre de 1889 fundar el Huelva Recreation Club, quien aunque de inmensa mayoría británica contiene algunos distinguidos miembros españoles.

Esta sociedad nace, según aparece anunciado en prensa, con el propósito de amenizar el ocio de la importante comunidad británica de la ciudad, dedicándose según consta en sus estatutos a fomentar el excursionismo, los bailes de salón y el sport, actividad esta última entre la cual existen disciplinas como el cricket, lawn-tennis y el fútbol. Tanto el cricket como el fútbol precisan de espacios de grandes dimensiones y las instalaciones anexas a la fábrica de gas serán las más apropiadas para este tipo de acontecimientos, siendo Adams el alma mater de la institución al ser quien se ocupe de organizar encuentros, quien viaje o escriba para contactar con comunidades británicas de otras ciudades, el secretario en definitiva. Cuando la Rio-Tinto Company Ltd. construye en 1892 el campo de deportes dentro del programa de conmemoración del 400º Aniversario del Descubrimiento -el Velódromo- y lo cede al club, a Adams se le acaba el protagonismo y aunque sigue siendo el presidente, la inercia del club ya no es la anterior y no es lo mismo que el club esté en manos de un industrial como Adams, con muchas horas de dedicación, que en manos de una industria, aunque suene parecido.

Paralelamente a estos acontecimientos, en 1889 la Rio-Tinto Company Ltd. inicia la construcción de un centro en la ciudad dotado de escuela y templo que se inaugura en 1891. Dicho complejo, el denominado Huelva Seaman’s Institute, es la obra social de la empresa y su edificación sirve para acoger tanto a los hijos del staff minero como a los marineros británicos que quedan desembarcados en el puerto, bien por enfermedad o por cualquier otro motivo, funcionando a la par como casa de reposo tanto para convalecientes como para marineros que una vez dados de alta por la clínica que dirige desde 1887 el doctor William A. Mackay, esperarán pacientemente el momento adecuado para regresar a su hogar. El Huelva Seaman’s Institute es dirigido por misioneros protestantes y un reducido grupo de personas vinculadas a la empresa minera, rigiéndose por las instituciones benéficas British and Foreign Sailor’s Society y British Bible Society, ambas con sede en Londres, aunque pastoralmente dependen del obispo anglicano de Gibraltar.

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A finales de 1896 y después de tres años durísimos donde la actividad del Huelva Recreation Club desciende paulatina y considerablemente hasta el punto de no haber apenas movimiento limitándose sus funciones a organizar encuentros para y entre marineros, su hasta entonces presidente Charles W. Adams documenta el 29 de noviembre el traspaso del club al Huelva Seaman’s Institute para que sea la institución benéfica -en aquel momento un puntal dentro de la sociedad británica onubense- quien se haga cargo del club recreativo pues para ella trabaja. William A. Mackay, uno de los principales miembros de la cúpula directiva del Huelva Seaman’s Institute y socio del club recreativo, recoge el testigo y el Instituto pasa a tutelarlo creando una comisión deportiva -hasta la fecha inexistente- en 1897 que actúa como un segundo “protoclub” en la ciudad. El Seaman’s Institute a partir de ese año se encarga de organizar encuentros deportivos de distinta índole en el Velódromo como terapia y valor higiénico para recuperación mental y físicamente a los marineros enfermos, sin trabajo, sin barco o simplemente sin nada frente a los navíos que llegan del Reino Unido o de otros lares que sepan jugar al fútbol, pero curiosamente aunque actúan como un club a través de sus directivos, carecen de plantilla de jugadores y nunca actúan bajo este nombre frente a otras sociedades recreativas o exclusivamente deportivas.

El 20 de enero de 1903 y tras casi seis años de actividad deportiva en el Seaman’s Institute, la unión entre el “tutelado” Huelva Recreation Club y el “tutor” Huelva Seaman’s Institute queda disuelta ante el ánimo de William A. Mackay de recuperar la independencia del club recreativo e iniciar una segunda etapa que le pueda llevar a participar en el Campeonato España. Sin embargo, la reorganización del club no es tan rápida como lo deseable y el Campeonato de España se disputa con anterioridad, surgiendo en la prensa onubense y concretamente el 30 de abril una gran presión para que su vuelta sea cuanto antes. Dicho y hecho el Huelva Recreation Club redacta nuevos estatutos el 15 de mayo y queda inscrito en el Registro de Asociaciones el 18 del mismo mes cumpliendo los requisitos legales del Real Decreto, de 19 de septiembre de 1901 y de la Real Orden Circular, de 9 de abril de 1902.

El “protoclub” de Sevilla

El carácter fluvial del puerto de Sevilla, distante al mar en cien kilómetros y a salvo de contrabandistas o de ataques externos, fue clave para que la Corona de Castilla le adjudicase el monopolio en exclusiva de la Carrera de Indias, siendo este vital para su desarrollo. Sin embargo la falta de calado, sinuosidad y limitación a unos navíos con cada vez más tonelaje acabaron en 1717 por cerrarles las puertas en beneficio del puerto de Cádiz, decisión que supuso sumir a la ciudad hispalense en una gran depresión económica que le hizo perder la mitad de sus habitantes y tardar algo más de siglo y medio en recuperarse.

A partir de 1850 la Revolución Industrial empieza a hacer mella y en la ciudad aparecen tímidos intentos de industrialización, propiciando además la atracción de navieras británicas interesadas en importar los productos alimenticios que proporciona el fértil granero andaluz. En 1859 se establece Robert MacAndrews & Company Ltd. a través de su testaferro John Cunningham, iniciándose la exportación hacia los puertos de Liverpool y Londres que ocasionarán la creación de la naviera Miguel Sanz y Cía. en 1861 y la instalación definitiva en 1873 de la poderosa MacAndrews & Company Ltd. escocesa. La presencia escocesa y por ende británica en Sevilla cada año es más palpable, siendo más notable en 1882 cuando empresarios de esta nacionalidad crean la Seville Water Works Company Ltd. E.&A., suministradora de agua potable tras canalizarla procedente de los Caños de Carmona y con gran presencia de trabajadores ingleses en su plantilla.

No son los únicos británicos residentes en la ciudad y con anterioridad, desde 1855, el ingeniero inglés Isaías White está ya domiciliado, formando en 1856 junto a los hermanos Portilla la que se convertirá en gran empresa siderúrgica Portilla y White, Cía., especialista en forja de cañones para la armada, rejas, máquinas a vapor y todo lo relacionada con la forja y fundición, trayendo consigo un reducido séquito de operarios originarios de las islas para la dirección técnica. El encuentro entre todos los británicos durante las décadas de los años setenta y ochenta decimonónicos es inevitable, estableciéndose relaciones comerciales entre ellos con sectores tan íntimamente ligados como la fundición, la exportación de enseres, los barcos y tuberías junto a máquinas de vapor.

En medio de una sociedad británica que se precie y más si cabe inmigrantes en otro país, además de las relaciones laborales figuran las sociales, siendo la tierra sevillana idónea por su clima para prácticas deportivas tan arraigadas en el Reino Unido como el remo, modalidad que en 1875 ya cuenta con un representante, el Club de Regatas de Sevilla formado por británicos y españoles a partes iguales que desaparece en 1883, la Sociedad Sevillana de Regatas creada en 1876 compuesta únicamente por españoles que cesa su actividad en 1886 y en tercer lugar el Seville Rowing Club creado en 1889, una sociedad mixta británico-española que se mantendrá en activo durante muchos años. Este no muy numeroso grupo inicial de británicos cuenta en 1879 con un club de criquet y a partir de 1882 se verá incrementado con los operarios procedentes de la Seville Water Works Company Ltd. E.&A., ampliándose el margen de maniobra y las posibilidades de realizar más actividades de forma conjunta.

A mitad de los años ochenta de la Sevilla decimonónica, el fútbol en el Reino Unido, sobre todo en Escocia, es un deporte ya asentado que empieza a concentrar a un elevado número de practicantes y sobre todo de masas que siguen su evolución. Es el deporte de moda y tanto en colegios como en institutos se convierte en una actividad que forma parte del programa docente de educación física, algo en lo que España se encuentra a años luz. El núcleo de residentes británicos en Sevilla muestra una gran devoción por el deporte y así vemos como practican remo en verano y fútbol en invierno, disputándose varios encuentros entre temporada y sobre todo los muy entrañables de Navidad en los que se citan todos en señal de confraternidad frente a los grupos británicos que la Rio-Tinto Company Ltd. tiene en las localidades onubenses de Minas de Riotinto y la capital Huelva. En estos encuentros, dependiendo del número de congregados, lo mismo se enfrentan unos contra otros en nombre de la localidad que representan, como combinados de unos y otros contra terceros según las circunstancias les obliguen.

La práctica de este deporte cunde tanto en algunos miembros británico-sevillanos, muchos de ellos enrolados en el Círculo Mercantil, que el 25 de enero de 1890 constituyen el Sevilla Foot-ball Club, sociedad presidida por el vice-cónsul y a la vez representante de la naviera MacAndrews & Company Ltd. como también director de la Seville Water Works Company Ltd. E.&A., Edward F. Johnston y conducida por el joven Isaías White, su alma mater, teniendo como campo de juego los terrenos adyacentes a la fundición de la que este último es hijo de uno de los copropietarios. El Sevilla Foot-ball Club se convierte en el primer club en España confeccionado expresamente para la práctica de esta modalidad deportiva y es el “protoclub” local por excelencia, aunque en la ciudad no cuenta con el favor de la prensa quien en momento alguno refleja sus andanzas, al contrario que ocurre en Huelva o pocos años después en Bilbao, Madrid o Barcelona donde sí se muestran más sensibles a hechos de estas características.

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La plantilla sevillana, toda ella integrada por trabajadores relacionados con las distintas empresas británicas tanto de origen británico, español o hispano-británicos de primera generación, concierta el 8 de marzo de 1890 un encuentro frente al Huelva Recreation Club, sociedad fundada apenas treinta y nueve días antes en lo que se considera el primer partido disputado por dos clubs constituidos en España, aunque con la matización de que ambos estén integrados mayoritariamente por británicos y uno sea un club de recreo que practica fútbol, el onubense y el otro sea un club de fútbol exclusivamente, el sevillano. El “protoclub” hispalense, dada la procedencia de sus integrantes y la no obligatoriedad, no opta por inscribirse en el Registro del Gobierno Civil, lo que le convierte en “alegal” e inadvertido para las autoridades españolas, discurriendo su vida deportiva de forma azarosa frente a los clubs onubenses y sin apenas más rivales en la zona que compartan su dedicación.

Tras las épicas y trágicas inundaciones que asolan la ciudad en marzo de 1892 las cuales arrasan el barrio de Triana y afectan a Portilla & White, Cía. y su campo de fútbol, apenas más se sabe de las prácticas de estos muchachos, localizándose a varios de ellos en el Seville Rowing Club. Durante los años siguientes no hay noticias en prensa sobre fútbol, pero sí de gran parte de sus miembros que siguen remando en el Seville Rowing Club y practicando gimnasia durante la campaña veraniega durante unos años, volviéndolas a tener en 1900 cuando hay constancia de actividad futbolística en La Trinidad y en el Prado de San Sebastián protagonizada por miembros pertenecientes al Círculo Mercantil, actividad que ya no se abandona. La gran relación de este grupo de pioneros con la sociedad hispalense de principios de siglo asentada alrededor del Círculo Mercantil e Industrial junto a la resonancia en toda España que están teniendo los torneos anuales que se dilucidan en Madrid, propiciarán que el 14 de octubre de 1905 cristalice definitivamente la oficialización del Sevilla Foot-ball Club conforme al Real Decreto, de 19 de septiembre de 1901 y a la Real Orden Circular, de 9 de abril de 1902, sociedad presidida por José Luís Gallegos que queda registrada conforme la legalidad española.

Los “protoclubs” de Bilbao

Cuando en 1841 el gobierno dispuso eliminar las aduanas interiores de España y trasladarlas a la costa, nuevos horizontes comerciales se abrieron para los industriales vizcaínos quienes, a partir de entonces, dejaban de pagar impuestos a Castilla por vender el hierro que desde el fértil yacimiento de Somorrostro había enriquecido a varias familias bilbaínas. Esta medida junto a la liberación de las colonias españolas en Sudamérica provocó que los puertos de Cádiz y Santander perdieran parte de su peso y Bilbao, mucho más dinámico, empezase a relacionarse con los principales puertos europeos. Algunos de ellos como Londres y Liverpool en representación de los británicos, vieron un campo abierto para exportar al Caribe y Sudamérica, tierras hasta entonces vetadas por los aranceles, estableciéndose suculentos convenios entre los británicos y los vizcaínos que derivaron en la constitución de importantes navieras anglo-bilbaínas en las cuales los británicos ponían el capital y los vizcaínos la tripulación.

La carestía del carbón asturiano y el bajo precio del británico, hicieron que los barcos anglo-bilbaínos partiesen al Reino Unido cargados de hierro transformado y volviesen a Bilbao cargados de carbón, unos viajes muy rentables. A tan buena relación se unió la apertura del Gobierno español hacia las inversiones extranjeras, consiguiéndose desde 1871 los primeros acuerdos con grupos británicos, franceses y en menor medida belgas para la explotación de los yacimientos mineros de hierro y la implantación de una industria siderúrgica moderna, claves para empezar a importarse maquinaria británica con vistas a relanzar la alicaída industria siderúrgica vizcaína. Junto a las máquinas venían un gran número de técnicos y trabajadores, convirtiéndose Bilbao en la auténtica embajadora británica en España con unos registros asombrosos que en 1885 proporcionaban el paso de más de sesenta y cinco mil marineros procedentes del archipiélago por el puerto bilbaíno, ciudad que reunía ya a una considerable colonia británica.

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Recordando la descripción expuesta en el encabezamiento de este artículo sobre lo que es un “protoclub”, en el caso bilbaíno no iba a ser de otra forma y tras el amplio curriculum que almacenaba la histórica villa, al albergue de una compañía con una notable presencia de británicos iba a desarrollarse su primer “protoclub”: el Athletic Club ó Club Atleta de los Astilleros del Nervión, porque los componentes de la empresa no eran solamente súbditos de la reina Victoria, sino también vizcaínos a partes iguales. Los británicos añoraban su tierra, pero también el fútbol y organizados en 1892 solicitaron permiso para jugar en el complejo deportivo de Lamiako, propiedad privada donde existía un hipódromo perfecto para sus intereses en el cual jugaban a menudo y contaban con la admiración tanto de la chiquillería como de los miembros de la Sociedad Gimnástica Zamacois, una sociedad higienista en la cual la alta burguesía mantenía en forma cuerpo y espíritu.

La atracción de los bilbaínos por aquel deporte fue total y en 1894 se produjo el primer envite en el cual los extranjeros salieron cómodamente victoriosos. Los eventos de 1892 y 1894 fueron recogidos por la prensa y pronto Lamiako fue conocido como “la campa de los ingleses” en honor a la procedencia de los futbolistas que allí se citaban continuamente -también por la existencia de un cementerio protestante-, sumándose a partir de entonces los bilbaínos a su práctica. La Sociedad Gimnástica Zamacois era una entidad polideportiva de donde salieron multitud de atletas y que en 1912 se fusionaría con otras dos entidades, la Federación Atlética Vizcaína y la Educación Física para dar lugar al Club Deportivo, una histórica entidad todavía hoy en vigor. Sin embargo y antes de todo esto, algunos miembros de la Zamacois no dudaron en abandonar el gimnasio y probar fortuna con el fútbol, resultado de lo cual en 1898 los británicos ya no jugaban solos habiéndose convertido los bilbaínos en la mayoría del Athletic Club.

La amplia relación de los comerciantes vizcaínos con los británicos prestaba para que muchos padres con haberes enviasen a sus hijos a las islas para aprender inglés y fundamentalmente a estudiar en sus universidades. Algunos de ellos se establecieron allí, pero generalmente muchos más volvían, como el caso de Carlos Castellanos, nieto de un conocido banquero que de regreso a la villa y entusiasmado por lo que había vivido, no regateó en esfuerzos para crear el segundo “protoclub” local: el Bilbao Foot-ball Club, sociedad fundada en 1900 de la que fue presidente pero que al igual que el Athletic Club, no tuvo en consideración registrar convirtiéndose en “alegales”, situación que el Athletic Club resolvería en septiembre de 1901 al registrarse y que el Bilbao F.C. no podría al disolverse en 1903.

Los “protoclubs” de Barcelona

Al contrario que en otras regiones españolas donde fueron las minas de hierro y las de cobre o carbón las que atrajeron a importantes empresas británicas y con ellas el fútbol, el subsuelo catalán no ofrecía ningún interés para estos experimentados inversores y en base a ello los distintos intentos de crear industrias siderúrgicas fracasaron por completo ante la falta de materia prima. Sin embargo sí había otros atractivos que hacían de Barcelona, su capital, un importante centro logístico desde el cual operar en busca de las colonias del Índico y cómo no, su tradicional industria textil, un cliente seguro para exportar su maquinaria.

Barcelona y su provincia habían desarrollado desde los siglos anteriores una importante industria alrededor del lino que fue origen de muchas empresas y una burguesía poderosa, pero el algodón fue un enemigo con el que no podía competir por la calidad y bajo coste productivo que ofrecía a los británicos. El paso hacia el algodón fue costoso y los catalanes tuvieron que renunciar a un producto que empleaba mucha mano de obra, era casi artesanal y resultaba caro de vender. Ante tal tesitura se empezaron a importar máquinas procedentes del Reino Unido que facilitaban la transformación del algodón, pero con la salvedad de que pronto fueron copiadas y adaptadas para no depender de los isleños.

La jugada inicialmente salió bien, pero la evolución técnica de los británicos hizo que produjesen más, mejor y con un precio más económico, con lo cual los catalanes tuvieron que aplicar aranceles para evitar males peores, además de no contar con un mercado nacional preparado para asimilar tanta producción de tejido. La necesidad del Estado en recoger dinero para mitigar sus deudas y equilibrar unos presupuestos que demandaban más inversiones para correr a la par de las potencias europeas provocó una liberalización del mercado y la apertura de España a cualquier posible inversor extranjero.

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En el último cuarto del s. XIX Barcelona empezaba a contar con una importante presencia británica, sobre todo escocesa, convirtiéndose su puerto en uno de los más importantes del Mediterráneo sobre todo tras la inauguración del Canal de Suez en 1869, puerta que unía los países del Mar del Norte con Asia y especialmente al Imperio Británico con sus colonias orientales y oceánicas, eligiéndolo la importante naviera escocesa MacAndrews & Company Ltd. como principal base operativa en la península. En el puerto comenzaron a atracar gran cantidad de buques británicos, muchos de ellos a vapor, uno de los grandes inventos energéticos de la época tan fundamental tanto para la industria como para el transporte, llegando a bordo de ellos máquinas a vapor con sus respectivos técnicos que venían contratados para montar y enseñar al empresariado textil autóctono deseoso de abrirse hueco en el mercado europeo con las prendas de algodón.

La comunidad británica, tan avanzada para la época y con una predisposición para los deportes muy desarrollada, pues casi todo eran creaciones suyas como el cricket, polo, lawn-tennis, rugby, squash o fútbol, contactó con la burguesía local y los primeros retos a remo con los miembros del Real Club de Regatas fueron anunciados incluso hasta en la prensa como hecho noticiable. Fruto de la amistad entre ambos grupos, británico y barcelonés, pronto la práctica que los primeros hacían en el velódromo de Bonanova -inaugurado en 1891- de un deporte denominado “foot-ball” durante la temporada de invierno acabó seduciendo a los regatistas, quienes adoctrinados en sus reglas por los británicos anunciaban en prensa la disputa el 25 de diciembre de 1892 del primer encuentro en Bonanova por parte de dos bandos de la sociedad de regatas, en lo que se puede considerar el primer encuentro de fútbol disputado por un club formado íntegramente por españoles.

En lo sucesivo los encuentros no serán entre miembros del mismo club, sino frente al Club Inglés, sociedad que ignoramos desde cuando existe o si es un club formado expresamente para la práctica de fútbol durante el invierno y la de remo en verano frente al Real Club de Regatas. La sinergia entre algunos miembros de ambos clubs es total y en primavera se proyecta crear un club expresamente dedicado al fútbol que cumpla las expectativas que tienen con este deporte. Los deseos se cumplen y en el otoño de 1893, ya finalizada la temporada de remo estival, crean la Sociedad de Foot-ball Barcelona, el primer “protoclub” barcelonés, aunque con un componente casi enteramente británico que rematan con la figura electa del cónsul británico William Wyndham como presidente, amenizado todo ello por unos pocos barceloneses.

En ese preciso año llega a Barcelona el importante grupo textil escocés J&P Coats. Ltd., quien busca asentarse en la provincia para introducirse en un mercado que augura suculentos beneficios. La localidad escogida para levantar una industria y todo un barrio al más puro estilo británico hecho a medida de sus trabajadores es Sant Vicenç de Torelló, en cuya pedanía de Borgonyà edificarán toda una colonia. Paralelamente llega en 1894 a Barcelona la empresa Johnston Shields Ltd., conocida popularmente como La Escocesa, con varias patentes bajo el brazo para manufacturar el punto de crochet, ideal para cortinas y encajes. En poco tiempo reúne a ciento setenta trabajadores, siendo algunos de ellos notables practicantes de fútbol en su tierra natal que luego pasarán a formar parte de nuevos clubs.

La empresa de Borgonyá, una vez acomodada en su barrio a las afueras de Sant Vicenç de Torelló crea la Asociación de Foot-ball Torelló, club dedicado íntegramente al fútbol que de inmediato entabla encuentros con la S.F. Barcelona, tanto en la localidad de la comarca de Osona como en la ciudad condal. Ambas sociedades son “protoclubs” que permanecen “alegales” respecto a la Ley de Asociaciones, fundamentalmente por su carácter marcadamente británico, aunque ambos presentan españoles en sus filas, estando los de Borgonyá respaldados por la empresa de hilaturas escocesa mientras que los barceloneses proceden de diversas empresas, contando todos ellos con los favores de la prensa deportiva catalana y reduciendo su espectro geográfico al área de Barcelona.

Como todos los “protoclubs”, su carrera deportiva es corta debido a la falta de competencia y a las obligaciones por parte de sus miembros, de paso por Cataluña, con lo cual pasados unos años apenas se sabe de ambos, aunque sí de algunos de sus miembros que en pocos años se enrolarán en los más importantes clubs barceloneses que todavía están por constituirse. Mientras, se les ve practicando remo, enrolados en gimnasios o formando parte del Club Inglés quien no abandona la práctica futbolística.

La semilla se encuentra plantada y a la espera de germinar, siendo el suizo Hans Gamper quien con la ayuda de algunos paisanos en 1898 empezará a irrigarla para que crezca tras jugar a menudo en Bonanova con los británicos e iniciar la búsqueda de correligionarios con los cuales crear un club de fútbol, su gran meta deportiva ante la ausencia de uno en activo. Su confesión protestante le cerrará las puertas en el Gimnasio Tolosa, teniendo fortuna en el más tolerante Gimnasio Solé donde recluta a unos cuantos deportistas que unidos a sus compatriotas da forma al Foot-ball Club Barcelona a finales de 1899. A los pocos días de su constitución integrará a un numeroso grupo de británicos anglicanos procedentes del Club Inglés. En cuanto al Gimnasio Tolosa, sus miembros junto a un reducido grupo de escoceses católicos harán su parte con el Foot-ball Club Catalá, sumándose a inicios de 1900 el Foot-ball Club Escocés de la Johnston Shields Ltd. que tras un rifirrafe con el F.C. Barcelona acabará disolviéndose pasando algunos de sus jugadores al club azulgrana y otros al recién creado Hispania Athletic Club de Alfons Macaya.

Los “protoclubs” de Madrid

El origen del fútbol en Madrid es netamente distinto y, a diferencia del patrón observado en otras regiones, no obedece los cauces seguidos por los “protoclubs” andaluces, del norte o algunos ejemplos catalanes, siempre ligados a una empresa, sino que viene marcado por dos vías muy marcadas y de desigual procedencia.

La primera de ellas surge el 10 de mayo de 1879 cuando en un rotativo británico, London Standard, se publica una breve reseña en la cual se indica que en la ciudad de Madrid va a ser constituida una sociedad de cricket similar a las existentes en Jerez de La Frontera y Sevilla cuya composición será mixta entre ciudadanos británicos y españoles, contando con el beneplácito de S.M. Don Alfonso XII quien cede el uso del Real sitio de la Casa de Campo y, al parecer, se ofrece como presidente honorario.

Esta noticia que, en principio no está relacionada con el fútbol, de repente adquiere un giro de 360º cuando el 16 de noviembre de ese mismo año es publicado en la revista quincenal El Campo: agricultura, jardinería y sport, un extenso artículo con todo tipo de detalles donde se habla claramente de la constitución de la sociedad Cricket y Foot-ball Club de Madrid, citándose toda su junta directiva al completo además de otros socios en lo que hasta la fecha es la primera reseña a nivel nacional en cuanto a la constitución legal de una sociedad dedicada, aunque sea en combinación de otra actividad deportiva, al fútbol.

De lo que ocurre con esta sociedad, el primer “protoclub” a nivel nacional por fecha de constitución, apenas más se sabe, salvo que es presidida por José Figueroa y Torres, aunque dada la procedencia de sus integrantes, casi todos ellos personas de la nobleza, militares y británicos de paso por nuestro país, es más que probable que se extendiese poco en el tiempo. Su huella, imborrable en la hemeroteca, precede en una década a otros clubs como los originados en Huelva y Sevilla, un paso adelante para la historia del fútbol español.

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La segunda vía tarda bastantes años en aparecer y sus protagonistas, a diferencia de la inquietud de 1879, serán muchachos imberbes ligados a otras actividades. El mérito recae en la corriente higienista surgida en el s. XIX en algunos países europeos, sobre todo Francia y el Reino Unido, quienes aplican la gimnasia inicialmente en el ejército para luego convertirla en asignatura de obligado cumplimiento en liceos y colegios. La doctrina decimonónica implicada en el cultivo de la mente y del cuerpo es seguida con ahínco por algunos miembros del Gobierno y el 9 de marzo de 1883 la enseñanza de la gimnasia es declarada oficial en España, ordenándose la creación de la Escuela Central de profesores y profesoras de Gimnástica.

Su reglamento es aprobado por Real Decreto el 22 de octubre de 1886 y su implantación obligatoria, pero la falta de profesores cualificados hace que sea un fracaso y en 1895 se declare de libre opción. No obstante y por la vía privada, en 1887 nace de ese nutriente en Madrid la Sociedad Gimnástica Española, importante centro locomotor al que se asociarán numerosos centros gimnásticos de titularidad también particular de toda España como los gimnasios Zamacois de Bilbao, Tolosa y Solé, ambos de Barcelona, Calvet de La Coruña, Sampérez de Badajoz, el Gimnasio de Vigo, el Club Gimnástico de Cartagena, el Club Gimnástico de Tarragona, la Sociedad Gimnástica de Orense, etcétera.

La gimnasia, de práctica obligatoria primero y voluntaria después, provoca que el profesorado madrileño del Instituto de Libre Enseñanza en la capital decida usarla como herramienta regeneradora, de civilización, progresista y moderna, siendo pioneros en aplicarla e impartirla entre sus alumnos, pero no en su vertiente estricta para adultos, sino a través de juegos, mucho más atractivos para la edad de los muchachos a quienes va dirigido y entre los cuales el fútbol es uno de los más significativos. Un grupo de jóvenes estudiantes del instituto entre los que se encuentran los hermanos Palacios, los propios hermanos Padrós, Menéndez, Gorostizaga, Mendía, Neyra, Varela y los hermanos Giralt crearán en 1897 el Sky Foot-ball Club, el segundo “protoclub” de la capital. La vida de esta sociedad no será muy longeva, pero sí cumplirán con varias de las condiciones de un “protoclub”: composición por una membresía elitista, raigambre con una empresa -en este caso un Colegio-, carácter local focalizado en Madrid y ausencia de interés en registrar su situación, lo que les convierte en “alegales”. En cuanto a las pautas evidentemente no se enfrentarán a tripulaciones de navíos británicos por motivos obvios, pero sí contarán con el apoyo implícito de la prensa local que resaltará en cuanto tenga oportunidad cualquier atisbo de actividad que se propongan llevar a cabo.

El tercer “protoclub”, aunque con mucha menos importancia que el anterior tan siquiera gozará de repercusión en prensa, quizás por el lugar de procedencia de sus miembros y la escasa simpatía que ocasiona tras una Guerra de Independencia que aún colea: la Association Sportive Francaise, creada por el alumnado del Liceo Francés, otro centro educativo cuyos docentes inspirados en la doctrina higienista implantada en Francia desde hace años la inculcan aquí como parte de su repertorio.

En 1902 este club cambiará a Association Sportive Amicale, sin más fortuna, pero del Sky Foot-ball Club se escindirán en 1900 dos sociedades perfectamente estructuras y modernas que sí darán que hablar, al menos una de ellas y mucho, dado que será uno de los grandes clubs del futuro, el Madrid Foot-ball Club. El otro es el Club Español de Foot-ball. Ambos surgen tras rencillas en el seno del pionero Sky Foot-ball Club, quien les educa deportivamente, alcanzando sus miembros la mayoría de edad en estas sociedades que en 1902 se registran oficialmente conforme al Real Decreto de 19 de septiembre de 1901 relativo a la Ley de Asociaciones para dejar constancia de su existencia como ya lo han hecho sociedades de similares características en Bilbao y Minas de Riotinto, pero sobre todo como primer paso previo a la creación de la Agrupación de Madrileña de Clubs de Foot-ball a inicios de 1903.

Los “protoclubs” de Vigo

Situada en la ría a la cual le da nombre, la ciudad portuaria de Vigo se convirtió a partir de la segunda mitad del s. XIX en un importante punto de conexión entre la península y las colonias de las Antillas, en especial Cuba y Puerto Rico, siendo la relación con Buenos Aires, situada en el continente suramericano también notable. Esta posición estratégica y la liberalización que el ejecutivo español realizó permitiendo la apertura de cara a compañías extranjeras para invertir en el país, supuso la llegada a la ciudad de la empresa británica Eastern Telegraph Company Ltd., entidad instalada en 1873 que tenía como misión conectar mediante cable telegráfico submarino el Reino Unido con Vigo y la ciudad olívica con Lisboa, clave para los intereses británicos con fines de trazar ramales hacia África, Suramérica o las Antillas.

La compañía británica, con un equipo de ingenieros y trabajadores cualificados, mediante barcos tenderá el cable constituyendo con el paso del tiempo una pequeña comunidad de ciudadanos que asentarán sus costumbres en suelo español. En fecha todavía no determinada constituyen un club donde desarrollan sus actividades, el Exiles Cable Club, sociedad donde se integran deportes como el tenis de mesa, lawn-tennis, cricket, otros de raigambre británica y en especial uno de reciente éxito que se erigirá con el paso del tiempo en una de las principales disciplinas, el fútbol, que a principios de la década de los años noventa decimonónicos goza de excelente salud y reconocimiento en el Reino Unido. Los empleados británicos de la compañía del cable no querrán ser menos que sus compatriotas y declarado como deporte de moda, su práctica en Vigo se iniciará en torno a estas fechas siendo en 1895 cuando se tiene fe mediante prensa del primer encuentro disputado por el Exiles Cable Club frente a la tripulación de un navío británico.

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El Exiles Cable Club o Exiles F.C. como consta en algunos medios, se enfrenta ante la falta de rivales en Galicia a tripulaciones mercantes británicas de paso por el famoso puerto local y sobre todo a las militares de la Royal Navy fondeadas allí ocasionalmente, hecho que también es constatado en Ferrol donde no existe representatividad británica local, pero donde sí se registran encuentros entre tripulaciones británicas desde 1892. Terrenos idóneos como los del Relleno, hoy Alameda, se convierten en feudos improvisados para la práctica futbolística, siendo el Exiles Cable Club el primer “protoclub” británico de la ciudad y en suelo gallego.

La tendencia iniciada por el Exiles Cable Club tendrá continuación cuando posteriormente surgen sociedades mixtas británico-viguesas como el Petit Foot-ball Club, otro “protoclub” y casi al mismo tiempo otras como las conocidas Vigo Foot-ball Club y Fortuna Foot-ball Club, ambas originadas en 1905 ya con una nutrida representación de jugadores locales y pioneros en el fútbol gallego de principios de s. XX.

Los “protoclubs” de Las Palmas de Gran Canaria

La capital del archipiélago canario es, quizás por su lejanía respecto a la península, la gran olvidada en cualquier libro o escrito que haga referencia a la introducción del fútbol es España, una grandísima falta de sensibilidad que ha costado que no sea considerada históricamente por muchos estudiosos como uno de los principales pilares, cuando su contribución real es comparable al fútbol onubense cuanto menos. Alejada de la Revolución Industrial del último tercio del siglo decimonónico, el atractivo que sentían los británicos por Canarias no era causado por la presencia de minas, negocios siderúrgicos, textiles o ferroviarios, sino desde 1852 y a causa de la declaración como franquicia de los puertos isleños, por razones puramente comerciales en las cuales ellos abastecían a las islas de una cantidad tal de suministros que llegó a triplicar la aportación peninsular a finales de este mencionado siglo.

La ciudad de Las Palmas, situada en un enclave estratégico que servía de puente entre el Reino Unido y las colonias británicas de África o las cada vez más “britanizadas” Islas Antillas, se vio envuelta en una dinámica en la cual los súbditos de la reina Victoria fueron poco a poco colocando estratégicamente sus puntos comerciales de modo que casi monopolizaban todo lo que entraba y salía de la ciudad, aparte de pequeños astilleros y empresas consignatarias. En 1890 conformaban una colonia de doscientos miembros, similar a la población británica de Minas de Riotinto y Huelva juntas, mientras diez años después esa cantidad estaba ya duplicada e iba en aumento, contando con un cementerio protestante desde 1834 y una iglesia dedicada a este culto desde 1887.

Los británicos exportaban textil, enseres, turistas atraídos por el romanticismo canario y sobre todo medicinas, maquinaria, hulla, hierro y carbón, un elemento indispensable para cualquier máquina a vapor, siendo plátanos, naranjas, algo de vino y legumbres lo que importaban a aquellas latitudes septentrionales. Pagado por el Estado, la construcción del puerto marítimo de La Luz era ineludible y en 1883 la empresa británica Swanson y Cía. fue la encargada de efectuar las obras. Técnicos y trabajadores se instalaron en la ciudad y en pocos años un centenar largo de buques atracaban en misión comercial mientras la comunidad británica originaba su Club Británico en 1889, centro social situado en la calle Pérez Galdós que a imagen y semejanza de los onubenses tenía su club de bailes y sus secciones deportivas, una práctica tradicional que formaba parte de sus costumbres.

A diferencia de los clubs británicos onubenses, con mayoría de escoceses en sus filas y multidisciplinares en su actividad, el de la capital canaria era regentado por ingleses y en poco tiempo sus secciones adquirieron plena autonomía independizándose los unos de los otros. Así Las Palmas Golf Club se fundaba en 1891, Las Palmas Lawn-tennis Club entre 1895-96, Las Palmas Cricket Club en una fecha sin concretar pero dentro de esos años, mientras el club de fútbol, del que hablaremos más adelante lo hacía en 1894.

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La incidencia y peso de las costumbres británicas fue muy importante y los beneficios aportados a los naturales canarios considerables, beneficiándose ambos de una interrelación francamente interesada a partes iguales. La cada vez más presente flota británica en el puerto de La Luz no fue olvidada en Londres, y desde allí en 1890 dos entidades benéficas, la British and Foreign Sailor’s Society y la British Bible Society, prestaron con su manutención a través de misioneros protestantes a cuya cabeza siempre iba un reverendo, labores cristianas con la creación del Las Palmas Seaman’s Institute, entidad encargada de acoger a marineros británicos desembarcados por enfermedad o por desatención que precisaban reposo y recuperación. Una vez dados de alta en el Queen Victory Hospital, creado en 1891, los marineros ya podían regresar a casa.

La cuantía de ciudadanos británicos en la ciudad, unos trescientos en 1894, supuso la creación del Las Palmas Foot-ball Club en 1894, el gran “protoclub” insular, una sociedad que jugaba en las inmediaciones de las instalaciones privadas que tenía la empresa de importación carbonera Wilson Sons & Company Ltd. junto al muelle de Santa Catalina y que jugaba principalmente, ante la falta de rivales en la isla, frente a tripulaciones militares o civiles de paso por la ciudad, aunque no era la pionera porque con antelación ya existen registros orales de prácticas futbolísticas en la isla.

El cariz portuario de Las Palmas influenció notablemente en su club de fútbol y así empleados de distintas compañías británicas proveían de jugadores a la sociedad, destacando la mencionada propietaria del terreno de juego y otras como Miller & Company Ltd., Cory Brother & Company Ltd., Grand Canary Coaling Company Ltd. o Elder Dempster Company Ltd., participando así mismo el club de fútbol en la organización de eventos teatrales en el salón que tenía la Sociedad Santa Catalina. El carácter privativo de esta sociedad o las demás dedicadas a otras disciplinas deportivas le alejó, pese a influir en la juventud local, de registrarse en el Gobierno Civil y como el resto de los “protoclubs” peninsulares se mantuvo “alegal”, aunque su obra no pasó desapercibida y pese a su escasa perdurabilidad dejó una profunda huella con la creación a partir de 1904 de varios clubs locales entre los cuales destacará en 1905 el Marino Foot-ball Club y finalizando la década el Sporting Club Victoria, heredero de Las Palmas F.C. con jugadores británicos en sus filas y convertidos en los dos grandes hasta la unificación del fútbol local en 1949 con la Unión Deportiva Las Palmas.

Los otros “protoclubs”

España es un país muy grande en extensión y con muchas ciudades importantes que a finales del s. XIX demandaban una oportuna modernización. Los británicos, los más avanzados tecnológicamente en esa época, fueron requeridos por muchos ayuntamientos, empresas españolas, incluso se presentaron a gran cantidad de concursos locales donde se cedía la explotación de un abastecimiento de gas, agua o cualquier medio que supusiera un avance para la población. Esta masiva presencia de ingenieros y técnicos británicos trajo de forma directa el fútbol a nuestro país, pero no fueron los únicos instructores: también muchos españoles en edad universitaria que habían cursado sus estudios en el Reino Unido cuando regresaron a sus hogares no sólo llegaban cualificados y con conocimientos de inglés, sino con un balón bajo el brazo dispuestos a compartir con sus amigos y conocidos aquella disciplina deportiva que tanto les había cautivado.

Muchas de las experiencias de aquellas personas pasaron desapercibidas para la prensa y no tuvieron repercusión, y si lo hicieron fue con cuentagotas, pero también hubo otras tantas que dejaron su impronta casi de puntillas que, de haber sido otros los tiempos, quizás hubiesen tenido más trascendencia de la que dejaron. El suroeste andaluz se confirmó en torno a 1890 en el principal vivero de clubs de toda España, pero lamentablemente apenas hay información sobre su actividad dado que el fútbol no era importante ni el deporte en general requería la atención de periodistas y españoles en general. Coetáneos a los clubs de Sevilla, Minas de Riotinto y Huelva fueron los grupos de “equipiers” residentes en Tharsis, una pedanía de la onubense localidad de Alosno que albergaba una importante empresa minera y los de las ciudades de Málaga, Jerez de La Frontera, Cádiz y la “britanizada” Gibraltar, grupos de los cuales apenas nos han quedado unas reseñas y de los cuales ignoramos si llegaron a alcanzar el nivel de club.

En Cataluña localidades como Sant Andreu de Palomar y Sant Martí de Provençals en la periferia de Barcelona o más distantes como Manresa y la gerundense Palamós también reunieron sus “protoclubs”, pasando la corriente futbolística por las murcianas Águilas, Cartagena y Lorca además de desplazarse hasta Badajoz y desde allí a cualquier punto del país donde hubiese algún grupo dispuesto a jugar al fútbol de una manera organizada y con directiva.

Los “protoclubs” y su herencia

El legado deportivo que dejaron aquellas sociedades primitivas tuvo al cabo de los años distintas hijuelas y también otras formas de “continuidad”, pues no todas desaparecieron para siempre fagocitadas por la coyuntura social de aquellos tiempos. Así pues, y tras estudiar detenida y concienzudamente cada uno de los casos, observamos dos tipos de herencia que en función de su protagonista muestran una continuidad o una discontinuidad:

1. Clubs continuistas: Son aquellos que irrumpieron en el panorama español y después de unos años de actividad, dejaron de ser noticiables por la falta de socios y se difuminaron en otras sociedades que mantuvieron su llama en vivo. Entre ellas encontramos a tres: Rio-Tinto English Club, Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club.

El Rio-Tinto English Club nacido en 1878 es el más antiguo de todos. Su pertenencia a una localidad con escaso número de habitantes y la falta de medios de comunicación que publicitaran sus movimientos como sí sucede con Huelva y su club recreativo, jugaron en su contra. Sin embargo, cuenta con un patrimonio documental bastante importante reflejado en los libros de la empresa minera -su tutora- dando fe de su práctica, además que la existencia de una numerosa población británica ha dejado suficiente constancia para saber que, aunque no se jugasen tantos encuentros como hoy en día, sí se jugó al fútbol a menudo en Minas de Riotinto.

El Huelva Recreation Club creado en 1889 es el segundo club en ver la luz. Su pertenencia a una capital provincial y la existencia de prensa filo-británica magnifica su vida social y gracias a ello se conocen muchas cosas. Sin apenas socios, en 1896 pasa a estar tutelado por el Seaman’s Intitute hasta su reorganización en 1903. Este club no se disuelve en momento alguno y aunque presenta un periodo de discontinuidad en su trayectoria, lo cierto es que durante esos años se juega al fútbol y en 1903 lo que hace es elegir una nueva junta directiva, redactar nuevos estatutos y oficializarse conforme a la legislación española.

El Sevilla Foot-ball Club constituido en 1890 es el tercero en salir. A pesar de tener su sede en una capital regional, la prensa local no está de su parte y permanece ajena a sus quehaceres. Los hechos más importantes sobre su vida han sido conocidos a través de la prensa extranjera y al igual que sucede con el club de la capital onubense, la falta de socios en 1893 acaba siendo un freno y la tutela futbolística queda en manos de los socios del Círculo Mercantil. Tampoco hay constancia de su disolución y en la ciudad hay fútbol hasta que en 1905 se elige una nueva junta directiva, se escriben nuevos estatutos y se oficializan en el Registro.

2. Clubs no continuistas: Son aquellos que habiendo sido constituidos legalmente, un día desaparecieron y no tuvieron continuidad por parte de sus socios o por descendientes de estos. Su legado pasó a otras iniciativas promovidas por otras personas no relacionadas con los clubs primitivos y que con distintos objetivos e ideas mantuvieron y demostraron una total independencia.

El Cricket y Foot-ball Club de Madrid nacido en noviembre de 1879 es la primera sociedad no continuista por varias razones de peso como la procedencia de sus integrantes, casi todos nobles o ciudadanos británicos sin raíces en el país, pero sobre todo por su carácter prematuro dentro de una sociedad que va a otro ritmo y donde el deporte no es una necesidad vital ni tan siquiera social.

El Athletic Club de Astilleros constituido en 1892 –o poco antes-, suena con fuerza durante ese año, pero nada más se sabe de él en los años siguientes aunque los británicos siguen jugando en las campas de Lamiako durante bastante tiempo. En 1894 retan a un grupo de bilbaínos en un afamado encuentro, pero se desconoce si los británicos eran el Athletic Club o un grupo de ex-jugadores de este club, al igual que se ignora si los bilbaínos eran socios del Gimnasio Zamacois o no. Cuando en 1898 se origina el Athletic Club bilbaíno este grupo no tiene nada que ver con el Athletic Club de Astilleros, aunque su denominación está claramente influenciada por haber bebido de las aguas que los británicos dejan en Lamiako y es más que probable que figurase algún británico en sus filas con pasado en el club de la empresa naval.

El Foot-ball Club Barcelona nacido en 1893 o Sociedad de Foot-ball Barcelona como se traduce en prensa, fue otro “protoclub” no continuista. Formado prácticamente por británicos se le conocen varios encuentros con clubs de la provincia o de la ciudad condal que aparecen en prensa, pero desde 1896 se le pierde la pista. Como en todos los casos anteriores siempre hay británicos jugando en el interior de un hipódromo o velódromo, en este caso en concreto el velódromo de Bonanova. El denominado en prensa como Club Inglés bien pudiera ser el mismo que el F.C. Barcelona, pero la falta de datos contundentes lo dejan como hipótesis. En 1899 se constituirán dos herederos, el Foot-ball Club Catalá y un nuevo Foot-ball Club Barcelona, sociedad esta última que nada tiene que ver en su origen con el club de 1893, pero a la que se incorporan apenas unas semanas de haberse fundado diez jugadores británicos procedentes del Club Inglés. Es decir, al final casi todos se ven las caras de nuevo pero en distintas entidades.

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Conclusiones

Tratar de entender a un “protoclub” como un club moderno similar a los de hoy en día o como los que se registraron en los albores del s. XX y que con el transcurso de los años se convirtieron en lo que actualmente son, es un gran error. Los “protoclubs” en su verdadera esencia son la génesis, esa huella que nos ha sido heredada de los británicos y algunos pioneros españoles que con su esfuerzo y tesón intentaron abrir las puertas a un deporte que venía de fuera y que tan solo por su vistosidad y encanto logró conquistarnos muchos años después.

Su papel es nuestra historia es vital, básico, fundamental e irrenunciable, de obligatorio recuerdo en la memoria de todos nosotros y las futuras generaciones que vendrán, pero hay que tener muy claro, clarísimo, dónde están los límites de un “protoclub” y dónde los de un club, dónde empieza uno y acaba el otro, dónde está esa frontera tan marcada que separa la vida de uno y de otro. Jugar a mezclar la historia de “protoclubs” y clubs en una probeta para que artificialmente nos salga una única cosa con una trayectoria inmaculada y lineal en pos de un interés privado es algo que desde aquí rechazamos totalmente, no va con nuestros principios y no lo aceptamos.

La óptica historicista que algunos aplican cuando analizan o estudian un club tratando de imponernos líneas continuistas sin sesgaduras en sociedades creadas en el último cuarto del s. XIX o incluso del s. XX es algo que desde un punto racionalista y para alguien que maneja mucha información y la conoce al detalle no es aceptable. La trayectoria de un club de fútbol, como cualquier otra sociedad deportiva creada por el hombre, no es un dogma de fe ni obedece a leyes universales, sino que son las circunstancias de cada época las que imperan y modelan su comportamiento. Los “protoclubs” nacidos en esas fechas sufrieron grandes adversidades y muchos contratiempos fruto de su precocidad y falta de madurez en medio de un país en el que representaban un hito de modernidad dentro de una sociedad marcadamente tradicional y casi inmovilista.

Aquellos “protoclubs” que nacieron con un nombre español y apellidos ingleses como el Rio-Tinto English Club, el Cricket y Foot-ball Club de Madrid, el Huelva Recreation Club, el Sevilla Foot-ball Club, el Athletic Club de Astilleros o el Fútbol Club Barcelona y que fueron traducidos al español como Club Inglés de Rio-Tinto, Club Recreativo de Huelva, Club de Fútbol de Sevilla, Club Atleta o Club de Fútbol de Barcelona y también como Club Inglés, Club Recreativo, Club Sevillano, Club Athleta o Sociedad de Foot-ball de Barcelona, etiquétenlos o denomínenlos como ustedes prefieran, fueron unos adelantados de su época que como todos los de su condición estaban condenados a sufrir y a no perdurar demasiado en el tiempo.

Ese estigma innato y extensible a todos ellos dependía sin embargo de muchos y variados factores, entre ellos el de los propios socios. De su implicación, de la cantidad de miembros y sobre todo de las cuotas que aportasen dependía su futuro. Los cinco clubs mencionados tuvieron sus altibajos y los cinco, como los “Ojos del Guadiana”, tuvieron su aparición-desaparición-reaparición en distintas formas y con distintos protagonistas porque los inicios de una sociedad deportiva en la que confluyen todas las vicisitudes que se han citado y además ingredientes tan importantes como socios, cuotas, una época difícil, una sociedad cerrada como la británica y una no predispuesta como la española conducen a ese camino.

Los seis clubs se estrellaron contra sí mismos tras uno, dos o tres años de actividad más o menos seguida porque sus socios eran directivos a la vez que jugadores, muchos de ellos carecían de arraigo en España, otros tantos estaban de paso por cuestiones laborales, no había muchos rivales contra quienes jugar, sus actividades políticas o militares prevalecían y sobre todo porque por su tallo no circulaba savia nueva, condición imprescindible para regenerarse y para tener continuidad. Estas sociedades no eran profesionales sino completamente amateurs, sus socios carecían de la implicación que empezó a generarse años después, el deporte era una distracción, muchos de ellos no estaban al día en la aportación de sus cuotas y el abandono de miembros en sus filas fue una constante a la que no se puso fin cuando la solución pasaba por incorporar a españoles, algo que con un poco de voluntad no era tan difícil.

Esta condena al fracaso que vivieron estas sociedades era una crónica de muerte anunciada y es un paso que todos los pueblos y ciudades de España han experimentado en sus propias carnes: todos y sin excepción. Pasó con los clubs del oeste andaluz, con los madrileños, vascos, catalanes, gallegos y canarios que fueron pioneros, pero también con aquellos que dispersamente se constituyeron en diversos puntos de la geografía española y con los que vinieron después. Los “protoclubs”, vistos desde la distancia que nos ofrece la perspectiva del tiempo, cumplieron con una misión para la cual no habían sido creados: difundir el fútbol entre la sociedad española, aunque no era su objetivo ni se esmeraron demasiado en hacerlo.

Dicho todo esto queda una última cuestión por aclarar para todos aquellos quienes anden todavía algo confusos, quizás la menos importante de todas las tratadas, pero sí la más polémica: no hay nada que a fecha de hoy, tanto documental, social, deportiva y legalmente impida reconocer pública y abiertamente que el Riotinto Balompié sea el mismo club que el Rio-Tinto English Club de 1878, que el Real Club Recreativo de Huelva SAD sea el mismo club que el Huelva Recreation Club de 1889 y que el Sevilla Fútbol Club SAD sea el mismo club que el Sevilla Foot-ball Club de 1890… ninguna, y si alguien tiene alguna prueba que la demuestre, pero que sepa que todos los argumentos posibles son aplicables a los tres clubs por igual, sin diferencias.

Aunque para algunos sea difícil de entender y quizás nunca lo hagan, Riotinto Balompié, Real Club Recreativo de Huelva SAD y Sevilla Fútbol Club SAD fueron en su origen “protoclubs” y luego, tras superar una difícil cuesta arriba, clubs legalmente constituidos.

© Vicent Masià. Diciembre 2012.

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titular HF Decano futbol espanol

por Vicent Masià

 

La vida nos ha enseñado a ver que todas las cosas son relativas y que su resultado depende en gran medida del cristal con que se miran. Casi todos los aficionados, al fútbol en este caso, solemos aplicar la misma vara de medir cuando se nos pregunta cuál es el mejor club para nosotros, quién juega mejor, dónde surgió el fútbol en España o cuál es el club de fútbol más antiguo del país. Esta vara de medir viene determinada e influenciada en gran parte por las enseñanzas y conocimientos que hemos adquirido desde pequeños en nuestros hogares, en el colegio o en la calle y a lo largo de la vida nos va a acompañar inseparablemente como la piel cubre a la carne.

Sin embargo, contrariamente a lo presupuesto, las respuestas que a título individual damos a estas preguntas no son las mismas en todos nosotros y en función a lo que sepamos o hayamos aprendido, en suma a nuestros gustos particulares, daremos oportuna contestación, siéndonos fácil en el caso de que conozcamos la respuesta para dónde surge el fútbol o cuál es el club más antiguo y un poco menos en el caso de que debamos pensar quién está jugando mejor en la actualidad o cuál es el mejor club de la historia, preguntas que en base a nuestros criterios daremos uno u otro nombre.

El origen británico del fútbol

En todos los libros que hablan sobre el origen del fútbol encontramos siempre la misma fecha: 1863, año en el que nace oficialmente el Foot-ball Association en la Freemason’s Tavern londinense con sus primeras normas y reglamentos, encontrándonos poco después que la aparición de este deporte en España es incierta, pero que casi con toda seguridad los primeros brotes surgieron en la provincia de Huelva y en concreto en la localidad de Minas de Riotinto, puesto que existe una nota periodística fechada en 1873 que comenta la disputa en esta población onubense de un match, sin concretarse a qué actividad deportiva se refiere aunque se da por supuesto -sin prueba alguna y por ello no pasa de ser simplemente especulativo- que debería de ser de fútbol.

Precisamente en este año, 1873, el Gobierno español había arrendado la explotación de las minas locales a una compañía británica de origen escocés, la Río Tinto Company Limited, siendo la presencia de súbditos de este país bastante numerosa y en absoluto desdeñable que practicasen deporte en sus ratos de ocio. Esta noticia encontrada en prensa posteriormente fue superada en antigüedad por otra aparecida en Jerez de La Frontera, dado que el 1 de noviembre de 1870 se cita literalmente en El Progreso que “por la tarde gozarán los aficionados a porrazos de un rato de football”. Es decir, tres años antes ya hay constancia de la práctica de este deporte no en Huelva, sino en la gaditana ciudad de Jerez de La Frontera, siendo en la actualidad la fecha más antigua registrada con este vocablo.

HF Decano futbol espanol 1

Sin embargo y conociendo el desarrollo de los acontecimientos en las islas, inmediatamente nos asalta la duda, ¿cómo era ese fútbol del último tercio del s. XIX? Sabemos hoy que, siempre desde el Reino Unido -el país de origen-, en 1866 fue instaurado el fuera de juego y limitada la altura de las porterías a 5,50 metros, que en 1871 surge la figura del portero, que en 1872 se fijan las dimensiones del balón, también que en 1873 las del terreno de juego con 180 x 90 metros así como las normas del saque de esquina y, si continuamos, que en 1874 se redujo la altura de las porterías a 2,44 metros. Tras nuestro periplo investigativo y tratando de dar respuesta a esta pregunta, sabemos también que en 1874 se implantan las espinilleras, que en 1878 surge el silbato arbitral, en 1890 las redes en las porterías y en 1891 el penalti, dándonos una idea muy aproximada de cómo evoluciona el fútbol y cómo pudo ser practicado en aquellos tiempos. Como podemos corroborar tras analizar nuestros apuntes, en una treintena de años el fútbol anduvo en una evolución constante y los cambios se producían muy a menudo como corresponde a un deporte que crecía a pasos agigantados.

Los primeros encuentros en suelo español entre equipos distintos

Y en España, ¿cómo y quién lo practica en esas mismas fechas? En nuestro país las costumbres son, grosso modo, bien distintas a la británicas y el concepto o tradición asociativa para prácticas deportivas no está tan enraizado como en las islas, siendo nosotros más individualistas y menos asociativos, dedicándonos a deportes con pelota pero de tamaño mucho más reducido fundamentalmente localizados en la calle y no en espacios de grandes dimensiones, además de que se desarrollan con bastantes menos jugadores, mientras que el fútbol es total y absolutamente un gran desconocido.

Es por ello que los primeros grupos en dar patadas a un balón son todos lógicamente de origen británico -muchos de ellos con gran cantidad de escoceses en sus filas-, primero por ser un deporte originario de aquellas tierras y segundo por ser los únicos capacitados para hacerlo aquí con conocimiento de causa. En su primera acometida en España se les acabarán uniendo uno o varios jugadores nacionales impulsados por lo atractivo que les resulta este deporte tan desconocido, pero sin duda favorecidos en gran parte gracias a la suficiente proximidad respecto a los británicos para poder hacerlo -siempre por razones laborales-, dado su carácter exclusivista y separatista al permanecer agrupados en sociedades muy cerradas e inaccesibles.

Que los británicos fueron los introductores del fútbol está claro, pero ¿cómo actuaban, en qué número y dónde se desenvolvían aquellos pioneros llegados a España para hacer fortuna? Lamentablemente pocas son las crónicas directas que nos han llegado, básicamente porque sus protagonistas eran extranjeros, vivían en un entorno cerrado, no importaban a la inmensa mayoría de la sociedad española y las prácticas deportivas que desempeñaban no tenían seguimiento entre los nativos ibéricos por cuestiones socioculturales. Sin embargo no todo está perdido y aunque sea a cuentagotas, algo se ha rescatado.

La entrevista al pionero escocés Daniel Young

Para entender mejor cómo se despliegan los primeros grupos y cómo evolucionan hemos de acudir sin duda a una breve, pero muy interesante entrevista, publicada en Diario de Huelva el 25 de mayo de 1933 en la cual José González Pérez, autor del libro editado en 1930 con el nombre de “Historia del fútbol en Huelva y su provincia”, realiza una serie de preguntas a Daniel Young, escocés nacido en la localidad de Ardrossan en 1862 y uno de los primeros jugadores de fútbol establecidos en Minas de Riotinto, compañía a la que se incorpora el 10 de abril de 1880.

“En Río-Tinto nos esperan amigos. Siempre los tuvimos allí, y ahora uno de ellos que sabe de nuestras chifladuras por estas cosas de investigación deportiva nos ha avisado que puede presentarnos al único superviviente del once que jugó por primera vez al fútbol en España. ¿Fantasía? ¿Realidad? Es cuestión de averiguarlo.

Y la camioneta de servicio público, subiendo perezosa las largas cuestas, nos va acercando, poco a poco, a Río-Tinto, donde nos aguardan”.

- ¿Cómo se llamaban los equipos?

- No tuvieron denominación alguna hasta el año en que se fundó y legalizó el de Huelva bajo el título de Huelva Recreation Club, -el Recreativo de hoy-.

- Mientras tanto…

- Mientras tanto los partidos eran contadísimos, uno o dos al año, y jugábamos por verdadero deporte, costeándonos todos nuestros gastos, respetando al contrario como si fuera un compañero. Así aunque el fútbol era más rudo que el de hoy, era a la vez más caballeroso. Tampoco nos importaba que el compañero de hoy fuera el contrario de mañana. Tanto es así que unas veces formábamos los de Río-Tinto y Sevilla contra Huelva, otras los de Sevilla y Huelva contra Río-Tinto, y otras los de Río- Tinto y Huelva contra Sevilla.”

- ¿Sevilla ha dicho usted? No sabíamos que en aquel tiempo…

- Sevilla, sí. Sevilla, Río-Tinto y Huelva fueron los tres grupos que jugaron al fútbol antes que nadie en España. Los de Huelva y Río-Tinto aparecieron simultáneamente el año 1881; el de Sevilla nació unos meses después. Estas tres localidades, son sin ningún género de dudas, el germen del deporte español. Yo recuerdo haber jugado en Sevilla contra equipos españoles, alemanes e ingleses. Pocos encuentros, desde luego, porque lo dificultaba la escasez de comunicaciones de la cuenca minera. Ya usted ve si será así, que algunas veces en que tres o cuatro que los de aquí formábamos con los de Huelva en Sevilla, teníamos que salir de la Mina ¡a caballo! a las once o doce de la noche anterior al partido, y así seguíamos toda la madrugada hasta Zalamea, donde tomábamos un tren que nos llevaba hasta San Juan del Puerto para unirnos a los demás compañeros de la capital y continuar el viaje a Sevilla. ¡Figúrese usted cómo llegaríamos! ¡Destrozados!

Reflexiones sobre la entrevista de Daniel Young

Este relato tan sencillo pero a la vez tan jugoso, si nos atenemos a su veracidad, nos cuenta mucho más de lo que tradicionalmente se nos ha contado y hay que prestarle toda la importancia que se merece aunque con matices, como luego más adelante comprobaremos. De un lado Young indica que el fútbol es practicado por un grupo de individuos -que no club de fútbol propiamente dicho- de forma organizada en 1881, pero no sólo en Minas de Riotinto, sino en Huelva de la que dice que aparece simultáneamente y en Sevilla, aunque allí surge con unos meses de retraso pero presuntamente dentro del mismo 1881. Es decir, estos tres núcleos son los primeros -según Young- en tener un grupo organizado que con cierta frecuencia juega al fútbol.

Esta afirmación del pionero escocés, si nos atenemos a lo que cuentan las reseñas periodísticas de la época y los documentos encontrados posteriormente, adquieren un valor y una trascendencia notable por cuanto sabemos al constar y hacerse referencia en los estatutos descubiertos en 1966 del Club Inglés de Bella Vista -natural de Minas de Riotinto y versión más moderna del Rio-Tinto English Club-, que en torno a 1878 -año en el que se constituye esta sociedad-, se empezaría a contar con una sección de fútbol. Siguiendo la misma línea también hoy en día sabemos que en la ciudad de Sevilla y con ocasión de las fiestas navideñas, en los años anteriores a 1890 y con carácter anual, era frecuente la disputa de encuentros de fútbol entre distintos equipos donde figuraban británicos residentes en Sevilla, Huelva y la mencionada Minas de Riotinto. Es decir, las palabras de Young no caen en saco roto y no hacen sino aseverar algo de lo que ya se tenían indicios.

Sorprende también y por lo tanto no hay que olvidar dándole la importancia que se merece, la alusión que Young hace respecto a la presencia de otros equipos españoles, alemanes e ingleses en suelo sevillano. Es decir, si tenemos en cuenta que Young controla en todo momento y es partícipe en las décadas de los años ochenta y noventa de la realidad futbolística de Andalucía conociendo a la perfección la existencia de equipos muy bien avenidos en Huelva, Sevilla y Minas de Riotinto que juegan con una determinada regularidad, cuando menciona que ha jugado frente a ‘otros equipos’, lo que en realidad nos está diciendo es que estos no eran los tres habituales que él conocía, sino otros distintos que también jugaban al fútbol.

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Quizás, si no fuese por el hecho de que lo cita Young, siempre hubiésemos permanecido en la creencia de que los equipos pioneros siempre estaban formados por británicos al ser estos sus creadores y quienes lo practicaban con más asiduidad, sin embargo esta creencia no es así en su totalidad y entre ellos -con gran sorpresa- los hay españoles y también alemanes. Desconocemos quiénes eran esos españoles y quiénes eran los alemanes, al igual que los ‘otros’ ingleses al margen de los tres grupos británicos conocidos, pero lo cierto e indiscutible es que atendiéndonos al testimonio de Young hubo equipos formados íntegramente por españoles o por alemanes, aunque consideremos la posibilidad de que se reduzca a un solo equipo por cada nacionalidad. Esta información nos lleva a pensar en primer lugar con la posibilidad de que en Sevilla pudiera existir un cultivo futbolístico acentuado, mayor incluso que en Minas de Riotinto y Huelva al tener más habitantes y reunir una mayor cantidad de oriundos de otras nacionalidades, que en segundo lugar hubiera un cierto interés en realizar encuentros entre diferentes equipos de distintas ciudades del oeste andaluz, aunque lamentablemente ignoremos sus nombres, planteándonos finalmente en tercer y último lugar la obligatoria pregunta de si aquellos equipos formados por españoles, alemanes e ingleses eran de la propia ciudad hispalense o acudían desde otras localidades del entorno andaluz como pudieran ser las ciudades de Jerez de la Frontera o Málaga, ambas con importante población británica.

Siguiendo con el riquísimo relato de Young, por otro lado nos dice que hasta el 23 de diciembre de 1889, fecha en la que se constituye la junta directiva del Huelva Recreation Club, se jugaban uno o dos encuentros al año en cualquiera de estas tres localidades, o sea que el primer encuentro disputado entre dos equipos -que no clubs, cosa diferente- de ciudades distintas no se efectuó el 8 de marzo de 1890 entre el Huelva Recreation Club y el Sevilla Foot-ball Club como tradicionalmente se nos ha contado, sino que como mínimo y en base a las palabras de Young, debió de disputarse nueve años antes de lo conocido, aunque desconocemos dónde y quiénes fueron sus protagonistas al no existir reseñas periodísticas. El encuentro del 8 de marzo de 1890 no por ello carece de importancia o pasa a un segundo plano, pues queda para la Historia como el primero disputado no entre dos equipos, sino entre dos clubs constituidos de origen distinto, algo hasta la fecha desconocido en España.

Los matices a las palabras de Daniel Young

Una vez expuestas las reflexiones oportunas acerca de las palabras de Young -que constituyen un documento de enorme valor histórico y trascendencia-, es obligado hacer unas matizaciones, no a Young como persona o por los hechos que describe, sino sobre el fútbol inicial de aquellos años ochenta del s. XIX.

El fútbol actual tal y como lo conocemos no ha sido así desde siempre y a lo largo de muchas décadas ha sufrido una serie de reformas que han dado lugar al que tenemos hoy en todo el mundo. Las ideas y los conceptos entre las personas y todo aquello en lo que participan están sujetos al implacable poder de la evolución y eso es lo que pasó en sus inicios en el Reino Unido y en aquel fútbol que practicaron aquellos pioneros, muchos de ellos escoceses e ingleses, que llegaron a España para ganarse la vida.

El fútbol primitivo nacido en la Freemason’s Tabern durante 1863 se vio obligado a crecer y a sumar nuevas reglas que se adaptaran a lo que se practicaba en los distintos territorios británicos, adquiriendo un contenido más moderno cuando es nuevamente consensuado el 6 de diciembre de 1882 desde la ciudad de Manchester al acordar las cuatro federaciones regionales británicas seguir unas reglas de forma común, reglas que serán corroboradas y ampliadas el 2 de junio de 1886 cuando esas mismas cuatro federaciones den vida a la International Football Association Board, órgano que a partir de entonces dictaminará las reglas de juego a nivel mundial -de forma conjunta con la F.I.F.A. desde 1958-.

Los reglamentos de 1882, posteriormente corroborados y ampliados en 1886, fueron redactados durante los años en los cuales el fútbol se iniciaba en España, precisando en los colegios británicos de algunos años más para su total conocimiento y divulgación puesto que la expansión natural no era como en el mundo de hoy, muy globalizado, y las cosas iban poco a poco, muy despacio. Aquel fútbol practicado en el sudoeste andaluz de los años ochenta debió de disputarse de forma muy sui generis, con reglas, pero las hasta entonces conocidas o las convenidas aquí, distando sin duda un tanto de las llevadas a cabo en las islas británicas.

El fútbol moderno, según en las leyes de la I.F.A.B., empezaría a tomar forma en realidad en estas ciudades meridionales a partir de 1890 cuando en el hipódromo de Tablada se disputa el primer encuentro entre dos sociedades constituidas, Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club, acordándose jugarlo bajo estas normas y dejando constancia que el fútbol hasta entonces practicado se regía por otras leyes.

Los detractores de Daniel Young

Daniel Young en el momento de realizar la entrevista contaba con la edad de 71 años, una edad considerable momento en el cual gracias a sus palabras hoy en día tenemos una información importantísima sobre cómo fueron los primeros encuentros entre equipos de distintas localidades durante los primeros pasos del fútbol en España. Sin embargo esta información, dependiendo de quien la reciba, cuenta con el beneplácito o con la condena. Los detractores de Young -un minúsculo grupo-, hacen uso de su edad como un condicionante negativo que resta autenticidad a lo que cuenta, escondiendo como es de esperar tras esta apreciación una serie de intereses. Poner en duda lo que Young manifiesta en la entrevista por el hecho de contar con 71 años y achacar a una presunta falta de memoria algunas cosas que no gustan sin aportar una sola prueba, es decir mucho, demasiado.

¿Quién puede afirmar con total rotundidad que a Young le fallara la memoria? ¿Quién puede decir después de tantos años y sin haber vivido aquellos momentos que Young se equivoca? ¿Por qué no iba Young a decir la verdad? ¿Por qué desmerecen sus palabras?

Young, quien en el momento de incorporarse a la Rio-Tinto Company Ltd. contaba con apenas 18 años de edad, pasó de ser chico de almacén en sus inicios a trabajar posteriormente en diversos departamentos de la empresa hasta ser nombrado en 1922 Inspector de Almacenes. En 1928 y contando 66 años se retiró, falleciendo en junio de 1938 a causa de un tumor maligno. Cuando en 1933 realiza la entrevista no se le conoce enfermedad alguna, se expresa perfectamente y no duda en responder a las preguntas que le hace González Pérez con clara lucidez y empleo de detalles. Después de trabajar cuarenta y ocho años en la empresa, conocer sus entresijos y vicisitudes, además de tener una larga experiencia en aquellas tierras y haber vivido en primera persona aquellas primeras experiencias del fútbol en España, ¿alguien cree que se pudiera equivocar sabiendo lo importante de aquellos encuentros y lo que significarían para el desarrollo de este deporte en un país donde era desconocido y se convirtió en un asunto de masas? Y si se equivocaba, ¿por cuántos años lo hacía? ¿Por uno, por dos, por tres o por diez?

Young que había sido toda su vida consciente de la gesta que protagonizó junto a otros compatriotas y por lo tanto, orgulloso de ser pionero en el fútbol, ¿cómo no iba a recordar en qué año empezó a jugar, dónde y cómo lo hizo y contra quién lo hizo si era una de las cosas más importantes que había hecho y de esas que gusta recordar? ¿Cómo iba a errar en 1881, en 1889 y en lo que sucedió después? Todo lo que Young cuenta en su entrevista ha sido estudiado al milímetro y contrastados detalles como las rutas de ferrocarril, horarios, distancias kilométricas, fecha de su llegada a Minas de Riotinto, organización del club británico minero, etc., y no hay resquicio para la duda pues todo cuadra como un encaje de bolillos. No obstante y curándonos en salud, siempre hay que dejar una puerta abierta por si las moscas y si Young no acierta con la fecha de 1881 por la razón que sea -algo no demostrable- o existe un error tipográfico, no será por muchos años de diferencia porque es en esas fechas cuando se gesta el fútbol en España.

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El testimonio de Daniel Young a algunos no gusta porque equipara a Minas de Riotinto, Huelva y Sevilla como los tres puntos cardinales donde nace al unísono el fútbol en España, año 1881, con todo lo que ello significa. Pone en estas tres localidades a los primeros grupos medianamente organizados que juegan entre sí, pero además sitúa a Sevilla como la ciudad donde se reunían todos los grupos debido a la dificultad de trasladarse hasta una recóndita Minas de Riotinto. Sevilla es también el lugar donde Young y sus compañeros se enfrentan a otros equipos formados por españoles o por alemanes, una prueba que demuestra una cierta implantación de este deporte entre otras sociedades que no fueran la británica, lo cual confiere a esta ciudad el carácter de liderazgo entre las tres al menos en sus primeros momentos iniciales.

Young habla de que los futbolistas de Minas de Riotinto habían de unirse a los de Huelva para enfrentarse a los de Sevilla, superiores quizás en número al no desplazarse el suficiente número de hombres desde ambas localidades onubenses a la capital hispalense o bien no ser suficientes los jugadores que había en ambas para enfrentarse a los de Sevilla, aunque también había combinados entre mineros y sevillanos y en otras ocasiones entre sevillanos y onubenses.

Este comentario de Young que en principio parece extraño puesto que lo lógico sería que tanto desde Minas de Riotinto como desde Huelva partieran hacia Sevilla como mínimo once jugadores en cada equipo respectivamente, en realidad tiene una sencilla explicación. Según sabemos gracias a la visita pastoral que el obispo anglicano de Gibraltar, Charles W. Sandford, hizo a Minas de Riotinto y Huelva en 1881, la localidad minera contaba con 80 ciudadanos británicos y la capital provincial con 16.

Con esas cantidades de residentes fijos es dificilísimo por no decir imposible, que de ochenta británicos en Minas de Riotinto salieran once voluntarios para ir a Sevilla con las dificultades que implicaba el trayecto, pero muchísimo más complicado es que saliesen la misma cantidad de los tan solo dieciséis de Huelva. Reunir a dos onces completos con vistas a jugar en la capital hispalense hubo de ser un reto imposible porque habría que contar a priori con varios requisitos como una cantidad importante de personas jóvenes, con nociones de fútbol, dispuestas a jugar y sobre todo dispuestas a viajar a otra localidad distante en muchos kilómetros pagándose cada uno de ellos los costes desde su propio bolsillo, de ahí que Young haga alusión a la necesidad de hacer combinados para poder jugar. Con posterioridad a 1882 llegaron más británicos a las localidades onubenses al incrementarse la producción minera y es cuando en Huelva aumenta el número de personas relacionadas con el staff de la empresa y se consigue tener suficientes mimbres para originar un club recreativo a finales de década. Hasta el momento era inviable.

Afirma también el escocés que el Huelva Recreation Club fue el primer club en constituirse de los tres, pero quizás pensando desde la óptica exclusivamente futbolística y con la influencia en su argumento de que posteriormente a esos años fue considerado por algunos como club decano de fútbol, dejando de lado e ignorando que el Rio-Tinto English Club tenía ya once años de vida cuando se crea el de la capital onubense. El que el grupo de Minas de Riotinto fuese una sección del Rio-Tinto English Club creada en 1881 y careciese de nombre no significa que no fuese ya un club, algo en lo que Young no repara, porque los miembros de esta sección a su vez eran socios del Rio-Tinto English Club, una sociedad constituida. Como vemos, muchas son las razones de peso que los detractores reúnen para rehusar a Young.

La aparición de los primeros British Club o English Club

Bien, esto de entrada, pero sigamos tirando del hilo. La aparición de varios grupos que se dedican a jugar al fútbol implica un respaldo, un acomodo y una organización detrás, una tradición que impulse a varios individuos de un mismo colectivo a desarrollar una actividad conjuntamente. ¿Dónde se encuentra esa organización? Buscando en hemerotecas y periódicos, es harto conocido que en la localidad de Minas de Riotinto aparece en 1878 la primera de todas cuando con el apoyo de Rio Tinto Company Limited, la principal empresa de la zona, se crea el Rio-Tinto English Club, una sociedad que necesariamente ha de tener junta directiva para gobernar las actividades que en forma de deporte, recreo y cultura ejecutan sus miembros. Esta directiva desgraciadamente no consta en periódico alguno tal y como sí hizo reflejar la prensa respecto a la directiva onubense constituida en 1889 bajo el nombre de Huelva Recreation Club, pero lo que sí es cierto es que la existencia de una junta implica un reconocimiento constitutivo, algo que aparece reflejado en los estatutos del club hallados muchos años después en 1966. En pocas palabras, el club constituido en Minas de Riotinto tiene once años más de longevidad que el club constituido en Huelva.

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¿Y qué sucede con el grupo de Sevilla que jugaba a fútbol desde 1881 según Daniel Young? Sevilla, capital regional y que en aquellos tiempos contaba con una población que rebasaba el centenar largo de miles de habitantes, contenía ya una importante base de ciudadanos extranjeros que gravitaban laboralmente en torno al puerto y a diversas industrias particulares relacionadas con la alimentación y la metalurgia. Seguramente existía una relación muy estrecha entre todos ellos como es lógico suponer y circunscribiéndonos a los precedentes detectados en las localidades onubenses donde se habían creado clubs recreativos con muchos menos ciudadanos británicos de los que había en Sevilla, es más que probable que existiese en la ciudad un British Club que pudiera ser un calco más o menos de éstos, siendo la práctica de varios deportes, realización conjunta de actos culturales y de recreo -pensar en una dedicación exclusiva al fútbol sería ilógica en esas fechas tan tempranas-, las actividades que figurarían en su agenda hasta 1890, aunque constancia exacta no se ha encontrado.

¿Qué ocurre en 1890? Pues que un señor llamado Isaías White -hijo del copropietario de la empresa de forja sevillana Portilla y White, Cía.-, quien dice ser secretario de un desconocido club de fútbol recién creado en Sevilla, traslada una invitación el 25 de febrero a su homólogo del Huelva Recreation Club para disputar un encuentro el sábado 8 de marzo de ese mismo año bajo las reglas de la Foot-ball Association, las normas más actuales en ese momento. Como podemos entender, no se trata de un club polideportivo y cultural como el onubense creado en 1889 o el de Minas de Riotinto de 1878, sino de un club dedicado a la práctica del fútbol con carácter exclusivo a tenor de lo que se publica en prensa. Por primera vez en la historia no se habla de un grupo, de un equipo, de una sección de fútbol o de varias personas que juegan un partido entre amigos, sino de un club de fútbol a secas con todas las de la Ley.

¿Pero, tiene nombre este club? Según recoge la prensa sí, Sevilla Foot-ball Club, creado el 25 de enero de 1890 según se desprende de lo comunicado en prensa y que cuenta además con una junta directiva donde consta como presidente el vicecónsul británico, Sr. Edward Farquharson Johnston, quien también es copropietario junto a varios de sus primos de la naviera McAndrews & Company Ltd. con base en el puerto hispalense, un puesto, el de presidente, reservado para personas con cargos importantes según la costumbre británica.

Como vemos el paralelismo entre los dos British Club onubenses y el Sevilla Foot-ball Club es casi total, puesto que de un lado los tres empiezan a practicar fútbol en localidades donde presuntamente hay grupos organizados desde 1881, los tres fundamentan su existencia gracias a la presencia de grandes empresas de donde salen la inmensa mayoría de sus miembros y los tres nacen como adelantados a su tiempo, puesto que el fútbol a nivel nacional aún tardará una década más en empezar a coger auge en España, curiosamente no desde el triángulo andaluz, sino desde ciudades del norte, Barcelona y Madrid.

La “alegalidad” de los British Club

Tradicionalmente hemos venido leyendo o escuchando que los British Club nacidos en España por el mero hecho de constituirse eligiendo una junta directiva pasaban a ser legales y con este acto adquirían el derecho de ser algo nuestro o asimilable por la legalidad española. Yendo más lejos aún, incluso hay quien defiende la legalidad justificándola con la presencia de varias autoridades españolas invitadas al acto de constitución de una de estas sociedades, concretamente el Huelva Recreation Club, donde acuden los Gobernadores Civil y Militar, el Presidente de la Audiencia, el Presidente de la Diputación y el Alcalde. Aceptar este argumento es, como ahora veremos, ponerse encima de la Ley y pisotearla dejando caer que para ser legal basta con invitar a unas autoridades para un acto de constitución y sin embargo, carece de toda relevancia y es totalmente prescindible cumplir con la Ley de Asociaciones de 30 de junio de 1887, (Gazeta de Madrid de 12 de julio) que invitaba a registrarse en primer lugar y sobre todo después con el Real Decreto de 19 de septiembre de 1901 (Gazeta de Madrid de 20 de septiembre) que no invitaba sino obligaba a estar registrado como quedó demostrado con la Real Orden Circular de 9 de abril de 1902 (Gaceta de Madrid de 10 de abril) dirigida a los Gobernadores Civiles de las provincias.

Quienes defienden esta postura, poquísimos afortunadamente, no entienden o no son capaces de ver que la legalidad no la proporciona el acto de invitar a unas autoridades, sino el compromiso que adquiere un club cuando firma y rubrica una Ley escrita aceptando someterse a lo que esta dice.

Pero, ¿por qué se cuestiona la legalidad de los British Club cuando habían sido constituidos legalmente tras elegir una junta directiva y redactar unos estatutos? La respuesta a esta pregunta la encontramos rememorándonos muchos años atrás, concretamente al periodo comprendido entre la puesta en marcha de la Ley de Asociaciones de 1887 y lo sucedido con la salida del Real Decreto de 1901 y la Real Orden Circular de 1902.

La Ley de 1887 se promulgó para regular todo tipo de asociaciones, ya fueran de tipo religioso, político, científico, artístico, benéfico, de recreo o cualesquiera otras sin ánimo de lucro. Será en su artículo 2 donde la norma elabore una lista de las asociaciones a ser excluidas de su ámbito de aplicación:

1º) Las asociaciones religiosas católicas, cuya regulación se contenía en el Concordato de 1851. Las confesiones religiosas no católicas entraban dentro de su ámbito de aplicación, si bien teniendo en cuenta que, además de lo dispuesto en esta Ley, tenían restringidas las manifestaciones públicas por indicación del artículo 11 de la Constitución;

2º) Las sociedades cuyo objeto fuera civil o mercantil, en cuyo caso quedan sometidas a las disposiciones del derecho civil y mercantil;

3º) Institutos o corporaciones que se regulen por leyes especiales.

Queda claro que las sociedades deportivas de origen británico obtenían en el momento de elegir una junta directiva personalidad jurídica y carácter constitutivo como se extrae de lo leído anteriormente, quedando con ello de hecho legalizadas, pero también queda muy patente que, a pesar de su falta de lucro -no se crearon con este fin-, se saltaron voluntariamente la Ley al tratarse de sociedades claramente de recreo -una de las variantes por las cuales la Ley de 1887 fue creada- y no civiles como algunas voces han dejado entrever recientemente, puesto que demostrablemente de recreo -por su dedicación deportiva- eran el Huelva Recreation Club, el Rio-Tinto English Club, el Sevilla Foot-ball Club, Las Palmas Foot-ball Club y la Sociedad de Foot-ball Barcelona. No se puede argumentar a estas alturas con la inmensa cantidad de datos que hoy reunimos y los conocimientos que poseemos, que estas sociedades eran civiles y no de recreo cuando su dedicación era plenamente deportiva y de recreo como indica el nombre por ejemplo del Huelva Recreation Club, y de fútbol las sociedades de Sevilla, Las Palmas y Barcelona.

Tampoco es aceptable que se intente camuflar esta falta de sensibilidad de los clubs británicos con la Ley española, escudándose en que el Gobierno pretendida e indemostrablemente hacía la vista gorda o miraba hacia otro lado protegiendo a estas sociedades para no soliviantar sus ánimos, porque la Ley no era en absoluto excluyente con ciudadanos de otra nacionalidad, sino aplicable a todas las sociedades radicadas en España fuesen sus integrantes españoles, extranjeros o sociedades mixtas excepto las anteriormente descritas. Hasta que se demuestre lo contrario todas las leyes españolas son aplicables en nuestro territorio, sin excepciones.

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Esta negativa de los British Club a pasar por el Registro y declarar su existencia de forma pública para conocimiento de quien lo deseara, dejaba a estas entidades en una situación muy parecida a la que ocupan los bebés fallecidos -lamentablemente para desesperación de sus padres- antes de ser bautizados: en el limbo. Ni en el cielo ni en el infierno. Los clubs británicos no eran ilegales porque no contravenían la Ley, pero tampoco eran legales porque no se sometían a ella, con lo cual su postura adquiría la consideración de “alegal”. Ni dentro ni fuera de la Ley.

El Gobierno español, que había dispuesto e invertido una gran suma de dinero en dotar a cada capital provincial de un Registro para llevar un control de las sociedades, viendo que las sociedades extranjeras, en especial las británicas, y también muchas religiosas que hacían movimientos de capital rehusaban registrarse, pasó al ataque y tras un gran debate, decidió que había que poner freno inexorablemente a este despropósito. El 19 de septiembre de 1901 emite un Real Decreto y se da un plazo de seis meses a todas aquellas sociedades implicadas para que se registren, quedando en caso contrario supeditadas a poder ser suspendidas, que no disueltas, cerrándose el empeño gubernamental con la Real Orden Circular del 9 de abril de 1902.

El órdago del Gobierno fue considerable y muchas sociedades religiosas pasaron por el Registro en los meses posteriores a estas disposiciones, sobre todo en 1902, pero no fueron las únicas pues también las civiles entraban en el mismo saco. El Rio-Tinto English Club, una entidad británica muy activa, no pudo evitarla y así consciente de lo que se debatía en el Congreso, se adelantó unas semanas y se registraba el 16 de agosto de 1901 cumpliendo con la Ley y abandonando tras muchos años de permisividad una actitud claramente “alegal”. El mismo paso dieron algunas sociedades deportivas “alegales” hasta el momento como el Foot-ball Club Barcelona, el Madrid Foot-ball Club y el Athletic Club, los tres con una gran importancia en el futuro, pero sin embargo echamos de menos en esos instantes a dos históricos: el Huelva Recreation Club y el Sevilla Foot-ball Club, lo cual inevitablemente nos hace preguntar:

¿Por qué no se registraron estas sociedades entre 1901 y 1902? Como todos sabemos estas dos sociedades fueron pioneras en España a la hora de introducir el fútbol, pero quizás nacieron en un entorno y en una época donde su precocidad, sin rivales de su mismo nivel en el resto del país, supuso un inesquivable freno a su evolución. Tanto el club onubense como el hispalense a partir de 1893 inician un camino hacia el abandono de la actividad que en 1896 lleva a la entrega del Huelva Recreation Club por manos de su presidente a una institución religiosa para socorro de los marineros británicos como es el Seamen’s Institute -también existía uno en Las Palmas de Gran Canaria con las mismas funciones-, mientras que del Sevilla Foot-ball Club no se vuelve a saber nada al no contar con el apoyo de la prensa local, aunque quizás sucediese algo similar pero en manos esta vez del Círculo Mercantil, la gran institución que recogía a la mayoría de sus miembros. Alrededor de 1900 existen movimientos en cuanto a encuentros disputados en ambas localidades, pero lo cierto es que no hay ninguna junta directiva visible que esté detrás de estos futbolistas. Sin junta directiva y sin una actividad manifiesta, ¿cómo se iban a registrar?

Ambas sociedades, Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club, se reorganizarán posteriormente a raíz de la popularidad alcanzada por el Campeonato de España de 1903, el primero que se disputa a nivel nacional con motivo de averiguar cuál es el club campeón a nivel absoluto y entonces sí, con españoles entre sus directivos y jugadores, además de británicos, pasarán por el registro en 1903 y 1905 respectivamente certificando su legalidad tras unos años siendo “alegales”.

Los herederos de los British Club

Históricamente dos de estos cinco clubs se disputaron, cada uno con sus armas, la hegemonía en disfrutar del Decanato de nuestro fútbol, pues tanto Riotinto Balompié como Real Club Recreativo de Huelva creían tener argumentos suficientes para poder hacerse con él. Desde hace unos años el club sevillano también aspira a tal distinción, no como sociedad más antigua sino como club de fútbol más antiguo, reclamándola por medio de algunos de sus aficionados, aunque como ahora analizaremos todos ellos tienen entre sí y respecto a otras sociedades varios inconvenientes:

- Riotinto Balompié: En 1878 el British Club de Minas de Riotinto, autodenominado Rio-Tinto English Club, elige junta directiva por vez primera. De este club nace al poco tiempo una sección futbolística que generará después el Riotinto F.C., una sociedad deportiva que no se inscribe en 1909 en la Federación Española de Clubs de Foot-ball ni lo hará en momento alguno al declinar sus miembros participar en los campeonatos españoles limitándose a jugar en su localidad, en las colindantes o en su región. En 1914 nace el Balompié Riotinto, club de la misma localidad compuesto por españoles y regido por británicos que si se inscribirá en la Federación Regional del Sur fusionándose en 1932 ambas entidades y adoptando como nombre el de Riotinto Balompié.

La fusión de dos sociedades registradas y sin deudas permite a ojos de la R.F.E.F. la conservación de la fecha de antigüedad de la más veterana de las dos, en este caso el Riotinto F.C., con junta directiva desde 1878 y registrado el 16 de agosto de 1901, pero esta fusión presenta un serio handicap y es que se realiza entre un club de fútbol federado y uno no federado (en 1932 el Riotinto F.C. no lo estaba) y, aunque pueden fusionarse legalmente, no se les puede aplicar esta retroactividad pues sólo afecta a clubs federados. Es decir, la R.F.E.F. cuando es preguntada por la fecha de inscripción de la sociedad Riotinto Balompié indica que es 1915, año en el que se registra en la recién creada Federación Regional del Sur como Balompié Riotinto, aunque éste tenga una antigüedad de 1914, año en el que se funda.

- Real Club Recreativo de Huelva, SAD: El British Club de Huelva que empieza a gestarse a partir de 1884 da como resultado al Huelva Recreation Club el 18 de diciembre de 1889. Este club mantiene una gran actividad hasta que a partir de 1893 languidece y en 1896, ya sin movimiento, pasa a estar tutelado por el Seaman’s Institute, transcurriendo unos años hasta que se reorganiza y registra en 1903 como sociedad deportiva. Posteriormente se inscribe en la Federación Española de Clubs de Foot-ball en 1909, una vez ya ha sido fundada esta. Tendrá una vida activa a partir de esta fecha hasta que en 1925 causa baja en la Federación Regional del Sur a causa de graves problemas económicos. Tras año y medio de inactividad, se reorganiza en 1927 y en 1931 es expulsado de la Federación Regional del Sur y dado de baja, ingresando en la recién creada Federación Oeste en 1932 bajo el nombre de Onuba F.C. Con la llegada de 1935 se extingue la Federación Oeste y la Federación Extremeña sigue libremente su camino mientras el otrora Recreativo y ahora Onuba F.C. ingresa de nuevo en la Federación Regional del Sur. En ningún caso se puede considerar que son clubs distintos pues el cambio de nombre aparece reflejado en el registro de sociedades.

- Sevilla F.C., SAD: Este club se constituye el 25 de enero de 1890 como club de fútbol fruto de la presencia de un vasto grupo de ciudadanos británicos y otros hispano-británicos con raíces en la capital hispalense, al que se puede etiquetar sin ningún tipo de duda como la primera sociedad en suelo español dedicada exclusivamente a la práctica de fútbol. Tras unos años de actividad se le pierde la pista a partir de 1893 no habiéndose encontrado datos hasta 1900, año en el que hay vestigios de fútbol en la ciudad nuevamente pero desconociéndose quién es su protagonista. En 1905 se reorganiza y se legaliza registrándose supuestamente ese mismo año -no se conserva el acta registral de 1905 por incendio-, empezando una nueva carrera que le lleva a ingresar en la Federación Española en 1909. Algunas fuentes defienden que las sociedades de 1890 y 1905 son distintas, pero el paralelismo entre estas y las sociedades de Huelva de 1889 y 1903 roza tanto el mimetismo que lo mismo que se aplica a una debe aplicarse a la otra y viceversa. Actuar de forma contraria sería beneficiar a una y perjudicar a la otra creando una discriminación sin fundamento, algo a todas luces injusto.

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Como observamos entre las tres sociedades deportivas andaluzas existen discrepancias notables en cuanto a fechas de aparición o reconocimiento a través de prensa u otros medios y quizás hasta algunos quieran ver que eran lo mismo los British Club de Minas de Riotinto, Huelva y Sevilla que el Riotinto F.C., Huelva Recreation Club y Sevilla F.C. respectivamente, pero no hay que dejarse arrastrar por la pasión y hay que poner los pies en el suelo y preguntarse: ¿eran los British Club de estas localidades únicamente clubs de fútbol ó eran sociedades que practicaban varias actividades y de ellas surgieron posteriormente sociedades deportivas con el fútbol entre ellas?

Mirando sus historiales de actividades nos damos cuenta inmediatamente de que dos de los tres no eran clubs de fútbol única y exclusivamente -el Sevilla F.C. sí-, sino sociedades de recreo que fomentaban la práctica de distintas modalidades culturales entre las que se encontraban el baile de salón, el excursionismo, fútbol, cricket, tenis, remo, carreras pedestres y otros juegos. Es decir, inicialmente no era el fútbol su principal y única actividad, sino que ésta fue predominando con el tiempo e imponiéndose al resto como consecuencia de tener más aceptación que las demás y destacar sobre ellas, caso del Recreativo que tuvo un inicio claramente tenístico desde el punto de vista deportivo. Lo mismo sucede con otros British Club del resto de España al margen de los andaluces y así encontramos que en el de Barcelona durante 1892 ya se jugaba al fútbol, aunque desconocemos en qué fecha fue fundado, surgiendo de éste en 1894 la Sociedad de Foot-ball Barcelona, núcleo del cual pocos años después se surtiría con jugadores al F.C. Barcelona.

Mención aparte merecen los British Club canarios, los grandes olvidados del fútbol español y en especial el de Las Palmas. En esta ciudad y con motivo de la construcción del puerto marítimo en el Refugio de la Luz, a partir de 1883 empiezan a circular libras y gran cantidad de almacenes de carbón, pequeños astilleros y oficinas para comerciales británicos, creándose en 1889 el British Club de Las Palmas. Amantes del deporte desde antaño, estos ciudadanos no dan lugar a un solo club como sucede en la península, sino a varios según la especialidad deportiva que eligen, dando paso a Las Palmas Cricket Club (hacia 1890), Las Palmas Golf Club (1891), Las Palmas Foot-ball Club (1894) y Las Palmas Lawn Tennis Club (1896). El primer partido oficial registrado en prensa consta con fecha 10 de febrero de 1894 entre oficiales de la escuadra inglesa y el Grand Canary F.C., probablemente la misma sociedad que Las Palmas F.C., no significando que no se jugase al fútbol con anterioridad, algo más que razonable. Este club fue pionero en las islas y tuvo terreno de juego en el Puerto de La Luz, desarrollando una vida deportiva en la cual sus rivales casi siempre fueron tripulaciones británicas hasta que en la primera década del s. XX desapareció.

El proceso de creación de los British Club

A estas alturas el lector puede comprobar cómo en la España de 1905 el fútbol de cinco localidades distintas y separadas por la distancia, Huelva, Minas de Riotinto, Sevilla, Barcelona y Las Palmas de Gran Canaria ha evolucionado futbolísticamente casi de la misma forma a partir de clubs británicos, cada uno con sus propias vicisitudes y particularidades facultadas por su entorno social, laboral y geográfico, pero desde las mismas raíces siguiendo un mismo patrón en el cual se repiten las siguientes constantes:

1º) Asentamiento de un nutrido grupo de ciudadanos británicos.

Este es el primer paso ineludible para crear un British Club y además ha de ser un número relativamente importante porque de lo contrario su futuro es claramente inviable. En las localidades de Minas de Riotinto y Huelva se instalan simultáneamente a partir de 1873, año en el cual un consorcio de escoceses, ingleses y en menor medida alemanes, adquieren la licencia de explotación de la cuenca minera onubense quedando reservada la dirección de la empresa para gestores, ingenieros y personal cualificado de origen británico. En Huelva contarán además con un reducido grupo que se instala para sustituir el entramado urbano de lámparas de petróleo por gas. En la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria lo hacen en 1883 con motivo de la construcción del puerto, estableciéndose además una cantidad significativa de británicos en varios negocios como la alimentación y la energía, sector donde predomina la importación de carbón, básica para los hogares y otros fines industriales.

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En Sevilla, localidad ésta con más relevancia que las mencionadas, el asentamiento es anterior a los años cincuenta aunque hay constancia de familias más antiguas, estando los focos británicos concentrados en torno al puerto fluvial, la alimentación y diversas fábricas metalúrgicas que le hacen merecedora de tener un viceconsulado. Lo mismo sucede con Barcelona donde existe una cantidad importante de ciudadanos británicos que gravitan alrededor de las fábricas textiles, teniendo igualmente representación gubernamental, en este caso consulado. Distinto es el caso de Madrid, donde está la embajada al ser la capital del Estado pero donde no hay industria, puerto ni fuente de materia prima que suponga un interés para que los británicos inviertan en un negocio, motivos por los cuales no hay un numeroso asentamiento británico y por lo tanto un club.

2º) Surgimiento de un British Club.

En cada una de estas ciudades los británicos y, más concretamente los oriundos de Escocia e Inglaterra, al hallarse alejados de su patria intentan crear al poco tiempo de su instalación un lugar de encuentro donde compartir aficiones, cultura y especialmente combatir el ocio. Los británicos, mucho más asociacionistas que los españoles, tienen arraigado desde hace años esta cultura y se agrupan en pequeños colectivos que habitualmente se reúnen en una casa preparada para este fin. Primero será el hogar de uno de ellos, pero luego a medida que vaya aumentando su número alquilarán un casa más grande y finalmente construirán su propia sede con el dinero de los asociados o la ayuda de una empresa o capitalista que les ceda un local. Este paso, que requiere una estructura más sólida y avanzada, demandará la creación de una junta directiva para administrar correctamente al colectivo.

En Minas de Riotinto, localidad por entonces conocida como Río-Tinto y dependiente del municipio de Zalamea la Real hasta 1884, crean supuestamente en 1878 el Rio-Tinto English Club, aunque esta fecha hallada en los estatutos de 1966 es más que discutible y más bien pudiera tratarse de 1880 según los datos manejados, puesto que si su primer Presidente, John S. Mackay llega en agosto de 1879 y el nuevo Director General, Charles Trew Prebble, lo hace también en esas fechas, es más que dudoso que el club se constituyera anteriormente. El club británico se instala originalmente dentro del casco antiguo de la localidad teniendo como ubicación el Casino, pero en 1884 y, debido al reciente traslado del Director General de la empresa a la población minera, inauguran una nueva sede en el barrio de Bella Vista con más dimensiones y dotada con espacio al aire libre para actividades deportivas de exterior.

Cambiando de localidad, en Huelva el grupo empieza a originarse tras la inauguración del Hotel Colón el 26 de junio de 1883. En este recinto donde reside prácticamente la totalidad de la directiva minera, se crea un pequeño grupo que se autodenomina El Recreo, grupo mixto formado por onubenses y en menor medida por británicos, que sustituye en septiembre de ese año a la Sociedad Colombina Onubense -fundada en 1880- en la tradicional organización de los eventos de las fiestas patronales. En febrero de 1884 los miembros de El Recreo se constituyen en sociedad y adquieren el nombre de Sociedad Recreativa Onubense -también conocidos como Club de Recreo-, entidad la cual con la llegada de ciudadanos británicos a partir de 1885 terminará dando vida a una sociedad casi cien por cien británica como es en 1889 el Huelva Recreation Club, entidad que emplea como sede en su estreno el Hotel Colón.

En Sevilla no hay constancia periodística a nivel hispalense acerca de la existencia de un club recreativo al estilo de los onubenses, pero sí de un club de regatas, el Sevilla Rowing Club creado en 1875 donde aprovechando las aguas del Guadalquivir los británicos y también sevillanos de pura cepa -era un club hispano-británico-, remaban durante el verano para ejercitarse y de uno de cricket fundado hacia 1879 conocido a través de la prensa británica (London Standard, 10 de mayo de 1879) tal y como sucede con el club de cricket de Jerez de La Frontera -coetáneo a este- o el de Cádiz. La aparición en 1890 del Sevilla Foot-ball Club, posterior al club de remo y formado por algunos de sus mismos miembros, habla de una clarísima interrelación entre todos ellos y abre las puertas a la existencia de un más que posible club recreativo dada la mayor población británica en Sevilla, aunque desconocemos su fecha de aparición y si llegó a constituirse como los onubenses.

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En la capital condal, Barcelona, existen datos de encuentros de fútbol disputados en 1890 por un grupo de británicos pero se desconoce si pertenecían a una sociedad y si esta era recreativa o un club de fútbol tal cual era el de Sevilla. Cuando sí hay constancia de una entidad futbolística es a finales de 1893 con la Sociedad de Foot-ball Barcelona, club este formado íntegramente por británicos cuya denominación correcta sería Foot-ball Club Barcelona -la prensa traduce el nombre al español para que se entienda-, aunque este club no tiene en absoluto nada que ver con el fundado por Hans Gamper en 1899, salvo que algunos británicos del club de 1893 jugaron en el azulgrana desde el primer momento. La presencia británica en la capital catalana es notable y el Club Inglés o English Club permanece en activo durante toda la década, incluso en el nuevo siglo, proporcionando jugadores que ingresan en varios clubs de nueva formación.

Las Palmas de Gran Canaria es la sede de otro British Club, documentado en 1889 del cual se conoce que tenía ya en ese momento biblioteca y que sus socios pagaban una cuota anual de una guinea, aunque se desconoce el día, mes y nombre adoptado por la sociedad. La referencia a este club ya en 1889 establecido, implica sin género de duda alguno que fue creado con anterioridad. En 1908 se crea el actual Club Inglés de Las Palmas, sucesor del anterior.

3º) Implementación del deporte en los British Club

La gran afición que sentían los británicos hacia el deporte -era una disciplina más en todos los colegios elitistas-, fue trasladada a los British Club y convertida de hecho en una de sus principales actividades para cubrir el tiempo de ocio. Sin embargo la práctica de todos los deportes existentes en las islas en aquellos tiempos no fue introducida de forma conjunta, sino paulatinamente debido fundamentalmente a dos razones de peso: no había suficientes personas ni medios para ejercer según que disciplina. Basta para ello recordar que en el caso de Minas de Riotinto al poco de surgir el Rio-Tinto English Club (1878) la población británica en 1881 era de 80 personas tan solo, un reducido número en el cual hay gente muy joven, no tan joven y madura, con lo cual pensar que todos estaban dispuestos a jugar a fútbol, cricket, polo, golf o lawn-tennis y además de forma rutinaria es inconcebible. Aún hoy en día sería imposible en una fábrica con 80 personas de distinta edad y gustos.

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El Rio-Tinto English Club, el más antiguo germinado en España, en los primeros años de existencia estuvo confinado al Casino ubicado en el centro de la localidad, de modo que sus actividades giraban principalmente en torno a juegos de salón en un principio -de hecho se adquiere la mesa de billar en 1880- y sobre todo al cricket, un deporte al aire libre que les apasionaba y en el cual podían participar miembros de cualquier edad. El fútbol, deporte no tan importante como el cricket para aquellos empleados, empezó a tener un grupo de practicantes a partir de 1881 según nos indica Daniel Young, aunque esto no signifique que no hubiesen encuentros entre algunos mineros con anterioridad a la constitución del club, pero siempre de forma puntual, mientras que el lawn-tennis y el golf serían posteriores.

Un proceso muy similar sería el vivido en la vecina Huelva, capital provincial donde había 16 residentes británicos en 1881 y en la cual hasta 1884, con la llegada en gran número de nuevos empleados a la empresa minera se impulsa un Club de Recreo que desarrolla varias actividades como la organización de juegos deportivos durante las fiestas patronales. En 1889, gracias al aumento de residentes procedentes de las islas, se genera el Huelva Recreation Club cuya actividad es calcada a la desarrollada en Minas de Riotinto una década antes, repitiéndose la devoción por el cricket y por un deporte que empieza a crecer, el lawn-tennis, quedando el fútbol en un tercer plano.

4º) Escisión de las secciones deportivas

Algunos de los socios de los British Club profesaban una gran estima a algún tipo de deporte en concreto y, reunida la cantidad necesaria de adeptos y dispuesto un terreno idóneo para ponerlo en práctica, pronto tomaron un camino independiente dando forma a secciones exclusivas dentro del mismo club. Estas secciones estaban dedicadas normalmente a deportes tan británicos como el fútbol, el lawn-tennis, el cricket, el remo, incluso golf y crocket, este último muy minoritario, conviviendo en el club con otras actividades no deportivas como el excursionismo, los bailes de salón, juegos de sala como el billar y la organización de eventos culturales como el teatro, conciertos de música, incluso la disponibilidad de salas de lectura con biblioteca.

Esta proliferación de ofertas de distinto tipo tuvieron un variado calado entre los socios, pero en el caso del British Club de Las Palmas de Gran Canaria poco a poco se alcanzó el escalafón inmediatamente superior: la independencia. No bastaba con pertenecer a un British Club, sino que además se disponía de la posibilidad de disfrutar de la práctica de un deporte junto con otros socios sin estar a expensas de las normas del British Club.

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El paso dado por los británicos residentes en Canarias es importantísimo puesto que supone, tal y como ocurre también en la capital hispalense con la constitución del Sevilla Foot-ball Club en 1890, la creación de clubs ex profeso para un determinada disciplina deportiva, algo que en Minas de Riotinto y Huelva no había ocurrido aún, en el caso de la localidad minera por ser un adelantado de su tiempo y en el caso de Huelva por seguir el patrón de Minas de Riotinto, pero sobre todo porque en las localidades onubenses ambos clubs dependen de una empresa, mientras que en el caso de Sevilla y Las Palmas de Gran Canaria no hay dependencia, sino que sus miembros proceden de distintos centros empresariales y ramos laborales. Singular será el caso del Huelva Recreation Club -el British Club de la localidad- donde sus socios juegan prácticamente a todo y así lo mismo empuñan una pala para jugar a cricket, corretean tras un balón para jugar a foot-ball como toman un bate y varias pelotas -el famoso juego de pelotas que aparece en muchas crónicas- para echar un partido de lawn-tennis.

La capital canaria ve en los primeros años noventa como se constituyen hasta cuatro clubs distintos dedicados en exclusiva a otras tantas disciplinas deportivas, todas ellas con acta de constitución, junta directiva y redacción de unos estatutos apropiados para cada uno de ellos. Así y en orden cronológico aparecen Las Palmas Cricket Club (hacia 1890), Las Palmas Golf Club (1891), Las Palmas Foot-ball Club (1894) y Las Palmas Lawn Tennis Club (1896). Similar proceso experimenta la Sociedad de Foot-ball Barcelona (F.C. Barcelona en inglés), donde se crea un club dedicado a fútbol también con carácter exclusivo y en donde sus miembros no comparten techo bajo una misma empresa y consiguen una cierta independencia.

5º) Extinción de las iniciativas futbolísticas a nivel de club

Todas las iniciativas futbolísticas -centrémonos en este deporte- emprendidas por los británicos a finales del s. XIX terminaron fracasando por una serie de causas que ahora se explicarán. Los británicos, fueran escoceses o ingleses, cuando se incorporaban a su puesto de trabajo venían con un contrato firmado bajo el brazo, generalmente de dos años, que renovaban si deseaban o renunciaban a prorrogarlo marchándose a otro lado. Ante esta disyuntiva muchos de ellos sólo se relacionaban con compatriotas, no aprendían español y en caso de necesidad siempre tenían un intérprete a mano que les sacase de un apuro, convergiendo toda su vida social y laboral alrededor de la empresa y del British Club donde siempre, en uno y otro sitio, se hablaba inglés.

Contrariamente a los primeros británicos que se instalaron en España a principios del s. XIX y que al ser pocos, medio aventureros y buscadores de fortuna sí se integraron en la sociedad española aprendiendo el idioma e insertándose entre los nativos de forma natural, la segunda oleada británica mantuvo una nula relación con los españoles, estuviesen en el punto geográfico que estuviesen, dando la espalda a una realidad que les envolvía y de la que no podían, como hicieron, ausentarse. Encerrarse en su propio círculo vicioso y marcar una gruesa línea roja impidiendo a los españoles acceder a sus sociedades fue una enorme limitación que acabó siendo determinante para que el fútbol no se expandiera entre la sociedad española, la única capacitada que primeramente mezclándose entre los británicos para aprender y luego progresivamente -como al fin ocurrió a principios del s. XX-, prescindiendo de ellos y tomando carrerilla por cuenta propia hubiera podido mantenerles con vida.

Si la actitud de los británicos hacia los españoles, enormemente distante, fue la principal causa de que los clubs de fútbol británicos no prosperasen y desaparecieran a los pocos años de constituirse, no menos importante fue el momento en el que se crearon, un tiempo donde habían grandes barreras estructurales, una gran pobreza y en definitiva una gran desigualdad entre los estratos sociales españoles. España era un país en franco retroceso que luchaba por asomar la cabeza en Europa y reivindicar una consideración que había perdido en solo cien años. El fútbol británico y practicado por los británicos fue algo que les pilló desprevenidos, para el cual no estaban preparados y que a todas luces fue un deporte avanzado a su época en este país. Luego las cosas cambiarían.

Ahogados por sus costumbres y constreñidos por sus limitaciones, los británicos no supieron ver que la supervivencia de sus clubs pasaba por dejar entrar a los españoles en ellos y así poder fomentar la creación de clubs de fútbol en otras localidades con los cuales poder competir, la verdadera esencia de este juego, con lo cual uno a uno fueron abandonando la actividad o al menos así se deduce al no haber noticias sobre ellos en prensa a excepción de algún encuentro ocasional en el cual estos clubs no son los protagonistas y sí muchachos de la calle o marineros. El Sevilla Foot-ball Club fundado en 1890 abandonaba en 1893, el Huelva Recreation Club creado en 1889 lo hacía en 1896, el Riotinto Foot-ball Club se mantuvo aislado ante la falta de competidores, la Sociedad de Foot-ball Barcelona nacida en 1893 a finales de 1895 ya no era noticia, como tampoco la Asociación de Torelló constituida en 1895. El único que hizo los deberes fue Las Palmas Foot-ball Club, sociedad esta que, al contrario que las demás, si admitió socios españoles en sus filas. Esta medida haría que el club alargase su vida hasta mediados de los años diez del s. XX, fraccionándose sus miembros durante esas fechas en varios frentes que darán origen al Marino Foot-ball Club en 1905 y al Sporting Club Victoria en 1910.

6º) Reorganización del fútbol con españoles

Si hasta la fecha el peso del fútbol había estado en manos de los británicos terminando todo como terminó, la segunda tentativa por conseguir afianzar el fútbol en España sí tuvo éxito y lo tuvo precisamente no gracias a un cambio de mentalidad en la actitud de los británicos, que seguían en las mismas aislados en su mundo, sino a la llegada al fin de españoles que, como un niño con un juguete nuevo, querían experimentar y probar nuevas sensaciones. Los españoles no llegaron solos, sino acompañados por británicos con experiencia o por ciudadanos de otras latitudes donde el fútbol se estaba convirtiendo en un deporte importante, pero lo que estaba claro era que el futuro estaba en sus manos o mejor dicho, en sus pies.

A punto de expirar el s. XIX empiezan a gestarse las grandes sociedades españolas con la fundación del Foot-ball Club Barcelona en 1899, impulsado por varios suizos, alemanes, británicos y un puñado de españoles, surgiendo en 1901 el Athletic Club con mayoría de españoles y unos pocos británicos, adelantándose los bilbaínos en pocas fechas a la emisión del Real Decreto del 19 de septiembre de ese mismo año. Este Real Decreto obligará a legalizar la situación del Rio-Tinto English Club, sociedad protectora del Riotinto Foot-ball Club, aunque esta sección formada íntegramente por británicos ni podrá ni querrá participar posteriormente en 1903 ni en lo sucesivo en el recién creado Campeonato de España de Clubs de Foot-ball donde para poder competir hay que presentar un buen número de españoles entre los socios. La decisión soberana adquirida por los británicos les apartará de crecer como club y años después les llevará a impulsar el nacimiento de otro club, en esta ocasión solo con españoles: el Balompié Riotinto de 1914.

Poco después dos sociedades perdidas en el limbo y sin actividad manifiesta desde hace años -al menos bajo el techo de una junta directiva-, reemprenderán su camino reorganizándose tras el aliento que les supone el poder participar en el Campeonato de España. La primera en hacerlo será el Huelva Recreation Club en 1903 contando al fin con españoles en sus filas, lo mismo que hará el Sevilla Foot-ball Club en 1905, dos instituciones que redactan nuevos estatutos y no varían un ápice su denominación original.

En localidades como Madrid, Valencia, Bilbao, Cartagena, Jerez de la Frontera o Vigo el proceso es similar, con la excepción de que los ciudadanos de origen británico nunca adquieren el nivel de asociacionismo de las mencionadas y su presencia sirve sólo como punto de apoyo para crear sociedades futbolísticas o como meros integrantes de las plantillas por sus conocimientos.

La figura del Decano

La condición humana arrastra consigo, tal y como ocurre con el resto de animales, la curiosidad por averiguar qué hay tras cada cosa y en ésta la de saber quién es más antiguo, quién se registró primero, quién jugó antes que nadie al fútbol, etc. Volviendo al primer párrafo del presente artículo y a lo que en él se dice sobre la perspectiva de las cosas y la magnitud que éstas adquieren según el color del cristal con que miran, vamos a ver qué es ser Decano y por qué o en base a qué se emplea este término en el mundo del fútbol.

El término “Decano” tiene un origen remoto, procede del latín “decanus” y significa literalmente ser el líder de un grupo de diez. Fue empleado en principio en los monasterios medievales para designar al monje de mayor rango dentro de los grupos de diez en los que se dividía la comunidad que vivía en cada centro, todo ello para agilizar la organización. Más tarde pasó a ser utilizado para fines jerárquicos en la Iglesia y de ahí pasó a la docencia, convirtiéndose en Decano aquella persona que tuviese más antigüedad dentro de una institución para fines administrativos, pero sin la necesidad de ser la persona con más años de edad. Es decir, ser Decano no es sinónimo de ser el más viejo de la institución a la cual se pertenezca en base a la fecha de nacimiento sino el más antiguo por fecha de registro o ingreso, lo cual significa que una persona más joven puede ser Decano en perjuicio de una de mayor edad.

Esta figura es empleada desde hace muchos años en varios estamentos sociales y sobre todo en Colegios de oficios liberales. Cada oficio regularizado que precise de unos estudios avanzados, siempre universitarios, tendrá un centro administrativo amparado por el Estado: el Colegio, donde los profesionales, en este caso denominados colegiados, deban estar obligatoriamente asociados para poder ejercer su profesión. El Decano de cada Colegio será el miembro asociado que durante más años esté ejerciendo su profesión, aunque recientemente esto ya no sea así y suela resultar elegido el miembro con mejor reputación entre un elenco destacado.

Los primeros clubs y la primera Federación Española

El fútbol en España es un deporte con una tradición centenaria en la actualidad que parece haber estado toda la vida entre nosotros, pero iniciado el s. XX andaba todavía en pañales. De novedosa importación, los británicos eran sus máximos exponentes al practicarlo con relativa frecuencia en sus clubs recreativos cualquiera que fuese su ubicación en suelo español, pero para los nativos era todo un misterio. Sólo cuando las capas sociales con más poder adquisitivo se inmiscuyeron en las raíces de este deporte tan en boga en otros países europeos para en primer lugar practicarlo y luego dar el paso de constituir los primitivos clubs, el fútbol empezó a adquirir fuerza.

Con el paso de los años se fue asentando y gracias al apoyo de la prensa y a lo atractivo que era para muchos observadores, este deporte fue sumando adeptos y empezando a suscitar cierto interés. Cada año surgían nuevos clubs, unos con más poder, otros con menos, otros sin visos de tener una larga durabilidad, pero entre muchos nació la necesidad de asociarse para defender sus intereses y regularizarse bajo un gobierno común y unas leyes. Nacieron las federaciones catalana, madrileña, valenciana y gallega por este orden y, tras varios intentos fallidos, al fin el 14 de octubre de 1909 se consigue agrupar a varios clubs de distintas regiones bajo una misma bandera: la Federación Española de Clubs de Foot-ball, (a partir de ahora F.E. de C.F.).

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La Federación Española se organiza como Club de Clubs y no como Club de Federaciones, recogiendo en su acta inaugural a un total de ocho clubs fundadores que deben de estar legalmente constituidos y obligatoriamente registrados entre los que se encuentran el F.C. Barcelona, Vigo F.C., Tarragona F.C., Pamplona F.C., Sociedad Gimnástica Española, de Madrid, Irún Sporting Club, Real Fortuna F.C., de Vigo y Español F.C., de Madrid, faltando a la cita entidades con un gran peso como el Madrid F.C., el Athletic Club, de Bilbao, el Club Recreativo de Huelva, el Sevilla F.C., la Sociedad de Foot-ball, de San Sebastián y el Racing Club, de Irún entre otros al no compartir o no estar interesados en asociarse a una federación a nivel nacional, decisión que revertirán poco después cuando al cabo de un tiempo recapaciten y se inscriban.

De la F.E. de C.F. a la R.F.E.F.

La F.E. de C.F., la primera Federación Española que existió en este país, nació con pies de barro, muy viciada y sin tener muy claro cuál era su papel, cómo debía organizar a los clubs que dependían de ella y además con un claro papel centralista que, con el paso de tan solo un par de años, supuso la escisión de parte de sus socios y el nacimiento de una segunda federación nacional, la U.E. de C.F. La guerra entre ambas estaba servida y tras una cruenta batalla en las más altas esferas protagonizada por sus máximos rectores, al final no hubo vencedores sino dos grandes derrotados que tuvieron que acordar extinguirse para volver a nacer con el fin de acometer un nuevo proyecto en común.

Pero antes de disolverse respectiva y oficialmente ambas federaciones nacionales, el 18 de septiembre de 1913 la Federación y el 5 de febrero de 1914 la Unión, pasaron muchas cosas importantes para el tema que estamos tratando. Conscientes las dos de que su futuro pasaba por desprenderse de algunos errores del pasado, previamente a su desaparición acordaron dividir la geografía nacional en cuatro Federaciones Regionales: Federación del Este (Cataluña, Valencia, Alicante y Murcia), Federación del Oeste (Galicia, Santander y Asturias), Federación del Norte (Vizcaya, Guipúzcoa, Álava, Navarra y Rioja) y Federación del Centro-Sur (Castilla y Andalucía) para estructurar y controlar a los clubs existentes y a los que se esperaba ver nacer más adelante. El 31 de julio se envió a cada uno de los clubs asociados una Circular para que decidieran en la sede del club más antiguo -no Decano – de cada una de estas cuatro regiones, quiénes iban a ser los delegados compromisarios que acudiesen en representación por cada una de ellas a Madrid el 1 de septiembre para deliberar el futuro del fútbol español. Las ciudades sede en cada región futbolística fueron Barcelona por la Federación del Este, casa del F.C. Barcelona, Bilbao por la Federación del Norte, casa del Athletic Club, Vigo por la Federación del Oeste, casa del Vigo F.C. y finalmente Madrid por la Federación del Centro-Sur, casa del Madrid F.C.

Salta a la vista y es ampliamente curioso que en la Federación del Centro-Sur la reunión para elegir a los delegados compromisarios no fuese desarrollada ni en Huelva ni en Sevilla, ciudades ambas con más tradición futbolística sin duda que la capital del Reino y que contaban con dos de las sociedades más antiguas de España, el Huelva Recreation Club y el Sevilla Foot-ball Club. Quizás la explicación radique en que ninguna de las dos decidió enviar representantes a Madrid para interesarse en lo allí tratado y que sólo se diesen cita los clubs madrileños, entre los cuales el Madrid F.C. era de todos ellos el más antiguo puesto que entidades como la Sociedad Gimnástica Española y el Español F.C., ambos con más antigüedad registral en la R.F.E. de C.F. -Real desde 1913- que el Madrid F.C., sin embargo practicaron el fútbol casi al unísono que los merengues, caso del Español F.C., y años después, caso de la Sociedad Gimnástica Española.

El nacimiento de la R.F.E.F.

La R.F.E.F., la tercera constituida a nivel nacional en pocos años, no nació como resultado de una fusión directa como erróneamente se cree, sino como resultado de varias operaciones jurídicas en actos separados, es decir, mediante la constitución de una entidad, la propia R.F.E.F. y la no simultánea -en este caso posterior- extinción de las preexistentes, la R.F.E. de C.F. y la R.U.E. de C.F. En este caso, el hecho de que las federaciones preexistentes celebraran asambleas decidiendo fusionarse no altera lo anterior. Era necesario que cada una de estas organizaciones obtuviera el consentimiento interno de sus representados para ir a la fusión, pero luego, lo que materializaron no fue una fusión legal “stricto sensu”, sino una integración de sus respectivos sustratos, elementos personales y actividades en una nueva entidad con la voluntad de integración de determinados objetos.

No obstante, desde una perspectiva historicista, superadora de las formalidades y que atienda a la sustancia, la nueva R.F.E.F. puede considerarse la sucesora -no en sentido jurídico, sino vulgar- de las anteriores, porque de alguna manera se subrogó en sus actividades. Gráficamente y para que se entienda, podemos decir que se cambió el continente, el envoltorio, pero se mantuvo -por la suma de las competencias de las federaciones preexistentes- el contenido y las funciones. Se cambió el vehículo o instrumento legal para desarrollarlas, con pérdida -ciertamente-, de su personalidad jurídica, pero se mantuvo una continuidad en las actividades gracias a la cual los clubs de hoy en día mantienen su antigüedad registral en la Federación Española.

La R.F.E.F. fue desde el principio consciente de que era un “Club de Federaciones” y estas a su vez un “Club de Clubs”, y que su puesto estaba en servirlos antes que en servirse de ellos como había sucedido con las dos anteriores. La R.F.E.F. fundada el 1 de septiembre de 1913, partía desde su nacimiento con los mismos asociados que reunían las dos Federaciones Nacionales con fecha 31 de julio de 1913 porque así lo habían decidido sus respectivos presidentes en la reunión de San Sebastían de ese mismo día, respetándose la historia y antigüedad tanto fundacional como federativa que habían ostentado desde su inscripción en las dos Nacionales, un detalle pleno de acierto que dejaba la situación de los clubs a nivel registral tal cual estaba antes del nacimiento del máximo organismo nacional pese a ser este nuevo.

La R.F.E.F. y el concepto de Decano

Tal y como se indica unas líneas más arriba, el recurso de la figura de un Decano en algunos organismos de profesiones liberales es algo tradicionalmente aceptado desde hace muchísimos años atrás, dado que es indiscutible que se trata de un puesto que tiene asignadas una serie de competencias únicas las cuales prestan un servicio importante a su comunidad. Sin embargo la intención de trasladar esta figura a una disciplina deportiva como el fútbol por simpatía como si se tratase de un colegio de oficio o como si fuese algo parecido en su fundamento, no tiene razón de ser.

Este es un paso que carece de justificación alguna porque no existe en absoluto similitud, no hay en el fútbol una labor asignada para un Decano, no hay clubs que hayan cumplido una serie de requisitos determinados por el Estado, luego ingresen en un Colegio y obtengan posteriormente una licencia para poder ejercer. Los clubs no son personas y no ejercen un oficio. Son otra cosa. Son sociedades formadas por un grupo de personas que comparten una misma afición y se unen bajo un mismo nombre identificativo que van y vienen, que pueden ser abonados y a continuación estar varios años sin acudir a un estadio para luego volver a acudir, en donde sus directivos ejercen voluntariamente unas funciones con carácter periódico y pueden dar paso a otros en cualquier momento, entidades cuyos miembros no están obligados a responder con su capital privado en caso de ejercerse una pésima gestión pagando desde su propio bolsillo las deudas generadas. Un club no reúne las condiciones necesarias para ser Decano ni nadie se las exige porque no hay interés en ello ni hace falta.

El único estamento que podría crear la figura del Decano y darle atributos para desempeñar algunas funciones sería en todo caso la Federación Nacional siempre y cuando quisiera imitar a los Colegios de Profesiones Liberales -aunque no se parezcan- y tuviese intención de pretender descargar una serie de responsabilidades en el club asociado que más años estuviese federado, contando para ello con la aprobación unánime del resto de sus asociados y el club beneficiado se comprometiese a aceptarlas y cumplirlas.

Sin embargo y desde 1909, año en el que se crea la primera de las federaciones nacionales, ninguna de ellas y hasta la fecha de hoy en día ha precisado ni demostrado intención alguna en crear un cargo similar al que ejerce un Decano. Ni tan siquiera ha sido planteado por sus asociados ni nadie ha llevado la batuta en este sentido. Si dirigimos nuestra mirada y rebuscamos con atención sumergiéndonos en los Estatutos y Reglamentos de la R.F.E.F. comprobaremos cómo la figura del Decano no existe ni está recogida, como tampoco existe en estas bases una referencia al mejor jugador, entrenador, gestor, club o máximo goleador.

Como se desprende tras consultar los Estatutos y Reglamentos del máximo organismo nacional en cuestiones de fútbol, la R.F.E.F. no tiene potestad alguna para declarar oficialmente si un club es Decano o no porque esta entidad no ha reconocido esta función en sus normas y por lo tanto no es competente para ello. La R.F.E.F. tiene como misión principal y es de su manifiesta potestad el organizar campeonatos, procurar que todos sus asociados estén al corriente de los pagos y velar porque todos y cada uno de ellos cumplan los estatutos y reglamentos federativos. Nada más. A lo sumo y echando mano al orden estricto de inscripción por fecha de sus asociados, lo único que podrá garantizar la R.F.E.F. es que el F.C. Barcelona es la sociedad que más años lleva registrada en la Federación Española puesto que, de los ocho clubs constituyentes de la primera Federación Española en 1909, es la única que ha sobrevivido y se encuentra en activo, siendo teórico beneficiario de esta distinción.

Si la R.F.E.F. y sus asociados hubiesen determinado en algún momento de su historia la voluntad de crear una figura similar a la del Decano y atribuirle una serie de responsabilidades, cosa que hasta la fecha nunca ha sucedido, el club elegido sería el F.C. Barcelona y no otro por ser el de más antigüedad sin duda registrado en la Federación Española, independientemente de que existan otros clubs asociados posteriormente con una fecha de constitución anterior a la del club catalán. No hay que confundirse, hay que tener las ideas muy claras y no es lo mismo la fecha de constitución de un club que la fecha de registro en una federación. La figura del Decano, en el caso de existir en el mundo del fútbol, iría intrínsecamente relacionada con una federación y en base a ello no se puede argumentar que un club de fútbol en concreto es el Decano del fútbol español por haberse constituido con anterioridad al resto de los existentes. En todo caso será el más antiguo indiscutiblemente, pero no el Decano, a no ser que se coincida en ser el más antiguo en fecha de constitución y registro en la Federación Nacional.

La directa relación de la Prensa con el término Decano y los primeros enfrentamientos

Si tradicionalmente hasta hace escasos años las distintas Federaciones Nacionales se han lavado las manos en este absurdo tema del Decanato no queriendo en momento alguno entrar a valorar sus pros y contras y pasando de largo porque jamás les ha interesado dado que no les aporta nada, entonces, ¿porqué se auto-aplican el Decanato algunos de los asociados de la R.F.E.F. y en base a qué motivo? La respuesta a esta cuestión hay encontrarla buscando en los periódicos y rememorándonos hasta hace muchos años atrás, concretamente a las primeras décadas del pasado siglo, pues es un tema que viene desde muy lejos que no ha sido resuelto por su defecto de forma pese a que a algunos les interese todo lo contrario y luchen por conservar su situación.

Tras la instauración y desarrollo del fútbol primitivo a finales del s. XIX en España, algunos clubs constituidos alrededor de 1900 y sobre todo los periodistas -unos de los principales sectores a la hora de propagar la afición por este deporte entre los ciudadanos-, empezaron ya en la primera década del s. XX a aplicar este título distintivo en las crónicas y relatos periodísticos que publicaban haciendo un juego de palabras al equiparar las sociedades deportivas con los Decanos del mundo de las profesiones liberales como si las primeras fuesen personas de oficio y dándoles el mismo rango, pues esta clonación de conceptos daba -según ellos- más caché a quien la ostentaba.

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La idea debió de gustar a pesar de no existir nada que lo refrendara y de que los clubs asociados no lo demandasen y así vemos con toda naturalidad como el primero en ostentarlo de forma abierta es el F.C. Barcelona en franca disputa con el Foot-ball Club Catalá, dado que sus miembros se auto-consideran uno de los primeros clubs de fútbol creado con ese propósito en el lejano 1899, uno de los primeros en estar registrado oficialmente según el Real Decreto de 1901 –paso que se da el 5 de enero de 1903- y, sobre todo, en ser uno de los constituyentes de la primera Federación Catalana en 1906 y de la F.E. de C.F. originada en 1909. Bajo la óptica barcelonista de esos tiempos y hasta la década de los años veinte, se auto-proclaman como el club de fútbol Decano porque demuestran haberse constituido antes que el Foot-ball Club Catalá y para ellos ni el Club Gimnástico de Tarragona fundado en 1886, ni la Sociedad Gimnástica Española, de Madrid, creada en 1887, ni el Huelva Recreation Club, de 1889, son clubs de fútbol, sino sociedades deportivas que entre sus actividades practican el fútbol y cada una de ellas desde una fecha en concreto, no siempre desde el principio. Además argumentan que algunos de ellos no se registraron a la hora de constituir la F.E. de C.F., a excepción de la Sociedad Gimnástica Española. Es decir, los barcelonistas se adjudican ellos mismos el Decanato desde una base purista reivindicando y además con razón, que son un club de fútbol y los otros no, además de ser unos de los primeros registrados y federados a nivel nacional.

Este Decanato barcelonista será inicialmente replicado a nivel nacional por el Athletic Club, de Bilbao, quien indica sin documentos que lo atestigüen haber sido fundado en 1898, pues los bilbaínos consideran esta fecha como la de su constitución reclamando tener un año más de antigüedad que los azulgranas y llevar más tiempo practicando fútbol. Hans Gamper, presidente barcelonista y conocedor de la realidad bilbaína, contestará que en absoluto es así y que desde Bilbao pretenden apoderarse de un título que nos les pertenece porque se sabe que es un club constituido en 1901 y además, lo más importante, no cofundador de la F.E. de C.F. La lucha por la hegemonía en el fútbol español está servida y en 1923, con motivo de la celebración del 25º aniversario del Athletic Club, se alcanza el punto álgido en prensa con un cruce de distintas declaraciones en uno y otro sentido.

No serán los únicos dos clubs que reclamarán para sí el reconocimiento como Decano de los clubs de fútbol en España y así posteriormente se adherirán otros más con los cuales antes no se contaba. De este modo se incorporan al litigio el Real Club Recreativo de Huelva, indicando que en su acta de constitución reza 1889, el Club Gimnástico de Tarragona, que defiende ser de 1886 y el Riotinto F.C., quien recuerda haber sido fundado en 1878, antes que nadie en todo el país.

Varias sociedades entran en acción y así el Real Club Recreativo de Huelva indica que en 1889 fue elegida su junta directiva, que en esa fecha jugaba al fútbol y que ello da pie para ser considerado como decano a lo cual responde el Club Gimnástico de Tarragona alegando que si los onubenses eran legales en 1889 ellos ya lo eran desde 1886. Se desata la guerra y las primeras batallas comienzan a aparecer en diversos medios de comunicación.

Todos indican tener razón y ninguno de los implicados es capaz de convencer a los demás, puesto que si el Real Club Recreativo de Huelva fue creado en 1889, bien cierto es que no se federa hasta 1909 una vez ya ha sido constituida la F.E. de C.F. por ocho clubs que le preceden originalmente y algunos más que se han sumado después. En cuanto al Club Gimnástico de Tarragona, aunque es creado tres años antes que los onubenses como centro de gimnasia, en 1886, presenta el inconveniente de que su sección de fútbol lo es en 1914, mientras que el Riotinto F.C., surgido como sección del Rio-Tinto English Club, aunque jugaba a fútbol con anterioridad es descartado por no estar federado hasta 1914. Sin embargo, como ya se ha explicado antes, ninguno de estos tres clubs ni el cuarto en disputa, el Athletic Club, preceden en antigüedad federativa al F.C. Barcelona quien, aunque creado en 1899, es el más antiguo inscrito en la Federación Española.

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¿Quién es el primero?

El fútbol español es hoy en día uno de los mejores del mundo y desde que este deporte adquirió madurez en el país, muchos han sido los aficionados que han tenido curiosidad por averiguar de dónde vienen los clubs, quién los fundó, cómo se desarrollaron y en definitiva, cómo han evolucionado a través del tiempo. Pero una de las cuestiones que siempre figuran en la mente de todos y a la que no siempre es fácil encontrar respuesta es quién fue el primero en alguna cosa, en este caso, fútbol.

La R.F.E.F. consta hoy entre sus asociados con tres clases de clubs: Elementales, Básicos y Sociedades Anónimas Deportivas, siendo la mayoría de ellos clubs de fútbol literalmente, otros clubs de fútbol o sociedades deportivas transformados en SAD y otro buen número sociedades deportivas que en su origen tuvieron como fin la práctica de otros deportes distintos al fútbol o incluso actividades de otro tinte y que, bien desde su nacimiento o bien con posterioridad, lo practicaron.

La diversidad de procedencia de los distintos miembros de los clubs, tanto a nivel social como geográfico, la distancia temporal a la hora de surgir así como los distintos caminos emprendidos por cada uno de estas sociedades al elegir la forma de darse a conocer legalmente y llegar a los aficionados, han deparado a la historia muchas y variopintas interpretaciones por no existir patrones lo suficientemente fiables para obtener una respuesta que en muchas ocasiones han terminado por confundir más que aclarar.

Aquí tenemos una serie de respuestas a algunas de esas preguntas que en muchas ocasiones nos hemos lanzado en el pasado y que pocas veces hemos sido capaces de solventar exitosamente por falta de los conocimientos suficientes para conseguirlo:

Si empleamos una variable:

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la R.F.E.F. más antigua? El Club Gimnàstic de Tarragona SAD, fundado el 1 de marzo de 1886, tres años antes que el Real Club Recreativo de Huelva SAD y trece antes que el F.C. Barcelona.

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la R.F.E.F. con federación más antigua? El F.C. Barcelona, federado desde 1906 en la Federación Catalana y desde 1909 en la Federación Española.

¿Cuál es el la sociedad deportiva asociada a la R.F.E.F. con registro oficial más antiguo? El Athletic Club, de Bilbao, registrado en septiembre de 1901.

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la R.F.E.F. de constitución más antigua? El Real Club Recreativo de Huelva SAD, con junta directiva desde 1889.

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la R.F.E.F. que fue la primera en jugar a fútbol? Serían dos puesto que tanto Real Club Recreativo de Huelva SAD como Sevilla F.C. SAD se estrenaron conjuntamente el 8 de marzo de 1890.

¿Cuál es la sociedad deportiva no asociada a la R.F.E.F. que fue la primera en jugar a fútbol? El Riotinto F.C., nombre adoptado por la sección de fútbol del Rio-Tinto English Club con junta directiva desde 1878.

Si empleamos dos variables:

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la R.F.E.F. que fue antes registrada y federada? El F.C. Barcelona, registrado en 1903, federado en 1906 en la Catalana y en 1909 en la Española.

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la R.F.E.F. constituida y que fue la primera en jugar a fútbol? Dos nuevamente dado que al unísono se estrenaron Real Club Recreativo de Huelva SAD y Sevilla Foot-ball Club en marzo de 1890.

¿Cuál es la sociedad deportiva no asociada a la R.F.E.F. constituida y que fue la primera en jugar a fútbol? El Riotinto F.C., nombre adoptado por la sección de fútbol del Rio-Tinto English Club constituido y practicante desde 1878.

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la R.F.E.F. constituida como club de fútbol y primera en jugar a fútbol? El Sevilla Foot-ball Club, constituido y practicante desde 1890.

¿Cuál es la sociedad deportiva asociada a la R.F.E.F. primeramente constituida y que no fue la primera en jugar a fútbol? El Club Gimnàstic de Tarragona SAD, fundado el 1 de marzo de 1886, practicante desde 1909 y con sección de fútbol desde 1914.

Muchas son aún las preguntas que podríamos realizar y según las variables muchas son las respuestas que encontraríamos, pues todo depende del cristal con que miran, así que cada uno saque sus propias conclusiones.

La absurda lucha por ser Decano

Al final tras muchas líneas escritas todo queda en el aire y -a pesar de que el Real Club Recreativo de Huelva es quien tradicionalmente se ha llevado el gato al agua siendo reconocido por muchos clubs como el Decano-, aún lo está cuando nos hacemos la siguiente pregunta: ¿qué es ser Decano?

Si nos atenemos a la definición que hace del término “Decano” el diccionario de la Real Academia Española, R.A.E., encontramos dos acepciones:

decano, na. (Del latín decānus).

1. m. y f. Miembro más antiguo de una comunidad, cuerpo, junta, etc. U. t. c. adj.

2. m. y f. Persona que con título de tal es nombrada para presidir una corporación o una facultad universitaria, aunque no sea el miembro más antiguo.

Como vemos hay dos opciones para escoger y las dos perfectamente definidas aunque cada una con sus matices. Sin embargo cuando analizamos su paso al fútbol español se nos acrecientan las dudas y no sabemos si nos corresponde elegir una o la otra, aunque si hay algo lo suficientemente claro es que ambas son, según la R.A.E., aplicables solo a personas. Esto disyuntiva se origina porque en realidad lo que se está haciendo es extrapolar una terminología que pertenece a otros campos a un campo bien distinto como es el nuestro: el fútbol, y no cuadra del todo como ahora veremos:

Si optamos por la primera definición hemos de tener muy claro cuál es nuestra comunidad, si la R.F.E.F. o el fútbol español en general, pues no son lo mismo y aunque haya quienes las confundan, lo cierto es que la primera es una organización privada con asociados y la segunda es el cómputo de sociedades y equipos que, federados o no, practican fútbol en España.

Si optamos por la segunda definición la cosa se complica muchísimo porque jamás se ha nombrado un Decano en España de forma consensuada, ni se han realizado elecciones, ni se han establecido normas para regir esta función al menos bajo unos parámetros legales.

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¿Quién elige al Decano o dicta las normas para ser Decano en España? Nadie lo sabe, ni la R.F.E.F. se hace responsable porque no le compete aunque muestra su respaldo al club onubense, ni los clubs han hecho un comunicado oficial indicando como debe ser elaborada y otorgada esta distinción. Hasta la fecha lo que existe es un acuerdo tácito o entre caballeros en el cual se respeta al Real Club Recreativo de Huelva como Decano por ser la entidad en activo que con mayor anterioridad jugó al fútbol, aunque algunos de los que lo respetan no estén convencidos ni lo compartan en absoluto.

El fútbol español tiene el dudoso honor de haber auspiciado entre todos sus miembros y desde hace muchas décadas un título honorífico del cual nadie se hace responsable por no estar registrado, ni definido, ni firmado y aún menos constar como oficial en sitio alguno, un título idealizado para el cual curiosamente no se han designado competencias contradiciendo el ejemplo de otras sociedades antecesoras en este tipo de figuras con gran raigambre histórica como las relacionadas con la Iglesia o profesiones liberales que si le dan utilidad y trabajan con él.

La lucha por ser designado como Decano del fútbol español es además algo rotundamente absurdo puesto que es una figura de largo ficticia y totalmente artificial extrapolada y creada como imitación a figuras existentes en otro tipo de sociedades que no es necesaria en este deporte y que suscita controversias y disputas estériles entre aquellos clubs que entran o han entrado al trapo en este juego por diversos intereses. El fútbol español debería concentrarse y ocuparse en cuestiones de mucha más importancia que sean realmente útiles y aporten beneficios para todos los clubs y no en historias prescindibles como esta que no llevan a ningún sitio.

Análisis

El fútbol español está lleno de nombres y de fechas en torno a sus clubs más antiguos, todos ellos de gran valor y a los cuales hemos de procesar un gran respeto por lo que han sido, por lo que son y quizás, sigan siendo, pero esto no es óbice para dejar a cada uno en su sitio y llamar a las cosas por su nombre. Entrando a valorar todas las preguntas arriba realizadas con todas sus respuestas, llama poderosamente la atención que pocos son los clubs que se repiten en todas las respuestas, es decir, no hay una constante ni un club que tenga en exclusiva la llave mágica o atesore en su seno el mérito de ser el primero en todo o casi todo.

El que es más antiguo en haberse constituido no es el primero en haberse registrado, el que es más antiguo en haberse federado no es el más antiguo en haberse constituido, el que es más antiguo en haberse constituido como club de fútbol no es el primero en haber practicado fútbol, o el más antiguo en practicar fútbol no es el primero en inscribirse en la Federación Española. Todos los clubs son dueños de algo pero ninguno de todo y, por lo tanto, la presencia de importantes lagunas al comparar unos con otros no da como vencedor a ninguno sobre el resto debiendo quedar desierto el premio.

Además de estas apreciaciones hay otras también muy importantes que afectan a la trayectoria continua de estos clubs y que se deberían valorar como se debe. Ha de saberse que el Riotinto Balompié -heredero de Rio-Tinto English Club-, aunque tiene su origen supuestamente como sección de esta sociedad en 1878, lo cierto es que se desconoce en qué año exacto empieza a tener cierta independencia y a jugar a fútbol de forma habitual, qué ocurre en su historia entre los años 1893 y 1901, además de que es un club fusionado en 1914 y con inactividad en algunos episodios de su prolongada vida. También merece ser considerado lo que ocurre con el Real Club Recreativo de Huelva SAD, sin noticias entre 1896 y 1903, dado de baja y sin actividad entre mediados de 1925 y 1927 por impago, expulsado de la Federación Regional del Sur en 1931 y rescatado en 1932 de una muerte casi segura o lo que ocurre con el Sevilla Fútbol Club SAD, igualmente sin noticias pero en esta ocasión entre 1893 y 1905. De todos los grandes clubs con larga tradición, los únicos que han mantenido una trayectoria inalterada e inmaculada son por orden de fecha de constitución el Fútbol Club Barcelona, creado el 29 de noviembre de 1899, el Athletic Club, de Bilbao, fundado el 11 de junio de 1901 y el Real Madrid Club de Fútbol, nacido el 6 de marzo de 1902.

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En el supuesto de algún día remoto tener que elegir algún club de este elenco de aspirantes para ser considerado como Decano, ojo Decano y no club más antiguo, que no es lo mismo, habría que tener en cuenta todas estas respuestas y plantearse para qué se quiere un Decano en el fútbol español.

Conclusiones de La Futbolteca

Quien haya leído el presente artículo y haya alcanzado este punto, puede caer en la tentación de llegar erróneamente a la conclusión de que tanto el autor como el equipo de personas que formamos La Futbolteca nos hemos propuesto con la redacción de estas letras deslegitimar o desposeer al Real Club Recreativo de Huelva SAD de un título que ostenta oficiosamente desde hace muchos años atrás. Nada más lejos de la realidad.

Nuestra intención y, que nadie se lleve a engaños y haga falsas conjeturas -algo que desde aquí subrayamos vehementemente con toda nuestra fuerza y en la cual hacemos especial hincapié, entre otras cosas porque tal decisión no depende de nosotros y tampoco buscamos protagonismo ni nos compete-, es resaltar la verdad y concienciar a todo quien lo lea que las cosas no se hacen bien en España, que se adjudican títulos oficiosos que nadie en concreto crea y muchos sin embargo sí asumen y que, al final, acaba asimilándose como algo normal un concepto que no es aplicable al fútbol derivándose una mercadotecnia en torno a ello y un falso mito.

La sociedad futbolística española debería plantearse seriamente varias preguntas en voz alta y estudiar a fondo la conveniencia o no de reconocer la figura de un Decano dentro de los estatutos de la R.F.E.F. -la institución más indicada para ello-, pero no de cualquier modo, sino con las ideas muy claras y si se decide oficializar el título de Decano, que al menos se haga de forma coherente, argumentada, consensuada y con unos deberes para quien lo reciba, no como ahora que se plagia un concepto que proviene de otras instituciones, pero plagiándose lo bonito, el título, pero no las obligaciones. Esto último es hacer las cosas a medias y abonar la semilla de la confusión porque no hay normas ni hay nada.

Ha de saber la sociedad futbolística española que si desea seguir el ejemplo de los Colegios de Oficios no puede mantener un título como el de Decano en las condiciones actuales, es decir, sin normas y oficioso a todas luces, pero ha de saber también qué camino ha de elegir para oficializar este título sospesando los pros y los contras que sin duda existen y con todo lo que conllevan: si otorgarlo al club constituido más antiguo en activo tenga las raíces que tenga, si al club de fútbol más antiguo constituido expresamente para esa disciplina deportiva o al club constituido más antiguo en estar inscrito en la Federación Española. La realidad actual obliga a escoger una de las tres vías porque todas a la vez no pueden considerarse al ser distintos sus principios y diferentes los criterios, al igual que si se escoge a uno se perjudica a los otros o viceversa.

Si nos aplicamos a las definiciones de la R.A.E. y empezando por la primera, debemos valorar si nos interesa que nuestra comunidad sea la R.F.E.F. o el Fútbol Español en su totalidad porque dependiendo de qué continente elijamos resultará un contenido. Si la comunidad es el Fútbol Español el Decano será el Riotinto Balompié como heredero del Rio-Tinto English Club de 1878, pero si escogemos la R.F.E.F. nuestro abanico de posibilidades se triplica porque nos surgen tres opciones:

a) Decano como club con constitución más antigua: el Real Club Recreativo de Huelva SAD, fundado en 1889.

b) Decano como club con inscripción federativa más antigua: el Fútbol Club Barcelona, registrado el 14 de octubre de 1909 como miembro fundador de la F.E. de C.F.

c) Decano como club constituido con el fútbol como única disciplina deportiva: el Sevilla Fútbol Club SAD, nacido el 25 de enero de 1890.

En el caso de decantarnos por la segunda definición académica se abren las puertas de par en par a cualquier club federado y todos son válidos para entrar en el bombo sin excepciones siempre y cuando decidan presentarse para dicha elección y existan unos criterios para ello.

Puestos a plagiar las funciones de los Colegios de Oficios que tanto ha gustado imitar extrapolándolas al fútbol, para la elección de un Decano se podría incluso abrir otra vía: la rotación de los clubs. Esto supondría una salida similar a la adoptada por estos organismos, es decir, cada cuatro años o cada equis tiempo se elegiría entre todos los miembros uno de ellos -el más indicado- para representar a los demás con una serie de obligaciones en beneficio del colectivo. La gran pregunta que nos surge de inmediato es, ¿y para qué si esta misión ya la cumplen las federaciones territoriales?

Tal y como está todo ahora mismo, mientras no haya nada oficial hay varios ‘Decanos’ oficiosos y todos con derechos más que razonables, a no ser como sugerimos en La Futbolteca, que el título sea declarado desierto por defecto de forma y por serias deficiencias en los candidatos.

© Vicent Masià. Diciembre 2012.

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titular HF Scotland cradle spanish football

Written by Vicent Masià

Translated by Javier Terenti

Edited by Richard Stubbings and Valerie White

 

An old Eastern proverb says that “if you cut your chains you’ll get free, but if you cut your roots you’ll die.”

The Spanish view of the rest of the peoples in the world

That the English are from England is rather obvious, palpable and indisputable, but that the origins of Spanish football lie in the many English citizens -and therefore in England- who at the end of the 19th century spent some years of their working life in Spain is rather less obvious. That this fact is a matter of common daily knowledge amongst many football fans should be carefully analyzed. Let us see why.

We Spanish, perhaps because of our particular national personality, or for purely geographical reasons, since we belong to a peripheral European country surrounded in a large area by the sea giving us an isolated peninsular location, have never had a very clear view – with few exceptions – of which is the ethnic nature of many foreigners who have visited us from neighbouring countries; not to mention those from other continents thousands of miles from our home.

Though it should not be so, for many centuries it has been common to generalize and gather under the same one umbrella peoples from the same “territory”, independently of how vast it was and how different those people could be, grouping them simply by their physical features or the color of their skin, others by their religion and others by their habitat or cultural environment This is a wrong perception that leads us to ignore the many peoples that exist in the world and not appreciate the diversity of customs that human beings have on the basis of their place of origin.

So it is that those Muslim Syrian Arabs who occupied Spain for centuries are referred to as Moors, the same term that we use for all inhabitants in the North African Maghreb, although the word “Moors” should only really refer to those from Morocco. Similarly we consider almost all peoples of the former Soviet Union as Russians, those of northern Europe as Swedes whether they are or not, and those from the Netherlands as Dutch, although in this country we find Zealanders, Frisians or Brabants for example; the natives of South America or Central America were called Indians at the time and almost all people with oriental features are called Chinese, etc..

The various peoples inhabiting the British Isles could not escape this generalized way in which the Spanish often recognize those citizens of similar characteristics, and that is why few distinguish between the two states that make up these isles, The Irish Republic on the one hand and the United Kingdom of Great Britain and North Ireland on the other. Going further, if we look in detail at one of these two states, the UK, we find that it is actually composed of four different nationalities: English, Scottish and Welsh within the island of Great Britain and Irish in Northern Ireland.

No Irishman considers himself as English, nor does any Englishman say he is Welsh. Certainly no Scotsman will say he is English after all the history that haunts them. However, for us, they all look the same and we mistakenly label them as English, regardless as to whether they are from Glasgow, Swansea, Belfast or Liverpool. We have no qualms at all with describing as “English” all those from the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland, although England is only one of the four countries in the UK, and not the only one.

The need for foreign capital during the second half of the 19th century

The Spanish war against Napoleon’s French troops in the early 19th century required such a huge expense from the coffers of the country that Spain sank economically. As a result, the deficit soared and the government had to promote two almost consecutive confiscations – that undertaken by Mendizabal in 1836 and that in 1855 by Madoz – to repay debts and to invest in infrastructure. Even more benefits were obtained for the latter after expropriating a huge amount of property owned by the State itself, the church, military orders and to a minor degree by the town halls.

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Spain was at a great disadvantage compared with other European countries and, at that time, feared losing the momentum of industrialization that had entailed so many benefits for its promoters, particularly the UK as the most outstanding one, followed by France and to a lesser extent by Germany. Steel production became an unavoidable necessity, with a real question for the State to “ride the horse of progress”, but the road was not that easy and before tackling such an enterprise, the country needed to face other issues.

The bid for iron and steel needed coal as a fuel, which then required a means of transportation to get it from the mine to the factory and in the case of Spain, there were few mines, extraction was expensive and good transportation was utopia. Railways were needed to connect the sources of raw material to the manufacturing centres. There was also a need for steamboats, made first of iron and then of steel, which consumed large amounts of coal to import this same mineral from other countries with higher production and quality. This was a real challenge for the Government to answer, and they had no other choice than to allow the entry of foreign capital.

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In 1856 the state created the Credit Societies Law and immediately after its approval began a series of financial arrangements that gave rise to three major institutions: the Spanish General Society of Movable Assets Credit, with French capital and created to cover the Spanish budget deficit through purchases of government debt, and to finance public companies; secondly the Spanish Mercantile and Industrial Society, with German capital and thirdly the General Credit Company of Spain, also with French capital. All companies would rely on the railway as a means of development and all were forced to import British steam locomotives, the best on the market, bringing with them a wealth of technical and specialist staff, which would be the first wave of foreigners coming with peaceful ends and not with warlike thoughts as had happened in the past.

1868 and the Bases Law

The presence of companies of foreign origin began slowly in the 18th century, but it was not until the beginning of the 19th century that the proliferation of joint companies with some Spanish capital, but mainly from other European countries, began to acquire significance. However, the high tariffs with which foreign investors were taxed scared off many potential industrialists with commercial interests, and encouraged the use of picaresque, so that many of the foreign investors were operating behind the cover of companies using Spanish figureheads.

Suffering from the failure of their protectionist model, and sorely in need of money, in 1868 the government faced a series of reforms in the laws that controlled the system of mine exploitation and the Spanish scene was finally regularized, being transformed from national wealth interventionism to becoming fully open to all types of businesses, Spanish or foreign. The need to raise money to cover the expenses required to industrialize Spain, and thus close the gap that became increasingly significant with countries such as the UK, France or Germany was an imperative, especially after the spending involved in financing the Carlist Wars, which had caused so much damage to the country.

Scotland

Located in the north of the island of Great Britain, where it occupies a third of the whole territory, the nation of Scotland is one of the four that together with England, Wales and Northern Ireland comprise the state of the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland. Historically at odds with the English for many reasons, especially religious and political, the Scots maintained their independence until 1707, the year in which Scotland signed a union with England to form the United Kingdom of Great Britain. The Scottish people, however, kept their own legal system, different from that of the rest of the nations of UK, being considered since then as a separate legal entity.

The Scottish idiosyncrasy has always supplied them with a strongly different national personality, with three languages, Scottish Gaelic with Celtic origins, and Scottish -dialect of English- and English both derived from Germanic. In the eighteenth and nineteenth centuries, Scotland had a great importance in the movements of the Enlightenment and the Industrial Revolution, with the cities of Glasgow and Edinburgh acquiring a great role that catapulted their countrymen into leading roles in large commercial, intellectual and cultural initiatives with great influence at European and therefore world levels.

Glasgow, the most heavily populated, and an emerging city, acquired such a reputation and importance that it became the second largest in the entire British Empire, emerging with a large business network that was exported to many countries during their industrializing processes. Mining, finance, steel manufacture, mechanical engineering, shipping, textiles and food companies spread their tentacles creating flourishing businesses elsewhere, a weakened Spain being one of their main objectives for such succulent incomes.

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The Scots in England

After the fall of Napoleonic France and exhaustion suffered by the once powerful Spain, a country increasingly weakened in every way, the British Empire rose to importance during the 19th century and became the most influential state in the world. Almost everything was controlled by England, the most prominent and populated nation of the United Kingdom, and it became the most powerful nation of the time being the “engine of the world”. The capital, London, was the most cosmopolitan city of the Empire and the centre of all decisions.

London, like Barcelona or Madrid for the rest of Spanish, was the city where all the British who wished to make their fortune, or prosper in life, moved. There grew great financial headquarters and all the companies that wanted to have a prominent name.

Many Scots who were successful in their own land in various enterprises, either through steel initiatives, exporting railway equipment, building electrical cable runs, building ships, manufacturing textiles, etc., had to establish a delegation in London or even the headquarter of their main business. But there were also many Scots, who having studied at Scottish universities, found a job in British companies which, with their national markets fully satisfied, needed people to enter other markets situated in the old continent or in the many colonial dependencies that the Empire had under its sovereignty all over the world.

1873, the arrival of the Scottish pioneers

At the beginning of the 19th century, Spain had gone from being occupied by French troops, which were later expelled, to the loss of many of the colonies that the nation had in South America and Central America. The economical and hegemonic decline was substantial, and political instability was not only on an international scale, but also in the Spanish peninsula where the Carlist wars did so much damage to the country, especially to its economy, by squandering large sums of money that were necessary for other much more important purposes than the debate of who was the rightful claimant to the throne.

The Spanish government’s commitment to the attraction of foreign capital in order to modernize an outdated and insolvent state, that was unable to prosper on its own due to the ineffectiveness of many of its noble rulers, attracted many companies of British origin that had developed a brilliant technology entailing a prosperity that was desired for the Spanish people.

Some of these companies already had several decades of experience in our country, being the fruit of agreements bearing Spanish figureheads, but since 1870 the number of Britons, who set course on their own towards the fertile ground of Spain, created an incessant human tingling that would transform a nation battered by its delusions of grandeur.

Almost all British companies that crossed the ocean to do business in Spain were based in London, and many of its partners, officers and employees were of that nationality, but it is certainly true that the predominant nationality of those migrant workers was not English as we have been led to believe and have been told ad nauseam, but Scottish. In reaching this conclusion, the path is not so easy since many of these companies appear on Spanish soil as English in origin, and we also have the problem mentioned in the heading of this article that we –the Spanish- consider or categorize all what comes from the British Isles as English.

In this country, a beach attended by English-speaking people, a cemetery where Scottish Presbyterians rest, a Presbyterian church, a Scottish Presbyterian priest, a shipping, textile, railway, marine cable, locomotive, ship, steamboat, steel, mining or financial company where English is spoken, though its employees and customs are Scots, we have considered it as English, and even today we still do so.

It is by studying and researching their birthplaces that we realize that all is not gold that glitters, and that the vast majority of Britons who settled permanently or temporarily in the mining areas of Huelva, in Seville or Barcelona, were from Scotland and not native “English” people.

The Scots and football

The relationship of the Scots with football, the art of playing with a ball with the feet, is very old, starting at the beginning of 15th century with a very different sport that was a mishmash of rugby and football as they are known today, with rules that have not unfortunately been handed down to us today, though we know about its brutality, which led to it being banned by King James I in the Football Act enacted on May 26, 1424.

Later in the City of Aberdeen there is evidence of football matches played around 1633, also with body charges against the rivals, but with the proviso that the use of the hands to catch the ball was allowed. Nothing is known as to whether the ball could pass between members of the same team or not.

English schools saw that they could play this game and during the mid 19th century made progress in its evolution prohibiting the use of hands in favor of the kicking of the ball. This significant change led to a distancing from rugby, and after some years of practice and constant modifications, it was enriched with the Rules of Cambridge established in 1848 and the Sheffield Rules written in 1857, two separate codes under which to play football that equipped this sport with a more and more unique personality and made it increasingly more attractive to its practitioners.

On 26 October 1863 after a series of meetings held in the Freemason’s Tavern, English schools opted for the Cambridge rules as opposed to those of Sheffield, and at the same time a new code of football and the Football Association or FA came into being. Football took on a new course and its practice in Scotland was enthusiastically received increasing its popularity with the birth of several clubs, something that resulted in several unofficial matches between English and Scots in London, until on 30 November 1872 in Hamilton Crescent field in the neighbourhood of Partick, Glasgow, the first official match between two national teams took place attended by four thousand spectators with a final draw 0-0.

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One year later, in 1873, the Scottish Football Association was created, which in 1874 organized the first Scottish Cup Championship and later, in 1890, the first League Championship with eleven clubs: Abercorn FC and Saint Mirren FC, both from Paisley, Vale of Leven FC, from Alexandria, Dumbarton FC, Renton FC, Cambuslang FC, Heart of Midlothian FC, from Edinburgh and several clubs from the city of Glasgow such as Third Lanark Athletic Club, Celtic FC, Rangers FC and Cowlairs FC.

Then in 1876 came the Welsh Football Association and in 1880 the Irish Football Association. However, the area of influence of the English city of Sheffield seemed to follow the rules outside of the FA for some time, disagreements that were resolved in 1878 with the final unification of these two versions, the official one from the FA and the Sheffield one.

As usual in such cases and especially dealing with a new and growing sport, each federation “went their own way” and soon the four British associations applied their own personalities to this game and adopted a series of new rules that trumped the commitment to particular rules made in 1863. The different ways followed by these British nations were so diverse that on 6 December 1882 the International Football Association Board (IFAB) had to be created in the English city of Manchester, collecting and unifying the rules that the four federations had developed on their own.

This meeting was very positive and in 1884, the first playing of the British Home Championship emerged from this institution. It was a tournament between nations which the Scottish national team won, being undefeated, and which became a longtime tournament until its demise in 1984, just a century later. In 1886 the rules were agreed again, and since then the Football Association has reached maturity, submitting universal laws that should be followed with utmost respect anywhere all over the world.

Scottish Pioneers

After the approval in 1868 of the Bases Law by the Spanish Government, many British companies became aware and decided to try their luck moving to Spain, which was seen as a unique market in which to invest and make money in business. However, these were not the first companies in Spain; several companies with British capital had previously been established in the most prosperous cities of our country.

Jerez (Xerez) de la Frontera through its wineries, Bilbao with its heavy industry, Barcelona with the traditional textile trade, the river port of Seville as the gateway of Andalusian agriculture and stockbreeding, and the Canary Islands – a remote archipelago where the food exported was very appetizing – were centres of attraction for British merchants. British citizens from different backgrounds and nationalities lived dispersed throughout Spain and the UK, but in the 19th century, they intensified their presence on Spanish soil, and their proliferation in some cities created a natural kinship among them, since they shared the same language and customs. Although many of them had already settled in the peninsula and even married Spanish women leading to British-Spanish descendents, the massive arrival of new British citizens strengthened ties and reinforced their stay in Spain creating small groups where they shared their customs and traditions: the “clubs”.

Some of the most important of these citizens had their origins in the north of the island of Great Britain – Scotland -, like the Gordons , a Catholic family that fled from their lands for religious and political reasons, settling in Jerez de la Frontera where they built a winemaking empire, or William McAndrew’s shipping Company, a Scot from Elgin who built a shipping empire with vessels dedicated to the transport of all kinds of food and products from major ports in Spain such as Seville, Bilbao and Barcelona to the main ports in Southern England such as Portsmouth and Southampton, Liverpool in the west, London or the Scottish port of Aberdeen. But there were also many Scots in Barcelona, a city where many looms and textile related industries derived from Scottish factories whose technicians spent long periods instructing or providing a technical service to the local population. Other Scots like the brothers James and Peter Coats, from Paisley, created a huge spinning industry and at the turn of the century they set their sights on Barcelona to broaden their horizons, giving with their contribution a great benefit to the native population.

However, the greatest Scottish landings did not take place in any of these cities, nor in any of these trading or industrial sectors with so much tradition, but in a modest town in northern Huelva called Rio Tinto in whose subsoil, since ancient times, apart from sulphur and pyrites, were important mineral deposits of copper, silver, gold and manganese, although the extraction was so expensive that the exploitation had been previously abandoned.

The Scot Hugh Mackay Matheson

The main protagonist of this coming of Scots to the Spanish southwest was a Scottish company, though, for purely commercial reasons it was based in London. The company was the Matheson Company Ltd., a company led by the Scot Hugh Mackay Matheson, who had made a fortune in the trade of opiates in the East. Matheson was looking to invest in something that could pay great dividends, and the Bases Law of 1868 passed by the Spanish government did the rest. Two German merchants who lived in Huelva, Heinrich Doetsch and Wilhelm Sundheim, contacted the Scottish magnate and explained to him the idea of investing in mining in a small town in Huelva – Rio Tinto -, whose returns promised to be extraordinary.

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Matheson was convinced by the two clever Germans and on 29 March 1873 the Rio Tinto Company Ltd. was founded in London after Matheson himself and the two Germans had contacted other investors. Among the partners of the new company were the Matheson Company Ltd., the railroad building firm Clark & Puchard Company Ltd., the Smith, Payne & Smiths Bank from London, the Scottish Union Bank of Scotland, the bank Heywood Sons & Company Ltd. from Liverpool and the individual British investors William Edward and Ernest H. Taylor, together with the aforementioned German Heinrich Doetsch and Wilhelm Sundheim, and also the German Deutsche National Bank, Bremen.

On 14 February 1873, during the First Spanish Republic, with Estanislao Figueras as President, the franchise was granted for 3,500,000 pounds (92,756,592 pesetas), with the company, which was founded some days later, having an initial capital of 3,250,000 pounds, which was equivalent to 56,250,000 pesetas. At first, this capital was in the hands of Deutsche National Bank (56%), the Clark & Punchard Company Ltd. (20%), the Matheson Company Ltd. (20%), while the remainder was held by a consortium of shareholders. Later, in 1880 the Rothchilds – a German family with Jewish origins – became the major shareholders of the company.

The arrival of the Scottish workers

In 1873 the first engineers of the newly formed British company came to their new workplace, Rio Tinto, a small village about 70 km. north of Huelva and close to the mountain range of Aracena. As expected, the town offered little accommodation for the new guests, who had to be distributed amongst the various houses that had been acquired for that occasion. This went on for some years due to the limited resources that the Company’s Board and staff had, but from the eighties resources increased with the full production of mine and they sought a solution. This came at the beginning of 1882 when a new residential area on the outskirts of Rio Tinto called Bellavista began to be built. Building of this new residential neighborhood started in 1883, and was finally completed in 1884 providing a house for the General Manager and another twenty houses for technicians and their families.

Although – mostly because of our peculiar understanding of the English as all the natives of the British Isles – we have always been told that these people were English in origin, in fact we have always had doubts about what was their real origin and what was the approximate original number of workers who came in that first wave. For many years these issues have lacked a satisfactory answer, and the idea that they were all “English” remained as the prevalent thought by all, but the world moves on, further information comes forward and eventually, no matter how obscure and strange the facts, the correct answer often appears.

As is known, in the territory of Gibraltar there is an Anglican cathedral called the Cathedral of Holy Trinity. In 1881 its then Bishop – Charles Waldegrave Sandford – being aware of the existence of small communities of British people in the area – both in Rio Tinto and in the capital of Huelva – decided to make a journey around the province to take to them his pastoral mission. Sandford was pleased to note his travels and tells us that:

“During the month of November (1881), I visited Huelva and the mines of Rio Tinto. There are about sixteen British residents in Huelva, along with a large number of British sailors coming and going. On the night of my arrival in Huelva, I gave a short sermon to some sailors and another in a service held at the house of the manager of the British mining company. I found the British cemetery in good condition. A four-hour trip in a line belonging to the company took me from Huelva to Rio Tinto, where there are about eighty British residents supervising thirteen thousand Spanish and Portuguese workers employed in mines. These produce one million tons of ore each year. The ore contains 4 per cent copper, 48 per cent sulphur, while the remainder is mostly iron. The company consists of Scottish Presbyterians who have contracted the services of a Presbyterian minister to act as a chaplain for the British colony. The schools are run by the society for the children of Spanish and Portuguese miners. The company’s representative informed me about the mines and showed great kindness and hospitality to me“

With this simple, but clarifying paragraph written and published in 1883, Bishop Sandford reveals not only what was the creed of the members of the company, Presbyterian, but also their Scottish nationality, since Presbyterianism is the official Church of Scotland. Apart from this, Sandford – in a very helpful way – also writes as to how many British residents there were at the mine and by extension at Rio Tinto (about 80) and in the city of Huelva (about 16). These figures could increase when taking into account the families of those almost eighty employee residents in Rio Tinto, so the population could have been over one hundred people in 1881, when their wives, children and their servants are added.

1878: The first club appears

Those first workers who had long struggled to get the mine back on its feet and applied all their skills to make it profitable in 1878 – though this date is taken from the regulations published in 1966 – decided to set up in Sanz St, 2 the Rio Tinto English Club. This club was exclusively for men, employees who amused themselves playing cards, billiards, or visiting the reading room, and although their number was small, they promoted cultural activities. Since 1881 the exploitation of new deposits led to the arrival of new workers who joined the club, creating a need in 1883 to expand the building to accommodate its new members and allow the opportunity to practice, now that they were more numerous, new sports which required a greater number of men. Thus in 1884 they inaugurated their new headquarters in the district of Bellavista, a large wooden more comfortable residence with an open space in the surrounding area where they could play lawn tennis and team sports like football, cricket and polo.

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The Rio Tinto English Club was the first foreign club on Spanish soil and the first to be founded in Spain. However, readers may be confused by the fact that though most of the members were of Scottish origin, they decided to call themselves the English Club. The answer is simple: the original ‘gentlemen’s club’ idea was born in England during the 18th century for upper social classes and was a meeting place where their members were able to gamble, an activity banned in public taverns. These clubs became popular among the middle classes during the 19th century when the gaming became less important, and political debates and other activities such as literature, sports, art, travel, etc., became the main goal in order to justify their existence. Their spread through the rest of the UK was very common and then to the rest of the British Empire, becoming a commonplace in any locality where there was a group of British citizens, whatever their actual nationality.

1889: The second club appears

The Scots also had an important role in the second club founded in Spanish territory. In this case not everything was based on the mining company, though its shadow was everywhere, since it was the economic engine of the province and the main source of income. The story began in 1879 when the Scottish engineer born in Aisley, Charles W. Adams, was transferred to Huelva to manage The Huelva Gas Company Ltd., a concessionaire company in charge of replacing oil for gas lamps. Adams was a great fan of sports and, in 1884, was acquainted with the Scottish doctor William Alexander Mackay, who was born in Lybster. In 1883 William Mackay had been hired by the Rio Tinto Company Ltd., at a time coincidentally when his brother, John Sutherland Mackay, was the chairman of the Rio Tinto English Club. William, moved to the city of Huelva in 1884 to work at a clinic, and then forged a strong friendship with Adams, both united by their love of sport, and they organized sporting and social events until on 23rd December 1889 they created the Huelva Recreation Club.

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The club had a social headquarters provided by the mining company and from the very beginning they expressed their intention to promote lawn-tennis, a sport in which they had great interest, and secondarily other sports, including football and cricket, besides the practice of other activities such as ballroom dancing, hiking and making trips throughout Andalusia. Their first football match took place in 1890 against Sevilla FC, a club founded that year.

1890: The third club appears

The third club was formed outside of the province of Huelva, specifically in the regional capital of Andalusia, Seville. Its origin followed the same pattern as the previous two clubs, since it was formed by the getting together of British-born workers who were temporarily working in Spain or had definitively settled here, although in this case the Spanish presence was somewhat more significant. Long before the foundation of the clubs in Rio Tinto or Huelva, in 1859 the Scottish shipping company McAndrews & Company Ltd. began to operate in Seville, where they established their main base for the whole of the country. Citrus fruits, grain and minerals were exported from Seville to the main British ports. There were some permanent workers at the river port who soon befriended the British workers of the Seville Water Works Company Ltd. established in 1882 and the Anglo-Spanish foundry Portilla, White and Co.

A friendship between Isaiah White, one of the joint owners of the foundry Portilla, White and Co. and Edward Farquharson Johnston, one of the owners of the Scottish shipping company, who was born in Elgin and had been the British vice-consul in the city since 1879, led to the creation of the Sevilla Football Club on 25th January 1890. Unlike the two previous clubs from the province of Huelva, Sevilla Football Club was primarily and solely devoted to football practice, which makes it the first football club ever founded in Spain. Johnston was not the only Scot in the club. In fact, in the first match ever played on Spanish soil between two organized clubs, Sevilla FC’s team included Thompson and Hugh MacColl, both born in Scotland, although the origin of the surnames of players like Geddes, McPherson and Logan, also suggest this nationality.

1895: The fourth club appears

In this case, we move from the south of Spain to the Barcelona town of San Vicenç de Torello, a municipality located along the banks of the river Ter, where the Scottish company J. & P. Coats Ltd. started a textile factory. The Scots were very interested in building a factory in Spain as their main site for the manufacture and trading of yarn. In 1890, with some additional Catalan capital from the company Fabra and Portabella SA, they started the construction of a factory in what at that time was known as Borgonyà farmhouse, just outside of San Vincente de Torello. The size of the company was soon such that they had to build a residential neighbourhood closeby for the staff and some of the workers. Its construction, along with all kinds of facilities such as schools, a cemetery and everything they needed, was finished in 1895.

The Borgonya colony, known as ‘the English’ although they were almost all Scots, acquired a sports field to provide for the recreation of its inhabitants and the creation of a football club, which was an unknown sport in the region except for a small group who played it in Barcelona. This club, whose board is not known, took the name of “Asociación de Torelló” and it was the pioneer in Catalonia for the spread of football in the area, where there are some recorded matches played by the team against the Barcelona Football Society.

Other Clubs in Barcelona

The increasing presence of British companies in Barcelona with interests especially in the textile industries and to a lesser degree in the railway and other industries, brought with it the arrival of many English and Scots to the city and its surroundings. Within the Barcelona Football Society – a club founded in 1893 and chaired by the British consul Mr. Wyndham – for sure, there would have been Scottish players in their squad, likely a far from negligible number taking into account that all of them were called “British”. When this club disappeared in 1896, without any rival in the area at that time except for the Torelló Association, a number of its previous members and some new ones formed the so-called English Club, playing every Sunday morning at the Bonanova Velodrome.

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Later, in 1898, a Swiss named Hans Gamper, together with several compatriots, wanted to join a club in Barcelona. Gamper tried a gym in Tolosa where it was said that a club was being formed, but after talking to professor Vila, its owner, he was not allowed into the team, not because he was a foreigner, but because he was a Protestant, since the gym already had members of Scottish nationality who were Catholic. Gamper had to go to another gym with a hygienist tradition, the Solé Gym, whose leader himself was interested in helping Gamper to start a football club.

Encouraged by the Solé leader’s words they recruited several volunteers. The team was completed with a dozen or so members drawn largely from the English Club, some of whom were Scots, together with men from other countries. Also involved were native citizens of Barcelona, some of whom were members of the disbanded Barcelona Foot-Ball Society. In parallel with this there was a call from the Tolosa Gym, whose football section was transformed on 21 October into the Foot-ball Club Catalá with Catalan and foreign players, especially English and Scottish Catholics. This led to the formation of the club that would become the most important football institution in Barcelona, the Foot-ball Club Barcelona, created on 29 November of that same year.

The presence of Scots was numerous at that time and in the first months of 1900 the Scottish FC (FC Escocés) was formed, a club formed by players of the Scottish colony who belonged to the Fabra Yarns Company, a partner of C. & P. Coats Ltd. located in the district of Sant Andreu. This club would last only a short time because a number of their players lined up at the same time for “FC Escocés” (Scottish FC) and F.C. Catalá. For this reason, they were denounced by FC Barcelona, causing their dissolution. The powerful Hispania Athletic Club was then formed with some former players of “FC Escocés”. This club was directed, amongst others, by Alfons Macaya, Eduard Alesson, Fermin Lomba and Carlos Soley and would become the predominant club during the early years of the 20th century, even ahead of F.C. Barcelona.

The Scottish footprint in Spanish football

The presence of Scottish citizens in each and every one of the companies where the first football clubs on Spanish soil were based is something that we have clearly shown, but if we look at the essence of all those clubs, we discover that the Scottish “footprint” is greater than the English in all the cited cases, something that until now has hardly been discussed for various reasons, and for many years has gone unnoticed in the eyes of many scholars blinded by an erroneous Spanish custom of labeling everything from the British Isles as English.

Investigating the roots of our football is an obligation for all those who feel a concern for research into this sport, but when you make a thorough study and uncover new findings, it is also common sense and the duty of those researchers, to share them with the whole community in order to make them known.

The role played by those pioneers who came to Spain in search of fortune and brought their customs with them has produced a cultural, social, technical and sporting enrichment of our society. This has resulted in the wonderful sport of football that has trapped millions of the Spanish people today.

© Vicent Masià. December 2012.

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por Vicent Masià

 

La soledad del historiador futbolístico

Toda aquella persona que siendo amante del fútbol desde niño y un día cualquiera, ya adulto, decide hacerse historiador o siente la vocación de investigar en la historia para transmitirla a los demás, se convierte en un “rara avis”, buena definición para empezar. Y digo esto porque lo normal, lo más cuotidiano gustándole el fútbol a uno desde pequeño es seguir la evolución de la vida y continuar sus pautas, o sea, jugar desde pequeño, seguir jugando desde más mayor, luego si eres bueno formar parte de un club, si eres muy bueno ser profesional, hacer carrera… o si eres normalito o flojo, abandonar cuando te aburras y dedicarte a ser entrenador, ir los fines de semana al estadio con tu novia, amigos, tu mujer a partir de cierta edad o con los hijos cuando eres más mayor. Incluso también es normal hacerte aficionado de sillón y ver los encuentros de la tele con una cerveza solo o acompañado, en el bar o incluso repudiar el fútbol y no querer saber nada más de él.

Hacerse historiador, o en el caso de quien escribe estas letras, pretender ser un transmisor de hechos acaecidos en la historia del fútbol, es una tarea bastante complicada. Para empezar y si se decide emprender este pedregoso camino, hay que saber que no hay escuelas, academias, facultades universitarias o centros homologados donde se realicen estudios durante un periodo determinado y al final, si cumples con los requisitos, eres bueno y apruebas, te dan un título oficial enmarcado en una orla. Nada de eso existe. El camino formativo lo elegirás tú en función de tu intuición y dependiendo de tu acierto y esmero tendrás mayor o menor éxito en lo que persigas, o de lo contario, simplemente te habrás equivocado en tu elección.

Los motivos que llevan a una persona aficionada al fútbol a tratar de ser historiador son diversos y es frecuente que no haya un único patrón, sino varios. Así pues encontraremos desde quien fracasando con la ilusión de ser futbolista y teniendo en alta estima a este deporte decide colgar las botas y coger lápiz y papel, a quien debido a un suceso trascendente y conflictivo en la historia de su club decide investigar para resolver un enigma, otros que su única ambición es rescatar la historia de su club de siempre, otros que no estando de acuerdo por lo expresado tradicionalmente por otros historiadores deciden aportar su propia opinión, unos menos que son escritores, simpatizan por un club y son requeridos para contar su historia, algunos que desde pequeños sentían curiosidad por la historia de un club y de mayores decidieron dedicarse aficionadamente a ello, una inmensa mayoría que son periodistas y viviendo en primera persona muchos hechos deciden un día contar sus experiencias, hasta otros que la vocación les apareció ya creciditos pero con una ilusión tremenda.

Con todos estos precedentes y siendo la dificultad de la empresa tangible, el historiador sabrá desde el principio que se encuentra solo en su aventura y que la única compañía de la que dispone durante su periplo investigativo es la de los libros, los periódicos y en menor escala de los testimonios orales de algunos protagonistas.

El historiador frente a la prensa escrita

Cuando alguien se dedica a investigar cualquier dato futbolístico, sea actual o del pasado, independientemente de su mayor o menor capacidad de trabajo o de talento, ha de tener siempre presente que la información que se requiere puede estar escondida en cualquier medio. Generalmente y como punto de partida, todos tendemos a indagar en lo que primero que tenemos a mano: un libro, una enciclopedia, una revista, un documento y si la cosa se complica mucho recurrimos a sitios más específicos como la biblioteca que hay en nuestra localidad o la hemeroteca de la ciudad más grande de nuestro entorno. Otro recurso cada vez más habitual, sobre todo gracias a la época en la que vivimos y que desde hace años ha adquirido una gran importancia, es la consulta de las distintas hemerotecas digitales que recientemente algunos periódicos y bibliotecas de implantación nacional han tenido a bien poner a nuestro alcance en Internet.

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En segundo plano y con una fiabilidad mucho menor, aunque no por ello muy importantes y en algunos casos concretos fuentes únicas, encontraríamos los testimonios orales, manifiestos interesantes a veces trascendentales que en muchas ocasiones no nos aseguran una completa veracidad por diferentres motivos como pueden ser la diferencia de años transcurridos desde que el suceso ocurrió hasta que nos es contado, por la parcialidad del relator a la hora de contar un suceso enfatizando lo que a él le interesa o bien por el estado mental degenerativo de quien nos relata el pasaje en el supuesto de tratarse de una persona de edad avanzada, aunque dicho sea la longevidad no es siempre sinónimo de falta de memoria y algunos gozan de una realmente prodigiosa.

Tan importante como la fuente de información y, en algunos casos incluso más, es la actitud y total imparcialidad que debe demostrar el investigador frente a lo que aparece ante sus ojos, dejando siempre y de forma obligatoria de lado su ideología, credo, estatus social, los falsos mitos adquiridos por su entorno más cercano y en especial el regionalismo o localismo que tantas veces influye, lamentablemente, a la hora de interpretar un documento. Un profesional ha de ser absolutamente neutro y abstraerse de cualquier influencia externa por pequeña que sea esta, concentrándose y siendo plenamente consciente en todo momento que el documento o testimonio que está consultando -en el caso de estar redactado en papel-, fue escrito por otra persona que con toda probabilidad fue testigo de lo acontecido en el mejor de los casos, o bien fue informada por una tercera que le narró oralmente cómo se desarrolló un hecho. De la voluntad de quien realice el escrito, de su particular forma de ver las cosas y de la nitidez y honradez testimonial de quien haya contado la historia en el supuesto de que sea un tercero, dependerá el que la noticia sea más o menos calcada a como sucedió en verdad.

Cautela y precaución, dos herramientas indispensables para llevar en la maleta

Sin embargo no es oro todo lo que reluce y el empleo de la prensa como fuente informativa histórica debe hacerse con muchísima y cuidada precaución, siendo la cautela nuestro mejor aliado. Los periódicos, nacidos hace bastantes siglos atrás, desde que a mediados del s. XIX adquirieron una gran notoriedad en medio de la Revolución Industrial y luego tomaron una periodicidad diaria, desde el principio eran medios de comunicación que recogían el sentir y forma de ver la vida de la empresa, partido político o institución que pagaba la confección del rotativo. Cada diario era un mundo y conocer las principales características de las personas que había tras la firma de una noticia o comentario, de su ideología o del interés del grupo humano que había detrás de cada publicación, es casi o más importante en muchas ocasiones que la propia noticia en sí.

De este modo y haciendo hincapié en lo que indican los estudiosos, a la hora de sopesar cualquier información siempre es fundamental conocer a qué tipo de lector va dirigida una noticia, qué empresa, sociedad o partido político está detrás de una editorial y desde luego cuál es el objetivo de la publicación. A pesar de que todos los periódicos traten de aparentar transparencia, mostrar objetividad y fomentar buenas intenciones, nunca hay que creerse a pies juntillas la transmisión de una noticia o evento porque todos tienen, aparte de los rasgos personalizados de quien escribe, una tendencia con una influencia ideológica muy marcada.

En la lectura de una noticia también es básico y en ocasiones de extrema importancia, entender el contexto social y político en el cual fue redactada. En el caso de la investigación a través de prensa histórica, no es lo mismo situarnos en la época actual donde vivimos inmersos en un mundo globalizado y donde las costumbres entre los pueblos cada vez son más comunes que, retrotraernos ciento treinta, ciento veinte o cien años atrás donde las distancias eran enormes a nivel social, cultural y costumbrista, y donde pueblos separados por apenas un centenar de kilómetros representaban dos mundos muy alejados entre sí.

Si además avanzamos por la geografía y recurrimos a hechos relacionados con sociedades procedentes de distintos países, caso de las colonias de trabajadores de origen británico en el suroeste peninsular, Barcelona o Bilbao, todo se magnifica puesto que desde el punto de vista social apenas hay relación entre los distintos pueblos implicados, no existe inmersión social ni se comparten costumbres y las diferencias se acrecentan de tal modo que apenas hay contacto dado que la lengua, tecnología y poder económico suponen barreras infranqueables, sobre todo si ambas culturas se concentran en un entorno rural.

Cuando el investigador se encuentre con una noticia relacionada con el tema en el que está interesado y esta haya sido escrita en un periódico con alrededor de un centenar de años, deberá hacer un esfuerzo y ser capaz de trasladarse mentalmente a aquella época e imaginar cuál es el contexto social en el que se desarrolla el evento, cuál es la ciudad, quiénes los protagonistas, a qué capa social o estamento pertenecen, qué les une y por qué motivo surge esa noticia en prensa. Habrá de apartar su personalidad y concepción del mundo actual y convertirse en uno de ellos, notar cómo vivían en aquellos tiempos, qué transportes habían, cómo eran las comunicaciones, la ropa, los zapatos, las botas y la indumentaria deportiva, pero también cómo era el balón, el campo de juego, la portería y los posibles espectadores que por curiosidad observaran el encuentro.

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Quizás se hallen expresiones desfasadas por parte del cronista que relató un suceso, carentes de sentido en el s. XXI, incluso mezclas de términos deportivos británicos y españoles, referencias a edificios que ya no existen o costumbres perdidas desde hace años que ya nadie recuerda. Si además el relato que se consulta está escrito en inglés o cualquier otro idioma extranjero, la dificultad se incrementará notablemente y se deberá precisar de un buen intérprete o de un traductor digital a no ser, como es comprensible, que se dominen con cierta soltura otras lenguas.

Pero donde deberá aplicar los cinco sentidos y ser extremadamente cauteloso es cuando interprete la noticia y decida hacer uso de ella transmitiéndola a otras personas igualmente interesadas en la misma. En ese momento ha de saber que dependiendo de cómo cuente las cosas puede influenciar en quienes la lean ayudando a crear una opinión o propiciando una información que puede ser desde totalmente neutra y transparente hasta partidista, personalista, tendenciosa o manipuladora.

El investigador, finalmente, ha de tener en cuenta que el medio donde ha encontrado una noticia importante o no tan decisiva, no es de su uso exclusivo ni ha sido escrita en concreto para él, sino que está publicada para miles o decenas de miles de personas que al igual que quien investiga también aplican los cinco sentidos y están igual de capacitados para trabajar con ella. Si en la noticia pone textualmente, pongamos como ejemplo “Teruel Football Club”, nadie podrá interpretar que se trata del Club Inglés de Teruel, de un club sin nombre o de un grupo de vecinos de procedencia británica que comparten una afición y han creado una peña para distraerse, sino que se estará hablando a las claras del Club o Sociedad de Fútbol de Teruel, sea cual sea el origen de sus jugadores. Basta recordar que el hecho de que un colectivo de personas se autodenominen “club” no es una cosa ni mucho menos azarosa puesto que este término, “club”, significa encontrarse en un escalafón superior al que proporciona el tratarse de un simple equipo o una pandilla de amigos, es decir, el uso del término “club” implica siempre la existencia de una junta directiva constituida y la elección de un nombre implícito donde todos sus miembros quedan reconocidos.

Los nombres de los clubs, jugadores, ciudades o estadios no son interpretables y jamás se prestan a equívocos. Son lo que son, sin más. Las interpretaciones en una crónica futbolística sólo caben en las apreciaciones sobre la actitud, facultad física o estado anímico de un jugador, del colectivo de jugadores que forman un equipo, de lo bien o mal que se ha jugado un encuentro para quien lo comenta o de lo que el árbitro estime conveniente o no pitar. Pero en los nombres, nunca.

La aparición de Internet

La irrupción de Internet como medio de comunicación desde hace unas décadas y en especial el espectacular crecimiento que ha adquirido desde hace unos años ofreciendo cada vez más información, ha significado una verdadera revolución en la forma de trabajar al tratarse de una herramienta excepcional, alterando los métodos hasta la fecha empleados y muchos de los cánones tradicionales. La Red regala a gran parte de los historiadores una mayor flexibilidad al prescindir de tener que realizar incómodos viajes a la hemerotecas y bibliotecas, tener que desplazarse a ciudades alejadas para hacer un seguimiento y por lo contrario, acerca hasta el hogar un abanico de recursos de los cuales se carecía.

La nueva tecnología ha supuesto arrancar nuevamente trabajos que se encontraban paralizados, con el freno echado por falta de datos, también ha acelerado otros que iban muy despacio imprimiéndoles una nueva marcha y sobretodo se ha convertido en una de las herramientas más importantes para cualquier persona que tenga necesidad, por el motivo que sea, en localizar un dato en concreto.

Internet abre un mundo nuevo para el investigador y multiplica enormemente las posibilidades de dar con una noticia o dato que por otros cauces su normal localización sería casi imposible o complicada en exceso. Internet crea nuevas expectativas que pueden llevarnos al éxito en muchos campos y hoy en día es la principal vía de acceso informativa para muchos historiadores o investigadores que indagan sobre un hecho relacionado con el fútbol o con cualquier otra cosa.

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Pero su importancia no radica y beneficia solo a nivel particular, sino también a nivel colectivo. Los distintos foros, blogs o webs que han ido naciendo por doquier están dando una dimensión nueva a la forma de encontrar información, circulando por estos medios miles y miles de datos que anteriormente permanecían en el más absoluto de los secretos o arrinconados a la espera de que alguien no sólo diese con ellos, sino que además los valorara en su justa medida y tuviese el acierto de publicarlos para la gran masa.

Hoy en día y cada vez más, somos capaces de escribir una palabra y con un simple click tener acceso a muchos datos que hasta no hace mucho costaban una barbaridad encontrar y más aún descifrar y comprender. Lo positivo de la red y apuntalado queda en esta tendencia, es que en el futuro próximo lograremos tener un mayor dominio de nuestra historia y de todo lo que sucedió en su día respecto a las vicisitudes de muchos clubs, federaciones, incluso grupos de personas que fueron pioneros en estas tierras a la hora de divulgar el fútbol entre todos nosotros.

El asociacionismo dentro de Internet

Gracias a Internet y créanme, es un grandioso avance, personas con gustos afines pueden descubrirse mutuamente y aunar esfuerzos para encontrar datos, compartir información y dirigir una investigación de forma conjunta para obtener un resultado satisfactorio con mayor brevedad de lo que hasta la fecha era posible. La facilitación de apuntes y el correspondiente envío en uno y otro sentido entre varias personas por muy lejos que físicamente estén, es algo harto positivo que mejora cualquier investigación y amplía sensiblemente nuestros conocimientos para tener un mayor dominio de la materia, un placer para el que mentalmente estábamos antes preparados pero para el cual la técnica lamentablemente todavía no seguía nuestro compás.

En los tiempos en que vivimos no es nada extraño comprobar cómo a través de la red se han ido creando poco a poco pero sin detenimiento nuevas páginas, donde sus gestores proceden de diferentes provincias y a pesar de la distancia, la información fluye con total naturalidad y se pueden obtener resultados espectaculares llegando con todos los datos en ellas expuestos a reunir una gran multitud de seguidores cada día o en los fines de semana. Algunas de ellas, por fortuna, incluso han ido más allá alcanzando un volumen informativo notorio capaz de proporcionar ingresos monetarios a sus gestores por diferentes caminos como el de la publicidad que les permite vivir desahogadamente, algo impensable apenas una década atrás cuando nadie creía que mantener una Web llegase a ser un trabajo remunerado.

El asociacionismo en la red, definitivamente ha sido y está siendo una auténtica revolución en la investigación, un motor bajo cuyas revoluciones e inercia está sirviendo de impulso para que muchas personas tengan un medio a donde agarrarse y conseguir en un corto espacio de tiempo un privilegio informativo que nunca antes se tuvo al alcance.

Los peligros de Internet

A pesar de todas las ventajas que ofrece Internet al historiador o a cualquier persona que se proponga localizar un dato, como en todas las cosas de la vida, también hay pie para los inconvenientes y para lo negativo. Internet es una herramienta rica en contenido y muy amplia donde caben todo tipo de preguntas y de respuestas, un mundo libre en muchos casos difícil de controlar donde existe una innumerable cantidad de información que nos proporcionará hasta varias salidas con diversas versiones para una misma cuestión, permitiéndonos consultarlas todas si nos apetece y escoger la que creamos más idónea para saciar nuestra inquietud.

Esta abundancia de recursos que aparentemente es beneficiosa para obtener datos, en algunas ocasiones -si no se anda con cuidado y con pies de plomo-, puede tener finalmente una doble lectura y lo mismo que en la mayoría de los casos resulta “cara” si la fuente es fiable, está contrastada y todo parte con la mejor de las intenciones, pueden existir unos menos muy nocivos donde el resultado sea “cruz” si por desgracia se elige una fuente contaminada, en absoluto contrastada, en la que nos sumerjamos alegremente y después de haber salido inicialmente satisfechos frotándonos las manos al localizar lo que buscábamos o deseábamos encontrar, a continuación -y en el mejor de los casos- nos demos cuenta con el paso del tiempo que lo hallado está manipulado intencionadamente o bien, tras el aviso de alguien, no ha sido contrastado con suficientes garantías, siendo nosotros mismos los que corramos el riesgo de convertirnos en un eslabón más en la cadena que ayude a transmitir ese dato o historia.

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La Red es un medio de comunicación donde un elevadísimo tanto por cien de las personas que aportan documentos o información -en este caso sobre fútbol- actuarán de buena fe, pero no nos dejemos arrastrar por el positivismo y la inocencia y pongamos los pies en el suelo siendo realistas, también un espacio hábil para dejar -aunque no sea deliberadamente- información incorrecta no suficientemente depurada que al no ser contrastada debidamente induzca a errores o a divulgar noticias o datos no del todo ciertos. La universalización de este medio y las puertas abiertas de par en par para que cualquier persona -sea cual sea su nivel de preparación, estudios, formación y cualificación-, tenga la posibilidad de dejar un mensaje u opinión sin estar documentada, es un riesgo enorme que puede tener consecuencias muy dañinas para el colectivo de internautas que inocentemente, sin ningún mal pensamiento, pueden leerlo.

No ser cautos con este tipo de documentos que pueden ser imágenes, escritos, grabados o recortes de prensa, puede ser un acto de irresponsabilidad por nuestra parte, así que lo mismo que exigimos transparencia y pulcritud a los demás con lo que aportan a la Red, también es obligación por lo que nos corresponde auto-exigirnos sentido común a la hora de analizarlos o emplearlos. Internet es una ventana a la que hay que saber asomarse, de lo contrario, te puedes caer.

La Red, dentro de su amalgama de posibilidades y en el peor de los casos, también tendrá un rincón reservado a personas que, aprovechando todas la ventajas que les ofrece un medio de comunicación tan espléndido como este, intentarán por cualquier medio expresar ‘su verdad’ y particular versión de los hechos a través de distintos manuscritos intentando convencernos para captarnos como adeptos siempre en base a un determinado interés que puede albergar cualquier tipo de trasfondo.

La intencionalidad de estas personas aparentemente se presentará inicialmente como inocua y poco a poco, sin darnos apenas cuenta, descubriremos cómo ensalzan que su interés no es otro que rescatar la verdad, defender una causa por haber sido agraviada o vilipendiada por otros y finalmente se auto-proclamarán como adalides de un colectivo donde nadie es capaz de empuñar la espada por el mango para hacer frente a un ultraje que solo ellos son capaces de ver. Ese precisamente, no es el camino. La historia a veces ofrece varias caras y nuestra visión no es siempre la única, pueden haber otras igual de válidas.

Atentos también a aquellos que en río revuelto ofrecen o venden productos sin contrastar, muchas veces totalmente falsos, inventados o de escaso rigor, presentándolos como originales u oficiales y contando de antemano con la inocencia e ignorancia de quien se fija en ellos para sacar provecho económico. Ojo con Internet.

El futuro de la investigación

El mundo de la investigación en el fútbol español tradicionalmente ha sido un campo reservado en su gran mayoría a periodistas o a personas relacionadas con el mundo de la información directa o indirectamente. Hoy en día aún es así en un elevado tanto por cien, pero desde hace unos años el incremento de personas procedentes de otros sectores ha adquirido una gran notoriedad de la que apenas hace unas décadas carecía.

Sin embargo, y si tenemos la fortuna de conocer las trayectorias personales de estos neoinvestigadores, veremos que casi todos ellos han seguido un camino muy parecido al recorrido por los periodistas, es decir, la gran mayoría han emprendido una aventura en solitario aislados de otros investigadores lo cual tiene sus ventajas y también, cómo no, sus desventajas. Entre lo positivo destaca la cultura del esfuerzo, un ansia por mejorar lo conocido que reporta siempre grandes descubrimientos y unas ganas increíbles de trabajar en beneficio de un colectivo que demanda información histórica. En lo negativo y dentro del baúl quedan las frustraciones por no encontrar lo que se busca, la cantidad de horas perdidas siguiendo una pista errónea y en especial, las limitaciones propias que genera el trabajar sin ayuda de otros.

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El futuro para la investigación presenta grandes retos como son bucear en los orígenes todavía turbios del fútbol en España, indagar profundamente en la aparición de los grandes clubs de finales del s. XIX, encontrar más información sobre clubs históricos que un día tuvieron mucho protagonismo y de repente lo perdieron, localizar más símbolos -verdaderos iconos y signos característicos que dan personalidad y marca- en torno a muchos clubs desaparecidos o aún vigentes que se han perdido y, sobre todo, uno de los principales desafíos del fútbol español todavía no resuelto: asignar la verdadera fecha de fundación de muchas sociedades basándose en criterios serios, contrastados, aceptados y consensuados por los distintos estamentos y profesionales que estén capacitados y facultados para hacerlo. Basta ya de emplear varios criterios, de dejarlo todo en manos de los clubs posibilitando la manipulación y basta ya de engañar a los aficionados.

Para afrontar estos retos u otros más que puedan surgir con un mínimo de garantías, la herramienta ideal para salir victoriosos -como ya se ha indicado- es el asociacionismo entre grupos de diferentes historiadores. La unión hace la fuerza y en los tiempos que vivimos, en la era en que Internet y la informática han supuesto un espaldarazo sin igual para el desarrollo de estos temas, la inter colaboración honesta entre personas que sientan la misma inquietud por uno o más temas es básica. El trabajo en grupo con los modernos medios actuales en los que la distancia geográfica ya no es una barrera inquebrantable, puede aportar grandes beneficios a las labores investigativas al ser varias las personas y no sólo una, las que afronten una tarea de forma organizada. De nosotros depende.

© Vicent Masià. Noviembre 2012.

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por Vicent Masià

 

Dice un antiguo proverbio oriental que “si cortas tus cadenas te liberas, pero si cortas tus raíces te mueres”.

Los españoles ante el resto de los pueblos

Que los ingleses son naturales de Inglaterra es una obviedad bien palpable e indiscutible, pero que el origen del fútbol español esté en muchos de los ciudadanos ingleses -y por extensión en Inglaterra- que a finales del s. XIX pasaron unos años de su vida laboral en España, es una afirmación de frecuente uso diario por parte de muchos aficionados que habría de analizarse con peros y señales. Analicemos por qué.

Los españoles, quizás por nuestra peculiar forma de ser o por razones puramente geográficas al pertenecer a un país periférico europeo rodeado en una gran extensión por mar, desde nuestro peninsular aislamiento nunca hemos tenido muy claro -salvo honrosas excepciones-, cuál es la pertenencia o naturalidad étnica de muchos de los extranjeros que nos han visitado, de algunos de los países de nuestro entorno y no digamos, de aquellos hallados en confines de otros continentes a miles de kilómetros de nuestro hogar.

Desde hace muchísimos siglos es común, algo que no debería pero se ha convertido en normal, el generalizar y juntar bajo un mismo paraguas a algunas personas procedentes de un mismo territorio por muy basto que este sea y por muy distintas que sean sus señas de identidad, agrupar a otras por sus rasgos físicos o color de piel, a otras por su religión y a otras por su hábitat o entorno cultural de parecidas características. Una percepción o mal compartido que nos cuesta ignorar la gran cantidad de pueblos que existen en el mundo y no apreciar la diversidad de costumbres que reúne el ser humano en base al lugar de su procedencia.

Así pues tradicionalmente a los árabes de origen sirio y religión musulmana que ocuparon España durante varios siglos les denominamos moros, el mismo gentilicio que a todos los habitantes del Magreb norteafricano, en cuanto a moros son solo los de origen marroquí. A casi todos los pueblos de la extinta Unión Soviética les consideramos rusos, a los pueblos del norte europeo les solemos llamar suecos, lo sean o no, a los neerlandeses les consideramos holandeses cuando en este país hay zelandeses, brabantinos o frisones, por ejemplo, a los oriundos de América del Sur o Centroamérica se les denominó en su día indios, a casi todos los pueblos de rasgos orientales les llamamos chinos, etc.

Los distintos pueblos que habitan el archipiélago británico no podían escaparse a esta tendencia generalista con la cual los españoles nos encargamos de reconocer a aquellos ciudadanos de similares caracteres y fruto de ello pocos son los que distinguen que estas islas engloban a dos estados como son la República de Irlanda por un lado y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte por otro. Si indagamos algo más y nos detenemos con uno de los dos, los del Reino Unido, comprobaremos que es un estado con cuatro nacionalidades definidas: Inglaterra, Escocia y Gales dentro de la Isla de Gran Bretaña e Irlanda del Norte al norte de la Isla de Irlanda.

Ningún irlandés se considerará inglés, ni ningún inglés manifestará ser galés, ni mucho menos aún un escocés exclamará ser inglés tras toda la historia que les persigue. Sin embargo para nosotros, sin serlo, todos nos parecen iguales y los etiquetamos gratuitamente como ingleses sean de Glasgow, Swansea, Belfast o Liverpool. Pero aún más, al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte no tenemos reparo alguno en llamarle Inglaterra, como si tal cosa, en cuanto Inglaterra es una de las cuatro porciones del Reino Unido, no la única.

La necesidad de capital extranjero durante la segunda mitad de s. XIX

La guerra que mantuvo España frente a las tropas francesas de Napoleón a principios del s. XIX ocasionó un enorme gasto en las arcas del país que nos hundió económicamente. A consecuencia de ello el déficit se disparó y el Gobierno tuvo que promover dos desamortizaciones prácticamente consecutivas, la emprendida por Mendizábal en 1836 y la de Madoz en 1855, para amortizar la deuda pública e invertir en infraestructura, siendo esta última la que más rendimiento obtuvo después de expropiar un enorme patrimonio que estaba en manos del propio Estado, de la iglesia, bajo órdenes militares y en menor número en los ayuntamientos.

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España se veía en gran desventaja frente al resto de potencias europeas y en aquellos instantes se temía perder el tren de la industrialización que tantos beneficios acarreaba a sus promotores, siendo el Reino Unido sobre todo su cabeza más visible seguido de Francia y en menor escala por Alemania. La producción de acero se convirtió en una necesidad ineludible, una verdadera cuestión de Estado para subirse al caballo del progreso, pero el camino no era fácil y antes de abordar tal empresa cabía afrontar otras cuestiones.

La apuesta siderúrgica requería carbón como combustible, el carbón precisaba de un medio de transporte para ir desde la mina a la industria y en el caso de España, minas habían pocas, su extracción era cara y el transporte una utopía. Hacían falta ferrocarriles para interconectar las fuentes de materias primas con los centros de manufacturación, como también era necesario disponer de barcos de vapor fabricados con hierro y posteriormente de acero que consumían gran cantidad de carbón para importar este mismo mineral de otros países con más producción y calidad. Este círculo supuso un verdadero desafío y el Gobierno se las tuvo que ingeniar para dar una respuesta que pasaba -sin otra opción- por permitir la entrada de capital extranjero.

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El Estado crea en 1856 la Ley de Sociedades de Crédito y tras su inmediata aprobación se inician una serie de movimientos financieros que dan origen a de tres grandes instituciones: la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español, con capital francés y constituida para dar cobertura al déficit presupuestario español a través de adquisiciones de deuda pública y la financiación de empresas del sector público, en segundo lugar la Sociedad Española Mercantil e Industrial, con capital alemán y en tercer lugar la Compañía General de Crédito de España, con capital también francés. Todas las compañías apuestan por el ferrocarril como vía de desarrollo y todas se ven abocadas a importar locomotoras a vapor británicas, las mejores del mercado, llegando con ellas una gran cantidad de técnicos y personal especializado que serán la primera oleada de extranjeros que vienen con fines pacíficos y no bélicos como hasta la fecha había ocurrido.

1868 y la Ley de Bases

Aunque la presencia de empresas de origen extranjero echa raíces tímidamente en el s. XVIII, no es hasta principios del s. XVIII cuando la proliferación de empresas mixtas con algo de capital español y mayoritariamente de otros países europeos empieza a adquirir un peso significativo. Los altos aranceles con los que se gravaba a los inversores no patrios ahuyentaron a posibles industriales con intereses comerciales y fomentó la picaresca, de modo que muchas de las inversiones extranjeras estaban detrás de empresas encubiertas donde se empleaban testaferros españoles.

Fracasado el modelo proteccionista y muy necesitado de dinero fresco, a lo largo de 1868 el Gobierno afrontó una serie de reformas en las leyes que controlaban las explotaciones mineras y el panorama español quedó al fin regularizado pasando de ser intervencionista con el patrimonio a convertirse en totalmente liberal para todo tipo de empresas fuesen españolas o extranjeras. La necesidad de recaudar dinero para sufragar los gastos que requería industrializar España y así recortar la distancia que cada vez era más significativa respecto a países como el Reino Unido, Francia o Alemania era imperiosa, máxime tras los gastos invertidos en sofocar las guerras carlistas que tanto daño habían hecho en el país.

La promulgación de la Ley de Bases del 29 de diciembre de 1868 sobre minas y la posterior Ley del 19 de octubre de 1869 favorecieron la concesión a perpetuidad a cambio de tasas por extensión de área explotada y la creación de sociedades mercantiles privadas e industriales, quedando abiertas las puertas de par en par para aquellas formadas por capital extranjero puesto que el español, muy debilitado, escaseaba para afrontar tales retos.

Franceses, alemanes, belgas y fundamentalmente británicos, estos últimos pertenecientes a la primera potencia industrial y económica del momento, se abalanzaron sobre el territorio español en busca de fortuna como si de la tierra prometida se tratase, organizándose grandes empresas para la ocasión si no existían ya, que a partir de los primeros años setenta empezarían a instalarse en el país iniciándose a partir del momento una mejora sustancial en las paupérrimas arcas dependientes del Estado.

Escocia

Situada al norte de la isla de Gran Bretaña donde ocupa un tercio del total del territorio, la nación de Escocia es una de la cuatro que junto a Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte dan forma al estado del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Tradicionalmente enemistados con los ingleses por diversas razones entre las cuales destacan las religiosas y políticas, los escoceses mantuvieron su independencia hasta 1707, año en el cual rubricaron una unión con Inglaterra para dar forma al Reino Unido de Gran Bretaña. El pueblo escocés conservó su propio sistema legal, diferente al del resto de naciones de La Unión, siendo considerado desde entonces como una entidad jurídica distinta.

La idiosincrasia escocesa siempre le ha dado una marcada personalidad diferencial, contando con tres idiomas, el gaélico escocés de origen celta, y el escocés -dialecto del inglés- y el inglés, ambos de origen germánico. En los siglos XVIII y XIX Escocia tuvo una gran importancia en los grandes movimientos de la Ilustración y de la Revolución Industrial, adquiriendo las ciudades de Glasgow y Edimburgo un gran protagonismo que las catapultaron a liderar grandes iniciativas comerciales, intelectuales y culturales de gran influencia a nivel europeo y con ello mundial.

La ciudad de Glasgow, la más poblada y emergente, adquirió tal notoriedad que se convirtió en la segunda en importancia de todo el Imperio Británico, surgiendo un gran entramado empresarial que fue exportado a muchos países en proceso de industrialización. Empresas mineras, financieras, siderúrgicas, mecánicas, pesadas, navieras, textiles y alimentarias esparcieron sus tentáculos en negocios florecientes en otras latitudes, fijándose en una debilitada España como uno de sus principales objetivos para obtener suculentas rentas.

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Los escoceses en Inglaterra

Tras la caída de la Francia napoleónica y el agotamiento que padecía la otrora poderosa España, país cada vez más debilitado en todos los sentidos, el Imperio Británico se adueñó del s. XIX y convirtió en el estado más influyente de todo el planeta. Casi todo pasaba por sus manos e Inglaterra, la nación más prominente y poblada del Reino Unido, se transformó en la más pujante de la época siendo el motor del mundo. Su capital, Londres, se erigió en la ciudad más cosmopolita del Imperio y centro neurálgico de todas las decisiones.

Londres, al igual que Barcelona o Madrid lo son para el resto de españoles, era la ciudad donde se trasladaban todos los británicos que deseaban hacer fortuna o abrirse camino para prosperar. Allí estaban las grandes sedes financieras y allí se reunían todas aquellas empresas que querían figurar y tener un nombre.

Muchos escoceses que habían triunfado en su propia tierra a nivel empresarial, bien a través de iniciativas siderúrgicas, exportando material ferroviario, construyendo tendidos de cable, eléctricos, construyendo barcos, manufacturando textiles, etcétera, tuvieron que levantar en Londres una delegación o bien la sede principal de sus negocios. Pero también fueron muchos los escoceses que habiendo estudiado una carrera en las universidades escocesas, luego encontraron un puesto de trabajo en empresas inglesas que quedándose las islas pequeñas para acoger a todo el mercado nacional, precisaban de personas para introducirse en otros mercados sitos en el viejo continente o en la multitud de dependencias coloniales que el Imperio tenía bajo su soberanía en todo el mundo.

1873, llegan los pioneros escoceses

España a principios del s. XIX había pasado de estar ocupada por tropas francesas, que luego fueron expulsadas, a perder gran parte de las colonias que tenía en América del Sur y Centroamérica. El declive a nivel económico y hegemónico fue sustancial y la inestabilidad política no solo estuvo sustentada a nivel internacional, sino también en la península con las guerras carlistas que tanto daño hacían al país y sobre todo a su economía despilfarrando grandes sumas de dinero que eran necesarias para otros fines mucho más importantes que debatir quién era el legítimo aspirante al trono.

La apuesta del Gobierno español por atraer capital extranjero con el cual modernizar un estado caduco e insolvente que era incapaz por sí solo de prosperar debido a la inoperancia de muchos de sus nobles gobernantes, atrajo a muchas empresas de origen británico que habían desarrollado una brillante tecnología que conllevaba una prosperidad que se deseaba para el conjunto de los españoles.

Algunas de estas empresas ya tenían una trayectoria en nuestro país de varias décadas fruto de convenios interesados con testaferros españoles, pero a partir de 1870 la cantidad de británicos que tomaron rumbo hacia el campo abonado que significaba España fue un incesante hormigueo humano que iba a transformar una tierra maltratada por sus devaneos de grandeza.

Casi todas las empresas británicas que atravesaron el océano para hacer negocio en España tenían sede en la inglesa Londres y muchos de sus socios, directivos y empleados eran de esa nacionalidad, pero lo bien cierto es que la nacionalidad predominante en aquellos trabajadores emigrados no era inglesa como podemos pensar y se nos ha comunicado hasta la saciedad, sino escocesa. Para llegar a esta conclusión el camino no es nada sencillo puesto que muchas de estas empresas constan en suelo español como de origen inglés, pero es que además existe el problema en el encabezamiento de este artículo citado, de que los españoles consideramos o catalogamos a todo lo que viene de las islas británicas como de inglés.

En este bendito país a una playa donde acudan ciudadanos de habla inglesa, cementerio donde descansen presbiterianos escoceses en su mayor parte, a una iglesia presbiteriana, a un sacerdote presbiteriano escocés, a una naviera, empresa textil, de ferrocarriles, de cable marino, de locomotoras, barcos, máquinas de vapor, siderúrgica, minera o financiera donde se hable inglés, por muy escoceses que sean sus empleados y por muy escocesas que sean sus costumbres, se les considerará como inglesa. Y aún hoy lo seguimos haciendo.

Será estudiando e investigando su lugar de nacimiento cuando nos demos cuenta que no es oro todo lo que reluce y que la gran mayoría de los británicos que se instalaron temporal o definitivamente en la zona minera de Huelva, en Sevilla o Barcelona, eran originarios de Escocia y por lo tanto no ingleses.

Los escoceses y el fútbol

La relación de los escoceses con el fútbol, el arte de jugar a la pelota con los pies, es muy antigua pues arranca a principios del s. XV con un deporte muy distinto al actual que era una mescolanza de fútbol con rugby tal cual los conocemos hoy en día, pero con unas reglas que no han trascendido, aunque sí su brutalidad, motivo por el que fue prohibido por el monarca Jacobo I en el Acta de Fútbol sancionada el 26 de mayo de 1424.

Posteriormente en la ciudad de Aberdeen hay constancia de encuentros de fútbol hacia 1633, también con cargas corporales hacia el rival, pero con la salvedad que el empleo de las manos para coger el balón estaba permitido y nada se sabe de si se podía pasar este entre miembros de un mismo equipo o no.

Los colegios ingleses tomaron nota de este juego y a mediados del s. XIX progresaron en su evolución prohibiendo el empleo de las manos y favoreciendo el pateo del balón. Este significativo cambio propició un distanciamiento respecto al rugby que, tras unos años de práctica y constantes modificaciones, fue enriqueciéndose con las Reglas de Cambridge establecidas en 1848 y las Reglas de Sheffield escritas en 1857, dos códigos distintos para interpretar el fútbol que dotaban a este deporte de una personalidad cada vez más singular y lo hacían más atractivo para sus practicantes.

El 26 de octubre de 1863 y tras una serie de reuniones celebradas en la Taberna Freemason’s, los colegios ingleses se decantaron por las Reglas de Cambridge en oposición a las de Sheffield naciendo a la par un nuevo código futbolístico y la Football Association ó Federación de Inglaterra. El fútbol adquiría un nuevo rumbo y en Escocia su práctica fue recibida con entusiasmo incrementándose su popularidad con el nacimiento de varios clubs, hecho que repercutió en la disputa de varios encuentros entre ingleses y escoceses en la capital londinense de carácter no oficial hasta que el 30 de noviembre de 1872 y en el Campo de Hamilton Crescent de la escocesa barriada de Partick, Glasgow, se disputase ante cuatro mil espectadores el primer encuentro oficial a nivel de selecciones entre Escocia e Inglaterra con resultado final de empate a cero tantos.

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Un año después, en 1873, se creaba la Scottish Football Association que en 1874 ya organizó el primer Campeonato de Copa de Escocia y más tarde, en 1890, el primer Campeonato de Liga con once clubs: el Abercorn F.C. y el Saint Mirren F.C., ambos de Paisley, el Vale of Leven F.C., de Alexandria, el Dumbarton F.C., el Renton F.C., el Cambuslang F.C., el Heart of Midlothian F.C., de Edimburgo y varios clubs de la ciudad de Glasgow como el Third Lanark Athletic Club, el Celtic F.C., el Rangers F.C., y el Cowlairs F.C.

Después en 1876 surgía la Football Association of Wales y en 1880 la Irish Football Association. Sin embargo el área de influencia de la ciudad inglesa de Sheffield pareció seguir al margen de las reglas de la FA durante cierto tiempo, desavenencias que fueron solucionadas en 1878 con la definitiva unificación de ambas corrientes, la oficial de la FA y la de Sheffield.

Como suele ocurrir en estos casos y más con un deporte nuevo y en expansión, cada federación barrió para su casa y pronto las cuatro federaciones británicas aplicaron su personalidad a este juego adoptándose una serie de nuevas reglas que desvirtuaban el compromiso tomado en 1863. Hasta tal punto llegó el distinto camino que siguieron las diferentes naciones británicas que el 6 de diciembre de 1882 y desde la inglesa ciudad de Manchester se tuvo que crear un nuevo órgano, la Intenational Football Association Board (IFAB), recogiendo y unificando las reglas que las cuatro federaciones habían desarrollado por su cuenta.

Esta reunión fue bastante positiva y de ella surgió en 1884 la primera edición del British Home Championship, un torneo entre naciones que se adjudicó la Selección Escocesa quedando invicta y que se convirtió en un torneo longevo hasta su desaparición en 1984, justo un siglo después. En 1886 las reglas quedaron consensuadas nuevamente y desde esa fecha el fútbol asociación era mayor de edad al presentar unas leyes universales que debían ser seguidas con el máximo respeto en cualquier parte del mundo.

Los pioneros escoceses

Después de ser aprobada en 1868 por el Gobierno español la Ley de Bases, muchas empresas británicas tomaron conciencia y decidieron probar fortuna trasladándose a España al advertir que era un mercado excepcional para invertir y hacer dinero en negocios. Sin embargo no eran las primeras dado que con anterioridad ya existían en nuestro país varias empresas de capital británico establecidas en las ciudades más prósperas.

Jerez de La Frontera a través de sus bodegas vinícolas, Bilbao con su industria pesada, Barcelona con el tradicional comercio textil y el puerto fluvial de Sevilla como puerta del campo andaluz, eran focos de atracción para comerciantes británicos al igual que las Islas Canarias, un remoto archipiélago donde el abastecimiento de víveres era muy apetecible. Ciudadanos británicos de distinta procedencia y nacionalidad vivían dispersos a caballo entre España y el Reino Unido, pero en el s. XIX intensificaron su presencia en suelo español y su proliferación en algunas ciudades creó una búsqueda natural al compartir la misma lengua y costumbres. Aunque muchos de ellos ya se habían asentado en la península e incluso contraído matrimonio con mujeres aborígenes teniendo descendencia hispano-británica, la llegada masiva de nuevos ciudadanos de origen británico fomentó sus lazos reforzándose su estancia en España al crearse pequeños núcleos donde compartían sus costumbres y tradiciones: los clubs.

La parte más importante de estos ciudadanos tenía su origen en el norte de la isla de Gran Bretaña, Escocia, como la familia católica Gordon, que huyó de aquellas tierras por problemas religiosos y políticos recalando en Jerez de La Frontera donde levantaron un imperio bodeguero, o la naviera de William McAndrew, escocés de Elgin que construyó un imperio de barcos dedicado a transportar todo tipo de víveres y productos desde los puertos más importantes de España como lo eran Sevilla, Bilbao y Barcelona hasta las principales bases portuarias del sur de Inglaterra como Southampton y Portmouth, Liverpool en el oeste, Londres o Aberdeen, este último en Escocia. Pero también los había en Barcelona, ciudad donde muchos telares e industria relacionada con el segmento textil procedían de fábricas escocesas cuyos técnicos pasaban largas temporadas dando instrucciones o prestando un servicio técnico a los barceloneses. Otros escoceses, los hermanos James y Peter Coats, de Paisley, crearon una gran industria con hilaturas y a finales de siglo pusieron su punto de mira en la ciudad condal para ampliar sus horizontes, prestando con su contribución una gran ayuda a la población nativa.

Sin embargo el gran desembarco de escoceses no se produjo en ninguna de estas ciudades, ni tampoco en ninguno de estos sectores con tanta tradición, sino en una modesta localidad del norte onubense denominada Riotinto donde en su subsuelo existían desde tiempos milenarios importantes yacimientos de minerales como cobre, plata, oro, manganeso, además de sulfuros y piritas cuya extracción era muy cara y había frenado su explotación.

El escocés Hugh Mackay Matheson

La principal protagonista de esta llegada de escoceses al suroeste peninsular fue una empresa con origen en Escocia pero con sede, por motivos estrictamente comerciales, en Londres, Matheson Company Ltd., una empresa liderada por el también escocés Hugh Mackay Matheson quien había logrado reunir una gran fortuna gracias al comercio de opiáceos en Oriente. Matheson buscaba invertir en algo que le propiciase grandes dividendos y la Ley de Bases de 1868 aprobada por el Gobierno español hizo el resto. Dos comerciantes alemanes instalados en Huelva, Heinrich Doetsch y Wilhelm Sundheim, contactaron con el magnate escocés y le expusieron la idea de invertir en la explotación de minas de una pequeña localidad onubense, Riotinto, cuya rentabilidad prometía ser extraordinaria.

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Dicho y hecho, Matheson quedó convencido por los dos avispados alemanes y el 29 de marzo de 1873 quedaba constituida en Londres la empresa Río Tinto Company Ltd. tras haber contactado el propio Matheson y los dos alemanes con otros inversores. Entre los socios de la nueva empresa se encontraban Matheson Company Ltd., la constructora de ferrocarriles Clark & Puchard Company Ltd., la banca Smith, Payne & Smiths, de Londres, el escocés The Union Bank of Scotland, la banca Heywood Sons & Company Ltd., de Liverpool y los inversores particulares británicos Wiliam Edward y Ernest H. Taylor, los mencionados alemanes Heinrich Doetsch y Wilhelm Sundheim, además del también alemán Deutsche National Bank, de Bremen.

El 14 de febrero de 1873 quedaba rubricada la concesión en plena I República Española siendo presidente Estanislao Figueras por 3.500.000 de libras, (92.756.592 pesetas), contando inicialmente la compañía -fundada días después- con un capital inicial de 3.250.000 de libras, equivalentes a 56.250.000 pesetas de la época. El capital estuvo inicialmente en manos y por un 56 % del Deutsche National Bank, un 20 % de Clark & Punchard Company Ltd. y otro 20 % de Matheson Company Ltd. quedando el resto entre el consorcio de pequeños accionistas y llegando la familia alemana de origen judío Rothchild a ser posteriormente en 1880 los primeros accionistas de la compañía.

Llegan los trabajadores escoceses

A partir de 1873 llegaron los primeros ingenieros de la recién constituida empresa británica a su nuevo alojamiento laboral, Riotinto, un pequeño pueblo situado a unos 70 km. al norte de la capital provincial y próximo a la Sierra de Aracena. Como era de esperar, la localidad ofrecía pocos medios a sus recién llegados huéspedes, teniendo todos ellos que distribuirse en las distintas casas que habían sido requeridas para la ocasión. Así fue durante algunos años debido al escaso número de componentes que tenía la directiva o staff, pero a partir de los años ochenta este se incrementará con la plena producción minera y se buscará una solución. Esta llega a principios de 1882 cuando se empieza a construir un nuevo barrio residencial a las afueras de Riotinto, el denominado barrio de Bellavista, nombre surgido en 1883 que será estrenado en 1884 y estará dotado de una vivienda para el director general y otras veinte adosadas para el resto de técnicos y sus familiares.

Aunque siempre se nos ha contado que estas personas eran de origen inglés, más que nada por nuestra peculiar forma de considerar como ingleses a los naturales de las islas británicas, en realidad siempre hemos tenido dudas sobre cuál era realmente su origen y cuál era el número aproximado de miembros que vino en aquella primera acometida. Durante muchos años estas cuestiones han carecido de una respuesta satisfactoria, permaneciendo en el colectivo la vieja idea de que todos ellos eran ingleses, pero el mundo cambia, la información empieza a fluir y en cualquier punto, por muy recóndito y extraño que sea, puede aparecer la respuesta.

Como es sabido, en el territorio de Gibraltar existe una catedral dedicada al culto anglicano titulada de la Santísima Trinidad. En 1881 y siendo su titular el obispo Charles Waldegrave Sandford, este reverendo dispuso hacer un viaje por tierras onubenses para prestar su misión pastoral al tener constancia que por aquellos lares, tanto en Riotinto como en la capital, Huelva, habitaban pequeñas comunidades de origen británico. Sandford tuvo a bien tomar nota de sus viajes y en uno de sus legados nos cuenta que:

‘Durante el mes de noviembre (de 1881) hice una visita a Huelva y las minas de Río Tinto. Hay en Huelva unos dieciséis residentes británicos, además de una gran masa y desplazamiento de marineros británicos. En la noche de mi llegada a Huelva di un breve discurso a algunos marineros y otro en un servicio celebrado en la casa del gerente de la empresa minera británica. El cementerio británico que encontré está en buen estado. Un viaje de cuatro horas en una línea que pertenece a la compañía me llevó de Huelva a Rio Tinto, donde hay cerca de ochenta residentes británicos supervisando a trece mil obreros españoles y portugueses empleados en las minas. Las minas producen al año un millón de toneladas de mineral. El mineral contiene un 4 por ciento de cobre, 48 de azufre y el resto es en su mayoría de hierro. La empresa se compone de presbiterianos escoceses, quienes han contratado los servicios de un ministro presbiteriano para actuar como capellán de la colonia británica. Las escuelas están dirigidas por la sociedad para los hijos de los mineros españoles y portugueses. El representante de la empresa me puso al tanto de las minas y me mostró gran amabilidad y hospitalidad’.

Con este sencillo pero a la vez tan esclarecedor párrafo escrito y publicado en 1883, el obispo Sandford nos desvela no sólo cuál era el credo de los miembros de la empresa, presbiteriano, sino la nacionalidad de los mismos, escocesa, puesto que la Iglesia de Escocia, de confesión presbiteriana, es la Iglesia oficial de aquella nación. Además Sandford, es un exceso de amabilidad, nos indica cuántos residentes británicos había en la mina y por extensión en Riotinto, cerca de 80, y en la ciudad de Huelva, unos 16. Estas cifras bien es cierto que pudieran variar al no contar con los familiares de los cerca de ochenta residentes en Riotinto, todos ellos empleados, con lo cual la población podría rondar el centenar largo de personas en 1881 si se suman a sus esposas, hijos y personal de servicio.

1878: surge el primer club

Aquellos primeros trabajadores que durante tanto tiempo se esforzaron en levantar la mina y aplicar todos sus conocimientos para hacerla rentable, en 1878 -aunque esta fecha fue localizada en un reglamento editado en 1966-, decidieron constituir en la calle Sanz nº2 el Rio-Tinto English Club. En este club que quedaba restringido sólo para varones, los empleados se distraían jugando a la cartas, al billar, tenían salón de lectura y aunque no eran muy numerosos en cantidad, fomentaban actividades culturales. A partir de 1881 la explotación de nuevos yacimientos conllevó la llegada de nuevos trabajadores que se incorporaban al staff, surgiendo en 1883 la necesidad de ampliar el local para dar cabida a sus nuevos socios y permitir la posibilidad de practicar, ahora que eran más, nuevos deportes donde el número de efectivos requeridos era mayor. De este modo en 1884 inauguran la nueva sede del barrio de Bellavista, una amplia residencia de madera dotada con más comodidad y con una explanada en sus inmediaciones donde podrán practicar deportes de equipo como el fútbol, cricket, polo y entre parejas, lawn-tenis.

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El Rio-Tinto English Club fue el primer club extranjero en suelo español y el primero que se erigía en España, pero al lector sin embargo puede extrañarle cómo siendo su gran mayoría de componentes de nacionalidad escocesa decidieran autodenominarse English Club. La respuesta es sencilla: los originarios ‘gentlemen’s club’ nacieron en Inglaterra durante el s. XVIII para capas sociales altas y eran lugares de encuentro donde sus socios solían hacer apuestas, una tarea prohibida en tabernas públicas. En el s. XIX se popularizaron entre las capas medias y el juego pasó a un segundo plano, convirtiéndose los debates políticos y otras actividades como la literatura, los deportes, el arte, los viajes, etcétera, en un fin en sí mismo para justificarlos. Su extensión al resto del Reino Unido fue muy común y de ahí pasaron al resto del Imperio Británico, convirtiéndose su uso en algo habitual allí donde había un grupo de ciudadanos de origen británico, fuese cual fuese su nacionalidad.

1889: surge el segundo club

En el segundo club fundado en territorio español también tienen un gran protagonismo los escoceses. En este caso no todo se fundamenta en la empresa minera, aunque su sombra es omnipresente al ser el motor económico de la provincia y principal fuente de ingresos. La historia empieza en 1879 cuando el ingeniero escocés nacido en Aisley, Charles W. Adams, es trasladado a Huelva para dirigir The Huelva Gas Company Ltd., una empresa concesionaria de la sustitución de lámparas de petróleo por las de gas. Adams, gran aficionado al deporte, conoce en 1884 al médico también escocés William Alexander Mackay, nacido en Lybster, que en 1883 había sido contratado por la Rio-Tinto Company Ltd. para ejercer su profesión en la localidad onubense casualmente cuando su hermano, John Sutherland Mackay ejercía de presidente del Rio-Tinto English Club. William, trasladado a la ciudad de Huelva en 1884 para trabajar desde una clínica, fragua una gran amistad con Adams y unidos por su afición al deporte organizan eventos deportivos y sociales hasta que el 23 de diciembre de 1889 sellan la creación del Huelva Recreation Club.

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El club goza de un club social facilitado por la empresa minera y desde el primer instante manifiesta su intención de fomentar el lawn-tennis por el que muestran un gran interés y de forma secundaria la de otros deportes, entre ellos el fútbol y el cricket, además de la práctica de otras actividades como los bailes de salón, senderismo y la realización de excursiones a la geografía andaluza. Su primer encuentro de fútbol lo realizará en 1890 frente al Sevilla F.C., sociedad creada ese año.

1890: surge el tercer club

El tercer club en surgir lo hace fuera de la provincia onubense y concretamente en la capital regional andaluza, Sevilla. Su origen sigue el mismo patrón que los dos anteriores, es decir, nace de la unión de trabajadores de origen británico que trabajan temporalmente en España o han rehecho su vida aquí, aunque en este caso la presencia española es un tanto más significativa. Mucho antes que en Riotinto o Huelva, en 1859 la naviera escocesa McAndrews & Company Ltd. ya operaba en la ciudad donde se estableció su base para todo el país. Desde Sevilla se exportaban agrios, cereales y minerales procedentes del interior a los principales puertos británicos, existiendo unos trabajadores fijos en el puerto fluvial que pronto confraternizaron con los operarios británicos de la Seville Water Works Company Ltd. establecida en 1882 y la empresa de forjas de origen anglo-español Portilla & White Cía.

Isaías White, dueño de esta última y Edward Farquharson Johnston, uno de los propietarios de la naviera escocesa, nacido en Elgin y vice-cónsul británico en la ciudad desde 1879, propiciaron la creación del Sevilla Football Club el 25 de enero de 1890, un club que a diferencia de los dos onubenses tenía como principal y única finalidad la práctica del fútbol, lo cual le convierte en el primer club de fútbol fundado en España. Johnston no fue el único escocés y en el primer encuentro disputado en suelo español entre dos clubs formalizados figuraron por el bando sevillista Thompson y Hugh MacColl, ambos nacidos en Escocia, aunque por la procedencia de apellidos como Geddes, McPherson o Logan, también pudiera ser esta su nacionalidad.

1895: surge el cuarto club

En esta ocasión cambiamos de área geográfica y nos debemos trasladar hasta la localidad barcelonesa de Sant Vicenç de Torelló, un municipio situado junto a la orilla del río Ter que fue elegido por la empresa escocesa J. & P. Coats Ltd. para albergar una empresa textil. Los escoceses estaban muy interesados en edificar una planta en España que sirviera de base para comerciar con la fabricación de hilaturas y en 1890 empezaron, junto a capital catalán procedente de la empresa Fabra y Portabella S.A., la construcción de una fábrica en la por entonces masía de Borgonyà, a las afueras de Sant Vicenç de Torelló. El volumen de la empresa fue tal que se tuvo que construir adosado un barrio de viviendas para el staff y algunos trabajadores terminado en 1895, yendo acompañado de todo tipo de servicios como escuelas, cementerio y todo lo necesario para no hacer falta de nada.

La colonia Borgonyà, denominada de ‘los ingleses’ aunque en su práctica totalidad eran escoceses, aportó un campo de deportes para distracción de sus habitantes y supuso la creación de un club de fútbol, deporte desconocido en la región a excepción de un reducido grupo que lo practicaba en la ciudad de Barcelona. Este club, del cual no nos ha sido legada su directiva, tomó el nombre de Asociación de Torelló y fue pionero en Cataluña a la hora de expandir el fútbol quedando registrados encuentros frente a la Sociedad de Football Barcelona.

Otros clubs en Barcelona

La presencia cada vez más continua de empresas británicas en Barcelona con intereses en la industria textil sobre todo y en menor grado en el ferrocarril y otras industrias, significó la llegada de muchos ingleses y escoceses a la ciudad y su entorno. Dentro de la Sociedad de Football Barcelona, club fundado en 1893 y presidido por el cónsul británico Mr. Wyndham, con toda probabilidad tuvo que haber jugadores escoceses en su plantilla, algo en absoluto desdeñable máxime cuando todos eran británicos. Desaparecido este club en 1896 que no tuvo rival en la zona durante esas fechas a excepción de la Asociación de Torelló, parte de sus miembros y nuevos que se sumaban compusieron el denominado Club Inglés, jugando todos los domingos por la mañana en el Velódromo de Bonanova.

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Más tarde, en 1898, un suizo llamado Hans Gamper junto a varios compatriotas buscará un club barcelonés en el cual enrolarse. Gamper se dirige al Gimnasio Tolosa donde le comentan que se está formando un club y conversa con el profesor Vila, su dueño, pero este no le acepta en su equipo no por su condición de extranjero, sino por ser de confesión protestante puesto que en el gimnasio ya se contaba con miembros de nacionalidad escocesa pero de confesión católica. Gamper tuvo que dirigirse a otro gimnasio con tradición higienista, el Gimnasio Solé, cuyo dirigente sí se mostró interesado en ayudarle a crear un club de fútbol.

Alentado por las palabras de Solé quien recluta a varios voluntarios, se completa la plantilla con miembros procedentes en gran parte del Club Inglés, una decena y algunos de ellos escoceses, mientras también se suman ciudadanos de otros países y oriundos barceloneses, algunos de ellos militantes de la desaparecida Sociedad de Foot-ball Barcelona. Paralelamente a esta llamada y desde el Gimnasio Tolosa, la sección de fútbol de esta entidad se transforma el 21 de octubre en Foot-ball Club Catalá con jugadores catalanes y extranjeros, sobre todo escoceses e ingleses de confesión católica, adelantándose por escasas fechas al que se convertirá en la institución futbolística barcelonesa más importante, el Foot-ball Club Barcelona, creado el 29 de noviembre de ese mismo año.

La presencia de escoceses es numerosa en esas fechas y en los primeros meses de 1900 surge el F.C. Escocés, sociedad formada por jugadores de la colonia escocesa de la empresa Hilaturas Fabra, socia de C. & P. Coats Ltd. situada en el barrio de Sant Andreu. Este club durará poco tiempo puesto que parte de sus jugadores se alinean al unísono en el F.C. Escocés y en el F.C. Catalá, motivo por el cual son denunciados por el F.C. Barcelona causando su disolución. Con algunos ex-jugadores del club escocés se crea el potente Hispania Athletic Club, un club dirigido por Alfons Macaya, Eduard Alesson, Fermín Lomba y Carlos Soley entre otros que se convertirá en el predominante durante los primeros años del s. XX, incluso por delante del F.C. Barcelona.

La huella escocesa en el fútbol español

La presencia de ciudadanos escoceses en todas y cada una de las empresas donde se fundamentaron los primeros clubs de fútbol en suelo español es algo que con este trabajo queda patente, pero si analizamos la esencia de todos ellos descubriremos cómo la huella escocesa es superior a la inglesa en todos los casos citados, algo que hasta ahora apenas ha sido comentado por diversas causas y que durante muchísimos años ha pasado desapercibido a los ojos de muchos estudiosos obnubilados por una errónea costumbre española de etiquetar a todo lo procedente del archipiélago británico como inglés.

Indagar en las raíces de nuestro fútbol es una obligación por parte de todos aquellos que sentimos inquietud por investigar en este deporte, pero cuando se realiza un estudio profundo y se descubren nuevos hallazgos, también es de sentido común y deber de quien los descubre, hacerlo extensible a su comunidad para que todo el mundo lo conozca.

El papel desempeñado por aquellos pioneros que llegaron a España en busca de fortuna y trajeron consigo sus costumbres acabó enriqueciéndonos cultural, social, técnica y deportivamente, resultando de aquella experiencia un maravilloso deporte, el fútbol, que ha atrapado a millones de españoles.

© Vicent Masià. Noviembre 2012.

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por Vicent Masià

 

La Segunda División B: una categoría maldita

Que la Segunda División B es la más castigada y menos rentable de todas las categorías del fútbol español, sin duda, es un hecho lamentable harto conocido a todos los niveles que a estas alturas no sorprende a nadie, pero que a los males ya tradicionales que rodean esta división se les unan otros por demérito federativo, es algo que colma un vaso de agua que de por sí muestra últimamente síntomas inequívocos de estar a punto de desbordar y superar sus propios límites.

A diferencia de las categorías enteramente profesionales como la Primera y Segunda División A donde las posibilidades de obtener ingresos de diversa índole son tangibles bien sea a través de publicidad estática en los estadios, por cauces televisivos a consecuencia de retransmisión de encuentros o por canales relacionados con los derechos de imagen, todos ellos sumamente importantes con los cuales se logra cubrir gran parte de muchos presupuestos, por contra a una inmensa mayoría de los clubs de Segunda División B la sangría económica que les supone el competir en una categoría plenamente deficitaria donde apenas se generan recursos sigue siendo un pesado handicap que el fútbol español en su globalidad no ha conseguido solventar adecuadamente puesto que apenas hay ingresos, las distancias geográficas a menudo son considerables, las taquillas paupérrimas por la común ausencia de aficionados en las gradas y los costes de las plantillas demasiado elevados.

Por si fuera poco a todos estos males hay que sumar los devaneos de numerosos directivos apostando por confeccionar presupuestos engañosos -generalmente fundamentados con pies de barro-, donde se fía una parte considerable de los mismos a poder reunir un dinero del cual no se dispone y donde se confía en recibir ayudas procedentes de diversas instituciones de origen local, provincial o regional que, generalmente, y más ahora en época de gran crisis, casi nunca llegan.

Esta forma de operar durante los últimos años ha conducido a muchos clubs tradicionalmente saneados a una situación desesperada en la cual las deudas no solo han empezado a aflorar, sino que se han disparado enormemente hasta alcanzar cotas que ponen pendientes de un hilo su propia continuidad.

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Una de las partes más perjudicadas, principal damnificada y capítulo esencial en la estructura de los clubs suele ser siempre la plantilla de jugadores, puesto que ellos son quienes cuando no hay dinero en las arcas y después de haberse dejado la piel en los encuentros, verdadero campo de batalla donde se refleja el trabajo acumulado en los entrenamientos, a final de mes dejan de cobrar sus preceptivos salarios. En el mejor de los casos la falta de liquidez puede haber sido un caso puntual y durante cierto periodo de tiempo no se ha cobrado percibiéndose la nómina después de lo estipulado con un ligero retraso, pero en otros casos más preocupantes la incertidumbre se ha convertido en la tónica durante gran parte de la temporada y al final de esta, tras continuas quejas, tiras y afloja entre plantilla y directivos, cuando el torneo ha llegado a su fin todavía se les adeudan varias nóminas.

La RFEF y en especial la AFE, muy sensibilizada con los problemas que atañen a los futbolistas y sobre todo preocupada porque sus asociados dejen de cobrar lo estipulado en sus contratos con los clubs, han articulado durante los últimos años varias respuestas de defensa ante los clubs morosos en un intento justo de proteger a los jugadores, parte esencial en este deporte. El escaso éxito de algunas de estas iniciativas lleva sin embargo a que se reúnan varias instituciones y se estudie una vía alternativa que regule esta situación con el fin de darle una vuelta más a la tuerca, consensuándose la introducción de un sistema de avales que en teoría ha de permitir una adecuada planificación deportiva de los participantes y en definitiva una mayor responsabilidad en la gestión económica de los clubs de la categoría de bronce. La decisión final queda enmarcada en el artículo 105 del Reglamento General de la RFEF de la temporada 2011-2012, quedando bastante claro que no se pretende sancionar a los clubs morosos, sino asegurar que los participantes respeten las reglas de competición en donde es vital la responsabilidad económica.

Artículo 105: Obligaciones específicas de los clubes adscritos a Segunda División B

Los clubes que tomen parte en la Segunda División Nacional «B» y se encuentren en alguna de estas situaciones, deberán suscribir los siguientes avales, sin cuya entrega no serán admitidos en la competición.

a) Aquellos clubes que, en cualesquiera de las tres temporadas inmediatamente anteriores hayan tenido resoluciones de la Comisión Mixta, al menos en dos ocasiones, como consecuencia de deudas vencidas, exigibles y acordadas por este órgano o por los órganos jurisdiccionales federativos, por importe inferior a 100.000 euros (acumulables).

En estas situaciones, el importe del aval a suscribir será de 125.000 euros.

b) Aquellos clubes que, en cualesquiera de las tres temporadas inmediatamente anteriores hayan tenido resoluciones de la Comisión Mixta como consecuencia de deudas vencidas, exigibles y acordadas por este órgano o por los órganos jurisdiccionales federativos, por importe superior a 100.000 euros (acumulables).

En estas situaciones, el importe del aval a suscribir será de 200.000 euros.

c) Aquellos clubes que, en cualesquiera de las cinco temporadas inmediatamente anteriores hayan sido descendidos de categoría como consecuencia de deudas vencidas, exigibles y acordadas por la Comisión Mixta o por los órganos jurisdiccionales federativos.

En estas situaciones, el importe del aval a suscribir será de 400.000 euros, ello sin perjuicio del resto de obligaciones reglamentarias.

d) Aquellos clubes que la RFEF determine de forma motivada, cuando las circunstancias excepcionales así lo justifiquen. Los avales deberán ser entregados, bajo el modelo y la forma que se determine mediante circular, entre el 1 y el 5 de julio de cada temporada. Estos se configuran como un requisito de acceso o permanencia en la competición, por lo que la no suscripción de los mismos conllevará la no aceptación en la Segunda División Nacional «B», debiendo competir en la categoría inmediatamente inferior.

e) La Junta Directiva de la RFEF determinará el modo y forma en que se cubrirán las vacantes que se produzcan por las causas del presente artículo.

El Orihuela C.F. en la lista negra

A punto de finalizar la temporada la RFEF emite dos circulares que amplían el citado artículo 105, en concreto la nº49, fechada el 3 de mayo de 2012 y que hace referencia a las Normas para la suscripción de los avales en la Segunda División B, y la nº51, fechada el 7 de mayo de 2012 en donde se hace mención a los Clubes que deberán proceder a la suscripción de avales en la Segunda División B y la cantidad que corresponde a cada uno de ellos, siendo esta independiente a los pagos que se puedan exigir por impagos de la temporada (2011-2012), que también podrían derivar, llegado el caso, en el descenso administrativo de los clubes deudores.

El nombre del Orihuela C.F. figura en la lista federativa extendida en la circular nº51 como presagiaba su directiva, aunque esta deja transcurrir el tiempo como si no le afectara al entender que el máximo organismo nacional no les exigirá finalmente los 200.000 euros que se estipulan al ser vox populi que los oriolanos se encuentran bajo el amparo de la Ley Concursal desde finales de 2011 y que todo se debe a un mero formalismo.

Además, alega la directiva del conjunto escorpión en boca de Pablo Mancebo, que la posibilidad de realizar el depósito de 200.000 euros que exige la RFEF es imposible porque «nos dirían entonces que por qué estamos en concurso de acreedores si disponemos de esta cantidad», un paso que de cumplirse sería como infringir la Ley Concursal y cometer un delito.

Sin embargo a medida que pasan los días y se entra en la primera semana de julio, la demostrada tranquilidad inicial se convierte en preocupación cada vez más intensa al no producirse cambio alguno tras la publicación de la circular nº51 apenas un par de meses antes. La RFEF no se pone en contacto con el club amarillo y la Ley Concursal en la cual se haya inmerso el club no es óbice para que los designios federativos continúen su curso, temiéndose desde Los Arcos que el descenso a Tercera División, pese a todos los pesares, es inminente.

El club oriolano, en un último intento de evitar el descenso, remite al órgano federativo un documento en el cual se recomienda no llevar a efecto los actos derivados del castigo que supone aplicar la circular nº51, apuntando que el artículo 105 del Reglamento General está enfocado a los clubs morosos que no pagan, algo que entienden no sucede con el Orihuela C.F. que en las dos últimas temporadas ha mantenido al corriente sus pagos.

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Jueves 5 de julio de 2012. El Orihuela C.F. es club de Tercera División

El 5 de julio a las 00:00 horas la RFEF no ha recibido el aval o depósito que se le exige al Orihuela C.F. para seguir en Segunda División B y el club alicantino pasa a ser considerado a partir de ese instante y a todos los efectos, club de Tercera División.

La junta directiva amarilla se haya muy afectada, aunque se adivina que en el fondo del túnel puede existir algo de luz dado que se conoce el precedente que ha sentado un juzgado jiennense con el Real Jaén C.F. SAD, un club que anda inmerso en Ley Concursal y cuyo caso es una copia del oriolano. Las circunstancias son prácticamente idénticas, por lo que la directiva espera que el auto del Juzgado de Primera Instancia nº4 y de Lo Mercantil de Jaén siente jurisprudencia al haber eximido a los jiennenses de depositar el aval de 200.000 euros acatando la RFEF tal decisión.

En la sede del club oriolano el presidente Antonio Felices trata de poner ese mismo día una denuncia ante el Juzgado de Lo Penal nº3 con sede en Elche, lugar desde donde se opera la Ley Concursal que envuelve a la entidad, pero el abogado del club aconseja hacerlo una vez efectuado y confirmado por escrito el descenso de categoría.

Viernes 6 de julio de 2012. Documento del administrador concursal para el magistrado

El administrador concursal, José Luis Ramos Fortea, no tarda en ponerse manos en la obra y el día 6 elabora un extenso documento mediante el cual se solicita al juez de Lo Mercantil que lo admita y acuerde mediante un auto varios puntos que supondrían la permanencia definitiva del club en Segunda División B para la temporada 2012-2013, todo ello claro está sin necesidad de presentar el aval federativo.

Ramos Fortea solicita al juez que deje sin efecto “la exigencia de la RFEF de presentación de aval por importe de 200.000 euros para participar en la temporada 2011-2012 en la Segunda División B”, además de otro punto de suma importancia como “ordenar a la RFEF para que en adelante, y en tanto no concluya el procedimiento concursal del Orihuela C.F., se abstenga de adoptar cualquier decisión, del tipo que fuere, respecto de la concursada y el depósito de aval”. Otro punto incide en “requerir a la RFEF para que ordene la inscripción del Orihuela C.F. en la competición de Segunda División B para la próxima temporada 2012-2013”, anunciando de igual forma que “el pago de los créditos a los jugadores pertenecientes al conjunto oriolano para la temporada 2012-2013 no queda al arbitrio o discrecionalidad de la directiva del club, sino que, para mayores garantías, tanta o más que el propio aval, queda sujeto al cumplimiento de la Ley Concursal”.

Ramos Fortea añade que el Orihuela C.F. “no cuenta con los recursos necesarios para solicitar y obtener un aval por importe de 200.000 euros para garantizar el pago de determinados créditos contra la masa como son los sueldos de jugadores y técnicos para la próxima temporada a prestar ante la RFEF” y que esta en realidad es una exigencia “que trastoca económicamente la propuesta de convenio, las posibilidades de pago a los restantes acreedores y la propia viabilidad del club”.

Martes 17 de julio de 2012. Habla el Juzgado

Todo el mundo en Orihuela esperaba una decisión similar a la adoptada por el Juzgado de Lo Mercantil nº4 de Jaén donde se eximía al Real Jaén C.F. SAD de depositar 200.000 euros, pero una cosa era lo que se deseaba y otra bien distinta la que se dictó. La decisión de Luís Seller Roca de Togores, magistrado titular del Juzgado de Lo Mercantil nº3 de Alicante, con sede en Elche, fue una sorpresa mayúscula que nadie imaginaba. En el auto se conmina tanto a la RFEF como al Orihuela C.F. a que se entiendan entre sí para solucionar el problema mientras determina que la reforma operada por la RFEF y orientada a la puesta en práctica del sistema de avales en Segunda División B:

“(…) no pretende sancionar al club moroso, sino asegurar que los competidores respeten las reglas de la competición entre las que se encuentra la de responsabilidad económica.

Las irresponsabilidades que en el pasado reciente (y en la actualidad) se han producido en la gestión de los clubs de fútbol han evidenciado un abuso que, con el pretexto de salvar la competición por acontecimientos sucedidos constante la temporada, ha beneficiado deportivamente a unos en perjuicio de otros. No se trata más que de una exigencia de la competición legítimamente establecida y advertida a los competidores.

(…) No debe de extrañarnos que, lo que naturalmente es vigente en cualquier actividad económica o lúdica, rija también en el deporte”.

Nada parecido hay en este auto a lo emitido en Jaén para el mismo asunto y para un club en las mismas condiciones que el oriolano. El desánimo cunde y solo cabe la posibilidad de recurrir la sentencia.

Martes 17 de julio de 2012. Habla la RFEF

El Director de los Servicios Jurídicos de la RFEF y abogado en la causa, Emilio García Silvero, manifiesta su “completa satisfacción por la resolución judicial, que valida una vez más el planteamiento de responsabilidad económica y de gestión iniciado en esta competición deportiva años atrás, y augura que en el futuro este novedoso sistema de avales en la Segunda División B redundará en el mejor funcionamiento de la categoría”.

Esta resolución judicial del Juzgado de Lo Mercantil de Alicante se suma a la dictada el lunes día 16 por el Juzgado de Lo Mercantil de Ciudad Real en la demanda promovida por el descendido C.D. Puertollano contra la RFEF, que igualmente valida el sistema de avales y la preeminencia de las normas competicionales deportivas frente a la Ley Concursal.

Ese mismo día y tras conocerse la solución del auto judicial, la RFEF ratificaba el descenso del Orihuela C.F. a Tercera División por no satisfacer el depósito de 200.000 euros, siendo poco tiempo después ocupada su plaza por el UCAM Murcia C.F. quien había depositado previamente en la sede federativa 190.000 euros para quedarse con ella.

Miércoles 1 de agosto de 2012. Segundo auto judicial

En las semanas posteriores al auto dictaminado el 17 de julio los constantes comentarios surgidos en la prensa regional y nacional acerca de la injusticia que estaba cometiendo la RFEF con uno de sus clubs asociados, el Orihuela C.F., que aún estando implicado en una Ley Concursal había sido descendido de categoría por no entregar un depósito de 200.000 euros, por lo visto curtieron efecto y dejaron su influencia en el titular del Juzgado de Lo Penal nº3 sito en Elche.

Tal vez la inexperiencia en estos temas y lo novedoso de una situación que nunca antes se había producido obligándose a un club en Ley Concursal a depositar una importante cantidad económica para seguir militando deportivamente en una categoría semiprofesional, o tal vez la existencia de un dictamen en Jaén en un caso totalmente idéntico donde la sentencia había sido completamente contraria a la tomada en Elche y que no se había tomado en cuenta, acabaron por sembrar muchas dudas en el juez Luís Seller Roca de Togores.

HF Caso Orihuela CF 3

Fuese cual fuese la causa lo cierto es que algo pasó por la mente del magistrado puesto que el miércoles 1 de agosto y siendo el primer día del periodo vacacional en el juzgado -un mes inhábil-, el titular alicantino rompía su tiempo de reposo y se desdecía de lo sentenciado el 17 de julio con un nuevo auto, el segundo en el mismo caso, haciendo saber al club y a la RFEF que el Orihuela C.F. debía ser readmitido en Segunda División B.

El respaldo del magistrado hacia el club y no hacia la RFEF como se interpretaba en la alegación anterior que dejaba el destino del Orihuela C.F. en manos federativas daba la vuelta a la tortilla, máxime cuando el magistrado subrayaba que “el patrimonio de la entidad en concurso es competencia del juez del concurso”, mientras el club oriolano recalcaba que “el único patrimonio que tiene es su permanencia en esta categoría de fútbol”. Como es sabido el club no tiene en propiedad el estadio municipal de Los Arcos y en esos precisos instantes solo tiene en nómina a dos jugadores en plantilla para competir la próxima temporada 2012-2013.

La pelota pasa a estar en el tejado de la RFEF

Esta segunda alegación pilla por sorpresa a la RFEF quien creía que todo había acabado el 17 de julio con el primer auto. De repente tiene sobre su mesa una patata caliente difícil de digerir puesto que un juzgado ha deliberado en su contra, un club modesto le ha lanzado un órdago y la prensa parece decantarse a favor del club y no de la Federación.

La directiva oriolana que encabeza Antonio Felices sabe que tiene una carta ganadora y juega todas sus bazas tratando que la RFEF se atienda a razones y cambie su intención inicial de no readmitir al club en Segunda División B, el lugar que le corresponde. El Orihuela C.F. pasa al ataque y aunque sabe que su situación de enfrentamiento con la RFEF va a ser muy difícil y desconoce cómo va a terminar, comunica abiertamente a la Federación que en caso de no ser readmitido llevará su causa a un tribunal de rango superior y demandará la paralización del Campeonato Nacional de Liga de Segunda División B, además de una compensación económica millonaria en contraprestación por el daño deportivo y moral que ha sufrido el club por todo lo acontecido.

El Orihuela C.F. sabe que no puede ir solo ante la RFEF y busca el apoyo de su protector directo, la Federación Valenciana, contando de inmediato con la adhesión del organismo federativo que entiende que la RFEF no ha actuado correctamente con su asociado. El club alicantino emplea a la FFCV como interlocutor para interceder en Las Rozas, sede del organismo nacional, pero el tiempo pasa y no hay respuesta.

La inmediatez del inicio del Campeonato, 26 de agosto, apremia al club oriolano quien conoce que una impugnación del auto judicial por parte de la RFEF puede alargar cualquier decisión varios meses y meterse en mitad del torneo con su futuro por resolverse. Antonio Felices hace todo lo posible e imposible porque la RFEF le atienda y readmita al club, pero ante la rotunda negativa del presidente federativo Ángel María Villar de escucharle, la única respuesta federativa que obtiene es vaga y llega de Jorge Vaquero, miembro del Gabinete Jurídico de la RFEF, quien comunica que la situación del Orihuela C.F. es incierta, que todavía la RFEF está deliberando con el segundo auto judicial y que el club alicantino no es de Segunda División B ni de Tercera División. Increíble.

Huelga de hambre de la directiva oriolana

La directiva del Orihuela C.F. que preside Antonio Felices, harta del trato despectivo que sufre por parte de la Federación, se presenta la mañana del 14 de agosto en la sede de la RFEF con un notario para exigir que se cumpla la sentencia del Juzgado de Lo Mercantil nº3 de Elche, dictada el 1 de agosto, según la cual el Orihuela C.F. debe ser readmitido en Segunda División B tras haber sido descendido el 5 de julio por no presentar el aval exigido de 200.000 euros.

Los oriolanos pretenden dar un golpe de efecto y piden autorización para acampar junto a la sede federativa con la finalidad de ser escuchados puesto que nadie les recibe ni les presta atención, pero el Ayuntamiento de Las Rozas, municipio madrileño donde reside el máximo organismo, se lo deniega.

Cabizbajos y sin haber conseguido su objetivo, los directivos regresan a Orihuela y esa misma noche proceden ante los medios de comunicación a empezar un encierro en Los Arcos declarándose en huelga de hambre en protesta por la desatención federativa, contundente iniciativa a la que suman varios aficionados del club escorpión. En los días posteriores el alcalde oriolano Monserrate Guillén se presenta en el estadio y tras reunirse con los huelguistas, confirma su apoyo al club y a tratar de contactar con la RFEF para conseguir que el club sea readmitido.

Recurso de Alzada ante el CSD

El jueves día 16 el Orihuela C.F. presenta en Madrid un Recurso de Alzada ante el CSD para evitar que se agote la vía administrativa en su demanda para jugar durante la temporada 2012-2013 en Segunda División B. Esta decisión es promovida por la abogacía del club puesto que se considera, según el cariz que están adquiriendo los acontecimientos, es el juez de conflictos jurisdiccionales quien debe resolver el choque que existe entre la norma administrativa, que es la que alega la RFEF en su artículo 105, y la norma concursal, que es la defendida por el juzgado y sentencia que el sitio del club oriolano es la categoría de bronce.

Respaldo del Ayuntamiento orcelitano

El ayuntamiento oriolano elabora un escrito dirigido al presidente de la RFEF, Ángel María Villar, que recoge entre otros puntos la siguiente manifestación: “Rogamos a la RFEF y especialmente a su presidente, el Sr. Villar, que atienda a las circunstancias particulares que han llevado al descenso del Orihuela C.F. y someta a nueva consideración el hecho de que no es por razones estrictamente deportivas y pensamos que son éstas, y no otras, las que deben importar”, añadiendo además que con el proceder de la RFEF “se perjudica a nuestra ciudad, a su proyección turística y económica y la relega injustamente a una categoría inferior, tirando por tierra el esfuerzo y la ilusión colectiva de las dos últimas temporadas, así como la movilización social y comercial que ha supuesto el trabajo de este club”.

22 de agosto de 2012. Fin de la huelga y recepción de una comisión en la sede de la RFEF

El 21 de agosto tras más de un mes sin tener noticias de la RFEF y después de una semana de duro ayuno, el presidente de la FFCV, Vicente Muñoz, consigue interceder al fin con la RFEF para que su presidente, Ángel María Villar, disponga al fin recibir en la sede de Las Rozas a una comisión representativa de los oriolanos. La fecha elegida es el miércoles 22 y la hora las 17 de la tarde. En esta comisión se cuenta en principio con la alcaldesa oriolana en funciones, Antonia Moreno, con el diputado autonómico Andrés Ballester y con un debilitado Antonio Felices, presidente del Orihuela C.F. que acaba de concluir una huelga de hambre al serle comunicado que será escuchado en Madrid. Sin embargo los médicos desaconsejan al mandatario orcelitano viajar por su estado de salud y la comisión queda reducida a dos personas.

En la reunión celebrada en Las Rozas ambas partes defienden su postura aunque mitigan los roces y reconocen el revuelo alcanzado a nivel nacional por la causa oriolana. Todo el mundo deportivo está pendiente de lo que pueda surgir en el encuentro y tras varias horas de conversación todos manifiestan que lo deportivo debe prevalecer. Al mismo tiempo y en lugar preferente, Ángel María Villar se compromete a acatar lo que dictamine el magistrado titular del Juzgado de Lo Mercantil nº3 alicantino, entendiendo que la Ley Concursal prevalece sobre la Ley Administrativa promulgada en el Reglamento General de la RFEF y no al revés.

El Orihuela C.F. en Tercera División

En medio de tan esperpéntica situación extradeportiva que suma más de mes y medio de intensa controversia y donde los intereses de unos y otros esperan encontrar una resolución judicial definitiva, el conjunto oriolano ha de cumplir con su nuevo estatus deportivo tomado el 17 de julio y prepara una nueva plantilla a marchas forzadas con un mínimo de opciones de ascenso después de haber perdido prácticamente a casi todos los jugadores de la temporada anterior quienes, ante lo incierto de su futuro deportivo, lógicamente se han buscado la vida en otros lares.

Los escorpiones contratan al técnico Sergio Inclán para conducirles en Tercera División en un campeonato que se sabe cuándo comienza pero no cuándo acabará, estrenándose el domingo 26 de agosto en la primera jornada de la temporada 2012-2013 en casa del C.D. Eldense donde cosechan un empate a cero tantos. Mientras se esperan noticias procedentes del Juzgado, el domingo 2 de septiembre se derrota en la segunda jornada al Catarroja C.F. en Los Arcos tras imponerse por 1-0.

El Juzgado de Lo Penal nº3 de Elche obliga a la RFEF a readmitir al Orihuela C.F.

Estando los oriolanos preparando el encuentro de la tercera jornada, el miércoles 5 de septiembre y después de haber concluido el periodo vacacional tomado por miembros del Juzgado de Lo Penal nº3 de Alicante con sede en Elche, Luís Seller Roca de Togores, magistrado titular del mismo, dicta un nuevo auto ante el recurso solicitado por el Orihuela C.F. tras el que ordena a la RFEF readmitir de forma inmediata al club de la Vega Baja en la categoría de bronce del fútbol español.

La parte dispositiva de la resolución judicial que obliga a la Federación Española a devolver al Orihuela C.F. a Segunda División B dice textualmente: “Se comunica a la RFEF que los acuerdos adoptados por los que se requiere al Orihuela C.F. a la prestación de aval para poder participar en la temporada 2012-2013 en la Segunda División Nacional B, son contrarios tanto al artículo 8.4 como al artículo 43.2 de la Ley Concursal, siendo competencia del juez del concurso su exigencia o, en su defecto, autorización que no ha sido solicitada”.

Asimismo, añade que “las consecuencias derivadas de lo anterior, en especial la denegación de acceso a la categoría de Segunda División B, son igualmente contrarias a la norma concursal. Es por ello, que se requiere a la RFEF para que, de acuerdo con lo expresado en los fundamentos jurídicos de esta resolución y en esta parte dispositiva, proceda de manera inmediata a adoptar las medidas necesarias para dejar sin efecto los acuerdos de requerimiento de aval y especialmente el de 17 de julio de 2012 por el que se deniega el acceso a la categoría de Segunda División B al Orihuela C.F. para la temporada 2012-2013″.

Este tercer auto desde el juzgado alicantino es la sentencia definitiva que quiere oir el club oriolano puesto que supone su victoria final y ver reconocida su verdad en un caso injusto para sus intereses que adquirió tintes muy negros nada más conocerse y que de haber tomado otro sentido, quizás hubiese herido de muerte su continuidad en el fútbol español.

Al mismo tiempo se ve recompensada en parte la lucha mantenida con la RFEF, institución que restó importancia a la queja oriolana y que en un exceso de confianza en sus funciones entendió que las normas administrativas del organismo federativo estaban por encima de las concursales, extralimitándose en su cometido.

HF Caso Orihuela CF 4

El Orihuela C.F. podrá manifestar en el futuro que es el único club español que en una misma temporada ha disputado dos encuentros legales en Tercera División y cuarenta y dos en Segunda División B, caso inédito desde que se crease la Liga en la campaña 1928-1929.

Consecuencias en el Grupo VI de Tercera División tras el rescate del Orihuela C.F.

Después de la resolución acordada por el Juzgado de Lo Mercantil número 3 de Elche y los efectos que se producen en orden a la recuperación de la categoría por parte del Orihuela C.F. en Segunda División B, esta medida supone el cese de su participación en el Grupo VI de Tercera División -aún habiendo disputado ya dos jornadas en dicha categoría-, sin que por parte de la RFEF se acepte que la vacante producida en el Grupo VI sea ocupada por otro club, quedando dicho grupo con un total de 21 representantes en lugar de los 22 iniciales. Como reglamentariamente no existe una normativa específica que contemple el supuesto presentado y por tanto existe una laguna legal que no puede impedir a los órganos jurisdiccionales y federativos dejar incompleta o inconclusa la competición, la Federación Valenciana debe por tanto determinar qué sucede con los dos encuentros disputados por el Orihuela C.F. dentro de su grupo de competencia, el VI.

Para ello se acude a la analogía y a los principios de justicia, equidad y ‘pro competitione’, y en aplicación de los mismos procede dejar sin efecto ambos encuentros y entender que se continúa la competición con 21 clubs, descansando cada jornada el club que debería haberse enfrentado con el Orihuela C.F. de no haberse producido todos estos hechos. Es decir, el Grupo VI queda adulterado para lo que resta de temporada según el planteamiento inicial al perder uno de sus participantes, aunque como mal menor el perjuicio no es demasiado grande y por fortuna la decisión federativa llega pronto cuando tan solo se han disputado dos jornadas. De haberse disputado una decena o más los daños serían mucho más significativos.

Consecuencias para el Orihuela C.F.

La decisión tomada por parte de la RFEF de dejar fuera de la Segunda División B al Orihuela C.F. acarrea a este club una serie de perjuicios directos que afectan a su futuro más inmediato y que condicionan su participación primero en Tercera División y a continuación en Segunda División B al ser readmitido una vez iniciado el torneo.

De este modo nos encontramos que:

a) La exclusión del Grupo III de Segunda División B en plena pretemporada espanta a la plantilla del club alicantino quienes saben que, en el mejor de los casos y si se alcanza, una posible solución vendrá una vez empezada la campaña 2012-2013 a sabiendas de que un jugador siempre procura tener cerrado un contrato antes de dar inicio esta.

b) La directiva del club afectado ve interrumpido el ritmo normal de trabajo y de repente este no es tramitar bajas o altas de jugadores, sino luchar por recuperar una categoría que unos días antes tenía y ahora ya no teniendo que multiplicar esfuerzos en reivindicar la razón del club y argumentar el equívoco de la RFEF.

c) El club ha de entrar en pleitos legales obligando a la justicia a tomar parte, un recurso necesario en este caso en concreto pero que a nadie agrada tomar a pesar de andar cargado de razón, menos aún cuando se trata de denunciar a la máxima autoridad en fútbol dentro de España, la RFEF.

d) El club se ve implicado en mantener un mano a mano con la RFEF lanzándole un órdago en toda la regla del cual no sabe cómo va a salir parado, una decisión que puede acarrearle serias consecuencias.

e) El Orihuela C.F. a medida que avanzan los días de pretemporada, debido a su situación, no sabe si ha de fichar jugadores para jugar en Segunda División B o en Tercera División. Esta indefinición provoca que muchos jugadores apalabrados no estampen su firma con los escorpiones y otros rehuyan negociar.

f) El club tampoco sabe qué presupuesto va a tener, cuáles han de ser sus partidas financieras, ni qué puede cobrar a los posibles sponsors que puedan surgir.

g) Los posibles inversores en hacerse cargo del club, -al menos cinco son las propuestas que reciben desde el extranjero y una de ellas procedente de un grupo holandés muy interesante que promete incorporar jugadores de la Primera División de aquel país-, exigen que solo negociarán su implicación en el caso que el club permanezca en Segunda División B. La intervención federativa rompe cualquier atisbo de que se alcance cualquier acuerdo.

h) La Federación Valenciana ha de confeccionar un calendario para el Grupo VI con 22 clubs. Una vez iniciado el campeonato y transcurridas dos jornadas ha de cancelarlo y modificar el existente adulterando el desarrollo de toda la temporada.

i) La RFEF confecciona un calendario para los 4 grupos de Segunda División B con 20 participantes en cada uno de ellos. Una vez empezado el torneo y transcurridas dos jornadas ha de modificar el del Grupo III e incluir un vigésimo primer club, algo que adultera la competición y perjudica al resto de competidores que han de sumar más dinero en gastos.

j) El Orihuela C.F. confecciona una plantilla para participar en Tercera División. Una vez readmitido en Segunda División B tendrá muchos más problemas para mantenerse o aspirar a un posible ascenso que de haber mantenido la plantilla anterior. Un daño incuestionable e irremediable.

k) La posibilidad de contar con un número concreto de abonados en Segunda División B no es igual a la convocatoria que provoca la Tercera División, una categoría mucho menos atractiva para el aficionado.

l) El daño moral causado al Orihuela C.F. es mayúsculo por cuando otro club federado en idéntica situación como es el Real Jaén C.F. SAD no es tratado del mismo modo por la RFEF, al igual que al dependiente racinguista Real Racing Club B se le permite adquirir mediante el abono de 190.000 euros una de las plazas libres en la categoría de bronce estando la entidad cántabra sumida en Ley Concursal, con lo cual se desprende y puede interpretarse que se permiten tratos de favor hacia unos clubs respecto de otros saliendo claramente perjudicados los intereses oriolanos tanto en cuando el Reglamento General debe ser igual para todos los asociados, sin distinciones.

Como indica Javier Tébar, experto en Ley Concursal, “la decisión de normas o reglamento de juego de la Federación no pueden estar por encima de las leyes civiles que vulneren, además, a una entidad, sus acreedores y al propio juez auditor”.

Consecuencias para la RFEF

Aunque la RFEF sea un gigante en comparación a una entidad tan humilde como el Orihuela C.F. y todo lo sucedido en referencia a este caso pueda ser sujeto a cualquier tipo de interpretación, lo bien cierto es que el pulso mantenido entre oriolanos y federativos, o lo que es lo mismo, entre un empleado y su patrono, con la ley en la mano y desde el primer instante todo tenía visos de terminar como ha concluido; saliendo vencedor el club y derrotada la Federación, aunque el precio pagado por los de la Vega Baja ha sido muy alto.

HF Caso Orihuela CF 5

La situación del fútbol español y en especial la de los clubs enrolados en Segunda División B no está para florituras y a pesar de la buena intencionalidad federativa para corregir y encauzar un problema gravísimo como es el impago de muchos clubs con sus plantillas profesionales, algo muy loable y sin duda necesario, lo cierto es que antes de aplicarse contundentemente un artículo registrado en el Reglamento General, por muy obligado e importante que sea este, es muchísimo más importante conocerse las leyes que rigen este país y saber a quién se pueden aplicar y a quién no antes de iniciar cualquier proceso.

En toda esta historia el principal perjudicado y que no le quepa la menor duda al lector, pese a haber salido vencedor ha sido el club alicantino quien ha sido sometido a un auténtico calvario cuando había cumplido con su deber de tener al corriente sus pagos y cumplir con los dictámenes de la Ley Concursal.

Pero también ha salido perjudicada la RFEF. La imagen dada por el ente federativo despreciando las alegaciones del club oriolano y negándose a recibir a sus directivos para al menos escuchar en boca de estos sus argumentos, es algo que está fuera de lugar porque una de las principales virtudes que se le ha de exigir es la muestra de capacidad conciliadora, algo que incluso una vez sentenciado el caso judicialmente apenas se ha apreciado públicamente.

La actitud mostrada por la RFEF no es la más idónea para un caso como este que se debió resolver con más celeridad de la mostrada y que quizás, de haberse conocido el alcance del poder de los magistrados con la aplicación de la Ley Concursal, nunca se hubiese llegado tan lejos. La RFEF tensó demasiado la cuerda y dejó apurar al Orihuela C.F. un recurso de supervivencia en el cual le iba la vida en ello, no entrando a razones hasta que la denuncia oriolana acabó politizándose y facultando una huelga de hambre por parte de algunos directivos de club de fútbol cuya perseverancia trascendió a muchos medios deportivos y no deportivos. Solo cuando vieron que tenían la batalla perdida accedieron someterse al designio judicial fuera cual fuera el resultado tomado en el auto. Antes nunca.

Las consecuencias derivadas por el litigio son bastante graves y además de quedar patente que la RFEF está supeditada a la Ley Concursal, queda demostrado que para un mismo problema compartido por Orihuela C.F. y Real Jaén C.F. SAD, en otro nivel queda el Real Racing Club B, -los tres en Ley Concursal-, la RFEF ha adoptado distintas soluciones cuando solo era posible una. Además de perjudicar al Orihuela C.F. y salir muy dañada la propia RFEF por no haber manejado la disputa con diligencia, se ocasionan una serie problemas donde antes no los había en dos grupos de alcance nacional aunque de distinta categoría: el Grupo III de Segunda División B se ve incrementado en un club más con el agravio que ello supone a los 20 ya existentes y el Grupo VI de Tercera División queda desprovisto de un club resultando su composición coja cuando ya se había iniciado el campeonato. En lugar de resolver un problema se originan dos nuevos.

© Vicent Masià. Noviembre 2012.

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titular HF Copa Espana Libre

por Vicent Masià

 

Introducción

Cuando el 18 de julio de 1936 parte del ejército se sublevó en contra de la II República, nadie en esos momentos pensaba ni incluso sospechaba que los derroteros que iba a tomar el golpe de Estado iban a causar la fractura de España en dos bandos y una contienda fraticida entre hermanos durante varios años. En general, y sobre todo al principio, casi acostumbrados a brotes militares durante el último siglo, practicamente todo el mundo era de la idea de que aquel alzamiento militar sería breve y que pronto se iban a deponer las armas solucionándose las rencillas de una forma u otra aunque quedasen secuelas. Sin embargo, contrariamente a lo esperado, este deseo desafortunadamente no se alcanzó y el conflicto armado se prolongó largamente afectando a todas las capas sociales y a todos los estamentos sin quedar nadie a salvo, con mucho derramamiento de sangre, demasiado.

En la parte que nos afecta, el deporte y dentro de él nuestra disciplina favorita, el fútbol, tampoco salió este de rositas y cual los dos bandos en los cuales quedó dividida y desgarrada nuestra patria, en dos quedaría tras unos meses de cruenta guerra la Federación Española de Fútbol. Pero volvamos a julio de 1936. La FEF, poco después de levantarse el ejército, fue incautada por representantes del Frente Popular quienes sustituyeron al presidente electo Leopoldo García Durán por el frentepopulista José María Mengual, un exdirectivo de la Ag.D. Ferroviaria de Madrid. Mengual, hombre avispado, no tuvo dudas en mantener en su puesto por su diligencia e imparcialidad al que hasta la fecha era Secretario General de la FEF, Ricardo Cabot, presumiendo que el brote militar duraría escasas fechas y Cabot – el más indicado para ello -, podía cumplir con sus funciones de forma profesional durante lo que tardase e finiquitarse el conflicto. Las semanas pasaban, los meses también y Cabot, en vistas de que la situación cada vez iba a peor y nada presagiaba un armisticio, nada más tuvo ocasión se trasladó a Barcelona, su ciudad de origen, dejando prácticamente huérfana de funcionalidad efectiva la FEF en Madrid. Con García Durán desaparecido, la FEF incautada y Madrid aislado del resto de la zona fiel a la II República, Ricardo Cabot desde Barcelona se convirtió en el máximo representante de la FEF gubernamental hasta el punto de ser él mismo casi la FEF, pero no sin antes de estos acontecimientos y de su traslado a Barcelona, como buen dirigente que era, dejar cerrada, dominada y bastante clara la situación legal y oficial del fútbol español.

Suspensión de las competiciones oficiales a nivel nacional

En el mes de octubre, pasados ya varios meses tras el inicio de la contienda, la escalada bélica no sólo no se reducía sino que se incrementaba paulatinamente, llegando al punto de que los clubs estaban sumamente preocupados por su futuro inmediato y no sabían como reaccionar ante una temporada 36/37 en ciernes que se les echaba encima. La comunicación con Madrid no era la deseable, medio país estaba bajo las armas de un bando y el otro luchaba por no ser ocupado, nadie sabía apenas nada de nadie y todos esperaban órdenes desde la sede federativa para conocer de primera mano qué decisiones adoptar, aunque todos temían – como no podía ser de otra manera -, que el Campeonato 36/37 fuese suspendido o en el mejor de los casos aplazado hasta que la situación política se zanjase. Consciente de su liderazgo, Cabot hizo los deberes y tras analizar la delicadísima situación en la cual se encontraba sumido el país no tuvo más remedio que actuar con celeridad y emitir una circular a todas las federaciones territoriales el 3 de octubre que confirmaba las peores sospechas:

El comité Ejecutivo de la FEF ha tomado los siguientes acuerdos:

1º. Suspender la temporada en juego para toda clase de Competiciones oficiales de esta Federación, mientras no se dicten otras disposiciones que dejen sin efecto las presentes.

2º. Autorizar a las Federaciones Regionales para que procedan de igual manera en cuanto a las competiciones oficiales que les son propias, y en cuanto a las Superregionales en que estén interesadas, sin perjuicio de que si la situación especial de cada Región permite estimarla de otro modo subsistan aquellas que puedan jugarse, pero en la inteligencia de que, en este caso, será bajo su exclusiva responsabilidad.

Tras esta escueta pero tan transparente circular quedaban suspendidas las competiciones oficiales a nivel nacional de las cuales la FEF era el máximo organismo responsable: la Liga Nacional de Clubs en sus distintas categorías y el Campeonato de España de Fútbol. La temporada 36/37 a nivel estatal echaba el cerrojo hasta nuevo aviso. Sin embargo, Ricardo Cabot, aquel catalán que había vivido en sus propios fueros la eclosión del fútbol en España siendo: jugador, directivo, presidente de un club de fútbol, presidente de la Federación Catalana, abogado legislador y secretario de la FEF; no quería dejarse ninguna puerta abierta, no quería dejar flecos pendientes y autorizaba con su puño y letra que los Campeonatos Regionales dependientes única y exclusivamente de las federaciones territoriales se disputasen si la situación bélica lo propiciaba, porque Cabot, inteligente como era y conociéndose como la palma de su mano las leyes federativas cuyos estatutos habían salido de su privilegiada mente, sabía perfectamente que la Federación Española era la Federación de Federaciones y que en estas estaba su poder como había quedado firmado tras el consenso obtenido en 1913 entre los representantes de la RFECF y la RUECF. Las federaciones territoriales estaban por derecho propio legitimizadas para organizar torneos y campeonatos regionales y darles bajo su consentimiento o tutela, legalidad y oficialidad tal y como la propia FEF hacía con los campeonatos nacionales y eso, era decir mucho y bien. Gracias a estos dos acuerdos dados a conocer el 3 de octubre, diversas regiones como Cataluña, Valencia, Murcia o Baleares, alejadas en principio del frente, pudieron disputar sus torneos regionales con carácter oficial y legal durante al menos uno o dos años, según los casos y en pleno conflicto.

Ricardo Cabot como único representante de la FEF en activo y ante el silencio de la sede central de Madrid, actuó en consecuencia adoptando plenos poderes y convirtiéndose en la voz más autorizada. Cabot era quizás la persona más idónea para regir los destinos de la FEF en esos tiempos y entre su extenso currículum constaba la redacción de los estatutos y reglamentos de la FEF tras la reestructuración de 1913, algunas modificaciones de estos y muchos tratados jurídicos del ámbito futbolístico. Consciente de la legislación vigente de la cual él mismo era parte implicada y partícipe, fue fiel a sus ideas y supo que la decisión tomada era la más acertada y que en ningún caso estaba autorizado a suspender los campeonatos regionales ni aún menos inmiscuirse en las decisiones de las federaciones territoriales porque estas, desde 1913, eran autónomas dentro de la propia federación nacional para auto regirse y organizar torneos en su ámbito geográfico. Nadie se lo podía impedir. La gran reforma de 1913 en la que la Real Federación Española de Clubs de Foot-ball se reestructuró profundamente tras un mano a mano con la Real Unión Española de Clubs de Foot-ball y que acabó con la disolución de ambas para crear una nueva denominada Real Federación Española de Foot-ball, otorgaba plenos poderes a las federaciones territoriales y les concedía autoridad para convocar campeonatos regionales y decisión para legislar, ejecutar y sancionar. En correspondencia a estas leyes, Cabot suspendió la temporada 36/37 a nivel nacional y sabedor de sus limitaciones a nivel regional sólo pudo autorizar, nunca obligar, a que las federaciones territoriales le secundasen dejando la opción a que estas, como autónomas que eran, actuasen según su propio criterio y según su responsabilidad.

HF Copa Espana Libre 1

Autorización de las competiciones oficiales a nivel regional

Tras el alzamiento del 18 de julio, las federaciones fieles a la II República habían sido incautadas bien por miembros del Comité Frentepopulista como el caso de la Federación Murciana y de la Federación Centro con sede en Madrid, por el Comité de Espectáculos Públicos de la UGT en el de la Federación Valenciana o por la Generalitat a través de su Comisaria d’Educació Física i Esports en el caso de la Federación Catalana. Estas ocupaciones, sin embargo, no fueron impedimento alguno para que las federaciones catalana, murciana y valenciana, dentro de la anómala situación, pudieran desarrollar con ciertas garantías la temporada 36/37 pues en alusión a las indicaciones de Ricardo Cabot en su circular del 3 de octubre, la situación en estas regiones era especial al estar alejadas del frente y se podía jugar al fútbol bajo su entera responsabilidad. Dichas federaciones, en base a la Ley que recogía la circular del 3 de octubre, quedaban facultadas para continuar su actividad deportiva y todas promovieron la disputa de sus respectivos campeonatos regionales con el carácter oficial de siempre. Las federaciones murciana y valenciana organizaron conjuntamente el Campeonato Regional de Levante del cual fue vencedor el Valencia F.C. mientras que del Campeonato Regional de Cataluña lo fue el Club Deportivo Español, de Barcelona. Ambos campeonatos dieron inicio el 4 de octubre, terminando el levantino el 13 de diciembre y el catalán el 20 del mismo.

Finiquitados ambos torneos regionales, la guerra seguía en activo adquiriendo una escalada que hacía presagiar un lejano armisticio. Se había estrenado apenas 1937 y aún quedaban muchos meses por delante para dar por cumplida la temporada 36/37 cuando a iniciativa del F.C. Barcelona, se pensó en ocupar ese espacio de tiempo con un torneo en el cual, bajo formato de Liga, se disputasen encuentros a dos vueltas donde surgiese finalmente un campeón. Tras ser informada la Federación Catalana, para desarrollar tal idea y darle un aspecto de más empaque, más si cabe teniendo en cuenta que esos encuentros iban a proporcionar un importantísimo y necesario dinero en efectivo para la subsistencia de las propias sociedades, el torneo se pensó hacerlo extensible a los clubs valencianos y murcianos que en esos instantes todavía podían competir en condiciones. Dicho y hecho, tras idas y venidas de dirigentes federativos de Barcelona a Valencia y viceversa, o bien aprovechando encuentros amistosos entre clubs de ambas regiones, se llegó a un acuerdo tomado – como consta en prensa – en la sede de la Federación Catalana en el cual quedaba aprobada la I Liga Oficial Cataluña-Valencia en obligada referencia a los dos únicos organizadores, quedando excluidos los clubs pertenecientes a la Federación Murciana quienes expresamente habían anunciado su retirada del proyecto al carecer de medios para desplazarse y encontrarse con sus arcas totalmente vacías. Entre las bases de este torneo que una vez finalizado fue posteriormente recordado como Liga del Mediterráneo, constaba la participación de ocho sociedades, cuatro catalanas y cuatro valencianas, iniciándose el campeonato el 31 de enero de 1937 y finalizando a principios de mayo con el F.C. Barcelona como claro vencedor.

Este torneo oficial promovido por las federaciones catalana y valenciana bajo la supervisión de la Secretaría General de la FEF representada por Ricardo Cabot no sería el último a disputar en esa campaña. Cuando finaliza esta competición en mayo de 1937, el por entonces presidente del Valencia F.C., Rodríguez Tortajada, siguiendo el formato que se había mantenido en España durante los años precedentes con el binomio Liga y Copa, propone a la Federación Valenciana crear un Campeonato de Copa con el beneplácito de los clubs valencianos más importantes. Esta propuesta es transmitida, como consta en prensa, a la Federación Catalana y luego a la FEF con sede en Barcelona cuya cabeza visible es Ricardo Cabot, su secretario general. La federación nacional que dirige Cabot con gran atino pero que se mantiene entre alfileres al estar bastante debilitada, no tiene inconveniente en autorizar su disputa y de inmediato se inician las conversaciones entre las federaciones catalana y valenciana para dirimir las bases del torneo mientras se consigue paralelamente un trofeo donado por el presidente de la República que en esos instantes tiene su gobierno en la ciudad de Valencia. Como sucediese con la I Liga Oficial Cataluña-Valencia, los viajes de federativos y dirigentes de clubs catalanes a Valencia y de estos a Barcelona son continuos, aceptándose no sin antes resolverse algunos sonoros problemas internos a nivel promocional surgidos dentro de la Federación Catalana: que la Copa sea disputada con el novedoso sistema de liguilla a doble vuelta y con un encuentro final entre los dos primeros clasificados. Los participantes elegidos para concurrir en tal torneo son los dos primeros catalanes y valencianos clasificados en la recién concluida I Liga Oficial Cataluña-Valencia, pero el F.C. Barcelona, el Campeón, declina su participación al estar inmerso en su gira americana que tiene como fin recaudar fondos, siendo su puesto ocupado por la Gerona F.C. El 6 de junio se inicia el torneo y en la prensa es anunciado pomposamente como Copa de España Libre en alusión de que en este campeonato sólo figuran clubs fieles a la II República, quedando sin representación la España ocupada por los sublevados. Para captar la atención de los aficionados y que acudan en masa a los estadios durante los encuentros eliminatorios se le da un tratamiento comparativo a un Campeonato de España de Fútbol, distinción de la que obviamente carece al ser disputada por clubs asentados en una fracción del país, alcanzando la final los dos clubs valencianos en escena, Levante F.C. y Valencia F.C. en detrimento de C.D. Español y Gerona F.C. que han quedado eliminados. El partido definitivo se efectúa en Sarriá casualmente el 18 de julio de 1937 (pasado justo un año del alzamiento militar), y en este los levantinistas se imponen por 1-0 a los valencianistas con gol de Nieto.

HF Copa Espana Libre 2

Estos torneos y campeonatos disputados entre 1936 y 1937 en la zona fiel a la II República a los que hay que sumar los organizados durante 1938 en Cataluña, son todos oficiales y legales al ser promovidos por las federaciones catalana y valenciana, órganos legítimos y plenos de autonomía que, entre otras restantes, dan conformidad a la Federación Española de Fútbol (Real entre los años 1913 y 1931) según los estatutos aprobados en 1915 por todos los delegados presentes en la Asamblea Nacional de aquel año. La FEF gubernamental de entre 1936 y 1939 adscrita a la FIFA es la única legal y oficial reconocida a nivel internacional y las decisiones adoptadas por esta y sus súbditas, las territoriales, son igualmente oficiales.

Anulación de las competiciones oficiales en zona gubernamental durante la guerra

Cuando en 1937 se crea la FEF nacional tutelada por los militares con sede en San Sebastián a instancias del general José Moscardó, esta federación solicita casi de inmediato su correspondiente ingreso en la FIFA, organismo que reacciona con sorpresa y cautela a medias denegando su instancia y no reconociéndola al existir ya una oficial con sede en Madrid, aunque provisionalmente ejerce desde Barcelona a través de su secretario general Ricardo Cabot. Este rechazo inicial por parte del máximo órgano futbolístico mundial sito en París, a medida que la guerra avanza y los nacionales se imponen mientras los gubernamentales retroceden, empieza a dar un giro progresivo a la par que el conflicto y adquiere simpatizantes dentro de la FIFA, sobre todo con su influyente vicepresidente, el italiano Giovanni Mauro, quien presiona entre sus compañeros para que la postura inicialmente tajante y radical se convierta en tolerante. A finales de 1937 la FEF de San Sebastián, que preside el teniente coronel Julián Troncoso, ante la falta de actividad y localización de gran parte de los miembros de la FEF otrora en Madrid y con ahora representación en Barcelona a través de su secretario Ricardo Cabot, pasa a ser oficiosa y se le concede la organización de encuentros internacionales – siempre y cuando no sean oficiales -, y todo lo concerniente a las atribuciones propias de una federación de ámbito estatal. En primavera de 1939, una vez finalizada la guerra, la FEF de San Sebastián pasa a dirigir de forma unificada el destino del fútbol español y traslada su sede a Madrid, aunque no precisa ser reconocida oficialmente por la FIFA porque ante los ojos de esta sigue siendo la única adscrita desde 1913 y veladamente actúa como si nada hubiese pasado durante estos tres amargos años. Es el momento de ponerse a trabajar y de inmediato se ponen las primeras piedras para reconstituir el fútbol español, tan castigado en el trienio anterior, expresando su presidente Julián Troncoso mediante prensa sus ideas e impresiones de lo que desea sea la nueva era.

El 24 de julio de 1939, apenas unos meses tras el fin oficial del conflicto, los dirigentes de la FEF a instancias de la Delegación Nacional de Deportes, órgano que la supedita, estudian mediante asamblea la reorganización de las competiciones de ámbito nacional y regional en vistas a la próxima campaña 39/40 que se iniciará tras el verano y ante la cual quedan muchas cosas por hacer. En esa misma asamblea se nombra también una comisión que se encargará de reformar los estatutos y reglamentos existentes adaptándolos a la nueva situación política vigente que restará poder a las federaciones territoriales y a los clubs, dejándolo presuntamente todo en manos de la federación nacional. Sin embargo, estos acuerdos – necesarios para revitalizar la dinámica interrumpida en 1936 -, quedarán ensombrecidos por una decisión sin precedentes que desvirtúa y aniquila de cuajo una parte de la historia del fútbol español: se declaran nulos, sin validez ni efectos las clasificaciones establecidas y los compromisos adquiridos desde el pasado 18 de julio de 1936, retrotrayendo a esta fecha la situación contractual tanto de clubs como de jugadores, además de emprender una fuerte depuración ideológica de árbitros, jugadores y directivos.

Esta medida política tomada arbitrariamente por la Delegación Nacional de Deportes que preside el general José Moscardó, significa que las competiciones disputadas entre 1936 y 1939 son borradas pese a ser desde el principio oficiales, haber sido originadas por federaciones territoriales democrática y legalmente constituidas, estar supeditadas por la FEF y ser este organismo miembro afiliado a la FIFA y reconocido por esta. Es decir, la FEF se niega a sí misma, un acto impropio puesto que un organismo no puede negarse a sí mismo igual que una persona cabal no puede pensar de una manera, luego de otra, discutir consigo misma, castigarse y luego auto negarse. Esta decisión que sólo es comprensible bajo la óptica de quien ha vencido en guerra, adquiriere el agravante de que no condenan ni invalidan aquellos torneos y competiciones organizados por la FEF con sede en San Sebastián como es el Torneo de las Brigadas Navarras o el Torneo Nacional de Fútbol de 1939 conocido como I Copa de S.E. el Generalísimo o Campeonato de España, afectando sólo a los organizados por la FEF de Madrid con sede provisional en Barcelona. De repente los campeonatos regionales disputados en Cataluña, Valencia y el mancomunado de Levante formado por las federaciones de Valencia y Murcia son declarados ilegales no constando en futuros anuarios y recopilatorios históricos tanto privados como federativos. Lo mismo sucede con el I Torneo Oficial Cataluña-Valencia y la Copa de España Libre, torneos ambos oficiales que nunca amistosos, pues de ser considerados así no hubiesen sentido el pesado estigma de ser condenados e ignorados, los cuales dejan de ser reconocidos por ser torneos organizados bajo poder gubernamental. En la actualidad ambos sólo perviven en la memoria de los aficionados y en especial de aquellos que como en el caso de este último, lo conquistaron brillantemente: los levantinistas.

En las décadas siguientes nada cambia y el silencio es absoluto, siendo ocultada cualquier referencia que rememore aquellos torneos oficiales disputados durante la confrontación bélica. Historiadores de clubs o federativos enlazan la temporada 35/36 con la 39/40 como si nada hubiese ocurrido durante los años intermedios, hasta que ya en plena democracia y bien avanzada esta, surgen tímidas voces que hacen referencia a estos hechos que sucedieron, y tanto que sucedieron.

Solicitud de reconocimiento de las competiciones oficiales en la zona gubernamental

La apertura avanza lentamente y en los primeros años del nuevo siglo la popularidad de la Copa de España Libre se acrecienta hasta que llega a instancias del Gobierno a través de una Propuesta no de Ley presentada en el Congreso de Diputados por el Grupo Parlamentario Verde-Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, el 2 de febrero de 2005 que dice así:

HF Copa Espana Libre 3

Tras esta Proposición no de Ley, dos años y medio después (en el mes de septiembre del año 2007), el Congreso de los Diputados aprueba una nueva Proposición no de Ley en la que se insta a la Real Federación Española de Fútbol a estudiar la posible oficialidad de la competición:

Comisión de Educación y Ciencia

161/000588

La Comisión de Educación y Ciencia en su sesión del día 25 de septiembre de 2007, ha acordado aprobar con modificaciones la Proposición no de Ley para el reconocimiento de la Copa de la España Libre o Copa de la República como legal y oficial a todos los efectos, presentada por el Grupo Parlamentario Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds y publicada en el “BOCG. Congreso de los Diputados”, serie D, núm. 154, de 15 de febrero de 2005, en los siguientes términos:

“El Congreso de los Diputados insta al Gobierno a dirigirse a la Federación Española de Fútbol para que lleve a cabo los trámites necesarios para el reconocimiento oficial a todos los efectos de la celebración del Campeonato de Copa de 1937, de sus participantes, de la final de Barcelona, así como del resultado que dio como vencedor al Levante U.D. (en aquel momento denominado Levante F.C.)”.

A dicha Proposición no de Ley se formuló una enmienda, cuyo texto, asimismo, se inserta.

Se ordena su publicación de conformidad con lo previsto en el artículo 97 del Reglamento de la Cámara.

Palacio del Congreso de los Diputados, 27 de septiembre de 2007. – P.D. El Secretario General del Congreso de los Diputados, Manuel Alba Navarro.

La enmienda decía así:

A la mesa de la Comisión de Educación y Ciencia

En nombre del Grupo Parlamentario Socialista, me dirijo a esa Mesa para, al amparo de lo establecido en el artículo 194.2 y siguientes del vigente Reglamento del Congreso de los Diputados, presentar la siguiente enmienda a la Proposición no de Ley para el reconocimiento de la Copa de la España Libre o Copa de la República como legal y oficial a todos los efectos, del Grupo Parlamentario de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds.

Enmienda

De sustitución.

Se propone sustituir el texto por lo siguiente:

“Proponer a la Federación Española de Fútbol una investigación para la comprobación de la realización del Campeonato de Copa de 1937, la final de Barcelona de ese año y el resultado que dio como vencedor al Levante U.D. y, si tuviera resultado positivo, el reconocimiento oficial de dicho campeonato, participantes y vencedor a todos los efectos”.

Palacio del Congreso de los Diputados, 24 de septiembre de 2007. – Julio Villarrubia Mediavilla, Portavoz del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso.

El resultado del informe

La demanda que a través del Congreso de los Diputados emprende el Levante U.D., nueva denominación del Levante F.C. tras haberse fusionado con el Gimnástico F.C. en 1939 y después de haberse denominado transitoriamente U.D. Levante-Gimnástico entre 1939 y 1941, tal y como está redactada y pese a su buena intencionalidad, presenta algunos comentarios erróneos como el de “sucesora de la Copa de España” que pueden inducir a confusión puesto que el que la Copa de España Libre pretenda ser equiparada y considerada como Campeonato de España de Fútbol, es un planteamiento equívoco ya que no fue creada con ese rango de sucesora, sino como sucedánea de ésta, algo muy distinto, pero a menor escala y con una limitación geográfica restringida y no de ámbito nacional, sino superregional. Tal y como indica la Proposición no de Ley, el único órgano competente para conceder o no esta sugerencia es la RFEF y cual es la sorpresa que esta entidad no la atiende personalmente como su importancia requiere sino que delega tal responsabilidad en una asociación privada que investiga hechos históricos y fundamentalmente estadísticos de nuestro fútbol requiriéndole un informe consultivo.

Esta asociación, CIHEFE, en base a unos parámetros elegidos por sus propios miembros decide rechazar las tres acciones descritas en la Proposición no de Ley y tras cumplimentar un reducido informe, transmite su parecer a la RFEF para que evalúe su conclusión. Entre las distintas notas que figuran en el informe leemos que se desestima la equiparación de la Copa de España Libre como Campeonato de España, algo que ya de inicio sorprende por cuando no está contemplado entre las tres acciones que requiere la Proposición no de Ley, es decir, no se puede entrar a valorar un comentario aparecido en la exposición de motivos cuando lo realmente en juego son las tres acciones solicitadas. Pero sin duda lo más sorprendente es que además, y cuando nadie espera leerlo, tal y como ya sucediese en 1939 con la Delegación Nacional de Deportes encabezada por el general José Moscardó y su subordinada la FEF, este informe niega la oficialidad de la misma. ¿Desde cuando una entidad privada a la cual se le encomienda un estudio tiene competencia para negar la oficialidad de un torneo o competición organizado por una o varias federaciones territoriales, en este caso dos, como lo fueron la catalana y la valenciana? Ante circunstancias como ésta desearíamos que el fallecido maestro Don Félix Martialay estuviese con nosotros y nos explicase esto con todo lujo de detalles, frase a frase, palabra por palabra y mirándonos a los ojos. Por segunda vez en la historia la RFEF se ve supeditada por la opinión de dos organismos ajenos, en 1939 por imposición de una Delegación Nacional de Deportes politizada y militarizada y en 2009 a petición propia delegando en un ente privado, CIHEFE, que le aconseja y marca las pautas a seguir ante su manifiesta incapacidad para evaluar una Proposición no de Ley a instancia del Congreso de los Diputados.

Este último suceso presenta además el incomprensible y kafkiano hecho añadido de que los miembros federativos, una vez conocido el dictamen del susodicho informe, efectúan una votación para decidir si se acepta o no lo que este dice. ¿Cómo se puede someter a votación el dictamen final de un trabajo realizado por encargo después de reclamar la ayuda de esta asociación privada tras no sentirse la propia RFEF capacitada para resolver la reclamación que se le ha presentado? Si no hay fundamentos suficientes que garanticen, estudien y den solución a una propuesta que les llega desde el Congreso de los Diputados, siendo coherentes tampoco los hay para votar si la solución proporcionada por terceros es válida o no, pues es incongruente juzgar una cosa que no se sabe.

Condicionantes del informe CIHEFE

Entre los condicionantes que alega CIHEFE para no oficializar la Copa España Libre de 1936-37 constan argumentos tan inconsistentes o faltos de rigor tales como que el trofeo no fue entregado al Levante F.C. por el mismísimo presidente de la República, como si este estuviese obligado a entregar personalmente y en público dicho premio con el riesgo que a su integridad física en tiempo de guerra ello implicaba (hubiese sido irresponsable e impropio de una autoridad de tal rango y el mismo criterio tuvo el Generalísimo para no acudir a Barcelona en 1939 a la entrega del trofeo que llevaba su nombre y considerado como Campeonato de España). Que el torneo fue amistoso porque supuestamente – sin existir ni un solo comentario en prensa que lo atestigüe – el trofeo fue entregado por Rodríguez Tortajada, presidente del Valencia F.C. y no han encontrado referencias a que ni José María Mengual como presidente de la FEF ni Ricardo Cabot como secretario general estuviesen presentes en la final, es decir, se deja caer que si la prensa no cita el nombre de una autoridad es que esta no ha asistido y obviamente es porque se trata de un amistoso. Que el torneo fue ideado y organizado en exclusiva por Rodríguez Tortajada, algo ya comentado en líneas anteriores y a la prensa nos remitimos que no fue exactamente así y que si bien fue ideado por el presidente valencianista luego fue consensuado, concretado y consumado por las federaciones catalana y valenciana basándose en unas reglas establecidas o que la FEF gubernativa no estaba en activo y que en ningún momento organizó tal torneo, una equivocación más pues sí existía, tenía su sede provisional en Barcelona y su máximo representante era el activísimo Ricardo Cabot tal y como se ve en la correspondencia que este mantiene con la FIFA de París hasta meses después de la disputa del torneo cuando en el mes de noviembre, ante las preguntas de la FIFA sobre la actividad en su zona, contesta que en Cataluña se está compitiendo oficialmente – el Campeonato Regional de 1938 -, además de que hay que incidir una vez más que dicho torneo no fue organizado por la FEF sino por las federaciones catalana y valenciana bajo la autorización y custodia de la FEF de Barcelona, que no es lo mismo, una condición esta de la custodia que hasta el mismo IFHHS (órgano dependiente de la FIFA y del cual es CIHEFE una sucursal española, para mayor contradicción), mantiene en sus pronunciamientos para legalizar y oficializar un torneo.

Por si no fuesen suficientes motivos para denegar su oficialidad basándose en presuntos supuestos y ante el temor de que alguien pueda seguir reclamándola como es de justicia hacerlo (para ello basta con consultar toda y no parcialmente prensa barcelonesa y valenciana de esa fechas), en el informe se alega así mismo que los clubs valencianos entregaron sumas de dinero a los clubs catalanes para que accediesen a disputar el torneo cuando este requisito nunca se había dado con anterioridad, una decisión que claramente y en modo alguno, no resta oficialidad sino que se toma en esos precarios instantes porque los clubs valencianos desean seguir compitiendo y hacer taquilla para autofinanciarse aunque tengan que pagar un pequeño precio a cambio, una opción comprensible que al mismo tiempo beneficia de igual manera a sus receptores, los clubs catalanes, quienes consiguen de este modo obtener unos ingresos que de no ser así difícilmente se alcanzarían en medio de una guerra. Para rematar indican que el trasiego de jugadores fue constante, que no tenían ficha y que esto venía a enturbiar el desarrollo de una competición, llamémosle tradicional y al uso. Quizás estos señores hayan olvidado que estaban en medio de una situación anormal, en plena guerra, dentro de una situación terrible donde había centenares de muertos todos los días y sobre todo de la circular de la FEF del 23 de septiembre de 1936 que indicaba:

“Los jugadores pertenecientes a las Federaciones Regionales enclavadas actualmente en zonas de guerra afectas a los rebeldes y que se hallen en zonas afectas al Gobierno, pueden fichar libremente, en la forma que gusten, por clubs enclavados en su actual residencia con la expresa condición de que una vez restablecida la normalidad y sofocada la rebelión, vuelvan al club de procedencia”.

A esta circular hay que añadir una complementaria emitida esa misma fecha por el Sindicato de Profesionales del Fútbol de Cataluña con el beneplácito del sindicato UGT y de la Federación Catalana que decía: “Todos aquellos jugadores que el día 25 de septiembre no hubieran llegado a un acuerdo con su club para la renovación del contrato, quedan en libertad”. Además de estas circulares legales hay que sumar que algunos jugadores enclavados en zonas controladas por el ejército nacional, lograron escapar al cerco y movidos por el hambre y la única posibilidad de obtener dinero con lo que sabían hacer, se enrolaron en clubs bajo control gubernamental no por comodidad, sino por mera supervivencia. Argumentar con toda la documentación existente en la prensa valenciana y catalana que la Copa de España Libre fue un torneo organizado por Josep Rodríguez Tortajada y equipararla a un torneo amistoso veraniego es desvirtuar la realidad, luchar contra la historia y remar contra corriente por lo explícitos que los medios periodísticos de Valencia y Barcelona son con este torneo y en especial por el rango que le adjudican. Pero si catalogar este torneo como veraniego ya es molesto y hasta cierto punto ofensivo para los aficionados o seguidores de los clubs partícipes y federaciones organizadoras del evento, ¿qué podemos decir de adjudicar a Rodríguez Tortajada toda su responsabilidad? Seguir esta línea conociendo el desarrollo del torneo y todos los recovecos que se dieron cita no se puede en modo alguno aceptar puesto que sería entender que el presidente del Valencia F.C. fue quien pagó de su propio bolsillo todos los viajes desde Barcelona a Valencia y viceversa mas todos los gastos de los encuentros disputados tanto en semifinales como en la final, además de la parte correspondiente que se le asignaba a cada club, es decir, algo increíble en una época en la que no había apenas dinero y la organización del torneo obedeció a motivos totalmente opuestos cuales eran precisamente recaudar dinero para seguir manteniendo en vida estos clubs en plena guerra.

Nueva solicitud de reconocimiento de las competiciones oficiales

La no aprobación por parte federativa de la Proposición no de Ley presentada el 24 de septiembre de 2007 es recibida como un jarro de agua fría por el Levante U.D., toda su afición y quienes conocemos la realidad de un torneo disputado legal y oficialmente durante 1937 en medio de unas condiciones sociales durísimas.

Tras la oportuna y obligada reconsideración estratégica sobre una petición de justicia reclamada por el Levante U.D. con su mayor logro histórico, éste vuelve a la carga en 2009 solicitando una vez más la oficialidad de un torneo que fue desprotegido de esta consideración en 1939 por razones políticas totalmente alejadas y desproporcionadas con un tema simplemente deportivo como es el fútbol, y así, desde el Grupo Parlamentario Popular se reclama lo siguiente:

Comisión de Educación y Deporte

A la Mesa del Congreso de Diputados

El Grupo Parlamentario Popular, al amparo de lo establecido en el artículo 193 y siguientes del vigente Reglamento del Congreso de los Diputados, presenta la siguiente Proposición no de Ley, relativa al reconocimiento legal y oficial de la Copa de España Libre de 1937, para su debate en la Comisión de Educación y Deporte.

Exposición de motivos

Durante los años de la guerra civil española siguieron en ambos bandos las competiciones deportivas, con más o menos participantes según las circunstancias. En concreto, en el llamado deporte rey, se reconocen oficialmente algunos resultados, como la Copa del Generalísimo de 1939, lo que es legítimo, pero otros igual de legítimos no han tenido un reconocimiento oficial hasta la fecha, como es el caso de la Copa de España Libre, sucesora de la Copa de España (competición que se inició como un homenaje al monarca Alfonso XIII), después Copa del Generalísimo y actualmente Copa del Rey.

Al inicio de la guerra se paró por motivos evidentes la Liga Española de ámbito estatal. En la parte republicana, se disputó en 1937 la competición de fútbol denominada Copa de España Libre, resultando vencedor de la misma el Levante F.C., actualmente Levante U.D., producto de la fusión de entidades deportivas.

Teniendo en cuenta argumentos meramente de justicia deportiva, pensando que aquellos que practican deporte no lo hacen por cuestiones políticas y también porque este año el Levante U.D. celebra su centenario, cien años en el que su único título de prestigio es la Copa de España Libre y no ha sido reconocido, como sí lo fue el del Sevilla C.F. en 1939, es por lo que el Grupo Parlamentario Popular formula la siguiente

Proposición no de Ley

“El Congreso de los diputados insta al Gobierno a que, a través de la Secretaría de Estado del Deporte y la Real Federación Española de Fútbol, se acometan las acciones oportunas encaminadas a que:

- Se reconozca la validez legal y oficial de la Copa de España Libre de 1937 a todos los efectos.

- Se reconozca el resultado de la final celebrada en Barcelona el 18 de julio de 1937.

- Se reconozca como campeón del torneo al Levante U.D. y subcampeón al Valencia C.F. con los efectos deportivos que ello conlleva”.

Palacio del Congreso de los Diputados, 1 de diciembre de 2009. Vicente Ferrer Roselló, Diputado. – María Soraya Sáenz de Santamaría Antón, Portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso.

Conclusiones

1º. La FEF dirigida por Julián Troncoso en julio de 1939 y originada toda su cúpula directiva en una escisión producida a mediados de 1937, resuelve adoptar un acuerdo ilegal al declarar válidos los campeonatos organizados en la zona bajo mandato nacional y nulos los organizados en la zona fiel a la II Republica. Es decir, para que nos entendamos, una rama escindida de la propia FEF y una vez con el mando total de todo el país, decide anular deliberada y partidistamente lo legal y oficialmente organizado por la rama fiel a la II república al tratarse de lo construido por el bando contrario en guerra. Una parte seccionada en 1937, no reconocida por la FIFA en esa época, invalida posteriormente lo fomentado por federaciones oficiales constituidas desde hace más de treinta años.

2º. Declarar los torneos y campeonatos organizados por las federaciones valenciana y catalana u otras fieles a la II República como nulos es reconocer implícitamente que algún organismo los había reconocido anteriormente como válidos, oficiales y legales. No se puede anular algo que no existe y no es oficial, y si se anulan estos torneos es porque alguien los institucionaliza.

3º. La tutela que ofrece la FEF con sede en Barcelona a través de su secretario general Ricardo Cabot queda patente en las notas de prensa de 1937, tanto en prensa catalana como valenciana, donde se lee claramente que este organismo ofrece su apoyo y hasta concede un trofeo. Ofrecer tutela es lo mismo que autorizar y por ende, oficializar.

4º. Es exigible por parte de las federaciones catalana y valenciana de fútbol, como representantes de los clubs afectados, reclamar ante la RFEF volver al status quo existente hasta julio de 1939 en el que fueron derogados sus derechos y enmudecidos tres años de su historia.

5º. La decisión federativa tomada el 26 de julio de 1939 en el seno de la por entonces FEF debe ser revocada por lo que supuso y en la actualidad supone para unos clubs de fútbol entre cuyos socios existen militantes de diversas ideologías políticas. Un club no tiene ideología ni es en sí mismo una ideología. Un club de fútbol es un club deportivo, no un partido político.

La oficialidad de los torneos y campeonatos disputados en zona gubernamental durante la guerra, a pesar de los diversos embistes sufridos, más pronto o más tarde será reconocida como un valor intrínseco e inseparable de las federaciones que los llevaron a cabo, puesto que el fútbol español está en deuda con ellas y las decisiones políticas no pueden expropiarlas ni enajenarlas de sus atribuciones de forma deliberada y caprichosa.

Todo es cuestión de tiempo.

© Vicent Masià. Noviembre 2011.

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