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Historias de Fútbol

 

Titular HF Los escudos del Real Madrid CF (III Parte)

 

por Vicent Masiá

 

» Ver Los escudos del Real Madrid C.F. (I Parte)

» Ver Los escudos del Real Madrid C.F. (II Parte)

 

A vueltas con el morado

A lo largo prácticamente de un siglo, el Real Madrid C.F. ha llevado en su escudo una banda cruzada de izquierda a derecha y de arriba abajo morada que un día, por no se sabe qué causa oficial, tornó en azul repentinamente y así permanece en nuestros días. El color morado, icono del madridismo durante décadas, ha sido foco de varias interpretaciones todas ellas cargadas de diversas razones sin conseguir imponerse netamente una por encima de otra; que si de origen masónico, que inspirado en el Pendón de Castilla, que si vinculado al Estandarte Real monárquico, que si implementado con el advenimiento de la Segunda República. Todo especulación y ninguna certeza.

Explicar en este artículo con total convencimiento porqué el color morado fue el elegido para maridar con el blanco es, fallecidos los socios fundadores del club hace muchísimos años atrás, algo demasiado aventurado y si ellos nunca manifestaron públicamente qué razón les motivó a tal decisión, menos voy a ser yo quien retire el tupido velo y descubra algo que la vida se llevó. Lo que sí voy a intentar hacer es romper algunos falsos mitos, exponer algunos errores que perduran demasiado y parece ser nunca desaparecen, y ampliar con más datos otras opciones que podrían tener relación con este color.

El pendón rojo carmesí del Reino de Castilla

Surgido como entidad política autónoma en el siglo IX bajo la fórmula administrativa de condado vasallo del Reino de León, según estudios llevados a cabo por la Armada Española el color inicial de los condes castellanos fue el escarlata (rojo), constando así en diversos episodios históricos de los que se conservan reseñas escritas. En 1170, con el ascenso al trono de Alfonso VIII, el Reino de Castilla que había adquirido esta consideración en el siglo XI, definió su símbolo identificativo como una bandera de rojo carmesí sobre la cual se dispondría un emblema parlante, el castillo de oro, siendo a partir de entonces la bandera castellana unívoca: castillo de oro (amarillo) almenado de tres almenas, mamposteado de sable (negro) y aclarado de azur (azul) sobre paño de gules (rojo).

El Pendón de Castilla, insignia militar que consistía en una bandera más larga que ancha y generalmente roma o con dos puntas en la pendiente, se convertirá en uno de los símbolos más recurrentes del antiguo Reino de Castilla, siendo mencionado posteriormente por eruditos, novelistas y poetas quienes evocarán tiempos pasados de gloria.

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Más tarde, ya en 1230, el rey Fernando III de Castilla heredará el Reino de León, quedando ambos territorios unidos con el nombre de Corona de Castilla pero siendo respetados los derechos de ambos reinos. Para simbolizar la unificación de las dos Coronas, Fernando III reunirá las dos banderas en una sola mostrando una bandera cuartelada que, hoy en día, ostenta la Comunidad Autónoma de Castilla y León.

En la actualidad, después de transcurridos más de mil años de historia, no existe ni una sola prueba que testifique el color morado de la enseña castellana estando, al contrario, el color rojo carmesí presente en multitud de escudos policromados antiguos, en la heráldica de los sepulcros de personajes ilustres, retablos de iglesias, sellos monárquicos, códices y pendones históricos conservados en localidades pertenecientes a la vieja Castilla.

Del rojo carmesí al morado

Al margen de que una tela o paño teñido de rojo carmesí con el paso del tiempo y su normal envejecimiento a través de los siglos torne en morado pudiendo ocasionar confusión en el observador, en el siguiente capítulo veremos cuál es el origen de la atribución del morado al Pendón del Reino de Castilla, cómo se propagó un error durante siglos y cómo dicho error se convirtió en uno de los más grandes registrados en la vexilología europea que, todavía en el siglo XXI, no ha sido erradicado por completo creando apasionadas discusiones en foros futbolísticos y de cualquier índole.

Para empezar con esta confusión hay que remontarse al año 1634, fecha en la cual Felipe IV promulga el Real Decreto de 10 de septiembre por el cual se crea la Coronelía de Guardas del Rey, un tercio con una dotación entre dos mil quinientos y tres mil veteranos soldados, reenganchados y caballeros de noble cuna para poner fin a los enemigos de la Corona que seguirá al rey cuando salga de campaña militar pero, en tiempos de paz, ejercerá como tercio operativo preparado e instruido para la guerra, sirviendo de escuela de oficiales sin abandonar en cualquier caso España. Nombrado coronel Gaspar de Guzmán y Pimentel Ribera y Velasco de Tovar, conocido como Conde-Duque de Olivares, dicho tercio vestirá con casaca abierta en sus laterales y mangas también abiertas de color amarillo, adornada por el galoneado jaquelado en rojo y blanco. En el pecho y en la espalda, llevarán las armas de la Corona y en las mangas, la Cruz de Borgoña roja. En 1640, la Coronelía de Guardas del Rey, por orden real, adquiere el nombre de Regimiento de Guardas del Rey.

Tras el fallecimiento del Infante Baltasar Carlos en 1646, hijo de Felipe IV y heredero del trono, el tercio es disuelto y su fuerza traspasada al monarca quien se hará cargo de su mantenimiento, acompañando al rey en las campañas militares de Cataluña, región que solicita la ayuda de Francia en rebelión contra la monarquía que se resolverá con el acuerdo conocido como Paz de los Pirineos, en 1659, y en la guerra frente a Portugal que se alargará durante veintiocho años. En 1662 Juan José de Austria, hijo ilegítimo de Felipe IV con la actriz María Calderón, decide en plena campaña militar y con el Regimiento en Portugal, suprimir las prerrogativas de la Guardia Real y lo convierte en Tercio Ordinario de Infantería, cambiando en 1664 a Tercio de Castilla.

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Considerado como el regimiento más antiguo de España, en 1664 cambia a Tercio de Castilla y en 1668, producto del traslado de su sede a tierras andaluzas, a Tercio de Infantería Provincial de Sevilla, recibiendo en 1693 el título de Tercio Morado Viejo, no por ser el color del estandarte del Conde-Duque de Olivares que en realidad fue carmesí y nunca morado como en muchas ocasiones se mantuvo erróneamente, sino al adoptar este color como predominante en su indumentaria oficial. Este cambio, aplicado en tiempos de Carlos II, el último de la Dinastía de los Austrias, será el homenaje de este tercio a un obispo de la época de Fernando III de Castilla quien se encargó de reclutar a gran parte de los soldados del rey, adoptándose el morado como color en lugar del púrpura, más apropiado, adecuado y reglamentario que caracteriza al fajín y solideo que identifica a este elevado rango eclesiástico. El color púrpura, heredado de la tradición romana que concedía una toga de dicho color a los nuevos dignatarios, en heráldica medieval significará justicia, soberanía y majestad real.

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En 1707 Felipe V decreta la disolución de las tres Guardias Reales de los Austrias: la Guardia Española, la Guardia Tudesca y la Guardia Borgoñona, fusionándolas en una sola que recibe el nombre de Real Guardia de Alabarderos y hará costado a la Real Guardia de Corps creada en 1704. A la hora de adjudicar las banderas y estandartes a dichos cuerpos, el Señor de los Cameros propondrá a Felipe V que sea el morado el escogido expresándose en los siguientes términos:

“…Con la ocasión de estar ajustado el vestuario del Regimiento de Guardias Españolas y ser preciso decir al mercante los colores y señales que han de tener las banderas, yo sería de dictamen que la bandera de la Compañía Coronela fuese morada, que es color de Castilla, con un castillo en medio y flores de lis en el campo, sobre la que espero resolución de Su Majestad en este punto.”

Como vemos, el Señor de los Cameros yerra al considerar el morado como color de Castilla en cuando este fue siempre rojo carmesí, error promovido quizás por su falta de instrucción, deficiente asesoramiento o ciega confianza en las expresiones populares.

Ese mismo año de 1707, a la par que se adjudica el color morado a la bandera de la Real Guardia de Alabarderos, Felipe V decide cambiar el nombre del Tercio Morado Viejo con sede en Sevilla por el nuevo de Regimiento de Infantería de Castilla, originándose una nueva confusión como ahora veremos similar a la padecida por el Señor de los Cameros. Y es que el pueblo llano, ajeno a las correctas denominaciones, argots y simbología mantenidas por la heráldica que se ocupa de estudiar el significado de las imágenes y figuras de los escudos de armas y de la vexilología, que hace lo mismo pero con las banderas, se referirá a este antiquísimo tercio como el de los «Morados de Castilla», creándose por asociación en el imaginario colectivo el falso concepto de que el morado representa a Castilla en cuando este color simplemente fue elegido arbitrariamente por este tercio en 1693 por otros motivos antes explicados.

La Comunería y el color morado

En el mes de septiembre de 1821 se fundó, con carácter secreto, la Sociedad de los Caballeros Comuneros, conocida también como Los Hijos de Padilla, un movimiento paramasónico a espaldas del régimen monárquico dominante repleto de liberales exaltados que procedían de distintos oficios entre los que se reconocen juristas, periodistas, economistas, militares y diferentes eruditos.

Distantes en cierta medida de la masonería radicada en Francia y, sobre todo, en el Reino Unido, repleta de una sobrecargada parafernalia ritualística y simbológica con la que la mayoría de los comuneros no comulgaban, las logias comuneras, más sencillas pero no exentas de ciertos rituales de iniciación, juramentos y ritos, fueron bautizadas como «torres», existiendo en Madrid alrededor de varias decenas con algo más de diez mil miembros en su totalidad que pretendían cambiar la sociedad de la época y enterrar el absolutismo mostrado por los Habsburgo y los primeros Borbones.

Los Caballeros Comuneros, inspirado su nombre en el levantamiento armado que tuvo lugar en varias ciudades de Castilla frente al emperador Carlos I a principios del siglo XVI, mal informados, reivindicaban el morado como color de Castilla, llevando hombres y también mujeres una banda cruzada morada en el pecho durante el transcurso de sus reuniones, color distinto al azul ostentado por la masonería de la cual le separaban, además del potencial económico, muy superior el de los elitistas masones frente a la pequeña y baja burguesía de los comuneros donde también participaban estudiantes y clases populares, el secretismo, siendo rígidamente serio en el caso de los masones y anecdótico en el de los comuneros como era de esperar en una sociedad tan numerosa.

Enfrentados masones y comuneros entre sí en varias ocasiones produciéndose denuncias en un sentido y otro, en el fondo compartieron objetivos frente al absolutismo y el catolicismo, desatándose en mitad de los años treinta decimonónicos varias campañas anticlericales que dieron como resultado el asesinato de frailes, quema de iglesias y conventos, además de un enconamiento entre los sectores monárquicos y católicos frente a los masones y liberales.

Las consecuencias de esta campaña anticlerical supuso el nacimiento de sociedades secretas opuestas al liberalismo, desapareciendo la comunería hacia 1845 diluida al pasar un nutrido grupo a formar parte de los partidos políticos de corte republicano que fueron poco a poco emergiendo mientras, un grupo mucho más reducido, se integró en organizaciones ocultistas de obediencia masónica.

El estandarte real carmesí cambia a morado

El estandarte del Rey de España es la enseña personal del monarca español. Este estandarte, confeccionado en el pasado con tejido fuerte y hoy en día generalmente con fibra sintética por sus propiedades de gran resistencia, suele izarse en los Reales Sitios y habitualmente para anunciar la presencia del Rey en cuarteles de los Ejércitos de Tierra, Aire, buques y embarcaciones de la Armada.

Implementado por los Reyes Católicos por vez primera para todo el territorio nacional en el lejano siglo XV, tanto la dinastía de los Austrias como la de los Borbones en sus primeros reinados bajo Felipe V, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV y Fernando VII adoptaron como fondo de sus respectivos estándares el rojo carmesí, permaneciendo este color de forma invariable hasta la proclamación de Isabel II como Reina de España en 1833.

Durante la coronación de la nueva reina, el Estandarte Real fue modificado por los liberales del Gobierno, la mayoría de ellos masones, pasando del antiguo rojo carmesí al morado con la errónea excusa de que este último color era el del Pendón de Castilla, consiguiendo el movimiento masón con esta jugada hacer llegar su color identificativo hasta las mismas entrañas de la monarquía.

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Los sucesores de Isabel II, su hijo Alfonso XII y nieto Alfonso XIII, siguieron con el Estandarte Real de color morado coincidiendo el inicio del reinado de Alfonso XIII con la legalización ante la Administración del Madrid F.C. La nueva junta directiva madridista, con personas muy valiosas, gran inteligencia y ordenada alrededor de los hermanos Padrós, aprovechó toda su influencia para granjearse la amistad de la Casa Real y catapultar, con el inestimable apoyo de su imagen, la futura vida del club hacia el éxito, congeniando con el joven rey a través de gestos tan simples como lucir el color morado del Estandarte Real en su escudo original y luego, como ya veremos, en el escudo de 1903, en la bandera del club y en los escudos diseñados a partir de 1925.

El empleo del color morado como rasgo diferencial del Madrid F.C. será una elección perfecta puesto que, dependiendo de quién lo vea, lo vinculará a su ideología interpretando que representa al color de la masonería, al color de la monarquía, al idealizado morado del Pendón de Castilla, incluso en tiempos de la Segunda República a una de las tres franjas que dan lugar a la bandera tricolor cubriendo con ello todos los espectros políticos imaginables.

El morado de la Segunda República

Cuando el martes 14 de abril de 1934 las calles y plazas de Madrid, al igual que sucedió en muchísimas otras ciudades y localidades españolas, concentraron a miles de personas movilizadas frente a la monarquía en medio de un ambiente totalmente festivo, ante la ilusionada multitud varios grupúsculos ondearon una bandera tricolor que era desconocida para la inmensa mayoría de los españoles. Aquella bandera con franjas horizontales del mismo ancho compuesta en su parte superior por el color rojo, el amarillo en el centro y el morado en el inferior, por la importancia que adquirió en aquella tan señalada fecha parecía ser la llamada a sustituir a la bicolor reconocida por Isabel II tras Real Decreto de 13 de octubre de 1843, una bandera de carácter nacional y no monárquico pues la monarquía empleaba sus propios símbolos, que tenía su origen en la bandera de guerra elegida por Carlos III mediante concurso aprobada con el Real Decreto de 28 de mayo de 1785.

Para evitar los inconvenientes y perjuicios que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera Nacional de que usa Mi Armada Naval y demás Embarcaciones Españolas, equivocándose a largas distancias ó con vientos calmosos con la de otras Naciones, he resuelto que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida a lo largo en tres listas, de las cuales la alta y la baja sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total, y la de enmedio, amarilla, colocándose en ésta el Escudo de mis Reales Armas, reducido a los dos quarteles de Castilla y León, con la Corona Real encima; y el Gallardete en las mismas tres listas y el Escudo a lo largo, sobre Quadrado amarillo en la parte superior. Y que las demás Embarcaciones usen, sin Escudo, los mismo colores, debiendo ser la lista de enmedio amarilla y del ancho de la tercera parte de la bandera, y cada una de las partes dividida en dos partes iguales encarnada y amarilla alternativamente, todo con arreglo al adjunto diseño. No podrá usarse de otros Pavellones en los Mares del Norte por lo respectivo a Europa hasta el paralelo de Tenerife en el Océano, y en el Mediterráneo desde el primero de año de mil setecientos ochenta y seis; en la América Septentrional desde principio de julio siguiente; y en los demás Mares desde primero del año mil setecientos ochenta y siete. Tendréis lo entendido para su cumplimiento.

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Los colores rojigualdos de la enseña nacional originada en 1785 eran los favoritos para ganar el concurso por su gran relación histórica con el Guión Real mantenido por los Reyes Católicos, rojo y el del emperador Carlos I, amarillo, coincidiendo a su vez con los representativos de las enseñas tradicionales de la Corona de Aragón formada por los reinos de Aragón, Baleares, Valencia, las Dos Sicilias (reinos de Nápoles y Sicilia) y Principado de Cataluña, pero también con los colores de las banderas de los antiguos reinos de Castilla, de castillo de oro sobre fondo carmesí y Navarra, de cadenas de oro sobre fondo rojo, con lo cual de las doce propuestas que presentó Antonio Valdés y Fernández Bazán, Secretario de Estado y del Despacho Universal de Marina, Carlos III lo tuvo muy fácil para inclinarse por una pues la mitad cumplían con ese favoritismo.

Sabidos los colores sólo faltaba elegir su disposición, decantándose Carlos III por la rojigualda con dos fajas rojas y una en el medio amarilla para la insignia de la Armada y su gallardete que casi de inmediato, ante el temor de que en alta mar el rojo se adueñase del amarillo, fue modificada quedando la faja amarilla el doble que las rojas mientras que, para la flota mercante, era reservada la misma pero sobre fondo amarillo quedando en cinco fajas rojigualdas. La bandera de guerra, ondeante en buques, puertos y guarniciones militares, destacaba sobre el azul del mar y del cielo por su gran visibilidad por lo que, poco a poco, consiguió una gran popularidad entre marinos, marineros y personas vinculadas a los oficios del mar, pasando a todo el territorio durante la Guerra de la Independencia frente a Francia cuando fue enarbolada por el pueblo.

Convertida en bandera nacional y no sólo de guerra por Isabel II por lo cual todos los españoles al fin tenían una bandera en la que reflejarse no como hasta entonces amparados por banderas monárquicas, todas las unidades militares del reino pasaron a exhibir la rojigualda en sus respectivos pabellones alcanzándose con dichos colores la Primera República, breve periodo en el que durante los cerca de dos años que duró, 1873 y 1874, se suprimieron los símbolos monárquicos pero permaneció invariable la insignia española pese a que en algunos sectores había gran interés en introducir su bandera partidaria con faja morada.

Según Emilio Castelar, cuarto y último presidente de la Primera República tras los gobiernos de Estanislao Figueras, Francisco Pi y Margall y Nicolás Salmerón, la bandera con la faja morada conocida como «republicana» había nacido de forma arbitraria en la Universidad de Barcelona al fusionar los colores de tres facultades pero la falta de popularidad y consenso de la tricolor entre los propios republicanos de todo el estado, con una elevada presencia de masones contrarios a la monarquía, les impidió implementarla como nueva bandera nacional socavando la voluntad de muchas voces sectarias que la defendían a ultranza.

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Salvado este primer intento de hacerla desaparecer, el uso de la bandera rojigualda se generalizó en todo el territorio en lo que restaba de siglo XIX, disponiéndose en 1908 mediante Real Decreto que en los días de Fiesta Nacional, 12 de octubre, ondease en todos los edificios públicos. A partir de ese momento los colores rojigualdos traspasaron la frontera gubernamental y se extendieron a actos lúdicos como las corridas de toros, actos deportivos y fiestas populares donde se llenaban las calles y plazas con cientos de pequeñas banderitas que colgaban de los balcones e iluminaciones. En 1927, de nuevo tras un Real Decreto, la rojigualda se impuso definitivamente en todos los frentes al suprimirse el pabellón civil de cinco fajas elegido por Carlos III para la marina mercante, ondeando desde entonces en toda clase de buques ya fueran militares, mercantes o de pesca.

Sin embargo, cuando la bandera nacional de todos los españoles parecía haberse institucionalizado hasta el último de los rincones, era de dominio público y casi todos parecían respetarla haciéndola suya, los graves errores de la monarquía apoyando la dictadura de Miguel Primo de Rivera quien disolvió las Cortes y prohibió partidos políticos y sindicatos, propiciaron el resurgimiento de movimientos de tendencia republicana tanto de izquierdas como de derechas que, de forma sigilosa pero bien orquestada, entre 1929 y 1931 fueron minando en todos los medios la confianza en Alfonso XIII causando el derrocamiento de la monarquía tras años de dura represión.

El cambio de régimen político llegaba repleto de buenas intenciones y palabras para el pueblo llano que el tiempo daría o quitaría razón, quedando claro desde el principio que había necesidad de cambiar muchas cosas y una de ellas, aunque meramente simbólica pero no exenta de importancia, según las nuevas autoridades era imponer en la bandera nacional su color, el morado.

Fracasado el intento durante la Primera República de cambiar los colores de la bandera nacional, en esta segunda ocasión no se iba a desaprovechar la oportunidad y, a pesar de que el morado era irrefutablemente partidista, no respondía a una aspiración popular porque la faja morada era desconocida por la inmensa mayoría de los españoles pudiendo, además, originar conflictos dividiendo a la población, como así sucedió, al final no hubo marcha atrás y la tricolor resultó triunfante reemplazando a la bicolor.

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Ahora bien, para realizar un cambio de estas proporciones con todo lo que implicaba, el Gobierno provisional republicano debió preparar el terreno concienzudamente y no cabían ni se permitían posibles fallos. Necesitado de armarse de razones y justificar el uso de la tricolor, grupos dirigidos de partidistas republicanos llenaron las calles y plazas de las principales ciudades durante la instauración de la República el 14 de abril presentándose muchos de ellos con la faja morada en sus banderas. Daba igual si la disposición era morado-rojo-amarillo o rojo-amarillo-morado, lo importante era arrastrar a las masas y mentalizarlas de que esos colores iban a representarles en la nueva enseña nacional. Tras aprovechar el impacto inicial, izar la bandera tricolor resultó más sencillo y, en el fondo, quedaba la excusa de que el morado había nacido del pueblo cuando todos sabemos perfectamente, para qué nos vamos a engañar, que el pueblo jamás pinta nada y simplemente obedece. Veamos pues cómo responsabilizó la nueva bandera el Gobierno provisional mediante decreto de 27 de abril de 1931:

«El alzamiento nacional contra la tiranía, victorioso desde el 14 de abril, ha enarbolado una enseña investida por el sentir del pueblo con la doble representación de una esperanza de libertad y de su triunfo irrevocable. Durante más de medio siglo la enseña tricolor ha designado la idea de la emancipación española mediante la República. En pocas horas, el pueblo libre, que al tomar las riendas de su propio gobierno proclamaba pacíficamente el nuevo régimen, izó por todo el territorio aquella bandera, manifestando con este acto simbólico su advenimiento al ejercicio de la soberanía. Una era comienza en la vida española. Es justo, es necesario, que otros emblemas declaren y publiquen perpetuamente a nuestros ojos la renovación del Estado. El Gobierno provisional acoge la espontánea demostración de la voluntad popular, que ya no es deseo, sino hecho consumado, y la sanciona. En todos los edificios públicos ondea la bandera tricolor. La han saludado las fuerzas de mar y tierra de la República; ha recibido de ellas los honores pertenecientes al jirón de la Patria».

Y ahora veamos cómo también desde el Gobierno provisional se añade un nuevo factor para refrendar el cambio al atribuir el origen del color morado al color tradicional de Castilla mediante redacción publicada el 28 de abril de 1931:

«Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre [en referencia a Castilla], nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España».

Bueno, llegado a este preciso punto como autor del presente artículo, declarándome totalmente neutral y limitándome a actuar como un simple observador de los hechos sin perjuicio ni beneficio, bajo mi opinión entiendo que: El color morado nació en las sociedades secretas siendo la masonería la principal y este color el elegido e identificativo para reconocerse sus miembros. El morado, como resultado de la mezcla de los colores primarios azul y rojo, sincretiza la unión política entre los bandos azul (derecha) y rojo (izquierda) de modo que, según proceda o interese, la jerarquía de esta fuerza se mostrará partidaria de un bando u otro, de los dos al unísono o contra los dos si hace falta defender un interés común.

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El color morado, desconocido a principios del siglo XIX y surgido en la década de los años veinte decimonónicos, fue conquistando terreno en tierras de Castilla al tomar falsamente cuerpo de una pieza tan sensible para sus habitantes como el antiguo Pendón de Castilla cuando en realidad, y ha quedado suficientemente demostrado por expertos historiadores, siempre fue rojo o carmesí. La suplantación encubierta del rojo carmesí por el morado fue introducida lenta pero incesantemente a través de poetas, literatos, eruditos, políticos y militares quienes apoyaron sin reservas la autenticidad del morado, llegando la influencia hasta la misma corte de Isabel II quien consintió el cambio del Estandarte Real rojo de sus antepasados o antecesores en el cargo a morado.

Atribuido a los Comuneros, aquellos capitanes que se levantaron en armas entre 1520 y 1522 frente al emperador Carlos I para defender lo que ellos entendían como privilegios de la Corona de Castilla y de quienes se llegó a decir que emplearon un pendón morado como estandarte, investigaciones recientes han demostrado que las huestes de Padilla, Maldonado, Bravo, Girón, López de Ayala, etc., lucieron una cruz roja para distinguirse de la cruz blanca que llevaban las tropas imperiales, lo cual rompe otro mito.

La bandera tricolor con faja morada de la cual se dijo que se admitía como tradicional de Castilla, en realidad nunca lo había sido y este lugar le correspondía al rojo o su variante carmesí. Mucho menos esta bandera salía del pueblo, una sociedad bastante preocupada por llevar un plato caliente a casa para comer que en ocuparse de conocer el color del antiguo Pendón de Castilla del que apenas nada sabía. Pero si realmente hay algo que no cuadra en toda esta historia del morado y su presunta relación con el antiguo Reino de Castilla, éste es el escudo que se fijó en medio de la faja amarilla. Dice su descripción:

«Escudo cuartelado en cruz: primero, de gules y un castillo de oro, almenado de tres almenas, y donjonado de tres torres, la del medio mayor; cada una también con tres almenas, el todo de oro, mazonado de sable y adjurado de azur; segundo, de plata y un león de gules, coronado de oro, armado y lampasado de lo mismo; tercero, de oro y cuatro palos de gules; cuarto, de gules y una cadena de oro puesta en orla, en cruz y en sotuer: entado en punta, de plata y una granada al natural mostrando sus granos de gules, sostenida, tallada y hojada de dos hojas de sinople. Acostadas, una a cada lado, las dos columnas de Hércules, de plata, con la base y el capitel de oro, liadas con una lista de gules, cargada con el Plus ultra de oro».

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Como podemos observar, el Gobierno republicano contradiciendo sus postulados y argumentos en los cuales venía manifestando que el color morado representaba al Reino de Castilla y, en base a ello, permutó la faja inferior de la bandera nacional, sorprendentemente conserva en el cuartel castellano el fondo de gules histórico en lugar de cambiarlo a morado, acción que, por su inconsistencia, pone en entredicho todo lo expresado alrededor de dicho color. Pero todavía queda más; en el cuartel que representa al Reino de León, al león se le mutila la corona real, una decisión arbitraria injustificable por cuando éste símbolo va intrínsecamente unido a la historia de este reino y, por respeto, debe como mínimo conservarse.

Sobre morados y púrpuras

La historia del Real Madrid C.F. estuvo desde su origen hasta los últimos años del siglo XX ligada en mayor o menor medida y, según distintas épocas, al morado y a los colores púrpuras siendo estas tonalidades sustituidas por el azul en un fulgurante proceso iniciado por Lorenzo Sanz y continuado por Florentino Pérez que nunca fue generoso en detalles y explicaciones. Todo lo contrario.

Sobre el morado y su vinculación con la heráldica, la vexilología y la política se ha hablado bastante, de hecho gran parte de este artículo se refiere a este color y su relación con el Real Madrid C.F. Sin embargo, debido a que la familia de los púrpuras es muy extensa y muchos son los nombres que se dan a sus distintas coloraciones en función de la luminancia recibida, creo que es necesario profundizar algo más en su conocimiento y poder así entender mejor porqué el club madrileño empleó varias tonalidades dentro de esta gama y no se limitó a una sola.

Para empezar tenemos que el púrpura, denominación introducida en España en el siglo XIII, es un color o familia de tonos que se encuentra entre el rojo y el azul, concretamente entre el violeta y el carmesí. Coloquialmente para referirse a él se emplean sinónimos como morado, violeta, lila, malva, magenta o cárdeno según la apreciación de cada persona produciéndose constantes mezclas y confusiones que, por otra parte, están suficientemente aclaradas en catálogos o libros especializados. Estas denominaciones, todas ellas con diferente etimología, han desarrollado a lo largo de los siglos un significado propio por lo que, en principio, no debería existir mezcla entre ellos.

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Relacionado con culturas antiquísimas, el púrpura se remota a tiempos de hinduismo donde el Dios planetario Shani, equiparable a Saturno y regente astrológico del planeta del mismo nombre, tenía ese color y se le atribuía el sábado como su día tal cual sucedía en Tailandia donde los nacidos ese día pueden hacer del púrpura su color. De las regiones cercanas al Indo pasó siglos después a Asia Menor y al Levante Mediterráneo donde los pueblos fenicios y cananeos lo siguieron empleando como color religioso, constando en los textos bíblicos el púrpura azulado junto al púrpura rojizo, el púrpura escarlata y el dorado por mandato divino como tintes para las telas a usar en el Tabernáculo y la ceremonias.

En la misma región, el judaísmo por mandamiento de la Torá, observa que los flecos y colgantes que se emplean en los mantos para el rezo que cubren la cabeza deben teñirse de púrpura azulado como remembranza de Dios, obteniéndose el tinte de un caracol típico de la zona. De tierras palestinas, fruto de las relaciones comerciales, pasó a las tierras griegas y a las islas del Mar Egeo donde el púrpura siguió teniendo una consideración excepcional, contagiándose siglos después los romanos quienes lo reservaron en la época republicana para los más cualificados generales a quienes se les permitía llevar sus túnicas teñidas íntegramente de este color. Senadores, pretores y cónsules sólo podían lucir algunos detalles purpúreos en sus togas mientras que, ya en la época imperial, su uso quedó restringido en exclusivo al emperador.

Herederos del Imperio Romano, la Iglesia vinculó el púrpura al Papa y sus cardenales durante sus inicios hasta la caída de Constantinopla en el siglo XV, momento tras el cual la obtención de tintes devino a ser imposible pasando primero los cardenales a vestir de carmín y luego, casi un siglo después, el Papa a vestir de blanco por influencia de los dominicos. En cuanto a los arzobispos y obispos, por debajo en la escala eclesiástica, vistieron una mezcla de grana e índigo. Posteriormente, bajo el reinado de Elizabeth I durante el siglo XVI, sólo la familia real podía vestir prendas en púrpura quedando la nobleza limitada a pequeños detalles en sus indumentarias.

Procedente del latín «mōrum», es decir, mora o fruto del moral, el morado es un color púrpura o púrpura azulado, oscuro, que tuvo su entrada en España a mediados del siglo XV. Desde el punto de vista de la heráldica, el uso del morado se limitó siempre a las naciones anglófonas siendo incluso su concurso muy reservado, extraordinariamente elitista hasta que, circunstancialmente y por intereses políticos, pasó a otras naciones europeas donde tuvo diferente fortuna.

En vexilología su progresión en España fue a la par que la heráldica, infrautilizada, introduciéndose sorprendentemente en la Casa Real en tiempos de Isabel II gracias a la actuación de los partidos vinculados a la masonería de gran influencia británica. Paralelamente, su fama fue creciendo a raíz de una confusión continua como consecuencia de la observación de paños viejos y deteriorados a la intemperie de origen carmesí tal cual sucede con la leyenda en torno al Pendón morado de Castilla, enseña que llegó a trascender en la bandera de la Segunda República española donde su última faja, oficialmente morada, fue coloreada generalmente en violeta.

Influencia del color morado en otros clubs

Aunque muchos historiadores han demostrado que el color morado nunca tuvo un espacio en el histórico Pendón de Castilla, durante casi dos siglos este color sustituyó al rojo carmesí original y disfrutó de una deferencia especial en el corazón de muchos castellanos hasta el punto de conquistar un puesto preferente a la hora de representar a este pueblo peninsular. Convertido y aceptado como el color de Castilla, el morado identifica todavía hoy con gran éxito a partidos regionalistas, movimientos políticos, sociales, culturales como también deportivos siendo tomado como propio y diferenciable de otros pueblos que, bajo el formato de comunidades autónomas, emplean otros colores con suma predilección por el rojo en sus distintas tonalidades.

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Implementado el fútbol dentro de todo el territorio español en plena vigencia del color morado, este deporte no se vio ajeno a su uso siendo pionero en este sentido el Madrid F.C. desde su origen pero no el único. La estela sembrada por los madridistas fue seguida por otras sociedades a posteriori, cada cual con su personalidad, aplicándose al escudo y al uniforme diversas variantes empleando rayas combinadas con otros colores o siendo simplemente monocromas donde el morado tenía el papel de protagonista en exclusivo.

En este sentido, limitándome a explorar el área geográfica que ocupan las actuales comunidades autónomas de Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha dejando al margen antiguos territorios con pasado castellano como Cantabria y La Rioja, teniendo en cuenta sólo aquellos clubs que han militado en Categoría Nacional encuentro a Real Valladolid C.F., histórico club con muchos años en la élite profesional y plaza en Primera División, al C.D. Guadalajara con reciente presencia en Segunda División y a los habituales «terceras» La Bañeza F.C., C.D. Becerril, C.D. Cristo Atlético, de Palencia y C.D. Palencia Balompié, habiendo otros clubs en activo o desaparecidos que también hacen o hicieron uso del morado como C.D. Cuenca, S.D.C. Coyanza, de Valencia de Don Juan, Castilla F.C. y Madrileño C.F., ambos de Madrid, Torrejón C.F., de Torrejón de Ardoz, C.D.F. Tres Cantos, C.Atl. Palencia, C.D. Fábrica Nacional de Palencia, C.P. Monteresma, de Palazuelos de Monteresma y los dos clásicos clubs de la capital palentina con pasado glorioso Palencia C.F. y C.F. Palencia.

El color morado, palpable igualmente en numerosos clubs de la regional castellana, sigue dando personalidad a los clubs de estas tierras y siendo recurso habitual para muchas sociedades de nuevo cuño o también como segundo uniforme si el primero, y oficial, es distinto, habiendo logrado con el paso de los años ganarse un respeto que permanecerá en el ideario colectivo muchos más.

 

© Vicent Masiá. Mayo 2018. 

 

Bibliografía y hemerografía

40 años del Real Madrid C.F. 1900-1940. Manuel Rosón. Ediciones Alonso (1940).

El liberalismo exaltado: la Confederación de Comuneros españoles durante el Trienio Liberal. Marta Ruiz Jiménez. Editorial Fundamentos (2007).

http://iniciativasocialvientosdelpueblo-unionpatrioticarepublicana.over-blog.es/article-breve-historia-de-la-bandera-de-la-republica-116306820.html

http://lafutbolteca.com/guia-escudos-y-uniformes/

http://www.ejercito.mde.es/unidades/Madrid/ihycm/Actividades/Ciclos-Divulgativos/vexi-historia-bandera.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Banderas_de_Espa%C3%B1a

https://es.wikipedia.org/wiki/Morado

https://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%BArpura

Libro de oro del Real Madrid 1902-1952. Federico Carlos Sainz de Robles. Ediciones Ares (1952).

Madrid-Sport. Semanario deportivo.

Símbolos de España y de sus regiones y autonomías. Emblemática territorial española. Juan José Sánchez Badiola. Editorial Visión Libros (2010).

www.abc.es/cultura/20140202/abci-bandera-republicana-general-rojo-201402012039.html

www.asc-castilla.org/castilla/historiasup/heraldica-de-castilla/el-morado-qdeq-castilla-una-sucesion-de-confusiones/

www.ecorepublicano.es/2014/06/la-tricolor-breve-historia-de-la.html

www.hemeroteca.abc.es

 

 

 

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Titular HF Los escudos del Real Madrid CF (II Parte)

 

por Vicent Masiá

 

» Ver Los escudos del Real Madrid C.F. (I Parte)

» Ver Los escudos del Real Madrid C.F. (III Parte)

 

De 1931 a la actualidad

El escudo madridista durante la Segunda República

Con el inicio de la década de los años treinta el Real Madrid F.C., al igual que el resto de clubs españoles, iba a experimentar muchos cambios, más por cuestiones políticas que por intereses de naturaleza deportiva. El primero de ellos se produjo de forma repentina, sin aviso y totalmente silenciosa cuando la gerencia de Luis Usera decidió en 1930 dar un sitio de preponderancia al escudo del anagrama frente al municipal quedando éste último totalmente fuera de servicio. El Real Madrid F.C., quien en su cuño, documentos y relaciones públicas venía empleando en los últimos tiempos el anagrama quedando el escudo municipal reservado sólo para las competiciones oficiales, decidió dar un giro radical a su principal logo sosteniendo como oficial a partir de la fecha el del anagrama coronado con banda cruzada morada que parecía, para muchos aficionados, disponer de más personalidad que el logo municipal.

El cambio no resultó a primera vista llamativo porque el primer equipo durante la temporada 30/31 vistió la tradicional camiseta blanca sin escudo, pero sí a nivel social dado que todos los medios de comunicación se hicieron eco de la nueva realidad y empezaron a vincular el anagrama con la imagen del club.

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El estrellato de esta versión del escudo del anagrama estrenado en 1925 y único oficial del club desde 1930, sin embargo no duró demasiado y es que el mundo de la política, muy agitado en esos años, tenía reservado en breve llevar a cabo importantes cambios. Estos se produjeron de forma súbita, pero no por ello inesperada o indeseada por parte de un gran sector de la población, el 14 de abril de 1931 cuando, tras unas elecciones municipales celebradas el domingo día 12, pese a la victoria de los partidos monárquicos con la obtención de más de veintidós mil concejales frente a los cerca de seis mil republicanos, los partidos de corte republicano obtuvieron la victoria en 41 de las capitales españolas y principales ciudades entendiendo Alfonso XIII que la división entre los españoles podía ocasionar un conflicto civil dantesco. Preocupado por el cariz de los acontecimientos y su imprevisible desarrollo, Alfonso XIII emprendió rumbo al exilio esa misma noche sin renunciar a sus derechos, nombrándose un Gobierno provisional republicano que fue ratificado días más tarde.

Con el cambio de régimen y sistema político, las reminiscencias hacia el pasado reciente, títulos y símbolos monárquicos empezaron a ser mal vistos y sumar muchos detractores tomando el Gobierno republicano la decisión de promulgar la Ley de 21 de octubre de 1931, de Defensa de la República, mediante la cual en su Artículo 1º, capítulo VI, se decía que era considerado como acto de agresión a la República «La apología del Régimen monárquico o de las personas en que se pretenda vincular su representación, y el uso de emblemas, insignias o distintivos alusivos a uno u otras».

De la noche a la mañana, si no habían realizado cambios con anterioridad a la promulgación de la Ley de 21 de octubre de 1931, de Defensa de la República, un buen número de clubs de fútbol se vieron afectados por hacer apología de la monarquía a consecuencia de llevar incorporado a su denominación el título «Real» y hacer ostentación, tanto en su emblema oficial [escudo] como en los membretes que adjuntaban en sus documentos, de la corona monárquica y el sustantivo «Real». La medida del Gobierno republicano no gustó demasiado en algunos sectores ideológicos de tinte monárquico pertenecientes a estos clubs quienes se veían privados de un título que les proporcionaba cierto caché distintivo frente al resto de asociaciones haciéndoles todas iguales y, de mala gana pero sin otra alternativa mediante, tuvieron que desprenderse de un trozo de su identidad y recomponer sus señas para cumplir con la Ley.

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En lo que respecta hasta el entonces denominado Real Madrid F.C., la directiva que encabezaba Luis Usera, muy previsora y atenta a lo que venía fue, junto a otros clubs, una de las primeras en adelantarse a la nueva Ley, tomando nada más implementado el nuevo régimen político a mediados de abril dos únicas pero a la vez importantes decisiones: la primera, que afectaba a su denominación, fue pronto solucionada al prescindir del título honorífico de «Real» concedido en 1920 por Alfonso XIII, quedando el nombre de la sociedad reducido a Madrid Fútbol Club, en castellano. La segunda, más visual pero no por ello menos dolorosa, incidía de pleno en su escudo oficial el cual perdía la corona monárquica. Del resto del escudo y membretes oficiales, tanto el anagrama dorado como la banda cruzada en diagonal morada no sufrieron alteración alguna siendo respetada su composición puesto que el anagrama resultaba inofensivo políticamente para las autoridades y el color de la banda, morado como el pendón de Alfonso XIII, pero también atribuido como el representativo del Pendón de Castilla y presente en la tercera faja de la bandera republicana, coincidía con uno de los símbolos que identificaba al nuevo régimen, el color morado.

Ausente durante las temporadas 31/32 y 32/33 donde los jugadores no lucieron escudo alguno en sus camisetas, el club madrileño desde la proclamación de la República se vio bastante remiso a lucir el escudo oficial sin corona real en público admitiendo con ello, de forma velada, haber perdido parte de su identidad, una percepción que disgustaba tanto a algunos de sus gestores como aficionados pues ni todos los socios eran abiertamente republicanos ni todos, estuvieran a favor o en contra de la República, entendían por qué, aunque hubiese cambiado el régimen político, debían renunciar arbitrariamente a un símbolo concedido legalmente en el pasado. La aceptación de la realidad, aunque tardase en asumirse y no fuese en todos los encuentros ni al gusto de todos los socios, se consumó en la temporada 33/34 cuando al fin se hizo ostentación en público del escudo sin corona monárquica habiendo quedado constancia de ello en nuestros días gracias a las imágenes captadas por abnegados fotógrafos de la época donde se ve, entre otros, a jugadores de la talla de Ciriaco, Jacinto Quincoces, Luis Regueiro, Olivares o Bonet, aunque fue un hecho circunstancial, poco repetido que, en las siguientes temporadas no se volvió a ver recurriendo la entidad merengue de nuevo al uso de una camiseta blanca sin escudo.

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Entre finales de 1934 y principios de 1935 muchos clubs otrora monárquicos, al sentirse huérfanos de una parte de su distintivo oficial que les había sido arrebatado por cuestiones simplemente políticas, consideraron con cierto beneplácito la opción de cubrir el hueco ocasionado mediante el empleo de una corona mural, un símbolo de amplia tradición implementado como timbre en el escudo de muchas localidades que no contravenía la Ley. Este recurso, pese a su buena intencionalidad, no tuvo el éxito esperado en la totalidad de los afectados pero sí fue tomado por algunas sociedades como Madrid Foot-ball Club, Club Deportivo Español, de Barcelona, Sporting Club de Gijón, Oviedo Foot-ball Club, Donostia Foot-ball Club, de San Sebastián o Racing Club de Santander por citar algunos ejemplos, siendo patente en el caso del Madrid F.C. que, pese a ser aprobado y oficialmente consentido su uso, nunca fue lucido en la camiseta.

Con el avance del año 1936, el levantamiento militar de julio y la posterior incautación a la cual fue sometido el Madrid F.C., el escudo de la sociedad no sufrió modificación alguna en los siguientes años continuando el club a duras penas como pudo su peregrinaje durante la Guerra Civil con el único pretexto de subsistir y, algún día, intentar volver al punto en el que se hallaba antes del inicio del conflicto armado entre hermanos.

Los años de posguerra: 1939 – 1945

Cuando a finales de marzo de 1939 las tropas del bando nacional entraron en las calles de Madrid, el Madrid F.C. era una sombra de sí mismo. Incautado por la Federación Deportiva Obrera vinculada al Frente Popular en 1936 nada más empezar la guerra, personas como Juan José Vallejo, primer presidente de este periodo junto a Pablo Hernández Coronado, Carlos Alonso Rodríguez y el teniente Antonio Ortega Gutiérrez, presidente entre 1937 y 1939 elevado más tarde a coronel, mantuvieron como pudieron el club a flote resistiendo la marcha de jugadores, la dramática reducción de ingresos y la constante degradación del Campo de Chamartín, afectado en el estado de sus gradas pero sobre todo en su terreno de juego, totalmente impracticable.

Entregada la dirección del club a un grupo de afines a la nueva situación política entre los que se encontraban Santiago Bernabéu, Luis Coppel, Luis Urquijo, Pedro Parages, López de Quesada y el políticamente ambiguo Hernández Coronado, éstos formaron en el mes de abril una junta etiquetada como de “salvación” presidida por el general Adolfo Meléndez Cadalso con la idea de, alrededor de su persona e influencia, captar rápidamente recursos sin obstáculos y así facilitar el poder arreglar la sociedad cuanto antes disponiendo de un equipo competitivo de cara a la inminente temporada 39/40 en ciernes.

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Controlado absolutamente todo el deporte nacional desde el Consejo Nacional de Deportes dirigido por el general Moscardó, entre los retos de la nueva junta estaba decidir qué hacer con el escudo lucido en los últimos tiempos, cruzado por una banda morada con todas las implicaciones políticas que podía acarrear tras la guerra por lo cual, después de unos cuantos encuentros, ante el temor de que muchos aficionados y autoridades tanto políticas como militares no se vieran ofendidos por unos hechos todavía muy recientes, como medida precautoria se decidió jugar con la camisa sin escudo. Muerto el perro, se acababa la rabia.

El 27 de noviembre de 1940, ya en plena temporada 40/41, el general Meléndez Cadalso dejó la presidencia y fue sustituido por Antonio Santos Peralba cuando el club, junto a otros tantos que en similares circunstancias lo solicitaron y gracias a la mediación del C.O.E.-C.N.D., había recuperado la denominación de Real Madrid F.C. No obstante, aún con esta recuperación y la oportunidad de volver a usar la corona real como constaba en los documentos oficiales de la sociedad, los dirigentes madridistas no vieron el momento oportuno de exhibir por todos los campos el distintivo monárquico y la tradicional franja morada hallándose una sorprendente solución transitoria que no pasó desapercibida: emplear como escudo el anagrama del club inmerso en un círculo todo ello dorado.

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En diciembre de 1940, recién asentado Santos Peralba en el sillón merengue y en plena era de cambios, el día 21 la F.E.F., como órgano delfín del C.O.E.-C.N.D. del que dependía, emitió una circular a todas la federaciones territoriales para que, teniendo como fecha límite el 1 de febrero de 1941, en cumplimiento de una Orden gubernativa emitida el 16 de mayo de ese año fueran prohibidos los vocablos genéricos extranjeros en todos los ámbitos. El Real Madrid Foot-ball Club, sociedad que apenas unos meses antes todavía conservaba el nombre de Madrid Foot-ball Club., sumaba su segundo cambio nominal en breve tiempo y adoptaba el todavía vigente de Real Madrid Club de Fútbol sin el menor cambio en el escudo.

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Sin duda, envueltos en unos momentos difíciles donde cualquier manifestación o detalle podía ser mal interpretado y atraer problemas no deseados, los directivos madridistas se mantuvieron ocupados y preocupados por no herir susceptibilidades dando prioridad a la neutralidad por encima de todo, actitud que visto a posteriori el resultado fue positiva sumando los merengues socios poco a poco con cualquier tipo de ideología y estrato social.

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El escudo neutro, sin corona real y franja morada, estuvo en activo varias temporadas teniendo repercusiones de lo más variopintas especialmente en el mundo del coleccionismo deportivo pues las editoriales, en concreto las dedicadas a la estampación de cromos para niños, anduvieron despistadas varios años acuñando estas tan perseguidas estampas por los infantes con toda clase de escudos, incluso en una misma temporada: desde el republicano sin corona real, hasta el monárquico, pasando entre medias con uno republicano al que apenas se le distinguía la franja morada siendo muy pocos los que reproducían el emblema tal cual era usado por los jugadores.

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1945 – 1981. El escudo no se toca

Transcurridos los primeros años de una durísima posguerra que había sembrado muchísimos hogares de hambre y miseria, la directiva del club merengue que presidía Santiago Bernabéu desde el 15 de septiembre de 1943 empezó a partir de 1945 a mostrarse un tanto más aperturista haciendo especial empeño en recuperar parte de una simbología tradicional en la que el escudo de la sociedad con banda diagonal y corona monárquica era pieza preferente.

Descartado a finales de 1939 el uso de un morado intenso como se hizo durante los últimos años del reinado de Alfonso XIII junto a todo el periodo concerniente a la Segunda República para no herir susceptibilidades entre personas muy arrimadas al nuevo régimen político y sus autoridades, Adolfo Meléndez primero, Antonio Santos Peralba después así como el propio Santiago Bernabéu en sus primeros meses al frente del club se habían encargado celosamente de mantener una imagen distanciada con este color apoyando la exhibición de un escudo neutro sin banda y sin corona que, aunque cumplía perfectamente con su cometido, quedaba desnaturalizado respecto a lo que representaba la institución: un club monárquico y castellano.

Limitado el escudo monárquico a ser reproducido tan sólo en carnets de socio mediante grabado y en documentos oficiales a través del estampado del nuevo cuño, una vez sobrepasadas las reticencias iniciales a mostrar públicamente una franja en la pechera, Santiago Bernabéu, monárquico confeso, se las tuvo que ingeniar para restablecer un diseño adoptado en 1920, perdido en 1931 y vuelto a recuperar en 1940 como era el escudo coronado, centrando sus esfuerzos en disimular lo máximo posible un color morado que le podía acarrear problemas no deseados.

Considerado irrenunciable y deseado con todas sus fuerzas, tras darle muchas vueltas teniendo en cuenta que dicho escudo iba a ser visto en todos los campos de España y portada de muchos periódicos, Bernabéu dio con una solución complaciente casi imperceptible para muchos seguidores; el morado original pasaba a un discreto violeta oscuro, tonalidad de la misma familia de los colores púrpuras, pero más suave. La finalidad que se perseguía con este cambio totalmente calculado era doble; contentar a todos los aficionados que reclamaban el escudo oficial con corona monárquica y banda diagonal cruzada restablecido en 1940 y, por otra, no levantar suspicacias entre los sectores más enemistados con el morado.

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Yendo incluso más allá, para salvar la oposición de los más radicales, desde el club se volvió a reivindicar un argumento empleado ya en los viejos tiempos como que el morado -en este caso el violeta-, era el color representativo de Castilla pese a no ser éste y sí el rojo carmesí el auténtico pero al fin y al cabo, verdadero o falso, creíble o no, lo que se pretendía era regresar a los valores y símbolos originales sin acritud, con calma y mucha determinación.

Conseguida pasar exitosamente la primera prueba de fuego como fue la temporada 45/46, pues nadie a título personal ni institucional denunció queja alguna, la nueva versión fue empleada en lo sucesivo siendo protagonista en el cartel anunciador referente al estreno del nuevo Estadio de Chamartín, gran coliseo ubicado junto al Paseo de la Castellana inaugurado el domingo 14 de diciembre de 1947 en encuentro amistoso frente al conjunto portugués C.F. Os Belenenses, de Lisboa con victoria blanca por 3-1.

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Finalizada la década de los años cuarenta con escasa aportación a las vitrinas, espacio al cual sólo se sumó el Campeonato de España de 1947, los años cincuenta empezaron con la misma tendencia hasta que en 1953 se rompió definitivamente con el fichaje de Alfredo Di Stéfano, mítico jugador argentino determinante y crucial quien, con su juego, goles y aportación sobre el terreno de juego consiguiendo varios Campeonatos de Liga y cinco Campeonatos de Europa, cambió radicalmente la imagen de un club que venía desde el fin de la guerra siendo superado por C.F. Barcelona, Atlético de Bilbao, Valencia C.F. y Club Atlético de Madrid. En cuanto al escudo, nada cambió. Todo siguió igual con la imagen adoptada en 1945 predominando en la camiseta de cuello redondo o de pico merengue el escudo coronado con banda diagonal en violeta oscuro, logo que se hizo extensamente popular entre los niños de todo el país gracias al intercambio de cromos donde Di Stéfano era una de las piezas más preciadas y buscadas.

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Si en los años cincuenta el Real Madrid C.F. alcanzó un gran prestigio a nivel internacional gracias a sus títulos europeos, los años sesenta además de refrendar los éxitos más allá de la frontera estuvieron protagonizados por su incuestionable dominio en la Liga española, campeonato doméstico donde se sumaron hasta ocho títulos yendo los dos restantes en litigio a parar a manos del Club Atlético de Madrid, su gran rival ciudadano. En aquellos tiempos la televisión había irrumpido en muchos hogares españoles convirtiéndose en un electrodoméstico indispensable y el fútbol, como gran acontecimiento social y cultural capaz de arrastrar a grandes masas, tuvo en la parrilla de la programación un lugar preferente emitiéndose cada fin de semana un encuentro en abierto que llegaba a todos los aficionados.

Gracias a aquel medio, millones de españoles pudieron ver a través de la pequeña pantalla las evoluciones del club merengue y del resto de clubs de la élite nacional, así como de la Selección Nacional en los torneos organizados por UEFA o FIFA, haciéndose el escudo madridista todavía más popular al ser visto en directo y no sólo en periódicos, revistas o álbumes de cromos como se había hecho tradicionalmente.

No obstante, pese a gozar de una amplia difusión en todos estos medios y no haber oficialmente variado un ápice en su colorido y diseño, la imagen del logo no se vio retratada fidedignamente en algunas parcelas siendo el mundo de los cromos, como ya sucediera en el pasado, un capítulo aparte. Y es que algunas editoriales, sin rigor alguno y con escasos medios, se encargaron inoportunamente de desvirtuar el escudo sustituyendo el anagrama dorado por tintas oscuras, preferentemente negro y de colorear la banda violácea por tonos rosados, rojos, incluso azules que llegaban a confundir a quienes lo adquirían en sus respectivas colecciones.

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Años después, situados en la década de los setenta, futbolistas como Breitner, Netzer, Stielike, Amancio, Pirri, Santillana, Benito, Sol, Miguel Ángel, San José o Del Bosque participaron cada uno en su momento aportando su particular granito de arena para sumar seis Ligas y tres Campeonatos de España que ayudaron a consolidar un club ya grande por sí solo, siendo el escudo merengue el mismo que habían defendido Di Stéfano, Puskas, Gento o Zoco por citar algunos de los jugadores gloriosos que habían vestido la camiseta blanca recientemente.

En lo que respecta al mundo del coleccionismo, aunque en los años setenta mejoró sustancialmente la calidad de los cromos, el respeto en general por los colores originales de los escudos no fue por la misma senda publicándose todo tipo de imágenes y resultando el del Real Madrid C.F. una vez más perjudicado al mostrarse en muchas ocasiones una banda azul celeste que distaba de la violácea oficial que se veía cada jornada, quedando patente que a la correcta reproducción de la insignia todavía le esperaba un buen trecho.

1981 – 1998: Entrada de las marcas de ropa deportiva

Coincidiendo con la amarga derrota por 1-0 en el Parque de los Príncipes parisino frente al Liverpool F.C. durante la Final de la Copa de Campeones de Europa de 1981, la empresa alemana Adidas que venía patrocinando bajo título personal a varios jugadores madridistas, viendo la oportunidad de negocio que se le abría con el conjunto merengue decidió ofrecer una oferta en firme para patrocinar al club en los siguientes años. Por entonces el Real Madrid C.F. seguía vistiendo una marca propia sin distintivo de clase alguna y Luis De Carlos, como buen negociador, no puso objeciones a tan apetitosa entrada de ingresos con lo cual la popular marca del trébol de tres hojas estampó un contrato válido hasta 1986.

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Durante las cinco temporadas en las que se mantuvo el contrato en vigor, Adidas añadió al uniforme merengue sus clásicas y personalísimas tres rayas, siendo estas moradas al igual que la banda diagonal del escudo, un cambio sustantivo en el color pero no en el diseño, que recuperaba el color lucido antes de la guerra tras décadas de mantener un suave púrpura violáceo.

En 1986 el Real Madrid C.F. no renovó su contrato con los germanos y una nueva firma del norte europeo, en este caso la danesa Hummel, estampó un contrato valedero para tres temporadas a finalizar en 1989 que sería renovado hasta 1994. Hummel mezcló azules marinos con azules oscuros y morados dando colorido al tradicional uniforme blanco pero, como ya sucediera en la etapa anterior con Adidas, el escudo siguió ofreciendo una banda morada.

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El desgaste que sufrieron los daneses y la opinión de que el ciclo de esta marca había terminado abrieron en 1994 las puertas a la empresa Kelme, con sede social en Elche, quien en los años siguientes se ocupó de vestir al conjunto madrileño. Siendo fiel a su estilo, la marca de la garra introdujo su logo en las camisetas del Real Madrid C.F. empleando azules, azules muy oscuros y morados mientras el escudo conservaba la banda con una gama que giraba alrededor del morado.

1998: Adiós al morado y bienvenida al azul oscuro

En mayo de 1997, siendo presidente Lorenzo Sanz y restando todavía un año de contrato con la empresa textil ilicitana de ropa deportiva Kelme para equipar a la sociedad merengue durante cuatro años, el club madrileño estableció un convenio multimillonario con la firma alemana Adidas a iniciar en la temporada 98/99 todavía vigente hoy en día después de varias renovaciones que trajo consigo una modificación significativa en el diseño del escudo, pasando la corona a ser más pequeña y estilizada pero, sobre todo, cambiando el color de la banda que lo cruza diagonalmente de izquierda a derecha.

La tradicional franja morada, presente en la primera camisa madridista, en la bandera de sus comienzos y en el escudo madridista desde mitad de los años veinte junto con el color morado, insignia del club desde su constitución habiendo formado parte también de los distintos escudos de corte municipal lucidos hasta el establecimiento del Campeonato Nacional de Liga, pasaba sin ninguna explicación convincente a mejor vida ante la extrañeza de sus seguidores y aficionados quienes comprobaban absortos cómo un color icono de la sociedad era reemplazado sin más por uno ajeno como el azul oscuro.

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Lorenzo Sanz, el hijo mayor de una humilde familia de diez hermanos que tuvo multitud de oficios llegando a gestionar la publicidad de un partido político como Fuerza Nueva, futbolista de joven con prematura retirada y hombre hecho a sí mismo capaz de levantar una fortuna con sus empresas inmobiliarias, una vez tomadas las riendas del Real Madrid C.F. deseaba por encima de todo cumplir con dos objetivos: darle al club de toda su vida un nuevo aire, como él imaginaba y acercarlo, en la medida de lo posible, a las ganancias que otros clubs sin tantos títulos y currículum estaban logrando en Europa como los ingleses Manchester United F.C. y Liverpool F.C. o los italianos A.C. Milan y Juventus F.C.

Nada simpatizante del morado y alguna de las acepciones que representa, yendo en contra de lo que uno de los estatutos del club dice en referencia a los colores del escudo, a Sanz no le faltaron minutos para sustituir caprichosamente este color purpúreo por el azul pasando a ser éste último el corporativo y predominante de la sociedad en todos los frentes, desde la principal insignia -el escudo-, pasando por rótulos, carteles, escenarios, incluso portada de la revista oficial del club.

Preguntado por tan radical cambio, Sanz nunca dio explicaciones y, sin embargo, sí se encargó de desviar la responsabilidad delegando la respuesta en la empresa de ropa deportiva germana Adidas y sus tácticas de mercadotecnia. Trasladada la misma pregunta a la empresa radicada en la localidad bávara de Herzogenaurach, sede también de la prestigiosa firma Puma, entre los motivos excusatorios esgrimidos se manejaron algunos tan vanos y faltos de contenido como que obedecía a cuestiones de ornamento y estética, no convenciendo ninguna de las dos a nadie pero siendo los únicos clavos a los que aferrarse.

Esta decisión, que en cualquier otro club hubiera sido motivo de discusión, desavenencias, incluso importante argumento para emprender un litigio contra la firma comercial por arremeter contra una seña de identidad como es el color representativo de la sociedad que le contrata en el supuesto de ser Adidas la única responsable, sin embargo no obtuvo respuesta de los dirigentes madridistas. Ni a favor, ni en contra, nada. Ni Lorenzo Sanz ni nadie de su directiva dijeron media palabra con lo cual, salvo que alguien aporte una prueba aclaratoria, se deduce que hubo total consentimiento por parte de la gerencia del club por no decir que de allí salió la iniciativa y, sin ser sometido a la voluntad de los socios, se permutó sin justificación alguna y oportuno consenso previo un valor tan sagrado como el color morado de toda la vida por uno arbitrario como el azul oscuro. El Real Madrid C.F. decía así adiós a un color que le había retratado durante prácticamente un siglo entero.

Año 1999: se implementa una imagen corporativa

La gestión de Lorenzo Sanz al frente del Real Madrid C.F., además de enviar el color morado al cajón del olvido y elevar el azul a los altares, se caracterizó por la recuperación económica del club superando unos años muy difíciles que venían arrastrándose desde el mandato de Ramón Mendoza. Conseguido el primer propósito, cambiar el escudo, restaba el segundo y más complicado, proyectar la sociedad a todo el mundo como una marca corporativa capaz de generar beneficios económicos al margen de ser un producto capaz de conquistar títulos.

Sanz, al que luego sustituyó y superó Florentino Pérez, tenía muy claro que en un mundo cada vez más globalizado donde el fútbol, dentro del ocio, presentaba un interés mediático en aumento alcanzando mayores audiencias con sus actos que cualquier otro deporte, a nivel televisivo tenía ante sí a cerca de doscientos millones de telespectadores siguiendo la máxima competición europea y en España cuatro de los cinco programas más vistos correspondían a encuentros de fútbol, se le podía extraer un extraordinario provecho si se actuaba con las ideas claras. Para Sanz y su equipo no era razonable cómo un club de su nivel, el más laureado del mundo, posteriormente considerado como el mejor de la historia y con millones de seguidores en España y en los cinco continentes, estaba siendo superado por clubs británicos como el Manchester United F.C. que le doblaba en ingresos e italianos por el mero hecho de haber explotado una marca corporativa. Si a estos clubs les iba bien y habían experimentado un gran crecimiento económico, por la misma regla de tres aplicando el mismo procedimiento al Real Madrid C.F. le debía resultar como mínimo igual.

Acostumbrados en el club a quedar reducidos a una marca producto supeditada a la obtención de victorias como única vía para generar ingresos, la necesidad de transformar esa marca producto en marca corporativa era imperiosa, vital para tomar la delantera frente a otras sociedades en España y del resto de Europa, con lo cual Sanz se encargó de poner los cimientos tomando una serie de decisiones que años más tarde se comprenderían.

Las victorias deportivas, muy efímeras en el tiempo y no siempre alcanzables pues también hay que ser precavido teniendo en cuenta la existencia de épocas de vacas flacas, no podían ser la única fuente de ingresos y crear una marca corporativa donde el liderazgo se fundamentara en la reputación de la marca producto -el Real Madrid C.F.-, el capital intelectual de las gentes que la componían y una serie de valores a transmitir como el de luchar hasta el último segundo, se convirtió en una urgencia pues si en verdad se quería competir al margen de los terrenos de juego, este camino era imprescindible tomarlo.

El Real Madrid C.F. había iniciado con sus éxitos deportivos de los años cincuenta un proceso de conversión de entidad deportiva a marca producto que permaneció invariable durante décadas, pero tocando con la yema de los dedos el inicio del siglo XXI era necesario dar un nuevo paso y rematar el trabajo convirtiéndose en marca corporativa de primer orden mundial.

Representando una serie de valores simbólicos que se extienden a la capacidad de entrega, competitividad, liderazgo, mito o leyenda y también emocionales como los recurrentes a la caballerosidad, estilo propio o respeto al adversario que trascienden lo que normalmente se entiende como un club de fútbol, el Real Madrid C.F. de Lorenzo Sanz en cumplimiento con lo que es una marca corporativa se adelantó en 1997 con la constitución de la Fundación Real Madrid, entidad social, humanitaria y formativa carente de ánimo de lucro que trabaja en favor del desarrollo cultural y social de los más desfavorecidos a través del deporte y después en 1998 con dos ilusionantes proyectos que verían la luz en 1999: disponer de un canal propio de televisión y de un logo que representara la marca corporativa del club.

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Estrenado el 15 de febrero de 1999, fecha en la cual se emitió por primera vez en abierto, Real Madrid TV era un canal de televisión internacional idóneo donde el club podía informar de todos los acontecimientos relacionados con la sociedad a sus seguidores, desde la más rabiosa actualidad hasta reportajes o encuentros históricos del pasado. Cubriendo un gran hueco hasta la fecha inexplorado, la plataforma audiovisual servía de oportuna lanzadera para captar nuevos aficionados, mantener los que ya tenía y vender la imagen del club como gran atractivo al que sumarse fuese cual fuese el origen o residencia del interesado, diseñándose un logotipo específico donde aparecía una versión moderna del escudo madridista sobre fondo azul y el nombre del canal. Secundado por un amplio espectro de aficionados al fútbol, incluso muchos de ellos seguidores de otros clubs que por curiosidad se asomaban a ver qué se emitía, la televisión madridista resultó un gran éxito de amplio impacto generando audiencia e ingresos a través de publicidad y ventas de artículos relacionados con el club.

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El segundo gran proyecto fue diseñar un logo corporativo para lo que se pretendía convirtiera en marca corporativa. Similar en grandes rasgos al escudo estrenado en la temporada 98/99, el nuevo logotipo corporativo repetía la imagen de la corona monárquica, aunque en un contorno más azul, mismos pasos seguidos por la circunferencia envolvente y el anagrama donde las letras doradas que lo conformaban eran revestidas por un fino trazo también de color azul. En cuanto a la disposición y tamaño de las letras, éstas eran más significativas que las del escudo de 1998, creciendo todas hasta el punto de aproximarse la «M» al arco descrito por la circunferencia. Sin embargo el cambio más evidente quedaba reservado para la banda diagonal, igualmente azul pero más corta, quedando enclavada entre los límites interior y exterior de la letra «M».

El nuevo logo corporativo madridista ocupó la portada de la revista oficial del club en octubre de 1999 tomando a partir de entonces preponderancia en los actos institucionales de la sociedad, conviviendo con toda naturalidad con el escudo del club a quien quedó reservado durante unas temporadas más el espacio propio de las camisetas de los jugadores.

2003: convergencia del escudo y el logo corporativo 

En las elecciones a la presidencia del Real Madrid C.F. de 2000, Lorenzo Sanz fue derrotado en las urnas por Florentino Pérez, empresario de la construcción, presidente de una referencia mundial a nivel de infraestructuras como ACS y uno de los hombres más ricos del país. En la mentalidad de Pérez, al igual que sucediera con Sanz, estaba convertir la sociedad en la más importante del mundo dentro de su actividad y avanzar en todo lo que se pudiera hacia la transformación de la marca producto en marca corporativa, objetivo para el cual no se reparó en gastos contratando para afianzar el plan a jugadores de lo más destacado del panorama internacional.

Durante los primeros años de su presidencia, Florentino Pérez se hizo con los servicios de jugadores de renombre como Luis Figo, Zinedine Zidane y Ronaldo Nazario, todos «Balón de Oro», consiguiendo reunir una excelente plantilla para el regocijo de sus seguidores, pero en cuanto a los dos emblemas del club, tanto el escudo oficial de 1998 como el logo corporativo de 1999 siguieron caminos separados figurando el primero en la camiseta merengue mientras el segundo quedaba para otros asuntos.

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Más preocupado en liquidar la deuda que el club arrastraba y en sanear las cuentas de una manera definitiva, Florentino hizo caso omiso de los cambios realizados en el escudo por su antecesor en el cargo dejando las cosas como estaban, al menos en sus primeras temporadas, siguiendo el azul como color corporativo mientras que del morado nadie se acordaba.

Coincidiendo con el inicio de la temporada 03/04, la cuarta de su mandato cuando ya acumulaba dos Ligas (00/01 y 02/03), dos Champions League (2000 y 2002), dos Supercopas de España (2001 y 2003), una Supercopa de Europa (2002) y una Copa Intercontinental (2002), la directiva merengue decidió que tanto el escudo oficial con el que se habían ganado todos estos títulos y el escudo corporativo, imagen de la marca corporativa ante el mundo, convergieran en uno solo que representara al club en todos los aspectos, bien fueran a nivel deportivo, comercial o marca decantándose por el logo corporativo, favorito entre los dos por sus estética más moderna.

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La empresa Adidas, proveedora de ropa deportiva para el club, se encargó de estampar el nuevo escudo en todas las camisetas de la temporada 03/04, todo un éxito de ventas que aprovechó además la llegada de más talento como David Beckham, jugador mediático de amplio seguimiento en el Reino Unido del cual se esperaba obtener un buen rendimiento deportivo y comercial.

Con este cambio tan significativo, el último sufrido por el escudo hasta la fecha, el Real Madrid C.F. apostaba por convertirse en un club líder dentro de un mundo globalizado donde las distancias se reducían a golpe de teclado y cualquier ciudadano, por lejos que estuviera físicamente, podía convertirse en un potencial cliente o seguidor merengue. La imagen corporativa de la sociedad, cuidada al máximo, con el escudo al frente como embajador resumía todo lo que representa el club con sus éxitos deportivos e históricos que tanta mella han hecho en el fútbol español y europeo, pero al mismo tiempo también representaba una marca que transmitía un mensaje importante dando cabida preferente a unos valores sociales como la buena actitud y el esfuerzo continuo hasta el último instante ante cualquier situación que se experimenta en la vida.

La idea de lo que es el club en todo su más amplio significado, centrada en una imagen corporativa reconocible en todo el mundo permite que muchas personas, jóvenes sobre todo, quieran sumarse al Real Madrid C.F. al sentirse identificados con su proyecto, deseando formar parte de éste bien a través de la adquisición de una prenda para lucirla en la calle, objeto mercantil, souvenir o simplemente manifestando «ser del Real Madrid». De ahí la trascendencia del escudo.

Evolución histórica de los escudos madridistas

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© Vicent Masiá. Mayo 2018. 

 

Bibliografía y hemerografía

100 años del Real Madrid. Coleccionable, Diario As (2001).

40 años del Real Madrid C.F. 1900-1940. Manuel Rosón. Ediciones Alonso (1940).

Álbum Nacional de Fútbol. Ediciones Álvarez y López (1947).

Alrededor del Mundo. Revista semanal.

Anuarios de la RFEF.

Arte y Sport. Revista decenal.

Carnets de socio del Real Madrid.

Chocolates Amatller. Cromos.

Chocolates Orthi. Cromos.

Crónica. Revista semanal.

Editorial Bruguera. Cromos.

Editorial Esfera. Cromos.

Editorial Valenciana. Cromos.

El Cardo. Semanario.

El Liberal. Diario.

El proceso de transformación del Real Madrid en marca deportiva. Luis Mañas-Vinagra. Revista Mediterránea de Comunicación (2018).

Enciclopedia cultural Chicos. Cromos.

Enciclopedia Fútbol 1950/51. Ángel Rodríguez y Francisco Narbona (1951).

Foot-ball, Base-ball y Lawn-Tennis. Alejandro Barba. Editorial Sucesores de M. Soler (1912).

Gran Vida. Revista mensual.

Heraldo Deportivo. Revista decenal.

Historia básica de los principales clubs de fútbol españoles. Vicent Masià Pous (2009).

Historia y estadística del fútbol español. Vicente Martínez Calatrava. Fundación Zerumuga (2002).

La Correspondencia de España. Diario.

La Época. Diario.

Libro de oro del Real Madrid 1902-1952. Federico Carlos Sainz de Robles. Ediciones Ares (1952).

Madrid-Sport. Semanario deportivo.

Papel de fumar José Laporta Valor. Cromos.

Real Madrid Centenario. Luis Prados de la Plaza. Sílex Ediciones (2003).

Real Madrid. Revista mensual.

Revista Nueva. Revista decenal.

www.elmundodeportivo.es/hemeroteca Diario deportivo.

www.hemeroteca.abc.es Diario.

www.lavanguardia.es/hemeroteca Diario.

www.marca.com Diario deportivo.

 

 

 

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Titular HF Los escudos del Real Madrid CF (I Parte)

 

por Vicent Masiá 

 

» Ver Los escudos del Real Madrid C.F. (II Parte)

» Ver Los escudos del Real Madrid C.F. (III Parte)

 

Desde el origen hasta 1931

El Real Madrid C.F. es, según los entendidos y los números que lo avalan, por su largo historial y suma de títulos tanto a nivel nacional como internacional, sin duda alguna el club de fútbol más importante del mundo habiendo, además, sido declarado «Mejor Club del Siglo XX » en el año 2000 por parte de la FIFA. Nada que objetar al respecto y todo un orgullo para los españoles, sean aficionados o no al fútbol, residan en Madrid o en cualquier parte de España.

Esta consideración, categórica, forjada en buena lid deportiva frente a multitud de clubs de toda índole con los que se ha enfrentado consumiendo poco más de un siglo de vida, le otorga un merecido rango por encima del resto que, incesantemente, unos pocos privilegiados desean alcanzar siendo las distancias aún notables.

El club, consciente de su condición de líder mundial, arreglo a su potencial deportivo, económico y social se ha mantenido desde siempre, con mejores y peores épocas, muy cuidadoso con todo lo relacionado con su imagen, siendo sus presidentes, directivos, jugadores y entrenadores elegidos entre un selecto ramillete de los más destacados en sus respectivos oficios para engrandecer y hacer perdurar un proyecto, por sí solo, magnificente.

En todos estos años de grandiosidad, sin embargo, aunque parezca increíble para un club de estas características rodeado de personas tan cualificadas, bajo mi punto de vista se han descuidado dos puntos de considerable trascendencia histórica como son los concernientes a la fecha de constitución real de la sociedad, tradicionalmente confundida e identificada con la misma en la cual el club fue reconocido por el Gobierno Civil y, en segundo lugar, el relativo a sus escudos, señales de identidad lamentablemente maltratados por un colectivo profano que, pese a la mejor de sus intenciones, no ha sabido llegar hasta las raíces.

Del primer punto, referente al reconocimiento administrativo del club por parte del Estado en 1902, no voy a escribir por ser un tema que requiere por sí solo un artículo de larga extensión calzado a su medida, pero del segundo, con similar repercusión, sin ser un experto, pero con ciertas nociones, creo que es el momento de aplicar con algo de sentido común y sólida argumentación, algunos matices en unos casos, cuestionabilidad en otros y desaprobación en unos menos que, por su palpable falta de verosimilitud, merecen ser definitivamente apartados del inventario madridista.

En este estudio, de amplio y trabado recorrido en cuya introducción no quiero extenderme más a consecuencia de lo mucho que se ha de contar, por el camino trataré de romper con algunos falsos mitos que todavía hoy perduran y aclarar, con plena voluntad de corrección, el porqué de sus errores y sus probables o confirmados orígenes. Entremos en materia.

El escudo bicolor de 1902

Constituido en el otoño de 1900 como Madrid Foot-ball Club y presidido por Julián Palacios durante sus primeros pasos deportivos, entre esta fecha y mayo de 1902, mes en el que se disputa el Concurso de Madrid de Foot-ball Association -conocido también como Copa de la Coronación-, nunca fue hallada una fotografía, tanto en malas como buenas condiciones, donde se distinguiera el escudo original del club o un documento donde apareciese dibujado o simplemente descrito. Por no encontrarse, no hay ni una solo fotografía de este periodo, datándose las primeras relacionadas con el club entorno al mencionado torneo.

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La importancia del evento futbolístico, con etiqueta de ámbito nacional, apoyo municipal por parte del consistorio madrileño y, sobre todo, presencia de S.M. El Rey D. Alfonso XIII, provocó que algunos de los medios periodísticos más afamados del país se interesaran por este casi desconocido deporte, enviándose reporteros a la villa y corte para redactar las crónicas de lo sucedido, además de tomarse fotografías donde se retrataban los onces de cada club, acciones del juego incluso imágenes de los entrenamientos. Para la prensa de Madrid, poco acostumbrada a estas citas, fue todo un acontecimiento, no tanto para la de Bilbao y Barcelona ambas más familiarizadas con la pelota aunque se le prestó la consideración que se merecía, siendo que en las dos localidades costeras se realizaba desde hacía unos años atrás una especial atención y seguimiento al fútbol. En cualquier caso, las imágenes tomadas en el Hipódromo de la Castellana o en los aledaños de la Plaza de Toros, habitual feudo de los merengues, resultaron de gran valor para la posteridad.

Entre estas, a las que sumamos unas pocas más sin fecha exacta de la toma, pero del mismo año, se distingue el que fue primer escudo oficial del Madrid F.C., un bordado donde se entrelazan las tres iniciales de la sociedad desconociéndose a falta de información concluyente si fue estrenado en 1902 con motivo del Concurso o si su diseño nació años antes junto con el club. Haciendo una ampliación del citado escudo e intentando ver hasta el último detalle, sorprenden de inmediato dos apreciaciones nunca antes percibidas ni reproducidas como cuán distinto es este entrelazado respecto a lo tradicionalmente aceptado como auténtico y, no menos destacable, la presencia de dos colores en las iniciales ofreciendo una de ellas una tonalidad más oscura que las otras lo que le da un gran valor cromático.

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En este escudo del Madrid F.C., primera seña en su historia, la letra «M» prevalece sobre la letra «C», casi igual en tamaño y sobre la letra «F», bastante más pequeña y con menos protagonismo, dándose la circunstancia de que la «M» tiene un tono más elevado que la «C» y la «F», ambas del mismo tono pero más bajo con lo cual, a cierta distancia, la letra «M» que identifica a la ciudad de Madrid adquiere notoriedad sobre el resto viéndose con cierta facilidad desde cualquier punto por parte del observador. Pero, ¿cuáles son estos dos colores?

De morado y oro

En medio de tanta fotografía en blanco y negro y alguna coloreada por algún aficionado a este arte que no estuvo demasiado acertado a la hora de distinguir los colores de las iniciales confundiéndolas todas en una misma tonalidad y trazándolas a su capricho, averiguar los dos colores originales se presentaría en condiciones normales, es decir, de no tener ni un solo dato, como un desafío complicado de resolver, pero por fortuna indagando en la propia documentación relacionada alrededor de la constitución la sociedad obtendremos la respuesta que buscamos, al menos en uno de ellos. En cuanto al otro, quedará despejado por pura lógica.

En este sentido cobra gran fuerza un extracto publicado en 1940 por el periodista Manuel Rosón Ayuso perteneciente a su obra titulada “40 años de historia del Madrid F.C.: 1900-1940” donde el autor, haciendo alusión a la presentación de los Estatutos del club en el Gobierno Civil y a los acuerdos tomados por los socios, dice:

(…) Se estudia el uniforme del equipo. El recuerdo de los célebres Corinthians, los amateurs ingleses, admirados por los que estudiaron en Londres, prevalece, y se acuerde que sea ese precisamente el uniforme de los madrileños. Un uniforme blanco, sin mácula, que significa pureza. El artículo 18 del reglamento reza así en su apartado 3º: “Pantalón y blusa blancos, medias negras con vueltas, y cinturón con los colores nacionales, completándose con un casquete azul oscuro”. La blusa está cruzada por una ancha banda morada, representativa del austero color de Castilla, en la que figura el escudo de Madrid bordado en colores (…).

Obviamente Manuel Rosón, nacido en 1901, no fue testigo de estos hechos, ni acudió a los encuentros disputados en el Hipódromo de la Castellana en mayo de 1902 por su temprana edad, con lo cual dicha información tuvo que conseguirla de alguien muy próximo y vivencia en primera persona de lo ocurrido. Este informador, más bien informadores y ambos privilegiados añadiría yo, fueron los hermanos Juan y Carlos Padrós con quienes Rosón mantuvo una excelente amistad durante los años que les tocó convivir, proporcionándole un dato tan estimable como que, sobre la blusa blanca, cruzaba una ancha banda morada, además de otro también interesante como el bordado en colores del escudo de Madrid.

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La confesión del color morado, color que se tratará más adelante indicándose su procedencia y significado, descubre uno de los dos colores del escudo original del Madrid F.C. con letras entrelazadas y también el que identificará la orla que envuelve al escudo municipal que indica Rosón, pero siendo justos y haciendo honor a la verdad, es preciso dejar bien claro dos cosas: que la prometida banda morada no tuvo visos de continuidad pese a ser declarada oficial diluyéndose en la blusa de algunos jugadores que la ostentaron durante algunos encuentros y, en segundo lugar, que el escudo municipal de Madrid no fue oficial hasta la temporada 1904/05, curso en el que se luce por primera vez con motivo de la tercera edición del Campeonato de España -1905-.

Recurriendo a los Estatutos del Madrid F.C. presentados en el Gobierno Civil en fecha 18 de marzo de 1902, se comprueba que las palabras de Rosón y los hermanos Padrós no van muy desencaminadas respecto al Artículo 18 pero, quizás obedeciendo al paso de los años y a aportes apuntados en la memoria, se mezclan momentos previos a la redacción de los Estatutos con el cierre definitivo de estos. Dice el Artículo 18:

Para tomar parte en los partidos será preciso: 1º El pago previo del mes o la cuota de entrada, según los casos; 2º Usar el uniforme reglamentario; 3° Llegar al campo de juego antes de la hora señalada para el comienzo del partido. El uniforme reglamentario será para los partidos ordinarios pantalón azul oscuro, corto y recto, blusa blanca y medias oscuras, y para los partidos extraordinarios será pantalón y blusa blancos, medias negras con vueltas y cinturón con los colores nacionales, completando este uniforme un casquete azul oscuro.

Profundizando en la banda de color morado, según el aporte de Manuel Rosón a instancias de dos de los fundadores de la sociedad como son los hermanos Juan y Carlos Padrós, queda más que demostrada la especial relación del club madrileño con este color desde su origen y no desde 1931 como la mayoría de las fuentes erróneamente interpretan y aún hoy se empeñan en mantener por desconocimiento y falta de investigación, pues ni la banda morada fue impuesta sobre el escudo en el primer año de la Segunda República, ni el Madrid F.C., un club muy vinculado y excelentemente relacionado con la Casa Real, pasó de la noche a la mañana de ser monárquico a ser republicano. En este aspecto es oportuno mencionar que la masa social del Madrid F.C., extensa con el crecimiento deportivo y como sociedad libre que era en donde había cabida para todo tipo de ideologías, estaba muy fraccionada a principios de los años treinta cohabitando personas que iban de un extremo a otro, incluso personas que, según soplaba el viento, tomaban interés por un determinado régimen.

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Volviendo al cromatismo del escudo entrelazado de 1902, despejada la duda del color oscuro que identificada a la letra «M», morado, llega el turno al color más claro que identifica a las letras «F» y «C» que, como no puede ser de otro modo, corresponde al dorado, color oro que representa al Sol, fuente de vida para todos los seres del planeta Tierra. El dorado siempre irá ligado al club y se verá en el escudo de 1908, del que más adelante se hablará y en las versiones de 1920, 1925, 1931, etc., hasta nuestros tiempos.

Banda morada sí, banda morada no

Una de las grandes incógnitas que siempre ha envuelto a la sociedad madridista es saber si en alguna ocasión, tal cual se desprende de los comentarios vertidos por algunas voces relacionadas con la historia del club como Manuel Rosón Ayuso, el Madrid F.C. hizo uso oficial de una banda morada sobre su blanca camiseta. Rosón, en su obra de 1940 titulada «40 años del Real Madrid C.F. 1900-1940», después de hacer referencia al domicilio social del club en 1902 situado en el número 48 de la calle de Alcalá, citar al Corinthians F.C. británico como inspirador de sus colores y describir el uniforme titular tal cual indica el punto 3 del Artículo 18 de los Estatutos redactados en 1902, añadió de su cosecha propia una frase que, además de sembrar confusión, era incierta al mezclar años y finalidades. Decía así:

«La blusa está cruzada por una ancha banda morada, representativa del austero color de Castilla, en la que figura el escudo de Madrid bordado en colores». Dicho comentario, a pesar de su buena intencionalidad y proceder probablemente de personas que recordaban haber vestido esa combinación, fue desafortunado puesto que, como ahora comprobaremos, al menos de forma oficial nunca se llegó al caso.

Para empezar hay que rememorarse a los momentos iniciales y tener en cuenta que desde 1900 los miembros fundadores del Madrid F.C. habían renunciado al empleo de un color en su blusa que fuese distinto al blanco, renunciando al rojo como propuesta alternativa. Luego, a partir de octubre de 1901, coincidiendo con su segunda temporada y tal cual ha quedado registrado en las crónicas periodísticas de la época, en los encuentros de entrenamiento protagonizados por los señores socios, para distinguirse unos de otros se emplearon bandas de colores sobre la blusa blanca siendo las más representativas el azul y el rojo hasta el punto de dar nombre a los respectivos bandos. Sin embargo, la prueba más concluyente se halla en los propios Estatutos donde, además de no hacerse ninguna mención acerca de una probable banda morada en todo el Artículo 18 anteriormente descrito relativo a los colores de los uniformes, queda claro que el uniforme para los encuentros extraordinarios era pantalón y blusa blancos mientras que para los ordinarios se hacía servir una blusa blanca siendo el pantalón azul oscuro. Entonces, ¿de dónde sale la banda morada y para qué pudo ser empleada?

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Revisadas las pocas fotografías que subsisten de aquellos tiempos, centradas alrededor de 1902 puesto que de 1900 y 1901, al parecer, no hay registros, todo indicaría a priori que el Madrid F.C. nunca vistió con banda morada como indicó Rosón en 1940 y que, a lo sumo, en las únicas donde se observa una banda cruzada ésta fue la azul o roja de los entrenamientos como se menciona en los reportajes. Sin embargo, profundizando más en el tema y rebuscando fotos poco conocidas, publicadas en octubre de 1902 por el semanario madrileño El Cardo aparecen imágenes y grabados donde se ve a dos equipos jugando tanto en las proximidades de la Plaza de Toros como en el Hipódromo de la Castellana, que sí coinciden con lo aportado por Rosón.

En ellas, cedidas algunas por uno de los hermanos Giralt, se distingue en un encuentro a un bando vistiendo blusa blanca con pantalón oscuro -azul- frente a otro con blusa blanca cruzada por una banda oscura y pantalón blanco. En el otro, la diferencia entre ambos bandos, los dos con camisa y pantalón blancos, radica en la banda oscura que luce uno de los dos contendientes. Teniendo en cuenta que las imágenes fueron publicadas antes de disputar el Madrid F.C. sus primeros encuentros de la temporada 1902/03 y que en los del Torneo de Coronación los madridistas siempre vistieron blusa y pantalón blancos, las imágenes sólo pueden corresponder a entrenamientos realizados por distintos bandos de la sociedad en las cuales, para no confundirse los jugadores, unos visten pantalón azul, otros blanco y para reafirmar las diferencias, unos añaden una banda oscura a su blusa.

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Esta banda, descrita como morada por Rosón y antiguos jugadores de la sociedad, en definitivas cuentas debió quedar limitada a los entrenamientos no siendo exhibida en encuentros oficiales, consideración que explicaría por qué no fue introducida en los Estatutos y, a su vez, por qué algunos jugadores de aquella época mencionaban haber vestido este color. Para reforzar esta idea cabe incluso sumar una imagen más que no ha sido suficientemente valorada debido a la coloración manual a la que fue sometida décadas después, imagen con los hermanos Giralt y resto de jugadores entre los cuales, algunos de ellos, visten el pantalón blanco exclusivo según los Estatutos a los encuentros extraordinarios combinado con una blusa blanca atravesada por la banda morada. Lamentablemente tanto la banda morada como el escudo bicolor fueron coloreados en azul oscuro seguramente por desconocimiento, perseverando en silencio un color erróneo como el azul oscuro sobre los colores originales.

En cuanto al escudo de Madrid -el municipal se entiende- que fue bordado en colores sobre la blusa, pasados casi cuarenta años de los hechos Rosón se equivoca nuevamente pues de la banda morada sólo hay registros de 1902 y del escudo municipal se sabe, por lo que se explica a continuación, que fue implementado en la temporada 1904/05 con lo cual nunca coincidieron.

El escudo municipal de 1904

Transcurrido el torneo de Coronación de Alfonso XIII en 1902 con notable éxito deportivo y social, Carlos Padrós, presidente del Madrid F.C., decidió a finales de ese mismo año constituir una federación local para que todos los clubs que lo deseasen se sumaran a un proyecto que, por encima de todo, venía a poner orden y legislar todo lo concerniente a la organización de encuentros, reglas de juego, torneos y cuestiones relativas a los jugadores. Con asistencia de Juan Padrós, delegado por el Madrid F.C., Ángel Garrido por el New F.C., Francisco Borbón, presidente del Moncloa F.C., Enrique García Sansegundo como delegado del Club Español de Foot-ball, Julián Valls en representación del Retiro F.C. y Pedro de Velasco por The Modern F.C., el viernes 28 de noviembre quedaba fijada para el viernes siguiente 5 de diciembre la constitución de la Federación Madrileña de Clubs de Foot-ball.

Elegido como no podía ser de otra manera Juan Padrós flamante presidente de la federación local, a principios de enero de 1903 comenzó el primer torneo municipal teniendo como campeón de forma inesperada al Moderno F.C., conjunto de reciente formación que, tras haber nacido como The Modern F.C. y haber castellanizado con bastante celeridad su denominación, sorprendió a todos los concursantes y aficionados al presentar un «team» de gran fuerza.

El Madrid F.C., gran favorito al título, defraudó por su pobre juego y por quizás no tomar en serio a más de uno de sus contrincantes presentando en ocasiones alineaciones donde faltaban algunos de sus mejores jugadores pero, si en algo se coincidió, fue en exhibir en todos sus encuentros el escudo bicolor morado y dorado con las iniciales del club entrelazadas.

Juan Padrós, hombre incansable, parecía haber nacido para estos menesteres y en el mes de marzo, pocas semanas después de concluir el campeonato organizado por la federación local, andaba ya organizando las bases de lo que era su siguiente propósito: organizar un Campeonato de España para clubs de fútbol donde a principios de abril acudieran a Madrid los mejores del país. Conseguida la aprobación y patrocinio de la Casa Real a través del monarca quién se prestó a poner en disputa una copa bajo su nombre, este torneo sería considerado como el primero a nivel nacional de su rango. Acababa de nacer el Campeonato de España de Fútbol.

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En su tercera edición, disputada en abril de 1905, se constató sobre el Hipódromo de la Castellana un hecho diferencial en el uniforme del Madrid F.C. como fue estrenar un nuevo escudo nunca antes visto. Y es que el club madrileño, en sus encuentros ante el San Sebastián Recreation Club donostiarra y Athletic Club, de Bilbao no se presentó con el característico escudo bicolor que los había venido identificando en los últimos tiempos, sino con una insignia donde, dentro de una gruesa circunferencia morada, figuraba el escudo municipal sin corona. Este escudo municipal, aprobado en 1859, se componía de dos cuarteles y manteladura, figurando en el cuartel derecho, sobre campo azur, un grifo de oro y en el izquierdo, dentro de una bordadura de azur con siete estrellas de oro de cinco puntas, sobre campo de plata, un madroño de sinople con frutos de gules y un oso empinado a él lenguado de gules con terrazado de sinople. En la manteladura, sobre campo de oro, una corona cívica formada por un trenzado en guirnalda de hojas de roble y una banda carmesí concedida a la villa de Madrid por las Cortes Españolas mediante un Decreto promulgado el 27 de diciembre de 1822 durante el trienio liberal.

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Sobre el origen este escudo, empleado como oficial hasta 1930, se ha hablado mucho y varias son las especulaciones que se manejan siendo la más seguida por su buen respaldo una que alude a una presunta normativa de principios del siglo XX que pretendía regularizar a los clubs que representaban a Madrid en los Campeonatos de España frente a clubs de otras ciudades. De esta presunta normativa, atribuida al consistorio madrileño pero también a la Federación Madrileña de Clubs de Foot-ball para darle más validez, lo cierto es que nunca se ha encontrado nada que la avale, tratándose más de un bulo que de un hecho documentado pues resulta inconsistente por sí misma y ofrece serias dudas como ahora se verá.

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Empezando por el consistorio, es poco creíble que un ayuntamiento como el de la villa tuviera tanta influencia en un deporte minoritario y de escasa tradición como el fútbol hasta el punto de obligar de algún modo a que, cualquier representante local dentro de un Campeonato de España o frente a clubs de otras localidades, llevase el escudo municipal máxime tratándose de sociedades con personalidad jurídica. Siguiendo por la Federación Madrileña de Clubs de Foot-ball, tampoco es creíble que a su representante se le impusiera lucir el escudo municipal puesto que todos tenían escudo propio y, en sus Estatutos, no se hace mención alguna a esta posibilidad. Entonces, ¿a dónde apunta el origen de este escudo?

La respuesta o quizás respuestas, sin ser categóricas porque delante de un hecho de estas características siempre hay que dejar las puertas abiertas para cualquier otra posible razón, podrían ser más sencillas de lo esperado. Siguiendo con este hilo bastaría con tener en cuenta que el Madrid F.C. (constituido en octubre de 1900) era a mediados de 1904 la sociedad más antigua de la ciudad una vez extinguidos el Sky F.C. (1897-1901) y la intermitente Association Sportive Française/Amicale (1897-1904) en sus dos épocas, adquiriendo en base a ello el rango honorífico de Decano y, por otra parte, era el único club que llevaba inserto en su denominación oficial el nombre de la capital refiriéndose el resto a barriadas de Madrid o nombres simplemente arbitrarios.

Estas dos razones, ambas de gran peso, son por sí solas suficientemente importantes para justificar el uso del escudo municipal al margen de disfrutar en paralelo de un anagrama particular con las iniciales entrelazadas en dos colores debiéndose considerar, además, que el Madrid F.C. había sido constituido para ser el club referente de la ciudad y, por ende, de todos sus habitantes, ganándose el derecho según sus gestores de ostentar la insignia municipal.

Sin embargo, existe todavía una tercera razón más poderosa si cabe: en el mes de noviembre de 1903, desde diversos ámbitos y teniendo como trasfondo el interés de algunas personas, se estimuló la unión de los clubs madrileños para tener un campeonato local más fuerte y, a ser posible, la fusión de algunos eligiendo como base uno de ellos. Este club beneficiario, como no podía ser de otro modo, era el Madrid F.C., un club derrotado en el Torneo de la Coronación de 1902 y en el primer Campeonato de España de 1903 al que se quería potenciar para tener opciones de salir victorioso en la edición de 1904 además de enfrentarlo contra sociedades deportivas del extranjero.

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El primer paso en aunar jugadores no lo dio precisamente el Madrid F.C. sino un club en franca progresión como el Moderno F.C., campeón local de 1903 donde fueron a parar los más distinguidos jugadores del federado Iberia F.C. y algunos del Victoria F.C., saltando la sorpresa a mediados de diciembre cuando en prensa se anunciaba la probable fusión de dos importantes sociedades. Estas dos sociedades eran el Madrid F.C. y el Moderno F.C., fusionadas finalmente el 30 de enero de 1904 como Madrid-Moderno F.C. En las semanas posteriores se incorporaron jugadores del Moncloa F.C. (Garrido, Irigoyen, Lizárraga y Prast) y de la Association Sportive Amicale (caso de Parages) con lo cual el conjunto fusionado merengue compensaba en parte la numerosa pérdida de efectivos padecida durante el verano de 1903 marchados a las filas del Club Español de Foot-ball entre los que se encontraban Neyra, Pérez, Vallarino, Arruabarrena, Cárdenas y los hermanos Giralt. El Madrid-Moderno F.C., tras estos movimientos, se convertía de facto en la selección oficiosa de Madrid y en moral merecedor a llevar en su escudo titular detalles parciales o totales del escudo municipal.

El Madrid-Moderno F.C. -desde 1905 nuevamente Madrid F.C.-, siguió fiel a este sentimiento de privilegio no disimulado en su uniforme oficial hasta 1930, constatándose que entre 1904 y esta última fecha ningún otro club madrileño, y hubieron varios como el Español F.C. (1904 y 1909), Sociedad Gimnástica Española (1911, 1912 y 1914), Racing Club (1915 y 1919) y Athletic Club (1921, 1925 y 1928) que, siendo campeones locales de la Federación Madrileña de Clubs de Foot-ball y luego campeones de la Federación Regional del Centro de Clubs de Foot-ball, nunca tuvieron el privilegio de lucir en cualquier tipo de forma el escudo municipal.

El escudo de 1908

Demostrado que el Madrid F.C. se fusionó el 30 de enero de 1904 con el Moderno F.C. adoptando el resultante el nombre de Madrid-Moderno F.C., alcanzado este punto se hace necesario aclarar una serie de cuestiones que, en parte propiciadas por la prensa a la cual se malinterpretó y en parte originadas por aficionados que llegaron en sus investigaciones hasta donde pudieron, desde entonces vienen repitiéndose siendo inciertas. La primera de ellas afecta a la duración de la denominación Madrid-Moderno F.C., mantenida oficialmente a lo largo de la temporada 1904/05 solamente puesto que, tanto para directivos, jugadores y aficionados en general todos se referían a la sociedad como «el Madrid» y nunca como «el Madrid-Moderno», habiéndose conservado el primer apelativo hasta el día de hoy. La segunda, más confusa en sus inicios pero afortunadamente despejada en la actualidad, afecta a las fusiones realizadas por el Madrid F.C. durante sus primeros años de existencia.

Contrariamente a lo expuesto en muchas partes, el Madrid F.C. sólo se fusionó legalmente con un club, el Moderno F.C. en 1904, siendo el resto de sociedades a las que se les vincula una fusión clubs con los cuales no se materializó acuerdo alguno. Sociedades como el New F.C., Club Español de Foot-ball, Moncloa F.C. o Association Sportive Amicale nunca se fusionaron o fueron anexadas por el Madrid F.C., sino que parte de sus por entonces respectivos socios decidieron, motus propio, darse de alta como nuevos socios del club merengue. Mencionado este tema es imperativo recordar que el Madrid F.C. era el club más importante de los existentes en la corte por su brillante organización, el más numeroso en cuanto a socios y la sociedad en la que muchos deseaban jugar, extinguiéndose todos los clubs mencionados no por sumarse a la estructura blanca en algún momento de sus carreras, sino por presentar todos ellos debilidades que les hicieron retirarse al no poder competir con un club tan grande. Tan solo el Athletic Club, constituido en 1903 como una sucursal del Athletic Club bilbaíno, pudo resistir el empuje madridista.

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Regresando a 1904 y a la fructífera fusión con el Moderno F.C., de la citada unión el Madrid F.C. salió reforzado al sumarse una buena cantidad de jugadores modernistas que, en poco tiempo y tras una breve adaptación, elevaron el nivel de la plantilla. Hombres y nombres como Alcalde, Álvarez, Aparici, Chapí, Chulilla, Contreras, Faccini, Hodans, Lafora, Ramos, Sanz, Seguí, Joaquín Yarza y Manuel Yarza empezaron con mayor o menor presencia a figurar en las alineaciones participando algunos de ellos en la consecución de los Campeonatos de España de 1905, 1906, 1907 y 1908, pero no iba a ser la única contribución modernista: restaba su escudo.

Conocido hoy en día a nivel nacional e internacional el escudo del Real Madrid C.F. por todos los aficionados del mundo, muy pocos saben que el origen del entrelazado de sus iniciales no nació en el club blanco, sino que fue una adaptación surgida en 1908 de la herencia recibida por parte del Moderno F.C. cuya insignia, insertada en el interior de un pentágono irregular invertido, reflejaba entrelazadas y bordadas en oro las tres iniciales de la sociedad.

Todavía en uso el escudo con heráldica municipal inscrito en una gruesa circunferencia morada para todos los encuentros oficiales, la directiva del Madrid F.C. decidió dar un nuevo aspecto a su escudo fundacional de forma interna relegando el escudo bicolor de sus primeros años por un nuevo diseño donde, aprovechando las letras doradas y entrelazadas que caracterizaron al Moderno F.C., a diferencia de éste no quedaban insertadas en un pentágono irregular invertido, sino que lo hacían en una fina circunferencia también dorada, versión que a posteriori, con nuevos elementos, sería definitiva.

La bandera del Madrid F.C

Casi todos los clubs de fútbol españoles, mayormente aquellos que tengan cierta categoría, más tarde o temprano han confeccionado tradicionalmente banderas con los colores de la sociedad llegando, muchos de ellos, a insertar en el medio su escudo como marca característica. Clubs como Sevilla F.C., Athletic Club, F.C. Barcelona o Valencia C.F. por citar algunos, han seguido este paso sintiéndose orgullosos de esta seña y, como era de esperar, el Madrid F.C. también dispuso de la suya aunque las imágenes retrospectivas que he encontrado, unas por ser demasiado pequeñas y otras por estar seccionadas, no son lo suficientemente buenas para demostrar todo su plenitud.

Donde no hay tipo alguno de dudas es en la pareja de colores elegidos con los que se pudo establecer la combinación definitiva, siendo estos según se desprende de las crónicas deportivas de la segunda década del siglo XX, blanco y morado. Sí, efectivamente, morado como la «M» presente en el anagrama de 1902, la banda diagonal que cruzaba su primera camiseta y la gruesa circunferencia que envolvía el escudo municipal de 1904.

La bandera original del Madrid F.C., hoy desaparecida y probablemente guardada en algún oscuro rincón sin nadie que se acuerde de ella, adquirió mucha popularidad tras la inauguración del Campo de O’Donnell sucedida el 31 de octubre de 1912 en encuentro disputado frente al Sporting Club, de Irún, viéndose ondear los colores blanco y morado en todos sus encuentros como local hasta el abandono de esta sede en 1923. Pendiente de un mástil de considerable altura erigido junto al margen izquierdo de la tribuna cubierta mirando desde el frente, la bandera madridista presentaba sobre un paño blanco cruzado en diagonal por una banda morada de izquierda a derecha el escudo oficial del club de esos momentos con la heráldica municipal, siendo distinguible desde cualquier punto de la instalación al carecer de competencia en altura.

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En una de las tomas realizadas en la inauguración del Campo de O’Donnell, sito en una manzana delimitada por las calles O’Donnell, Narváez, Duque de Sexto y Fernán González, se puede divisar la bandera en todo su esplendor pero no es la única descripción y, al margen de la visual, hay otras de carácter literario que evocan cuán importante fue entre los socios del club. Dos de estos ejemplos los tenemos en la revista semanal Madrid-Sport publicada en la corte entre 1916 y 1924 donde en un par de artículos se la menciona. En el primero de ellos, publicado el 7 de diciembre de 1916 con motivo de un encuentro del Campeonato Regional entre el Madrid F.C. y el Racing Club, de Madrid donde, curiosamente, a los seguidores merengues todavía se les reconocía como madrileñistas y no madridistas como sucede en la actualidad, se lee que:

(…) Una mañana británica fue precursora de otra tarde que no tenía nada que envidiar a la mañana. Los elementos nos acariciaron con sus nebulosidades y sus fríos, y, sin embargo, despreciando alicientes que convidaban a permanecer en locales confortables y tibios de calefacción, una multitud de jovencitas, arrostrando las inclemencias de la temperatura -beneméritas aficionadas-, invaden el campo de los colores morado y blanco y, traspasando la barandilla del reservado de socios, colócanse en su lugar preferido: delante de la caseta (…).

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El segundo de ellos, publicado el 3 de mayo de 1917 haciendo referencia a un breve resumen de lo acontecido durante la temporada, su autor nos dice:

(…) Ruda ha sido la lucha, múltiples los contratiempos, sensibles las bajas; mas fuera ello lo que quiera, el resultado ha sido favorable, y al congratularnos de ello enviamos a los paladines de Castilla un afectuoso apretón de manos, y unido a él, un vehemente deseo que la realidad corone justiciosamente sus esfuerzos otorgándoles el título de campeones de España. Una vez cumplido con el primordial deber que nos movió a coger la pluma, hemos de examinar, aunque sea muy a la ligera, la evolución de la temporada en relación con el «once» representante de la bandera blanca y morada. Comencemos por los de casa… (…).

1920: el Madrid F.C. consigue el título de Real 

Cuando el 29 de junio de 1920 la directiva del Madrid F.C. recibió en su sede una carta procedente de la Mayordomía Mayor de S.M. el Rey D. Alfonso XIII, entre todos los presentes hubo una sonrisa de complicidad y un suspiro de alivio porque todos sabían de qué se trataba. Alfonso XIII, a quien le divertía el fútbol, al fin atendía la demanda de los gestores madridistas presididos por Pedro Parages (en el sillón desde 1916) y concedía al club merengue el título honorífico de «Real» que tanto se ansiaba.

Y es que en el subconsciente madridista, acostumbrado a tratar con el entorno de la Casa Real y plaza habitual donde solía acudir Alfonso XIII de vez en cuando para pasar un rato de ocio viendo al Madrid F.C. frente a otros clubs en encuentros de cualquier índole, pesaba y mucho que otras sociedades constituidas todas ellas años después de haberlo hecho los merengues, gozaran de la presidencia honoraria del rey y de un título que ellos carecían cuando para sus adentros se consideraban más merecedores que nadie.

Habituados como estaban a disfrutar de cierta proximidad con la Casa Real, sin duda más que ninguna sociedad deportiva en todo el Estado, nadie del club se había esforzado en solicitar a la Mayordomía Mayor de Su Majestad la presidencia honorífica de la sociedad con lo cual otras, más atrevidas y conscientes del estatus social que dicho título prestaba, se le habían adelantado consiguiendo preceder a la sociedad de la bandera blanca y morada en esta parcela honoraria. Veamos a continuación los beneficiados y su año de concesión: Real Club Coruña (1908), Real Fortuna F.C., de Vigo (1908), Real Club Deportivo Sala Calvet, de La Coruña (1909), Real Sociedad de Foot-ball, de San Sebastián (1910), Real Santander F.C. (1910), Real Club Deportivo Español, de Barcelona (1912), Real Sporting de Gijón (1912), Real Racing Club de Irún (1913), Real Betis F.C., de Sevilla (1914), Real Vigo Sporting Club (1914), Real Sociedad Gimnástica Española, de Madrid (1916), Real Club Recreativo de Huelva (1916) y Real Sociedad Alfonso XIII F.C., de Palma de Mallorca (1916), habiéndose fusionado algunas de ellas con otras provistas o no del título de «Real».

El título de «Real», concedido curiosamente al Madrid F.C. por los dispendios mostrados por la directiva blanca en la organización del Campeonato de España de fútbol para equipos militares de 1920 contrajo, además del cambio de nombre de la sociedad a Real Madrid Foot-ball Club, otras reformas como la de sus dos escudos, pues tanto el oficial con heráldica municipal como el privado con el anagrama entrelazado de sus iniciales, tuvieron que añadir una corona real cerrada flotante símbolo de la monarquía que varió considerablemente sus respectivos aspectos.

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Así, de este modo, el escudo particular fue el que menos variación tuvo puesto que el cambio quedó limitado a superponer la corona real sobre la circunferencia donde se hallaba inscrito el anagrama dorado de la sociedad mientras que en el heráldico, un poco más complejo y con más trabajo, se redujo drásticamente el grosor de la circunferencia morada quedando ésta en una fina línea dejando todo el espacio interno en un color purpúreo para alojar una nueva versión del escudo municipal con la corona monárquica superpuesta y rodado de una corona laureada que le daba una aire totalmente diferente.

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Concedido el título de «Real» al Madrid F.C., el «modus operandi» de la entidad merengue permaneció invariable tal cual se había desarrollado hasta la fecha, esto es, luciendo el escudo municipal con base morada durante los encuentros oficiales correspondientes al Campeonato Regional del Centro y, si la ocasión lo permitía, en el Campeonato de España quedando el escudo privado de la sociedad con base blanca relegado a un segundo plano.

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En los años sucesivos a la concesión, sin embargo, algo sí cambió puesto que el escudo particular del club, prácticamente desconocido para los aficionados del resto de España con los cuales se enfrentaban los merengues, empezó paulatinamente a ser promovido desde la prensa insertándolo en artículos periodísticos pero también desde el mundo empresarial pues industrias dedicadas a la elaboración de chocolate, viendo la gran repercusión que tenía el fútbol entre los niños, emprendieron la iniciativa de lanzar colecciones de cromos donde cada temporada aparecían los principales ases del fútbol. En este sentido y, respectivamente, cabe destacar la labor realizada por publicaciones como Gran Vida y Madrid-Sport, ambas muy seguidas en todo el territorio y empresas como Chocolates Amatller, de Barcelona o Chocolates Piera y Brugueras, de Terrassa, quienes abrieron el camino a otras industrias también del mismo sector.

1925: se incorpora la banda morada al escudo

«El Real Madrid C.F. incorporó la franja morada de su escudo en 1931, con el advenimiento de la Segunda República». Esta es la percepción de más del noventa por cien de los seguidores madridistas por no decir de casi todos y esa es la falsa creencia que, repetida y machaconamente, leemos en decenas de páginas dedicadas al club en todo Internet desde que este medio se popularizó a principios del siglo XXI. Evidentemente la incorporación de la banda morada no fue en 1931 ni tuvo nada que ver con el advenimiento de la Segunda República, sino que se incorporó varios años antes aunque haya pasado desapercibido para muchos.

Como ya sabemos, el morado nació junto al blanco con el club madrileño, figuró en la primera camiseta de su historia en forma de franja diagonal, pasó a colorear la circunferencia que envolvió el escudo municipal empleado para los encuentros oficiales y era uno de los dos existentes en la bandera de la sociedad por lo que, tarde o temprano, era justo incorporarlo al escudo particular.

El porqué de la tardanza y los motivos que llevaron a las distintas directivas madridistas a relegar la introducción del morado en el escudo privado de la sociedad es algo que nunca sabremos a ciencia cierta, aunque tal vez el papel secundario que venía ocupando este escudo tuviera mucho que decir. Sea lo que fuere, lo cierto es que la aparición de la banda morada surgió alrededor de 1925 -no he hallado una fecha anterior- siendo presidente del club Pedro Parages y entre las razones de peso para incorporarla dos destacan sobremanera como justificación. Veámoslas:

La primera de ellas concierne a una simple cuestión de equitatividad entre los dos escudos representativos de la sociedad pues si bien el morado estaba presente en el escudo oficial y público del club en sus distintas variantes desde 1904, el grado de presencia de este color en el anagrama dorado surgido en 1908 y coronado en 1920 era totalmente nulo pareciendo cada uno identificar a dos sociedades distintas. En este aspecto, más si cabe desde el crecimiento en popularidad del anagrama en los últimos tiempos mediante prensa y colecciones de cromos que llegaban a todas partes, aproximar ambos escudos era pertinente y, aunque no fueran del todo iguales, al menos debían compartir colorido.

La segunda obedece a una cuestión de identidad. La similitud del anagrama dorado madridista inscrito en una circunferencia también dorada y rematado por una corona real era extraordinaria con el escudo de un club puntero, con gran renombre, como el Real Unión Club, de Irún por lo que diferenciarlo de alguna manera del logo de la sociedad guipuzcoana se convirtió en una urgencia si se pretendía, como finalmente sucedió, otorgarle al escudo del anagrama un carácter preferente por delante del municipal.

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Si a todo esto unimos que en gran parte del país surgieron una cantidad enorme de clubs vistiendo de blanco por su económico precio y empleando como escudo anagramas sobre fondo blanco, coronados o no es lógico pensar que los gestores del club madrileño optasen por tomar una decisión al respecto pues, un club como el suyo, debía tener en su escudo rasgos diferenciables del resto para ser siempre identificado a primer golpe de vista y no causar confusión.

De entre las distintas opciones a elegir -no creo que hubiese sólo una sobre la mesa-, la directiva de Parages se inclinó por la banda diagonal morada cruzada de izquierda a derecha respetándose el resto del escudo, una decisión acertada que prestaba personalidad y, al mismo tiempo, conectaba con la idea que había en la época sobre el color del Pendón de Castilla y el color que envolvía el escudo municipal oficial por entonces. Otra opción -y esta aportada desde mi propia cosecha-, hubiera sido cambiar el grosor de la circunferencia y dotarla de color morado al estilo de lo que se hizo en los primeros años setenta con el Castilla C.F., filial madridista, pero este es un irrelevante comentario que no va a ninguna parte.

Modificado el segundo escudo del Real Madrid F.C., pocas son las fotografías que atestiguan el cambio realizado en aquella época con la banda morada debido, principalmente, a que el club compitió generalmente con el primer escudo provisto de heráldica municipal en encuentros oficiales y, en un buen número de ocasiones, hasta sin escudo quedando la segunda marca expuesta muy pocas veces. Es por ello que casi toda la información recogida pertenece a fuentes ajenas al club quienes, por diversos motivos, se preocuparon en su día de inmortalizar dicho escudo siendo algunas de ellas, como ahora veremos, pertenecientes a terrenos muy alejados del meramente deportivo.

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La primera de ellas, por orden cronológico, procede de la industria del papel y tiene como protagonista a la prestigiosa firma José Laporta Valor, radicada en Alcoy, especializada en la fabricación de papel de fumar. Laporta, gran empresario y sabedor que los niños influirían en los padres y abuelos a la hora de elegir una determinada marca, lanzó al mercado en 1925 una serie de pequeñas cajitas de papel de fumar conteniendo en su interior un cromo dedicado a un jugador de fútbol. En esta colección, donde entraban los tres principales clubs valencianos de la época, Valencia F.C., Levante F.C. y Gimnástico F.C., también se dejó por cuestiones comerciales un espacio para los clubs estatales más relevantes como el Real Unión Club, de Irún, Athletic Club, de Bilbao, Sevilla F.C., F.C. Barcelona, Real Club Deportivo Español, de Barcelona y los madrileños Athletic Club y Real Madrid F.C., contando cada club con un total de cinco cromos dedicados a los jugadores más destacados.

En el caso del Real Madrid F.C., los cinco fueron el guardameta Martínez, el defensa Escobal, el medio Mejía, el interior Félix Pérez y el extremo Del Campo vistiendo los jugadores de campo con camiseta blanca sin escudo mientras que, ahí viene la sorpresa, el meta Cándido Martínez, integrante de la plantilla madridista entre las temporadas 21/22 y 27/28, figura con un reconocible escudo donde se aprecia con suma nitidez la banda morada que cruza el escudo de izquierda a derecha. Teniendo en cuenta que la imagen fue publicada en 1925, ésta podría pertenecer a la temporada 24/25 o a la 25/26 puesto que todos los jugadores aparecidos en el coleccionable integraron las plantillas de los clubs antes mencionados en ambas temporadas, pero el hecho de que los torneos regionales empezaran a finales de año tiende a hacer pensar que más bien correspondiera a la 24/25 disponiendo la papelera así de más tiempo para preparar la maquetación.

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La segunda fuente procede del sector de la alimentación y en concreto de uno tan atractivo para los niños como es el chocolate. Coincidente con el papel de fumar de José Laporta y sus cromos, desde Tarragona y también en 1925 los gerentes de otra ilustre empresa con amplia tradición, Chocolates Orthí, pensaron que distribuir una baraja de cartas coleccionable con motivos futbolísticos podía aumentar sus ventas por lo que, intercalados entre los cuatro palos de la clásica baraja española compuesta por oros, copas, espadas y bastos, aparecían escudos de clubs de fútbol y jugadores de prestigio uniformados con los colores del club al que pertenecían.

En lo que respecta al Real Madrid F.C., aparecen los jugadores Monjardín, Quesada y Félix Pérez, resultando totalmente identificable el escudo madridista con la banda cruzada de color morado aunque, como se puede comprobar, este color es reflejado erróneamente en azul. Tratado este punto, para que no haya confusiones ni malinterpretaciones, es preciso hacer hincapié en un par de cuestiones: uno, los dos escudos que empleaba oficialmente el club eran en morado, no en azul y, dos, los colores aplicados a muchos de los escudos representados en esta colección lamentablemente no corresponden a los oficiales, no siendo el error cometido con la entidad merengue una excepción. A fin de cuentas lo que importa realmente sustraer de estos naipes es que ya en 1925 la franja diagonal formaba parte de uno de los dos escudos de la sociedad.

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La tercera, publicada en la revista madrileña Alrededor del mundo en su número 1.490 correspondiente al 7 de enero de 1928 que analiza de forma resumida el historial de los seis clubs que van a competir en el Campeonato Regional del Centro, Real Madrid F.C., Racing Club, Unión Sporting Club, C.D. Nacional, Athletic Club y Real Sociedad Gimnástica Española, en el apartado referente al Real Madrid F.C. donde aparece el capitán Félix Quesada se observa una vez más de forma clara el escudo coronado con el anagrama del club y la banda en diagonal -morada- en una imagen reproducida en blanco y negro.

Por último y para cerrar este capítulo, en una cuarta originada también en una industria alimentaria dedicada a la fabricación de chocolate, pero en esta ocasión con sede en Barcelona, Chocolates Amatller, esta conocida empresa con amplia experiencia en acompañar sus productos con cromos para los más pequeños de la casa publicará en 1929 una serie de 50 cromos teniendo como característica común el uso de un maniquí dibujado al que, dependiendo del club que represente, irá uniformado con los respectivos colores acompañado por el escudo de la sociedad.

Como en los casos anteriormente mencionados, el cromo dedicado al Real Madrid F.C., más allá de ir el maniquí vestido de blanco, mostrará el segundo escudo madridista con el anagrama del club coronado y atravesado por una banda diagonal, en concreto de azul marino, pareciéndose en esta oportunidad algo más que sus precedentes a la banda oficial morada.

 

© Vicent Masiá. Mayo 2018. 

 

Bibliografía y hemerografía

100 años del Real Madrid. Coleccionable, Diario As (2001).

40 años del Real Madrid C.F. 1900-1940. Manuel Rosón. Ediciones Alonso (1940).

Álbum Nacional de Fútbol. Ediciones Álvarez y López (1947).

Alrededor del Mundo. Revista semanal.

Anuarios de la RFEF.

Arte y Sport. Revista decenal.

Carnets de socio del Real Madrid.

Chocolates Amatller. Cromos.

Chocolates Orthi. Cromos.

Crónica. Revista semanal.

Editorial Bruguera. Cromos.

Editorial Esfera. Cromos.

Editorial Valenciana. Cromos.

El Cardo. Semanario.

El Liberal. Diario.

El proceso de transformación del Real Madrid en marca deportiva. Luis Mañas-Vinagra. Revista Mediterránea de Comunicación (2018).

Enciclopedia cultural Chicos. Cromos.

Enciclopedia Fútbol 1950/51. Ángel Rodríguez y Francisco Narbona (1951).

Foot-ball, Base-ball y Lawn-Tennis. Alejandro Barba. Editorial Sucesores de M. Soler (1912).

Gran Vida. Revista mensual.

Heraldo Deportivo. Revista decenal.

Historia básica de los principales clubs de fútbol españoles. Vicent Masià Pous (2009).

Historia y estadística del fútbol español. Vicente Martínez Calatrava. Fundación Zerumuga (2002).

La Correspondencia de España. Diario.

La Época. Diario.

Libro de oro del Real Madrid 1902-1952. Federico Carlos Sainz de Robles. Ediciones Ares (1952).

Madrid-Sport. Semanario deportivo.

Papel de fumar José Laporta Valor. Cromos.

Real Madrid Centenario. Luis Prados de la Plaza. Sílex Ediciones (2003).

Real Madrid. Revista mensual.

Revista Nueva. Revista decenal.

www.elmundodeportivo.es/hemeroteca Diario deportivo.

www.hemeroteca.abc.es Diario.

www.lavanguardia.es/hemeroteca Diario.

www.marca.com Diario deportivo.

 

 

 

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titular HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD II parte

por Vicent Masiá y Miguel Ángel Navarro

 

» Ver ¿Cuándo se constituyó el Getafe C.F., S.A.D.? (I Parte)

 

La constitución del Getafe C.F., S.A.D. aún a fecha de hoy -temporada 2017/18- sigue dando verdaderos quebrantos de cabeza a muchos aficionados azulones, tanto veteranos, con varias décadas a sus espaldas siguiendo al actual o al anterior club más representativo de la ciudad, como a las nuevas generaciones contemporáneas a la llegada del club titular del Coliseum Alfonso Pérez a la élite del fútbol español.

Esta paradoja, alimentada a través de los propios foros del Getafe C.F., S.A.D. y de diversos medios de comunicación los cuales, deteniéndose superficialmente en datos expuestos por el club u otros organismos sin molestarse a rascar en las profundidades llegando al verdadero fondo de la cuestión, viene apoyándose sin sólidos pilares desde hace tiempo alegando que el Club Getafe Deportivo y el Getafe C.F., S.A.D. son la misma sociedad y, por lo tanto, la misma personalidad jurídica, conclusión que, según ellos, les lleva a decir alegremente que el club azulón es de 1923. Nada más lejos de la realidad.

Al igual que sucede con otras sociedades deportivas cuyos aficionados han experimentado lamentablemente trances tan desdichados y sentimentalmente dolorosos como es la desaparición de un club en el que se habían volcado pasionalmente durante años no reconociendo que su actual club de militancia es otra sociedad y, por lo tanto, una personalidad jurídica distinta, gran parte de la afición del Getafe C.F., S.A.D. copia y sigue los dictados de otros clubs pasando por encima y obviando que un club cuando se disuelve, hablando del Club Getafe Deportivo en julio de 1983, pierde su personalidad jurídica y su sustituto, en este caso el Getafe C.F., S.A.D. originado en 1976 no es el mismo, sino otro.

Si en la Primera Parte de este extenso artículo titulado “¿Cuándo se constituyó el Getafe C.F., S.A.D.?” queda demostrado cuál es el origen irrefutable de este club, a continuación, para reafirmar todo lo descrito desde otro punto de vista, vamos a conocer de primera mano el testimonio oral de dos personas directamente implicadas en todos los acontecimientos vividos en los primeros años ochenta que, sin duda, ampliarán y confirmarán con sus respectivas respuestas lo ya aportado.

Estas dos personas, ambas conocidísimas entre la afición azulona son Antonio de Miguel Navas, fundador y primer presidente del C.F. Peña Madridista Getafe en 1976, presidente del club bajo las denominaciones C.D. Peña Getafe (1981-82), C.D. Getafe Promesas (1982-83) y Getafe C.F. (1983-92) y, por otra parte, Gregorio Serrano Romero, actual secretario y tesorero de la Asociación de Exjugadores que agrupa a exfutbolistas tanto del Club Getafe Deportivo como del Getafe C.F., S.A.D. con una dilatada carrera como jugador en varios clubs madrileños, entrenador y también gerente.

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD II parte 1

Antonio y Gregorio, Gregorio y Antonio, a quienes entrevistamos un frío y lluvioso viernes navideño en una cafetería muy céntrica situada en la calle Madrid, son la memoria viva de más de cinco décadas del fútbol getafense donde el balompié ha conocido épocas de gran esplendor, pero también otras repletas de frustración. Rondando los ochenta años cada uno y con las huellas propias que deja toda una vida dedicada al deporte, a la familia y a sus ocupaciones laborales, los recuerdos de juventud y después madurez alrededor del fútbol se apoderan de inmediato de la conversación fluyendo espontáneamente anécdotas relacionadas con este popularísimo deporte que se alargan durante más de diez minutos hasta que empezamos la entrevista propiamente dicha. En ella, Antonio y Gregorio nos desvelarán pasajes sobre la constitución del club, los duros momentos de 1983 y experiencias personales que desconocen el uno del otro en un arranque de sinceridad donde ambos, muy afectados por las situaciones que les ha tocado vivir y especialmente dolidos por el trato recibido de algunas personas que integran un club al que le dieron todo, confiesan que no acuden al Coliseum desde hace años a pesar de llevar al Getafe C.F. en su corazón.

 

Entrevista realizada a D. Antonio De Miguel (AdM) y a D. Gregorio Serrano (GS), Getafe a 15 de diciembre de 2017.

 

- ¿Cómo empezó su relación con el fútbol de Getafe?

AdM: Yo nací en Puertollano, pero me crié en Madrid y desde pequeño siempre me gustó el fútbol. Prácticamente me recorrí todos los campos de la Regional madrileña conociendo clubs que hoy no existen como el C.D. Amparo, el Gas C.F., la A.D. Chamberí, el C.D. Cuatro Caminos, todos con campos de tierra no como ahora que son de césped artificial. De vez en cuando bajaba hasta aquí, Getafe, donde el marido de una tía mía tenía una tienda de zapatos, Calzados Menéndez, inaugurándose el negocio en 1965 siendo yo uno de los trabajadores. Al poco tiempo se nos ocurrió hacer un equipo, el Calzados Menéndez, con el que fuimos campeones de Educación y Descanso.

Eran los años sesenta y por aquella entonces el club me costaba más dinero que el Getafe C.F. Pagaba desplazamientos, los bocadillos y Coca-Cola a los chavales tras los partidos. Eran muy humildes y algunos de ellos no tenían para comer. «Venga Antonio, páguele un bocadillo a mi hermano que lo ha hecho bien», me decían. Luego, a los más mayores, cuando tenían 22 o 23 años les pagaba una cerveza, claro, qué iba a hacer. Recuerdo que tenía un coche, una ranchera que olía un montón por la cantidad de ropa sudada o embarrada que llevaba cada semana a lavar.

Más tarde se nos acercó un sponsor, Auto-Getafe, del que no recuerdo qué marca de coches era concesionario, aunque estuvo poco tiempo con nosotros, no sé si llegó a una temporada. En ese momento, 1974, se funda la Peña Madridista de Getafe presidida por José Moreno Pérez junto a unos amigos, pero ojo, solo para ir a ver al Real Madrid C.F. en el Santiago Bernabéu todos los domingos.

GS: Yo llegué al Club Getafe Deportivo en 1966 procedente de la R.S.D. Alcalá, me casé aquí con la hija de una familia muy conocida en la ciudad y el 6 de septiembre de 1970, en el encuentro inaugural del Estadio de Las Margaritas, marqué el primer gol del campo en partido de Liga frente a la S.D.C. Michelín, de Lasarte-Oria. También marqué el segundo, de saque de esquina directo.

En 1971 me incorporé al C.D. Carabanchel que, por entonces, tenía un equipazo y llegamos incluso a ascender a Tercera División, una categoría más importante que ahora con muy buenos jugadores. En el fútbol getafense estuve un total de 26 años entre unas cosas y otras haciendo casi de todo: jugador, entrenador, gerente…. En el año 1995 estuve en la antigua Yugoslavia que estaba, no te lo pierdas, en plena guerra viendo jugadores para incorporarlos al Getafe C.F. que estaba en Segunda División. Uno de ellos era Stojiljkovic, que salió bueno y luego jugó en el R.C.D. Mallorca en Primera División, mientras los otros tres, Glogovac, Batrovic y Ljubicic no tuvieron suerte. En mis buenos tiempos tuve ofertas del Real Jaén C.F. y otros clubs de fuera de Madrid, pero nunca quise marcharme de aquí. Mi vida estaba en Getafe.

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD II parte 2

 

- Habrán vivido situaciones intensas…

GS: En un partido final donde nos jugábamos unos puntos muy valiosos para ascender a Segunda División B, contra el C.F. Calvo Sotelo, de Puertollano, nos tocó ir a jugar allí con Esquinas Torres de árbitro. No sé si conoces aquel campo, en las Instalaciones de Empetrol, pero bueno, ganamos 0-1 y desde el vestuario hasta los autocares había un buen trecho y había que salir de allí como fuera.

AdM: Hay que decir también que un jugador nuestro no se portó como debía, estuvo provocando a la afición local y se armó la de Dios.

GS: Yo les dije a mis jugadores que se preparasen para todo y se cubrieran la cabeza con los brazos y manos, que estuvieran preparados para recibir hostias por el camino y así fue. Fuimos escoltados por la policía, pero al final salimos.

AdM: Durante el pasillo hasta el autocar, lleno hasta los topes de gente que nos gritaba y decía de todo, mientras nos zarandeaban me saqué el carnet de identidad y lo tuve que ir mostrando al mismo tiempo que les decía que yo era de allí, de Puertollano, igual que ellos.

 

- ¿Cómo se ponen ustedes al mando del Getafe C.F.?

AdM: En el año 1983, mes de julio, se inició la historia bajo el nombre de Getafe C.F. El número de afiliación en la Federación Castellana era el del C.F. Peña Madridista Getafe.

GS: Se cogió el número de afiliación del C.F. Peña Madridista Getafe pues porque había que acogerse a algo. No había nada, había que empezar con algo y la Peña era la única solución. No había otra y, ¿qué ibas a hacer? La decisión la acordamos siete u ocho personas en un bar de aquí, de Getafe y optamos por empezar desde la Segunda Regional donde estaba la Peña Madridista que por entonces ya no se llamaba así y era, papeles en mano, C.D. Getafe Promesas desde hacía poco. La decisión, la mejor para el pueblo de Getafe, había que comunicársela a los aficionados en una Asamblea. Mira, el Club Getafe Deportivo estaba entrampado con la empresa de autobuses, entrampado con los hoteles, con los jugadores, con todo el mundo y así no se podía vivir. No acudía nadie a Las Margaritas, el campo estaba vacío, daba pena con la gente asqueada por lo que estaba pasando. ¡Bueno, si tú supieras…!

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD II parte 3

 

- Hay aficionados que afirman que el actual club es de 1923.

AdM: ¿De 1923? Para nada. El actual Getafe C.F. nació en 1976 como C.F. Peña Madridista Getafe y si alguien no se lo cree, que vaya a la federación. Allí se lo explicarán con detalles.

En 1983 se cambió todo el papeleo del C.F. Peña Madridista Getafe que yo mismo había inscrito personalmente en el Registro de Asociaciones Deportivas en 1980, varios años después de constituirse pagando el recibo en pesetas, ahí encima de la mesa lo tienes y, hala, a jugar como Getafe C.F.

GS: ¿Cómo le íbamos a llamar al futuro Getafe, C.F. Peña Madridista Getafe? ¿A quién le cabe en la cabeza? Había que cambiarle el nombre necesariamente. Primero lo cambiamos a C.D. Peña Getafe, para que no constase la etiqueta madridista en el nombre del club y luego, antes de desaparecer el Club Getafe Deportivo, lo volvimos a cambiar a C.D. Getafe Promesas. Todo lo demás son chorradas.

AdM: Por curiosidad. ¿Me puedes decir de dónde viene lo de 1923?

VM: Viene de la sociedad Getafe Deportivo, un club constituido por un artista que se estableció en Getafe.

AdM: ¿Un artista? ¿Qué clase artista? ¿Un cantante, un actor…?

VM: No, no, de Filiberto Montagud, periodista del ABC y en ocasiones escultor.

AdM: ¿Sabías tú algo de esto, Serrano?

GS: Del nombre no me acordaba, pero sí leí en una ocasión que el azul del club venía de los petos de trabajo que empleaban los trabajadores de Construcciones Aeronáuticas. La tela era fácil de conseguir y muchos de estos empleados jugaban al fútbol.

AdM: Yo ni tan siquiera conocí a los de 1946, después de la guerra. Serrano sí tuvo contacto con algunos.

GS: Sí. Cuando me vine a jugar con el Club Getafe Deportivo todavía quedaban algunos de los que rehicieron el equipo en 1946 después de la guerra. Recuerdo a Miranda, Corredor, Serrano, como yo y a Enrique Condés, una persona muy válida que fue el primer presidente de aquella época, pero ese club no tiene nada que ver con el actual. El de ahora viene de la Peña Madridista y quien más sabe de eso -dirigiendo la mirada a Antonio de Miguel- es ese hombre de aquí al lado. 

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD II parte 4

 

- ¿Cómo se constituyó el C.F. Peña Madridista Getafe?

AdM: Al par de años de estar José Moreno de presidente en la Peña Madridista, un día me dijo por qué gustándome el fútbol tanto como me gustaba no fundaba un equipo para competir a nivel federado, si era lo mío. Y bueno, no tardó demasiado en convencerme pues como llevaba el gusanillo dentro y era un loco del fútbol, aún lo sigo siendo, con la ayuda de unos amigos de la Peña Madridista de Getafe así lo hice y ese nombre le pusimos. Yo me he pateado en Madrid toda la Regional. He conocido al C.D. Amparo, al…, he conocido el campo del Lazy… En 1976 federé al C.F. Peña Madridista Getafe porque era el club de fútbol de la Peña Madridista de Getafe y queríamos competir.

 

- En algunos anuarios federativos se indica que el C.F. Peña Madridista Getafe se constituyó en 1975…

AdM: No es cierto. El C.F. Peña Madridista Getafe se constituyó en 1976 empezando en Tercera Regional donde, además, recuerdo que fuimos campeones y ascendimos. El que sí era de un año antes era el Club Getafe Promesas, cuando la directiva de Pablo Carrillo. Unos años después, no recuerdo exactamente en qué temporada, competimos juntos en Tercera Regional Preferente, pero el Promesas era anterior a la Peña. Eso, seguro.

 

- Insisto. Hay aficionados que dicen que hubo una fusión en 1982 entre la Peña Madridista y el Club Getafe Promesas.

AdM: ¿Cómo? De eso nada. Es imposible. Estando yo en la directiva del Club Getafe Promesas, al margen de lo que hacía en el C.F. Peña Madridista Getafe, en 1980 el Club Getafe Deportivo se quedó sin un duro y nos dijo que no podíamos seguir y había que dar al filial de baja. Con toda la pena del mundo le vendimos los papeles del Promesas al C.F. Griñón, un club que acababa de comenzar por haber desaparecido el anterior del pueblo. ¿Cómo nos pudimos fusionar en 1982?

A mí, cuando el Club Getafe Deportivo estaba tan mal y a punto de desaparecer, vinieron unos señores a buscarme para el nuevo proyecto porque Getafe no podía quedarse sin club de fútbol. Entiende, ¿cómo un pueblo como Getafe podía quedarse sin fútbol? Yo tenía una buena amistad con Pedro Castro quien todavía no era alcalde y sí concejal, y junto a otras personas buscamos soluciones. Getafe debía tener club de fútbol. Cuando Castro fue elegido alcalde en 1983, él me puso al frente del Getafe C.F. Como tenía las ideas bastante claras, me traje a Gregorio Serrano como entrenador y…

GS: Y yo me traje a Calero, procedente de la Ag.D. Uralita, un gran club de aquí con un campo hermoso de césped, de lo mejor de Madrid. Lo traje como gerente al Getafe C.F. y en cuando me despisté, como Calero estaba acostumbrado a hacer en el equipo de donde venía lo que le daba la gana haciendo y deshaciendo a su antojo, en el Getafe C.F. quiso alinear a este u otro jugador por encima de mí, como había estado haciendo en su exequipo. Hasta ahí podíamos llegar. Me negué en rotundo. Cada uno en su parcela. Si él era bueno en lo suyo, yo en lo mío, pero no podíamos mezclarnos los papeles. Eso se lo dejé bien claro.

Para mí, cosa que nunca se la dije a De Miguel y aprovecho esta entrevista para decírselo, la idea de ellos, con Calero al frente, era echar a De Miguel de la presidencia al ver que el equipo funcionaba, tenía éxito y estaba en trayectoria ascendente. El cargo de presidente se volvió muy goloso y aparecieron varios pretendientes como sucede en estos casos. Cuando un equipo va mal, todos se esconden, pero cuando va bien y todos te dan palmaditas en la espalda, todos quieren ser presidente.

AdM: Este hombre de aquí a mi lado, Gregorio Serrano, fue criticado por personas que decían ser sus amigos, personas que se dirigieron a mí, por la espalda, para que lo echara alegando que no tenía suficiente nivel para entrenar al Getafe C.F. en Tercera División cuando lo había ascendido varias categorías y restaba por conseguir el ascenso a Segunda División B, que también consiguió. Me puse varias veces, porque no me lo dijeron una, sino unas cuantas, muy serio y les dije rotundamente que me negaba a aceptar tal proceder con un hombre que cumplía y mantenía al equipo arriba. ¿Cómo lo iba a echar?

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD II parte 5

 

- La envidia…

GS: Para mí, los jugadores que empezaban una temporada, la terminaban. Y punto. Eso era sagrado y no se tocaba. Casi todos eran de aquí, de Getafe, menos cuatro o cinco chavales que venían de Madrid y claro, se llenaba el campo de familiares y amigos. Así daba gusto, con Las Margaritas lleno. Eso levantó muchas envidias y enemistades entonces que no veíamos porque estábamos en la faena, ocupados con nuestro trabajo, pero estaban ahí.

Luego estaba que yo no tenía carnet de Nacional. A duras penas, y hubo que pelear bastante, conseguí entrenar en Tercera División con carnet Regional. Cuando ascendimos a Segunda División B escribí a Villar, a la Federación Madrileña, al secretario de la Española del que ahora mismo no recuerdo el nombre, bueno, a todo el mundo pidiendo revisar el caso y así poder entrenar en Segunda División B porque yo me veía capacitado. No recibí ni una sola respuesta. Nadie me dijo nada. Nada -asevera Serrano con rabia dando un golpe sobre la mesa-.

AdM: Aquello fue muy injusto. Serrano había ascendido al equipo cuatro categorías empezando por la Segunda Regional y estaba demostrado que valía de sobras para llevar el equipo en la categoría que fuera. Yo confiaba muchísimo en él, para mí era el mejor, pero por mucho que me moví, no conseguí nada. Todo eran puertas cerradas. Al final, cuando vimos que no se podía hacer nada, trajimos a Eduardo Caturla, otro gran entrenador.

 

- ¿Tuvo escudo el C.F. Peña Madridista Getafe?

AdM: Nunca llegamos a hacer un escudo propio. Empleábamos el sello del club para el papeleo y todas esas cosas, a lo sumo el escudo del Real Madrid C.F. en algún acto, pero escudo como tal, no. Luego, como C.D. Peña Getafe seguimos sin escudo y el año del C.D. Getafe Promesas empleamos las camisetas del Club Getafe Deportivo con el escudo de entonces. Nosotros lo que queríamos de verdad era jugar al fútbol, competir y al escudo nunca le dimos importancia.

 

- ¿Cómo son sus relaciones actuales con el Getafe C.F., S.A.D.?

(Antes de responder, ambos se miran el uno al otro para, a continuación, lanzar un amargo suspiro y detener su mirada en el suelo).

AdM: No voy a la tribuna porque la persona que manda no me agrada. Es la verdad y no tengo porqué mentir. Así lo siento. Yo le metí en la directiva y yo le saqué. He tenido que pelear con mucha gente, gente que quería aprovecharse… y lo dejo ahí. Luego intentaron desacreditarme a través de la radio, sobre todo un señor que ahora sale en la televisión quien me puso el mote de “El alpargatero”, en cuando yo regentaba una zapatería normal donde estuve 35 años vendiendo zapatos honradamente. Para rematar la caza, me hicieron un voto de censura en 1992. Desde que llegué al Getafe C.F., me di contra muchas paredes. A una pared le sucedía otra, y luego otra y otra.

En la actualidad no voy al campo. Al Getafe C.F. lo veo por la tele, en los partidos que echan y cada día que pasa lo tengo presente. Cuando me muera, le tengo dicho a mi mujer que me ponga una bufanda de color azul. Es mi color y así lo siento.

GS: Un día llegué a la puerta del Coliseum con mi pase de general, como estaba haciendo durante años y años y el conserje, quien me conocía, nada más dejar pasar al que iba delante de mí, me dijo: «Serrano, que sepas que no es cosa mía, pero me han dicho desde arriba que no te deje pasar». «Pues dile a ese que te lo ha dicho -le espeté muy dolido-, que si Serrano es una molestia para el club, ya no lo volverá a ser». Me di media vuelta y me fui hasta mi casa… y hasta ahora.

AdM: No sabía nada Serrano. Me acabo de enterar ahora mismo. Me dejas de piedra. ¿No me digas que tampoco vas al Coliseum? Una persona que ha dado cuatro ascensos al Getafe C.F., ¡que no pueda entrar al campo! Esto es demasiado.

GS: Aún hay más. A los pocos días, como estaba muy fastidiado, me fui hasta la sede del club y llegué hasta donde debía llegar. Allí, en el despacho, me dirigí al que manda y me saqué de la cartera el pase y, después de decirle todo lo que tenía que decirle enterándose todo el mundo, lo rompí en varios pedazos porque si Serrano era una molestia, ya no lo volvería a ser.

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD II parte 6

 

Fin de la entrevista.

 

Y hasta aquí el testimonio, en ocasiones rozando la confesión, de dos personas que llevan al Getafe C.F. en su corazón, que lo han dado todo por el club, que se han desvivido por él y, por circunstancias de la vida, a su avanzada edad se encuentran privadas de sentarse en la grada del Coliseum como jamás debería ser.

Desde La Futbolteca les damos las gracias a Antonio y Gregorio por sus palabras, las pruebas orales y documentales que nos han aportado sirviéndonos para nuestro cometido justificando, muy claramente, que el Getafe C.F. se originó en la Peña Madridista Getafe y, sobre todo, por habernos dedicado parte de su preciado tiempo.

Un fuerte abrazo para ambos.

 

© Vicent Masià. Diciembre 2017.

 

 

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titular HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD I parte

por Vicent Masiá

 

El pasado 21 de abril de 2016 recibimos a través de nuestro correo oficial la queja de un aficionado getafense quien, en pocas palabras, nos venía a decir que el Club Getafe Deportivo no fue constituido en 1946 como durante varias décadas se mantuvo en varios organismos haciéndose extensible a la prensa y que, en realidad, este club tenía su origen en 1923.

Puestos a repasar toda nuestra documentación y a cotejarla con la publicada tanto en la prensa de los años veinte, treinta y cuarenta como en la propia Federación de Fútbol Madrileña, responsable desde el 9 de junio de 1987 de todos los clubs asociados hasta esa fecha en la extinta Federación Castellana de Fútbol, nos dimos cuenta en poco tiempo de que, en efecto, así era y el Club Getafe Deportivo, dado de alta en la Federación Castellana el 10 de enero de 1946 y aparecido en diciembre de 1945, era en realidad la misma personalidad jurídica que el Club Getafe Deportivo constituido en 1923 y asociado desde 1928 a la antigua Federación Regional del Centro de Clubs de Foot-ball hasta su baja federativa en 1932.

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD I parte 1

CLUB GETAFE DEPORTIVO vs GETAFE FOOT-BALL CLUB

Muchos historiadores o aficionados por cuenta propia quienes han investigado alrededor de la aparición del fútbol en Getafe, tradicionalmente han diferenciado al Club Getafe Deportivo del Getafe Foot-ball Club como si de dos personalidades jurídicas distintas se trataran. Nada más lejos de la realidad; Club Getafe Deportivo y Getafe Foot-ball Club son dos denominaciones distintas que corresponden a una misma personalidad jurídica bautizada en 1923 como Club Getafe Deportivo permaneciendo con este título hasta 1930 para, después de este año, ser oficialmente reconocida como Getafe Foot-ball Club hasta su desaparición en 1932 tal cual consta en los anales de la Federación Regional del Centro de Clubs de Foot-ball.

La razón a este cambio efectuado en 1930 obedece a dos razones; una primera, debida a las confusiones originadas sobre aficionados y periodistas durante el periodo comprendido entre 1923 y el año 1930 cuando el Club Getafe Deportivo era identificado por los aficionados de la región también como Club Deportivo Getafe y simultáneamente como Getafe Foot-ball Club, y una segunda correspondiente a la actividad principal de la sociedad, reducida desde 1924 al fútbol y no a varios deportes como deseaba Filiberto Montagud, lo que acabó deparando su marcha en 1924 al no sentirse identificado con el cariz adquirido por la entidad deportiva.

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD I parte 2

EL TESTIMONIO DE LA ACTUAL FEDERACIÓN DE FÚTBOL DE MADRID

La consideración de Club Getafe Deportivo (1923-30), Getafe Foot-ball Club (1930-32) y Club Getafe Deportivo (1945-83) como una misma personalidad jurídica no es algo únicamente atribuible al trabajo realizado por el equipo de La Futbolteca, conclusión que no nos ofrece ni una sola duda y a la que llegamos analizando detenidamente todos los aspectos jurídicos protagonizados por esta sociedad durante su existencia.

Retrocediendo en el tiempo, también es la misma conclusión que alcanzaron los rectores de la antigua Federación Castellana y, posteriormente, sus homónimos de la Federación de Fútbol de Madrid cuando en su memoria titulada “FFM, 95 años de historia. 1913-2008”, publicada precisamente en esta última fecha, concedieron en su página 434 un breve espacio al historial federativo de este club describiendo someramente cuál había sido su evolución con cambios de denominación incluidos.

Si la Federación Castellana y una de sus hijuelas, la de Madrid, con toda la documentación manejada tenían bien claro que el Club Getafe Deportivo fue constituido en 1923 habiendo repartido su actividad deportiva en dos periodos, un primero desde 1923 hasta 1932 y un segundo desde 1945 hasta 1983, no íbamos nosotros con la misma documentación manejada por estas organizaciones más lo conseguido a través de apuntes hemerográficos y bibliográficos, a ser quienes dijéramos lo contrario.

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD I parte 3

Para aquellos que todo esto les suene a chino y no entiendan que un club puede abandonar su actividad y años después, bajo la misma denominación, recuperarla, decirles simplemente que, si no se ha disuelto la personalidad jurídica, como es el presente caso, la RFEF considera a todos los efectos que ambos grupos son los cabos de una misma cuerda y, por lo tanto, el mismo club -personalidad jurídica-.

CRISIS Y AGONÍA DEL CLUB GETAFE DEPORTIVO

El ascenso a Segunda División protagonizado por el Club Getafe Deportivo al término de la temporada 75/76 estando presidido por Pablo Carrillo supuso la gloria para el club azulón tocando su techo deportivo, pero también el inicio de su ocaso. Con Carrillo llegó el fútbol profesional, tener un hueco casi a diario en la prensa deportiva nacional, ser noticia y hacer que Getafe fuera conocido, además de por su base aérea militar, por su club de fútbol al margen de su importante tejido industrial con unos enormes polígonos sede de reconocidas empresas nacionales e internacionales.

Carrillo condujo la primera plantilla a la cumbre, pero como suele pasar en estas circunstancias si difícil es llegar, más lo es mantenerse. La pésima administración de los recursos económicos, siendo el Club Getafe Deportivo una sociedad modesta, trajo la bancarrota con carísimos fichajes que, lamentablemente para sus intereses, luego sobre el campo no cuajaron. En 1980, con el primer equipo en Segunda División, la caja estaba vacía y no había dinero ni para el Club Getafe Promesas, filial azulón que por aquella entonces militaba en Tercera Regional Ordinaria. Carrillo huyó ante el negro panorama que le contemplaba y dejó a la directiva entrante con un gran marrón pues, sin dinero, estos tuvieron que rascarse el bolsillo, dar de baja al filial en la por entonces Federación Castellana y confeccionar plantillas con lo poco que había.

La precariedad financiera provocó que entre 1980 y 1983 tres fueran los inquilinos del sillón presidencial, a razón de uno por temporada, siendo el primero José Luís Parejo, seguido por Eugenio Sanz, con quien se descendió deportivamente a Segunda División B y administrativamente a Tercera División, concluyendo Manuel Estepa a quien le fue reservado el trago más amargo que acabó rematando una breve Junta Gestora provisional encargada de liquidar la sociedad.

DESARROLLO DE LA TEMPORADA 1982/83

Manuel Estepa, presidente de la Junta Gestora que dirigió el Club Getafe Deportivo durante la temporada 82/83 recibió al acceder al cargo recién concluida la temporada 81/82, hablando en términos coloquiales, una patata muy, muy caliente. Con 65 millones de pesetas de deuda, 24 de los mismos pertenecientes a la RFEF en concepto de un anticipo que el seno federativo concedió en el pasado al club getafense, unas taquillas casi ridículas y un número de socios ligeramente por encima de los dos mil, el futuro pintaba exageradamente mal.

Conscientes de la normativa que podía hacer descender al primer equipo de Segunda División B, la categoría asignada tras el descenso deportivo consumado al término de la temporada 81/82, a Tercera División, la directiva getafense sabía de la dificultad de la empresa pero, como la esperanza es lo último que se pierde, confiaban en rehacerse bien fuera en Segunda División B si llegaba algo de liquidez, o en el peor de los casos en Tercera División.

Salido el calendario de Segunda División B a finales de julio con el club inscrito en el Grupo III, para el sábado 21 de agosto a las 17h debían estar obligatoriamente las deudas satisfechas. La directiva, ahogada y sin dinero, no pudo hacer nada. Ni tan siquiera acudir a la RFEF a dar un descargo. Condenados al descenso, sin embargo el lunes 23 la RFEF concedió extraordinariamente un extra de 48 horas a extinguir el miércoles 25 a las 17h; tampoco hubo respuesta azulona. El Club Getafe Deportivo, junto a Ag.D. Almería, Burgos C.F., Levante U.D. y Zamora C.F. descendían a Tercera División.

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD I parte 4

Preparados para competir en el cuarto nivel nacional, la Tercera División, el Club Getafe Deportivo todavía pudo armar una plantilla relativamente interesante a base de poner sus directivos dinero. Quintos en Liga tras meses de incertidumbre, la gran problemática financiera seguía siendo el principal obstáculo para su supervivencia. Si en agosto de 1982 se debían 65 millones de pesetas, en julio de 1983, tras una nueva auditoría, esta cifra rondaba oficialmente los 79 de los cuales 37 correspondían a cantidades entregadas por los directivos, 30 a la RFEF y 12 a jugadores. Extraoficialmente la cantidad alcanzaba los 90 millones de pesetas.

En el transcurso del campeonato la RFEF estableció el 10 de julio de 1983 como fecha límite para pagar lo adeudado estando citado el Club Getafe Deportivo como uno de los morosos. La inexistencia de alternativas que pudieran dar un mínimo de viabilidad al club hicieron que el nerviosismo se apoderara de los directivos azulones, instalándose el caos a todos los niveles con la lógica preocupación de todos los afectados: jugadores, técnicos, empleados del club y, por supuesto, de los adeudados quienes presagiaban que no iban a percibir ni una peseta.

El Ayuntamiento, quien no podía derramar más dinero de los ciudadanos en un proyecto inviable a todas luces, cerró el grifo decantando su apoyo a una iniciativa paralela que venía desde hacía un par de años gestándose ante el temor de lo que pudiera pasar con el máximo representante local, facilitando y ejerciendo de puente entre el que iba a ser su heredero, el C.D. Getafe Promesas de Antonio de Miguel y los empresarios locales quienes ofrecían su total respaldo para hacer resurgir el fútbol getafense si se empezaba casi, desde cero.

ÚLTIMAS HORAS DEL CLUB GETAFE DEPORTIVO

El mes de junio de 1983 fue caótico para el Club Getafe Deportivo; agotada una soñada ampliación del tradicional aporte económico que el consistorio prestaba a la sociedad, retirados muchos empresarios temerosos de colgar su dinero en un cuerpo inerte a punto de expirar y siendo reacios los directivos afectados a condonar sus deudas, la desaparición de la histórica entidad azulona estaba, ahora sí, más próxima que nunca.

El nerviosismo por la falta de liquidez y la comprobación en primera persona de que no había solución de ningún tipo llevó a la luchadora directiva azulona, la cual sabía haberse metido en un agujero del que se tenían esperanzas en poder salir, a de repente verlo todo oscuro. Sin más, el 21 de junio se presentó una masiva renuncia de todo el cuadro directivo en una asamblea convocada sin aviso que dejó al club sin dirección. Por si fuera poco, se pensaba enviar toda la contabilidad a la Federación Castellana. El desconocimiento de la directiva azulona para estos trámites causó el enojo del secretario federativo quien, alertado por los periodistas, puso el grito en el cielo y conminó a los getafenses a actuar según el Reglamento federativo. La solución estaba clara; convocar una Asamblea Extraordinaria a celebrar, mediante acuerdo de los todavía socios, el día que estos conviniesen para dilucidar el futuro de la sociedad.

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DISOLUCIÓN DEL CLUB GETAFE DEPORTIVO

El viernes 1 de julio de 1983 fue la fecha acordada por los socios compromisarios para la Asamblea Extraordinaria, siendo los salones de la Piscina Costa de Vigo el escenario elegido para tan decisiva reunión. En el orden del día, motivo para el cual fueron convocados los asistentes, figuraban varios puntos pero un de ellos destacaba sobremanera: disolución de la sociedad Club Getafe Deportivo o continuidad de la misma. No había nada más, pero la grandiosidad y trascendencia de este punto lo cubría todo.

Antes de proceder a la votación se expusieron los pros y contras de ambas posturas para conocimiento público, la relevancia de la deuda acumulada, su imposible pago y lo que podía pasar en el caso de seguir adelante sin Junta Gestora, sin candidatos y sin prácticamente nada. El patrimonio del club en esos instantes quedaba reducido a los trofeos acumulados durante décadas y a las distintas mudas de la primera plantilla.

El único rayo esperanzador para los allí reunidos fue escuchar a Antonio de Miguel, presidente del C.D. Getafe Promesas, ofrecer el filial, un club con licencia distinta al Club Getafe Deportivo y personalidad jurídica propia constituido en 1976, como nuevo vehículo de la masa social si se votaba por la disolución. El hándicap; competir en Segunda Regional -categoría donde militaba el C.D. Getafe Promesas-, mientras lo positivo, entre comillas; no empezar desde cero por los grandes inconvenientes federativos que esta medida podía acarrear y el tiempo que se precisaría en volver, al menos, a Categoría Nacional.

Procesada toda la información por los allí reunidos, entre la resignación, la rabia y la profunda consternación de todos los asistentes de los cuales en número de 102 eran los compromisarios, llegó el momento de la verdad, el momento de actuar con la cabeza, con el corazón, dejándose arrastrar por el sentimiento o hacer de tripas corazón pensando cada uno en sus respectivos intereses y en los de aquel club que podía dejar de existir o vivir un poco de tiempo más con ventilación asistida. Fuera cual fuera la decisión final, tras el recuento de los votos no había vuelta atrás, era el todo o nada, un paso irreversible. Contabilizados todos los votos el resultado definitivo fue de 92 votos a favor de la disolución por 10 votos a favor de la continuidad. El Club Getafe Deportivo era historia.

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD I parte 6

DISOLUCIÓN, LIQUIDACIÓN Y EXTINCIÓN DE UN CLUB DEPORTIVO

La disolución de un club deportivo es, sin duda, el peor momento que atraviesa una asociación. Significa el principio de su fin, pues precede a la liquidación y, una vez completada, a la extinción de la asociación, por lo tanto, a la pérdida de la personalidad jurídica, la capacidad de obrar. La disolución-liquidación-extinción es un proceso irreversible y cuando se emprende no hay vuelta atrás. Un club extinto no puede volver a constituirse ni conservar su personalidad jurídica en lo sucesivo y cuando se adopta este paso, es para siempre.

La personalidad jurídica es aquella por la que se reconoce a una persona, entidad, asociación o empresa, con capacidad suficiente para contraer obligaciones y realizar actividades que generan plena responsabilidad jurídica, frente a sí mismos y frente a terceros. Al igual que sucede con las personas físicas, quienes nacen y mueren significando el fallecimiento la pérdida de su personalidad jurídica, con los clubs deportivos ocurre lo mismo y, una vez constituidos, tras años de actividad cuando se disuelven y posteriormente liquidan, pierden su personalidad jurídica. La personalidad jurídica es intransferible y, ciñéndonos a los clubs deportivos, ésta no puede pasar de un club a otro ni ser apropiada por un segundo como si de una misma personalidad jurídica se tratara.

Disuelta una asociación, en nuestro caso club deportivo, el siguiente paso es liquidar los bienes resultantes -patrimonio- los cuales, en el supuesto de haberlos y tratándose una asociación de un grupo de personas u organización con fines no lucrativos, sus beneficiarios serán entidades públicas o privadas que realicen actividades físico-deportivas o tengan otros fines análogos de carácter deportivo. El beneficiario, en resumidas cuentas, dependerá de lo que indiquen los estatutos.

La liquidación de una asociación, es necesario remarcarlo, tampoco será igual en todos los clubs y, dependiendo del patrimonio manejado, este trámite se extenderá más o menos en el tiempo siendo lógicamente de mayor recorrido el de aquellos clubs con mayores bienes. Por el contrario, si estos son escasos o prácticamente nulos, disolución, liquidación y extinción se darán en pocos días, incluso horas. Del mismo modo, aplicando otras variables, cada época abarcará según el legislador una serie de procedimientos que, aun siendo en el fondo todos iguales, tendrán sus particularidades no siendo exactamente igual la extinción de una sociedad de hace cuarenta, cincuenta o cien años atrás que una actual.

Disuelto y liquidado un club deportivo, éste quedará extinto.

Conozcamos a continuación algunas variantes para la disolución, liquidación y extinción de un club deportivo con normativa reciente:

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD I parte 7

Y hasta una cuarta en donde se hace referencia al Código Civil, cuerpo legal promulgado en 1889 por el cual nos hemos regido los ciudadanos españoles durante décadas:

DE LA DISOLUCIÓN DEL CLUB Y DESTINO DE SUS BIENES SECCIÓN

1ª: De la disolución del Club.

Art. 40º.- 1.- El Club se disolverá por:

a) Voluntad expresa de los socios constituidos en Asamblea General.

b) Sentencia judicial firme que lo ordene.

c) Causas determinadas en el artículo 39 del Código Civil.

2.- Por lo que se refiere al apartado a), la propuesta de disolución podrá ser efectuada por la Junta Directiva en acuerdo adoptado por unanimidad de todos sus miembros, o por solicitud dirigida al Presidente del Club de, al menos, un diez por ciento de los socios de número con derecho a voto.

3.- Producida alguna de estas causas, en el plazo de quince días se procederá por el Presidente, a la convocatoria de una Asamblea General, con este único objeto. El quórum necesario para la constitución de ésta será el de la mayoría simple de socios presentes o representados, requiriéndose mayoría cualificada, cuando los votos afirmativos superen la mitad de ellos. En el caso de que no pudiera constituirse la Asamblea por falta de quórum, se procederá por el Presidente a convocar, de nuevo, la Asamblea General, a celebrar antes de los siete días naturales siguientes. Si en esta segunda tampoco lo hubiere, la propuesta quedará desestimada y no podrá presentarse una nueva hasta transcurrido un año.

4.- Constituida la Asamblea General, el Presidente del Club o el primer firmante de la propuesta, según el caso, expondrá los motivos de la solicitud de disolución, que será sometida a debate. Cerrado éste, se procederá a votar la propuesta, siendo necesario para su aprobación el voto favorable de, al menos, la mitad de los socios de número con este derecho.

5.- Si el acuerdo fuera favorable, los miembros del órgano de representación en el momento de la disolución se convertirán en Comisión Liquidadora, o bien los que designe la Asamblea General, o el juez que, en su caso, acuerde la disolución, que determinará el destino de los bienes resultantes, siendo en todos los casos los beneficiarios entidades públicas o privadas que realicen actividades físico-deportivas o tengan otros fines análogos de carácter deportivo.

EL CÓGIGO CIVIL RESPECTO A LAS PERSONAS JURÍDICAS

Ya que se ha tocado en el ejemplo anterior, veamos pues qué nos dice el Código Civil español respecto a las personalidades jurídicas y cómo encajan los clubs deportivos dentro de este cuerpo legal como asociaciones que son:

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD I parte 8

Tal cual indica el Artículo 35, las personas jurídicas estarían subdivididas en tres grupos:  uno con corporaciones, asociaciones y fundaciones de carácter público, otro con asociaciones civiles, mercantiles o industriales de carácter particular y finalmente un tercero con personas físicas las cuales, a su vez, también son personas jurídicas independientemente de que estén asociadas a una asociación. En cuanto al Artículo 39, muy empleado en el pasado y todavía aplicable en el presente, vemos cuáles son las consideraciones que el legislador aplica a corporaciones, asociaciones y fundaciones para llegar a la disolución y qué se debe hacer con sus bienes -patrimonio- una vez abierta la liquidación.

SOBRE REFUNDACIONES

Siguiendo con el Código Civil y su articulado, detengámonos ahora un momento en algunos de ellos referentes a las personas físicas donde se comprueba la analogía existente entre las personas físicas, quienes también son personas jurídicas y las personas jurídicas centrándonos en los clubs deportivos como asociaciones.

En resumidas cuentas el Código Civil nos dice que si una persona física nace, una persona jurídica se constituye y que si una persona física fallece perdiendo su personalidad civil, cuando una asociación se extingue, también lo hace su personalidad jurídica. En ambos casos la dualidad principio-fin queda manifiesta siendo en las personas físicas el equivalente a nacimiento-muerte y en las personas jurídicas constitución-extinción.

Si seguimos profundizando comprobaremos por nuestros propios ojos que el Código Civil no reconoce ni menciona en parte alguna de su extenso articulado el renacimiento o resucitación de las personas físicas, es decir, la vuelta a la vida tras el fallecimiento y, como es lógico, tampoco lo hace en términos similares con las personas jurídicas obviando mencionar el término “refundación” como vuelta a la vida de una asociación disuelta, liquidada y extinta.

Queda bien claro que si una persona física pierde su personalidad civil cuando fallece, una asociación pierde su personalidad jurídica cuando se extingue, con lo cual hablar de refundaciones, algo muy de moda en el lenguaje deportivo, no viene al cuento y es un error comúnmente aceptado que daña la legalidad y, además, tiene connotaciones que llevan al engaño de los aficionados.

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DESAPARICIÓN DE UN CLUB DEPORTIVO

Si bien en el mundo jurídico, a través del Código Civil, existe la figura “desaparición” como declaración previa a la ausencia de una persona física de su domicilio sin dejar un representante legítimo o voluntario que se responsabilice de los bienes del mismo conllevando al magistrado a nombrar un representante legal, en el deporte la desaparición de un club deportivo como personalidad jurídica tiene varias acepciones.

Común es escuchar o leer a menudo noticias relacionadas con la desaparición de tal o cual club referentes a su ausencia a nivel competitivo o como asociación, sobre todo en prensa donde es habitual dar como desaparecido a un club en el momento que deja de estar inscrito en una competición donde, hasta fechas muy recientes, permanecía activo. Esta tendencia, de la cual no nos libramos ninguno, normalmente se aplica a clubs deportivos que, generalmente, a consecuencia de graves e insolucionables problemas económicos primero se disuelven, luego se liquidan y automáticamente se extinguen.

Sin embargo las desapariciones de las asociaciones deportivas no siempre son consecuencia de la extinción de un club arrastrando con ella la personalidad jurídica, sino también obedecen a otros motivos que, sin afectar a la pérdida de la personalidad jurídica, a efectos reales si son comparables con esta figura. Veamos algunos ejemplos:

Un caso típico es aquel en el cual dentro de un club en activo y con una economía más o menos saneada, la directiva en vigor llega al final de su mandato y desea no presentarse a la reelección sin haber paralelamente candidatos que aspiren a tomar el relevo. Bien esa misma junta directiva o junta gestora, convocará en el plazo de entre 15 y 30 días unas nuevas elecciones tras la cuales, sino hay continuidad, el club cesará su actividad. Cada curso que no compita federativamente irá perdiendo una categoría hasta, si se da la circunstancia, cuando se vuelva a inscribir en la federación deberá partir desde la última de las categorías (Ver Artículo 197 de Reglamento de la RFEF). El club habrá desaparecido unos años, pero no estará disuelto, ni liquidado ni extinto.

Otro caso, también común, es el ejemplo de un club que presenta deudas a la federación y no las puede satisfacer momentáneamente decidiendo su órgano directivo no inscribirse para competir la siguiente temporada. Cuando un grupo de asociados, transcurrido uno o varios años decida inscribir nuevamente al club para competir, una vez pagada la deuda podrán arrancar desde la categoría que les asigne la federación, generalmente la más baja si han transcurrido muchos años, siendo a todas luces el mismo club. Como el ejemplo anterior, el club habrá permanecido unos años desaparecido, pero sin ser disuelto, liquidado y extinto.

Después de la lectura de estos ejemplos comprobamos que una desaparición no siempre va ligada a una extinción y que ésta última figura jurídica, siempre dependerá de la decisión de sus socios o de una sentencia judicial. En cambio una desaparición puede ser transitoria o definitiva.

Artículo 197. Renuncia a participar en la competición y la cobertura de vacantes.

2. Si un equipo ya adscrito de antes a una división por haberla mantenido en razón a la puntuación obtenida en el campeonato anterior, renunciase a participar en el próximo, se le incorporará a la inmediatamente inferior y, de producirse idéntica renuncia a participar en ella, a la siguiente, y así sucesivamente.

En el supuesto de que finalmente participase en alguna, no podrá ascender a la superior hasta transcurrida una temporada.

CLUB GETAFE DEPORTIVO, ¿DESAPARECIDO O EXTINTO?

Retomando el hilo del Club Getafe Deportivo llega la hora de evaluar, considerando todo lo explicado hasta esta precisa línea de este mismo párrafo, qué sucedió con esta asociación deportiva el 1 de julio de 1983 y qué fue de ella en lo sucesivo para zanjar de una vez definitiva interpretaciones variopintas que se han dado con posterioridad fundamentadas todas ellas en equívocos, errores, una gran dosis de desconocimiento y, en algunas ocasiones, hasta una no aceptación de la realidad.

Cuando el 1 de julio de 1983 se dieron cita en los salones de la Piscina Costa de Vigo los socios compromisarios del Club Getafe Deportivo, estos no acudieron a una reunión informativa, ni a una Asamblea Ordinaria normal de las que en tantas ocasiones se habían organizado, sino a una Asamblea Extraordinaria convocada por la Junta Directiva cumpliendo a rajatabla con el Reglamento de la Federación Castellana a instancias de su secretario general en la cual, como principal punto de la convocatoria, no se debatía cambiar la denominación de la asociación o ver si se elegía una nueva junta directiva que se hiciera cargo del destino del club, sino que se procedía a realizar una votación trascendente tras conveniente y detallada exposición del estado de las cuentas financieras en la que se ponía en juego la supervivencia de la asociación.

Los 102 socios presentes en aquel salón fueron informados, una vez agotadas y frustradas todas las alternativas al alcance de la directiva, que dos eran las opciones a escoger y, dependiendo de un resultado u otro, el club tendría continuidad o, por lo contrario, una vez disuelto, iniciaba los trámites para ser liquidado y extinto.

Los motivos para llegar a este punto crítico coincidentes con el Artículo 93 del Código Civil fueron varios. Recordémoslos:

1. Imposibilidad manifiesta para realizar el objeto social; no había dinero para pagar las cantidades adeudadas a la RFEF, a los propios directivos y a los jugadores, como tampoco para afrontar la temporada venidera 83/84 en Tercera División o en la categoría que la Federación Castellana determinara con un mínimo de condiciones como pagar la licencia federativa, las fichas de los jugadores, su seguro, al equipo técnico, aprovisionamiento deportivo, los gastos arbitrales, las mudas para los jugadores y los desplazamientos para la disputa de encuentros a domicilio.

2. Por paralización de sus órganos; la Junta Directiva había dimitido en parte, nadie quería responsabilizarse de la gestión, se había hecho un amago de entrega de la documentación del club a la Federación Castellana y el club andaba sin junta directiva, incluso sin junta gestora como ordenaba el reglamento federativo para estas situaciones tan desfavorables.

Nadie obligó a votar en un sentido u otro y todos votaron ajustándose a lo que su conciencia dictaba, ofreciendo un resultado final en el cual, efectuado el recuento, 92 socios votaron a favor de la disolución y 10 votaron a favor de la continuidad. Por voluntad expresa de los socios constituidos en Asamblea General con carácter extraordinario, el Club Getafe Deportivo se auto-disolvía por mayoría absoluta. Tal balance iniciaba de inmediato la constitución de una junta liquidadora encargada de tramitar la liquidación de la asociación, quedando los bienes reducidos a los trofeos conquistados durante años y a las distintas mudas que se conservaban de la temporada anterior. El patrimonio del club, exiguo, no implicaba una liquidación complicada puesto que sin dinero que repartir y siendo el Estadio de Las Margaritas de propiedad municipal, la extinción fue rápida.

¿Qué connotaciones tuvo la extinción del Club Getafe Deportivo? En primer lugar la pérdida de la personalidad jurídica y, por lo tanto, su imposibilidad de obrar o que alguien obrara en su nombre. En segundo lugar su baja federativa y, con ello, la retirada de la licencia para competir en cualquiera de las categorías de la Federación Castellana. En tercer lugar su baja en el Registro de Asociaciones -paso que muchos clubs prescindían de realizar al serles incómodo a los gestores y por eso muchos clubs extintos no constan en los libros del Gobierno Civil- y, en cuarto lugar, la desaparición para siempre del club.

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Disuelta, liquidada, extinta y definitivamente desaparecida, es necesario insistir una vez más que no está contemplado en el Código Civil que una asociación, perdida su capacidad de obrar y su personalidad jurídica, pueda ser refundada. Su personalidad jurídica sólo le pertenece a ella y nunca puede ser apropiada por otra apoderándose de su fecha de constitución e historia como si de una misma se tratase. En todo caso la extinta puede ser mencionada como antecesora, pero nada más. Aquí no hay tu tía.

EL RELEVO DEL CLUB GETAFE DEPORTIVO

La desaparición por extinción del Club Getafe Deportivo, a pesar de ser finalmente ejecutada en julio de 1983 por voluntad expresa de la Asamblea General, fue un acto legal que ninguno de los socios deseaba llegara a ocurrir nunca pero, con los pies en el suelo y conociendo de primera mano cuál era la verdadera situación económica del club, todos ellos sabían que más pronto o más tarde iba a terminar sucediendo. En realidad, llegar a este extremo era una simple cuestión de tiempo.

Una de las personas que mayor visión de futuro demostró anticipándose con suficiente antelación a lo que años después iba a ocurrir fue Antonio de Miguel Navas, socio nº44 del Club Getafe Deportivo y socio nº1 y también presidente en junio de 1983 del Club Deportivo Getafe Promesas (no confundir con el Club Getafe Promesas constituido en 1975 y disuelto en 1980), asociación la cual durante el verano de 1982 había firmado un convenio de filialidad con el Club Getafe Deportivo valedero para la temporada 82/83.

Antonio de Miguel, citado como socio compromisario en la Asamblea General del 1 de julio de 1983, expuso a todos los socios asistentes que, en el supuesto de ser disuelto el Club Getafe Deportivo ese mismo día tras la votación, dentro de la negatividad predominante en la sala quedaba un remanente positivo pues, como un atisbo de luz, cabía la posibilidad -como así sucedió- de que el Club Deportivo Getafe Promesas, asociación con personalidad jurídica propia y licencia para jugar en Segunda Regional, se convirtiera en su sustituto heredando la masa social del club extinto para que ésta no se sintiera desamparada y no tuviera que empezar desde cero constituyendo otra asociación.

De Miguel, muy bien asesorado y conocedor a fondo del entramado futbolístico y sus peculiaridades, sabía perfectamente que constituir un nuevo club podía acarrear muchas dificultades, además de ser un golpe muy duro para una ciudad de cierta importancia que contaba por aquella entonces con ciento treinta mil habitantes. Conducir y reorganizar la masa social desde un club ya constituido no era lo mismo que hacerlo desde uno nuevo, sobre todo teniendo muy en cuenta que ya se tenía un camino recorrido, pues el filial se hallaba en Segunda Regional, era el segundo club en importancia y en más alta posición deportiva tras el Club Getafe Deportivo y empezar de nuevo significaba hacerlo dos categorías atrás en Tercera Regional Ordinaria, la última categoría de la Federación Castellana con la consiguiente pérdida de, como mínimo, dos temporadas en el supuesto de que el club ascendiese al final de cada torneo.

Por si fuera poco había en el Reglamento de la RFEF varios artículos que era imperativo no pasar por alto para evitar graves errores. Veamos a qué nos referimos:

Artículo 99. Integración y afiliación en las Federaciones de ámbito autonómico.

3. La federación de ámbito autonómico a la que deba adscribirse un club de nueva creación informará puntualmente a la RFEF de la inscripción del mismo, a los fines que prevén sus disposiciones estatutarias.

Idéntica información será obligado facilitar cuando se trate de eventuales bajas de clubes especificando, en ambos casos, la composición de todos sus órganos y notificando, si los hubiere, los cambios o sustituciones que en los mismos se produzcan.

4. Los clubes de nueva creación quedarán adscritos, una vez cumplidos los requisitos que establecen los apartados anteriores, a la última de las categorías de la Federación de ámbito autonómico de su domicilio, y deberán contar con un terreno de juego que reúna las condiciones reglamentariamente señaladas como mínimas.

Artículo 100. Denominación.

La denominación del Club no podrá ser igual a la de cualquier otro ya existente, ni tan semejante que induzca a error o confusión y en ningún caso podrán ostentar el nombre de otro que hubiera sido expulsado, hasta transcurridos al menos cinco años; si la causa de tal expulsión hubiese sido la falta de pago, será preciso, desde luego, satisfacer la deuda para utilizar su denominación.

Artículo 104. Obligaciones de los Clubes.

1. Son obligaciones de los clubes.

C) Pagar, puntualmente y en su totalidad:

III. Las deudas contraídas, y vencidas a que hace méritos el artículo 192 del presente ordenamiento.

Cuando un club desaparezca o deje de competir sin liquidar las deudas antedichas, la obligación en el pago sobre el club de nueva creación que con independencia de su denominación, comparta alguna de las siguientes circunstancias con el club desaparecido o que haya dejado de competir:

-Que dispute partidos en el mismo campo o terreno de juego, incluso en el supuesto de que variara su denominación.

-Que disponga del mismo domicilio social.

-Que alguno de sus fundadores o directivos del nuevo club, lo fuera del club desaparecido.

-Que el club de nueva creación y el desaparecido tengan la misma estructura deportiva de base.

-Que utilice una equipación de juego igual o similar.

-Que utilice un escudo similar.

-En general, cualquier indicio que induzca a la confusión entre ambos clubes y cuando exista similitud o identidad objetiva y subjetiva entre ambos clubes.

Conociendo de primera mano estas premisas, Antonio de Miguel, sus asociados en el Club Deportivo Getafe Promesas y quienes desearan sumarse a la empresa de convertirse en herederos del Club Getafe Deportivo no podían ni debían arriesgarse en constituir una nueva asociación puesto que, en el caso de hacerlo, incurrían de pleno en el epígrafe III del punto C del Artículo 104 donde se decía que, habiendo desaparecido un club sin liquidar las deudas, el club de nueva creación que compartiera no todas, sino algunas de las circunstancias especificadas, tenía la obligación en el pago.

El hipotético nuevo club, de haberse constituido, obviamente no las cumplía todas, pero sí la mayoría: debía jugar en el Estadio de Las Margaritas como recinto de mayor capacidad en la localidad para albergar a la masa social, el domicilio de este recinto era la Avenida de las Ciudades, el nuevo club y el extinto habrían compartido la misma estructura deportiva de base, además de que había una posibilidad muy elevada para vestir íntegramente de azul -el color tradicional del primer club getafense- y lucir un escudo similar para no perder conexión con el extinto.

Descartada de raíz la peligrosa iniciativa de aventurarse en la constitución de un nuevo club, opción que fue calibrada profundamente con bastante anterioridad a la propia extinción del Club Getafe Deportivo, Antonio de Miguel hizo lo que, sin duda, a todos más convenía tras la disolución del Club Getafe Deportivo el 1 de julio de 1983; seguir al menos unos días más con la personalidad jurídica identificada como Club Deportivo Getafe Promesas, con plaza en Segunda Categoría y convertida por obligada aclamación popular como heredera del club azulón y, sobre todo, dejarla inscrita para competir en la temporada 83/84.

Días después, consolidada la extinción del Club Getafe Deportivo, el camino quedó expedito para ser ya el primer club local, tras lo cual, aun no fiándose de la actitud que pudiera tomar la RFEF por los artículos anteriormente citados, la directiva del Club Deportivo Getafe Promesas con Antonio de Miguel al frente decidió el 8 de julio realizar una serie de cambios con un triple propósito; atraer de un lado a la afición local, por otro borrar huellas que, a los ojos de la RFEF, les vincularan con el Club Getafe Deportivo con las consecuencias que esto podía suponer y en tercer lugar, vender la imagen de que se trataba de un club nuevo, no en el sentido literal de estar recién constituido, sino en el sentido de ser una alternativa con un futuro por forjar.

Los cambios fueron dos y muy sencillos; en primer lugar cambiar el nombre del club. La denominación Club Deportivo Getafe Promesas coincidía tres cuartas partes con la de Club Getafe Deportivo e inducía a la confusión, pero además el club ya no era una asociación para jóvenes promesas sino el máximo representante local a todos los efectos. Adoptar el nombre de Getafe Club de Fútbol era una buena opción. En segundo lugar también era imperativo cambiar la seña de identidad, es decir, el escudo. Diseñado por Gregorio Serrano y conservando la forma circular del extinto se sustituyó la bandera ondulante por el escudo municipal, un gesto calculado adecuadamente para que todos los ciudadanos no tuvieran vacilaciones para identificarse con el proyecto. El relevo quedaba consumado.

EL ORIGEN DEL GETAFE CLUB DE FÚTBOL, S.A.D.

Cuando cualquier aficionado intenta averiguar cuál es el origen del actual Getafe Club de Fútbol, S.A.D., dependiendo de la fuente consultada y de los intereses que haya tras ésta, encontraremos una información que, tras muchas vueltas, finalmente va a parar a una fecha concreta. En unos sitios aparece 1983, año en el cual surge la denominación Getafe Club de Fútbol dándose a entender equivocadamente que se trata de un nuevo club; en otros aparece 1946, en referencia al año en que fue reactivado y reinscrito en la Federación Castellana el extinto Club Getafe Deportivo como si ambos clubs fueran la misma personalidad jurídica; en algunos menos aparece un doble origen indicando que el club se fundó en 1946 y en 1983 se refundó (sic) y, por último, incluso hay quien aún quiere llegar más lejos y reivindica, con mucho atrevimiento, 1923 como fecha en la que surgió la primera asociación local que jugó al fútbol de forma organizada.

Muy pocos en cambio, y siempre con la boca pequeña, sin hacer apenas ruido, son los que aciertan y dicen la verdad cuando citan 1976 como año en el que se inició la historia del actual Getafe Club de Fútbol, S.A.D. Curiosamente se trata de medios oficiales donde reposa la documentación entregada por el club o medios oficialistas que, habiendo examinado la trayectoria, documentación y aportes hemerográficos, coinciden de pleno con esta fecha. Nosotros, sin ser precisamente oficialistas, en este caso en concreto nos sumamos a ellos. Y lo vamos a explicar.

La historia de este club se inicia indirectamente en 1974 cuando tres amigos, Antonio de Miguel Navas junto a dos amistades más, José Moreno Pérez y un amigo apellidado Barrera, todos ellos simpatizantes del Real Madrid Club de Fútbol y residentes en la localidad de Getafe, decidieron por mutuo acuerdo constituir y registrar una peña deportiva titulada Peña Madridista de Getafe dedicada en exclusiva a esta asociación con domicilio en la capital del Estado para participar de forma conjunta y compartir unos intereses comunes donde, entre otros, destacaba trasladarse hasta el Estadio Santiago Bernabéu los días de partido para ver a su equipo.

Esta peña, presidida en principio por José Moreno y a continuación por Antonio de Miguel, con el paso del tiempo fue creciendo en número de asociados hasta el punto de, llegados a 1976, tener mimbres suficientes como para constituir un club de fútbol. Pensado y hecho, la idea de disponer de un club dedicado al fútbol era una aspiración de todos, con lo cual inscribirlo el 1 de septiembre de 1976 en la por entonces Federación Castellana fue un paso que les llenó de orgullo. Con De Miguel en el cargo de presidente, el equipo fue emplazado en el Grupo II de Tercera Regional Ordinaria, la última de las categorías regionales gestionadas por la Federación Castellana, obteniendo gracias a la calidad de los muchachos que formaban la plantilla el primer puesto en la temporada 76/77 y, con ello, el ascenso de categoría.

Con una personalidad jurídica distinta a la provista por la Peña, es un error habitual confundir la personalidad jurídica Peña Madridista de Getafe con la personalidad jurídica Club de Fútbol Peña Madridista de Getafe, la asociación de fútbol disponía de unos Estatutos propios que le otorgaban autonomía, haciendo del Polideportivo de San Isidro, un recinto inaugurado en 1974, su feudo para los encuentros domésticos. Décimo en el Grupo I de Tercera Regional Preferente en la campaña 77/78, en la edición 78/79 fue tercero en el Grupo II, encontrándose en la sesión 79/80 dentro del Grupo II con el Club Getafe Promesas, asociación constituida en 1975 que actuaba como filial del Club Getafe Deportivo, el cual venía de perder su plaza en Segunda Regional. Al final, los peñistas fueron cuartos y los jóvenes del Promesas sextos, ascendiendo los peñistas finalizado el torneo al surgir una vacante en Segunda Regional.

Concluida la temporada, en el Club Getafe Deportivo afloraban ya los números rojos consecuencia de su paso por Segunda División, categoría profesional de gran exigencia donde el balance económico-deportivo no siempre cuadra. A resultas de este desequilibrio financiero, la directiva azulona se vio obligada a hacer cuentas decidiendo, en contra de su voluntad, ser pragmáticos disolviendo la junta directiva del Club Getafe Promesas a quien no podía mantener y después, dándole de baja en la Federación Castellana para acabar vendiendo su licencia federativa a un novel C.F. Griñón. Es decir, el filial azulón entraba en la categoría de los desaparecidos.

En la campaña 80/81 el Club de Fútbol Peña Madridista de Getafe se estrenó en el Grupo I de Segunda Regional con un notable séptimo puesto. La directiva peñista, que tenía su sede en el número 6 de la calle Galicia, por entonces era el tercer club en importancia dentro de la ciudad tras la Agrupación Deportiva Uralita -en Regional Preferente- y frecuente era ver cada domingo en el Polideportivo de San Isidro a multitud de aficionados apoyando a los blancos.

LOS PREPARATIVOS PARA SUSTITUIR AL CLUB GETAFE DEPORTIVO

Cuando en 1976 Antonio de Miguel y sus compañeros de la Peña Madridista de Getafe decidieron constituir un club de fútbol, ninguno de ellos, ni por asomo, imaginaba que a los pocos años iban a adquirir un papel protagonista tan relevante dentro del fútbol local. La aventura que habían emprendido era un proyecto más bien de amigos, incierto en su prolongación a lo largo del tiempo que se desconocía cuándo podía acabar, pero serio mientras durase hasta el punto de alcanzar la Segunda Categoría al término de la temporada 79/80.

La tremenda crisis instalada a bordo del Club Getafe Deportivo, no deseada pero no por ello inesperada a resultas del balance negativo que ofrecía la economía del club militante en Segunda División, fue un punto de inflexión en su historia, la historia de un club modesto de regional capaz por su magnitud de cambiar su idiosincrasia transformándose en una asociación con un fin muy diferente al establecido originalmente en su constitución. El desfallecimiento deportivo y financiero del primer club local era un hecho evidente que todos en Getafe sabían de sobra y ya en 1981, previniendo una disolución casi inminente, no era el momento de cruzar los brazos y abandonar a la masa social a su suerte. Por encima de todo, adelantándose a lo que podía ocurrir, había que tomar una solución práctica y convincente que no dejara cabos sueltos; era el momento de preparar un sustituto.

Como indica el propio Antonio de Miguel en una de sus entrevistas de 2006, como socio número 44 del Club Getafe Deportivo a la par que presidente de la Peña Madridista de Getafe y del Club Peña Madridista de Getafeno podíamos permitir que un pueblo como este se quedara sin fútbol”, por lo que antepuso los intereses del principal club de su ciudad por delante de su amor por el Real Madrid C.F. sacrificando el club que él mismo había constituido, el de la Peña.

La sustitución del Club Getafe Deportivo, aunque próxima, se desconocía por completo en qué momento exacto podía producirse; dentro de una temporada, dos… tres, era impredecible, por lo que el primer paso era desligarse de cualquier etiqueta madridista para evitar futuras polémicas en una localidad con gran peso colchonero, superior al merengue. Concluida la temporada 80/81 se tomaba el nombre de Club Deportivo Peña Getafe, denominación reflejada en la Federación Castellana con el cual se compitió durante la campaña 81/82.

Esta temporada fue caótica para los azulones. Si en 1980 Pablo Carrillo fue sustituido en la presidencia por José Luis Parejo, harto este de poner dinero en 1981 cedió su puesto a Eugenio Sanz quien tampoco se iba a librar de rascarse el bolsillo. Por si fuera poco, víctima de las telarañas existentes en la hucha, la plantilla elegida estaba repleta de parches escogidos por obligación y no por selección por lo que, no habiendo para más, el equipo terminó descendiendo como colista a Segunda División B. Esto, deportivamente hablando. Desde el punto de vista económico fue muchísimo peor; denuncias de jugadores por impago, advertencias de perder la categoría administrativamente por parte de la RFEF al considerarlo moroso, pleitos por todas partes hacían la situación muy complicada de llevar.

En aplicación al acuerdo tomado en la Asamblea Extraordinaria del 9 de octubre de 1981 por la RFEF, aquellos clubs que no hubieran satisfecho el sábado 21 de agosto de 1982 lo adeudado tanto a sus jugadores profesionales como a la propia RFEF en concepto de préstamos percibidos en la temporada 80/81 asumidos por los clubs, perderían la categoría.

A principios de julio de 1982 había tiempo suficiente para que se produjese el milagro y, como todo en esta vida, cualquier cosa podía pasar, desde la aparición de un empresario con recursos, un trato satisfactorio con la RFEF, un anticipo por parte del ayuntamiento que presidía Jesús Prieto de la Fuente, toda especulación estaba en el horizonte pero antes que nada era no urgente, sino urgentísimo, poner los cimientos para disponer de un sustituto por si se torcían las cosas demasiado. El 10 de julio, estando el Club Getafe Deportivo presidido por Manuel Estepa y el Club Deportivo Peña Getafe por Antonio de Miguel, con conocimiento del consistorio local al intervenir en la mediación y ser parte interesada -no en balde era el propietario de terreno de juego- ambos clubs firmaban un acuerdo de filialidad valedero por una temporada (Artículo 109 del Reglamento RFEF) renovable en el futuro. Entre los puntos destacados constaban el cambio de nombre del Club Deportivo Peña Getafe a Club Deportivo Getafe Promesas, la permuta de colores del nuevo filial de íntegramente blanco a íntegramente azul y el paso de este club como nuevo inquilino del Estadio de Las Margaritas dejando atrás el Polideportivo de San Isidro.

Llegado el sábado 21 de agosto nada cambió en el Club Getafe Deportivo y, a tenor de lo acordado por la RFEF, el club debía descender a Tercera División. Reunidos el lunes 23, sin embargo la RFEF en medio de un acto paternalista, aunque su presidente Pablo Porta lo negara horas después, acordó dar una moratoria de 48 horas por lo que el miércoles 25 de agosto hasta las 17 horas había una última oportunidad. Asumiendo que la deuda era imposible de pagar, no hubo movimiento económico alguno y se consumó el descenso administrativo, el segundo tras el deportivo en una misma temporada.

La temporada 82/83 se presagiaba si cabe todavía más angustiosa para el primer equipo azulón: 24 millones de deuda a la RFEF, cuatro a varios jugadores profesionales, una cantidad de socios sensiblemente inferior a la de años pasados y un equipo sumido en una poco atractiva Tercera División. En cuanto al Club Deportivo Getafe Promesas, su papel no iba a diferir demasiado respecto a sus últimas presencias en Segunda Regional. Sin deudas y la plantilla de la temporada anterior con ligeros retoques, sólo el cambio de denominación, colores y terreno de juego rompían la monotonía mostrada por los hasta hace poco peñistas. En el horizonte, una tensa espera por lo que pudiera pasar al finalizar el campeonato.

Quintos los azulones en Tercera División y quintos los peñistas en Segunda Regional, el 1 de julio de 1983, para desesperación de sus aficionados, ya sabemos cómo acabó todo.

SOBRE LA PRETENDIDA FUSIÓN CLUB GETAFE PROMESAS – CLUB DEPORTIVO PEÑA GETAFE EN 1982

Uno de los capítulos que suelen tener cabida en cualquier artículo que haga referencia a la historia del Getafe Club de Fútbol, de hecho la misma web oficial del club lo cita, es el de una presunta fusión consumada el 10 de julio de 1982 mediante la cual las asociaciones Club Getafe Promesas y Club Deportivo Peña Getafe sellaron su unión dando como resultado al Club Deportivo Getafe Promesas. En estos artículos, generalmente copiados los unos de los otros sin investigar profundamente si el hecho tuvo lugar o no, se expone alegremente y sin fundamento que hubo un contrato entre los dos mencionados pretendiéndose dar con ello validez, sin saber exactamente con cuáles intenciones, a un pacto que, como ahora demostraremos, nunca se pudo materializar.

Como todos sabemos o deberíamos saber, para que se lleve a cabo una fusión entre una o más sociedades, es decir, un contrato por el cual estas personas jurídicas consienten en obligarse, respecto de otra u otras, a dar alguna cosa o prestar un servicio (Ver Código Civil, Artículo 1254), es necesario que ambas partes estén activas -vivas- de modo que tengan capacidad para obrar. Como es obvio, a una asociación desaparecida por extinción, disuelta, sin junta directiva o sin representante legal, le será imposible obrar lo mismo que ocurre con los fallecidos. En conclusión; una persona jurídica inerte no puede formalizar un contrato.

En virtud al párrafo anterior, si volvemos en el camino hacia atrás y hacemos algo de memoria, recordaremos que en 1980 la junta directiva del Club Getafe Promesas fue disuelta y el club dado de baja en la Federación Castellana al carecer de recursos para mantenerse siendo su licencia federativa traspasada al C.F. Griñón. Siendo que para firmar un contrato, en este caso una fusión entre dos asociaciones deportivas, es imprescindible y obligatorio que ambas partes estén vivas, ¿puede alguien explicar cómo un club activo y con junta directiva, el Club Deportivo Peña Getafe, pudo fusionarse el 10 de julio de 1982 con un club inactivo -Club Getafe Promesas- desde hacía dos años atrás sin junta directiva o representación legal? ¿Puede alguien decirnos en qué día y hora de 1982 fue reorganizado el Club Getafe Promesas desaparecido en 1980 constituyendo una nueva directiva? ¿Puede alguien demostrar que el Club Getafe Promesas se dio de alta en la Federación Castellana antes del 10 de julio de 1982?

Sigamos adelante con más pruebas, ahora alejados del Código Civil y centrándonos en el Artículo 107 del Reglamento General de la RFEF, vigente desde tiempos de Maricastaña que hace referencia a las fusiones a ver qué nos dice para tener otro punto de vista, en esta ocasión relacionado con los pasos a dar por dos clubs que desean fusionarse.

En el primer punto nos damos ya de bruces; para fusionarse dos clubs es requisito indispensable que ambos pertenezcan a la misma federación de ámbito autonómico. Por sentado queda que los dos han de estar domiciliados en la misma ciudad como también federados. Si los dos o uno de los dos no lo está, lo mismo da que sean de la misma localidad, simple y llanamente no se admite a trámite. En el segundo punto, cambio de denominación al margen, queda patente que el club resultante quedará adscrito a la categoría más elevada de los dos si es que, respectivamente, cada uno tiene plaza en una distinta. Entonces, ¿qué motivos tenía supuestamente el Club Deportivo Peña Getafe para unirse a uno inactivo durante dos años el cual, según el Reglamento, debía empezar desde Tercera Regional Ordinaria? No lo piensen más, yo se lo digo: ninguno. Cero. Carece de toda lógica.

Los puntos tercero y cuarto no nos afectan en el presente caso y del quinto, tan solo decir que el club absorbente siempre conservará su personalidad jurídica pues el absorbido, al integrarse en la estructura del otro de pleno, perderá la suya al quedar extinto. El punto sexto rezuma sentido común por todas partes pues, para consensuar una fusión, es razonable que ambas partes acuerden dar este tan significativo paso mediante sus respectivas Asambleas Generales. Proceder sin la autorización de los socios no es sólo una falta de respeto, sino un acto denunciable. Inadmisible.

Por último, el punto séptimo nos indica, por si había alguna duda, qué organismo autoriza las fusiones y quién se hace depositario de toda la documentación. Es decir, por si alguien se ha perdido, no hay fusión si la RFEF no da su visto bueno y si lo da, todos los papeles han de estar bajo su custodia.

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD I parte 11

Si la RFEF se hace responsable de autorizar las fusiones y toda la documentación, como hemos leído en el Artículo 107, pasa por sus manos, quién mejor que el máximo organismo nacional en cuestiones futbolísticas  para comprobar si hubo o no acuerdo el cual, como estamos verificando paso a paso, jamás tuvo lugar. Veamos pues qué club figuraba en el Anuario de 1983 donde se refleja la temporada 82/83 y si se confirma lo apuntado en todo el artículo:

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD I parte 12

De haberse consumado la fusión, el contrato que unía a ambas asociaciones, es visible y notorio que el Club Deportivo Peña Getafe habría absorbido al Club Getafe Promesas puesto que, como se ve en este extracto del Anuario de 1983, el club resultante tendría como fecha de alta federativa la del Club Deportivo Peña Getafe, o sea, 1 de septiembre de 1976 y no el 1 de septiembre de 1975, fecha de alta del Club Getafe Promesas, la asociación más antigua de las dos. No sólo eso, la razón social es el Bar Teo, sede de los peñistas con su número de teléfono habitual para gestionar la administración del club. Este club, presidente incluido es el mismo que el del Anuario de 1982, correspondiente a la temporada anterior 81/82:

HF Cuando se constituyo el Getafe CF SAD I parte 13

Que a su vez, cuadra a la perfección por si alguien tiene alguna duda todavía, con un viejo conocido constituido en 1976 por miembros de la Peña Madridista de Getafe cuyo máximo dignatario era Antonio de Miguel Navas, presidente también del club de fútbol que solía jugar en el Polideportivo de San Isidro tal cual se ve en el Anuario de 1981 donde se resume la temporada 80/81:

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Analizando las dos últimas imágenes donde en los anuarios federativos se cita a un mismo club, denominado como C.D. Peña Getafe entre 1981-82 y como C.F. Peña Madridista Getafe entre 1976-81 constituido el 1 de septiembre de 1975, es obligatorio aclarar, para que nadie se lleve a engaño, que esta fecha indicada por la RFEF en los anuarios correspondientes a los años 1981 y 1982 es errónea y, en su lugar, debió constar 1 de septiembre, pero de 1976, fecha de constitución real del C.F. Peña Madridista Getafe. Si alguien tiene dudas al respecto y cree que se trata de un amaño deliberado por parte de La Futbolteca, basta con consultar la Federación Madrileña, ver los papeles de inscripción federativa del C.F. Peña Madridista Getafe, consultar con su fundador Antonio de Miguel o bien, en el plano de resultados y clasificaciones, consultar en los archivos de la Federación Madrileña o en prensa, cómo en la temporada 1975/76 compite el Club Getafe Promesas en Tercera Categoría permaneciendo el C.F. Peña Madridista Getafe ausente de cualquier torneo al no existir y cómo, en la temporada siguiente 1976/77, el Club Getafe Promesas compite en Tercera Categoría Preferente mientras el C.F. Peña Madridista Getafe, recién constituido e inscrito en la Federación Castellana el 1-9-1976 compite en Tercera Categoría, la última de las organizadas por la Castellana.

En el anuario federativo del año 1983, donde se cita al C.D. Getafe Promesas, club anteriormente denominado originalmente C.F. Peña Madridista Getafe y luego C.D. Peña Getafe, observamos que la RFEF ya se ha percatado del error mantenido en los anuarios de 1981 y 1982, corrigiendo la fecha de constitución y dejándola en 1-9-1976, la real.

CLUB GETAFE PROMESAS Y CLUB DE FÚTBOL PEÑA MADRIDISTA GETAFE: DOS VIDAS SEPARADAS

Demostrado que Club Getafe Promesas y C.D. Getafe Promesas son dos personalidades jurídicas totalmente distintas, que en 1982 no hubo fusión entre Club Getafe Promesas y C.D. Peña Getafe y, en definitiva, el C.D. Getafe Promesas fue denominado anteriormente C.D. Peña Getafe y originado como C.F. Peña Madridista Getafe, a continuación exponemos las trayectorias deportivas de las asociaciones Club Getafe Promesas y C.F. Peña Madridista Getafe/C.D. Peña Getafe/C.D. Getafe Promesas entre las temporadas 1975/76 y 1982/83 estableciendo una comparativa donde se refleja la evolución deportiva de cada una.

Adviértase cómo el Club Getafe Promesas se inicia en la temporada 1975/76, el C.F. Peña Madridista Getafe lo hace en la temporada 1976/77 y cómo la temporada 1979/80 es la última del Club Getafe Promesas al ser disuelto. Luego, en la temporada 1980/81 el C.F. Peña Madridista Getafe conserva su denominación original, en la 1981/82 cuando el Club Getafe Deportivo empieza a mostrar alarma de colapso el C.F. Peña Madridista Getafe cambia a C.D. Peña Getafe y, finalmente, cuando el Club Getafe Deportivo agoniza, el C.D. Peña Getafe cambia e la 1982/83 a C.D. Getafe Promesas.

En la temporada 1983/84, una vez extinguido el Club Getafe Deportivo, el C.D. Getafe Promesas se convierte en el primer club de la ciudad de Getafe y, por consiguiente, en su máximo representante dentro del panorama futbolístico español, paso tras el cual y, según todo lo explicado en los párrafos anteriores, el 8 de julio de 1983 adopta el nombre de Getafe Club de Fútbol partiendo desde la última categoría ocupada bajo la denominación C.D. Getafe Promesas, es decir, la Segunda Categoría.

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¿SON CLUB GETAFE DEPORTIVO Y GETAFE CLUB DE FÚTBOL EL MISMO CLUB?

Cuando el Club Getafe Deportivo entró en una insoportable agonía comenzado el año 1983, llegados al mes de junio su situación se volvió más crítica si cabe. Sin esperanzas reales de conseguir la cantidad de dinero necesaria para cancelar las deudas contraídas en el pasado, las amenazas que rondaban sobre su futuro inmediato eran varias y extremadamente complicadas pero dos de ellas, como losas colgadas a la espalda, preocupaban sobremanera y ninguna de ellas demasiado halagüeña. En manos de la RFEF como estaba, si no se pagaba el 21 de agosto se corría el riesgo de descender una nueva categoría por la vía administrativa con lo cual la Regional Preferente, un campeonato sin atractivo para una afición acostumbrada a estar deportivamente más arriba, le condenaba al ostracismo y, por otra parte, aplicándose el Artículo 49 se le podía retirar la prestación de servicios federativos, prohibirse la disputa de partidos o incluso prohibirse la expedición/renovación de licencias de futbolistas, entrenadores o cualquier técnico con lo que quedaba virtualmente paralizado para desarrollar los fines con los cuales la asociación fue constituida.

Ante tan negativo panorama, rodeado como estaba por problemas insalvables, el Club Getafe Deportivo optó por la auto-disolución concretando legalmente este definitivo paso el 1 de julio sin esperar a más y sin conceder una nueva moratoria a una vida que daba irremisiblemente las últimas bocanadas de aire. Su sustituto, el Club Deportivo Getafe Promesas estaba preparado para tomar el relevo, carecía de cuentas monetarias pendientes y, limpio de polvo y paja, disponía de una licencia en Segunda Regional que fue ofrecida como cheque en blanco por el presidente de esta asociación, Antonio de Miguel, a los socios del Club Getafe Deportivo para que aquellos quienes lo desearan, respetándose su alta como socios en el club extinto, pasaran a engrosar las filas de un modesto club con apenas unos de antigüedad y escaso repertorio de títulos donde podían mantener un vínculo asociativo truncado irremediablemente en 1983.

La migración de los que fueran socios del Club Getafe Deportivo al Club Deportivo Getafe Promesas, proceso efectuado con posterioridad al 1 de julio, junto con la herencia de trofeos y mudas otorgada por la junta liquidatoria en correspondencia al único patrimonio que le restaba al club extinto hacia el club presidido por Antonio de Miguel, incluso su himno, ha sido interpretado por parte de la afición del actual Getafe Club de Fútbol, S.A.D. como una demostración de que ambas asociaciones, extinta y heredera, eran la misma personalidad jurídica pero, como ya se ha demostrado largamente y con pruebas de todo tipo a lo largo de lo escrito anteriormente en este artículo, esta interpretación anda muy lejos de la realidad puesto queda probado suficientemente que el Getafe Club de Fútbol (nueva denominación del Club Deportivo Getafe Promesas desde el 8 de julio de 1983) no es una asociación continuadora, sin solución de continuidad de la que originalmente se constituyó en 1923, sino una continuación de la personalidad jurídica constituida en 1976 como Club Peña Madridista de Getafe que en 1981 cambió a Club Deportivo Peña Getafe y en 1982 a Club Deportivo Getafe Promesas.

Olvidan o no quieren ver algunos de los aficionados del Getafe Club de Fútbol, S.A.D., que en la Asamblea General del 1 de julio de 1983 tuvieron lugar dos actos trascendentes como son, de una parte la disolución, liquidación y extinción del Club Getafe Deportivo y, de otra, la legitimación del Club Deportivo Getafe Promesas como heredero patrimonial del club extinto ante el consenso de los asistentes. Que un club en trámite de liquidación legitime a otro club como heredero de lo que reste de su patrimonio previo a su definitiva extinción no significa, en absoluto, que ambos clubs sean la misma personalidad jurídica e interpretar lo contrario será un rotundo error fácilmente desmontable.

Resumiendo, lo sucedido en julio de 1983 no es comparable en forma, en fondo y en hechos a lo acontecido a finales de 1945 cuando un grupo de aficionados locales reorganizaron el Club Getafe Deportivo desaparecido en 1932 como Getafe Foot-ball Club y constituido en 1923 como Club Getafe Deportivo, circunstancias donde sí se pudo aplicar una voluntad continuadora, sin solución de continuidad tal cual reconoció la Federación Castellana en su momento.

PRIMEROS REGISTROS Y CLASIFICACIONES DEL GETAFE CLUB DE FÚTBOL

Continuando con la exposición de pruebas fehacientes que demuestran sin reservas y sin margen para las interpretaciones que el Getafe Club de Fútbol tiene su origen en 1976, debemos ahora considerar lo que aportan tres organismos clave en la organización y administración de competiciones donde se comprobará cómo a nivel regional, con la Federación Castellana primero y la Federación de Fútbol Madrileña después y, a nivel nacional, con la Federación Española los datos proporcionados por el propio interesado, el actual Getafe Club de Fútbol, S.A.D., son los que son y, además, irrefutables.

Para empezar daremos comienzo con el apartado registral contenido en la Real Federación Española de Fútbol y divulgado a través de los Anuarios RFEF donde este organismo recoge a nivel nacional los datos de todos los clubs asociados a través de las respectivas federaciones territoriales. A su vez, los datos contenidos en las territoriales son proporcionados por los clubs quienes están obligados a facilitar cada temporada el nombre con el cual van a competir, por si lo han modificado, el domicilio social, junta directiva, dirección del terreno de juego y medidas oficiales, colores del uniforme titular y reserva, etc. Es decir, de forma transparente cada club declarará ante su federación regional cuál es la última puesta a punto para hacerla pública en interés de sus adversarios de competición siendo obvio que ninguno modificará sus datos sin aportar documentación que los justifiquen. Para que se entienda; un club, pese a que cambie de denominación, seguirá siendo la misma personalidad jurídica y competirá en la última categoría asignada -salvo ascenso o descenso deportivo- conservando su fecha de alta federativa y, por supuesto, su fecha de constitución las cuales no se verán afectadas.

Traslademos ahora esta información a los Anuarios. En el caso del Getafe Club de Fútbol, S.A.D., poco detallado en los ejemplares de los años 1978, 1979 y 1980 al militar en muy bajas categorías (en 1977 no hubo edición del Anuario RFEF), tenemos una personalidad jurídica que se da de alta en la Federación Castellana el 1 de septiembre de 1976 bajo el nombre de Club Peña Madridista Getafe, cuyo presidente es Antonio de Miguel Navas, juega en el Polideportivo de San Isidro cuyo teléfono es el (91) 695 80 70 y un teléfono de contacto con los gestores de la asociación que es el (91) 695 42 70. Los mismos datos se emplearán en 1981 cuando esta personalidad jurídica cambie a Club Deportivo Peña Getafe siendo válidos para la temporada 81/82.

En 1982 la personalidad jurídica cambiará a Club Deportivo Getafe Promesas al establecerse un convenio de filiación con el Club Getafe Deportivo valedero por una temporada, 82/83. El Anuario RFEF de 1983 reflejará estos cambios, constatándose que el presidente de la asociación es el mismo, el teléfono de contacto con la junta invariable (91) 695 42 70 mientras que, como novedad, el domicilio social es distinto y ahora aparece localizado en el Bar Teo. Fruto del convenio de filiación con el Club Getafe Deportivo se pasará de vestir íntegramente de blanco a hacerlo de azul, posibilitando el Ayuntamiento local como propietario del terreno de juego, el uso del Estadio de Las Margaritas.

El 1 de julio de 1983, al quedar extinto el Club Getafe Deportivo, el Club Deportivo Getafe Promesas se hará cargo de su legado patrimonial, trofeos y mudas, y aquellos miembros de la masa social que lo deseen, adoptando el 8 de julio la denominación Getafe Club de Fútbol. Evidentemente no se trata de un club de nueva constitución y el Anuario RFEF de 1984 seguirá reflejando al mismo presidente electo en 1976, Antonio de Miguel Navas, su mismo teléfono de contacto, (91) 695 42 70, con la salvedad de que ahora aparece como domicilio social la Avenida de las Ciudades, sede del Estadio de Las Margaritas y adjunto el número de teléfono de este complejo deportivo, el (91) 695 96 43.

Por último, dentro de las pruebas concernientes a los Anuarios RFEF, se expone lo aparecido en el ejemplar de 1985, por si hubiera algún error-despiste en el de 1984 que como se puede observar no lo hay y, al margen, a modo de colofón, los datos del Club Getafe Deportivo en su última temporada en activo reflejada en el Anuario RFEF de 1983.

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Afrontemos ahora el apartado clasificativo. Para ello nos basaremos en la mejor de las fuentes posibles; la proporcionada por la Real Federación de Fútbol de Madrid, actual denominación adquirida el 20 de enero de 2014 por el organismo constituido el 9 de junio de 1987 como Federación Madrileña de Fútbol y titulado Federación de Fútbol de Madrid con fecha 1 de diciembre de 1988. Tras la extinción de la Federación Castellana el 6 de junio de 1987 es una de las dos herederas legítimas, la otra es la Federación de Fútbol de Castilla-La Mancha, que recogieron su legado.

En el recopilatorio editado en 2008 por este organismo regional conmemorando los 95 años de fútbol castellano a nivel federado, dentro de su amplia despensa de datos, historia y anécdotas encontraremos las clasificaciones del actual Getafe Club de Fútbol, S.A.D. a lo largo de sus primeros años de existencia cuando, bajo la denominación Club Peña Madridista Getafe, a partir de la temporada 76/77 esta asociación constituida por amigos empezó a forjarse desde la Tercera Regional Ordinaria, el último nivel regional, un camino dentro de la Federación Castellana. Las clasificaciones, como estadística pura que son se muestran crudas, poco permeables y no enseñan cómo se desarrolló cada encuentro de Liga, si hubo problemas financieros o si, entre bambalinas, hubo acuerdos en la sombra para sustituir al Club Getafe Deportivo una vez desapareciera este para siempre pero, si se profundizan y se tienen un mínimo de conocimientos, nos dirán más que números y posiciones. Veamos someramente qué nos dicen las clasificaciones:

Evolutivamente la asociación deportiva constituida en 1976 vinculada a la Peña Madridista de Getafe fue ascendiendo peldaños alcanzando en primer lugar la Tercera Regional Preferente donde, en su tercera comparecencia, se encontró con el por entonces filial azulón, el Club Getafe Promesas a quien aventajó en dos puestos en la clasificación. Al final, como se observa en la imagen, el conjunto peñista ascendió a Segunda Regional mientras el filial, exprimidos los recursos económicos de los azulones, tuvo que darse se baja y con él su junta directiva desapareciendo del mapa deportivo. Con el equipo en Segunda Regional, en el verano de 1981 los peñistas presididos por Antonio de Miguel Navas, socio del Club Getafe Deportivo, asumen que deben renunciar a sus principios por debacle de los azulones y prepararse concienzudamente para liderar el panorama local en breve. En la temporada 81/82 se convierten en Club Deportivo Peña Getafe y en 1982 en Club Deportivo Getafe Promesas al firmar un contrato de filialidad con el todavía activo Club Getafe Deportivo. Ojo, no caer en la tentación de confundir al Club Getafe Promesas (1975-1980) con el Club Deportivo Getafe Promesas (1982-1983) ni, por supuesto, con el Getafe Club de Fútbol Promesas -actual Getafe Club de Fútbol “B” (desde 1983)-, puesto que son tres personalidades jurídicas totalmente distintas. El hecho de “apellidarse” Promesas los tres en diferentes épocas no justifica tal consideración, sino que los tres tienen precisamente ese papel, el de forjar jóvenes jugadores, en un momento determinado de sus trayectorias deportivas.

En la temporada 83/84 llegaremos al punto álgido que nos interesa y motivo de este trabajo; el de la sustitución del extinto Club Getafe Deportivo por el Getafe Club de Fútbol denominado previamente hasta el 8 de julio de 1983 Club Deportivo Getafe Promesas (1982-1983), antes Club Deportivo Peña Getafe (1981-1982) y originariamente Club Peña Madridista Getafe (1976-1981). En este sentido la RFFM, a través de las clasificaciones expuestas temporada a temporada en su obra titulada “FFM, 95 años de historia. 1913-2008″ pese a no hablar no puede ser más elocuente haciendo cuadrar, y ya van varias veces, el razonamiento que venimos exponiendo desde el principio. Veamos por qué.

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Cuando el 1 de julio de 1983 fue disuelto el Club Getafe Deportivo, su personalidad jurídica desapareció con él. Inmediatamente, cumpliendo con los trámites de la RFEF, el club fue dado de baja en la Federación Castellana por lo que, en modo alguno, podía participar en cualquiera de las categorías del organismo federativo regional. Luego, de otro lado, en el supuesto de que el 8 de julio se hubiera constituido una nueva asociación titulada Getafe Club de Fútbol, una vez dada de alta en la Federación Castellana en aplicación del Reglamento General era obligado empezar desde la última de las categorías regionales, la Tercera Regional Ordinaria.

Si el club que hasta entonces militaba en Tercera División quedó extinto y en Tercera Regional Ordinaria no debutó un club denominado Getafe Club de Fútbol sino uno nombrado Getafe Club de Fútbol Promesas quedando primer clasificado en el Grupo II, ¿qué club podía ser el Getafe Club de Fútbol que se proclamó campeón del Grupo II de Segunda Categoría teniendo en cuenta que ya tenía plaza en esa división y no era nuevo? La respuesta es trivial y, vamos, no admite discusión: el Club Deportivo Getafe Promesas que en la temporada anterior, 82/83, había sido quinto clasificado y el 8 de julio de 1983 cambió de nombre formalizando su nueva denominación en la sede federativa regional. No hay más que decir.

 

» Ver ¿Cuándo se constituyó el Getafe C.F., S.A.D.? (II Parte)

 

© Vicent Masià. Diciembre 2017.

 

 

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titular HF Cricket Football Club Madrid

por Vicent Masiá

 

El revisionismo histórico, más que una herramienta o actitud frente a un hecho oculto tras espesas ramas, es el compromiso que adquiere una persona consigo misma cuando arrastrada por la intuición busca hasta en el último recoveco la respuesta a un hecho que le inquieta por su meridiana transparencia.

Aplicado al mundo que nos atrae, el del balón, la combinación entre alguien que le encanta el fútbol y su preocupación por discernir la verdad de la falsedad y llegar hasta la última de las consecuencias, en ocasiones puede conducir hasta derroteros sin salida pero, en algunas otras la Diosa Fortuna, de quien dicen que es ciega y al parecer rige el destino de nuestras vidas, se quita la venda de los ojos y se fija en nosotros para ilustrarnos y guiarnos en pos de encontrar lo que con tanto ahínco buscamos.

Nuestros amigos del Área de Historia del Sevilla F.C. y su embrión, Guardianes de la Memoria, nos han sorprendido recientemente con un descubrimiento que, por su incalculable trascendencia, merece desde nuestro humilde portal todo nuestro más sincero elogio y enhorabuena: reencontrar al Cricket y Foot-ball Club de Madrid; y decimos reencontrar porque ya fue encontrado en 1925 pese a que pocos le hicieron demasiado caso, tan poco que ha permanecido tapado en medio de un párrafo hasta ahora.

Pero el camino no ha sido fácil como era previsible, en absoluto. El fútbol español está en deuda con su historia, esa parte esencial para conocer de dónde venimos para entender mejor por qué somos campeones del mundo y lo que nos ha costado tanto llegar a ello pese a contar siempre con buenos mimbres. Al contrario que sucede con las primeras potencias futbolísticas de nuestro entorno europeo y también en países del hemisferio sur como Argentina y Brasil, en nuestro país la historia no tiene la atención que se merece y empezando por la Federación y terminando por el último de los aficionados, todos somos culpables de ignorar nuestros principios, un error imperdonable y trágico para conocernos mejor.

Los españoles, empecinados en ser individualistas y no trabajar en equipo, somos bastante egoístas y, en ocasiones, sentimos que solo lo nuestro, tengamos o no razón, es lo que en verdad vale. Si a esto unimos que somos resultadistas y nos interesa más el presente inmediato, por efímero que sea, que el pasado con lo extenso que puede llegar a ser, entenderemos por qué conseguimos convertir la “Historia” en “historia”.

En España, a pesar de lo que opinamos de otros vecinos, también somos chovinistas y vivamos donde lo hagamos, lo de nuestro pequeño trozo de patria será siempre lo mejor y, trasladado al fútbol, lo más antiguo y lo más esencial.

Cien años llevamos debatiendo y llenando páginas de periódicos con intensos artículos donde bilbaínos, barceloneses, onubenses, vigueses y en menor proporción, riotinteños, proclaman a los cuatro vientos ser dignas cunas del fútbol en España. Quizás todos tengan razón, pero por partes y nunca en su totalidad, una quimera ciertamente imposible de conseguir. Con sus pros y sus contras, todos han defendido que su representante fue el primer club en jugar al fútbol, estuviese refugiado tras las siglas, filosofía o nombre que fuese, pero hete ahí que la Diosa Fortuna, sí, esa que dicen es ciega, se ha quitado la venda y señalado con la punta del dedo índice de una de sus dos manos a una ciudad diferente a las tradicionalmente mencionadas que no entraba en las cábalas de ningún historiador: Madrid.

El hallazgo del primer protagonista de nuestra historia ha tardado 134 años en recuperar la luz de la que gozase un día, pues ya la vio con esplendor en 1879 y de forma tenue en 1925 como más adelante comprobaremos, un larguísimo periodo de penumbra donde otras sociedades se han repartido su papel de variopinto modo y en distintas etapas ajenas a lo que había sucedido en otra parte del país, deseosas todas ellas en ocupar un puesto de privilegio en la historia.

Como los grandes eventos y sucesos tanto de la historia antigua como de la moderna o contemporánea, la aparición del Cricket y Foot-ball Club de Madrid es un soplo de viento fresco para aquellos que nos adentramos en la historia del fútbol nacional y ansiamos conocer cómo y de qué manera surgió este deporte, además de quiénes lo hicieron posible y cuáles fueron las vicisitudes que los arroparon para constituirse en sociedades de fútbol en medio de un país donde su práctica era totalmente desconocida.

Sin embargo, tal y como sucede con muchas cosas importantes que nos acompañan día a día en nuestro tránsito por este mundo, el Cricket y Foot-ball Club de Madrid ha permanecido siempre ahí, agazapado en la página 12 del número 24 de la publicación quincenal madrileña El Campo: agricultura, jardinería y sport, una revista dirigida por el Conde de las Cinco Torres que inició su corta carrera el 1 de diciembre de 1876 y que, después de seis años de actividad, desapareció en el olvido.

El deporte español visto en España y en el extranjero

La cultura y el respeto por la práctica deportiva, no nos equivoquemos, en la España de alrededor de 1880 era un hecho habitual en según qué estrato social, siendo las capas económicamente más favorecidas quienes mejor disponibilidad mostraban hacia deportes como la caza en grupo, el tiro de pichón, la hípica y en menor medida remo y regatas, todos ellos ligados a disponer de haberes al requerir cierta inversión monetaria por los gastos que requerían.

Entre la población común, el deporte estrella era la pelota a mano, muy popular en gran parte de nuestro territorio y con diferentes reglas, medidas y finalidades según la región donde se practicase, existiendo dentro de la misma familia diversas modalidades que gozaban de gran prestigio y congregaban a muchos aficionados en torno a un frontón o calle habilitada para su uso.

Deportes como el fútbol, cricket, polo, hockey o tenis, todos ellos de procedencia británica, triunfaban en otros lares y su implantación en España a nivel general todavía tardaría unos años en producirse aunque existiesen ya lugares que, ante la presencia de ciudadanos británicos, fuesen pioneros en su introducción.

Al margen de la práctica deportiva, otro concepto es la difusión e importancia que se les daba en medios escritos. La prensa general de aquella época, siempre unida a medios influyentes como las diversas corrientes políticas y, por defecto, a personas con medios, concentraba sus miras generalmente en apuntes políticos, sociales, hechos de la calle, sucesos atmosféricos, guerras o catástrofes ocurridas en otros países, siendo las referencias deportivas casi nulas.

A pesar de ello, y siempre desde sectores acaudalados, empezaban a surgir iniciativas en forma de publicaciones quincenales donde, además de otras actividades, era costumbre tratar aspectos de la vida deportiva de la nobleza reflejando sus movimientos y habilidades con el empleo de las armas o la maestría a lomos de un caballo. De vez en cuando y con cuentagotas, se hacían constar reflejos de las experiencias que los británicos alcanzaban en su tierra, siendo a medida que transcurrían los años más frecuentes y orientados a deportes desconocidos como el fútbol, el cricket, el polo o el tenis que disfrutaban de gran prestigio en las islas.

El culto de los españoles hacia el deporte estaba todavía en pañales, incluso la definición del término “sport” no estaba claro, siendo una actividad lúdica como el acoso y derribo, muy común en Andalucía y que consistía en derribar con una garrocha a los lomos de un caballo un toro bravo por los cuartos traseros tras perseguirlo por el campo entre varios jinetes, considerado como “sport” tal y como reza en la página 6 del nº2 de El Campo: agricultura, jardinería y sport, de 1876. El deporte a marcha muy lenta iba poco a poco abriéndose hueco, nada que ver por supuesto con lo que sucedía en el Reino Unido. Este país era la primera potencia económica y militar del mundo, con tentáculos en todas partes por recónditas que fuesen, existiendo un gran interés por parte de sus ciudadanos hacia las noticias generadas por sus compatriotas en cualquier punto del globo terráqueo.

HF Cricket Football Club Madrid 1

A los españoles, dada su posición de privilegio, se nos miraba al igual que muchos otros países por encima del hombro, siendo nuestras costumbres criticadas ferozmente o valoradas desde un punto de vista cargado de romanticismo según los ojos que nos viesen. O calvos o con dos pelucas. En aquellos tiempos era habitual la publicación y mención de acontecimientos relacionados con la tauromaquia, en especial las corridas taurinas, espectáculos donde la sangre derramada por los toros y caballos -por entonces sin peto- y, ocasionalmente, por los toreros, eran causa de rechazo y estupefacción a partes iguales. Del mundo taurino les causaba impacto y, por qué no decirlo, ciertos celos, ver cómo en un coso los españoles éramos capaces de reunirnos entre cinco y diez mil personas para ver una corrida, no existiendo parangón similar en las islas ni espectáculo que se le pareciese y fuese capaz de albergar tanto gentío.

Tal era la sensación que los tumultos taurinos creaban en la sociedad británica, que a principios de la década de los años noventa decimonónicos, cuando el fútbol empezaba a atraer grandes masas a los escenarios británicos, disponían de un Campeonato de Liga y surgían libros y artículos por doquier hablando sobre este deporte, Charles Edwards, entre cientos de referencias a las corridas, citaba en su obra “The New Foot-ball Mania” editado en 1892 “There is no mistake about it, the exercise is a pasion nowadays and not merely a recreation. It is much on a par with the bull fight in Spain”, es decir, “No hay que equivocarse, el ejercicio (del fútbol) es una pasión en la actualidad y no sólo una recreación. Es mucho más a la par con la corrida de toros en España”. Los británicos, al fin tenían un espectáculo a la altura de los españoles.

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Si los británicos sentían una “particular” visión hacia las costumbres españolas, su actitud frente a sus compatriotas y lo que estos hacían en otros países dentro de la diáspora en la que se vieron muchos de ellos implicados, les resultaba de especial interés. Saber cómo se desenvolvían los británicos lejos de su patria les causaba fascinación, pero si además estos eran capaces de “exportar” las costumbres de aquellas tierras a otras tradicionalmente enemistadas como España, país con el cual se habían disputado el control del planeta durante los últimos tres siglos, el nivel de autoestima adquiría tintes épicos.

Constitución de un club de cricket en Madrid

Las noticias que protagonizaban los británicos en España había que contarlas y si era para transmitir una nueva “conquista”, aunque fuese un simple proyecto, daba lo mismo. Así, el 10 de mayo de 1879 aparecía publicado en el London Standard y en medio de un breve párrafo entre otros concernientes a la capital nacional, una curiosa nota haciendo referencia a la posible constitución de una sociedad de cricket en Madrid que decía lo siguiente:

“Several English residents in Madrid, and Spanish noblemen and gentlemen have decided to establish a cricket club similar to those of Seville and Xeres. King Alfonso has kindly granted the use of a capital ground at the Royal seat of Casa de Campo, and through General Echagüe, intimated that he would honor the club with his patronage”, cuya traducción sería: “Algunos ingleses residentes en Madrid, junto a nobles y caballeros españoles, han decidido constituir un club de cricket similar a los existentes en Sevilla y Jerez. El rey Alfonso ha ofrecido amablemente el uso de unos terrenos de la capital en el Real sitio de la Casa de Campo, y a través del general Echagüe, dio a entender que honraría al club con su patronazgo”.

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La noticia pasó completamente desapercibida en Madrid y por extensión, en toda España, y no era de extrañar. Que un grupo de personas decidiese crear un club dedicado a un disciplina deportiva “importada” de otro país ya era motivo de escaso atractivo para los lectores de aquí, pero si además se trataba de un club en ciernes, el desinterés era aún mayor. Nada que contar. Lo que para unos -los británicos-, era noticia, para otros -los españoles-, quedaba como un chascarrillo sin importancia: una noticia, dos perspectivas, dos formas de ver el mundo, dos resultados distintos.

El campo: agricultura, jardinería y sport

El 1 de diciembre de 1876 se publicaba en Madrid el primer ejemplar de El Campo: agricultura, jardinería y sport, una muy completa revista quincenal dirigida por el Conde de las Cinco Torres dedicada a difundir ciertos aspectos culturales, botánicos, sociales y costumbristas de la alta sociedad española de los años setenta y ochenta decimonónicos, además de los más interesantes procedentes del Reino Unido, país por el que se sentía gran devoción y resto del mundo.

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La revista madrileña era una reserva cultural dentro de un país con una elevada tasa de analfabetismo y con unos problemas estructurales muy significativos, convirtiéndose en una publicación pionera a la hora de reflejar cómo era la alta sociedad española de aquella época y, en la parte que nos afecta, a deleitarnos con todo lujo de detalles cómo eran los deportes que en España se practicaban.

La devoción por las artes ecuestres era notoria, máxime cuando el mundo del caballo siempre ha sido muy considerado en el país tanto por militares como por los nobles y personas con grandes fortunas, siendo los concursos hípicos y carreras de caballos seguidos con gran devoción hasta el punto de quedar reflejados casi todos sus movimientos cada dos semanas en papel escrito al convertirse en Boletín Oficial de la Sociedad de Fomento de la Cría de Caballos de España, entidad originada el 23 de abril de 1841.

Llegados al 16 de noviembre de 1879, dentro del segundo ejemplar del mes y en el número 24 de la publicación, aparece en la página 12 una noticia que hasta la fecha y, pendientes de seguir haciendo exhumaciones de documentos, es la primera constancia documentada sobre la constitución de un club de fútbol en España. Veamos pues:

(…) El Cricket, ese juego sin rival al aire libre, como el billar en el salón, en el que toman parte desde el Príncipe de Gales hasta el pordiosero del Reino Unido, ya no es para nosotros desconocido, y forma parte de la lista que llevo apuntada. Haya o no partido la iniciativa de madrileños, nada importa. El Cricket y Foot-ball de Madrid se ha constituido, y yo invito a los amantes de los ejercicios de agilidad y destreza se inscriban en sus listas, porque no hay ninguno que pueda comparársele ni remotamente.

Por mi parte felicito sinceramente a los iniciadores del pensamiento, y sólo les encarezco la necesidad de perseverar en él sin medir los obstáculos que a su desarrollo se presenten. S.M. el Rey, siempre propicio a prestar su apoyo a quien por cualquier motivo le solicita, ha permitido que del Hipódromo de la Real Casa de Campo se tome la parte necesaria para hacer un Cricket-field, que, si no podrá ser nunca lo que el Uvalo de los Lores, en Londres, con la ayuda del digno administrador Sr. Godoy será todo lo bueno que en Madrid se podía apetecer.

En la Junta general celebrada últimamente por este nuevo Club se tomaron los acuerdos siguientes: aprobar el proyecto de Reglamento y nombrar la Dirección, que quedó constituida de esta forma:

Presidente: D. José Figueroa y Torres, Vicepresidentes: Sr. Greentul y Bertrán de Lis (D. Álvaro), Directores: D. Juan White y Conde de Villanueva, Contador: Sr. D. Leonardo de Fesser, Tesorero: Sr. Velasco y Secretarios: D. Rafael de Echagüe y D. Carlos Heredia. (…)

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La denominación Cricket y Foot-ball Club de Madrid

Indudablemente queda más que demostrado que el club de cricket anunciado en el periódico británico London Standard el 10 de mayo de 1879 cuya constitución era inminente y el club anunciado el 16 de noviembre de ese mismo año en el madrileño El Campo: agricultura, jardinería y sport ya oficialmente constituido, son el mismo club, puesto que las referencias empleadas para describirlos son idénticas: ciudad de Madrid, dedicación al cricket, tutelaje a cargo de S.M. el Rey D. Alfonso XII, presencia de ciudadanos británicos junto a nobles y caballeros españoles, empleo de la Casa de Campo como terreno para sus actividades y mención al General Rafael de Echagüe como intermediario para conseguir su mecenazgo. Blanco y en botella…

Imaginar algo diferente y especular sin fundamento con la existencia de dos sociedades distintas con un mismo fin se antoja casi imposible, dado que las circunstancias y vicisitudes de la época ya eran suficientemente complicadas para crear un solo club destinado a estas disciplinas deportivas, ambas desconocidas en España a nivel general y sin practicantes adiestrados cuya supervivencia, francamente, era incierta.

La sociedad deportiva de Madrid surge repentinamente en el panorama nacional y se convierte, cronológicamente, en el primer club español en llevar asociado el término “foot-ball”, término anglosajón que literalmente significa “balompié o balón a pie”, lo cual nos sugiere pensar, sin miedo a equivocarnos, que la elección del nombre iba íntimamente relacionada con la actividad promovida por la sociedad. Si además no era una actividad única y sí dos, desarrollo y difusión de “cricket” y “foot-ball” como se trata del presente caso, es perfectamente lógico y racional, además de tener mucho sentido, que el nombre elegido fuese Cricket y Foot-ball Club de Madrid y no Cricket Club de Madrid o Foot-ball Club de Madrid en el supuesto caso de que se hubiese escogido una sola disciplina.

Con la definición del nombre queda zanjada cualquier especulación en torno a las posibles actividades de esta sociedad, quedando claro que no se trata de un club recreativo, atlético o de “sports” donde tengan cabida multitud de disciplinas como los que se formarían a principios del siglo XX, pero también se allana el camino para descartar que se tratase de un club a imagen y semejanza de los británicos que ciudadanos residentes en España procedentes de aquel país solían constituir para llevar a cabo actividades culturales donde tenían cabida tanto las sociales como las deportivas, clubs surgidos estos por doquier en todo aquel lugar donde hubiese una concentración de británicos más o menos numerosa.

La presencia masiva de nobles y caballeros españoles, superior en número a la de ciudadanos británicos, además de transmitirnos qué clase de personas estaban detrás de la organización con todo lo que su status social implica, habla a las claras de que no se trataba de un “British Club”, sino de una sociedad mixta constituida por españoles y británicos para jugar al fútbol y al cricket sin más intenciones, todo ello independientemente de conocer de quiénes partió la idea.

La existencia de gran cantidad de españoles y la elección del nombre de la sociedad, aleja al club madrileño de los constituidos en Minas de Riotinto en 1878, Huelva en 1889 y Vigo en fecha a determinar, los tres con connotaciones puramente británicas donde la mezcolanza entre actividades sociales, culturales y deportivas iba intrínsecamente relacionadas con sus costumbres y en torno a una o varias empresas, mientras que lo acerca al club de fútbol de Sevilla constituido en 1890 y a los clubs de cricket y regatas surgidos tanto en Sevilla como en Jerez de La Frontera nacidos varios años con antelación donde la actividad desempeñada era la titular que denominaba al club, manteniéndose al margen otras finalidades de aspecto cultural, social o costumbrista propias de los “British Club”.

Las raíces del Cricket y Foot-ball Club de Madrid y sus protagonistas

Revisando la nómina de integrantes que conforman el Cricket y Foot-ball Club de Madrid, percibimos gran cantidad de nobles de aquellos tiempos, así como distinguidos caballeros que ocupaban cargos de importancia en la sociedad del Madrid de los años setenta. Estos, junto a ciudadanos de origen británico residentes en la capital por cualquier circunstancia, debieron mantener una especial relación hasta el punto de dedicar parte de su tiempo libre, entre otras variopintas actividades, a la práctica de “sports”.

Entender la práctica de una o dos actividades deportivas como finalidad única por parte de una serie de señores que pertenecían a la alta aristocracia y burguesía española o británica, obviamente no era un fin en sí mismo, y en el trasfondo de la cuestión existían otras premisas de corte económico como eran mantener relaciones comerciales y negocios entre todos ellos, incluso políticas, convirtiéndose la vertiente deportiva en una excusa para reunirse de vez en cuando y, a la vez que intercambiar pareceres, aprovechar el tiempo para hacer algo de ejercicio.

La elección del cricket y el fútbol como “sports” abanderados tampoco fue casual y gran parte de la culpa recayó en los éxitos que ambos deportes estaban alcanzando entre la población del Reino Unido, de gran popularidad. El cricket, entre las altas esferas, causaba furor y era muy bien visto para distraer a colectivos no muy numerosos en campo abierto bajo un tranquilo y muy sosegado ritmo que relajaba a sus protagonistas y apenas les suponía un gran esfuerzo al no requerir un excepcional estado de forma. El empleo de bate y bola demandaba gran habilidad y en las tardes de verano resultaba idóneo para pasar un buen rato, teniendo cabida en su práctica un extenso abanico de edades que le hacía especialmente atractivo para conjugar a jóvenes, no tan jóvenes y maduros con ciertos problemas de movilidad.

En cuanto al fútbol, este deporte era la gran pasión de las masas medias y también de los burgueses. El empleo de una pelota grande o balón hacía que su práctica fuese sencilla, consiguiéndose con la obtención de un tanto -algo por entonces difícil-, un éxtasis colectivo que entusiasmaba tanto a los que jugaban como a los espectadores que se solían congregar para verlos en activo. Su expansión en el Reino Unido era enorme, el de más crecimiento sin duda, logrando desbancar a otros tradicionales y ser capaz de reunir a varios miles de personas en encuentros de máximo interés. El único pero en contra era que había que correr demasiado en un sentido u otro, algo que cansaba sobremanera a sus practicantes.

El snobismo de los españoles respecto a aquellas disciplinas deportivas británicas y todo lo que allí destacaba era tal, que dicha admiración por lo británico y por sentirse dentro de la cresta provocó que, por una vez, tanto británicos como españoles coincidieran en una propuesta en común: constituir un club de cricket y fútbol, una dualidad muy de moda como los que había en el Reino Unido y, recientemente, en otros países europeos y sudamericanos donde se habían podido exportar desde las islas con inusitado éxito. La suerte estaba echada y la elección no podía defraudarles ya que se cubría toda la temporada a partes iguales: fútbol para el invierno y cricket para el verano, dos deportes compatibles entre sí y con una ciudad como Madrid, carente de un río con caudal suficiente para atreverse con otras disciplinas como las regatas, muy en boga en Jerez de La Frontera, Sevilla o Cádiz.

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Entre la membresía del Cricket y Foot-ball Club de Madrid y siguiendo un orden jerárquico, distinguimos en primer orden a S.M. el Rey D. Alfonso XII, máxima autoridad nacional a quien se le ofreció el cargo de Presidente Honorífico por mediación del General D. Rafael de Echagüe, un militar con el cual mantenía una gran relación y quien se ofreció como voluntario para ganarse la tutela institucional y, aprovechando la tesitura, conseguir que el Rey les cediese el empleo del viejo Hipódromo del Real Sitio de la Casa de Campo, un recinto deportivo empleado entre 1845 y 1867 por la Sociedad de Fomento de la Cría de Caballos de España que en esos instantes estaba en desuso al contar Madrid con un nuevo hipódromo más moderno, el Hipódromo de La Castellana, inaugurado el 31 de enero de 1878 con motivo de los esponsales de S.M. el Rey D. Alfonso XII y Dª. María de las Mercedes de Orleans.

La presidencia fue concedida a D. José de Figueroa y Torres-Sotomayor, Vizconde de Irueste e hijo del Marqués de Villamejor, quien contaba con apenas 22 años siendo un muchacho con un futuro espléndido y una buena fortuna como primogénito de la familia Figueroa y Torres-Sotomayor, conseguida gracia a diferentes inversiones en minas distribuidas en toda España que les reportaban grandes beneficios. José de Figueroa, conocido por ser hermano mayor del Conde de Romanones, D. Álvaro, no estaba solo en la empresa y junto a él había otros nobles como el Vizconde de Benaesa y el Conde de Villanueva, quienes se rodearon de un amplio círculo de amistades entre los que destacaban militares y burgueses potentados con quienes compartían negocios, ocio e ideas.

La vicepresidencia del club fue compartida entre el británico Grentul y D. Álvaro Bertrán de Lis, siendo la dirección también compartida por D. Juan White y el Conde de Villanueva, mientras que el puesto de contador fue a parar a manos de D. Leonardo de Fesser. La tesorería quedaba a cargo del Sr. Velasco, repitiendo fórmula en la secretaría con la presencia de dos cargos, D. Carlos Heredia y el General D. Rafael de Echagüe y Bermingham, conocido militar y político que tuvo varios cargos de importancia en sus distintas facetas en vida y llegó a ser nombrado Conde del Serrallo.

Como se desprende del largo repertorio del cual constaba la directiva, la estructuración del Cricket y Foot-ball Club de Madrid, -Madrid Cricket & Foot-ball Club en inglés-, iba muy en serio y no había lugar para medias tintas: jerarquía de la sociedad al estilo británico con reparto de cargos, disponibilidad de un terreno de juego como era el Hipódromo de la Casa de Campo, tutelaje por parte de la Casa Real, la de más caché y una lista de miembros que se alargaba con la presencia de los españoles Guillermo Castellví, un militar que gozaba de gran amistad con el Rey, G. López, J.A. Topete, E. Elio, V.B. Chueta, G. Ruiz, G. Aguilera, A. Flores, J. Gamarra y E. Huertas, además de los británicos H.E. Harry, E. Jordan, J.A. White, G. White, Alkinson y H.A. Dalhia.

La fecha de constitución del Cricket y Foot-ball Club de Madrid

La más que completa y suculenta crónica del 16 de noviembre de 1879 publicada por El Campo: agricultura, jardinería y sport, nos refleja en unos cuantos párrafos un perfecto esbozo de cómo los deportes de origen británico causaban sensación dentro de la alta sociedad española. Sin embargo, pese a su generosidad, nos deja huérfanos de una fecha precisa y concreta en la que fue constituido el Cricket y Foot-ball Club de Madrid. Una pena.

Concentrado en la descripción del primer encuentro de cricket realizado por los miembros del club tras su constitución, el autor del artículo se recrea en las vicisitudes de los dos bandos en que se reparten los socios, el W y el H, ciñéndose a la obtención de los tantos, habilidades, incluso en el menú: un frío rost-beef típico británico y cómo no, arroz a la valenciana, siendo los postres queso de Chester y melón de Añover.

El encuentro, disputado en el Hipódromo de la Casa de Campo el 24 de octubre -la crónica fue escrita con antelación y tardó varias semanas en ser publicada-, nos indica por proximidad de fechas y por tratarse de la primera crónica de la constitución del club, que este pudo ser fundado en octubre de 1879 en fecha sin determinar, aunque el periodo de gestación se rememora como mínimo a mayo de ese mismo año según se desprende de la crónica del London Standard.

1879 – 1925: cuarenta y seis años sin noticias

Lamentablemente, la crónica del 16 de noviembre de 1879 fue la primera y última del Cricket y Foot-ball Club de Madrid: una directiva, un encuentro de cricket disputado el 24 de octubre, un terreno de juego -el del Hipódromo de la Casa de Campo- y dos alineaciones. Nada más. Muchos datos concentrados en una sola nota y muchos años sin saber absolutamente nada sobre este club con sus aventuras durante los años de reinado de S.M. el Rey D. Alfonso XII en una sociedad que fue auténticamente pionera en España, al menos desde el punto de vista futbolístico, por ser la primera en constar y quedar registrada como club de fútbol, aunque fuera en prensa y compartiendo viaje con el cricket, otra disciplina deportiva.

En los años posteriores a 1879 no se ha localizado una nota, comentario o cita referente al club madrileño, como si la tierra se lo tragase tras aquel encuentro del 24 de octubre y quedase disuelto mezclándose entre el bosque de hojas del frondoso arbolado de la Casa de Campo. Ni encuentros de cricket ni de fútbol, pero, ¿fue esto realmente así?

Especular con ello sin datos en la mano es realmente complicado pese a las pesquisas realizadas exhumando miles de páginas, pero si tomamos en cuenta la fuerte estructura del club, las molestias prestadas y la determinación con la cual aquellos hombres, todos potentados económicamente y con facultades para conducirlo durante un largo periodo afrontaron aquel proyecto, atendiendo a la razón es más que probable que prolongaran aquella aventura durante cierto tiempo porque, de no ser así, no se entendería tanta preparación para disputar un solo encuentro. Al menos, pruebas en contra no hay ni una sola, al contrario, el simple comentario de que el 24 de octubre era la fecha fijada para el inicio de la temporada y la promesa de una revancha por parte de los derrotados en el más breve plazo posible, nos hace pensar en una continuidad casi segura.

El Cricket y Foot-ball Club de Madrid fue una rara avis, un adelantado a su tiempo dentro de un país que desconocía el fútbol y donde las costumbres británicas, al margen del snobismo demostrado por la alta sociedad residente en Madrid, en España importaban bien poco. La capital del Estado, pese a contar con cuatrocientas mil almas, era una completa isla dentro de la piel de toro y la iniciativa aristocrática una gota de agua en medio del océano. Madrid no generó otro club de similares características capaz de presentar una sana rivalidad y con ella tirar del carro para incorporar nuevos practicantes, algo completamente necesario para la salud de cualquier iniciativa deportiva que desee mantenerse en candelero. El aislamiento de la sociedad deportiva matritense fue absoluto, tanto desde el punto de vista social entre el resto de sus convecinos al ser muy sectario y realizar su actividad en un recinto alejado del gentío de la talla del Hipódromo de la Casa de Campo como geográficamente, a una enorme distancia de otras iniciativas de similares características que empezaban a despuntar muy tímidamente en otros lugares como Vigo, Minas de Riotinto, Sevilla, Huelva y Jerez de La Frontera.

El Cricket y Foot-ball Club de Madrid gozó de un día de protagonismo en la prensa aristocrática y burguesa madrileña por su carácter pionero que contó con el beneplácito de un reducido sector que deseaba estar con la moda y que la ciudad estuviese a la altura de las principales ciudades británicas y europeas, un espejo al cual deseaban con toda su alma parecerse, pero la inexistencia de rivales en su entorno y las características de la sociedad española junto a la compleja situación económica, social y política de la época alfonsina fueron unos escollos insalvables que terminaron diluyéndolo a la vuelta de la esquina.

Pensar en posibles desplazamientos al suroeste peninsular para enfrentar a un grupo de nobles, militares y aristócratas con un grupo de empleados de una empresa minera en Minas de Riotinto o un grupo de directivos ligados a distintas empresas en Sevilla era algo impensable por varios motivos: ambas iniciativas no estaban en el mismo escalafón social, el desconocimiento mutuo era total, la distancia era un escollo considerable y las ocupaciones de todos los practicantes, tanto de los de Madrid como de los de las localidades andaluzas, tan dispares que en el supuesto caso de querer concertarse un encuentro este sería inviable por los respectivos compromisos que cada uno de ellos tenía inmersos en obligaciones con la Corte, el Ejército, negocios particulares y empresas.

La única salida posible para que el fútbol triunfase en Madrid era que surgieran en la villa y corte otras tentativas que abrieran una rivalidad directa o disponer de un entorno geográfico con ciudades de abundante población capaces de desarrollar una sociedad futbolística con la cual poder enfrentarse. Ni Madrid fue capaz de dar a luz un nuevo club, ni la capital estaba en un entorno como el británico donde la proliferación de ciudades medias era elevada y, gracias a su introducción en las actividades escolares y universitarias, el fútbol era un deporte que registraba cierta importancia entre la juventud surgiendo en muchas localidades clubs que, favorecidos por las cortas distancias, solían enfrentarse entre sí. Ante tales premisas, a las que es conveniente sumar la ausencia de una cantera forjada en los colegios de enseñanza, el futuro del Cricket y Foot-ball Club de Madrid estaba herido de muerte y es comprensible que no mereciese en lo sucesivo la atención de la prensa. No había nada que contar y el momento oportuno llegaría tres lustros después cuando, esta vez sí, el fútbol surgiría desde los centros educativos tras la aplicación de nuevas doctrinas que cimentaron una base que ha perdurado hasta hoy.

31 de mayo de 1925: “Blanco y Negro” rescata al gran olvidado

La situación política, social, económica y deportiva de Madrid en 1925 era muy diferente a la que encontramos en 1879. Cuarenta y seis años en la vida de un país son muchos y las circunstancias en cualquier orden son muy distintas al pasado. El país estaba dirigido por el General Miguel Primo de Rivera tras el golpe militar acaecido el 13 de septiembre de 1923, en el trono se mantenía plácidamente S.M. el Rey D. Alfonso XIII y por las calles de la capital discurrían gran cantidad de vehículos como automóviles y tranvías en medio de un gran gentío que iba, muy ocupado, de un sitio a otro.

En cuanto al fútbol se refiere, la ciudad contaba con una pléyade de sociedades muy asentadas que arrastraban a miles de aficionados a los campos, destacando sobremanera los carismáticos Real Madrid F.C., Athletic Club y Racing Club, grandes potencias que mantenían un duro pulso entre sí para ganarse el favor del público y deportivamente, para conseguir títulos a nivel regional y nacional. El país contaba con una Federación estatal, la R.F.E.F., quien organizaba un Campeonato de España que ya funcionaba perfectamente tras unos duros inicios y a nivel regional, la Federación Regional de Foot-ball del Centro de España concentraba todos los movimientos de las sociedades nacidas en el seno de las actuales comunidades autónomas de Madrid y Castilla-La Mancha junto a las provincias de Ávila y Segovia.

El fútbol era un deporte que se había convertido en un verdadero espectáculo de masas en donde recintos deportivos como Chamartín o el Metropolitano eran templos capaces de albergar durante casi dos horas a decenas de miles de espectadores, un deporte al fin y al cabo exitoso y en progresión que cada año captaba más atención tanto entre la población general como en prensa.

La prensa, vital para apoyar y engrandecer o ensombrecer cualquier movimiento, en modo alguno vivía al margen de lo que sucedía en las calles y uno de los medios de mayor divulgación en España, la popularísima revista Blanco y Negro, se ocupó brillantemente en su edición del 31 de mayo de 1925 en dedicar unas cuantas páginas a comentar de pasada en qué fechas habían sido introducidos desde el extranjero algunos deportes en la ciudad del oso y el madroño. De este modo el periodista Rubryk, quien firma el artículo, haciendo uso exhaustivo del texto publicado el 16 de noviembre de 1879 en la revista El Campo: agricultura, jardinería y sport, rescata del olvido en las páginas 82, 83 y 84 los pormenores de la Sociedad de Caza, fundada en 1851, la Sociedad de Tiro de Pichón, nacida en 1876, el lawn-tennis, surgido en 1877, el polo, introducido en 1878 y el cricket y el fútbol, cuya gestación remite a 1878.

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Rubryk cita nombre a nombre todos los implicados en la directiva de octubre de 1879 en el Cricket y Foot-ball Club de Madrid, incluso la presencia de S.M. el Rey D. Alfonso XII como Presidente de Honor, pero durante su crónica comete varios deslices importantes y se permite el lujo de verter apreciaciones personales sin ningún tipo de argumento, algo prohibitivo en el buen periodismo. Repasemos: en primer lugar obvia el nombre de la sociedad, Cricket y Foot-ball Club de Madrid, apreciación vital que debe constar en un artículo imperiosamente cuando se está comentado a todo el país que en Madrid se constituyó un club dedicado al fútbol en 1879 nada más y nada menos. En segundo lugar indica que tanto el cricket como el fútbol se introdujeron en 1878. ¿En base a qué datos si la única referencia al fútbol en la ciudad es de noviembre de 1879 y al cricket en ese mismo contexto y en una nota de prensa aparecida en mayo de 1879 en el británico London Standard? En tercer y último lugar, el error más grave, cuando textualmente dice sin prueba alguna que “El Cricket y ¡¡¡el Foot-ball!!! Se introdujeron en España en 1878, aunque, en honor a la verdad, si la Sociedad tomó como título ambos nombres, sólo puso en práctica el primero”.

Como se desprende de tal crónica y tales comentarios subjetivos, aunque la intención de Rubryk es positiva inicialmente al intentar describir temporal y evolutivamente la introducción de varias disciplinas deportivas en Madrid, finalmente su artículo es enteramente deficiente en cuando comete errores significativos y, descuidadamente, obvia y manipula parte de nuestra historia.

Rubryk priva a los lectores de mayo de 1925 de conocer el nombre de la sociedad que alberga y promueve el ejercicio del cricket y el fútbol en la ciudad de Madrid en 1879, un nombre básico para iniciar cualquier investigación y apunte que debería figurar con letras de oro cuando se refleja el origen del fútbol español y sus protagonistas. Pero con este “olvido” también contribuye a no situar sobre el mapa a un club madrileño como el primero en España en jugar al fútbol, aunque no fuese su única finalidad, alimentando con ello las especulaciones y debates sobre quién fue la primera sociedad en dedicarse con plena dedicación a esta disciplina o, al menos, contar con ella entre otras tantas.

Con su comentario sobre la introducción del fútbol en España en 1878 acrecienta la confusión de modo innecesario puesto que tal fecha nunca ha sido mencionada con anterioridad por nadie. A lo sumo, Rubryk puede intuir que en esa fecha debió de gestarse el club y que quizás ya hubo practicantes en Madrid, algo lógico y en lo que llegado el caso pueda llevar parte de razón, pero sin información de primera mano el hecho de resaltar ese preciso año es ir demasiado lejos.

En el año en que fue escrito su artículo, 1925, se conocía a la perfección que el Huelva Recreation Club fue constituido el 18 de diciembre de 1889, aunque se ignoraba por completo que en 1878, según se defiende en Minas de Riotinto -sin documento que lo acredite-, los empleados de la empresa Rio Tinto Company Ltd., constituyeron un “British Club” que, al parecer, dedicaba tiempo de su ocio a la práctica de este deporte. El apunte de Rubryk sobre la introducción del fútbol en España en 1878 es perfectamente cuestionable visto desde la información que se maneja hoy en día y, aunque en realidad 1879 es la fecha correcta en cuanto a la aparición de un club cuya finalidad era la práctica de fútbol, no anda muy desencaminado a la hora de acotarla puesto que las dos citas periodísticas halladas antes de 1879: año 1870 en Jerez de La Frontera y 1876 en Vigo, son pinceladas que jamás van acompañadas de un nombre oficial a pesar de que figura el término “foot-ball”.

El gran error de Rubryk es decir con demasiada alegría que de los dos nombres que disponía el club de Madrid “sólo puso en práctica el primero”. Este comentario totalmente subjetivo es un error garrafal por parte del articulista, quien demasiado centrado en la pormenorización del encuentro de cricket del día 24 de octubre de 1879 se “olvida” por completo de que aquella puesta en largo de la sociedad inaugurando la temporada era la mitad de su actividad, la que se disputaba cuando la temperatura era elevada o templada, mientras que la otra, el fútbol, al igual que sucedía en otras latitudes y en localidades como en Sevilla y Barcelona con el remo y el fútbol, este último deporte se disputaba cuando llegaba el frío.

En un alarde de suposiciones, Rubryk descarta la práctica del fútbol por no haber encontrado una sola crónica de este club, algo improbable puesto que era el cincuenta por cien de su finalidad, pero es que además se contradice a sí mismo en grado sumo puesto que en un mismo artículo no se puede decir en un párrafo que el fútbol fue introducido en 1878 (sic) y en el siguiente que la sociedad encargada en introducirlo no lo puso en práctica. Es incoherente a todas luces.

Un club titulado y de foot-ball

Para los advenedizos o neófitos en cuestiones relacionadas con la historia del fútbol en general y del español en particular que no hayan bebido en las pautas que marca la evolución de este deporte en nuestro país, entendamos con ello a su introducción, progresión y finalmente posterior legislación antes de su expansión en masa, tomar las palabras del periodista Rubryk al pie de la letra dando un especial y marcado énfasis a su categórica y a la par inexistente argumentación que niega cualquier atisbo de práctica futbolística por parte de los socios del Cricket y Foot-ball Club de Madrid dejando completamente de lado la enorme trascendencia que engloba su contexto, indudablemente es un error grave propio de principiantes y aficionados poco duchos, además faltos de experiencia.

La importancia de la noticia de 1879 no es que no se relaten los pormenores de un encuentro de fútbol como algunos pueden ver, sino que quienes la protagonizan pertenecen a un club que practica dos disciplinas deportivas, cricket y fútbol y que aparece en el epígrafe que encabeza el artículo: Cricket y Foot-ball Club. Intentar resaltar la no disputa de un encuentro como hecho remarcable en lugar de centrar la atención en los intrínsecos (adj: que es propio o característico de una cosa por sí misma y no por causas exteriores) de los nobles y aristócratas de aquella sociedad que -por el hecho de ser nobles hacían cosas propias de los nobles y aristócratas- fue la primera en toda España en llevar labrado en su nombre el sustantivo “foot-ball”, es no ver más allá de lo que se tiene enfrente. Veamos por qué.

De todos es conocido que en el mundo actual, y también en el de hace muchas décadas y siglos atrás, para qué negarlo, el estrado empresarial ha podido desarrollarse y crecer gracias al ingenio aplicado en la investigación, el famoso I+D -Investigación y Desarrollo- que todos ahora conocemos en tiempos de crisis y que presuntamente es nuevo, aunque en realidad es más viejo que la tos y que pocos en España aplican, salvo honrosas excepciones. La investigación ha deparado tradicionalmente grandes descubrimientos, ha mejorado sustancialmente nuestra vida y cómo no, nos ha enriquecido técnica, social y culturalmente. Si somos un poco hábiles y cogemos con pinzas ambos factores, I+D, y con sumo cuidado los trasladamos al mundo de la historia del fútbol, el nuestro, por poco esfuerzo que hagamos y con un mínimo de nociones veremos cómo aplicando ambos principios somos capaces de conseguir con el tiempo descubrir cosas que apenas hace cinco años desconocíamos o habíamos pasado desapercibidas por confusión, omisión o falta de aplicación.

El título de Cricket y Foot-ball Club de Madrid, como indica Nuevavilla en El Campo: agricultura, jardinería y Sport, habla por sí mismo de qué va esta sociedad, y en perfecto castellano, para que se entienda. No merece más comentarios y no deja dudas: cricket y fútbol, o fútbol y cricket, tanto monta como monta tanto. Esta sociedad de tan explícito título, porque decir intitulada sería faltar a la verdad y sólo se podría aplicar en el caso de que fuese una sociedad sin nombre y esta lo tiene, y bastante clarito, tuvo una vida efímera y hasta nuestros tiempos, gracias a un artículo periodístico escrito en 1879 -soportado por dos más, uno en mayo del mismo 1879 y otro de 1925-, sabemos que fue constituida legalmente y gozó de junta directiva con cargos, además, bastante conocidos.

El legado histórico de su primer encuentro oficial, a pesar de con miembros del mismo club divididos en dos bandos -como solía suceder en las sociedades primigenias-, aunque fuese dedicado a la disciplina del cricket, no es en absoluto óbice para defender a ultranza que jamás practicase fútbol. Es inconcebible pensar lo contrario. Si se funda un club bajo la denominación del Cricket y Foot-ball Club, es porque la inteligencia de todos sus socios conduce a esa finalidad: jugar al cricket y al fútbol, no sólo al cricket, como tampoco solo al fútbol.

La investigación aplicada a la historia del fútbol, todos esos factores de los que hacemos uso cuando aplicamos nuestro particular I+D, por experiencia nos dice que siempre que se constituye una sociedad, siempre, previamente sus partícipes la han puesto en práctica con anterioridad. A nadie se le ocurre montar un club de fútbol sin haber jugado antes, como tampoco a nadie se le ocurre montar una panadería sin saber hacer pan, o cualquier industria, sea de la finalidad que sea, sin tener unos conocimientos previos. Es irracional.

Rubryk tergiversa lo ocurrido con esta sociedad y se arma un lío enorme cuando dice textualmente “el Cricket y el ¡¡¡Foot-ball!!! Se introdujeron en España en 1878, aunque, en honor a la verdad, si la Sociedad tomó como título ambos nombres, sólo puso en práctica el primero”. No tiene las cosas claras, o blanco o negro, o frío o calor, pero nunca gris o templado, ¡algo de cordura, por favor!

Si se dice que en 1878 se introdujo el fútbol en Madrid es porque los futuros miembros del Cricket y Foot-ball Club de Madrid fueron quienes lo pusieron en práctica, al igual que sucede con el cricket. Sólo cuando se vieron convencidos de que el asunto podía fraguar y consolidarse es cuando dieron el paso de constituirse, si no, ¿para qué? En 1879, un año después de las reuniones y prácticas es cuando se toman la molestia de implicar al Rey, con lo que ello supone, de elegir una junta directiva y de comprometerse con el monarca para que les ceda el uso de la Casa de Campo. Si no van a jugar al fútbol y tan sólo se van a interesar por el cricket, ¿para qué titular al club como de Cricket y Foot-ball?

Aferrarse a una crónica de 1879 donde se habla de forma tan transparentemente de una sociedad de cricket y de fútbol como uña y carne, inseparables, tratando de “aislar” la referencia de un partido de cricket al resto de su contexto para pretender argumentar que esta sociedad nunca jugó al fútbol es irrisorio e insostenible por más que se quiera decir lo contrario. Solo por el hecho de que no haya ninguna referencia documentada más de las encontradas respecto esta sociedad en los años posteriores no es suficiente motivo para insinuar, ni mucho menos defender rotundamente que el club madrileño no jugase al fútbol, puesto que sería darle a la prensa un papel extremadamente importante y que no le pertenece, es decir, el de actuar como notario, un calificativo extensible, por supuesto, al periodista Rubryk.

Y qué podríamos decir si hubiese ocurrido al contrario, es decir, si la nota de prensa de 1897 en lugar de documentar un encuentro de cricket lo hubiese hecho de fútbol, ¿diríamos “en honor de la verdad” que esta sociedad nunca jugó al cricket? Esto no es serio y hay que ser más profesional.

El club madrileño es uno más de los que se acogieron a la moda extendida en parte de Europa y Sudamérica a la hora de constituir sociedades mixtas donde a la par se daba rienda suelta tanto al cricket como al fútbol, sociedades casi todas ellas donde en primer lugar aparecía el nombre de la ciudad seguido a continuación de las disciplinas que ejercía, cricket y fútbol en este caso. La peculiaridad del club español es que su nombre es en castellano y no en inglés como era habitual -en algo íbamos a ser pioneros- y así nos encontramos que primero aparecen las actividades, cricket y fútbol, para luego concluir con el nombre de la localidad, Madrid. En otras partes se siguió el código británico y así lo corroboran Lima Cricket & Foot-ball Club, Genoa Cricket & Foot-ball Club, Milano Foot-ball & Cricket Club, Torino Cricket & Foot-ball Club y un largo etcétera de club constituidos en el Reino Unido y sus colonias.

Hacer uso de opiniones tan subjetivas sin ser parte presente en 1879 y hacer alusiones “en honor a la verdad” o extraer conclusiones tan taxativas como “nunca jugaron al fútbol” sin poderse corroborar o demostrar con argumentos y pruebas sólidas, es papel mojado que no se sostiene en pie. Rubryk pecó en exceso por sobrepasar con supuestos, a los que él dio carácter de categóricos, la información que manejaba y extralimitarse en sus conclusiones y, quienes hoy en día sigan esta corriente y se suban a este carro, deberán de demostrar con hechos y pruebas contundentes que aquel club nunca jugó al fútbol, porque de lo contrario, sin argumentos, serán víctimas del inmovilismo histórico y de los mismos errores que rodearon a Rubryk en 1925.

Aplicar la filosofía inmovilista en este club es un error que podría ocultar -afortunadamente no va a ser así- y dejar desapercibido para la historia una sociedad pionera -aunque breve-, tan importante como esta, una sociedad adelantada en casi dos décadas a las que le siguieron a finales del siglo XIX y, lo peor de todo, aplicando el mismo razonamiento se podría decir que el Huelva Recreation Club no jugó al fútbol durante casi una década porque no hay registros bajo este nombre, que el Sevilla Foot-ball Club tampoco jugó al fútbol a partir de 1893 por los mismos motivos y, si somos algo mezquinos, podríamos incluso pensar que los socios del Huelva Recreation Club nunca jugaron al fútbol antes del encuentro del 8 de marzo de 1890 frente al Sevilla Foot-ball Club porque en la prensa se dice que estuvieron durante semanas entrenando juntos porque nunca lo habían hecho antes, es decir, dejando entrever que desconocían las normas de este deporte y nunca lo habían practicado.

De aferrarnos con los dientes y no con el sentido común a los comentarios periodísticos como si se tratasen cual dogmas de fe, correríamos el desatinado e indeseable riesgo de convertir la Historia en historieta, algo que no recomendamos a nadie. Ese no es el camino. La historia es algo más que una crónica. El inmovilismo histórico, el gran enemigo de la investigación, ha de ser enterrado definitivamente: cierra puertas en lugar de abrirlas y condena a sus seguidores a vivir ensimismados en un mundo angosto, sin ventilación, y la falta de aire ahoga, o sea, mata, no lo olvidemos.

Los efectos del Cricket y Foot-ball Club de Madrid de 1879

El reciente redescubrimiento del Cricket y Foot-ball Club de Madrid sitúa, de momento, al club madrileño como el primero en ser constituido en España reflejando en su denominación el término “foot-ball”, un término exclusivo para aquellas sociedades que fueran creadas antaño y, entre sus estatutos, rezaba la práctica y fomento de esta disciplina deportiva. La existencia y constatación de este club supone un gran paso adelante en la búsqueda y cerca de nuestros orígenes en este deporte, un camino del cual todavía queda mucho camino por recorrer y que, en ocasiones, depara grandes frutos como el presente que se adelanta en once años, una cifra importante, al Sevilla Foot-ball Club, sociedad ésta considerada hasta la fecha como la primera registrada en lucir bajo su denominación oficial y de forma única, el referido término “foot-ball club”.

El Cricket y Foot-ball Club de Madrid precede también en antigüedad al Real Club Recreativo de Huelva de 1889, una década de diferencia, sociedad ésta constituida para el recreo social y deportivo de los británicos residentes en la capital onubense y que, prácticamente recién fundada, dispuso de un grupo de practicantes para jugar al fútbol tras la invitación de la que fue hecha parte en pos de realizar el primer encuentro de fútbol entre dos sociedades constituidas en suelo español allá por 1890.

El club madrileño también adelanta en el tiempo al Riotinto Balompié actual, club fundado como Riotinto Foot-ball Club que fue gestado en los intestinos del British Club surgido, supuestamente, en 1878, aunque no existe documentación del acontecimiento y todas las pruebas hacen indicar, si no se demuestra lo contrario, que su creación fue unos años posterior.

La sociedad matritense no cambia nada de lo conocido y mantenido hasta ahora pues su brevedad en el tiempo y la dualidad a la hora de practicar al unísono tanto cricket como fútbol, le confiere un carácter especial que le diferencia de las anteriormente mencionadas. El Riotinto Balompié seguirá liderando a la localidad que probablemente antes se iniciase en la práctica del fútbol en España, Minas de Riotinto, allá por los años setenta aunque sin club organizado y dudas más que razonables respecto a la fecha exacta de la constitución de su British Club, mientras que Huelva, gracias al mérito del Huelva Recreation Club, sigue siendo la localidad donde su sociedad más representativa se mantiene más tiempo en activo jugando al fútbol, desde 1889, aunque no fuese fundada con esa finalidad. Respecto al Sevilla Foot-ball Club, sigue siendo la primera sociedad deportiva creada expresamente para jugar al fútbol, 1890.

La particularidad del Cricket y Foot-ball Club de Madrid, o mejor dicho, las particularidades que alberga son varias y entre ellas recordamos las siguientes: que se trata de un club formado por mayoría de miembros de origen español y una minoría de británicos, lo contrario que sucede en instituciones coetáneas o que se formarán años después; que sus socios no pertenecen a una empresa o empresas en concreto, sino a un mundo muy exclusivo como es la alta aristocracia, burguesía y nobleza que sólo se puede concentrar en la capital del Estado como es Madrid; que su finalidad no es social, cultural ni costumbrista, sino poner en práctica una serie de deportes; que las actividades elegidas son varias y no solo una, cricket y fútbol al unísono; que es la primera en dedicarse al fútbol de manera documentada, sin tapujos; y finalmente que cuenta con el apoyo de la máxima autoridad del Estado: S.M. el Rey D. Alfonso XII, quien les tutela y ofrece el uso del Hipódromo de la Casa de Campo, todo un gesto que le implica en la operación.

El Cricket y Foot-ball Club de Madrid merece por sí mismo un puesto de honor en la historia del fútbol español junto a los episodios más renombrados y destacados de este deporte, no lo ignoremos como ha sucedido en estos últimos ciento treinta y cuatro años, pero también es un éxito de las nuevas tecnologías y de la capacidad de conocimiento que reúnen los archivos documentados en las hemerotecas digitales, un mundo por explorar y abierto a cualquiera que, con una preparación suficiente, desee rebuscar en el pasado y completar aquellas piezas que durante años y años han permanecido ausentes de este puzle inacabado que es la historia del fútbol español. En nuestras manos queda proseguir el trabajo.

© Vicent Masià. Septiembre 2013.

 

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I Jornadas de Historia y Deporte.
Conferencias Fundación Sevilla F.C.

 

HF I Jornadas Historia Sevilla 1

El pasado 14 de febrero y con motivo de las “I Jornadas sobre Historia y Deporte”, organizadas por la Fundación Centenario Sevilla Fútbol Club, tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla una magnífica conferencia donde se expusieron con todo tipo de detalles las vicisitudes que dieron en primer término origen al Sevilla Fútbol Club en 1890 y posteriormente a su consolidación en 1905.

Absortos por tan incomparable marco, el acto partía con dos testigos de fondo que con su muda presencia parecían querer ser testimonio de lo que allí se iba a contar para dar fe de lo ocurrido: de un lado un inmenso cuadro de Carlos III, un rey español recordado por todos tras comandar la época de la Ilustración y abrirnos las puertas para convertirnos en una sociedad moderna cuyas obras todavía subyacen en la memoria colectiva y, en el centro, otro cuadro, en esta ocasión de nuestro actual monarca, Juan Carlos I, garante de la unidad del pueblo español y figura de obligada presencia.

Acompañados con personajes de tanta trascendencia y en medio de un salón con igual carga histórica el acto no podía discurrir por otros cauces que fueran los meramente históricos y así, a las 16:30, hora oficial prevista, se iniciaba la conferencia con la representación del rectorado universitario y D. Carlos Romero, portavoz del Área de Historia del Sevilla Fútbol Club, quienes hicieron una perfecta y suculenta introducción de los motivos por los cuales se había convocado la Jornada y de lo que de ella se esperaba para el sevillismo y para el conjunto de la ciudad.

HF I Jornadas Historia Sevilla 2

Tomó a continuación la palabra D. Miguel Ángel Moreno, gran periodista colaborador de SFC TV y SFC Radio, quien realizó magistralmente la labor de moderador encargándose de presentar de forma sintetizada, pero sin perder un solo detalle, a cada uno de los ponentes, iniciándose la rueda de ponencias que se desarrolló de la siguiente forma:

1º) La Prensa Sevillana en los inicios de la Era de los Deportes, por D. José María Aguilar Rodríguez, periodista de ABC Sevilla. Conocido popularmente como “el Niño”, José María hizo un extenso repaso de cómo aparecen los primeros periódicos en época romana, cómo surgen en España, además de cuáles fueron las vivencias de los rotativos hispalenses en la ciudad de Sevilla entre 1890-1905 y algunos de los años anteriores y posteriores a esta etapa, dejando constancia de su sabiduría en este aspecto al reseñar lo difícil de aquellos tiempos respecto al deporte y el trato que este recibía por parte del periodismo, muy distante con un movimiento que iba a convertirse apenas unas décadas después en todo un fenómeno para las masas.

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2º) El Derecho de Asociación y la Ley de Asociaciones de 1887. Constitución y Registro, por D. José Manuel García-Quilez Gómez, abogado de Montero y Aramburu, profesor de Derecho Mercantil de la Universidad de Sevilla. José Manuel tuvo que lidiar con la res más brava: la jurídica. Experto en esta materia, se desenvolvió como pez en el agua y con un lenguaje fácil y cuotidiano, alejado del temido argot empleado en el círculo jurídico, nos transmitió con sumo esmero y esquisitez cómo era la Ley general en aquellos tiempos, cómo la Ley se adapta al deporte y el trato que se le empieza a dar a un mundo todavía en pañales donde el “sport” es cada vez más un asunto menos elitista y más popular.

3º) Los Orígenes Escoceses del Fútbol Español. Los Protoclubs. El Caso del Sevilla Fútbol Club, por D. Vicent Masiá Pous, investigador y director de La Futbolteca.com. Nuestro compañero Vicent, experto conocedor del fútbol español, revisionista y voz cualificada para estos menesteres, hizo hincapié con una óptica transparente de cómo los británicos escoceses tomaron la iniciativa en España para asentar el fútbol, cómo surgieron los clubs primitivos o “protoclubs” dando forma o paso a los grandes clubs históricos de la actualidad y finalmente por qué el Sevilla Fútbol Club fue constituido en 1890 como una sociedad exclusiva y meramente futbolística, cuáles son las pruebas que lo confirman rotundamente y la libre elección que tiene el sevillismo para determinar su futuro y… su pasado.

Tras un meritorio descanso para todos los asistentes en el que aprovechamos para tomar algo de fuerza, estirar las piernas y memorizar todo lo que nuestras mentes habían asimilado durante las tres primeras ponencias, llegó el momento de la cuarta exposición.

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4º) La Ciudad de Sevilla y el Origen del Sevilla Fútbol Club, por D. Rafael Sánchez Mantero, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla. Rafael, hombre lúcido y con una capacidad dialéctica fuera de duda, nos hizo un retrato pormenorizado de la ciudad en aquel periodo aportándonos pinceladas de los diferentes estratos sociales, de una ciudad romántica por excelencia en ojos de extranjeros y de cómo Sevilla estaba pasando por un momento de transición de una ciudad degradada con un pasado esplendoroso todavía añorado, a una ciudad moderna con luz, agua potable, electricidad y una reconstrucción urbanística proyectada para su salubridad. Entre tanta innovación el Sevilla Fútbol Club tenía que aparecer en algún momento pues los mimbres para llevarlo a cabo estaban sobre la mesa y solo hacía falta un buen artesano para darle forma.

Concluidas las cuatro ponencias con las cuales todo el público asistente obtuvo una visión global de su ciudad entre 1890-1905, de cómo aparecen los británicos, traen consigo el fútbol, cómo lo expanden y cuáles fueron los pasos jurídicos que las distintas sociedades deportivas decimonónicas tuvieron que soportar para adaptarse a la legalidad española, tuvo paso una Mesa Redonda, lamentablemente breve por cuestiones de horario, en la cual cada uno de los ponentes respondió a una pregunta realizada por el moderador, Miguel Ángel Moreno, matizando parte de lo expuesto en la jornada vespertina y reforzando con más datos si cabe lo anteriormente comentado.

Como punto final y cerrando un acto memorable por cuestiones obvias en especial para el sevillismo, pero también para el fútbol español, D. José María del Nido Benavente, Presidente del Sevilla Fútbol Club, tuvo el honor de dar un breve, pero muy significativo discurso de clausura en el cual, sin salirse una coma de lo recogido en el artículo del 17 de marzo de 1890 de “The Dundee Courier“, como jurista dijo que en la Universidad lo primero que aprendió de los actos declaratorios es que han de ser sencillos y literales, apelando continuamente a la nota del cronista originalmente escrita en inglés quien decía “Hace seis semanas se constituyó el “Club de Football de Sevilla”. Sus cargos fueron debidamente elegidos y se decidió que deberíamos jugar bajo la reglas de la asociación…”.

El acto celebrado el día 14 de febrero de 2013 en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla no es un punto y aparte, ni un punto y final para el Sevilla Fútbol Club. Es un punto y seguido, el primer párrafo de una historia que debe fedatar la verdadera fecha de nacimiento del Sevilla Fútbol Club en el 25 de enero de 1890, quedando el mantenido 14 de octubre de 1905 como el de oficialización conforme a la legalidad española según dictaba la Ley de Asociaciones de 1887.

Como acertadamente dijo el Presidente, “los sevillistas debemos vanagloriarnos de que tan prestigios ponentes oficialicen a través de los datos que hoy se han dado aquí, el nacimiento de nuestra entidad”, recordando que “yo he dicho muchas veces, desde que llegue al cargo de presidente, que el Sevilla será lo que los sevillistas quieran que sea… Creo que el Área de Historia del club, y refrendado por el catedrático Sánchez Mantero aún con mas valor, han hecho un trabajo que sólo se puede hacer desde el conocimiento y el sentimiento”, unas palabras a las que nosotros, La Futbolteca, si se nos permite añadimos que el Sevilla Fútbol Club también será en su origen lo que sus socios deseen porque en sus manos hemos puesto las pruebas definitivas y contrastadas para que puedan elegir libremente sin que terceros elijan por ellos ni les digan cuándo nacieron. Eso, ha quedado atrás para siempre.

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El Sevilla Fútbol Club cuenta desde ahora no con un detallado informe, sino con dos: Uno redactado por el Área de Historia del propio club, una memoria extensísima con todo lujo de datos, comentarios en primera persona de los protagonistas, notas, fotografías y descripciones, y otro redactado por La Futbolteca, un equipo de investigadores totalmente neutral que desde la distancia pero con total rigurosidad y profesionalidad, hemos entregado al club para que entienda el por qué de las cosas, por qué sucedieron como sucedieron y cuáles son las conclusiones que se pueden extraer.

Ambos dossiers, tanto el argumentado por el Área de Historia del club como el elaborado por el equipo de La Futbolteca, son lo bastante completos, contundentes e irrefutables para certificar que el Sevilla Fútbol Club fue constituido el 25 de enero de 1890 y que es el mismo club que el oficializado el 14 de octubre de 1905, que dar el paso contrario, es decir, negar que sean el mismo y deshacer el camino recorrido, es IMPOSIBLE, tan imposible como negar que existen la noche y el día, que existen la luna y el sol o que es necesario respirar para vivir.

El trabajo desarrollado por el equipo de La Futbolteca, el que hemos confeccionado nosotros, no es fruto de un mes ni de un año de trabajo, sino fruto de más de una década de investigación acelerada en los últimos tiempos. Conocemos el caso del Sevilla Fútbol Club desde hace muchísimos años atrás, sabíamos lo que había detrás al igual que sabemos que lo saben otros quienes lo niegan, pero como profesionales no podíamos errar lanzando una notícia que era incompleta y de la cual nos faltaba una sola prueba para cerrar el círculo: su constitución. “The Dundee Courier” es la guinda del pastel, la prueba con la que se gana definitivamente el caso y contra la cual uno debe inclinarse por ser suprema e inquebrantable.

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Como ya hicimos extenso al conjunto de sevillistas que nos acompañaron en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla y luego personalmente al Presidente, D. José María del Nido, el pasado y el futuro del Sevilla Fútbol Club está en las manos de su afición, así que pueden hacer uso de nuestro dossier como crean oportuno porque para ustedes ha sido elaborado.

© La Futbolteca.com. Febrero 2013.

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titular HF Sevilla FC 1890

por Vicent Masià

 

La Futbolteca y el revisionismo histórico

La Futbolteca, nombre tomado por un reducido grupo de historiadores y personas que como quien les escribe, investigamos en el fútbol español, tiene entre sus múltiples funciones una en especial donde nos volcamos todos con apasionada dedicación: el revisionismo histórico.

El revisionismo histórico, tan denostado por unos y tan aplaudido por otros, cuando de una historia nacen miles y al final es casi imposible discernir la verdad de la fantasía o de los hechos no consumados, es un recurso ineludible en cualquier historiador que se precie o persona con inquietud por averiguar una circunstancia del pasado que le atrae profundamente pero que, a la vez, anda llena de espesas ramas que no dejan ver con meridiana claridad qué hay tras estas.

El estudio académico, puramente científico, con nuevos datos y más puntos de vista coetáneos hasta los entonces dominados, abre un extenso abanico de posibilidades que entierra de forma concluyente aquellos extractos poco precisos, sesgados o de uso peyorativo con fines privados o quién sabe si políticos que han convertido la Historia en historieta.

Esta herramienta nos servirá en el presente artículo como instrumento de precisión para que el historiador o investigador, como hábil cirujano, la haga servir con suma maestría para desmenuzar, negro sobre blanco, un episodio clave en la historia del fútbol español: el del Sevilla Foot-ball Club de 1890.

Introducción

Pertenecer a un club es un orgullo muy grande que a menudo trasciende de padres a hijos y en algunas ocasiones alcanza hasta varias generaciones. Quedar enrolado en un club y acudir cada dos semanas al estadio para ver jugar a los once jugadores que sobre el verde tapiz del terreno de juego forman tu equipo frente a otro que nos visita es un placer que nos presenta la vida. El club de cada uno es un miembro más de nuestra familia, de nuestro entorno social, local, regional, hasta incluso un apéndice de nuestro ser que nos influye marcando nuestra personalidad y estado de ánimo. El club es casi una religión y algo más: un sentimiento, como nuestra tierra, como los valores que nos inculcaron nuestros padres y a ellos nuestros antepasados, algo que nos ata a unos colores y a un escudo de por vida y llevamos con nosotros hasta después de la muerte, si es que hay algo más tras esta.

Sin embargo el club en el cual nos sentimos tan identificados y que nos ha acompañado o le hemos acompañado desde que tenemos uso de razón en el caso de ser una sociedad con larga historia, no siempre ha estado ahí. El fútbol, y con él los clubs, es un deporte con apenas un centenar largo de años de historia. Tan siquiera lo creamos o le dimos forma los españoles, aunque se nos da bien jugar a ello –bueno, al algunos más que a otros-, y tuvieron que ser ciudadanos británicos de origen inglés o escocés mayoritariamente quienes nos enseñaran sus virtudes y a apreciarlo para convertirlo, por qué no, en algo ya nuestro.

Esta relativa juventud del fútbol en la historia española con juegos de pelota mucho más arraigados como las distintas variantes de pelota a mano practicadas en el norte y este peninsular, o de mesa o salón en toda nuestra geografía como son los naipes, los dados, etc., hicieron que en un principio a consecuencia del lugar de procedencia de los nativos británicos con su actitud reservada, poco integrable y aislacionista, pasase casi por completo desapercibida para los periodistas decimonónicos y españoles en general, más preocupados en otros temas como los quehaceres sociales cuotidianos, el trabajo, alimentar a la familia y otras actividades lúdicas alejadas de correr tras una pelota, sudar mucho y padecer el riesgo de romperse una pierna o brazo.

El fútbol ni era bien visto ni era comprendido por los españoles. Era algo extraño, algo ajeno en lo que no participábamos y un juego demasiado moderno ni qué decir alejado de nuestras costumbres. Con estas premisas y sin un acelerador que le diera un empujón era muy complicado que cuajase y se inmiscuyese en nuestras vidas. El deporte, y en este caso el fútbol, nace como tantísimas otras actividades en el pueblo, en la calle, pero hasta que no llega a un cierto estamento social, digamos pudiente que perfecciona las reglas iniciales y le da un esquema normalizado, una estructura sólida, no triunfa. Luego recorre el camino inverso: pasa de las capas sociales más altas a las más bajas y es entonces cuando se populariza.

En todas las localidades españolas donde los británicos se establecieron y jugaron al fútbol en el último cuarto del s.XIX sucedió lo mismo: ellos jugaban y nosotros mirábamos. Para aprender sus reglas y jugar había que sintonizar con ellos y la única solución era o hablar su misma lengua -el inglés-, algo complicadísimo, o trabajar con ellos y que les faltase alguien en vistas a echar un partidillo. No cabía otra porque pelotas de fútbol en España ni había ni sabíamos hacerlas, a no ser que algún español tras realizar estudios universitarios en el Reino Unido y de vuelta al país trajese una como sucedió en más de una ocasión.

 

I Parte

La prensa histórica ante el Sevilla Fútbol Club SAD

La inicial, confusa y escasa repercusión de los deportes británicos

Para entender la divulgación y extensión de un deporte, en este caso el fútbol, no hay que hacerlo desde la óptica del mundo actual en el que las noticias y acontecimientos van de un país a otro en apenas unos segundos gracias a los grandes sistemas de comunicación de los que afortunadamente disponemos, sino que hay que ponerse chaqueta y bombín, acicalarse el bigote y extrapolarse mentalmente a aquellos tiempos poniéndonos en la mente de aquellas personas con lo que sabían, su educación, sus costumbres y en definitiva, su mundo.

Para los periodistas de la época los británicos eran gente extraña, personas que andaban siempre en grupo, hablaban una lengua desconocida, se ponían en paños menores para divertirse haciendo ejercicio y cuando terminaban tomaban cerveza, mucha cerveza. Lo que hacían o dejaban de hacer a la inmensa mayoría de los españoles no nos preocupaba y los periodistas, como una extensión de la sociedad de aquí, no reparaban en las prácticas deportivas de aquellos emigrantes que se ganaban el pan a varios miles de kilómetros de su tierra. Incluso el deporte de los españoles en sus distintas disciplinas apenas tenía cobijo en un par de líneas escritas de vez en cuando. ¿Cómo se iban a fijar en el fútbol y encima darle cabida en un periódico?

HF Sevilla FC 1890 1

Hasta finales de los años ochenta del s.XIX las referencias en cuanto a prácticas de juegos de pelota por parte de los británicos son más bien escasas y además sobradamente confusas. Dentro de los juegos de pelota existen varias disciplinas como son el cricket, el polo, el football rugby, el lawn-tennis, el football association o el golf y en las crónicas casi nunca se especifica de qué se habla salvo muy raras excepciones. La mezcolanza en algunos casos de patadas, golpes, cargas, puntapiés y conducción de una pelota entre las manos o los pies aparece bajo muchos relatos que van precedidos del término football, algo que nos indica que aquellos hombres o bien jugaban a rugby o bien a un fútbol primitivo donde las reglas todavía no estaban depuradas.

Leer una crónica donde se habla de juego de pelota sin más e intentar ver detrás la existencia de un club de fútbol o una sociedad que practica fútbol es una afirmación temeraria si no se tienen más datos que lo avalen. Puede tratarse de cualquier deporte donde haya una pelota mediante y aún tratándose de británicos desconocemos de qué disciplina se trata, quiénes la ponen en práctica y si se trata de una asociación o de un grupo reducido que deciden pasar un rato de distracción. Para vincular una práctica a un determinado club hay que demostrar que esta sociedad está convenientemente constituida mediante un acta o un reflejo publicado en prensa, que está estructurada con un presidente, un secretario y un tesorero, y que hay socios que mantienen sus gastos. Ante todo aquel movimiento que aparezca disfrazado como juego de pelota hay que ser extremadamente cauto y no lanzar las campanas al vuelo atribuyéndole una sociedad a la sombra o un cariz indiscutiblemente futbolístico porque no tener pruebas es como no tener nada. Sólo palabras.

La prensa y su papel como difusora del fútbol

Si el fútbol necesitaba un espaldarazo definitivo para asentarse y empezar a ser conocido, este se lo dio la prensa. Este medio de comunicación fue un arma indispensable para llegar a las masas, como vital es el uso de la publicidad hoy en día para vender productos, información o cualquier cosa que reporte ingresos. El acercamiento de la prensa al fútbol en la última década del s.XIX fue fundamental y, no solo por la publicación de crónicas, algo inexistente hasta la fecha, sino por la vertiente cultural e histórico-social que esto significaba en una sociedad como la española que vivía de espaldas a este tipo de acontecimientos.

La aproximación y la atención que prestan los periodistas desde el punto de vista histórico es primordial para recabar datos de primera mano y estudiar hoy, pasados más de cien años, cómo llegaron el fútbol y otros deportes a España, cómo se formaron los primeros grupos de practicantes, cómo de estos derivaron los “protoclubs” o clubs primitivos y sobre todo cómo evolucionaron estos y cuáles fueron sus vicisitudes.

Las primeras crónicas futbolísticas, tan distintas de las que se firman en algunos medios actuales, estaban llenas de anglicismos, de términos británicos directamente relacionados con este deporte y plenos de una liturgia que en más de una ocasión, más que de un encuentro deportivo parecía tratarse el extracto de un hermanamiento o celebración con algún trasfondo de orden familiar. Sin embargo aquellos primeros relatos no estaban exentos de emoción y de grandes pinceladas de orgullo local. Al leer uno de aquellos escritos, los ciudadanos tanto de Huelva, Sevilla o Bilbao por poner algunos ejemplos, a pesar de que los principales protagonistas eran extranjeros en su gran mayoría, ya tomaban partido por el equipo de casa y llámese Huelva Recreation Club, Sevilla Foot-ball Club o Athletic Club, estaban pendientes de que la victoria debía ser para los “equipiers” que conocían y veían actuar de vez en cuando. Había nacido la afición por el fútbol, en cada encuentro se reunían varios centenares de seguidores y gracias a la prensa, aquellos que por una razón u otra no habían asistido, podían disfrutar de una información que suplía su ausencia y alimentaba su ego si iba acompañado todo de una victoria.

La distinta implicación de la prensa

Como todo el mundo sabe, la prensa escrita es un medio de comunicación que a través de una publicación impresa divulga con carácter diario, semanal, quincenal o mensual una serie de noticias de índole económica, social, política, deportiva, cultural, incluso de sucesos que afectan a una comunidad. Su función básica es informar al ciudadano, pero obviamente dependiendo de quién sea el grupo de personas que conduzcan el rotativo y sus ideales encontraremos detrás de estas publicaciones un intento abierto y manifiesto de persuadir, promover, formar una opinión, educar y entretener al lector. La publicación de una noticia, sea del segmento que sea, siempre obedecerá a un interés determinado y la empresa que promueva un periódico se encargará de estudiarla y ver la conveniencia o no de imprimirla.

El fútbol no adquiere interés en España hasta 1890 y la explicación es muy sencilla: el Campeonato de Liga de Inglaterra. El nacimiento durante la temporada 1888-89 del “Football League Championship” es un punto de inflexión que afecta a todos los emigrantes británicos que hay repartidos en todo el globo terráqueo. Gracias a él y a los determinados puntos que reúne como son la existencia de clubs con jugadores profesionales, grandes aficiones detrás, directivos al margen de la plantilla y grandes recintos para albergar a una masa de personas considerable -en algunos casos varias decenas de miles de personas-, el “Football League Championship” despierta la curiosidad e interés de los propios británicos y de otros países quienes asisten admirados a lo que este tipo de eventos son capaces de lograr.

A partir de 1890 la prensa española a nivel general empieza a dejar las primeras pinceladas de este deporte y aunque son pocos los testimonios, al menos sí reflejan que se reconoce su existencia. La prensa de alcance nacional como la editada en Madrid y Barcelona se hace eco de las noticias que vienen de Inglaterra, aunque la falta de percepción de todo lo que sucede en España debido al aislamiento de las comunidades británicas especialmente, ocasiona que se desconozca en absoluto que en el sudeste peninsular o en Vigo ya existan grupos de personas que juegan al fútbol incluso están arropadas bajo el techo de un club.

La tardía aparición del fútbol en Madrid hace que la prensa apenas preste atención a aquel grupo de muchachos que dan forma al Sky Foot-ball Club, mientras que en Barcelona y solo unos años antes, las referencias al Club de Regatas y a la Sociedad de Foot-ball Barcelona andan a la par que la madrileña. A finales del s.XIX esta tendencia cambiará con el surgimiento de burgueses que siguiendo los pasos de la modernidad entenderán que el deporte es un bien social, algo que debe cultivarse y sobre todo transmitirse y propagarse. La creación de sociedades deportivas o filo-deportivas será un hecho y la publicación de semanarios deportivos donde se relaten estos acontecimientos algo tangible.

La prensa onubense

El caso de la actitud de la prensa onubense respecto al fútbol es excepcional y no tiene parangón en España hasta varias décadas después. La ciudad de Huelva, capital de la provincia homónima, cuenta en 1890 con dieciocho mil habitantes y un periódico creado en 1880 denominado La Provincia. Este medio de comunicación se encarga de transmitir noticias de alcance nacional, sobre todo de carácter político y hechos sucedidos en Andalucía no dejando de lado una crónica diaria sobre las distintas noticias de alcance que genera la propia ciudad de Huelva. Sin embargo hay un hecho que la distingue del resto de capitales de provincia y que, con el paso de los años, se convierte en vital para su salud económica: la empresa Rio-Tinto Company Ltd.

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El alcance de la empresa minera en la ciudad y su provincia es enorme hasta el punto de ser la mayor fuente de ingresos y la actividad que más empleo genera. Su importancia traspasa el ámbito provincial y el Estado es uno de los principales beneficiados, siendo la influencia sobre la sociedad onubense tan notable que la prosperidad que experimenta Huelva a raíz de la presencia de la empresa británica es incuestionable. El poder y el radio de acción de los británicos determinan la política onubense, la construcción de edificios, el fomento de sociedades deportivas, culturales, la conmemoración del Descubrimiento de América en su IV Centenario y cómo no la financiación de numerosos eventos.

La prensa de Huelva no puede vivir al margen de esta importantísima comunidad y La Provincia, el diario local, presta una destacadísima atención a todo lo que en ella se genera hasta el punto de relatar los viajes de ida y vuelta de los británicos a su tierra, los eventos sociales como cumpleaños de S.M. la Reina Dª Victoria y actividades lúdicas durante las fiestas de septiembre, o los distintos bailes de salón que semanalmente se realizan en el Hotel Colón. Bien sea en correcto inglés o en su defecto, traducido al español, los británicos emplean la plataforma que les ofrece La Provincia como tablón de noticias oficial en el cual dar a conocer su vida social.

Deportes de importación británica como el cricket, lawn-tennis, football, golf o polo se convierten de repente en noticiables y La Provincia, aunque de ámbito local y con apenas percepción por el resto de España, es el periódico que más labor hace en la difusión del fútbol a nivel nacional. Aunque con algunas notas futbolísticas antes de la constitución del Huelva Recreation Club el 18 de diciembre de 1889, La Provincia se convierte desde esta fecha en el órgano difusor de todo lo que se genera en torno a la actividad de este club, describiéndose el antes, el durante y el después de los encuentros que este club disputa frente a otros de la provincia como los de Minas de Riotinto y Tharsis, o los de otras provincias frente a los representantes de Sevilla, Málaga, Gibraltar e incluso algunos que no se mencionan pero se adivinan como los de Jerez de La Frontera y Cádiz.

La importancia de La Provincia no radica solo en descubrir cómo se origina el Huelva Recreation Club y quienes lo promueven, sino que a través y gracias a él se entiende el nacimiento del fútbol en España y en otras localidades al margen de Huelva y con anterioridad, Minas de Riotinto. Durante más de cien años hemos sabido de la existencia del fútbol en Sevilla, Tharsis, Minas de Riotinto y Málaga por la labor de este periódico y justo es el agradecer a los onubenses el gran trabajo realizado en este sentido.

8 de marzo de 1890: Sevilla Foot-ball Club vs Huelva Recreation Club

El encuentro disputado el 8 de marzo de 1890 en el interior del Hipódromo de Tablada de la capital hispalense entre el Sevilla Foot-ball Club y el Huelva Recreation Club es por ahora, y mientras no se encuentre otro documento que lo desmienta, el primer encuentro disputado en España por dos sociedades oficialmente constituidas en suelo español y además bajo las reglas de la Football Association. El Huelva Recreation Club, fundado el 18 de diciembre de 1889 y el Sevilla Foot-ball Club, fundado el 25 de enero de 1890 tienen ese honor, pero la Historia no se ha encargado por diversos motivos, de valorar del mismo modo a ambos protagonistas.

Así mientras el Huelva Recreation Club goza de un privilegio que le pertenece y nadie discute porque es suyo y es digno reconocérselo habiéndose encargado toda la ciudad de Huelva y el propio club en defenderlo, el Sevilla Foot-ball Club representa la otra cara de la moneda. Si en Huelva todo es cara, en Sevilla todo es cruz. Para empezar tradicionalmente han existido multitud de dudas en la propia ciudad hispalense acerca de la vinculación del Sevilla Foot-ball Club de 1890 con el Sevilla Foot-ball Club de 1905 dando por hecho sin un estudio pormenorizado que eran clubs distintos o al menos, interrelacionados. Nadie en Sevilla a lo largo de cien años se ha preocupado de analizar con todo tipo de detalle cómo surge el fútbol en la ciudad, cómo y quién lo mantiene en activo hasta 1905 y por qué causas se registra un Sevilla Foot-ball Club en 1905 habiendo desde quince años atrás otra sociedad con el mismo nombre, finalidad y componente social. El acomodo de la sociedad sevillana y sevillista conformándose con lo que algunos sevillistas han contado y otros no sevillistas han querido contar sobre ellos, ha sido una espada de Damocles con la que han cargado a cuestas inmerecida e ignorantemente que ha impedido un mayor conocimiento de su historia como club y como sociedad primigenia a la hora de difundir el fútbol en España.

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La falta de una prensa volcada en el club originado en 1890 que contase con pelos y señales quiénes fundan el club, de dónde proceden, dónde se juntan y de qué nacionalidad son sus miembros ha impedido durante un siglo entero saber a ciencia cierta en qué fecha se constituye el club, quién lo preside y si era un grupo de amigos como se nos ha “vendido” o un club con todas las de la Ley.

A pesar de que Sevilla era en 1890 una ciudad con ciento cuarenta y cinco mil habitantes, ninguno de los periódicos existentes prestó una atención fuera de lo común al fútbol y a lo que el Sevilla Foot-ball Club -su buque insignia- representaba para el fútbol local, andaluz y nacional. Periódicos como El Porvenir, El Tribuno, La Andalucía, El Baluarte o El Universal pasaron de puntillas con las noticias generadas por el club sevillano y así se limitaron a reproducir lo que el onubense La Provincia publicaba o a no decir nada como en la mayoría de las ocasiones sucedió. Otro periódico hispalense, El Mercantil, órgano de comunicación de la institución del mismo nombre y a la cual pertenecían la mayor parte de los socios del club de fútbol, tampoco fue más allá y, al contrario que sucede con el papel desempeñado por La Provincia con el Huelva Recreation Club, apenas ha dejado vestigios sobre el origen de la sociedad futbolística como si tuviera la menor importancia.

La lectura del 8 de marzo de 1890

El encuentro del 8 de marzo pese a su incuestionable importancia histórica deja muchas lecturas a posteriori que quizás no se han tratado con el grado de atención que requieren. De un lado no es igual el trato que se le da al “match” desde la prensa onubense, más implicada y detallista, que desde la prensa sevillana, menos comprometida. Para los onubenses es una noticia de alcance máxime cuando se trata del primer encuentro de fútbol que disputa su recién constituido club, una institución formada por británicos con gran peso social en la ciudad, mientras que para los sevillanos, habitantes de una ciudad más grande y con una menor dependencia respecto a empresas foráneas, es una rareza el que un grupo de hispano-británicos hayan constituido un club de fútbol y encima se enfrenten a una sociedad onubense de parecidas características.

Negar la importancia de este encuentro y conducirlo a otros derroteros interesados no es de recibo, ni por supuesto lo vamos a considerar siquiera, porque etiquetar a uno de los dos contendientes, el Sevilla Foot-ball Club, como un “equipo de ingleses” y no como una sociedad constituida es cuanto menos un atropello a la historia y una afrenta a las aficiones tanto del Real Club Recreativo de Huelva SAD como, por supuesto, del Sevilla Fútbol Club SAD, la parte ninguneada. Quienes abanderan esta digamos, “propuesta”, por decir alguna cosa, ¡en qué cabeza cabe esto!, deberían analizar profunda y detenidamente sus repercusiones puesto que negar que el Sevilla Foot-ball Club fue el rival del Huelva Recreation Club es también negar que el hoy Real Club Recreativo de Huelva SAD fue uno de los dos primeros clubs en España en disputar un encuentro entre dos sociedades legalmente constituidas, un honor del que evidentemente quedaría desposeído de seguirse esta trama.

El “match” de marzo visto desde el punto de vista que da analizarlo una vez transcurridos ciento veinte años, bajo nuestra opinión es injusto con el Rio-Tinto English Club, una sociedad creada en 1878 que juega al fútbol antes que los dos clubs mencionados. A tenor de las circunstancias lo más lógico hubiera sido para el estreno del club recreativo un enfrentamiento con el club de Minas de Riotinto o bien para el debut del club sevillano, un choque igualmente frente a los riotinteños, haciendo justicia con un club que les precede en antigüedad a ambos y lamentablemente ante la ausencia de una potente prensa local ha quedado reducido a ser un club pionero sin más. Y es que la Providencia y la Historia no tienen por qué entender de justicia.

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Los que sí tienen algo que ver con la Historia y mucho para conocerla y entenderla, son los historiadores y para estos el encuentro del 8 de marzo dice muchas cosas. Entre otras y al margen de las que atañen meramente a las más estrictamente históricas y que ya han sido convenientemente tratadas, emerge y se acrecienta la figura del Sevilla Foot-ball Club, una sociedad de la cual apenas se conoce poco o nada y que con los diversos tratamientos que históricamente se le ha dado desde la prensa de Huelva e incluso desde Sevilla al describírseles como Club Sevillano, Club Inglés de Sevilla, Club de Foot-ball de Sevilla, etc., ha pasado al olvido siendo considerado simplemente como algo anecdótico o un grupo de personas que jugaban al fútbol en lugar de la esencia y el primer paso dado por un club con vigencia actual: el Sevilla Fútbol Club SAD.

Para los historiadores y para aquellas personas que tienen interés en conocer la historia desde la modestia pero con la misma contundencia y exactitud que cualquier profesional, el Sevilla Foot-ball Club de 1890 una vez se descubre su participación en el encuentro de marzo de 1890, pasa a ser una referencia y un mito a estudiar, un objetivo para el cual entregarse apasionadamente y para el cual destinar un meritorio espacio de nuestro escaso tiempo de vida: un desafío. Leer en unas crónicas escritas hace más de un siglo que en una ciudad como Sevilla -como lo podría ser cualquier otra de nuestro país- había un club de fútbol con nombre y apellidos merece la atención de cualquier historiador. Veamos los resultados.

La Historia, el historiador, el Sevilla Foot-ball Club y el Sevilla Fútbol Club SAD

El mundo que envuelve la investigación en torno a la historia de los clubs es un mundo peculiar, privado y en ocasiones, demasiado personalista. El acto de investigar no requiere de un título universitario, no es un oficio ni hay que aprobar una oposición para poder acceder a determinados datos o documentos. La labor del investigador o historiador -como se prefiera- requiere de personas honestas que quieran cumplir con este papel ocasional por pura vocación o simplemente por placer, pues es un trabajo que tradicionalmente ha sido gratuito y altruista, muy pocas veces remunerado, siendo tan solo el interés por encontrar la verdad y contar la historia lo mejor posible para total conocimiento de una afición el gran premio y el único objetivo, quedando la contribución del historiador hacia el club como un gesto de amor hacia este por lo que le aporta.

Por estas razones cada club ha contado tradicionalmente con una o más personas a lo largo de su historia que empapadas con las experiencias vividas en primera persona, con lo contado por terceros, hurgando en libros, hemerotecas o procurándose entrevistas con personas relacionadas con un club, han intentado de mejor o peor forma, cada una a su estilo, narrar las vicisitudes de una sociedad futbolística.

Los historiadores que tratan la historia de un club hayan nacido o no en la localidad de origen de la sociedad, son fieles por naturaleza a ese club y nunca traspasarán la frontera de escribir la historia del club vecino en caso de existir o la del club de otra ciudad, a no ser que sea bajo un punto de vista completamente necesario o por dirigir una obra en donde se haga referencia a varias entidades por una determinada causa.

¿Por qué fijarse en el Sevilla Foot-ball Club de 1890 ahora y no antes? Decir que hace cincuenta, sesenta o setenta años atrás nadie se fijó en el origen del fútbol sevillano sería faltar a la verdad y por lo tanto mentir. Por supuesto que los historiadores sevillistas han profundizado e intentado indagar en el origen del fútbol en la ciudad, pero también es cierto que siempre han topado con la misma piedra: la falta de datos de la prensa decimonónica. Esta ausencia de documentos, la falta de testimonios por parte de los protagonistas del 1890 y quizás cierta escasez de predisposición y falta de visión de futuro por parte de los periodistas de la época anterior a 1905 en indagar con más ahínco en las raíces británicas del fútbol sevillano, han causado un secular desconocimiento de la realidad sevillista que de haber sido otras las circunstancias hubieran originado sin duda otro resultado bien distinto.

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Para cualquier aficionado que haya seguido la evolución del fútbol en España, entienda que este deporte tiene sus inicios en el sudeste peninsular y con un mínimo de observación haya reparado en cómo el Riotinto Foot-ball Club es una prolongación del Rio-Tinto English Club de 1878 y el Real Club Recreativo de Huelva SAD otra del Huelva Recreation Club de 1889, no tendrá problema alguno en advertir la posibilidad de que suceda lo mismo con el Sevilla Foot-ball Club de 1890 y el Sevilla Fútbol Club SAD de 1905. Eso es incuestionable e innegable y sólo la ceguera de unos cuantos puede evitar pensar en ello, con lo cual al historiador solo le queda un camino: investigar.

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¿Qué tiene de especial la historia del Sevilla Foot-ball Club que no se encuentre en otros clubs y la haga tan atractiva para ser estudiada? Francamente tres son las grandes respuestas: de una parte para los propios aficionados, socios y simpatizantes del Sevilla F.C. SAD, los principales beneficiados, es una cuestión de máxima urgencia e interés porque en ello les va conocer su pasado y despejar definitivamente todas las dudas generadas a lo largo de su ya dilatada historia. De otra es para los historiadores todo un reto porque significa hacer un enorme esfuerzo indagando en sitios recónditos, traspasando fronteras, dedicando muchísimas horas que se le restan a necesidades u obligaciones familiares y además un desafío al tener que ser cautos con lo que se descubre, con lo que se comparte y con lo que no se puede decir en un determinado momento aunque se sepa y sea importante para no enturbiar o desbaratar una operación. Finalmente, para el fútbol español es vital pues conocer la historia y el origen del Sevilla Foot-ball Club es conocer un eslabón importantísimo en el engranaje primitivo de este deporte en nuestro país.

La iniciativa del Sevilla Fútbol Club SAD

A lo largo de la historia el Sevilla Fútbol Club SAD ha disfrutado de grandes acontecimientos, pasado las de Caín y sufrido toda la clase de experiencias agridulces que tiene el fútbol. Por el club se han sucedido varias generaciones de aficionados, de presidentes…de directivos, pero históricamente todos han vivido sumidos en la creencia de que su entidad fue constituida un 14 de octubre de 1905. Todo el sevillismo se aferraba a esta fecha como el Día D, como el día uno de su vida dejando pasar por alto el fútbol practicado en 1900, en 1901, en 1902…, incluso yendo hacia atrás al importantísimo encuentro del 8 de marzo de 1890 y los sucesivos disputados en los años inmediatos.

Nadie miraba más atrás de 1905 y lo anterior era desconocido, apartado de su pensamiento como si no fuese con ellos, como si no les perteneciese y sí a otros que no se sabía quiénes eran ni de dónde venían. El sevillismo permanecía acomodado y conformista con su legado y nadie movía un dedo porque nadie sospechaba ni era capaz de poner en duda lo que siempre se había contado hasta que un día, como siempre ocurre en estas cosas, un hecho no relacionado con su origen pero sí con su historia, promovió que algunas personas entre las cuales encontramos a Juan Castro Prieto y el lamentablemente fallecido Agustín Rodríguez entre otros, empezaran a indagar en su pasado y a encontrar respuestas a preguntas que tan siquiera se habían formulado.

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Esta concatenación de descubrimientos inéditos no podía pasar desapercibida para el club ni tampoco para sus dirigentes. Era necesario que el Sevilla Fútbol Club SAD tomase cartas en el asunto y apoyase a aquellos quienes desinteresadamente y de forma particular tanto estaban haciendo en beneficio de la institución hispalense. Dicho y hecho desde la presidencia se dispuso de un local a favor de este minúsculo grupo de personas que publicadas algunas de sus indagaciones había ensanchado sus miras y sumado nuevos mimbres quienes, atraídos por lo allí hallado, querían aportar su granito de arena para engrandecer la historia de su club.

El grupito se convirtió en grupo y en Área de Historia para que con el aumento de caudal humano se incrementaran las pesquisas y los resultados. Profundizando en varios frentes y extendiendo la red sevillista en todo el mundo, la historia del fútbol en Sevilla debía manar del recóndito acuífero hispalense de un momento a otro. Todo era cuestión de tener paciencia y tranquilidad porque el trabajo estaba bien encaminado y había mucha fe depositada en ello.

La iniciativa de los historiadores

Como se apuntaba unas líneas más arriba, muy pocos historiadores se han aventurado a lo largo de la presencia del fútbol en España a indagar en la historia de clubs que no fuesen el de uno mismo y cuando lo han hecho, ha sido de puntillas y repitiendo lo que otros contaban sin aportar nada de su propia cosecha. Este paso, no carente de responsabilidad, es una materia reservada para unos pocos dada su complejidad, su nivel de exigencia y sobre todo al escaso reconocimiento que este trabajo suele tener por organismos tutelares en cuestiones balompédicas. En contraposición, el agradecimiento de la afición del club estudiado, la satisfacción por el trabajo bien hecho y el sentimiento de haber cumplido con un deber, son las únicas recompensas que se permite el historiador, persona que debe saber estar al margen de la magnitud de su trabajo pero a la vez lo suficientemente involucrado para que este tenga éxito.

En el pequeño grupo humano que formamos La Futbolteca somos conscientes de la importancia del tema que se está tratando y de las repercusiones a nivel futbolístico e histórico que se pueden derivar de los resultados obtenidos y de los que se van a obtener en el futuro, porque una investigación retrospectiva de este alcance nunca tiene fin y siempre hay resquicios no resueltos en su totalidad que necesitan ser atendidos por la escasez de datos que obran en nuestro poder. No obstante nuestra implicación y especialmente la de quien escribe el presente artículo, es máxima, absoluta. La historia del Sevilla F.C. SAD merece una atención extraordinaria porque hay mucho en juego repartido en varios frentes, es una de las piezas más determinantes que falta encajar en el puzle histórico del fútbol español y con su estudio, al igual que sucede con los clubs de Huelva y Minas de Riotinto, no solo damos sentido al origen de este deporte en nuestro país, sino que entendemos la idiosincrasia y coyuntura social de un momento muy importante en la historia de España como resulta ser el último tercio del s.XIX.

Como colectivo de investigadores y como especialistas en la vertiente histórica, La Futbolteca no puede dejar pasar la oportunidad de estar cerca de la línea de trabajo emprendida por el equipo que trabaja para el Sevilla F.C. SAD o de similares iniciativas tomadas en otros clubs de relevancia histórica como el Real Club Recreativo de Huelva SAD y el Riotinto Balompié. Al contrario, es una obligación y deber estar muy encima de cualquier movimiento en este sentido por el bien del fútbol y por su saneamiento histórico porque tal y como reza uno de nuestros lemas “confiamos en todos y no confiamos en ninguno”. La investigación, el trabajo bien hecho y el resultado final son lo que quitan o da la razón.

La existencia del Sevilla Foot-ball Club en 1890: un hecho incuestionable

La existencia de un Sevilla Foot-ball Club en torno a 1890 fundamentándonos en una parte gracias a los comunicados de la prensa y en otra a los documentos hallados, es un hecho a todas luces incuestionable. Aquí no caben medias tintas, ni medias verdades, ni confusiones con el nombre ni malabarismos malintencionados para restar importancia a una sociedad que nació con todas las de la Ley, con nombre, con apellidos y con todo lo que requiere un club legalmente constituido: presidente, secretario, tesorero y una cantidad de socios.

Cualquier interpretación en contra carece enteramente de sentido, máxime cuando las pruebas son tan contundentes, los escritos están ahí para su libre consulta, no nos los hemos inventado nosotros, vienen lo suficientemente claros para no albergar dudas y su transparencia allá hasta donde manejamos es inocua y libre de sospecha. Pretender negar la existencia de un Sevilla Foot-ball Club con todo lo que sabemos y en contra de la opinión de los profesionales que nos dedicamos a esto desde hace muchos años es grotesco y una falta de respeto primero para el sevillismo, por ser el club directamente afectado, en segundo lugar contra los historiadores, por intentar pasar por encima de toda la lógica, seriedad y profesionalidad con las que nos empleamos y en tercer lugar contra la historia del fútbol español, porque negar un hecho vital para entender el origen del fútbol en España es algo prohibitivo, repulsivo y que condenamos con todas nuestras fuerzas.

Ahora bien, que el Sevilla Foot-ball Club de 1890 y el Sevilla Fútbol Club SAD de 1905 sean la misma entidad es otro tema bien distinto cuyo calado social y deportivo necesita de un profundo estudio y de una pormenorizada investigación. De la misma forma que no se puede lanzar a los cuatro vientos que el Sevilla Foot-ball Club de 1890 no existe, tampoco se puede ir en el mismo sentido afirmando sin pruebas que hay una continuidad entre 1890 y 1905. Encontrar las pruebas concluyentes precisa de su tiempo, su dedicación, mucho trabajo, sacrificio, descartar líneas de investigación que no llevan a ningún lado, rebuscar en textos desapercibidos, perder horas de sueño, de contacto con la familia, hurgar en hemerotecas, establecer contactos con personas desconocidas y sobre todo, exhumar muchos documentos. Todo ello no se hace en un día ni en dos, ni extrayendo conclusiones precipitadas de un breve texto o incluso de una línea de un boletín. Hay que ser meticuloso, ordenado y aplicar todos los sentidos en lo que se realiza, teniendo muy buen ojo para no dejar cabos sueltos e ir al grano dejando la paja a un lado para que no moleste. Solo así se consigue avanzar y superar las adversidades que salen en el camino.

 

II Parte

Pruebas y evidencias

El gran reto del Sevilla Fútbol Club SAD con su más remoto pasado

Constatada al menos desde 1890 la existencia de un Sevilla Foot-ball Club y desde 1905 la de otro Sevilla Foot-ball Club, salta a la palestra una pregunta sencillísima pero de muy difícil respuesta: ¿Son el mismo club o no?

Tradicionalmente muchos historiadores se han formulado esta cuestión para sus adentros pero la evidente falta de información ha dado al traste con cualquier posibilidad de seguir investigando. La inconexión temporal, la falta de testimonios, los pocos datos a los que aferrarse junto a una lectura demasiado centrada en el 14 de octubre de 1905 y una acusada ausencia de pistas han sido unos enemigos demasiado grandes para el sevillismo, pero no hay mal que dure cien años y por fortuna, los nuevos tiempos y con ellos la nueva tecnología, están empezando a dar un giro de ciento ochenta grados sobre aquellos asuntos olvidados en el baúl de los recuerdos.

Desde hace unos años pesa sobre el Sevilla Fútbol Club SAD la acuciante necesidad de derribar muros del pasado y despejar de una vez todas las dudas generadas en torno a su presunta conexión con 1890 o desconexión definitiva con esa fecha. El grandísimo reto que se le presenta al club hispalense pasa por:

a) Encontrar la fecha de fundación exacta del primitivo Sevilla Foot-ball Club.

b) Localizar la junta directiva constituyente con presidente, secretario y tesorero.

c) Averiguar quiénes eran aquellos hombres y por qué se decidieron a dar vida al club.

d) Ver cuál era su interrelación personal o laboral.

e) Comprobar dónde se conocieron y qué les unía.

f) Explicar qué une al grupo de 1890 con el de 1905.

g) Comparar su relación con otros clubs de similares características.

Las nuevas tecnologías y el asociacionismo nacional e internacional

Encarar un reto de estas características obviamente no es tarea fácil ni ahora ni aún menos hace unas cuantas décadas atrás y no digamos si navegamos en el tiempo mucho más allá. Sin embargo, si algo ha cambiado y para bien desde el pasado hasta la actualidad es el mundo de la comunicación, un cambio que no radica solo en la información en sí, algo desde luego positivo y que en muchas ocasiones es nuestra única finalidad, sino en la posibilidad real de llegar hasta ella.

Las nuevas tecnologías como Internet nos abren las puertas de par en par para adentrarnos en ellas y bucear en busca de aquello que siempre hemos deseado encontrar y por nuestros propios medios nos era imposible o se nos hacía eterno. Internet es una herramienta excepcional para la investigación y como profesionales que somos en estas lides, no podíamos permitirnos el lujo de no reparar en ella.

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Gracias a estas innovaciones tecnológicas la dimensión que ha adquirido la investigación es espectacular y el mundo cada vez se nos hace más pequeño teniendo la posibilidad no sólo de indagar en España, sino también de exhumar documentos valiosísimos en el extranjero, un campo escasamente explorado en otras épocas y vital, según se precie, para ciertos asuntos que sean clave para nuestro interés.

Con Internet, la gran red comunicativa por excelencia, se fomenta el asociacionismo investigativo y por ende entre historiadores. Trabajar en equipo desde distintas localidades españolas para reforzar el empeño en conseguir un objetivo no es que sea posible, sino una necesidad incluso allende nuestras fronteras con historiadores radicados en Escocia, Nueva Zelanda o donde sea, recurso ineludible cuando las fuentes nacionales escasean y se intuye que pueden hallarse lejos de nuestro país. El historiador ha de emplear con acierto y atino todo lo que domina, pero cuando cierta información le es esquiva no ha de reparar en escusas y armado de osadía, tiene la obligación de apurar cualquier resquicio por presuntamente poco significativo que este sea porque como nos dice la experiencia: busca y hallarás.

El primer gran hallazgo: “The Otago Witness”

La primera de las consecuencias de todo el trabajo detallado anteriormente no se iba a hacer esperar y curiosamente no venía de al lado de casa precisamente, sino desde nada más y nada menos que 19.854 kms de distancia, en concreto desde la localidad de Dunedin, capital de la provincia de Otago, en Nueva Zelanda. En tan recóndita localidad un periódico denominado “The Otago Witness” (El Testigo de Otago), rotativo creado en 1851 a imagen y semejanza del escocés The Edimburg Witness, nos sorprendía con una inesperada pero ansiada noticia publicada el jueves 2 de abril de 1891 en donde se describía con todo lujo de detalles un encuentro disputado en Sevilla el sábado 27 de diciembre de 1890 entre las sociedades Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club -aunque ambos clubs no sean citados con su nombre oficial, sino con el de la ciudad que representan: Huelva y Sevilla respectivamente-, anfitrión este último del Hipódromo de Tablada junto al río Guadalquivir.

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Este primer testimonio de magna importancia nos desvela y aporta varias claves para nuestra investigación que refuerzan lo leído en las crónicas de los medios onubenses y sevillanos de la época y que, lamentablemente, no citaban estos como que el presidente del club hispalense es E.F. Johnston, que esta entidad se encuentra en floreciente estado y que el fútbol lleva varios años formando parte de los festejos de Navidad en Sevilla. Apenas se puede leer nada más significativo salvo las incidencias propias del encuentro, curiosas por cierto, pero desde la parte esencialmente histórica -la que nos interesa-, se desprenden varios mensajes que hemos de tomar con la importancia que se merecen:

a) Edward Farquharson Johnston, por entonces vice-cónsul británico en la capital hispalense, es el presidente del Sevilla Foot-ball Club. Conocer el nombre del máximo dirigente nos indica -por si ya no bastase con las diferentes lecturas encontradas en 1890 donde figura el nombre de Isaías White como secretario-, que la sociedad hispalense es un club legalmente constituido y que goza, cómo es lógico, de directiva.

b) La sociedad se encuentra en un estado floreciente. Hablar de club o sociedad, monta tanto como tanto monta, es reconocer la existencia de un grupo humano unido y organizado bajo una misma propuesta, en este caso futbolística, mientras que floreciente se traduce como recién constituido o con apenas un tiempo de vigencia, es decir, empezando a crecer.

c) El fútbol no es algo neonato en la Sevilla de 1890, sino que tal y como indica el propio cronista, es un deporte que desde hace años forma parte unos festejos tan entrañables como son los celebrados en Navidad.

Estos tres mensajes confirman y alimentan con nuevos apuntes las crónicas encontradas en 1890 donde es citado el Sevilla Foot-ball Club, de modo que al fin se conoce el nombre del presidente de la institución, uno de los objetivos que se plantean en la investigación, además que se obtienen otros datos que dan la razón a lo expuesto en 1933 por Daniel Young, uno de los primeros jugadores del Rio-Tinto English Club a principios de la década de los años ochenta decimonónicos, quien afirma con su testimonio privilegiado y en primera persona que él jugó en Sevilla con el conjunto minero durante esos años, que Navidad era una de las fechas escogidas para hacerlo y que el club sevillano vendría a constituirse con posterioridad al de la capital onubense, un hecho que con esta crónica todavía no puede ser debidamente contrastado.

El segundo gran hallazgo: “The Field”

Descubierto posteriormente al hallazgo del “The Otago Witness”, casi de inmediato y como resultado de las pistas encontradas en este medio de comunicación, el segundo gran logro sevillista es la misma crónica del 10 de enero de 1891 pero publicada y ampliada en el rotativo londinense “The Field”, relato periodístico original del encuentro disputado entre Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club el 27 de diciembre de 1890 y del cual se hace eco el periódico neozelandés “The Otago Witness” reproduciéndolo parcialmente.

La crónica de “The Field” es más completa y en ella se mencionan una serie de hechos que enriquecen nuestro conocimiento de la realidad de ambos clubs como que el vice-cónsul británico y a la vez presidente del club sevillano, Edward F. Johnston, ejerce de árbitro principal acompañado del Dr. Langdon, por parte del Sevilla Foot-ball Club y Bower por parte del Huelva Recreation Club, además de una nueva afirmación ya documentada antes en la cual el Sr. E.W. Palin, presidente del club onubense por entonces, manifiesta que su club se ha enfrentado a otro español e inglés -por el Sevilla Foot-ball Club-.

Este discurso del dirigente recreativista corrobora algo que ya se había leído en boca de los sevillistas cual era la procedencia nacional del once hispalense: mitad españoles y mitad británicos, punto que analizaremos más adelante.

El tercer gran hallazgo: “The Dundee Courier and Argus”

El tercer y enorme descubrimiento, el más importante con diferencia de todos los hallados, es la crónica publicada el 17 de marzo de 1890 en el periódico “The Dundee Courier & Argus” (El Correo de Dundee y Argus) sobre el primer encuentro disputado en España por dos sociedades constituidas: Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club, en concreto el 8 de marzo, un rotativo de la localidad escocesa de Dundee creado en 1801 para la ciudad y su área metropolitana donde se encuentra la pieza más codiciada en la investigación: la fecha de fundación del Sevilla Foot-ball Club.

Haciendo justicia al nombre del gigante con mil ojos de la mitología griega, Argos, el periódico escocés nos desvela al fin como vigía expectante de todo lo que sucede en el mundo, el gran misterio sobre el que planea nuestra investigación y hasta la fecha siempre se nos ha resistido. La crónica no ofrece dudas, está escrita en primera persona en tiempo real por uno de los miembros fundadores del Sevilla Foot-ball Club, publicada en un rotativo escocés, país de procedencia de la gran mayoría de emigrantes británicos que desembarcaron en España durante el s.XIX para reavivar la depauperada economía nacional e increíblemente parece estar redactada con toda la intención para que los historiadores, más de cien años después, consigamos saber en qué fecha exacta fue constituida la sociedad.

Lo aportado en esta confesión presenta una inmensa riqueza descriptiva por cuando nos da -aunque curiosamente enrevesada- la fecha concreta de fundación: el día antes del primer partido de entrenamiento (disputado un domingo) de hace seis semanas. Es decir, consultando un calendario y sabiendo que, aunque publicado el lunes 17 de marzo, el texto es escrito el día después del encuentro del 8 de marzo, todo hace indicar que es el sábado 25 de enero cuando se constituye el club.

Pero no todo queda ahí. La crónica no tiene desperdicio y de su lectura se desprenden más datos como que la idea de formar una asociación atlética parte de los británicos residentes en Sevilla, “residents of British origin”, que la mayor parte de sus socios trabajan en asuntos mercantiles y que supuestamente tienen contactos con los gestores del Hipódromo de Tablada para jugar en su interior donde se les permite montar las porterías, lugar a donde se desplazan como practicantes de “rowing“, remando. A continuación, aunque la idea de constituir una sociedad deportiva parte de los británicos, el cronista nos indica que la mitad de los socios es de nacionalidad británica y la otra española, que muchos de estos trabajan los sábados por la tarde y han de solicitar permiso a los jefes de sus respectivas empresas para entrenar este día de la semana, es decir, no todos los socios son asalariados de la misma empresa sino que trabajan para diversas, añadiendo que al encuentro acuden doce docenas de espectadores, o sea, alrededor de ciento cincuenta personas a causa de la lluvia, contratiempo que de no haberse producido hubiese concentrado a más curiosos.

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Siguiendo con el relato de los hechos llama poderosamente la atención una frase que nos deja perplejos: “It is only fair to state that the Huelva Club had never played together before”, es decir, “Es de justicia advertir que el Club de Huelva nunca había jugado junto antes”, lo que confirma que este era su primer encuentro digamos “oficial”, que era un club recientemente constituido y que sus miembros se desconocían o bien habían entrenado poco con antelación, una aseveración que en realidad nos está intentando decir que a Sevilla y por parte del Club de Huelva, acuden supuestamente tanto empleados de Huelva como de Minas de Riotinto para poder reunir un once con el cual poder enfrentarse a los sevillistas, algo lógico y repetido con antelación, puesto que en Huelva la comunidad británica era más bien reducida y quizás hacían falta refuerzos procedentes de la localidad minera para plantar cara a los hispalenses.

El encuentro lo arbitra el vice-cónsul británico en Sevilla y presidente del Sevilla Foot-ball Club, Edward F. Johnston, acompañado por los jueces de línea Sr. Langdon, médico del conjunto sevillano y E.W. Palin, secretario del onubense, destacando el cronista que cree entender que es el primer encuentro entre dos sociedades en el sur de España y uno de los primeros en el país sino el primero, hecho que le concierne carácter inaugural y que desea sea repetido en lo sucesivo en otras localidades con presencia británica.

La importancia histórica de esta crónica hallada en Escocia es trascendental y su nivel solo es comparable con la publicada en el periódico onubense La Provincia el sábado 28 de diciembre de 1889 en la que se describía el acto de constitución del Huelva Recreation Club apenas unos día antes. En este sentido la coincidencia es total pues, a falta de un testimonio directo como es un acta de constitución, ambos relatos periodísticos pueden ser tomados con entera naturalidad como tales, algo que hermana a ambas sociedades andaluzas hasta en el modo de ser reconocidas oficialmente.

El testimonio aparecido el 17 de marzo de 1890 en el “The Dundee Courier & Argus” demuestra sobradamente la existencia del Sevilla Foot-ball Club constituido el día 25 de enero de 1890, un antiguo y buscadísimo requerimiento histórico que queda satisfactoriamente cubierto con creces. Por lo que a nosotros respecta -a falta de un acta de constitución-, es una prueba sólida, irrefutable e irrebatible, esto es -y por si alguien no se ha enterado todavía, que los hay- una prueba ante la cual no hay nada que alegar, nada, una prueba definitiva y rotunda con la cual en derecho se ganan los casos solo con presentarla. Este testimonio, además, también va más allá de lo estrictamente constitucional y certifica al Sevilla Foot-ball Club como la primera sociedad con dedicación exclusiva al fútbol en España, por delante del Fútbol Club Barcelona como algunos pretenden, por lo que si alguien desea mantener a ultranza de forma injustificada cualquier escrito o publicación en contra de lo hallado y comprobado, tanto a nivel fundacional como a nivel de primer club de fútbol constituido en suelo español, bajo nuestra opinión estará de más y es exigible que sea bien rectificado o retirado de la circulación dado que su sustentación no obedecería ya a mantener ciertas dudas otrora razonables, sino a una obstinación o enrocamiento sin defensa alguna por parte de sus autores quienes, ya derrotados y abatidos por el peso de la historia, más que una duda, pasarían a enarbolar una quimera.

Sevilla Foot-ball Club de 1890 vs Sevilla Foot-ball Club de 1905

Superadas algunas cuestiones que durante años no habían tenido respuesta y permanecían archivadas en el cajón del olvido sin que nadie las atendiera, nuestras pesquisas pasan a centrarse obligatoriamente en el punto más relevante, comprometido, difícil y quizás conflictivo de nuestra investigación: demostrar que el Sevilla Foot-ball Club de 1890 es la misma sociedad que el Sevilla Fútbol Club de 1905.

Si el nivel de dificultad que entraña encontrar una fecha de constitución en la misma ciudad de Sevilla ha sido elevado y casi imposible dada la coyuntura anteriormente descrita, demostrar que los hombres que dieron vida al Sevilla Foot-ball Club de 1890 tienen una relación, son los mismos o convergen en un mismo punto de encuentro que los del Sevilla Foot-ball Club de 1905 es ya el súmmum de complejidad.

Hacer ver ante todo el mundo que una sociedad deportiva constituida en un determinado momento ya lo ha sido con anterioridad es un caso que adquiere el rango de especial dentro del fútbol, máxime cuando este tipo de sucesos se pueden contar con los dedos de ambas manos. Riotinto Balompié, Real Club Recreativo de Huelva SAD o Fútbol Club Barcelona son algunas de las pocas excepciones que nos podemos encontrar y un cuarto en discordia, el Sevilla Fútbol Club SAD, hasta ahora nunca había sido puesto al frente de esta tesitura dada la evidente falta de pruebas aunque todos los indicios hacían pensar en ello.

Involucrarnos en esta misión va a requerir de nosotros mucha exigencia para no errar, presentar numerosas evidencias que lleguen al club, a los aficionados, al resto de los clubs y cómo no, a la Federación Española y a la F.I.F.A., porque el proyecto es muy serio y ambicioso, pretende solventar definitivamente cualquier duda y sobre todo, busca dejar las cosas en su sitio, donde deben estar: en 1890.

Demostrado que en 1890 sí hubo un Sevilla Foot-ball Club y con pruebas a la misma altura que las presentadas por el Real Club Recreativo de Huelva SAD para justificar su constitución, unas pruebas las onubenses recordemos aceptadas por toda la comunidad futbolística de forma unánime a falta de un acta firmada, en lo que respecta a la opinión de La Futbolteca en este tema de carácter constitutivo no hay nada más que decir por su contundencia, con lo cual llegados a este punto damos el punto como zanjado y cerrado al no existir ya ni una sola duda razonable sobre la mesa en contra de la entidad hispalense.

Sin embargo y como es natural, el trabajo no se detiene aquí. No debe parar aquí. Hallada la prueba de constitución del Sevilla Foot-ball Club en 1890 y sabiéndose que hay actividad en la ciudad hasta la oficialización de un club con la misma denominación en 1905 y todavía vigente, es obligación moral de este último, el Sevilla Fútbol Club SAD, una sociedad seria con gran peso a nivel nacional e internacional y con una gran historia a cuestas, deber profundizar en sus raíces y llevar una investigación hasta el límite por respeto a sus socios. Que el Sevilla Fútbol Club SAD intente dar un paso más y busque “recuperar” su historia al completo sin parches mediantes como haría cualquier club en sus mismas condiciones es algo completamente legítimo y, la verdad dicha sea de paso, sería una auténtica dejadez no actuar en ese sentido.

En este empeño y en una sociedad avanzada como la española donde hay una Federación a nivel nacional y toda una estructura organizada desde hace cien años en torno al fútbol, el club no debe estar solo en esta lucha no ya solo por su propio interés -que lo tiene y mucho-, sino por el del colectivo del fútbol español. La historia del fútbol nacional no puede permitirse el lujo de hallar una prueba como esta y permanecer cruzada de brazos como si fuera una más entre tantas. Merece algo más y los historiadores o personas que en verdad sentimos una vocación real y totalmente transparente hemos de apoyar una investigación como esta por su importancia, por sus connotaciones y por su trascendencia. Tenemos que arrimar el hombro e involucrarnos para llegar hasta el fondo sea cual sea el resultado final, de lo contrario evadiremos nuestra responsabilidad y correremos el enorme riesgo de que temas como el que nos concierne caiga en manos inexpertas, o peor aún, con oscuras intenciones que dilapiden cualquier huella en pos de un turbio interés.

Pruebas y evidencias

¿De qué herramientas se sirve el Sevilla Fútbol Club SAD para demostrar que el club constituido en 1890 es el mismo que el oficializado en 1905? Pues de las mismas que podría emplear cualquier persona física en el mundo del Derecho Civil que alega algo: de las pruebas, ya que el principio establece que quien alega debe probar, un principio al que nosotros, los investigadores, le añadimos por nuestra cuenta las evidencias, un rastro a veces imperceptible que investigado a fondo siempre aporta algo más que información.

Tanto pruebas como evidencias son imprescindibles, cada una con su peso, para poder demostrar la verdad de un hecho, su existencia o contenido, todo ello de una forma clara y sin conceder pie a albergar cualquier sombra de duda. Las evidencias las emplearemos intuitivamente en base a nuestros fundamentos cognitivos, a nuestra experiencia, a lo que hemos aprendido tras tantos años de investigación volcando todos nuestros conocimientos, mientras que las pruebas serán todos aquellos datos que encontremos en nuestra investigación que afirmen la certeza de lo que alegamos y que resulten incontestables de forma que nadie pueda dudar de ellos ni negarlos. Empecemos pues:

1.- Disolución: Para el equipo de La Futbolteca es el primer punto de partida en cualquier investigación que se precie. Si exhumando toda la documentación a nuestro alcance no se halla una sola prueba que certifique la disolución de un club, este sigue vivo y el caso está abierto. Podrá estar aletargado, sin apenas socios, en horas bajas, entregado a una institución que lo aloje en su seno esperando que le llegue su momento, pero el corazón de ese club sigue latiendo. Por el contrario si se encuentra el acta de disolución o en su defecto, una crónica periodística veraz, no habrá caso, este quedará cerrado y no seguiremos con nuestro trabajo.

En el caso que se nos ha encomendado se ha buscado con ahínco cualquier referencia, escrito o confesión por la cual se tuviera constancia de una probable, supuesta o total confirmación sobre la disolución del Sevilla Foot-ball Club constituido el 25 de de enero de 1890. La respuesta es: nada, ni el menor indicio. Para que se entienda bien alto y claro: no se puede hablar de una disolución del Sevilla Foot-ball Club sin un documento que lo demuestre. Lo mismo sucede con el Río-Tinto English Club y el Huelva Recreation Club y lo mismo cabía esperar del club sevillano. Cualquier intento de desligar el Sevilla Foot-ball Club de 1890 del Sevilla Foot-ball Club de 1905 apelando a que han transcurrido unos años entre uno y otro y que el primero desapareció o se disolvió sin aportar una sola prueba es un billete directo y sin parada al fracaso por su inconsistencia, con lo cual este camino entra en vía muerta y no aceptamos que se insista en ello. Superado este primer punto sólo cabe ponerse a trabajar y aportar más evidencias que unan la historia de ambas realidades en una sola.

2.- Edward Farquharson Johnston: Nacido en Elgin, Escocia, representa el paradigma del “sportman” de finales del s.XIX y principios del XX. Rico de cuna y perteneciente a una familia acomodada, desde su llegada a Sevilla con diecisiete años es la figura en torno a la cual gira gran parte del deporte sevillano, incluso el fútbol. Johnston es copropietario de la naviera McAndrews Company Ltd., director de The Seville Water Works Company Ltd., vicecónsul británico en la ciudad de Sevilla desde el 23 de enero de 1879 hasta el 5 de octubre de 1906, socio nº 1057 desde el año 1874 del Círculo Mercantil e Industrial de la capital hispalense, miembro del Club de Regatas de Sevilla fundado en 1875, primer presidente del Sevilla Foot-ball Club constituido en 1890, árbitro en los encuentros de los años noventa y primera década del nuevo siglo, socio del club en esta segunda etapa, presidente de la Sociedad de Tiro de Pichones en 1895, es decir, un hombre influyente en todos los sentidos y aspectos de la sociedad sevillana.

3.- McAndrews Company Ltd.: La naviera británica con sede en el puerto fluvial de Sevilla para toda España y cuyo copropietario es Edward F. Johnston, el presidente del Sevilla Foot-ball Club, actúa como embajadora del fútbol en todo el país promoviendo este deporte en varios puertos nacionales -Bilbao y Barcelona son dos claros ejemplos- y además es el arma logística que emplea el club para aprovisionarse de uniformes, balones y cómo no, de los reglamentos y noticias sobre el avance del fútbol en su tierra de origen: el Reino Unido. Su peso en el desarrollo del balompié sevillano es fundamental y parte de sus empleados más distinguidos, caso del propio Johnston, ocupan plazas directivas en el Sevilla Foot-ball Club tanto a principios de los años noventa como en el segundo lustro de la primera década del siglo siguiente.

4.- The Seville Water Works Company Ltd.: Esta empresa, concesionaria en el abastecimiento de agua a la ciudad de Sevilla desde 1882 tras adjudicación, está participada y tiene como a uno de sus directores en la capital hispalense a Edward F. Johnston. La influencia de esta industria a nivel humano es quizás aún mayor que la de McAndrews Company Ltd., puesto que muchos de los jugadores del Sevilla Foot-ball Club originado en 1890 proceden de la compañía de aguas hasta el punto de ser conocido como “el club de la Seville Waters”.

Fuente de “equipiers” con estatus de socios y jugadores desde 1890, con el reconocimiento del club en 1905 en cumplimiento del Real Decreto de 19 de septiembre de 1901 que afecta a la Ley de Asociaciones, algunos de ellos dejan de ser jugadores por motivos de edad y prosiguen su estancia en el club como socios. En las primeras décadas del nuevo siglo seguirá la vinculación surgiendo nuevos jugadores y socios desde la empresa.

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5.- Sailor’s Room Fund: Sabido es que los británicos desde hace siglos son un imperio naval a nivel mundial y durante el pasado más reciente establecieron rutas comerciales en todo el orbe. Si ciudades como Las Palmas y Huelva contaban con un Seaman’s Institute para recoger a marineros desamparados, con problemas o simplemente para ofrecerles alojamiento organizándoles encuentros para su distracción, Sevilla no lo es menos y en el domicilio del médico sevillista Dr. John Dalebrook se establece la Sailor’s Room Fund, una organización con los mismos fines que la canaria y onubense que también, para no ser menos, organiza igualmente encuentros para la marinería, todo ello bajo una estrecha colaboración con el viceconsulado británico hispalense.

John Dalebrook, médico de la comunidad británica y ligado a la disciplina sevillista, el 22 de octubre de 1915 será elegido vocal en la junta directiva que da lugar a la Federación Regional del Sur de Clubs de Foot-ball, un cargo del que irá unido de la mano del omnipresente José Montes Sierra, primer presidente de la neonata federación.

6.- Interrelación hispano-británica: Cuando nos preguntamos cómo pudieron conocerse aquellas personas que dieron forma al Sevilla Foot-ball Club en 1890, nos vienen de inmediato varias ideas a la mente partiendo con el punto de vista que todos eran extranjeros: así cavilamos con que quizás trabajaban juntos, se conocían a través del viceconsulado, se buscaban entre ellos por ser británicos y, tras confraternizar, se corría la voz entre ellos para hacer deporte de forma conjunta, etc. Demasiadas especulaciones que, cuidado, están fundamentadas, aunque sin tener en cuenta la primera crónica sobre su existencia y que partía desde un miembro del propio club: “éramos la mitad españoles y la mitad británicos”, decía el capitán Hugh MacColl. Crear un club no es nada sencillo hoy en día y en aquel instante debió ser toda una aventura si nos atenemos a priori a distintos condicionantes: distinta cultura, idioma, forma de ver la vida… Si encima lo componían españoles y británicos, podemos dar por sentado que no fraguaría en un día o unas semanas, sino que su amistad debió arrancar con bastante anterioridad, pero, ¿qué les unió, cómo y dónde? Varias razones. Estudiémoslas:

En primer lugar la Sevilla decimonónica no contaba con enormes empresas con capital británico. Importantes las había, pero con poco contingente humano, algo que les obligaba a relacionarse e integrarse en la vida social que generaba la propia ciudad sin necesidad de recluirse en barrios apartados del bullicio urbano o de vivir anclados al puesto de trabajo como sucedía con algunas colonias industriales. Empleados de la naviera McAndrews Company Ltd., de The Seville Water Works Company Ltd. o de Portilla & White, Cía. vivían en pleno centro y su cotidianidad con “lo sevillano” queda fuera de toda sospecha hasta el punto de consumarse muchos matrimonios con naturales de la capital andaluza.

En segundo lugar la estrictamente laboral: cada empresa era un mundo y así mientras en The Seville Water Works Company Ltd. casi todos eran empleados británicos, en la compañía naviera había más españoles al igual que en la fundición de Portilla & White, Cia., ambas con dirección e ingeniería británica, pero con abundante mano de obra española, algo que inevitablemente estrechaba lazos entre ambas comunidades puesto que eran seis días a la semana en los que se tenían que aguantar mutuamente.

En tercer lugar la lúdica: aquellas personas no vivían atadas al trabajo perpetuamente y en sus ratos libres a nivel diario y en especial los domingos, practicaban deporte o frecuentaban sitios donde compartían actividades en común, bien entre británicos, bien con españoles. En los registros locales hay constancia acerca de la existencia de varios clubs de remo y de cricket con base británica, algo más que normal en una sociedad con raigambre deportiva.

En cuarto y último lugar los negocios, un campo reservado para los ejecutivos de cada empresa con personas con inquietudes comerciales que precisaban relacionarse para ampliar y diversificar sus inversiones. Andalucía era una tierra que les abría las puertas para exportar cualquier tipo de producto carente en el Reino Unido, al igual que las islas eran proveedoras de material en el sentido opuesto. ¡Cómo no iba a haber relación entre españoles y británicos en este aspecto tan antiguo dentro de las relaciones humanas desde el principio de los tiempos!

7.- Círculo Mercantil de Sevilla: Si los puntos anteriores hablan de relaciones entre británicos y españoles -sevillanos se entiende-, en cuanto al principal lugar de encuentro desde su creación diremos que fue siempre el Círculo Mercantil.

Fundado en el año 1867, el Círculo Mercantil de Sevilla nace con el propósito de reunir bajo un mismo techo a todos los profesionales del comercio, la industria y la navegación que lo deseen, brindándoles soporte instructivo, legal y un centro de actividades recreativas para su ocio. Con el paso de los años su presencia se acrecienta y en su local social de la calle Sierpes se realizan un gran número de transacciones comerciales de todo tipo que no quedan ocultas a las distintas empresas con capital británico.

Edward F. Johnston primero y un buen número de británicos con posterioridad, se harán socios del Círculo Mercantil, inculcando entre el resto de los miembros españoles no ya un aprecio por el recreo en general, algo que consta en la memoria del Círculo, sino una devoción por el “sport” como medio recreativo por excelencia para hacer ejercicio y mantenerse en forma. De este modo las aguas del Guadalquivir se verán prontamente surcadas por los esquifes del Club de Regatas de Sevilla ya en 1875, con socios británicos y españoles en sus filas, pero luego vendrán otros deportes y el fútbol, como es lógico, será uno de ellos.

El Círculo se convertirá de forma silenciosa y desde la distancia durante los años ochenta y noventa decimonónicos, en testigo mudo de muchos convenios comerciales y de grandes alianzas entre sus miembros con el fin de que cohabiten con la misma intensidad Instrucción y Recreo, los dos motivos por los cuales es creado. En la parte que nos afecta, la deportiva, socios del Círculo constituirán el Sevilla Foot-ball Club en 1890 y siguiendo el paso marcado por estos, con puestos de mando en varias empresas, de entre sus empleados surgirán la mayoría de sus jugadores.

En los últimos años del s.XIX y primeros de S.XX, cuando el fútbol pierda su ímpetu inicial, ya no sea foco de atención para la prensa, deje de aparecer en ella y pase a un segundo plano tal y como sucede en la capital onubense con el Huelva Recreation Club, el Mercantil seguirá prestando su sede de la calle Sierpes como centro de apoyo para sus afiliados, siendo algunos de ellos -algo ya más veteranos- quienes practiquen en el Prado de San Sebastián dicho deporte en unión a la nueva generación. El Círculo Mercantil será para el Sevilla Foot-ball Club en este periodo lo que el Seaman’s Institute es para el Huelva Recreation Club, un lugar de cobijo en el cual el club hispalense mantenga viva la llama futbolística y preste su organización para el disfrute de los socios mercantiles.

La interacción entre los socios del Sevilla Foot-ball Club y a su vez del Círculo será tal, que de la sede de este último organismo saldrán los gestores que lideren el proyecto de oficializar la sociedad de fútbol en 1905 como colofón a todo lo iniciado en 1890, un paso obligatorio e ineludible que han emprendido otros clubs de similares características en España y que conlleva la redacción de estatutos en unión a la elección de una nueva junta para inscribirse en el Registro tal cual ordena el Real Decreto de 19 de septiembre de 1901 y que va acompañado de la Real Orden Circular de 9 de abril de 1902 en cumplimiento con la Ley de Asociaciones de 30 de junio de 1887. José Luís Gallegos Arnosa será el hombre clave en este sentido, persona que viene desempeñando el cargo de responsable de la Sección de Festejos y Biblioteca del Círculo, quien además profesa un gran amor por el fútbol. Pero no será el único implicado como veremos.

La labor desempeñada por el Círculo Mercantil respecto al fútbol, al deporte en general y en concreto hacia el Sevilla Foot-ball Club no genera ni la más mínima duda y para cerciorarse de todo ello, basta consultar la gran cantidad de referencias publicadas durante todos los años citados que se encuentran al alcance de la mano. Este compromiso no se corta ni en 1893, ni en 1905, al contrario, continua en lo sucesivo con la construcción y estreno el 1 de enero de 1913 del primer campo delimitado por una cuerda -se vallará posteriormente- sevillano y sevillista, el denominado del Mercantil por ser esta la sociedad que habilita la grada de su caseta de la Feria y pone a disposición del club los vestuarios para la práctica de fútbol, aunque el terreno es municipal.

8.- José Montes Sierra: Nacido en 1846 en la localidad granadina de Alhama de Granada, José Montes Sierra es una de las piezas más importantes dentro de la historia sevillista. Abogado de profesión, comerciante y posteriormente banquero, Montes Sierra reside desde 1872 en Sevilla y no tarda en formar parte del Círculo Mercantil donde accede a la presidencia en 1886, puesto que ocupará durante una primera fase hasta 1890, época en la que desde las instalaciones de la calle Sierpes se madura la idea para dar forma al Sevilla Foot-ball Club y a otras organizaciones con fines atléticos.

Como presidente accionista de Minas de El Castillo de Las Guardas, empresa fundada en 1885 y ubicada en la localidad sevillana del mismo nombre próxima a Minas de Riotinto, Montes Sierra es uno de los interlocutores que facilitan la disputa de encuentros tanto en la población onubense como en la capital hispalense previos a la constitución del Sevilla Foot-ball Club, una encomienda que desempeñará con agrado por su compromiso con el comercio y el recreo.

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En 1892 preside la Compañía de Navegación del Guadalquivir, empresa fundada en 1888 y con base operativa en el Puerto de Sevilla, estrechando los lazos ya previamente establecidos con Edward F. Johnston, uno de los copropietarios de la naviera británica McAndrews Company Ltd. El espíritu empresarial de Montes Sierra es infinito y siguiendo con la vertiente iniciada en 1892 tutelará después la Compañía Naviera Sevillana junto a uno de sus hijos y en 1907 la Compañía Naviera de Navegación a Vapor.

La vida social del banquero granadino es prolífica y alterna la presidencia del Círculo Mercantil con el mismo cargo en la Cámara de Comercio, Industria y Navegación hispalense, entidad fundada en 1886 donde entabla amistad con las más altas esferas sevillanas donde figuran personas tan conocidas como Tomás de La Calzada, Pedro Rodríguez de la Borbolla y Edward F. Johnston. Diputado republicano a Cortes en varias ocasiones, Montes Sierra abandona la presidencia del Círculo en 1890 como damnificado durante la lucha establecida por tomar el control del Puerto de Sevilla, recuperando su cetro en 1893 hasta que en 1898 es sustituido en el cargo por Pedro Lázaro Sánchez. En 1900 inicia su tercera etapa en el Círculo, permaneciendo en el cargo hasta 1918 fecha en la que fallece.

Montes Sierra, avispado hombre de negocios y propietario de varias empresas, facilita al Sevilla Foot-ball Club el camino para su oficialización en 1905 y su progreso hasta convertirlo en uno de los grandes de España. Gracias a su trabajo y estrecha relación con el consistorio sevillano, el Círculo apoya la gestión de José María Miró Trepats para conseguir del ayuntamiento la cesión de terrenos en el Prado de San Sebastián con el fin de habilitar el Campo del Mercantil, nombre dado por su situación continua a la caseta de esta entidad en la Feria. En este recinto el Círculo levanta una tribuna para sus socios y la provee de sillas con el fin de divisar de forma óptima las evoluciones del juego, siendo todo ello inaugurado el 1 de enero de 1913.

La estrechísima vinculación que Montes Sierra mantiene con el club sevillista desde 1890 le permite en 1914 ser aclamado como vicepresidente honorario, puesto que en 1915 le valdrá bajo la iniciativa del Sevilla Foot-ball Club para acceder a la presidencia de la recién constituida Federación Regional del Sur de Clubs de Foot-ball, organismo supremo futbolístico que abarca las por entonces regiones de Andalucía, Extremadura, Canarias y el Protectorado de Marruecos. En 1917 Montes Sierra abandona el cargo de presidente federativo aquejado por enfermedad, falleciendo en 1918 tras una vida dedicada al Sevilla Foot-ball Club y a su ciudad de adopción.

9.- Los Clubs de Regatas: Emulando las clásicas disputas teñidas de raigambre inglesa entre Oxford y Cambridge, los británicos residentes en Sevilla convirtieron las fluviales aguas del Guadalquivir en lo más parecido al Támesis londinense. A iniciativa de socios del Círculo Mercantil como Edward F. Johnston y George Welton, en 1875 se constituye el Club de Regatas de Sevilla con una plantilla hispano-británica en la que estos últimos tienen un gran peso y actúan como instructores avanzados en el manejo de esquifes junto a William MacPherson y William Hume, permaneciendo en activo hasta su desaparición en 1883.

Contemporáneo al Club de Regatas de Sevilla y fundado apenas un año después, en 1876 surge la Sociedad Sevillana de Regatas compuesta íntegramente por remeros hispalenses que son la inmediata respuesta local a la sociedad hispano-británica. Dentro de sus filas encontramos nombres tan ilustres y relacionados con el Círculo Mercantil como el banquero Tomás de La Calzada, José Luís Gallegos, Federico de La Portilla y Baldomero García, quienes a otros más mantendrán una sana rivalidad hasta que se les pierda la pista en 1886.

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El gusanillo del remo había calado en la capital del Guadalquivir y en 1890, apenas unos meses después de constituirse el Sevilla Foot-ball Club, se constituye un nuevo club de regatas: el Seville Rowing Club. Esta sociedad la forman miembros de los dos clubs desaparecidos apenas unos años antes y curiosamente algunos de los integrantes de la entidad de fútbol, repitiéndose algunos nombres como George Welton, Tomás de La Calzada, Federico de La Portilla, William Hume o William MacPherson entre otros entre una lista interminable de socios.

Queda demostrado con estos apuntes y otros aportados por demás autores, que tanto los “sportman” británicos como sevillanos eran a la vez miembros de varios clubs deportivos, algo no extraño a la época y contrastado en otras localidades de la geografía española muy distantes entre ellas. También queda patente -y esto se observa igualmente en Barcelona-, cómo a un club de regatas británico le replicaba uno español y cómo a lo largo del año y según la época, los deportistas alternaban la práctica de remo en verano y fútbol en invierno, una dinámica oportuna que les mantenía en forma de manera continua. Esta tendencia se conservará hasta el segundo lustro de la primera década del nuevo siglo cuando el fútbol adquiera una importancia hasta el momento desconocida.

10.- Denominación Sevilla Foot-ball Club: La elección del nombre de una sociedad deportiva, como sucede con otros campos de la vida, no es algo que se haga al azar o se realice de forma caprichosa. Esta generalmente siempre estará supeditada a la disciplina/s que se practiquen, al componente social y a la localidad donde se halle la entidad y si se trata, como es el caso, de la primera en hacerlo, en un alto tanto por cien de posibilidades será así.

Cuando aquellos hombres, en su mayoría de nacionalidad británica, junto a un destacado número de sevillanos se reunieron el 25 de enero de 1890 para constituir una sociedad partían de la base de que sabían lo que no querían: no querían ser un club atlético “Athletic Club“, tampoco un club gimnástico “Gymnastic Club“, ni uno de carreras “Racing Club“. La idea de ser un club recreativo “Recreation Club” tampoco les seducía porque combinar esparcimiento y deporte a la vez no era su objetivo, como menos aún lo era ser un club velocipédico “Cycling Club“, ya que es sabido la escasa impronta de esta disciplina entre los británicos, como tampoco lo era ser un club multidisciplinar “Sporting Club“. Su ilusión y su misión, y por eso figura con visible preponderancia en su nombre, era ser un club de fútbol, un “Foot-ball Club“, el primero en España con esta dedicación exclusiva. Su idea, no nos llevemos a engaño, era poner en práctica una sociedad como las que se habían estrenado recientemente en Inglaterra con el “Football League Championship”, todo un fenómeno de masas en la época que lo había convertido en el deporte de moda. Estando en Sevilla y sabiendo cuál era su principal cometido, la elección del nombre debía decirlo todo y mostrar el A.D.N., por lo que la solución fue sencilla: “Sevilla Foot-ball Club”.

Dados a especular, bien fácilmente la disposición hubiera podido ser la contraria, es decir, Foot-ball Club Sevilla, pero si echamos un ojo a todos los clubs ingleses del momento y tenemos alguna noción de gramática inglesa, distinguiremos cómo siempre figura en este idioma el nombre de la localidad al frente seguido por su dedicación sin uso de preposiciones. En España actuamos al contrario, primero la dedicación y luego la localidad insertando preposiciones, de forma que si nosotros hubiésemos inventado el fútbol no tendríamos inconveniente en titularlo como Club de Foot-ball de Sevilla o, yendo más allá y siendo más puristas, como Club de Fútbol de Sevilla o Sociedad de Balompié de Sevilla, siendo también aceptables otras denominaciones con el mismo significado como Club de Foot-ball Sevilla, Sociedad Balompédica de Sevilla, Club Sevillano de Fútbol, Sociedad Sevillana de Foot-ball, Sociedad de Foot-ball de Sevilla, etc.

Esto en cuanto a denominación desde el club. Pero, ¿cómo se ve desde fuera? Visto desde otra localidad y desde otros ojos, la denominación de un club adquiere otra perspectiva que puede ser respetuosa, entiéndase como la que no varía el orden de las palabras ni un ápice, o puede ser personalista en función de quien lo interprete. Así el Sevilla Foot-ball Club, nombre oficial de la entidad, puede ser aludido como Club de Sevilla, Sociedad de Sevilla, Club de Foot-ball de Sevilla, Sociedad Sevillana, Club de Foot-ball Sevillano hasta el más sintetizado y simple Sevilla.

Si el intérprete además tiene conocimientos adicionales como puedan ser la nacionalidad de sus integrantes, dedicación profesional u otras de origen social, político o cultural, el paraguas se abre y el Sevilla Foot-ball Club puede acabar como Club Inglés de Sevilla, Club Inglés Sevillano, Club de la Water Works, los ingleses de Sevilla, etc.

Sea cual sea la denominación, el trasfondo social, la perspectiva o interés que emplee una persona al hablar o escribir, de lo que no nos cabe ninguna duda es que siempre estaremos hablando de la misma realidad: el Sevilla Foot-ball Club. Hacer cábalas y especulaciones con que cualquiera de todas las anteriores denominaciones aquí descritas no se refieren al Sevilla Foot-ball Club es algo ilógico, impensable y sobre todo inaceptable sea cual sea el interés que haya detrás. Defender lo indefendible solo lleva a un camino: provocar la hilaridad del receptor y el más absoluto descrédito de quien lo sustenta.

11.- Personalidad jurídica: Tal y como se indica en el punto número uno de las evidencias, a fecha de hoy no hemos encontrado el menor indicio sobre la disolución del Sevilla Foot-ball Club de 1890. Al contrario, a medida que hemos ido investigando y en la actualidad seguimos en ello, cada vez surgen más pruebas que lejos de suponernos dudas lo que hacen es consolidar al club hispalense como una entidad única y no dos como erróneamente se ha defendido en algún escrito con escasa credibilidad.

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El Sevilla Foot-ball Club constituido el 25 de enero de 1890 pone en práctica todo lo hasta ahora estudiado respecto a la formación de los primeros clubs de fútbol en España. En su historia coinciden las distintas improntas que la legislación ha ido depositando de forma que tenemos en su primera junta directiva varios cargos electos: Edward F. Johnston en la presidencia, Isaías White Méndez en la secretaría y Hugh MacColl en la capitanía, el club no se acoge de inmediato a Ley de Asociaciones de 1887, pero sí posteriormente basándose en el Real Decreto de 19 de septiembre de 1901 y la Real Orden Circular de 9 de abril de 1902 y finalmente, el 14 de octubre de 1905, oficializa su situación para poder registrarse y tener la oportunidad de comparecer en el Campeonato de España de Foot-ball.

Este paso no es exclusivo del Sevilla Foot-ball Club y con anterioridad ya lo han vivido en carne propia otras sociedades creadas con fines futbolísticos o recreativos como son el Rio-Tinto English Club en 1901, el Huelva Recreation Club en 1903 o el Foot-ball Club Barcelona también en 1903, con lo cual el club hispalense no es una excepción y si se respeta una continuidad en todos ellos, sin condiciones, el Sevilla Foot-ball Club debe tener la misma consideración. Ni más ni menos.

12.- Las personas y el club: Un club deportivo es una asociación de personas cuyo interés común es practicar o desarrollar una disciplina deportiva o incluso varias de forma organizada. La organización y la disciplina quedarán a elección de los miembros, pero para su buen desarrollo serán imprescindibles una junta directiva con presidente, secretario, tesorero, vocales y socios, además de que todos ellos deberán contribuir monetariamente para sufragar los posibles gastos ocasionados. A partir de aquí un club puede ser recreativo, de fútbol, atlético, gimnástico o como se desee, pero todos serán deportivos, al igual que en su organización habrá quien prescinda de tesorero al realizar esta función el secretario o el presidente, incluso rememorándonos a los principios del fútbol hasta ser capitán era considerado un puesto importante en una directiva.

Un club necesita de directivos, pero más aún de socios. Sin socios no hay club, o lo que es lo mismo, no hay actividad y si la hay, es escasa. Aglutinar a un grupo de personas bajo un mismo interés y a su vez, todas ellas con otros distintos, es difícil, muy difícil, pero si encima se trata de un club pionero, un “protoclub”, la cosa es más complicada de sustentar.

A los “protoclubs” originados en torno a 1890, Rio-Tinto English Club, Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club, les sucedió lo mismo: fueron demasiado avanzados a su época y esto, en un país como España, tenía un precio: disminución de socios tras un apogeo inicial, fuga de estos hacia otro tipo de actividades deportivas, ausencia de rivales contra los cuales jugar y en definitiva, reducción de actividad. Esa es una verdad como un templo.

Sin embargo nadie puede afirmar categóricamente que estas tres entidades se disolvieron, es decir, extinguieron de forma unánime y por escrito su vida. Cada una de ellas intentó salvar los muebles como pudo y si el fútbol siguió como hasta por entonces en Minas de Riotinto, sin contrincantes, el Huelva Recreation Club se tuvo que refugiar en el Seaman’s Institute y el Sevilla Foot-ball Club en el Círculo Mercantil.

En Sevilla, ciudad que nos ocupa en el presente artículo, a partir de 1893 no hay constancia de encuentros de fútbol por parte del Sevilla Foot-ball Club, como tampoco la hay en Huelva con el Huelva Recreation Club desde 1896 o de la sección de fútbol de Minas de Riotinto durante esos años. Pero, ¿es esto sinónimo de que no hubo fútbol en estas tres localidades? Por supuesto que lo hubo, ¿cómo no iba a haber fútbol o es acaso que, de repente, aquellos deportistas dejaron de dar patadas a un balón?

La crisis futbolística que sufrió el triángulo formado por las localidades de Minas de Riotinto, Sevilla y Huelva fue la crisis de los pioneros, la de los avanzados que no son correspondidos por una afición que poco o nada les entiende y la de aquellos cuya radicalización les hace perder adeptos que renueven su sangre y les aporten oxígeno.

Lejos de amilanarse, aquellas personas -pocas sin duda- no cejaron en su empeño y de una manera u otra continuaron con una actividad que les gustaba, que les llenaba y por la que sentían pasión. Aunque no disputaran encuentros frente a otras sociedades bajo un mismo nombre como lo era el de Sevilla Foot-ball Club, cada uno de ellos era parte de este club porque nunca se disolvió y en las ocasiones que echaban un partidillo en el Prado de San Sebastián, junto a la caseta del Círculo Mercantil, allí estaba el Sevilla Foot-ball Club representado por aquellos hombres.

13.- Contemporaneidad y relevo generacional

Quizás alguien piense que no aparecer en prensa pueda ser una indudable evidencia de que no hubo fútbol en Sevilla desde 1893 hasta 1905 y con ello tener un clavo al que aferrarse firmemente para esgrimir un argumento medianamente sólido en contra de la práctica de este deporte en la ciudad. Sin embargo este recurso demuestra bisoñez en manos de quien lo emplea, pues los recursos del historiador y de quien investiga transparente y concienzudamente son lo bastante amplios para que, una vez presentado un escollo, tener la habilidad suficiente para indagar en otras fuentes y no desistir jamás a la primera de cambio. Gracias a esa tenacidad se explorarán vías alternativas y el premio más pronto o más tarde acabará apareciendo.

Los encuentros de fútbol disputados en Sevilla desde la anterior década de los años ochenta eran la punta de un iceberg que con el paso de los años iría creciendo lentamente y adquiriendo un tamaño más grande. A mitad de los noventa y coincidiendo con el ocaso periodístico del Sevilla Foot-ball Club hasta su posterior oficialización, el médico hispalense Salvador López hizo una gran labor por el desarrollo del fútbol en la ciudad, pues desde su plaza como profesor de educación física en el Instituto de San Isidoro, este hombre que lo había practicado con entusiasmo en la vecina Francia, tuvo la feliz ocurrencia de imponer esta disciplina deportiva como herramienta regeneracionista para su alumnado. Por este centro educativo pasaba lo más granado de Sevilla y allí fue donde José Luís Gallegos, el presidente oficialista de 1905, junto a otros compañeros que le acompañaron después en este viaje, tuvieron la oportunidad de conocerlo directamente.

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El mundo del fútbol no terminaba con los británicos y españoles que formaban parte del Sevilla Foot-ball Club, ni tampoco en aquellos muchachos que desde el patio del instituto corrían afanosamente tras el balón durante el tiempo de recreo. El Puerto de Sevilla, uno de los más transitados en España pese a su carácter fluvial, era destino de miles y miles de marineros británicos que en sus ratos de ocio echaban partidos entre sí o frente a empleados de las compañías navieras, comercio o de transporte que había en la ribera del Guadalquivir. Algunos de ellos pertenecientes a McAndrews Company Ltd. u otras compañías solían ser foco de atención de los sevillanos y desde “la McAndrews” salieron varios futbolistas que, como ya había sucedido en 1890, luego reactivarían al club hispalense para a continuación ser algunos de sus protagonistas en la oficialización de 1905 como el capitán Adam Wood, William Barr y John Mackenzie, sin olvidar en este repaso a la empresa The Seville Water Works Company Ltd., donde trabajaba Cyril Smith y que en las décadas siguientes sería fuente de grandes futbolistas.

En 1900, con el cambio de siglo, aquellos futbolistas que habían dado forma al club hispalense diez años antes ya no eran en su totalidad los de entonces por cuestiones físicas, pero su sabiduría estaba aún latente regenerada por los empleados de “la McAndrews” y los de The Seville Water Works Company Ltd. que jugaban junto al Prado de San Sebastián, los aludidos como “ingleses” que menciona Salvador López en varias ocasiones. Esta muchachada británica que da continuidad al fútbol sevillano y de la cual hay constancia durante el cambio de siglo, pronto es arropada por una generación de futbolistas nacidos en Sevilla en su gran mayoría o en otras localidades de su entorno, algunos de ellos con estudios en el Reino Unido de donde vienen ataviados con uniforme y balón como Luís Ybarra, para unirse a un grupo en el que figuran Langdon hijo, Hammick, Jiménez León, Tiburcio Alba, Manuel Zapata, Camilo Bel, Jorge Graells Miró, Felipe Cubas, Antonio Avilés, Ángel Leániz, Álvaro Rivas, Artaza o el madrileño Sevillano entre otros. Con todos estos ingredientes el Sevilla Foot-ball Club alcanza velocidad de crucero en 1904 jugando tanto en el Prado de San Sebastián, en el Huerto de Mariana o en las instalaciones de La Trinidad, iniciando en este año los pasos oportunos para oficializar según la Ley española una situación que se culminará el 14 de octubre de 1905 con la definitiva oficialización tras inscribirse en el Registro y elegir nueva junta directiva con José Luís Gallegos al frente.

14.- El acta del Pasaje de Oriente: Firmada el 15 de octubre de 1905 en el popular café de la Calle Sierpes, esta acta documental es toda una declaración de intenciones por parte de los socios allí reunidos, conscientes del pasado futbolístico en Sevilla y deseosos de que el futuro les vea cumplir cincuenta años al menos más. Entre el discurso destacan dos frases llenas de compromiso que apuntan a la nacionalidad de sus componentes, a su ideología y a su estrato social, pero también hacen un guiño a los anteriores futbolistas que fueron socios desde el 25 de enero de 1890. Leamos:

Dice José Luís Gallegos: “… todos los hombres, de cualquier nivel social, ideas religiosas o políticas, tendrán aquí cabida”. Al principio no sorprende la frase en sí, pero si tenemos en cuenta que la sociedad la componen ingleses, escoceses, sevillanos de ascendencia inglesa, sevillanos de ascendencia irlandesa, sevillanos de ascendencia francesa y sobre todo sevillanos de pura cepa, incluso socios procedentes de otras provincias españolas, queda patente que el club está abierto a alojar católicos, protestantes, liberales, conservadores, monárquicos, republicanos, etc., sin que cualquier etiqueta suponga un freno para ser admitido, algo loable en unos tiempos donde el exclusivismo imperaba y que reafirma la asimilación de raíces sociales que compartían aquellos hombres respecto a los allí reunidos y respecto a los que iniciaron la aventura años antes.

Dice otra frase: “Reunidos en el Pasaje de Oriente, en banquete todos los abajo firmantes, para festejar los éxitos obtenidos con el juego de pelota con los pies en esta ciudad…” ¿Cómo que para festejar los éxitos obtenidos? ¿Por qué se emplea un tiempo pasado “obtenidos” y no uno futuro como “se obtendrán”? Estas palabras pronunciadas en la oficialización de una sociedad sólo se pueden entender desde el punto de vista de alguien que reconoce que hay una historia detrás y que la hace suya, pues de lo contrario no hablaría del pasado y si lo hiciese y esa historia perteneciese a un club distinto, no la festejaría.

Al margen de estas frases, en esta reunión aún hay más y por encima de todo asoma la cabeza un hecho inconcebible en cualquier constitución al uso de una sociedad futbolística en aquellos días: la existencia de una distinción entre los miembros del club divididos en dos claras mitades que forman juntos un todo, de un lado los miembros jugadores y de otro, los socios. Esta partición hecha a conciencia resulta avanzada a su época y no se vivirá en otras sociedades hasta años después, pues todo club que se preciase era de ordinario un grupo legalizado donde todos los futbolistas eran socios y viceversa. La lectura de esta importante apreciación indica que hay jóvenes, los jugadores con que empiezan a jugar y socios, los que jugaron antes y por cuestiones de edad ahora no lo pueden hacer, algo que llevado a cabo en 1905 es sinónimo de que hay una práctica anterior y una continuidad respecto a iniciadores previos.

15.- Los trofeos de la caseta de la Feria de 1907: El que fuera futbolista del Sevilla Foot-ball Club y miembro durante la oficialización de la sociedad en 1905, Benito Romero, tuvo estando todavía en vida la gran deferencia de entregar al club hispalense una serie de fotografías relacionadas con distintos pasajes de sus vivencias. Este legado, sin duda de gran valor, tiene la particularidad de que en cada una de las fotografías y en su cara posterior, presenta escrito por puño y letra del propio Romero, una descripción de lo que aprecia y la fecha en la que fue tomada, siendo estas imágenes una herramienta fabulosa para identificar personas y sitios.

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En una de ellas, tomada durante la Feria de Abril de 1907 y en el interior de la caseta que disfrutaba el Sevilla Foot-ball Club, se aprecia al presidente José Luís Gallegos acomodado en una silla y al mismo Benito Romero sentado en un banquillo rodeado de banderines rojiblancos, los colores de la sociedad, junto a una mesa donde se aprecian siete trofeos -copas- y una bandeja con su correspondiente estuche, un patrimonio excesivo para una entidad que se había oficializado apenas año y medio antes y de la cual se desconoce haber disputado durante ese periodo de tiempo encuentro alguno frente a algún rival.

Si la sociedad sevillista no había participado supuestamente en ningún encuentro entre octubre de 1905 y abril de 1907, ¿a quién pertenecen esos trofeos tan orgullosamente dispuestos ante la cámara? ¿Dónde se obtuvieron, cómo llegan hasta allí y por qué el Sevilla Foot-ball Club los recoge? ¿Los pusieron allí para engañar a las futuras generaciones y a los posibles investigadores? No seamos malévolos y mostremos algo de raciocinio. Sólo hay una explicación convincente para un club de fútbol: que otro club de fútbol se los haya legado o que pertenezcan al propio club habiéndose obtenido en un periodo anterior, el que arranca en 1890.

16.- José Luís Gallegos: Nacido en Jerez de La Frontera en 1880, José Luís Gallegos Arnosa es uno de los grandes nombres en la historia del sevillismo. Hijo de un capataz bodeguero, alrededor de 1890 se traslada a Sevilla junto a su familia con motivo de una nueva asignación laboral paterna, siendo en 1894 a la edad de catorce años enviado al Reino Unido donde cursa estudios en Liverpool, sede de la naviera McAndrews Company Ltd., ciudad donde cursa estudios como perito mercantil y aprende diversos idiomas como inglés, alemán, francés e italiano, aptos para lo que será su profesión futura. En 1898 regresa a Sevilla donde se establece como consignatario naviero en el Puerto de Sevilla, oficio que le permite codearse con varios empresarios navieros, en especial E.F. Johnston, distintos comerciantes y muchos marineros con los cuales juega al fútbol, además de ingresar en el Círculo Mercantil donde ocupa varios puestos.

Gallegos, uno de los mayores de una generación donde figuran varias personalidades que serán importantes en el club hispalense, traza una gran amistad con el capitán Adam Wood y varios empleados de “la McAndrews” que comparten actividad futbolística en el Prado de San Sebastián como los jugadores del Sevilla Foot-ball Club Isaías White, los hermanos Welton y otros empleados de distintas compañías británicas instaladas junto al Guadalquivir. Ampliado su círculo de amistades, a partir de 1904 impulsa la regeneración del Sevilla Foot-ball Club con la idea de oficializarlo conforme a la Ley de Asociaciones, objetivo que consigue el 14 de octubre de 1905 cuando es elegido presidente.

El joven José Luís, que cuenta con apenas veinticinco años en el momento de ser la cabeza de la nave sevillista, es un gran “sportman” que se toma en serio todo lo relacionado con el “sport” y así lidera años después varios proyectos como una fracasada Sociedad de Sport Sevillano que no levanta el vuelo y el Club Náutico donde converge junto a Isaías White y los hermanos Welton nuevamente. Entre medias Gallegos se convierte en árbitro emulando a E.F. Johnston, abandona y recupera la presidencia sevillista, adquiere una gran notoriedad en el Círculo Mercantil -el lugar de amparo de muchos de los socios del Sevilla Foot-ball Club-, y mantiene un rifirrafe con un viejo conocido, Salvador López, que se alarga durante varios años.

Todo empieza en 1906 cuando Narciso Masferrer, fundador de El Mundo Deportivo y hombre de gran influencia, es acompañado durante su estancia en Sevilla por el doctor López. Este, al ser preguntado por Masferrer sobre la actividad futbolística en la ciudad, reduce su práctica a un grupo de británicos que juegan desde hace muchos años en el Prado de San Sebastián, pasando por encima de un Sevilla Foot-ball Club que regenta Gallegos desde 1905. Molesto por estas palabras, el jerezano tomará cumplida venganza en 1914 cuando publica un artículo en El Fígaro donde arremete contra López al decir que antes de 1904 no había deporte en la ciudad, despreciando toda la labor realizada por el doctor quien tenía un gimnasio y daba clases en el Instituto de San Isidoro desde 1895.

Gallegos confraterniza con José Montes Sierra, presidente durante varias etapas del Círculo Mercantil y con multitud de comerciantes locales y residentes extranjeros, consiguiendo impulsar un club que será importante en el futuro y en el que dejará una gran huella.

17.- Hugh MacColl: Nacido el 30 de junio de 1861 en la escocesa ciudad de Glasgow, la “ciudad de los ingenieros”, MacColl fue delineante de joven y luego ingeniero, trabajando en distintas localidades escocesas antes de recalar durante 1889 en la empresa sevillana de Portilla y White, Cia. donde construye componentes para la Armada española. Amante del deporte y con conocimientos sobrados de fútbol, a Hugo -como fue conocido en su estancia sevillana- no le fue demasiado difícil erigirse en capitán del recién constituido Sevilla Foot-ball Club en 1890. Fornido jugador y dotado de una buena técnica, era el más respetado y valorado de la sociedad hispalense hasta el punto de ser considerado como el mejor de todos, orgullo del que se sentía feliz gracias a una estima por el fútbol que queda reflejada en sus cartas.

Su estancia en Sevilla no fue muy larga, casi siete años, pero dejó innumerables amigos en la ciudad y una gran impronta dentro de la comunidad británica, marchando en 1895 a la localidad inglesa de Sunderland donde crea la Wreath Quay Engineering Works Company junto a otro socio, Jameson, dedicándose a la construcción de motores de vapor para barcos militares y de pesca. Fallecido este, su puesto es ocupado por un escocés con pasado en el Sevilla Foot-ball Club, Gilbert Reid Pollock, adquiriendo la empresa la nueva denominación de MacColl & Pollock Ltd. y especializándose en motores y calderas cuya fama atravesará fronteras.

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En 1908 y con motivo del trágico terremoto de la ciudad italiana de Mesina, el Sevilla Foot-ball Club encomienda al capitán Adam Wood, comandante del vapor Córdova, hacer escala en Sunderland y adquirir camisas rojiblancas como luce el Sunderland Association Football Club, conjunto que se había adjudicado el campeonato inglés en las ediciones de 1892, 1893 y 1895, siendo subcampeón en 1894. Wood contacta con los ex-sevillistas MacColl y Pollock quienes casualmente tienen su factoría junto al Estadio Roker Park, feudo del club británico, llevando el Córdova cargado de uniformes rojiblancos y de paso, balones, que recalarán en la capital andaluza y que curiosamente en pocas ocasiones serán lucidos al ser declarado el uniforme blanco como oficial. Poco tiempo después otro club español, el Athletic Club bilbaíno, recorrerá el mismo camino y repetirá los pasos sevillistas, siendo a partir de 1910 el rojiblanco su camisa oficial.

 

III Parte

El Sevilla Fútbol Club SAD ante La Futbolteca

La Futbolteca y el Sevilla Foot-ball Club

Acometer una investigación de esta envergadura en la que se estudia el desarrollo de un club desde antes de su origen hasta su oficialización pasando entre medias por su constitución, es un reto que exige mucho de nosotros pero que al mismo tiempo resulta gratificante por poder emplear in situ todo lo conocido durante años de diario aprendizaje. Riotinto Balompié, Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club son los tres clubs que más antiguamente empezaron a jugar al fútbol, aunque luego, con el paso del tiempo, cada uno de ellos evolucionase de una forma distinta y unos prosperasen más que otros. Estos tres casos son dignos de estudio y solo descifrando sus enigmas podremos saber cómo consiguieron sobrevivir en medio de un entorno hostil donde no era fácil vestirse de corto rodeados de personas de otra nacionalidad como los españoles a quienes les resultaban tan extraños y cómo tuvieron que claudicar a la aceptación de una cultura que, aunque no era en extremo muy diferente a la británica, sí eran la inmensa mayoría y sí eran los dueños del país, de modo que la alternativa de éxito pasaba por contar con ellos o morir.

La historia del Sevilla Foot-ball Club es muy rica en su cimentación primitiva al igual que también lo es la del Riotinto Balompié como sección deportiva del Rio-tinto English Club y la del Huelva Recreation Club. Sin embargo la historia de la sociedad deportiva hispalense, tal vez al pertenecer a una ciudad más grande y con más posibilidades, ofrece una gran variedad de matices que los otros dos no nos ofrecen, virtudes las cuales unidas a un origen hasta hace poco desconocido nos impulsaron a decantarnos por su exhaustivo análisis.

El Sevilla Foot-ball Club, una sociedad muy poco investigada en sus raíces decimonónicas, es el ejemplo ideal en quien hemos decidido basarnos para poner en práctica nuestra tesis histórica, una tesis que profundiza en la llegada de distintos deportes británicos a España, la formación de los “protoclubs” o clubs primitivos, la derivación de estos a sociedades especializadas en una única disciplina deportiva, el fútbol, sus problemas de desarrollo en un ambiente poco propicio y finalmente cómo superan un momento crítico para salir más fuertes e impulsados a perdurar con nosotros hasta la actualidad.

A partir de estas líneas veremos cómo el Sevilla Foot-ball Club se amolda como anillo al dedo a la tesis de La Futbolteca y cómo el club hispalense cumple una a una todas y cada una de las premisas que en capítulos anteriores de este apartado relacionado con la historia del fútbol español hemos ido relatando desde hace unos años. Empecemos pues:

El Sevilla Foot-ball Club como British Club

Partiendo desde el punto que el lector conoce sobradamente qué es un “British club” o lo que es lo mismo, una sociedad británica, veamos cómo se ajusta el Sevilla Foot-ball Club a los patrones que siguen en un elevado cumplimiento aquellas primeras entidades deportivas de origen británico que se constituyeron en España independientemente de la disciplina que escogiesen:

1.- Asentamiento de un nutrido grupo de ciudadanos británicos.

Este es el primer paso ineludible para crear un British Club y además ha de ser un número relativamente importante porque de lo contrario su futuro es claramente inviable. En Sevilla, localidad ésta con más relevancia que Minas de Riotinto, Tharsis o Huelva, el asentamiento es anterior a los años cincuenta del s.XIX aunque hay constancia de familias más antiguas, estando los focos británicos concentrados en torno al puerto fluvial, la alimentación y diversas fábricas metalúrgicas que le hacen merecedora de tener un consulado. Empresas como Portilla & White Cía., McAndrews Company Ltd., The Seville Water Works Company Ltd., consignatarios en el Puerto y muchos comerciantes con estrecha vinculación con la economía sevillana son suficiente caldo de cultivo para proporcionar mimbres para constituir un “British Club”.

2.- Surgimiento de un British Club.

Los ciudadanos británicos y, más concretamente los oriundos de Escocia e Inglaterra, al hallarse alejados de su patria intentan crear al poco tiempo de su instalación un lugar de encuentro donde compartir aficiones, cultura y especialmente combatir el ocio. Los británicos, mucho más asociacionistas que los españoles, tienen arraigado desde hace años esta cultura y se agrupan en pequeños colectivos que habitualmente se reúnen en una casa preparada para este fin. Primero será el hogar de uno de ellos, pero luego a medida que vaya aumentando su número alquilarán una casa más grande y finalmente construirán su propia sede con el dinero de los asociados o la ayuda de una empresa o capitalista que les ceda un local. Este paso, que requiere una estructura más sólida y avanzada, demandará la creación de una junta directiva para administrar correctamente al colectivo.

En Sevilla no hay constancia periodística a nivel hispalense acerca de la existencia de un club recreativo al estilo de los onubenses, pero sí de dos clubs de regatas, el Club de Regatas de Sevilla creado en 1875 y el Sevilla Rowing Club fundado en 1890 donde aprovechando las aguas del Guadalquivir los británicos y también sevillanos de pura cepa -ambos eran clubs británicos que admitían españoles-, remaban durante el verano para ejercitarse y de uno de cricket fundado hacia 1879 conocido a través de la prensa británica (London Standard, 10 de mayo de 1879) tal y como sucede con el club de cricket de Jerez de La Frontera -coetáneo a este- o el de Cádiz.

3.- Implementación del deporte en los British Club

La gran afición que sentían los británicos hacia el deporte -era una disciplina más en todos los colegios elitistas-, fue trasladada a los British Club y convertida de hecho en una de sus principales actividades para cubrir el tiempo de ocio. Sin embargo la práctica de todos los deportes existentes en las islas durante aquellos tiempos no fue introducida de forma conjunta, sino paulatinamente debido fundamentalmente a dos razones de peso: no había suficientes personas ni medios para ejercer según que disciplina.

La comunidad británica en Sevilla de los años sesenta, aunque superior en número a otras capitales, no se prestaba para crear distintos clubs dedicados por separado a una sola actividad deportiva. El remo, un deporte en el cual no hacen falta muchos integrantes, fue el primero de ellos ya dentro de los años setenta, pero la llegada de británicos en esta década que se sumaron a los ya existentes o primera generación nacida de estos, dieron pie a crear una sociedad de cricket y recién estrenado 1890, uno de fútbol.

4.- Escisión de las secciones deportivas

Algunos de los socios de los British Club con dedicación recreativa profesaban una gran estima a algún tipo de deporte en concreto y, reunida la cantidad necesaria de adeptos y dispuesto un terreno idóneo para ponerlo en práctica, pronto tomaron un camino independiente dando forma a secciones exclusivas dentro del mismo club. Estas secciones estaban dedicadas normalmente a deportes tan británicos como el fútbol, el lawn-tennis, el cricket, el remo, incluso golf y crocket, este último muy minoritario.

Esta proliferación de ofertas de distinto tipo tuvieron un variado calado entre los socios, pero en el caso del British Club de Las Palmas de Gran Canaria poco a poco se alcanzó el escalafón inmediatamente superior: la independencia. No bastaba con pertenecer a un British Club, sino que además se disponía de la posibilidad de disfrutar de la práctica de un deporte junto con otros socios sin estar a expensas de las normas del British Club.

En el caso de Sevilla no existe documentación que refleje la existencia de un British Club recreativo y tal vez no fuese necesario porque en realidad el Círculo Mercantil actuó oficiosamente como centro neurálgico para la comunidad británica dedicada al comercio cuando no lo fue el Puerto, siendo la aparición de sociedades deportivas espontánea y no fruto de un proyecto principal vinculado a una gran empresa como ocurre en Minas de Riotinto, Huelva y Vigo, quedando al margen Las Palmas de Gran Canaria que discurre por cauces similares a los hispalenses.

5.- Extinción de las iniciativas futbolísticas a nivel de club

Todas las iniciativas futbolísticas emprendidas por los británicos a finales del s. XIX terminaron fracasando por una serie de causas que ahora se explicarán. Los británicos, fueran escoceses o ingleses, cuando se incorporaban a su puesto de trabajo venían con un contrato firmado bajo el brazo, generalmente de dos años, que renovaban si deseaban o renunciaban a prorrogarlo marchándose a otro lado. Ante esta disyuntiva muchos de ellos sólo se relacionaban con compatriotas, no aprendían español y en caso de necesidad siempre tenían un intérprete a mano que les sacase de un apuro, convergiendo toda su vida social y laboral alrededor de la empresa y del British Club donde siempre, en uno y otro sitio, se hablaba inglés.

Contrariamente a los primeros británicos que se instalaron en España a principios del s. XIX y que al ser pocos, medio aventureros y buscadores de fortuna sí se integraron en la sociedad española aprendiendo el idioma e insertándose entre los nativos de forma natural, la segunda oleada británica mantuvo una nula relación con los españoles, estuviesen en el punto geográfico que estuviesen, dando la espalda a una realidad que les envolvía y de la que no podían, como hicieron, ausentarse.

El caso de Sevilla y su British Club, el Sevilla Foot-ball Club, tiene sus propias características y aunque esta sociedad reducirá su actividad alarmantemente a partir de 1893, bien es cierto que la composición de su plantilla es variopinta y lo mismo hay ingleses, escoceses, sevillanos, algún germano y curiosamente un fenómeno que no se repite en otras localidades en similares circunstancias como es la presencia de hijos de primera, segunda e incluso tercera generación de ascendencia británica pero nacidos en la capital andaluza.

6.- Reorganización del fútbol con españoles

Si hasta la fecha el peso del fútbol había estado en manos de los británicos terminando todo como terminó, la segunda tentativa por conseguir afianzar el fútbol en España sí tuvo éxito y lo tuvo precisamente no gracias a un cambio de mentalidad en la actitud de los británicos, que seguían en las mismas aislados en su mundo, sino a la llegada al fin de españoles que, como un niño con un juguete nuevo, querían experimentar y probar nuevas sensaciones. Los españoles no llegaron solos, sino acompañados por británicos con experiencia o por ciudadanos de otras latitudes donde el fútbol se estaba convirtiendo en un deporte importante, pero lo que estaba claro era que el futuro estaba en sus manos o mejor dicho, en sus pies.

La reorganización del Sevilla Foot-ball Club en 1905 se efectúa gracias a la iniciativa de una nueva generación de jugadores sevillanos y de otras provincias andaluzas, incluso del resto de España, pero también gracias a la colaboración de jugadores de ascendencia francesa y origen británico, todos ellos instruidos por algunos ex-jugadores de 1890 y con el apoyo del Círculo Mercantil, una entidad volcada con el deporte.

El “protoclub”

“Protoclub” es el término que hemos decidido emplear para definir a aquellas sociedades que, dotadas de junta directiva y una aceptable estructura organizativa, fueron pioneras en la introducción del fútbol en nuestro país y por extensión, en cualquiera del mundo. Analicemos sus características:

1.- Origen: Un “protoclub” nunca surge en las capas bajas de la sociedad que forman los trabajadores de a pié, de un barrio, medio rural o de una calle común porque primeramente no existe en España el conocimiento a nivel popular de este novedoso deporte y luego las condiciones asociadas que han de reunirse para su práctica les aleja de ellos.

2.- Nacimiento: Suele constituirse al amparo de una empresa grande o un entramado de diversas empresas, siendo sus fundadores ciudadanos británicos que se mueven en la élite por su condición social o cargo con la infiltración de algún español, incluso alemán que les acompaña por razones de mutua conveniencia, iniciándose su actividad alrededor de un reducido grupo con edades comprendidas entre los dieciocho y treinta y pocos años.

3.- Carácter elitista: La aparición de los “protoclubs” en la España decimonónica siempre se da lugar insertada en una burbuja cultural que los aísla del resto de la sociedad, un estrato social propicio para sus intereses en el que pueda nutrirse y desarrollarse guarnecido de la incomprensión y de la incalculable impresión que pueda causar en quienes les observan y desconocen sus actividades. Este idóneo caldo de cultivo lo forman comunidades cerradas, selectas socialmente, enraizadas en una empresa donde hay vínculos entre sus miembros o en una entidad deportiva dedicada a otra disciplina con medios económicos para adquirir uniforme, botas, balones y sobre todo, con personas amantes del sport, cultura de lo que esto significa y tiempo libre para poder ejercerlo.

4.- Socios: Los socios de un “protoclub”, como empleados que son, se deben a la empresa siempre antes que al club, un componente secundario y prescindible a pesar de su innegable labor social, siendo el promedio de estancia en nuestra tierra no muy prolongado -solían firmar contratos por dos años-, es decir, se trata de ingenieros o trabajadores de paso en busca de fortuna o experiencia para relanzarse en su país, aunque algunos con más fortuna y plaza asentada vivirán en nuestro país hasta el final de sus vidas, incluso contrayendo matrimonio con esposas españolas. Su implicación con el club tampoco será la misma en todos los casos ya que los hay muy involucrados que permanecen en varias directivas por llenarles emotivamente, mientras otros, con menor pretensión o de paso, acudirán por compromiso, ocasionalmente o casi nunca al igual que sus gustos también son variados, existiendo quienes sólo practican cricket, quienes se decantan por el fútbol, por ninguno de los dos y si por el lawn-tennis, por todos, por ninguno o por otro tipo de actividad.

5.- No profesionales: A diferencia de los clubs británicos creados en los años setenta y principios de los ochenta con dedicación exclusiva al fútbol donde existe una estructuración y organización muy marcada, donde los directivos hacen de directivos y los jugadores de jugadores siendo estos últimos profesionales y por ende, remunerados, los clubs británicos en España o los integrados plenamente por españoles no lo son y en ningún momento dan en sus primeros años de vida este paso tan importante que puede asegurar su continuidad.

Las entidades constituidas en suelo español son mucho más sencillas, amateurs completamente y con un espíritu deportista que queda patente en toda su extensión, sociedades donde no se perciben remuneraciones, donde no hay obligaciones, ni Liga en la cual competir, ni tan siquiera adversarios a su misma altura. Estas sociedades radicadas en España para poder mantener su actividad han de enfrentarse a sí mismos o concertar encuentros con tripulaciones británicas de paso que atracan en los puertos andaluces, catalanes, vizcaínos o gallegos, es decir, tienen un futuro muy comprometido que dará al traste con muchas de ellas salvo algunos casos contados que, gracias a un relevo generacional y la popularización del fútbol a principios del siglo XX, darán un giro radical a su trayectoria oficializando su situación.

Sin embargo no crea el lector que el fútbol español no mantiene contactos con el profesionalismo de una u otra forma: En 1891, y gracias a una carta escrita el 18 de diciembre por el capitán del Sevilla Foot-ball Club, Hugh MacColl, a un conocido domiciliado en Glasgow, James Matheson, tenemos constancia de la participación de un indeterminado número de jugadores profesionales británicos enrolados en el once titular del Huelva Recreation Club cuando se enfrenta al club hispalense en Tablada el sábado día 12 de ese mes con resultado de empate a un tantos. El cómo y el por qué de esta presencia de jugadores -un montón para Hugh MacColl-, nos es desconocida al igual que si se repitió el hecho, pero al parecer no fue suficiente razón de peso para que el Sevilla Foot-ball Club les plantase cara.

Cuenta MacColl: “Your brother was here last Saturday and with the Huelva team. The matter was a draw one goal each and their goal was an awful flook. Our team was half composed of foreigners some of whom had scarcely a football before, so you can easily understand I am quite pleased with the result considering that they had a lot of men from Queens Park, Bolton Wanderers and such like clubs. I expect we will get on hacking when we go to Huelva. I wish you would come out and assist us”. Traducido al español: “Tu hermano estuvo aquí el sábado pasado con el equipo de Huelva. El resultado fue de empate a un gol y el suyo fue un “churro” horrible. La mitad de nuestro equipo estaba formado por extranjeros, algunos de los cuales apenas habían jugado al fútbol antes, así que como puedes entender estoy bastante satisfecho con el resultado teniendo en cuenta que había un montón de hombres de Queens Park, Bolton Wanderers y clubes así. Espero montarnos en la piratería cuando vayamos a Huelva. Me gustaría que vengas y nos ayudes”.

6.- Alegales: Estas sociedades, lejos de acoplarse a la Ley de Asociaciones de 1887, desde su constitución se mantienen al margen de comprometerse con la legalidad española y aunque no interfieren en ella ni la vulneran, nunca consideran la conveniencia de inscribirse inmediatamente en el Registro de Asociaciones porque, como herederas de la tradición legal británica, se auto-consideran “non-profit corporation“, es decir, sociedades sin ánimo de lucro. Esta conformidad respecto a todo lo británico, para estas entidades es suficiente y entre los socios pertenecientes al club su gobernabilidad recae en la junta directiva, generalmente compuesta por las conocidas hoy en día figuras de un Presidente, un Secreatrio y varios Vocales, encontrándose en ocasiones un Tesorero y un Capitán.

Esta forma de actuar, bajo los ojos de muchos españoles, les otorga un carácter que puede considerarse como “alegal” hasta que dejan de serlo muchos años después cuando cambian su situación al verse obligados a hacerlo por una serie de cambios legislativos como los introducidos en 1901 con el Real Decreto de 19 de septiembre y en 1902 con la Real Orden Circular de 9 de abril.

7.- Localistas: El ámbito de acción de un “protoclub” es muy limitado en correspondencia a un deporte novedoso, con pocos practicantes y sobre todo, con pocas sociedades que tengan un grupo destinado a tal efecto o que sea su esencia. Por lo tanto su margen de maniobra será eminentemente local, aunque en ocasiones las distancias son cortas y se extiende a varias provincias, mientras que su campo de juego lo proporciona gratuitamente o sufraga la empresa pagando los costes de alquiler.

8.- Durabilidad: La vida de un “protoclub” es siempre corta, muy corta en ocasiones y su brevedad no es azarosa ni caprichosa sino que obedece a su condición de pionero, un estigma con el que debe de cargar desde su nacimiento y con el que ineludiblemente vivirá hasta una desaparición que será silenciosa, casi imperceptible, que llegará sin dar aviso y sin ser jamás publicitada. Esta condición, innata en todos ellos, es el alto precio que deben pagar aquellos que se adelantan a su tiempo al irrumpir repentinamente en medio de una sociedad que no les entiende, se escandaliza y no está preparada para asimilar un juego que desconocen y les resulta en demasía extraño. Entender esto bajo la óptica del s. XXI puede ser hasta cierto punto complicado, con lo cual, necesariamente hemos de hacer un pequeño esfuerzo y trasladarnos imaginariamente a aquellos tiempos con el fin de tener una visión más amplia de en qué medio surgieron los primeros “protoclubs”, cuál era su entorno y en qué condiciones sociales tuvieron que moverse para abrirse paso.

9.- Continuidad: El legado deportivo que dejaron aquellas sociedades primitivas tuvo al cabo de los años distintas hijuelas y también otras formas de “continuidad”, pues no todas desaparecieron para siempre fagocitadas por la coyuntura social de aquellos tiempos. Así pues, y tras estudiar detenida y concienzudamente cada uno de los casos, observamos dos tipos de herencia que en función de su protagonista muestran una continuidad o una discontinuidad:

1. Clubs continuistas: Son aquellos que irrumpieron en el panorama español y después de unos años de actividad, dejaron de ser noticiables por la falta de socios y se difuminaron en otras sociedades que mantuvieron su llama en vivo hasta que años después se reorganizaron en torno a la base primitiva considerándose los mismos. Entre ellas encontramos a tres: Rio-Tinto English Club, Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club.

2. Clubs no continuistas: Son aquellos que en las mismas condiciones que los anteriores no se reorganizaron en torno al núcleo primitivo, sino que perdieron su esencia y fueron sustituidos por grupos de personas totalmente ajenos a la iniciativa original y con consciencia de emprender un nuevo proyecto. Entidades como la Sociedad de Foot-ball Barcelona, Exiles Cable Club en Vigo, Athletic Club de Astilleros en Bilbao o Sky Foot-ball Club en Madrid son algunos ejemplos.

El Sevilla Foot-ball Club como “protoclub”

El carácter fluvial del puerto de Sevilla, distante al mar en cien kilómetros y a salvo de contrabandistas o de ataques externos, fue clave para que la Corona de Castilla le adjudicase el monopolio en exclusiva de la Carrera de Indias, siendo este vital para su desarrollo. Sin embargo la falta de calado, sinuosidad y limitación a unos navíos con cada vez más tonelaje acabaron en 1717 por cerrarles las puertas en beneficio del puerto de Cádiz, decisión que supuso sumir a la ciudad hispalense en una gran depresión económica que le hizo perder la mitad de sus habitantes y tardar algo más de siglo y medio en recuperarse.

A partir de 1850 la Revolución Industrial empieza a hacer mella y en la ciudad aparecen tímidos intentos de industrialización, propiciando además la atracción de navieras británicas interesadas en importar los productos alimenticios que proporciona el fértil granero andaluz. En 1859 se establece Robert MacAndrews & Company Ltd. a través de su testaferro John Cunningham, iniciándose la exportación hacia los puertos de Liverpool y Londres que ocasionarán la creación de la naviera Miguel Sanz y Cía. en 1861 y la instalación definitiva en 1873 de la poderosa MacAndrews & Company Ltd. escocesa. La presencia escocesa y por ende británica en Sevilla cada año es más palpable, siendo más notable en 1882 cuando empresarios de esta nacionalidad crean la The Seville Water Works Company Ltd. E.&A., suministradora de agua potable tras canalizarla procedente de los Caños de Carmona y con gran presencia de trabajadores ingleses en su plantilla.

No son los únicos británicos residentes en la ciudad y con anterioridad, desde 1855, el ingeniero inglés Isaías White está ya domiciliado, formando en 1856 junto a los hermanos Portilla la que se convertirá en gran empresa siderúrgica Portilla y White, Cía., especialista en fundición de cañones para la armada, rejas, máquinas a vapor y todo lo relacionada con la forja y fundición, trayendo consigo un reducido séquito de operarios originarios de las islas para la dirección técnica. El encuentro entre todos los británicos durante las décadas de los años setenta y ochenta decimonónicos es inevitable, estableciéndose relaciones comerciales entre ellos con sectores tan íntimamente ligados como la fundición, la exportación de enseres, los barcos y tuberías junto a máquinas de vapor.

En medio de una sociedad británica que se precie y más si cabe inmigrantes en otro país, además de las relaciones laborales figuran las sociales, siendo la tierra sevillana idónea por su clima para prácticas deportivas tan arraigadas en el Reino Unido como el remo, modalidad que en 1875 ya cuenta con un representante, el Club de Regatas de Sevilla formado por británicos y españoles a partes iguales que desaparece en 1883, la Sociedad Sevillana de Regatas creada en 1876 compuesta únicamente por españoles que cesa su actividad en 1886 y en tercer lugar el Seville Rowing Club creado en 1889, una sociedad mixta británico-española que se mantendrá en activo durante muchos años. Este no muy numeroso grupo inicial de británicos cuenta en 1879 con un club de criquet y a partir de 1882 se verá incrementado con los operarios procedentes de la The Seville Water Works Company Ltd. E.&A., ampliándose el margen de maniobra y las posibilidades de realizar más actividades de forma conjunta.

A mitad de los años ochenta de la Sevilla decimonónica, el fútbol en el Reino Unido, sobre todo en Escocia, es un deporte ya asentado que empieza a concentrar a un elevado número de practicantes y sobre todo de masas que siguen su evolución. Es el deporte de moda y tanto en colegios como en institutos se convierte en una actividad que forma parte del programa docente de educación física, algo en lo que España se encuentra a años luz. El núcleo de residentes británicos en Sevilla muestra una gran devoción por el deporte y así vemos como practican remo en verano y fútbol en invierno, disputándose varios encuentros entre temporada y sobre todo los muy entrañables de Navidad en los que se citan todos en señal de confraternidad frente a los grupos británicos que la Rio-Tinto Company Ltd. tiene en las localidades onubenses de Minas de Riotinto y la capital Huelva. En estos encuentros, dependiendo del número de congregados, lo mismo se enfrentan unos contra otros en nombre de la localidad que representan, como combinados de unos y otros contra terceros según las circunstancias les obliguen.

La práctica de este deporte cunde tanto en algunos miembros británico-sevillanos, muchos de ellos enrolados en el Círculo Mercantil, que el 25 de enero de 1890 constituyen el Sevilla Foot-ball Club, sociedad presidida por el vice-cónsul y a la vez representante de la naviera MacAndrews & Company Ltd. como también director de la The Seville Water Works Company Ltd. E.&A., Edward F. Johnston y conducida por el joven Isaías White, su alma mater, hijo de uno de los copropietarios de Portilla y White Cia. El Sevilla Foot-ball Club se convierte en el primer club en España confeccionado expresamente para la práctica de esta modalidad deportiva y es el “protoclub” local por excelencia, aunque en la ciudad no cuenta con el favor de la prensa quien en momento alguno refleja sus andanzas, al contrario que ocurre en Huelva o pocos años después en Bilbao, Madrid o Barcelona donde sí se muestran más sensibles a hechos de estas características.

La plantilla sevillana, toda ella integrada por trabajadores relacionados con las distintas empresas británicas tanto de origen británico, español o hispano-británicos de primera generación, concierta el 8 de marzo de 1890 un encuentro frente al Huelva Recreation Club, sociedad fundada apenas treinta y nueve días antes en lo que se considera el primer partido disputado por dos clubs constituidos en España, aunque con la matización de que ambos estén integrados mayoritariamente por británicos y uno sea un club de recreo que practica fútbol, el onubense y el otro sea un club de fútbol exclusivamente, el sevillano. El “protoclub” hispalense, dada la procedencia de sus integrantes y la no obligatoriedad, no opta por inscribirse en el Registro del Gobierno Civil, lo que le convierte en “alegal” e inadvertido para las autoridades españolas, discurriendo su vida deportiva de forma azarosa frente a los clubs onubenses y sin apenas más rivales en la zona que compartan su dedicación.

Tras las épicas y trágicas inundaciones que asolan la ciudad en marzo de 1892 las cuales arrasan el barrio de Triana y afectan a Portilla & White, Cía., apenas más se sabe de las prácticas de estos muchachos, localizándose a varios de ellos en el Seville Rowing Club. Durante los años siguientes no hay noticias en prensa sobre fútbol, pero sí de gran parte de sus miembros que siguen remando en el Seville Rowing Club y practicando gimnasia durante la campaña veraniega durante unos años, volviéndolas a tener en 1900, 1901 y 1902 cuando hay constancia de actividad futbolística en La Trinidad y en el Prado de San Sebastián protagonizada por miembros pertenecientes al Círculo Mercantil, actividad que ya no se abandona. La gran relación de este grupo de pioneros con la sociedad hispalense de principios de siglo asentada alrededor del Círculo Mercantil e Industrial junto a la resonancia en toda España que están teniendo los torneos anuales que se dilucidan en Madrid, propiciarán que el 14 de octubre de 1905 cristalice definitivamente la oficialización del Sevilla Foot-ball Club conforme al Real Decreto, de 19 de septiembre de 1901 y a la Real Orden Circular, de 9 de abril de 1902, sociedad presidida por José Luís Gallegos que queda registrada conforme la legalidad española.

 

IV Parte

El Sevilla Fútbol Club SAD ante los clubs y organismos

Similitud Sevilla Fútbol Club vs Real Club Recreativo de Huelva SAD

La introducción del fútbol en España tuvo en sus inicios dos focos bien marcados: de un lado el triángulo que forman con sus tres vértices las ciudades de Huelva-Minas de Riotinto-Sevilla y de otro la ciudad de Vigo, agregándose años después otros focos localizados en puntos tan alejados como Barcelona y Bilbao, a los que se les unió más tarde Madrid. No crean quienes estén leyendo estas líneas que el fútbol tuvo como principal base de operaciones la localidad de Minas de Riotinto, pues aunque es bien cierto que allí se constituyó una sociedad en 1878 que practicaba el fútbol entre otras disciplinas, no hay que olvidar que en Vigo se jugaba como mínimo en 1876 y que remontándonos unos años más atrás, Jerez de La Frontera fue pionera antes que todas las mencionadas al tener registrado en el año 1870 la primera fecha donde se menciona la palabra “foot-ball” en todo el país.

Ahora bien, una cosa es que un grupo de ciudadanos británicos jueguen al fútbol y otra bien distinta que estén organizados bajo el amparo de una sociedad. Estar sujetos a un club, sea recreativo o sea de fútbol, requiere disponer de una directiva con unos cargos electos con varias responsabilidades, léase presidente, secretario, tesorero e incluso capitán, además de una cantidad de socios que junto a los mencionados contribuyen a abonar unas cuotas para el buen mantenimiento de la sociedad. En el caso de Jerez de La Frontera y de Vigo, dos localidades donde se registra fútbol antes que en Sevilla y Huelva hasta allá donde nosotros conocemos, no nos consta sociedad alguna, es decir, no hemos encontrado ningún club con nombre y apellidos ni junta directiva que nos permita decir con total seguridad que la práctica de fútbol que se ha encontrado en algunos periódicos estuviese sujeta a un club constituido, lo cual dicho sea de paso, tampoco significa que no los hubiese pues, como hemos hallado, en el caso de Jerez de La Frontera sí había un club dedicado al cricket, lo cual nos hace pensar que también pudiese darse uno de fútbol.

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Apuntado esto, los clubs recreativos de Minas de Riotinto y Huelva, ambos con una clara predilección por el cricket entre la gran variedad de deportes que practicaban -como sabemos a través de La Provincia y por boca del nieto de Charles Adam (primer presidente del Huelva Recreation Club), el señor John Adam, quien manifiesta que su abuelo habilitó el campo anexo a la fábrica de gas en Huelva para jugar a este deporte, su favorito, para luego cederlo al fútbol-, junto con el de Sevilla, son los tres primeros clubs de los que hay constancia en España que practican esta disciplina, en concreto el sevillano solo esa, aunque existen indicios muy firmes de que Jerez de La Frontera, Tharsis, Málaga y Cádiz al menos disponían de un grupo que jugaba frente a los citados.

Sin embargo y tras muchas horas empleadas en su estudio, es digno de destacar el gran paralelismo que ofrecen el actual Sevilla Fútbol Club SAD y el Real Club Recreativo de Huelva SAD, antigua y respectivamente conocidos como Sevilla Foot-ball Club y Huelva Recreation Club, tanto que sorprende al menos durante sus primeros años de vida. Estas dos sociedades, dos de las tres primeras, parecen jugar con nosotros -los investigadores-, y nacen prácticamente al unísono, pues tan solo treinta y nueve días les separan. Ambas son lideradas por ciudadanos británicos -muchos más en Huelva (casi todos) que en Sevilla-, las dos tienen como presidente a la más alta autoridad británica en sus respectivas ciudades de adopción y las dos nos han legado su constitución a través de una crónica periodística, la onubense en un medio local, La Provincia, mientras el sevillano en un medio escocés, The Dundee Courier & Argus.

Siguiendo con esta igualdad, ambos son los protagonistas del primer duelo entre dos clubs constituidos en España, el famoso encuentro del 8 de marzo de 1890 en el sevillano hipódromo de Tablada, ninguno de los dos declara su existencia frente a terceros según indica la Ley de Asociaciones de 1887 y tanto uno como otro pierden protagonismo en la última década del siglo XIX ante la pérdida de socios. Ninguna de las dos sociedades se disuelve y respectivamente toman la decisión de sobrevivir al regazo de sociedades más poderosas, el Seaman’s Institute en el caso los onubenses y el Círculo Mercantil en el de los sevillanos.

Como no podía ser de otra manera y vistos los antecedentes descritos entre la última década decimonónica y principios de la siguiente, tanto uno como otro se reorganizan a principios del siglo XX cuando han surgido otros clubs en el país y con miembros de sus sociedades de acogida que actúan como puente, liderando el Seaman’s Institute la iniciativa onubense en 1903 que tarda en consolidarse varios años después y haciendo lo mismo el Círculo Industrial con el club hispalense que también precisa de tiempo para tomar carrerilla. Finalmente y por si alguien tenía alguna duda, las dos se inscriben en el Registro cumpliendo con la Ley de Asociaciones de 1887 gracias a las modificaciones propiciados por el Real Decreto del 19 de septiembre de 1901 y la Real Orden Circular del 9 de abril de 1902.

Si el Real Club Recreativo de Huelva SAD necesitó cerca de tres décadas para demostrar que fue constituido el 18 de diciembre de 1889 gracias a una crónica publicada en 1889 y encontrada muchos años después, pues era de creencia popular que había sido fundado en 1903 y así lo creían firmemente sus aficionados, el Sevilla Fútbol Club SAD de quien todos creíamos haberse creado en 1905, ha requerido nada más y nada menos que doce décadas, pues otra crónica, esta vez publicada en 1890, confirma que la sociedad se constituye el 25 de enero de 1890.

Por lo tanto, siendo justos y equitativos, los mismos argumentos que valen para uno deben ser aplicados al otro.

Similitud Sevilla Fútbol Club SAD vs Fútbol Club Barcelona

Si la similitud entre el Sevilla Fútbol Club SAD y el Real Club Recreativo de Huelva SAD llega a extremos tan parecidos que a ambas sociedades se les puede etiquetar de clónicas, otro gran club español y con una amplia trayectoria histórica, el Futbol Club Barcelona, presenta también una gran semejanza, al menos en su origen, con los hispalenses.

Todo empieza con las regatas, pues si en Sevilla parte de los fundadores del Sevilla Foot-ball Club practicaban remo en el Seville Rowing Club -fundado en 1890 y sustituto de otros creados en 1875 y 1876- como complemento a una dualidad deportiva que se dividía a lo largo del año dedicando el equinoccio de invierno al fútbol y el de verano al remo, en Barcelona tenemos al Real Club de Regatas cuyos socios en 1892 se dividen en dos bandos para jugar en Bonanova, acto que se repite en más ocasiones y que viene a corroborar lo fácil que era saltar de una actividad a otra sin perjuicio en la práctica de cualquiera de ellas ni en sus respectivas sociedades.

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Tirando del hilo y centrándonos en el fútbol, la constitución y posterior oficialización del Fútbol Club Barcelona marca unos pasos que en algunos casos serán seguidos por el Sevilla Foot-ball Club, pues el liderato a nivel nacional que adquiere el club catalán en los primeros años del siglo XX no pasa desapercibido para los hispalenses y estos toman el modelo estatutario azulgrana como propio. Analicemos la secuencia de los hechos:

El Fútbol Club Barcelona se constituye el 29 de noviembre de 1899 como sociedad dedicada única y exclusivamente a la práctica del fútbol siguiendo la voluntad de un grupo de personas que de forma libre, independiente y desligada de otras iniciativas anteriores llevadas en la ciudad, pretenden por si mismos crear un club que les represente. El club barcelonés, tal y como ocurre con los precedentes coetáneos de Minas de Riotinto, Huelva, Sevilla, Vigo, Las Palmas de Gran Canaria y Madrid, no declara frente a terceros su existencia como recomienda la Ley de Asociaciones de 1887 y en 1902, concretamente el 29 de diciembre, se ve obligado a constituir una junta directiva para presentarse oficialmente ante la sociedad como un club de carácter recreativo como consta en el Registro de Asociaciones disponible en el Gobierno Civil, hecho rubricado el 3 de enero de 1903, una obligación recordemos que le viene impuesta por el Real Decreto del 19 de septiembre de 1901 y la Real Orden Circular del 9 de abril de 1902.

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El Sevilla Foot-ball Club, una sociedad anterior en el tiempo al club catalán y hasta que no se demuestre lo contrario el primer club de fútbol constituido en España quedando al margen los dos recreativos onubenses -clubs recordemos con dedicación no exclusiva a este deporte-, pues viene al mundo nueve años antes -el 25 de enero de 1890-, en el momento de reorganizarse tras varios años de lenta recuperación elige la fecha del 23 de septiembre de 1905 para constituir una junta directiva y acto seguido inscribirse en el Registro de Asociaciones del Gobierno Civil sevillano en cumplimiento de la Ley de Asociaciones de 1887, siguiendo al igual que los barcelonistas las directrices legales que marcan los anteriormente mencionados Real Decreto del 19 de septiembre de 1901 y Real Orden Circular del 9 de abril de 1902.

La labor del club barcelonista y su influencia en la junta directiva sevillana no queda ahí y los primeros estatutos redactados por el Sevilla Foot-ball Club, gracias a la influencia de un nativo barcelonés pero sevillista en alma y espíritu como José Graells Miró, serán prácticamente los mismos que los del Foot-ball Club Barcelona, siendo también Graells el instigador de la inscripción en el Registro de Asociaciones.

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Si el Fútbol Club Barcelona no es cuestionado por la cronología y pasos realizados entre 1899 y 1903 reconociéndose como fecha de constitución el 29 de noviembre de 1899, siguiendo los mismos parámetros, vara de medir y el mismo principio de igualdad que debe prevalecer en la consideración de los clubs que ya se ha visto en el caso del Real Club Recreativo de Huelva SAD, realizando el Sevilla Fútbol Club SAD los mismos pasos que estos dos clubs merece por respeto el mismo trato y consideración.

La fundación de una Asociación

Llegados a este punto cabe la posibilidad de que el lector se pregunte por qué razón se establece una similitud entre el Sevilla Fútbol Club SAD respecto a otras sociedades como Real Club Recreativo de Huelva SAD y Fútbol Club Barcelona, y por qué no se realiza una comparativa con otras entidades históricas como lo son a nivel nacional el Athletic Club, de Bilbao y el Real Madrid Club de Fútbol. La respuesta a esta cuestión es sencilla y no obedece a un trato despectivo hacia el club bilbaíno o el madrileño, algo descartado, por supuesto, sino a una realidad que los tres comparados presentan en común y los cinco en su conjunto no: sevillanos, onubenses y barceloneses tienen una fecha concreta de constitución primitiva, mientras que bilbaínos y madrileños carecen de ella pese a existir datos totalmente creíbles en torno a su origen establecido en 1898 y 1900 respectivamente, desconociéndose lamentablemente en la actualidad qué día fueron constituidos y quiénes sus juntas directivas.

Todos ellos jugaban al fútbol en 1901 y ninguno de ellos se había suscrito voluntariamente a la Ley de Asociaciones de 1887 pese a que la conocían de sobras, una Ley no muy complicada de seguir que facilitaba con una serie de pasos la labor de cumplir con la legislación Española. Veamos qué decía aunque sea escuetamente:

Art. 4º. Los fundadores o iniciadores de una Asociación, ocho días por lo menos antes de constituirla, presentarán al Gobernador de la Provincia en la que haya de tener aquélla su domicilio, dos ejemplares firmados por los mismos, de los estatutos, reglamentos, contratos ó acuerdos por los cuales haya de regirse, expresando claramente en ellos la denominación y objeto de la Asociación, su domicilio la forma de su administración ó gobierno, los recursos con que cuente ó con los que se proponga atenderá á sus gastos, y la aplicación que haya de darse á los fondos ó haberes sociales caso de disolución.

Art. 5º. Transcurrido el plazo de ocho días a que se refiere el párrafo primero del artículo anterior, la asociación podrá constituirse o modificarse con arreglo a los estatutos, contratos, reglamentos o acuerdos presentados, salvo lo que se dispone en el artículo siguiente. Del acta de constitución o modificación deberá entregarse copia autorizada al gobernador o gobernadores respectivos dentro de los cinco días siguientes a la fecha en que se verifique.

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Quizás el carácter declarativo frente a terceros, que no constitutivo de esta Ley, provocó que estas sociedades se mantuvieran al margen de ella y se convirtiesen en “alegales”, pero esta situación no podía alargarse demasiado y su fin era cuestión de tiempo. Entre 1900 y 1901 el Gobierno ya mostraba inequívocos indicios de estar hastiado de que muy pocas asociaciones estuviesen al corriente, por lo que en el Congreso se debatía intensamente acometer algún tipo de cambio que invirtiese la tendencia. Enterados de estos movimientos y anticipándose a su publicación, el Athletic Club, de Bilbao, se constituye el 11 de junio inscribiéndose en el Registro el 5 de septiembre, mientras el Real Decreto se emite el 19 de ese mismo mes.

El órdago del Gobierno es serio y el Madrid Foot-ball Club se oficializa el 6 de marzo de 1902 consiguiendo su registro el 18 de abril, elevándose el tono del ejecutivo cuando el 9 de abril se emite una Real Orden Circular en el mismo sentido. El Foot-ball Club Barcelona no tarda en claudicar y el 29 de diciembre redacta nuevos estatutos inscribiéndose en el Registro el 3 de enero de 1903. El Campeonato de España de 1903, el primero a nivel nacional en nuestra historia, queda suscrito a la Ley y las sociedades que desean participar han de cumplir con tales requisitos. Dicho torneo capta la atención de los aficionados onubenses y de este modo el Club Recreativo de Huelva, el más antiguo de todos, se reorganiza en la primavera de 1903, redactando estatutos el 15 de mayo y registrándose tres días después. En cuanto al Sevilla Foot-ball Club, sociedad en similares circunstancias a los blanquiazules, queda oficializado el 14 de octubre de 1905 desconociéndose su registro al ser devastado por un pavoroso incendio el Gobierno Civil de la capital andaluza.

Conociéndose esta sucesión de hechos puede ser que alguien pueda caer en la tentación de pensar que la aceptación de la Ley de Asociaciones de 1887 y el cumplimiento a rajatabla de lo dispuesto en el Real Decreto de 19 de septiembre de 1901 y Real Orden Circular de 9 de abril de 1902 suponga un cambio significativo en el orden de las cosas, de modo que las fechas establecidas a consecuencia de la aplicación de esta Ley sean las que imperen y no otras.

Especulando con este juego podría darse el caso de que algunos clubs pudieran salir beneficiados en perjuicio de otros en previa posición de privilegio, peros quizás algunos puedan llevarse un desengaño y yerren en sus cálculos, puesto que siendo estrictos con esta postura el nuevo orden por constitución oficial en base al cumplimiento de la Ley de Asociaciones quedaría liderado por el Athletic Club, 11 de junio de 1901, segundo el Real Madrid Club de Fútbol, 6 de marzo de 1902, tercero el Fútbol Club Barcelona, 29 de diciembre de 1902, cuarto el Real Club Recreativo de Huelva SAD, 15 de mayo de 1903 y cerrando el Sevilla Fútbol Club, 14 de octubre de 1905.

Afortunadamente los mentores que hay tras la Ley de Asociaciones de 1887 no permitieron este tipo de cábalas y como personas cualificadas con amplio sentido común, dejaron la puerta abierta en 1887 para que las asociaciones ya existentes o futuras pudieran suscribirse con carácter declarativo en los Gobiernos Civiles sin que la no inscripción fuese sinónimo de inexistencia, mientras que con las decisiones de 1901 y 1902, aunque la suscripción se convirtió en obligatoria y se amenazaba con la suspensión de las asociaciones en caso de no aplicarse a la Ley, en ningún caso se mencionaba la disolución de estas, su inexistencia conllevando la pérdida de la historia acumulada desde la constitución primitiva, ni la constatación como asociación de nuevo cuño desde el momento de someterse a la Ley, es decir y para que se entienda, los clubs constituidos legalmente -aunque fuesen “alegales” antes de acogerse a la Ley de Asociaciones-, seguían manteniendo su antigüedad y los privilegios que de esta se arrastran.

Por esta razón los hoy Real Club Recreativo de Huelva SAD, Sevilla Fútbol Club SAD, Athletic Club, de Bilbao, Fútbol Club Barcelona y Real Madrid Club de Fútbol mantienen intacta su antigüedad original.

La opinión del equipo de La Futbolteca

La Futbolteca, un equipo compuesto por un reducido número de personas que investigamos la historia del fútbol español todo lo mejor que podemos, llevamos años trabajando tanto en este tema como en otros por el interés de todos los aficionados a este grandioso deporte, pero una vez preguntados por la opinión que nos merece el tema largamente tratado en este artículo no queremos extendernos más de la cuenta en la respuesta y por ello, a la duda planteada y apoyándonos en todo lo que sabemos manifestamos que: Sevilla Foot-ball Club de 1890 y Sevilla Fútbol Club de 1905 son negro sobre blanco… EL MISMO CLUB.

La posición del Real Club Recreativo de Huelva SAD

La recuperación por parte del Sevilla Fútbol Club SAD de una parte importantísima de su historia rectificando su hasta ahora reconocida fecha de constitución datada el 14 de octubre de 1905 y retrotrayéndola al 25 de enero de 1890, conlleva sin duda a la inevitable equiparación del club hispalense respecto al Real Club Recreativo de Huelva SAD, un club hasta ahora un paso más adelante que el resto de sociedades constituidas, quedando ambos al mismo nivel en cuanto a la consideración de clubs históricos creados una decena de años con antelación al resto de los grandes clubs originados en el cambio de siglo, aunque existan unas semanas de distancia entre la fundación de uno y otro.

Treinta y nueve días son los que separan en días naturales al club onubense creado el 18 de diciembre de 1889 del club sevillano, creado el 25 de de enero de 1890, cinco semanas y media que no hacen sino constatar que ambas ciudades fueron junto a otras localidades del sureste peninsular a las que ha de sumarse la gallega ciudad de Vigo -la otra gran puerta de entrada-, pioneras en la introducción del fútbol en España.

Real Club Recreativo de Huelva SAD y Sevilla Fútbol Club SAD son dos clubs privilegiados en nuestro país por haber mantenido una trayectoria dedicada al fútbol que supera ya los ciento veinte años, pero esto no ha sido siempre así. Los blanquiazules no vieron reconocida su constitución hasta muchos años después de convencer con argumentos y una nota aparecida en el periódico La Provincia al resto de sociedades con una fecha que distaba en mucho de clubs como el F.C. Barcelona y el Athletic Club, de Bilbao, quienes se auto-consideraban como los primigenios en este deporte. El Recreativo tuvo que luchar después con una gran crisis desatada en 1925 que le alejó de la competición durante año y medio primero y, en segundo lugar, con un episodio de rebeldía frente a la Federación Regional del Sur que casi le costó su disolución. Subsanados sus problemas económicos, los onubenses retomaron su historia y la han mantenido con orgullo hasta hoy, sabedores de su origen y de la gran distancia que tradicionalmente les ha separado del resto hasta el punto de ser considerados por muchos como el Decano del fútbol nacional.

El trabajo realizado por el Sevilla Fútbol Club SAD luchando por una historia que es suya, lejos de tomarse como una amenaza para la situación de privilegio que ostenta el club blanquiazul, debería ser respetada como lo fue él mismo cuando mantuvo la misma postura hace muchas décadas atrás peleando duramente por recuperar unos años que le pertenecían. El club hispalense muestra ahora los mismos argumentos y a la misma altura que en su día hizo la sociedad onubense, incluso la fortuna parece estar de su lado por cuando el destino, caprichoso como nadie, ubica en Escocia una nota aparecida en el periódico The Dundee Courier & Argus donde, al igual que ocurrió con el club blanquiazul, se recoge la fecha de constitución y parte de la junta directiva.

La alarma que el 25 de enero de 1890 puede ocasionar en el club onubense no está justificada, pues la historia es la que es y debe ser tomada como viene. Si el destino quiso que el 18 de diciembre de 1889 en Huelva se constituyese un club recreativo dedicado a actividades culturales y deportivas y en Sevilla, treinta y nueve días después, otro con finalidad exclusiva al fútbol, hay que aceptarlo. Queda claro que desde hace muchísimos años y con el punto de vista actual, tanto Real Club Recreativo de Huelva SAD como Sevilla Fútbol Club SAD son clubs con plena dedicación balompédica, sin duda, pero también cabe recordar que en el momento de su constitución esto no fue así y mientras la sociedad onubense era un club recreativo, la sevillana lo era únicamente de fútbol, un hecho que es lícito mencionar. “Reddite ergo quae sunt Caesaris, Caesari el quae sunt Dei Deo”, o sea, “Dadle a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”.

En el mismo sentido y apelando a la cronología histórica, también hay que subrayar que el Recreativo es más antiguo que el club sevillano, sean treinta y nueve días como lo hubiera sido tan solo uno, pero en el caso de que no hubiese sido el 25 de enero de 1890 y la fecha constitutiva hispalense precediese a la onubense, todos estarían obligados a aceptarla significase lo que significase.

Andalucía cuenta con los tres clubs más antiguos de España en práctica futbolística, pues si Real Club Recreativo de Huelva SAD y Sevilla Fútbol Club SAD son líderes en este aspecto, también es justo meter en la misma pomada al Riotinto Balompié, club con un origen que se remonta hasta 1878. Bajo nuestro punto de vista, una óptica libre de cualquier sospecha y totalmente imparcial, opinamos firmemente que los clubs implicados y en la medida que les corresponde, deberían olvidarse de mirarse tanto el ombligo y desprenderse de intereses particulares que crean desavenencias, fijándose más en lo que les une y menos en lo que les separa.

La posición de los clubs españoles

La comunidad de clubs que forman las miles y miles de sociedades constituidas en España y que en su inmensa mayoría están asociadas a la R.F.E.F. para competir en cualquiera de sus campeonatos, ocupan una extensa lista en la cual encontramos desde clubs recreativos, atléticos, gimnásticos, uniones deportivas, sociedades deportivas, hasta clubs cuya única disciplina es el fútbol. Todos ellos tienen cabida en la R.F.E.F. sea cual sea su origen y hayan jugado siempre al fútbol o lo hayan adoptado tiempo después de su creación.

No obstante si analizamos cada uno detenidamente, observaremos que no todos se registraron el mismo día en el cual se constituyeron, que un gran número de ellos permanecieron al margen del Registro durante muchísimo tiempo dedicados al fútbol amateur o al fútbol base y que un elevado porcentaje de los clubs de hoy con cierta antigüedad en la mochila, tuvieron “lagunas” en su respectivo historial atribuibles a diversos motivos como no reunir una cantidad mínima de socios para jugar, no existir un relevo a una junta directiva dimisionaria, por imposición de un castigo económico de procedencia federativa o incluso por expulsión de una federación territorial durante un cierto periodo.

Pues bien, todos ellos, sin excepción, lograron ser readmitidos en la R.F.E.F. tras reorganizarse con nuevos socios, tras pagar una deuda federativa o tras cumplir un castigo, incluso habiendo cambiado de nombre siempre y cuando demostrasen ser los mismos, porque en el fútbol hay desapariciones por ausencia de actividad, claro que las hay y las seguirán habiendo, pero cuando un grupo de personas toma el timón de un club y tiene la vocación de continuar la labor deportiva, mientras no haya una disolución por el medio, ese club es el mismo y así lo acepta la R.F.E.F. y el mundo del fútbol.

El Sevilla Fútbol Club SAD fue oficializado por un grupo extenso de personas el 14 de octubre de 1905, un grupo de jóvenes que deseaban desde hace años atrás legalizar una situación que había empezado una generación anterior el 25 de enero de 1890 y que por las razones conocidas había perdido su ímpetu inicial. Hay una constitución del Sevilla Foot-ball Club en 1890 y no hay una disolución entre esa fecha y el 14 de octubre de 1905, con lo cual aquellos jóvenes que, como hemos probado en este artículo, eran en su mayoría conocidos, familiares, compañeros de trabajo de los pioneros y socios igualmente del Círculo Mercantil -el eslabón que les une-, expresaron su voluntad de continuar algo que no había terminado y que pasados más de ciento veinte años, todavía tiene futuro.

El fútbol español deberá seguir acogiendo al Sevilla Fútbol Club SAD como una sociedad más, profesional en este caso, sin distinción ni favoritismo, pero debe saber que este club es del siglo XIX y no del XX como durante tantas décadas ha sido reconocido, un privilegio del que gozan muy pocos en España y que con documentos en las manos el club hispalense puede probar.

No reconocer este hecho sería implícitamente no reconocer la antigüedad de una sociedad como el Real Club Recreativo de Huelva SAD, una entidad histórica en nuestro fútbol de reconocido prestigio y de mayor edad que presenta los mismos registros, casi como un calco, a los del club sevillista, por lo cual de ser así prevalecería un club sobre otro, una decisión injusta en un deporte en el que presuntamente todos son iguales y que supondría una mancha muy oscura para un país que ha sido campeón del mundo a nivel de selección absoluta además de presumir de entender de fútbol. O los dos… o ninguno de los dos.

La posición de la F.I.F.A.

Recientemente este organismo tan importante en los designios del fútbol -el que más-, se ha postulado en cuanto a la fecha de constitución del Sevilla Fútbol Club SAD y el origen de su historia, incluyendo a la entidad hispalense dentro del distinguido apartado dedicado a los Clubs clásicos, es decir, todos aquellos que acumulan a sus espaldas una cantidad significativa de años dedicados a la práctica de este deporte.

Así pues y consultando su página en Internet, leemos que: “El fútbol llegó a España a bordo de embarcaciones británicas. Y dado que el río Guadalquivir es navegable hasta la ciudad de Sevilla, por vía acuática también se abrió paso hasta allí. Los empleados extranjeros y locales de la Naviera McAndrews empezaron a madurar la idea de un equipo en 1890 pero no fue hasta el 14 de octubre de 1905 cuando se hizo oficial”.

Desconocemos de forma directa cómo la F.I.F.A. ha obtenido esta información hasta la fecha poco divulgada y que el propio Sevilla Fútbol Club SAD está manejando con tanto cuidado y esmero por el momento, aunque de forma indirecta sospechamos que este organismo ha reparado en la labor que está desempeñando el club sevillista en pos de recuperar su historia y cuyos resultados, avalados por el fondo documental de la British Library, vienen publicándose en distintas páginas digitales de su entorno que han originado una serie de comentarios tanto en periódicos locales como a nivel nacional.

HF Sevilla FC 1890 23

Dentro de estos resultados, en la parte que nos corresponde y desde nuestra humildad, en La Futbolteca también queremos aportar nuestro granito de arena y reparar en el revuelo que hace pocas fechas ha causado un artículo nuestro titulado “Escocia: cuna del fútbol español”, dedicado a recoger la importancia que tuvieron los ciudadanos escoceses a la hora de difundir el fútbol en España y que tan buena acogida ha tenido en el Reino Unido y especialmente, como es lógico, en Escocia, artículo que requirió por su trascendencia ser traducido al inglés.

Sin embargo, visto desde un plano historicista, lo que más nos importa y por ello lo citamos, es que la F.I.F.A., al contrario que observamos mayormente en España, no tiene reparo en admitir el desenlace final de este artículo cual es demostrar que Sevilla Foot-ball Club y Sevilla Fútbol Club SAD son el mismo club, algo indivisible. El párrafo arriba indicado demuestra que la F.I.F.A. es consciente y tiene claro, sin ninguna presión mediante, que una cosa es la fecha de constitución de una sociedad y otra la fecha de oficialización mediante acta registral, dos conceptos íntimamente ligados y que no necesariamente tienen por qué cumplirse al mismo tiempo. Es decir, nos alegra en grado sumo que un organismo como la F.I.F.A., a pesar de que no tiene competencia para ello y no entra dentro de su cometido, comparta lo que desde La Futbolteca venimos diciendo desde hace tiempo: que la fecha registral no es la fecha constitutiva y que necesariamente antes de presentar documentos para darse a conocer ante terceros de forma oficial, siempre con antelación existe una actividad primitiva que tras un periodo de tiempo de acoplamiento termina acogiéndose bajo la declaración de una directiva y arrastrándose con ello la constitución de un club.

El Sevilla Fútbol Club SAD y su futuro

Conocido el origen del club y puestas encima de la mesa todas la pruebas a nuestro alcance -aún se encontrarán más-, el futuro del Sevilla Fútbol Club SAD será el que sus socios se propongan y las circunstancias permitan, pero dando un giro de ciento ochenta grados y mirando directamente a los ojos de la historia entre sus primeros pasos, su pasado también será el que sus socios quieran, aunque a diferencia de su futuro, las circunstancias ya no influyan porque lo que había de demostrarse y era necesario, ya se ha conseguido.

El Sevilla Fútbol Club SAD cuenta en su maleta desde ahora con un equipaje más consistente y reforzado que en el pasado, un equipaje por el que ha luchado durante muchos años y cual madre con un hijo a su cargo ha sabido a base de tranquilidad y paciencia remendar todos los rotos y descosidos que se había producido jugando a lo largo de miles de horas de aquí para allá. El club hispalense y con él, sus socios y directivos, son dueños de su historia y tienen en sus manos la posibilidad de elegir: si seguir considerándose como una sociedad constituida en 1905 como ha ocurrido en los últimos cien años o aceptar que su nacimiento fue quince años antes, en 1890.

Sea cual sea, la elección ha de ser suya y no de otros que opinen sobre ellos, con lo cual nosotros, una vez expresado nuestro dictamen, nos retiramos poniendo un punto y seguido, pues aún esperamos encontrar más datos porque es nuestro trabajo.

© Vicent Masià. Febrero 2013.

 

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titular HF Los protoclubs

por Vicent Masià

 

Introducción: el aprendizaje

Todas las personas desde que nacemos, cada día que transcurre lo convertimos en veinticuatro horas plenas de aprendizaje en el cual, como una esponja, vamos absorbiendo toda la información que se genera a nuestro alrededor sea nuestra actitud activa o pasiva frente a las circunstancias. Este proceso que se inicia desde el primer minuto de nuestra vida, contrariamente a lo que estiman algunos, no se detiene jamás y el conjunto de la sociedad que nos acompaña tiene una serie de mecanismos que nos ayudan a formarnos desde bebés hasta que adquirimos con el paso del tiempo una edad avanzada.

Al principio son nuestros padres quienes con su responsabilidad nos transmiten directa y paulatinamente las primeras lecciones, pasando poco después nuestro entorno escolar o el barrio donde vamos creciendo a complementar aquellos pasos iniciados por nuestros progenitores. Tras el paso de la niñez en donde empezamos a forjar nuestro carácter, llega una etapa convulsa como es la pubertad, periodo en el cual ya empezamos a reunir cierta experiencia que nos hace optar por elegir unas cosas u otras en función de nuestros gustos. El aprendizaje va dejando ya un poso en nuestro ser que con la adolescencia y la juventud se verá notablemente incrementado, adquiriendo con la madurez un nivel de estabilidad que puntualmente y, según sea nuestra vida, se verá ampliado con cuentagotas.

Todo ese nivel capacitivo que, en función de nuestras aptitudes, nos hace comprender las cosas, permitirá que nos adaptemos a ellas con menor o mayor rapidez y aceptarlas o rechazarlas en función de lo que nos cueste entenderlas.

Sabemos que cuando afrontamos la ejecución de una nueva tarea o empresa, por poco o por muy vista que la tengamos y por muy sencillo que hayamos comprobado cómo la hacen los modelos experimentados que empleamos como inspiración, no nos va a resultar nada fácil dominarla ni hacerlo bien a la primera. Todo reto en el cual nos aventuramos a entrar por atracción, deseo o capricho precisa de un periodo de acoplamiento, aprendizaje, conocimiento y perfeccionamiento para alcanzar ese grado de satisfacción que nos indica que somos maduros y hemos alcanzado el tope. En algunas ocasiones el encuentro es brusco, inesperado y nos damos de bruces con él aunque ya sabemos de su existencia, en otras el contacto es más sosegado y aflora porque nos ha cautivado y queremos realmente hacerlo, mientras que en otras es un descubrimiento del cual no sabemos nada.

El inicio dubitativo del fútbol en España

El fútbol español en su origen, como todas las cosas en esta vida, estuvo sujeto a un duro aprendizaje desde su inicio en el cual su ritmo de implantación fue sobre todo lento y disgregado a lo largo de nuestra geografía nacional. Este deporte practicado por millones de personas en la actualidad y seguido por muchos más, tuvo una génesis británica y ellos fueron gracias a las vicisitudes de la época quienes lo exportaron a todo el mundo. España no iba a ser la excepción y desde el último cuarto del s. XIX tenemos fe de ello en parte debido a la revolución industrial y en parte a nuestra deplorable situación económica, condiciones ambas que nos hicieron depender de su intervención en maquinaria, técnica y cómo no en financiación.

Aquellos británicos que se instalaron en nuestro país a principios o mediados de los años setenta de la España decimonónica a través de empresas o consorcios de empresas que iban a explotar yacimientos mineros, construir centros siderúrgicos, ferrocarriles, montar cable submarino o dedicarse a la importación o exportación de manufacturas mediante el empleo de las más conocidas rutas marítimas, trajeron con ellos sus costumbres y entre ellas un deporte desconocido aquí al que denominaban en lengua autóctona “football”. Sin embargo este deporte que llevaba varias décadas de práctica en el Reino Unido, aún con la regulación mediante una serie de reglas acordadas en distintos momentos, era joven y no estaba definido del todo, pues lo mismo aplicaba reglas atribuibles al football rugby como al football association, es decir, era un deporte que andaba en pañales y su reglamentación definitiva pendiente de un quórum generalizado.

Se puede decir, sin ningún temor a errar, que cada practicante en función de su lugar de origen aplicaba o convenía unas reglas al uso, de modo que si se enfrentaban equipiers de la misma zona no había debate ni problemas a la hora de concertar un encuentro y si lo hacían de distintos orígenes había que llegar a una entente porque no se aclaraban. Los británicos instalados en el suroeste andaluz o en cualquier otro punto del país no se escaparon de esta tendencia y hasta iniciada la década de los años noventa las reglas universales que había consensuado la I.F.A.B. no fueron aplicadas. Es decir, ellos también estaban aprendiendo y evolucionando en su conocimiento.

HF Los protoclubs 1

Pensar, con todos los respetos, que un grupo de ciudadanos británicos residentes por razones laborales en Minas de Riotinto, Huelva, Tharsis, Sevilla, Málaga, Vigo, Cádiz o Jerez de la Frontera jugase a fútbol moderno en 1873 o incluso antes es absurdo sabiendo que este, como deporte regularizado y con reglas comunes de obligado cumplimiento, no se concreta hasta 1886. En todo caso se trataría de fútbol primitivo donde existían cargas y otras influencias procedentes del football rugby. En este sentido y siguiendo con la misma línea argumental, también es absurdo creer que personas no relacionadas directamente en la elaboración de la reglamentación de este deporte como eran los distintos empleados residentes en España, se adelantasen a los expertos convocados por la I.F.A.B. en nada más y nada menos que trece años y además coincidieran todos en el sudoeste peninsular o en la ciudad gallega de Vigo. En realidad lo que harían a lo sumo y con la mejor de las intenciones es jugar a un fútbol arcaico en correspondencia a lo aprendido en las universidades o colegios y con reglas adaptadas por ellos mismos en función a lo que conociesen: era en definitiva fútbol primitivo en estado puro.

Hasta una década después y como hoy en día sabemos a través de la exhumación de documentos de la época, el fútbol debió ser un entretenimiento poco recurrido para cubrir parte de los ratos de ocio y además protagonizado por grupos muy reducidos que no alcanzaban un mínimo de veintidós equipiers dada la escasa población británica de los años setenta, siendo su práctica totalmente secundaria y fortuita en desventaja frente a otros deportes con más solera como el cricket y el remo, comenzando a despuntar coetáneamente otras disciplinas como el lawn-tennis.

1879. El fútbol llega a Madrid

Como un islote en el inmenso mar, en 1879 se abren las puertas de la villa y corte para la creación de una sociedad de deportes que albergue varias disciplinas para entretenimiento de sus miembros. La iniciativa, como era de esperar, parte de ciudadanos británicos residentes en la ciudad que, a imitación de lo que sucede en su tierra, desean exportar y poner en práctica sus costumbres en otras latitudes. Los implicados son un grupo reducido de británicos que contagian su fervor por el deporte a personas de la nobleza española residentes en Madrid muy vinculadas con las nuevas tendencias que proceden del Reino Unido, país inmerso en plena época victoriana y primera potencia económica mundial en aquel momento, dejándose seducir hasta tal punto de constituir en noviembre de 1879 el Cricket y Foot-ball Club de Madrid tras varios meses de gestación.

El Cricket y Foot-ball Club de Madrid es uno de los primeros clubs de España, sino el primero, con dedicación exclusiva a la práctica del fútbol como reza su nombre, aunque en realidad esta disciplina ocupa menos atención que el cricket, deporte por el cual sus socios tienen verdadera pasión y, de hecho, es su principal actividad. La gran importancia que históricamente adquiere esta sociedad es que, a diferencia del club fundado apenas un año antes en Minas de Riotinto o los movimientos contemporáneos realizados en Vigo, no se trata de un club social originado alrededor de una empresa donde sus integrantes son todos oriundos del Reino Unido los cuales desarrollan actividades que se enmarcan en un basto abanico que va desde el fomento de bailes de salón, juegos de naipes, lectura de prensa británica, celebración de días señalados relacionados con su lugar de nacimiento hasta excursiones, juegos al aire libre o en interior, sino que sus miembros en su gran mayoría son españoles.

La composición de la sociedad madrileña es muy selecta y queda restringida, aparte de los socios británicos, sus impulsores, a personas de la nobleza y cargos militares o políticos muy relacionados con la Casa Real, hasta el punto de ser el mismo Rey D. Alfonso XII quien se implica siendo elegido presidente honorario y convirtiéndose en valedor del proyecto deportivo cediendo el uso de la Casa de Campo para el desarrollo de sus actividades.

El Cricket y Foot-ball Club de Madrid tiene una gran relevancia en la historia del fútbol en España porque hasta la fecha, salvo nuevo descubrimiento, es el primer club constituido en España con dedicación al fútbol como una de sus actividades principales, un impulso que va acorde con lo que sucede en otros países europeos donde coinciden este tipo de iniciativas relacionadas con un deporte que está empezando a crecer y donde su divulgación y extensión entre la ciudadanía todavía camina entre pañales anticipándose en muchos años a lo que luego será un gran revulsivo social.

1880 – 1890. Primeros pasos del fútbol en el sur de España

Totalmente ajenos a lo ocurrido en Madrid, hasta 1881 según el testimonio de uno de los pioneros británicos en jugar al fútbol en España, el del escocés Daniel Young, este deporte era prácticamente inexistente y salvo ligeras pinceladas hechas públicas en algunos periódicos nacionales referentes a hechos ocurridos en el Reino Unido, el desconocimiento por parte de los españoles más bien era total. A partir de 1881 y gracias a la incorporación masiva de trabajadores británicos a las minas de Riotinto, las posibilidades de practicar fútbol se incrementan y es entonces cuando surgen los primeros grupos que muestran una predisposición incluso para sacrificar parte de su tiempo libre y trasladarse a otros puntos geográficos donde se empiezan a generar las mismas inquietudes. Alrededor de esa fecha tres localidades al unísono se convierten en viveros de equipiers: Minas de Riotinto, Huelva y Sevilla, siendo realmente imposible citar cual de las tres toma la iniciativa y es la primera, pues en las tres hay suficientes razones de peso para erigirse en cunas del fútbol.

Rio Tinto, denominación correcta en aquellos tiempos y por entonces pedanía de Zalamea la Real, es el espacio físico donde la empresa Rio-Tinto Company Limited realiza importantes extracciones minerales y donde se halla el núcleo con más población británica en la provincia onubense, siendo la capital Huelva donde reside la dirección de la empresa. La interrelación entre ambas comunidades al servicio de la misma empresa es obligatoria y la concertación de encuentros entre ambos grupos inevitable. De este modo tanto residentes en Minas de Riotinto pertenecientes al Rio-Tinto English Club originado en 1878 como residentes en Huelva marchan de una localidad a otra y viceversa. Sin embargo no son los únicos grupos que practican fútbol y también en Sevilla, sede de una importante comunidad británica asentada con anterioridad a la empresa minera, se localiza un grupo que se integra a la perfección en el círculo, estableciéndose una rutinaria rueda de encuentros en donde todos juegan contra todos, aunque en pocas ocasiones al año.

Tras la implementación del catálogo de reglas que imparte la I.F.A.B. en 1886, el fútbol adquiere otro nivel y comienza a ser un deporte más conocido no en el conjunto de España, sino por los residentes británicos que viven en nuestro país, en caso alguno ajenos a lo que sucede en su país de origen con el que mantienen estrechos lazos y del que permanecen expectantes con todo lo que allí ocurre. Fruto de estos lazos y de sus profundas raíces con la madre patria, a finales de los años ochenta no es difícil ver jugar a grupos de los tres núcleos donde se origina el fútbol, los mencionados Minas de Riotinto, Huelva y Sevilla, representando a las respectivas comunidades británicas de las localidades donde residen o llegado el caso, ante la falta de equipiers, mezclándose entre sí formando combinados para jugar unos contra otros.

Pero, ¿dónde se reúnen y en qué fechas? Es fácil pensar desde el punto de vista de la vida actual, que para concertar un encuentro en aquellos años bastaba con comunicarse entre sí y decidir para los contendientes una fecha válida del calendario. Sin embargo, este paso supuestamente tan sencillo, en la práctica no era fácil de llevar a cabo puesto que los compromisos de los trabajadores hacia la empresa que les pagaba eran firmes y la disponibilidad tanto de equipiers como de días hábiles para jugar era escasa. Si a estos factores unimos que las distancias a recorrer eran notorias y los medios muy diferentes en rapidez y comodidad a los del s. XXI, nos daremos cuenta razonando un poco que la disputa de partidos debió ser toda una hazaña.

A pesar de que en nuestras investigaciones no hemos podido determinar las causas que impulsaron a aquellas personas a concertar encuentros de fútbol, es más que probable que en su inicio se originaran alrededor de fechas importantes como el cumpleaños de la Reina británica u otras de fundamento religioso como la Navidad, fechas estas que en la cultura cristiana nos invitan a pasar cierto periodo de tiempo rodeados por nuestros seres queridos. Prueba de ello es la convocatoria que desde mediados de los años ochenta se realiza en Sevilla durante las fechas navideñas donde se dan cita los distintos grupos de Minas de Riotinto, Huelva y Sevilla para confraternizar y pasar unos días juntos lejos de su país en tan entrañables días.

La alargada sombra de la “Football League Championship”

La apuesta que hizo el fútbol británico con la redacción de las reglas de la I.F.A.B. fue muy seria y tras ella no había otra cosa sino unas profundas ganas por organizar un campeonato nacional en territorio inglés con un sistema competitivo ordenado y regularizado por normas de obligado cumplimiento por todos los participantes. Sólo faltaba consensuar a los clubs y elegir una fecha de partida, llegando ésta en la temporada 1889/90 cuando doce clubs ingleses deciden crear la “Football League Championship”, un torneo con encuentros a doble vuelta en donde se inscriben el Preston North End F.C. (1881), posterior vencedor y un conglomerado de sociedades donde se encuentran el Everton F.C. (1878) de Liverpool, el Blackburn Rovers F.C. (1875), el Wolverhampton Wanderers F.C. (1877), el West Bromwich Albion F.C. (1878), el Accrington F.C. (1876), el Derby County F.C. (1884), el Aston Villa F.C. (1874) de Birmingham, el Bolton Wanderers F.C. (1874), el Notts County F.C. (1862) de Nottingham, el Burnley F.C. (1882) y finalmente el Stoke City F.C. (1863) de Stoke-on-Trent.

El impacto que este campeonato futbolístico causa en todas las comunidades de origen británico alrededor del mundo es sensacional y repentinamente el fútbol empieza a desbancar de sus situaciones de privilegio a deportes tradicionales como el cricket que acabarán años después perdiendo la batalla en beneficio de este. El poder de congregación del fútbol y toda el aura que le rodea no tiene parangón a excepción del rugby, creándose en este instante el segundo punto de inflexión de la década tras las reglas de la I.F.A.B. en 1886.

HF Los protoclubs 2

El panorama español, a nivel general muy distanciado de lo que ocurre en otros países y más concentrado en resolver sus propios problemas que en ocuparse de actividades desconocidas y poco entendidas como es el fútbol, pasa totalmente de largo de estos acontecimientos a diferencia de otros países en una situación de bonanza económica más optima que la nuestra, pero por fortuna no todo en el suelo español es igual y la comunidad británica residente entre nosotros permanece atenta a lo que sucede en su tierra y se presta a seguir sus directrices.

En 1888 tan sólo existe un club con connotaciones futbolísticas en España, el Rio-Tinto English Club, pues ni en Huelva ni en Sevilla a pesar de su experiencia con esta disciplina aún no se han constituido sociedades de similares características, aunque no tardarán mucho en hacerlo. En el intervalo de tiempo que transcurre entre 1888 y 1890 ambas ciudades madurarán ampliamente su relación con el fútbol, pero como ahora veremos el camino escogido será notablemente distinto.

39 días

Una vez llegados al punto de distinguir qué ocurre previamente a 1886 y 1888 en las islas británicas y lo trascendental de estas fechas, es oportuno mirar hacia atrás y retomar las palabras del párrafo que encabeza este artículo: el aprendizaje. Los británicos instalados en la España de 1887-1889 saben perfectamente que existe un deporte denominado “football association” que es diferente del “football rugby”, tienen nociones del primero porque, mejor o peor, lo han practicado, están al día que presenta unas reglas universales avaladas por la I.F.A.B. y que lo que conocían hasta entonces ahora está en desuso, ha sido reglamentariamente modificado y hay que adaptarse a lo último olvidándose del fútbol de antaño.

Tras este importantísimo momento llega el siguiente paso en la cadena evolutiva: crear clubs que se adapten a las nuevas reglas y sean única y exclusivamente de fútbol.

Este paso que sería natural en cualquier sociedad de cualquier ciudad británica con cierto número de habitantes, en España y en concreto en las localidades con presencia de ciudadanos oriundos de las islas, muestra un serio contratiempo: se trata de núcleos cerrados con una población no excesivamente numerosa de distintas edades, aficiones, sexo -mayoritariamente masculina-, con trabajadores empleados en varias actividades y sobre todo, con personas que no sienten la misma pasión por el fútbol. Dos localidades que dan asiento a una empresa del mismo consorcio industrial, Rio Tinto Company Limited, son las candidatas a constituir un club de fútbol independiente: Minas de Riotinto, por ser el núcleo principal en el cual residen la mayor parte de los trabajadores y donde desde 1878 ya cuentan con un Club Británico, el Rio-Tinto English Club, que desarrolla actividades deportivas entre otras muchas y; en segundo lugar Huelva, la capital, por ser sede del staff de la empresa, en teoría la más idónea por su predisposición y facultades.

El staff de Huelva crea el 18 de diciembre de 1889 –luego será presentado en sociedad el día 23 del mismo mes- un Club Británico, pero no es de fútbol exclusivamente como hubiésemos sospechado a tenor de lo que se vive en el Reino Unido, sino multicultural y multidisciplinario pues en él tienen cabida actividades tan dispares como el excursionismo, los bailes de salón, cricket, foot-ball y sobre todo lawn-tennis, un deporte idóneo para estar en forma y matar el stress sin necesidad de intervenir muchos participantes. Ambas sociedades, el Rio-Tinto English Club y el Huelva Recreation Club, tienen miembros que han jugado al fútbol, lo han practicado en una localidad u otra y además han visitado ocasionalmente Sevilla donde reside otro núcleo importante de ciudadanos de su misma nacionalidad.

Como si de un título cinematográfico se tratase, 39 son los días que apenas separan la constitución de dos sociedades que jugarán a fútbol tras la gran influencia que les viene encima después de la disputa del primer Campeonato de Liga en Inglaterra y 39 días serán los que transcurrirán para ver nacer al primer club de fútbol en España.

El primer club de fútbol en España

Los antecedentes que se crean a lo largo de la década con la existencia de grupos que practican fútbol en Sevilla, Minas de Riotinto y Huelva más la oficialización del Campeonato inglés en la temporada 1888/89 sólo pueden terminar de una forma: con la constitución del primer club con dedicación expresa y exclusiva de fútbol, la del Sevilla Foot-ball Club acontecida el sábado 25 de enero de 1890.

Pero, ¿por qué nace el primer club de fútbol en Sevilla y no en Minas de Riotinto o Huelva donde ya existían miembros pertenecientes a un club que practicaban fútbol en el caso de los británicos riotinteños o lo habían practicado como el caso de los británicos onubenses, o en Madrid donde ya había un precedente? La respuesta es sencilla, pero antes debemos conocer la idiosincrasia de la sociedad británica hispalense:

Sevilla contaba desde finales de los años cincuenta del s. XIX con un reducido número de ciudadanos británicos que a través de navieras con pabellón español pero con capital insular se dedicaban a importar frutas, verduras, minerales y cereales a través de una línea que les unía con Liverpool preferentemente y con otros puertos importantes del sur. John Cunningham y Cía., participado por el importante grupo Robert McAndrews Ltd., era su máximo exponente hasta que en 1872 McAndrews & Company Ltd. y John Cunningham y Cía. se asocian para crear la naviera Miguel Sanz y Cía. Estas compañías atraen a una suma importante de británicos quienes en 1882 obtendrán un espaldarazo importante en número con la incorporación de la Seville Water Works Company Ltd., empresa suministradora de agua potable para el consumo humano.

HF Los protoclubs 3

Todas estas empresas se conocen entre ellas y sus empleados obviamente también, pero aunque entablen relaciones sociales y jueguen al fútbol juntos entre sí o frente a los grupos representantes de los británicos instalados en Minas de Riotinto o Huelva, para dar el paso de crear un club de fútbol y además dar respuesta a la pregunta anterior hace falta algo más, un mecenas. Y Sevilla lo tiene: Isaías White Méndez, único hijo varón de una familia de cinco hermanos hijos del ingeniero Isaías White, un inglés llegado a Sevilla en 1855 que formará sociedad con los hermanos Portilla, dueños de la forja La Maquinista, dando lugar a la potente industria de fundición Portilla & White, Cía.

El joven Isaías White Méndez, integrado en la sociedad británica sevillana la cual lleva varios años organizando encuentros en Navidad que les enfrentan a sus homónimos onubenses, es el promotor del Sevilla Foot-ball Club poniendo a su disposición su domicilio como secretaría, los terrenos aledaños a la fundición como campo de juego y parte de sus empleados -entre los que hay británicos y españoles- como jugadores a los que se sumarán otros de su entorno social. Como no puede ser de otra forma dentro de un club con claro e inconfundible aroma británico, presidente de honor es elegido el escocés Edward F. Johnston, residente desde 1871, biznieto del fundador de la naviera McAndrews & Company Ltd., vice-cónsul británico en Sevilla entre 1879-1906, uno de los tres directores en la capital hispalense de Seville Water Works Company Ltd. y uno de los cuatro propietarios de una naviera que era un imperio.

A diferencia de los clubs de Minas de Riotinto y de Huelva donde todo gira alrededor de la empresa minera Rio-Tinto Company Limited, o si se nos permite decir, casi todo, porque la capital onubense también es sede de The Huelva Gas Company Limited, importante en el devenir del Huelva Recreation Club, en Sevilla la dependencia respecto a una gran empresa -a pesar de la figura de Isaías White-, es mucho menor, puesto que entre sus miembros los hay procedentes de la Portilla & White, Cía., de la Seville Water Works Company Limited y de la McAndrews & Company Limited, además de otros miembros relacionados con el Círculo Mercantil.

Es decir, si en Minas de Riotinto y Huelva los clubs existentes orbitan y germinan desde una empresa para disfrute de sus empleados siendo casi todos ellos en un elevadísimo tanto por cien de origen británico, en Sevilla la dispersión es distinta y más repartida, pues son varias las empresas que suministran jugadores y dos las nacionalidades, repartidas al cincuenta por cien, las que toman el club. Esto supone una menor dependencia de una sola empresa y la abstracción respecto a otras actividades practicadas en los clubs onubenses para regocijo de sus integrantes que buscan además del deporte otros alicientes como aquellas relacionadas con su cultura, mientras que el club sevillano, cuya mitad son españoles, tiene cubiertas sus necesidades culturales y puede perfectamente consolidar una dedicación en exclusiva al fútbol.

El encuentro del 8 de marzo de 1890

La creación el 25 de enero de 1890 del Sevilla Foot-ball Club y la anterior del Huelva Recreation Club, sociedades que se sumaban al Rio-Tinto English Club, deparaba en el primer tercio de 1890 la existencia de tres clubs con posibilidades de jugar al fútbol. La disputa del primer encuentro reconocido en España entre dos entidades constituidas era cuestión de tiempo, máxime cuando el club sevillano había sido creado para tal fin a diferencia de los otros dos.

Cuando en el mes de febrero, apenas unas semanas de haberse constituido el Sevilla Foot-ball Club, el secretario de esta entidad invita amistosamente a su homólogo del Huelva Recreation Club a jugar un encuentro en la capital hispalense el 8 de marzo, en este partido confluyen varias de las circunstancias hasta este punto explicadas: se juega, a indicación del secretario hispalense, bajo las “Association Rules” -las de la I.F.A.B. de 1886-, lo que supone el primer encuentro conocido en el que ya no se juega “a la vieja usanza”, sino con las nuevas reglas, pero además uno de sus protagonistas es un club de fútbol, es decir, no un club o asociación recreativo-cultural como hasta entonces era habitual, un “football club” con todas las de la Ley como los que han surgido en Inglaterra y en ese preciso instante están disputando un Campeonato Nacional de Liga, algo que en España aún tardará tres décadas más en producirse.

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El encuentro del 8 de marzo significa un adiós al fútbol primitivo y una bienvenida al fútbol moderno, pero también un deseo hasta entonces desconocido por extrapolar lo que sucede en el fútbol inglés a un territorio extranjero para algunos de ellos como es España. Quizás en esta decisión, aparte de la voluntad de los ciudadanos británicos tan ligados y pendientes por seguir lo que sucede en su país, exista también un trasfondo en la membresía española del club por imitar otras costumbres externas que son positivas y pueden ser aplicables para un país como el nuestro.

Los “protoclubs”

¿Los “proto”…qué?, puede que se pregunte quizás más de uno con cara de asombro. Como indica el diccionario que todos tenemos en casa, procedente del griego antiguo πρωτο- (proto-), -primero, primitivo- y del inglés club, -asociación fundada en torno a un interés común-, en este caso deportivo.

“Protoclub” es el término que hemos decidido emplear para definir a aquellas sociedades que dotadas de junta directiva y una aceptable estructura organizativa, fueron pioneras en la introducción del fútbol en nuestro país y por extensión, en cualquiera del mundo. Todos los “protoclubs” reúnen en un elevadísimo tanto por cien las mismas condiciones y se caracterizan por ser los primeros en cada una de las ciudades donde se desarrollan, cumpliendo una serie de pautas que por su condición de primerizos supondrán al cabo de un tiempo su desaparición -no siempre acompañada de disolución-, integración, diseminación bajo otra sociedad de sus mismas o diferentes características, o postergación de su actividad.

En el caso de los “protoclubs” de fútbol dentro de sus características encontramos que suelen nacer al amparo de una empresa grande o un entramado de diversas empresas, cuando no son nobles de alta alcurnia, sus fundadores son personas elitistas por su condición social o cargo y a la vez integrantes mayormente británicos de origen con algún español infiltrado por razones de mutua conveniencia, iniciándose alrededor de un reducido grupo con edades comprendidas entre los dieciocho y treinta y pocos años. Estas sociedades no consideran la conveniencia de inscribirse inmediatamente en el Registro de Asociaciones, es decir, son “alegales” hasta que lo hacen muchos más años después, su ámbito de acción es local o provincial, aunque en ocasiones las distancias son cortas y se extiende a varias provincias, mientras que su campo de juego lo proporciona gratuitamente o sufraga la empresa pagando los costes de alquiler, además de que el número de integrantes rara vez supera la veintena de practicantes y si se llega.

En cuanto a las pautas todos se originan de una forma rápida aunque sus miembros mantienen un sustrato deportivo al haber practicado con antelación otras disciplinas, tienen una ascensión que les hace presentarse en sociedad de forma pública o al menos entre círculos sociales elitistas, cuentan generalmente con el apoyo de los medios escritos -sobre todo a finales de siglo y si radican en capitales-, y dependiendo de su ámbito geográfico disputan encuentros frente a equipos formados al azar de carácter efímero, frente a tripulaciones de navíos extranjeros si poseen puerto bien fluvial o marítimo y en algunas ocasiones entre equipos del propio club en función de la cantidad de socios.

Los “protoclubs” en la España de finales del s. XIX

Todas las ciudades españolas con más de cien años de fútbol en sus anales, todas, sin excepción, tienen al menos un “protoclub”, incluso las localidades que tienen el honor de ser pioneras a la hora de introducir el fútbol tampoco son ajenas a este primer paso ineludible en la escala de aprendizaje y formación como no podía ser de otra manera. Como iremos viendo Minas de Riotinto, Huelva, Sevilla, Bilbao, Barcelona, Vigo, Las Palmas o Madrid tienen su “protoclub” o incluso varios de ellos, porque la madurez en cualquiera de las actividades que el ser humano desarrolle no le es innata, sino que debe practicarse, amoldarse, acoplarse y finalmente dominarse. Esto no es nada sencillo y un grupo de atrevidos jóvenes deseosos de quemar energía tras un balón por primera vez bajo las directrices de un club organizado no es suficiente currículum para asentar un deporte en una localidad. Para ello hacen falta más argumentos, más experiencia y sin duda más condiciones socioculturales si se quiere rematar la tarea con éxito.

Los primeros clubs dedicados exclusiva o parcialmente al fútbol fueron sólo eso, “protoclubs” que tenían voluntad de hacer las cosas bien pero a quienes las circunstancias imperantes no les dejaban prosperar, bien por falta de apoyo social en cuanto a número de elementos integrantes en el grupo o bien por sus compromisos con las empresas a las cuales se debían laboralmente. Basta recordar que eran otros tiempos, otras mentalidades y otra forma de vivir la vida, muy distante a la de hoy en día donde casi todo está al alcance en un mundo informatizado y globalizado.

Finalmente cuando sus miembros se cansan, finiquitan sus contratos en España, su edad no lo permite o la falta de incentivos en forma de ausencia de rival no aparecen, acaban abandonando la actividad o buscándosela en otras sociedades similares si existen. Como en cualquier campo, existen excepciones a la regla y en determinados casos la mayoría de los integrantes son españoles además de que su origen no es una empresa extranjera, pero en lo que sí coinciden todos y cada uno de ellos es que al cabo del tiempo su semilla germinará posteriormente dando un fruto en forma de clubs más modernos y fieles a la legalidad española a todos los efectos.

Aquellos pioneros del s. XIX eran en su inmensa mayoría extranjeros, británicos principalmente y escoceses esencialmente dentro de estos, porque si algunos trajeron el fútbol a España no fueron los ingleses como desde hace cien años se viene comentando machacona y erróneamente hasta hoy, sino los escoceses, una comunidad a la que hay que hacer justicia porque fueron ellos quienes detrás de un pico, una pala, una aguja, un cable telegráfico, un barco de vapor, una lámina de acero o un vagón de tren daban pataditas a una pelota cuando el tiempo se lo permitía.

Los “protoclubs” del s. XIX, nacidos todos ellos bajo la incertidumbre de ser inconscientes de cuánto tiempo van a perdurar, tienen la virtud de los valientes cual es ser osados y atrevidos en sus inquietudes u obras, haciendo las cosas por amor al deporte, en este caso el fútbol, con absoluto amateurismo y con la convicción que mueve a los higienistas, “mens sana in corpore sano”, convirtiéndose en el nexo que une los grandes clubs españoles actuales con el fútbol británico, los padres del invento del cual estamos prendados.

España: tierra hostil para los “protoclubs”

La vida de un “protoclub” es siempre corta, muy corta en ocasiones y su brevedad no es azarosa ni caprichosa sino que obedece a su condición de pionero, un estigma con el que debe de cargar desde su nacimiento y con el que ineludiblemente vivirá hasta una desaparición que será silenciosa, casi imperceptible, que llegará sin dar aviso y sin ser jamás publicitada. Esta condición, innata en todos ellos, es el alto precio que deben pagar aquellos que se adelantan a su tiempo al irrumpir repentinamente en medio de una sociedad que no les entiende, se escandaliza y no está preparada para asimilar un juego que desconocen y les resulta en demasía extraño. Entender esto bajo la óptica del s. XXI puede ser hasta cierto punto complicado, con lo cual, necesariamente hemos de hacer un pequeño esfuerzo y trasladarnos imaginariamente a aquellos tiempos con el fin de tener una visión más amplia de en qué medio surgieron los primeros “protoclubs”, cuál era su entorno y en qué condiciones sociales tuvieron que moverse para abrirse paso.

La aparición de los “protoclubs” en la España decimonónica siempre se da lugar insertada en una burbuja cultural que los aísla del resto de la sociedad, un estrato social propicio para sus intereses en el que pueda nutrirse y desarrollarse guarnecido de la incomprensión y de la incalculable impresión que pueda causar en quienes les observan y desconocen sus actividades. Este idóneo caldo de cultivo lo forman comunidades cerradas, selectas socialmente, enraizadas en una empresa donde hay vínculos entre sus miembros o en una entidad deportiva dedicada a otra disciplina con medios económicos para adquirir uniforme, botas, balones y sobre todo, con personas amantes del sport, cultura de lo que esto significa y tiempo libre para poder ejercerlo.

Un “protoclub” nunca surge en las capas bajas de la sociedad que forman los trabajadores de a pié, de un barrio, medio rural o de una calle común porque primeramente no existe en España el conocimiento a nivel popular de este novedoso deporte y luego las condiciones asociadas que han de reunirse para su práctica les aleja de ellos. Sólo el uso de pantalones cortos ya hiere la sensibilidad de muchos, así que ver a veintidós jóvenes o no tan jóvenes corriendo tras un balón en paños menores, sudorosos, dándose patadas y algún que otro empujón, con discusiones acaloradas o más tenues no son virtudes muy bien vistas que digamos para la gran mayoría de españoles de aquella época, acostumbrados a esforzarse en el trabajo para poder comer y no en destinar el escaso tiempo de ocio del que disponen en estos menesteres.

Si a todo ello unimos que los introductores de este deporte son extranjeros y además procedentes del Reino Unido, un país tradicionalmente con no muy buenas relaciones con España por cuestiones fundamentalmente políticas y secundariamente culturales y religiosas, comprenderemos por qué el inicio del fútbol en España se hace de rogar y por qué la sociedad española en general tarda tanto en rendirse bajo sus pies.

El camino repleto de espinas de los “protoclubs” británicos

Si las premisas que se dan lugar entre la sociedad española no son las más adecuadas para la implantación del fútbol, las de la sociedad británica, pese a ser las únicas que lo pueden sustentar, tampoco resultarán ser finalmente las más idóneas. Los “protoclubs” británicos en suelo español, nacidos siempre alrededor de una gran empresa o varias empresas, están siempre compuestos por empleados ubicados en las más altas esferas de las directivas y en menor grado por empleados rasos, existiendo excepciones como la presencia de algún español entre sus filas relacionado directamente con los puestos de mando. Estos empleados, en teoría quienes más facilidades tienen para llevar los destinos de la sociedad por su edad, situación económica, cultura y educación, son al mismo tiempo los únicos que la componen y en el caso de realizar viajes a otras ciudades de su entorno, quienes pueden costearse de sus propios bolsillos los portes, dietas y estancia. Ellos serán quienes inicien estos “protoclubs”, los mantengan y gestionen durante los tiempos de apogeo hasta que se topen con varios problemas derivados todos por causas laborales, de implicación, preferencia y de número.

Los socios de un “protoclub”, como empleados que son, se deben a la empresa siempre antes que al club, un componente secundario y prescindible a pesar de su innegable labor social, siendo el promedio de estancia en nuestra tierra no muy prolongado -solían firmar contratos por dos años-, es decir, se trata de ingenieros o trabajadores de paso en busca de fortuna o experiencia para relanzarse en su país, aunque algunos con más fortuna y plaza asentada vivirán en nuestro país hasta el final de sus vidas, incluso contrayendo matrimonio con esposas españolas. Su implicación con el club tampoco será la misma en todos los casos ya que los hay muy involucrados que permanecen en varias directivas por llenarles emotivamente, mientras otros, con menor pretensión o de paso, acudirán por compromiso, ocasionalmente o casi nunca al igual que sus gustos también son variados, existiendo quienes sólo practican cricket, quienes se decantan por el fútbol, por ninguno de los dos y si por el lawn-tennis, por todos, por ninguno o por otro tipo de actividad.

Pero el principal inconveniente será el de cantidad: las comunidades británicas en sus ciudades de acogida no son muy numerosas y entre ellas se encuentran personas de ambos sexos y además de distintas edades, comprendiendo a niños y adultos, lo cual reduce enormemente su campo de acción puesto que no todos pueden jugar a fútbol -nuestra disciplina-, no todos tienen edad para ello y a no todos les atrae, están disponibles, pueden, quieren o les apetece jugar a fútbol y desplazarse a otras localidades si se dan las circunstancias.

Todas estas premisas que atañen a la propia idiosincrasia de las colonias británicas y sus clubs, sean multiculturales o exclusivamente de fútbol, tan alejados y escasamente integrados en la sociedad española en unión a un territorio que se les muestra hostil por su falta de tacto con lo español, lo de aquí de toda la vida, lo nuestro, hará que estas sociedades queden paralizadas en el tiempo por una presunta falta de actividad, dejen de funcionar y en el mejor de los casos algún que otro miembro continúe su trayectoria deportiva en otro tipo de sociedad o siga practicando deporte en solitario, pero alejado del club.

La falta de profesionalización de los “protoclubs”

Cuando en 1886 las cuatro Federaciones Británicas establecieron las reglas definitivas por las cuales el fútbol debía regirse, esta decisión cambió en gran parte el panorama existente hasta entonces abriéndose un nuevo horizonte para los clubs presentes en el Reino Unido que dio paso, en 1888, a la creación del primer campeonato bajo el formato de Liga que se organizaba en el mundo, la “Football League Championship”, torneo con doce clubs disputado en Inglaterra durante la temporada 88/89 cuya Federación fue, de las cuatro británicas, la pionera en este sentido.

Tal hito deportivo tuvo gran trascendencia tanto en el Reino Unido como fuera de este, donde muchos súbditos de este país andaban ocupados en menesteres laborales, militares, comerciales o políticos. La noticia corrió como la pólvora y este deporte de repente se convirtió en la disciplina de culto entre todos los ciudadanos oriundos de las islas que deseaban imitar y reproducir en sus nuevos destinos parte de un hecho que les recordaba su tierra. España, con presencia de británicos en aquellas localidades donde podían sacar sustancioso provecho, no fue ajena a esta tendencia y casi de inmediato desde las principales colonias fabriles se sumaron sujetos que deseaban pelotear en sus ratos de ocio como lo hacían sus compatriotas. Las diferencias entre los de aquí y los de allí eran muchas, casi insalvables en aquellos instantes, pues mientras cuando en las islas existía una cultura deportiva arraigada en colegios, universidades e incluso a nivel popular, en la península poco existía a nivel deportivo y si algo había era practicado por estratos sociales elitistas.

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Emigrantes en un país con evidente falta de base deportiva como era España y empujados por el éxito que estaba teniendo la disputa de la primera Liga de fútbol en el Reino Unido, los empleados de las compañías británicas instaladas en el suroeste andaluz sintieron la necesidad de practicar un deporte que estaba erigiéndose como el más popular en su país desbancando a deportes más tradicionales como el cricket, lawn-tennis, squash o el rugby. Pero, ¿dónde podían ejercer esta actividad si en España no había clubs deportivos que practicasen esta disciplina al ser totalmente desconocida? La única posibilidad era hacerlo en su propio entorno cultural: en los clubs. El primero en reunir a un grupo de practicantes fue el Rio-Tinto English Club, sociedad fundada años antes en 1878, mientras segundo fue el Huelva Recreation Club, una entidad de recreo nacida a finales de 1889 justo tras el estreno del primer campeonato de Liga inglés, surgiendo en tercer lugar y casi a la par que el club onubense el Sevilla Foot-ball Club, una sociedad que a diferencia de las dos anteriores tenía como único objetivo dedicarse a la práctica exclusiva de fútbol. En un intervalo de entre dos y tres años después se crearán otras sociedades como el Club Atleta de Astilleros del Nervión de Bilbao, la Sociedad de Foot-ball Barcelona -otro club dedicado exclusivamente al fútbol-, el Exiles Cable Club en Vigo y el Sky Foot-ball Club en Madrid, también con el fútbol como único protagonista.

Todas estas sociedades perdurarán poco tiempo en activo dentro de su cometido futbolístico pues todas ellas son amateurs, están formadas por personas cuyo trabajo precisa una implicación y dedicación total, son pioneras en esta disciplina en un medio donde apenas hay rivales a los que enfrentarse y fundamentalmente son sociedades con un espíritu esencialmente deportivo, no competitivo, un rango que se alcanzará en las décadas posteriores. En estas sociedades el principal detonante es la distracción de sus miembros, socios que hacen a la vez de jugadores y directivos, todos ellos con trabajos dependientes y en donde el fútbol es un pasatiempo, dándose la circunstancia en muchas ocasiones de faltar socios para completar un once con el cual enfrentarse a un rival, es decir, son sociedades muy reducidas en número y tremendamente condicionadas a este límite.

La suma de todos los condicionantes en las líneas anteriores descritas nos lleva inexcusablemente a una conclusión: se trata de sociedades no profesionales. A diferencia de los clubs británicos creados en los años setenta y principios de los ochenta dedicados al fútbol exclusivamente donde existe una estructuración y organización muy marcada, los directivos hacen de directivos y los jugadores de jugadores, siendo estos últimos profesionales y por ende, cobrando, los clubs británicos en España o los integrados plenamente por españoles no lo son y en ningún momento dan este paso tan importante que puede asegurar su continuidad. Son las entidades en suelo español mucho más sencillas donde no se perciben remuneraciones, donde no hay obligaciones, ni Liga en la cual competir, ni tan siquiera adversarios a su misma altura. Estas sociedades radicadas en España para poder mantener su actividad han de enfrentarse a sí mismos o concertar encuentros con tripulaciones británicas de paso que atracan en los puertos andaluces, catalanes, vizcaínos o gallegos, es decir, están condenadas a extinguirse por falta de rivales, el único fin de este deporte cual es enfrentar a dos equipos uno frente al otro.

De este modo constatamos mediante la consulta de la prensa o archivos históricos cómo no se habla grosso modo del Rio-Tinto English Club, del Huelva Recreation Club y del Sevilla Foot-ball Club a partir de 1893, como tampoco hay mención del Club Atleta en Bilbao tras 1895 y cómo tampoco la hay con la Sociedad de Foot-ball de Barcelona tras 1896. Las únicas referencias en estas localidades son encuentros entre marineros disputados en el Velódromo bajo el auspicio del Seaman’s Club Institute en Huelva a partir de 1897, encuentros en el Hipódromo de Lamiaco junto a Bilbao a partir de 1898 por miembros relacionados con la Sociedad Gimnástica Zamacois ó encuentros en el Velódromo de Bonanova en Barcelona con miembros del Club Inglés de aquella ciudad también en 1898.

El “protoclub” de Minas de Riotinto

Cuando inicialmente los socios empleados de la Rio-Tinto Company Ltd. fundaron en 1878 el Rio-Tinto English Club en la localidad onubense de Minas de Riotinto, no eran conscientes de que acababan de originar la base de un “protoclub” ni de que era el primero que practicaba un deporte tan novedoso como el fútbol en España. Su idea principal y fundamento para asociarse era crear un centro común donde canalizar una serie de tradiciones que les unían como pueblo y que no deseaban perder en modo alguno al hallarse en tierra extranjera. Todo lo que desde el inicio construyeron y estuvo en sus manos fue fiel a su estilo y a su cultura británica, nada podía ni debía entorpecer su camino y así en sus mentes la posibilidad de registrarse conforme a la legislación española que proporcionaba herramientas como el Registro en el Gobierno Civil ni se contemplaba siquiera.

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La práctica del fútbol desde el antiguo poblado de La Mina, una de las primeras y entre otras muchas de diversa índole de esta sociedad multidisciplinaria, a finales del s. XIX era una de las más importantes y la que más adeptos tenía por su atractivo. En 1901 y anticipándose en unas semanas a la publicación del Real Decreto, de 19 de septiembre (Gazeta de Madrid de 20 de septiembre), el Rio-Tinto English Club al fin queda inscrito en el Registro de Asociaciones el 16 de agosto, quedando regularizada su situación conforme a la legalidad española.

Recién traspasado el s. XX, el carácter omnipresente de la empresa minera en la ciudad, su poderío y la homogeneidad de su único club ocasionan que -a diferencia de otras ciudades que posterior o coetáneamente atraviesan por circunstancias similares-, su sección de fútbol no consiga independizarse y se constituya y registre como club autónomo pese a existir desde hace años. Así el Riotinto Foot-ball Club, exclusivo para británicos, permanece íntimamente ligado a la empresa y tanto monta como monta tanto hasta años después. La creación de la F.E.C.F. en 1909, de la R.F.E.F. en 1913 y los movimientos en su ámbito geográfico para la definitiva constitución de la Federación Regional del Sur, harán que desde y con la inestimable ayuda de la empresa surja en 1914 otro club, en esta ocasión formado por españoles, el Balompié Riotinto, es decir, la otra cara de la moneda pues si el anverso es el Riotinto F.C. el reverso lo es el Balompié Riotinto. La sección española de la empresa, presidida curiosamente por el británico Robert Wilson, se registra y federa casi de inmediato en la R.F.E.F., compitiendo en los torneos locales o comarcales del Andévalo y en los regionales de la Federación Regional del Sur hasta que en 1932 las dos caras de la moneda, Riotinto F.C. y Balompié Riotinto caigan en la cuenta de que son prácticamente lo mismo y se fusionen adoptando el nombre de Riotinto Balompié.

Los “protoclubs” de Huelva

Nacido en el mismo caldo de cultivo que el “protoclub” de Minas de Riotinto, la empresa Rio-Tinto Company Ltd., la mayor entidad de la capital onubense y la presencia de ciudadanos británicos sin relación alguna con la gran compañía minera, propiciarán que a la receta se una un nuevo ingrediente y a la vez importantísimo catalizador que facilite una identidad distinta a la de la localidad del Andévalo: Charles W. Adams, un ingeniero escocés llegado a Huelva en 1879 como representante máximo de la empresa The Huelva Gas Company Ltd., suministradora de gas en el alumbrado para sustituir el tradicional petróleo. Adams, relevante atleta y consumado aficionado al deporte, quien traza una gran amistad con el hispano-alemán Wilhem Sundheim y el reducido staff de la Rio-Tinto Company Ltd. instalado en la ciudad entre el cual el doctor William A. Mackay es miembro destacado, consigue como promotor en diciembre de 1889 fundar el Huelva Recreation Club, quien aunque de inmensa mayoría británica contiene algunos distinguidos miembros españoles.

Esta sociedad nace, según aparece anunciado en prensa, con el propósito de amenizar el ocio de la importante comunidad británica de la ciudad, dedicándose según consta en sus estatutos a fomentar el excursionismo, los bailes de salón y el sport, actividad esta última entre la cual existen disciplinas como el cricket, lawn-tennis y el fútbol. Tanto el cricket como el fútbol precisan de espacios de grandes dimensiones y las instalaciones anexas a la fábrica de gas serán las más apropiadas para este tipo de acontecimientos, siendo Adams el alma mater de la institución al ser quien se ocupe de organizar encuentros, quien viaje o escriba para contactar con comunidades británicas de otras ciudades, el secretario en definitiva. Cuando la Rio-Tinto Company Ltd. construye en 1892 el campo de deportes dentro del programa de conmemoración del 400º Aniversario del Descubrimiento -el Velódromo- y lo cede al club, a Adams se le acaba el protagonismo y aunque sigue siendo el presidente, la inercia del club ya no es la anterior y no es lo mismo que el club esté en manos de un industrial como Adams, con muchas horas de dedicación, que en manos de una industria, aunque suene parecido.

Paralelamente a estos acontecimientos, en 1889 la Rio-Tinto Company Ltd. inicia la construcción de un centro en la ciudad dotado de escuela y templo que se inaugura en 1891. Dicho complejo, el denominado Huelva Seaman’s Institute, es la obra social de la empresa y su edificación sirve para acoger tanto a los hijos del staff minero como a los marineros británicos que quedan desembarcados en el puerto, bien por enfermedad o por cualquier otro motivo, funcionando a la par como casa de reposo tanto para convalecientes como para marineros que una vez dados de alta por la clínica que dirige desde 1887 el doctor William A. Mackay, esperarán pacientemente el momento adecuado para regresar a su hogar. El Huelva Seaman’s Institute es dirigido por misioneros protestantes y un reducido grupo de personas vinculadas a la empresa minera, rigiéndose por las instituciones benéficas British and Foreign Sailor’s Society y British Bible Society, ambas con sede en Londres, aunque pastoralmente dependen del obispo anglicano de Gibraltar.

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A finales de 1896 y después de tres años durísimos donde la actividad del Huelva Recreation Club desciende paulatina y considerablemente hasta el punto de no haber apenas movimiento limitándose sus funciones a organizar encuentros para y entre marineros, su hasta entonces presidente Charles W. Adams documenta el 29 de noviembre el traspaso del club al Huelva Seaman’s Institute para que sea la institución benéfica -en aquel momento un puntal dentro de la sociedad británica onubense- quien se haga cargo del club recreativo pues para ella trabaja. William A. Mackay, uno de los principales miembros de la cúpula directiva del Huelva Seaman’s Institute y socio del club recreativo, recoge el testigo y el Instituto pasa a tutelarlo creando una comisión deportiva -hasta la fecha inexistente- en 1897 que actúa como un segundo “protoclub” en la ciudad. El Seaman’s Institute a partir de ese año se encarga de organizar encuentros deportivos de distinta índole en el Velódromo como terapia y valor higiénico para recuperación mental y físicamente a los marineros enfermos, sin trabajo, sin barco o simplemente sin nada frente a los navíos que llegan del Reino Unido o de otros lares que sepan jugar al fútbol, pero curiosamente aunque actúan como un club a través de sus directivos, carecen de plantilla de jugadores y nunca actúan bajo este nombre frente a otras sociedades recreativas o exclusivamente deportivas.

El 20 de enero de 1903 y tras casi seis años de actividad deportiva en el Seaman’s Institute, la unión entre el “tutelado” Huelva Recreation Club y el “tutor” Huelva Seaman’s Institute queda disuelta ante el ánimo de William A. Mackay de recuperar la independencia del club recreativo e iniciar una segunda etapa que le pueda llevar a participar en el Campeonato España. Sin embargo, la reorganización del club no es tan rápida como lo deseable y el Campeonato de España se disputa con anterioridad, surgiendo en la prensa onubense y concretamente el 30 de abril una gran presión para que su vuelta sea cuanto antes. Dicho y hecho el Huelva Recreation Club redacta nuevos estatutos el 15 de mayo y queda inscrito en el Registro de Asociaciones el 18 del mismo mes cumpliendo los requisitos legales del Real Decreto, de 19 de septiembre de 1901 y de la Real Orden Circular, de 9 de abril de 1902.

El “protoclub” de Sevilla

El carácter fluvial del puerto de Sevilla, distante al mar en cien kilómetros y a salvo de contrabandistas o de ataques externos, fue clave para que la Corona de Castilla le adjudicase el monopolio en exclusiva de la Carrera de Indias, siendo este vital para su desarrollo. Sin embargo la falta de calado, sinuosidad y limitación a unos navíos con cada vez más tonelaje acabaron en 1717 por cerrarles las puertas en beneficio del puerto de Cádiz, decisión que supuso sumir a la ciudad hispalense en una gran depresión económica que le hizo perder la mitad de sus habitantes y tardar algo más de siglo y medio en recuperarse.

A partir de 1850 la Revolución Industrial empieza a hacer mella y en la ciudad aparecen tímidos intentos de industrialización, propiciando además la atracción de navieras británicas interesadas en importar los productos alimenticios que proporciona el fértil granero andaluz. En 1859 se establece Robert MacAndrews & Company Ltd. a través de su testaferro John Cunningham, iniciándose la exportación hacia los puertos de Liverpool y Londres que ocasionarán la creación de la naviera Miguel Sanz y Cía. en 1861 y la instalación definitiva en 1873 de la poderosa MacAndrews & Company Ltd. escocesa. La presencia escocesa y por ende británica en Sevilla cada año es más palpable, siendo más notable en 1882 cuando empresarios de esta nacionalidad crean la Seville Water Works Company Ltd. E.&A., suministradora de agua potable tras canalizarla procedente de los Caños de Carmona y con gran presencia de trabajadores ingleses en su plantilla.

No son los únicos británicos residentes en la ciudad y con anterioridad, desde 1855, el ingeniero inglés Isaías White está ya domiciliado, formando en 1856 junto a los hermanos Portilla la que se convertirá en gran empresa siderúrgica Portilla y White, Cía., especialista en forja de cañones para la armada, rejas, máquinas a vapor y todo lo relacionada con la forja y fundición, trayendo consigo un reducido séquito de operarios originarios de las islas para la dirección técnica. El encuentro entre todos los británicos durante las décadas de los años setenta y ochenta decimonónicos es inevitable, estableciéndose relaciones comerciales entre ellos con sectores tan íntimamente ligados como la fundición, la exportación de enseres, los barcos y tuberías junto a máquinas de vapor.

En medio de una sociedad británica que se precie y más si cabe inmigrantes en otro país, además de las relaciones laborales figuran las sociales, siendo la tierra sevillana idónea por su clima para prácticas deportivas tan arraigadas en el Reino Unido como el remo, modalidad que en 1875 ya cuenta con un representante, el Club de Regatas de Sevilla formado por británicos y españoles a partes iguales que desaparece en 1883, la Sociedad Sevillana de Regatas creada en 1876 compuesta únicamente por españoles que cesa su actividad en 1886 y en tercer lugar el Seville Rowing Club creado en 1889, una sociedad mixta británico-española que se mantendrá en activo durante muchos años. Este no muy numeroso grupo inicial de británicos cuenta en 1879 con un club de criquet y a partir de 1882 se verá incrementado con los operarios procedentes de la Seville Water Works Company Ltd. E.&A., ampliándose el margen de maniobra y las posibilidades de realizar más actividades de forma conjunta.

A mitad de los años ochenta de la Sevilla decimonónica, el fútbol en el Reino Unido, sobre todo en Escocia, es un deporte ya asentado que empieza a concentrar a un elevado número de practicantes y sobre todo de masas que siguen su evolución. Es el deporte de moda y tanto en colegios como en institutos se convierte en una actividad que forma parte del programa docente de educación física, algo en lo que España se encuentra a años luz. El núcleo de residentes británicos en Sevilla muestra una gran devoción por el deporte y así vemos como practican remo en verano y fútbol en invierno, disputándose varios encuentros entre temporada y sobre todo los muy entrañables de Navidad en los que se citan todos en señal de confraternidad frente a los grupos británicos que la Rio-Tinto Company Ltd. tiene en las localidades onubenses de Minas de Riotinto y la capital Huelva. En estos encuentros, dependiendo del número de congregados, lo mismo se enfrentan unos contra otros en nombre de la localidad que representan, como combinados de unos y otros contra terceros según las circunstancias les obliguen.

La práctica de este deporte cunde tanto en algunos miembros británico-sevillanos, muchos de ellos enrolados en el Círculo Mercantil, que el 25 de enero de 1890 constituyen el Sevilla Foot-ball Club, sociedad presidida por el vice-cónsul y a la vez representante de la naviera MacAndrews & Company Ltd. como también director de la Seville Water Works Company Ltd. E.&A., Edward F. Johnston y conducida por el joven Isaías White, su alma mater, teniendo como campo de juego los terrenos adyacentes a la fundición de la que este último es hijo de uno de los copropietarios. El Sevilla Foot-ball Club se convierte en el primer club en España confeccionado expresamente para la práctica de esta modalidad deportiva y es el “protoclub” local por excelencia, aunque en la ciudad no cuenta con el favor de la prensa quien en momento alguno refleja sus andanzas, al contrario que ocurre en Huelva o pocos años después en Bilbao, Madrid o Barcelona donde sí se muestran más sensibles a hechos de estas características.

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La plantilla sevillana, toda ella integrada por trabajadores relacionados con las distintas empresas británicas tanto de origen británico, español o hispano-británicos de primera generación, concierta el 8 de marzo de 1890 un encuentro frente al Huelva Recreation Club, sociedad fundada apenas treinta y nueve días antes en lo que se considera el primer partido disputado por dos clubs constituidos en España, aunque con la matización de que ambos estén integrados mayoritariamente por británicos y uno sea un club de recreo que practica fútbol, el onubense y el otro sea un club de fútbol exclusivamente, el sevillano. El “protoclub” hispalense, dada la procedencia de sus integrantes y la no obligatoriedad, no opta por inscribirse en el Registro del Gobierno Civil, lo que le convierte en “alegal” e inadvertido para las autoridades españolas, discurriendo su vida deportiva de forma azarosa frente a los clubs onubenses y sin apenas más rivales en la zona que compartan su dedicación.

Tras las épicas y trágicas inundaciones que asolan la ciudad en marzo de 1892 las cuales arrasan el barrio de Triana y afectan a Portilla & White, Cía. y su campo de fútbol, apenas más se sabe de las prácticas de estos muchachos, localizándose a varios de ellos en el Seville Rowing Club. Durante los años siguientes no hay noticias en prensa sobre fútbol, pero sí de gran parte de sus miembros que siguen remando en el Seville Rowing Club y practicando gimnasia durante la campaña veraniega durante unos años, volviéndolas a tener en 1900 cuando hay constancia de actividad futbolística en La Trinidad y en el Prado de San Sebastián protagonizada por miembros pertenecientes al Círculo Mercantil, actividad que ya no se abandona. La gran relación de este grupo de pioneros con la sociedad hispalense de principios de siglo asentada alrededor del Círculo Mercantil e Industrial junto a la resonancia en toda España que están teniendo los torneos anuales que se dilucidan en Madrid, propiciarán que el 14 de octubre de 1905 cristalice definitivamente la oficialización del Sevilla Foot-ball Club conforme al Real Decreto, de 19 de septiembre de 1901 y a la Real Orden Circular, de 9 de abril de 1902, sociedad presidida por José Luís Gallegos que queda registrada conforme la legalidad española.

Los “protoclubs” de Bilbao

Cuando en 1841 el gobierno dispuso eliminar las aduanas interiores de España y trasladarlas a la costa, nuevos horizontes comerciales se abrieron para los industriales vizcaínos quienes, a partir de entonces, dejaban de pagar impuestos a Castilla por vender el hierro que desde el fértil yacimiento de Somorrostro había enriquecido a varias familias bilbaínas. Esta medida junto a la liberación de las colonias españolas en Sudamérica provocó que los puertos de Cádiz y Santander perdieran parte de su peso y Bilbao, mucho más dinámico, empezase a relacionarse con los principales puertos europeos. Algunos de ellos como Londres y Liverpool en representación de los británicos, vieron un campo abierto para exportar al Caribe y Sudamérica, tierras hasta entonces vetadas por los aranceles, estableciéndose suculentos convenios entre los británicos y los vizcaínos que derivaron en la constitución de importantes navieras anglo-bilbaínas en las cuales los británicos ponían el capital y los vizcaínos la tripulación.

La carestía del carbón asturiano y el bajo precio del británico, hicieron que los barcos anglo-bilbaínos partiesen al Reino Unido cargados de hierro transformado y volviesen a Bilbao cargados de carbón, unos viajes muy rentables. A tan buena relación se unió la apertura del Gobierno español hacia las inversiones extranjeras, consiguiéndose desde 1871 los primeros acuerdos con grupos británicos, franceses y en menor medida belgas para la explotación de los yacimientos mineros de hierro y la implantación de una industria siderúrgica moderna, claves para empezar a importarse maquinaria británica con vistas a relanzar la alicaída industria siderúrgica vizcaína. Junto a las máquinas venían un gran número de técnicos y trabajadores, convirtiéndose Bilbao en la auténtica embajadora británica en España con unos registros asombrosos que en 1885 proporcionaban el paso de más de sesenta y cinco mil marineros procedentes del archipiélago por el puerto bilbaíno, ciudad que reunía ya a una considerable colonia británica.

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Recordando la descripción expuesta en el encabezamiento de este artículo sobre lo que es un “protoclub”, en el caso bilbaíno no iba a ser de otra forma y tras el amplio curriculum que almacenaba la histórica villa, al albergue de una compañía con una notable presencia de británicos iba a desarrollarse su primer “protoclub”: el Athletic Club ó Club Atleta de los Astilleros del Nervión, porque los componentes de la empresa no eran solamente súbditos de la reina Victoria, sino también vizcaínos a partes iguales. Los británicos añoraban su tierra, pero también el fútbol y organizados en 1892 solicitaron permiso para jugar en el complejo deportivo de Lamiako, propiedad privada donde existía un hipódromo perfecto para sus intereses en el cual jugaban a menudo y contaban con la admiración tanto de la chiquillería como de los miembros de la Sociedad Gimnástica Zamacois, una sociedad higienista en la cual la alta burguesía mantenía en forma cuerpo y espíritu.

La atracción de los bilbaínos por aquel deporte fue total y en 1894 se produjo el primer envite en el cual los extranjeros salieron cómodamente victoriosos. Los eventos de 1892 y 1894 fueron recogidos por la prensa y pronto Lamiako fue conocido como “la campa de los ingleses” en honor a la procedencia de los futbolistas que allí se citaban continuamente -también por la existencia de un cementerio protestante-, sumándose a partir de entonces los bilbaínos a su práctica. La Sociedad Gimnástica Zamacois era una entidad polideportiva de donde salieron multitud de atletas y que en 1912 se fusionaría con otras dos entidades, la Federación Atlética Vizcaína y la Educación Física para dar lugar al Club Deportivo, una histórica entidad todavía hoy en vigor. Sin embargo y antes de todo esto, algunos miembros de la Zamacois no dudaron en abandonar el gimnasio y probar fortuna con el fútbol, resultado de lo cual en 1898 los británicos ya no jugaban solos habiéndose convertido los bilbaínos en la mayoría del Athletic Club.

La amplia relación de los comerciantes vizcaínos con los británicos prestaba para que muchos padres con haberes enviasen a sus hijos a las islas para aprender inglés y fundamentalmente a estudiar en sus universidades. Algunos de ellos se establecieron allí, pero generalmente muchos más volvían, como el caso de Carlos Castellanos, nieto de un conocido banquero que de regreso a la villa y entusiasmado por lo que había vivido, no regateó en esfuerzos para crear el segundo “protoclub” local: el Bilbao Foot-ball Club, sociedad fundada en 1900 de la que fue presidente pero que al igual que el Athletic Club, no tuvo en consideración registrar convirtiéndose en “alegales”, situación que el Athletic Club resolvería en septiembre de 1901 al registrarse y que el Bilbao F.C. no podría al disolverse en 1903.

Los “protoclubs” de Barcelona

Al contrario que en otras regiones españolas donde fueron las minas de hierro y las de cobre o carbón las que atrajeron a importantes empresas británicas y con ellas el fútbol, el subsuelo catalán no ofrecía ningún interés para estos experimentados inversores y en base a ello los distintos intentos de crear industrias siderúrgicas fracasaron por completo ante la falta de materia prima. Sin embargo sí había otros atractivos que hacían de Barcelona, su capital, un importante centro logístico desde el cual operar en busca de las colonias del Índico y cómo no, su tradicional industria textil, un cliente seguro para exportar su maquinaria.

Barcelona y su provincia habían desarrollado desde los siglos anteriores una importante industria alrededor del lino que fue origen de muchas empresas y una burguesía poderosa, pero el algodón fue un enemigo con el que no podía competir por la calidad y bajo coste productivo que ofrecía a los británicos. El paso hacia el algodón fue costoso y los catalanes tuvieron que renunciar a un producto que empleaba mucha mano de obra, era casi artesanal y resultaba caro de vender. Ante tal tesitura se empezaron a importar máquinas procedentes del Reino Unido que facilitaban la transformación del algodón, pero con la salvedad de que pronto fueron copiadas y adaptadas para no depender de los isleños.

La jugada inicialmente salió bien, pero la evolución técnica de los británicos hizo que produjesen más, mejor y con un precio más económico, con lo cual los catalanes tuvieron que aplicar aranceles para evitar males peores, además de no contar con un mercado nacional preparado para asimilar tanta producción de tejido. La necesidad del Estado en recoger dinero para mitigar sus deudas y equilibrar unos presupuestos que demandaban más inversiones para correr a la par de las potencias europeas provocó una liberalización del mercado y la apertura de España a cualquier posible inversor extranjero.

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En el último cuarto del s. XIX Barcelona empezaba a contar con una importante presencia británica, sobre todo escocesa, convirtiéndose su puerto en uno de los más importantes del Mediterráneo sobre todo tras la inauguración del Canal de Suez en 1869, puerta que unía los países del Mar del Norte con Asia y especialmente al Imperio Británico con sus colonias orientales y oceánicas, eligiéndolo la importante naviera escocesa MacAndrews & Company Ltd. como principal base operativa en la península. En el puerto comenzaron a atracar gran cantidad de buques británicos, muchos de ellos a vapor, uno de los grandes inventos energéticos de la época tan fundamental tanto para la industria como para el transporte, llegando a bordo de ellos máquinas a vapor con sus respectivos técnicos que venían contratados para montar y enseñar al empresariado textil autóctono deseoso de abrirse hueco en el mercado europeo con las prendas de algodón.

La comunidad británica, tan avanzada para la época y con una predisposición para los deportes muy desarrollada, pues casi todo eran creaciones suyas como el cricket, polo, lawn-tennis, rugby, squash o fútbol, contactó con la burguesía local y los primeros retos a remo con los miembros del Real Club de Regatas fueron anunciados incluso hasta en la prensa como hecho noticiable. Fruto de la amistad entre ambos grupos, británico y barcelonés, pronto la práctica que los primeros hacían en el velódromo de Bonanova -inaugurado en 1891- de un deporte denominado “foot-ball” durante la temporada de invierno acabó seduciendo a los regatistas, quienes adoctrinados en sus reglas por los británicos anunciaban en prensa la disputa el 25 de diciembre de 1892 del primer encuentro en Bonanova por parte de dos bandos de la sociedad de regatas, en lo que se puede considerar el primer encuentro de fútbol disputado por un club formado íntegramente por españoles.

En lo sucesivo los encuentros no serán entre miembros del mismo club, sino frente al Club Inglés, sociedad que ignoramos desde cuando existe o si es un club formado expresamente para la práctica de fútbol durante el invierno y la de remo en verano frente al Real Club de Regatas. La sinergia entre algunos miembros de ambos clubs es total y en primavera se proyecta crear un club expresamente dedicado al fútbol que cumpla las expectativas que tienen con este deporte. Los deseos se cumplen y en el otoño de 1893, ya finalizada la temporada de remo estival, crean la Sociedad de Foot-ball Barcelona, el primer “protoclub” barcelonés, aunque con un componente casi enteramente británico que rematan con la figura electa del cónsul británico William Wyndham como presidente, amenizado todo ello por unos pocos barceloneses.

En ese preciso año llega a Barcelona el importante grupo textil escocés J&P Coats. Ltd., quien busca asentarse en la provincia para introducirse en un mercado que augura suculentos beneficios. La localidad escogida para levantar una industria y todo un barrio al más puro estilo británico hecho a medida de sus trabajadores es Sant Vicenç de Torelló, en cuya pedanía de Borgonyà edificarán toda una colonia. Paralelamente llega en 1894 a Barcelona la empresa Johnston Shields Ltd., conocida popularmente como La Escocesa, con varias patentes bajo el brazo para manufacturar el punto de crochet, ideal para cortinas y encajes. En poco tiempo reúne a ciento setenta trabajadores, siendo algunos de ellos notables practicantes de fútbol en su tierra natal que luego pasarán a formar parte de nuevos clubs.

La empresa de Borgonyá, una vez acomodada en su barrio a las afueras de Sant Vicenç de Torelló crea la Asociación de Foot-ball Torelló, club dedicado íntegramente al fútbol que de inmediato entabla encuentros con la S.F. Barcelona, tanto en la localidad de la comarca de Osona como en la ciudad condal. Ambas sociedades son “protoclubs” que permanecen “alegales” respecto a la Ley de Asociaciones, fundamentalmente por su carácter marcadamente británico, aunque ambos presentan españoles en sus filas, estando los de Borgonyá respaldados por la empresa de hilaturas escocesa mientras que los barceloneses proceden de diversas empresas, contando todos ellos con los favores de la prensa deportiva catalana y reduciendo su espectro geográfico al área de Barcelona.

Como todos los “protoclubs”, su carrera deportiva es corta debido a la falta de competencia y a las obligaciones por parte de sus miembros, de paso por Cataluña, con lo cual pasados unos años apenas se sabe de ambos, aunque sí de algunos de sus miembros que en pocos años se enrolarán en los más importantes clubs barceloneses que todavía están por constituirse. Mientras, se les ve practicando remo, enrolados en gimnasios o formando parte del Club Inglés quien no abandona la práctica futbolística.

La semilla se encuentra plantada y a la espera de germinar, siendo el suizo Hans Gamper quien con la ayuda de algunos paisanos en 1898 empezará a irrigarla para que crezca tras jugar a menudo en Bonanova con los británicos e iniciar la búsqueda de correligionarios con los cuales crear un club de fútbol, su gran meta deportiva ante la ausencia de uno en activo. Su confesión protestante le cerrará las puertas en el Gimnasio Tolosa, teniendo fortuna en el más tolerante Gimnasio Solé donde recluta a unos cuantos deportistas que unidos a sus compatriotas da forma al Foot-ball Club Barcelona a finales de 1899. A los pocos días de su constitución integrará a un numeroso grupo de británicos anglicanos procedentes del Club Inglés. En cuanto al Gimnasio Tolosa, sus miembros junto a un reducido grupo de escoceses católicos harán su parte con el Foot-ball Club Catalá, sumándose a inicios de 1900 el Foot-ball Club Escocés de la Johnston Shields Ltd. que tras un rifirrafe con el F.C. Barcelona acabará disolviéndose pasando algunos de sus jugadores al club azulgrana y otros al recién creado Hispania Athletic Club de Alfons Macaya.

Los “protoclubs” de Madrid

El origen del fútbol en Madrid es netamente distinto y, a diferencia del patrón observado en otras regiones, no obedece los cauces seguidos por los “protoclubs” andaluces, del norte o algunos ejemplos catalanes, siempre ligados a una empresa, sino que viene marcado por dos vías muy marcadas y de desigual procedencia.

La primera de ellas surge el 10 de mayo de 1879 cuando en un rotativo británico, London Standard, se publica una breve reseña en la cual se indica que en la ciudad de Madrid va a ser constituida una sociedad de cricket similar a las existentes en Jerez de La Frontera y Sevilla cuya composición será mixta entre ciudadanos británicos y españoles, contando con el beneplácito de S.M. Don Alfonso XII quien cede el uso del Real sitio de la Casa de Campo y, al parecer, se ofrece como presidente honorario.

Esta noticia que, en principio no está relacionada con el fútbol, de repente adquiere un giro de 360º cuando el 16 de noviembre de ese mismo año es publicado en la revista quincenal El Campo: agricultura, jardinería y sport, un extenso artículo con todo tipo de detalles donde se habla claramente de la constitución de la sociedad Cricket y Foot-ball Club de Madrid, citándose toda su junta directiva al completo además de otros socios en lo que hasta la fecha es la primera reseña a nivel nacional en cuanto a la constitución legal de una sociedad dedicada, aunque sea en combinación de otra actividad deportiva, al fútbol.

De lo que ocurre con esta sociedad, el primer “protoclub” a nivel nacional por fecha de constitución, apenas más se sabe, salvo que es presidida por José Figueroa y Torres, aunque dada la procedencia de sus integrantes, casi todos ellos personas de la nobleza, militares y británicos de paso por nuestro país, es más que probable que se extendiese poco en el tiempo. Su huella, imborrable en la hemeroteca, precede en una década a otros clubs como los originados en Huelva y Sevilla, un paso adelante para la historia del fútbol español.

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La segunda vía tarda bastantes años en aparecer y sus protagonistas, a diferencia de la inquietud de 1879, serán muchachos imberbes ligados a otras actividades. El mérito recae en la corriente higienista surgida en el s. XIX en algunos países europeos, sobre todo Francia y el Reino Unido, quienes aplican la gimnasia inicialmente en el ejército para luego convertirla en asignatura de obligado cumplimiento en liceos y colegios. La doctrina decimonónica implicada en el cultivo de la mente y del cuerpo es seguida con ahínco por algunos miembros del Gobierno y el 9 de marzo de 1883 la enseñanza de la gimnasia es declarada oficial en España, ordenándose la creación de la Escuela Central de profesores y profesoras de Gimnástica.

Su reglamento es aprobado por Real Decreto el 22 de octubre de 1886 y su implantación obligatoria, pero la falta de profesores cualificados hace que sea un fracaso y en 1895 se declare de libre opción. No obstante y por la vía privada, en 1887 nace de ese nutriente en Madrid la Sociedad Gimnástica Española, importante centro locomotor al que se asociarán numerosos centros gimnásticos de titularidad también particular de toda España como los gimnasios Zamacois de Bilbao, Tolosa y Solé, ambos de Barcelona, Calvet de La Coruña, Sampérez de Badajoz, el Gimnasio de Vigo, el Club Gimnástico de Cartagena, el Club Gimnástico de Tarragona, la Sociedad Gimnástica de Orense, etcétera.

La gimnasia, de práctica obligatoria primero y voluntaria después, provoca que el profesorado madrileño del Instituto de Libre Enseñanza en la capital decida usarla como herramienta regeneradora, de civilización, progresista y moderna, siendo pioneros en aplicarla e impartirla entre sus alumnos, pero no en su vertiente estricta para adultos, sino a través de juegos, mucho más atractivos para la edad de los muchachos a quienes va dirigido y entre los cuales el fútbol es uno de los más significativos. Un grupo de jóvenes estudiantes del instituto entre los que se encuentran los hermanos Palacios, los propios hermanos Padrós, Menéndez, Gorostizaga, Mendía, Neyra, Varela y los hermanos Giralt crearán en 1897 el Sky Foot-ball Club, el segundo “protoclub” de la capital. La vida de esta sociedad no será muy longeva, pero sí cumplirán con varias de las condiciones de un “protoclub”: composición por una membresía elitista, raigambre con una empresa -en este caso un Colegio-, carácter local focalizado en Madrid y ausencia de interés en registrar su situación, lo que les convierte en “alegales”. En cuanto a las pautas evidentemente no se enfrentarán a tripulaciones de navíos británicos por motivos obvios, pero sí contarán con el apoyo implícito de la prensa local que resaltará en cuanto tenga oportunidad cualquier atisbo de actividad que se propongan llevar a cabo.

El tercer “protoclub”, aunque con mucha menos importancia que el anterior tan siquiera gozará de repercusión en prensa, quizás por el lugar de procedencia de sus miembros y la escasa simpatía que ocasiona tras una Guerra de Independencia que aún colea: la Association Sportive Francaise, creada por el alumnado del Liceo Francés, otro centro educativo cuyos docentes inspirados en la doctrina higienista implantada en Francia desde hace años la inculcan aquí como parte de su repertorio.

En 1902 este club cambiará a Association Sportive Amicale, sin más fortuna, pero del Sky Foot-ball Club se escindirán en 1900 dos sociedades perfectamente estructuras y modernas que sí darán que hablar, al menos una de ellas y mucho, dado que será uno de los grandes clubs del futuro, el Madrid Foot-ball Club. El otro es el Club Español de Foot-ball. Ambos surgen tras rencillas en el seno del pionero Sky Foot-ball Club, quien les educa deportivamente, alcanzando sus miembros la mayoría de edad en estas sociedades que en 1902 se registran oficialmente conforme al Real Decreto de 19 de septiembre de 1901 relativo a la Ley de Asociaciones para dejar constancia de su existencia como ya lo han hecho sociedades de similares características en Bilbao y Minas de Riotinto, pero sobre todo como primer paso previo a la creación de la Agrupación de Madrileña de Clubs de Foot-ball a inicios de 1903.

Los “protoclubs” de Vigo

Situada en la ría a la cual le da nombre, la ciudad portuaria de Vigo se convirtió a partir de la segunda mitad del s. XIX en un importante punto de conexión entre la península y las colonias de las Antillas, en especial Cuba y Puerto Rico, siendo la relación con Buenos Aires, situada en el continente suramericano también notable. Esta posición estratégica y la liberalización que el ejecutivo español realizó permitiendo la apertura de cara a compañías extranjeras para invertir en el país, supuso la llegada a la ciudad de la empresa británica Eastern Telegraph Company Ltd., entidad instalada en 1873 que tenía como misión conectar mediante cable telegráfico submarino el Reino Unido con Vigo y la ciudad olívica con Lisboa, clave para los intereses británicos con fines de trazar ramales hacia África, Suramérica o las Antillas.

La compañía británica, con un equipo de ingenieros y trabajadores cualificados, mediante barcos tenderá el cable constituyendo con el paso del tiempo una pequeña comunidad de ciudadanos que asentarán sus costumbres en suelo español. En fecha todavía no determinada constituyen un club donde desarrollan sus actividades, el Exiles Cable Club, sociedad donde se integran deportes como el tenis de mesa, lawn-tennis, cricket, otros de raigambre británica y en especial uno de reciente éxito que se erigirá con el paso del tiempo en una de las principales disciplinas, el fútbol, que a principios de la década de los años noventa decimonónicos goza de excelente salud y reconocimiento en el Reino Unido. Los empleados británicos de la compañía del cable no querrán ser menos que sus compatriotas y declarado como deporte de moda, su práctica en Vigo se iniciará en torno a estas fechas siendo en 1895 cuando se tiene fe mediante prensa del primer encuentro disputado por el Exiles Cable Club frente a la tripulación de un navío británico.

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El Exiles Cable Club o Exiles F.C. como consta en algunos medios, se enfrenta ante la falta de rivales en Galicia a tripulaciones mercantes británicas de paso por el famoso puerto local y sobre todo a las militares de la Royal Navy fondeadas allí ocasionalmente, hecho que también es constatado en Ferrol donde no existe representatividad británica local, pero donde sí se registran encuentros entre tripulaciones británicas desde 1892. Terrenos idóneos como los del Relleno, hoy Alameda, se convierten en feudos improvisados para la práctica futbolística, siendo el Exiles Cable Club el primer “protoclub” británico de la ciudad y en suelo gallego.

La tendencia iniciada por el Exiles Cable Club tendrá continuación cuando posteriormente surgen sociedades mixtas británico-viguesas como el Petit Foot-ball Club, otro “protoclub” y casi al mismo tiempo otras como las conocidas Vigo Foot-ball Club y Fortuna Foot-ball Club, ambas originadas en 1905 ya con una nutrida representación de jugadores locales y pioneros en el fútbol gallego de principios de s. XX.

Los “protoclubs” de Las Palmas de Gran Canaria

La capital del archipiélago canario es, quizás por su lejanía respecto a la península, la gran olvidada en cualquier libro o escrito que haga referencia a la introducción del fútbol es España, una grandísima falta de sensibilidad que ha costado que no sea considerada históricamente por muchos estudiosos como uno de los principales pilares, cuando su contribución real es comparable al fútbol onubense cuanto menos. Alejada de la Revolución Industrial del último tercio del siglo decimonónico, el atractivo que sentían los británicos por Canarias no era causado por la presencia de minas, negocios siderúrgicos, textiles o ferroviarios, sino desde 1852 y a causa de la declaración como franquicia de los puertos isleños, por razones puramente comerciales en las cuales ellos abastecían a las islas de una cantidad tal de suministros que llegó a triplicar la aportación peninsular a finales de este mencionado siglo.

La ciudad de Las Palmas, situada en un enclave estratégico que servía de puente entre el Reino Unido y las colonias británicas de África o las cada vez más “britanizadas” Islas Antillas, se vio envuelta en una dinámica en la cual los súbditos de la reina Victoria fueron poco a poco colocando estratégicamente sus puntos comerciales de modo que casi monopolizaban todo lo que entraba y salía de la ciudad, aparte de pequeños astilleros y empresas consignatarias. En 1890 conformaban una colonia de doscientos miembros, similar a la población británica de Minas de Riotinto y Huelva juntas, mientras diez años después esa cantidad estaba ya duplicada e iba en aumento, contando con un cementerio protestante desde 1834 y una iglesia dedicada a este culto desde 1887.

Los británicos exportaban textil, enseres, turistas atraídos por el romanticismo canario y sobre todo medicinas, maquinaria, hulla, hierro y carbón, un elemento indispensable para cualquier máquina a vapor, siendo plátanos, naranjas, algo de vino y legumbres lo que importaban a aquellas latitudes septentrionales. Pagado por el Estado, la construcción del puerto marítimo de La Luz era ineludible y en 1883 la empresa británica Swanson y Cía. fue la encargada de efectuar las obras. Técnicos y trabajadores se instalaron en la ciudad y en pocos años un centenar largo de buques atracaban en misión comercial mientras la comunidad británica originaba su Club Británico en 1889, centro social situado en la calle Pérez Galdós que a imagen y semejanza de los onubenses tenía su club de bailes y sus secciones deportivas, una práctica tradicional que formaba parte de sus costumbres.

A diferencia de los clubs británicos onubenses, con mayoría de escoceses en sus filas y multidisciplinares en su actividad, el de la capital canaria era regentado por ingleses y en poco tiempo sus secciones adquirieron plena autonomía independizándose los unos de los otros. Así Las Palmas Golf Club se fundaba en 1891, Las Palmas Lawn-tennis Club entre 1895-96, Las Palmas Cricket Club en una fecha sin concretar pero dentro de esos años, mientras el club de fútbol, del que hablaremos más adelante lo hacía en 1894.

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La incidencia y peso de las costumbres británicas fue muy importante y los beneficios aportados a los naturales canarios considerables, beneficiándose ambos de una interrelación francamente interesada a partes iguales. La cada vez más presente flota británica en el puerto de La Luz no fue olvidada en Londres, y desde allí en 1890 dos entidades benéficas, la British and Foreign Sailor’s Society y la British Bible Society, prestaron con su manutención a través de misioneros protestantes a cuya cabeza siempre iba un reverendo, labores cristianas con la creación del Las Palmas Seaman’s Institute, entidad encargada de acoger a marineros británicos desembarcados por enfermedad o por desatención que precisaban reposo y recuperación. Una vez dados de alta en el Queen Victory Hospital, creado en 1891, los marineros ya podían regresar a casa.

La cuantía de ciudadanos británicos en la ciudad, unos trescientos en 1894, supuso la creación del Las Palmas Foot-ball Club en 1894, el gran “protoclub” insular, una sociedad que jugaba en las inmediaciones de las instalaciones privadas que tenía la empresa de importación carbonera Wilson Sons & Company Ltd. junto al muelle de Santa Catalina y que jugaba principalmente, ante la falta de rivales en la isla, frente a tripulaciones militares o civiles de paso por la ciudad, aunque no era la pionera porque con antelación ya existen registros orales de prácticas futbolísticas en la isla.

El cariz portuario de Las Palmas influenció notablemente en su club de fútbol y así empleados de distintas compañías británicas proveían de jugadores a la sociedad, destacando la mencionada propietaria del terreno de juego y otras como Miller & Company Ltd., Cory Brother & Company Ltd., Grand Canary Coaling Company Ltd. o Elder Dempster Company Ltd., participando así mismo el club de fútbol en la organización de eventos teatrales en el salón que tenía la Sociedad Santa Catalina. El carácter privativo de esta sociedad o las demás dedicadas a otras disciplinas deportivas le alejó, pese a influir en la juventud local, de registrarse en el Gobierno Civil y como el resto de los “protoclubs” peninsulares se mantuvo “alegal”, aunque su obra no pasó desapercibida y pese a su escasa perdurabilidad dejó una profunda huella con la creación a partir de 1904 de varios clubs locales entre los cuales destacará en 1905 el Marino Foot-ball Club y finalizando la década el Sporting Club Victoria, heredero de Las Palmas F.C. con jugadores británicos en sus filas y convertidos en los dos grandes hasta la unificación del fútbol local en 1949 con la Unión Deportiva Las Palmas.

Los otros “protoclubs”

España es un país muy grande en extensión y con muchas ciudades importantes que a finales del s. XIX demandaban una oportuna modernización. Los británicos, los más avanzados tecnológicamente en esa época, fueron requeridos por muchos ayuntamientos, empresas españolas, incluso se presentaron a gran cantidad de concursos locales donde se cedía la explotación de un abastecimiento de gas, agua o cualquier medio que supusiera un avance para la población. Esta masiva presencia de ingenieros y técnicos británicos trajo de forma directa el fútbol a nuestro país, pero no fueron los únicos instructores: también muchos españoles en edad universitaria que habían cursado sus estudios en el Reino Unido cuando regresaron a sus hogares no sólo llegaban cualificados y con conocimientos de inglés, sino con un balón bajo el brazo dispuestos a compartir con sus amigos y conocidos aquella disciplina deportiva que tanto les había cautivado.

Muchas de las experiencias de aquellas personas pasaron desapercibidas para la prensa y no tuvieron repercusión, y si lo hicieron fue con cuentagotas, pero también hubo otras tantas que dejaron su impronta casi de puntillas que, de haber sido otros los tiempos, quizás hubiesen tenido más trascendencia de la que dejaron. El suroeste andaluz se confirmó en torno a 1890 en el principal vivero de clubs de toda España, pero lamentablemente apenas hay información sobre su actividad dado que el fútbol no era importante ni el deporte en general requería la atención de periodistas y españoles en general. Coetáneos a los clubs de Sevilla, Minas de Riotinto y Huelva fueron los grupos de “equipiers” residentes en Tharsis, una pedanía de la onubense localidad de Alosno que albergaba una importante empresa minera y los de las ciudades de Málaga, Jerez de La Frontera, Cádiz y la “britanizada” Gibraltar, grupos de los cuales apenas nos han quedado unas reseñas y de los cuales ignoramos si llegaron a alcanzar el nivel de club.

En Cataluña localidades como Sant Andreu de Palomar y Sant Martí de Provençals en la periferia de Barcelona o más distantes como Manresa y la gerundense Palamós también reunieron sus “protoclubs”, pasando la corriente futbolística por las murcianas Águilas, Cartagena y Lorca además de desplazarse hasta Badajoz y desde allí a cualquier punto del país donde hubiese algún grupo dispuesto a jugar al fútbol de una manera organizada y con directiva.

Los “protoclubs” y su herencia

El legado deportivo que dejaron aquellas sociedades primitivas tuvo al cabo de los años distintas hijuelas y también otras formas de “continuidad”, pues no todas desaparecieron para siempre fagocitadas por la coyuntura social de aquellos tiempos. Así pues, y tras estudiar detenida y concienzudamente cada uno de los casos, observamos dos tipos de herencia que en función de su protagonista muestran una continuidad o una discontinuidad:

1. Clubs continuistas: Son aquellos que irrumpieron en el panorama español y después de unos años de actividad, dejaron de ser noticiables por la falta de socios y se difuminaron en otras sociedades que mantuvieron su llama en vivo. Entre ellas encontramos a tres: Rio-Tinto English Club, Huelva Recreation Club y Sevilla Foot-ball Club.

El Rio-Tinto English Club nacido en 1878 es el más antiguo de todos. Su pertenencia a una localidad con escaso número de habitantes y la falta de medios de comunicación que publicitaran sus movimientos como sí sucede con Huelva y su club recreativo, jugaron en su contra. Sin embargo, cuenta con un patrimonio documental bastante importante reflejado en los libros de la empresa minera -su tutora- dando fe de su práctica, además que la existencia de una numerosa población británica ha dejado suficiente constancia para saber que, aunque no se jugasen tantos encuentros como hoy en día, sí se jugó al fútbol a menudo en Minas de Riotinto.

El Huelva Recreation Club creado en 1889 es el segundo club en ver la luz. Su pertenencia a una capital provincial y la existencia de prensa filo-británica magnifica su vida social y gracias a ello se conocen muchas cosas. Sin apenas socios, en 1896 pasa a estar tutelado por el Seaman’s Intitute hasta su reorganización en 1903. Este club no se disuelve en momento alguno y aunque presenta un periodo de discontinuidad en su trayectoria, lo cierto es que durante esos años se juega al fútbol y en 1903 lo que hace es elegir una nueva junta directiva, redactar nuevos estatutos y oficializarse conforme a la legislación española.

El Sevilla Foot-ball Club constituido en 1890 es el tercero en salir. A pesar de tener su sede en una capital regional, la prensa local no está de su parte y permanece ajena a sus quehaceres. Los hechos más importantes sobre su vida han sido conocidos a través de la prensa extranjera y al igual que sucede con el club de la capital onubense, la falta de socios en 1893 acaba siendo un freno y la tutela futbolística queda en manos de los socios del Círculo Mercantil. Tampoco hay constancia de su disolución y en la ciudad hay fútbol hasta que en 1905 se elige una nueva junta directiva, se escriben nuevos estatutos y se oficializan en el Registro.

2. Clubs no continuistas: Son aquellos que habiendo sido constituidos legalmente, un día desaparecieron y no tuvieron continuidad por parte de sus socios o por descendientes de estos. Su legado pasó a otras iniciativas promovidas por otras personas no relacionadas con los clubs primitivos y que con distintos objetivos e ideas mantuvieron y demostraron una total independencia.

El Cricket y Foot-ball Club de Madrid nacido en noviembre de 1879 es la primera sociedad no continuista por varias razones de peso como la procedencia de sus integrantes, casi todos nobles o ciudadanos británicos sin raíces en el país, pero sobre todo por su carácter prematuro dentro de una sociedad que va a otro ritmo y donde el deporte no es una necesidad vital ni tan siquiera social.

El Athletic Club de Astilleros constituido en 1892 –o poco antes-, suena con fuerza durante ese año, pero nada más se sabe de él en los años siguientes aunque los británicos siguen jugando en las campas de Lamiako durante bastante tiempo. En 1894 retan a un grupo de bilbaínos en un afamado encuentro, pero se desconoce si los británicos eran el Athletic Club o un grupo de ex-jugadores de este club, al igual que se ignora si los bilbaínos eran socios del Gimnasio Zamacois o no. Cuando en 1898 se origina el Athletic Club bilbaíno este grupo no tiene nada que ver con el Athletic Club de Astilleros, aunque su denominación está claramente influenciada por haber bebido de las aguas que los británicos dejan en Lamiako y es más que probable que figurase algún británico en sus filas con pasado en el club de la empresa naval.

El Foot-ball Club Barcelona nacido en 1893 o Sociedad de Foot-ball Barcelona como se traduce en prensa, fue otro “protoclub” no continuista. Formado prácticamente por británicos se le conocen varios encuentros con clubs de la provincia o de la ciudad condal que aparecen en prensa, pero desde 1896 se le pierde la pista. Como en todos los casos anteriores siempre hay británicos jugando en el interior de un hipódromo o velódromo, en este caso en concreto el velódromo de Bonanova. El denominado en prensa como Club Inglés bien pudiera ser el mismo que el F.C. Barcelona, pero la falta de datos contundentes lo dejan como hipótesis. En 1899 se constituirán dos herederos, el Foot-ball Club Catalá y un nuevo Foot-ball Club Barcelona, sociedad esta última que nada tiene que ver en su origen con el club de 1893, pero a la que se incorporan apenas unas semanas de haberse fundado diez jugadores británicos procedentes del Club Inglés. Es decir, al final casi todos se ven las caras de nuevo pero en distintas entidades.

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Conclusiones

Tratar de entender a un “protoclub” como un club moderno similar a los de hoy en día o como los que se registraron en los albores del s. XX y que con el transcurso de los años se convirtieron en lo que actualmente son, es un gran error. Los “protoclubs” en su verdadera esencia son la génesis, esa huella que nos ha sido heredada de los británicos y algunos pioneros españoles que con su esfuerzo y tesón intentaron abrir las puertas a un deporte que venía de fuera y que tan solo por su vistosidad y encanto logró conquistarnos muchos años después.

Su papel es nuestra historia es vital, básico, fundamental e irrenunciable, de obligatorio recuerdo en la memoria de todos nosotros y las futuras generaciones que vendrán, pero hay que tener muy claro, clarísimo, dónde están los límites de un “protoclub” y dónde los de un club, dónde empieza uno y acaba el otro, dónde está esa frontera tan marcada que separa la vida de uno y de otro. Jugar a mezclar la historia de “protoclubs” y clubs en una probeta para que artificialmente nos salga una única cosa con una trayectoria inmaculada y lineal en pos de un interés privado es algo que desde aquí rechazamos totalmente, no va con nuestros principios y no lo aceptamos.

La óptica historicista que algunos aplican cuando analizan o estudian un club tratando de imponernos líneas continuistas sin sesgaduras en sociedades creadas en el último cuarto del s. XIX o incluso del s. XX es algo que desde un punto racionalista y para alguien que maneja mucha información y la conoce al detalle no es aceptable. La trayectoria de un club de fútbol, como cualquier otra sociedad deportiva creada por el hombre, no es un dogma de fe ni obedece a leyes universales, sino que son las circunstancias de cada época las que imperan y modelan su comportamiento. Los “protoclubs” nacidos en esas fechas sufrieron grandes adversidades y muchos contratiempos fruto de su precocidad y falta de madurez en medio de un país en el que representaban un hito de modernidad dentro de una sociedad marcadamente tradicional y casi inmovilista.

Aquellos “protoclubs” que nacieron con un nombre español y apellidos ingleses como el Rio-Tinto English Club, el Cricket y Foot-ball Club de Madrid, el Huelva Recreation Club, el Sevilla Foot-ball Club, el Athletic Club de Astilleros o el Fútbol Club Barcelona y que fueron traducidos al español como Club Inglés de Rio-Tinto, Club Recreativo de Huelva, Club de Fútbol de Sevilla, Club Atleta o Club de Fútbol de Barcelona y también como Club Inglés, Club Recreativo, Club Sevillano, Club Athleta o Sociedad de Foot-ball de Barcelona, etiquétenlos o denomínenlos como ustedes prefieran, fueron unos adelantados de su época que como todos los de su condición estaban condenados a sufrir y a no perdurar demasiado en el tiempo.

Ese estigma innato y extensible a todos ellos dependía sin embargo de muchos y variados factores, entre ellos el de los propios socios. De su implicación, de la cantidad de miembros y sobre todo de las cuotas que aportasen dependía su futuro. Los cinco clubs mencionados tuvieron sus altibajos y los cinco, como los “Ojos del Guadiana”, tuvieron su aparición-desaparición-reaparición en distintas formas y con distintos protagonistas porque los inicios de una sociedad deportiva en la que confluyen todas las vicisitudes que se han citado y además ingredientes tan importantes como socios, cuotas, una época difícil, una sociedad cerrada como la británica y una no predispuesta como la española conducen a ese camino.

Los seis clubs se estrellaron contra sí mismos tras uno, dos o tres años de actividad más o menos seguida porque sus socios eran directivos a la vez que jugadores, muchos de ellos carecían de arraigo en España, otros tantos estaban de paso por cuestiones laborales, no había muchos rivales contra quienes jugar, sus actividades políticas o militares prevalecían y sobre todo porque por su tallo no circulaba savia nueva, condición imprescindible para regenerarse y para tener continuidad. Estas sociedades no eran profesionales sino completamente amateurs, sus socios carecían de la implicación que empezó a generarse años después, el deporte era una distracción, muchos de ellos no estaban al día en la aportación de sus cuotas y el abandono de miembros en sus filas fue una constante a la que no se puso fin cuando la solución pasaba por incorporar a españoles, algo que con un poco de voluntad no era tan difícil.

Esta condena al fracaso que vivieron estas sociedades era una crónica de muerte anunciada y es un paso que todos los pue